Durante la presentación de un libro, el diputado de UP puso en duda la capacidad del Gobierno para mejorar la calidad de vida, denunció el impacto social del ajuste y del acuerdo con el FMI y defendió las políticas energéticas y sociales de los gobiernos kirchneristas.
En el marco de la presentación del libro Proscripta y sublevada: Crónicas ardientes de una Argentina indomable, de Cynthia Ottaviano y Roberto Caballero, Máximo Kirchner cuestionó con dureza la gestión del Gobierno nacional, al que acusó de ineficiencia para mejorar la calidad de vida de la población, y vinculó el rumbo económico con la caída del consumo, el endeudamiento y el deterioro social. El encuentro contó también con la participación de la diputada nacional Paula Penacca.
“¿Cuál es la eficiencia del actual presidente a la hora de mejorar la calidad de su vida y su pueblo?”, planteó el legislador, quien amplió el cuestionamiento al jefe de Gabinete y al ministro de Economía. En ese marco, sostuvo que la política económica no muestra resultados positivos en la vida cotidiana, pese a que la inflación mensual se mantiene por encima del 2,5% y el consumo interno, afirmó, está “destruido”.
Kirchner contrastó la situación actual con decisiones adoptadas durante los gobiernos kirchneristas, en particular en materia energética. Recordó la recuperación de Vaca Muerta, la construcción del Gasoducto Néstor Kirchner y el Aporte Solidario a las Grandes Fortunas, al que atribuyó cerca del 40% del financiamiento de esa obra. Según explicó, el superávit comercial actual, estimado entre 11.000 y 12.000 millones de dólares, se explica en buena medida por esos desarrollos y no por políticas de la actual administración.
En ese sentido, señaló que en 2012 la balanza energética registraba un déficit de unos 6.000 millones de dólares y comparó ese escenario con el actual, al que describió como favorecido por mayores ingresos y asistencia externa. “Si vamos a hablar de números, vamos a hablar de números”, sostuvo, antes de enumerar los recursos que, según dijo, tuvo el Gobierno y que no se tradujeron en mejoras sociales. Entre los indicadores mencionó la caída del consumo de carne y de leche, a los que consideró reflejo directo de la situación económica de los hogares.
El diputado también cuestionó el encarcelamiento de Cristina Fernández de Kirchner, a quien definió como “la principal opositora y presidenta del Partido Justicialista”, y planteó que, aun con respaldo mediático y legislativo, el Gobierno no logró mejorar las condiciones de vida. En ese marco, advirtió sobre lo que calificó como “números crueles” construidos, según su visión, a partir del desfinanciamiento de áreas sensibles como salud y educación, con referencias al Hospital Garrahan, al sistema universitario y al acceso a medicamentos.
Al referirse al endeudamiento, Kirchner apuntó contra el acuerdo con el FMI durante la gestión de Mauricio Macri y su continuidad posterior. Señaló que, desde 2018, el organismo multilateral otorgó a la Argentina cerca de 70.000 millones de dólares y se preguntó por el destino de esos recursos. “¿Y los jardines? ¿Y las escuelas? ¿Y los remedios?”, enumeró, al cuestionar la eliminación de políticas como los medicamentos gratuitos.
En otro tramo de su intervención, reivindicó el rol del peronismo y defendió políticas sociales como la AUH y las moratorias jubilatorias, que describió como medidas de reparación frente a los efectos de las políticas económicas de los años noventa. Rechazó la idea de que se trate de “regalos” y advirtió que el aumento de la desocupación podría obligar a futuras gestiones a adoptar medidas similares.
Kirchner también abordó el debate sobre federalismo y propuso discutir la distribución de las retenciones a la soja entre las provincias, municipios y comunas, al considerar que sería una forma concreta de federalizar recursos que hoy se destinan al pago de la deuda.
Hacia el final, llamó a recuperar una presencia activa del Estado y cuestionó la estigmatización de quienes requieren asistencia pública. “El parteaguas no es ‘Cristina sí, Cristina no’. El parteaguas tiene que ser qué vamos a hacer con nuestro país y con nuestra democracia”, concluyó, al rechazar discusiones que, a su juicio, eluden el impacto real de las políticas económicas en la vida cotidiana.