La balanza turística se consolida como uno de los puntos más débiles de la economía: salen muchos más dólares de los que entran.
Hay un dato que expone con crudeza una de las inconsistencias más profundas del modelo económico actual: el turismo dejó de ser una fuente de ingreso de divisas para transformarse en una vía masiva de fuga de dólares.
Según datos del INDEC, durante 2025 cerca de 11,9 millones de argentinos viajaron al exterior como turistas, con un crecimiento superior al 40% interanual. Si se incorporan los excursionistas —aquellos que cruzan fronteras sin pernoctar—, el número total de salidas del país supera los 18 millones de personas.
Del otro lado de la ecuación, el panorama es mucho más débil: el turismo receptivo no logra recuperar volumen ni gasto. Argentina recibe menos visitantes de los que necesita y, sobre todo, capta muchos menos dólares de los que pierde.
Los datos son contundentes, durante el año 2025 el turismo internacional marco un profundo desequilibrio 18,8 millones de argentinos viajando al exterior (incluyendo turistas y excursionistas), mientras que el país en el mismo período recibió 8,7 millones de visitantes extranjeros.
El resultado es claro: la balanza turística es estructuralmente deficitaria. Los argentinos gastan en el exterior miles de millones de dólares más de lo que el país ingresa por turismo. En una economía crónicamente restringida por la falta de divisas, este desequilibrio no es un dato secundario: es un problema central.
Pero no se trata solo de tipo de cambio. El fenómeno revela fallas más profundas. Argentina se ha convertido en un destino caro en dólares, con alta presión impositiva, costos elevados y baja competitividad. A esto se suma una infraestructura turística desigual y una política internacional de promoción prácticamente inexistente.
Mientras tanto, para muchos argentinos, viajar al exterior resulta cada vez más conveniente en términos relativos. La paradoja es evidente: lo que aparece como una oportunidad individual, se traduce en un deterioro colectivo.
Cada argentino que sale del país no solo compra un pasaje: consume fuera, genera empleo fuera y deja dólares fuera. Es una fuga silenciosa, constante y cada vez más difícil de sostener.
La responsabilidad política es ineludible. La falta de una estrategia integral en materia turística —área que hoy tiene como principal referencia a Daniel Scioli— expone una gestión sin resultados concretos en uno de los sectores clave para generar divisas genuinas.
Revertir esta tendencia requiere decisiones de fondo: un esquema competitivo, alivio fiscal para el sector, inversión en infraestructura y una agresiva política de atracción de turistas internacionales.
El turismo podría ser una de las grandes palancas de desarrollo de la Argentina. Hoy, sin embargo, se ha transformado en canal de salida de riqueza.
Andrés Vallone es exdiputado nacional y analista político