El director ejecutivo de Garnet Technology afirma que "confiar en la industria local no es un acto emocional", si no que lo define como "una decisión inteligente". Explica, además, que"detrás de cada producto desarrollado en Argentina existe un ecosistema mucho más amplio de lo que suele percibirse a simple vista".
Durante años, en Argentina se instaló una falsa discusión, si producir tecnología localmente tiene sentido en un mundo globalizado donde casi todo parece venir de afuera. La respuesta, cada vez más evidente, es sí, y no por romanticismo industrial, sino por estrategia.
Hoy ningún país del mundo fabrica tecnología completamente aislado. Todos dependen, en mayor o menor medida, de cadenas globales de suministro, especialmente en componentes críticos como semiconductores, microprocesadores y circuitos integrados. Argentina no es la excepción. Pero una cosa es importar componentes para desarrollar valor local, y otra muy distinta es resignarse a importar conocimiento, soporte, ingeniería y empleo. Un país deja de desarrollar tecnología propia, deja también de construir capacidad de respuesta.
Es importante entender algo, fabricar electrónica en Argentina no significa inventar una industria paralela. Significa producir bajo la misma lógica con la que opera el mundo. Las empresas nacionales utilizan líneas automatizadas de montaje electrónico, equipamiento industrial de precisión y componentes importados provenientes de Asia, Europa o Estados Unidos, exactamente igual que gran parte de la industria global, porque la materia prima electrónica —semiconductores, microcontroladores, memorias o chips de comunicación— no se fabrica en Argentina ni en casi ningún país de Latinoamérica. El verdadero diferencial aparece después: quién diseña, quién integra, quién programa, quién brinda soporte y quién construye conocimiento local. Ese valor agregado es el que transforma componentes globales en tecnología nacional.
Y en un momento donde la apertura indiscriminada de importaciones está golpeando con fuerza a la industria nacional, este debate vuelve a tomar una enorme relevancia. Los números empiezan a encender señales de alarma. Más del 60% de las empresas del sector electrónico y electromecánico redujo su nivel de actividad en el primer trimestre de 2026, mientras que casi una de cada tres compañías debió recortar personal. Paralelamente, la industria viene atravesando una caída sostenida en utilización de capacidad instalada y pérdida de competitividad frente a productos importados terminados.
No estamos hablando únicamente de fábricas o líneas de producción. Lo que está en juego es mucho más profundo: son puestos de trabajo calificados, técnicos e ingenieros que dejan de encontrar espacios para desarrollarse, conocimientos que tardaron años en construirse y cadenas de valor enteras que comienzan a debilitarse. Cuando una industria tecnológica local pierde terreno, no sólo cae la producción; también se resiente la capacitación, se frena la innovación y se diluye una experiencia acumulada que resulta clave para el crecimiento del país.
Además, detrás de cada producto desarrollado en Argentina existe un ecosistema mucho más amplio de lo que suele percibirse a simple vista. Hay horas de ingeniería, desarrollo de software, diseño electrónico, programación de firmware, integración entre sistemas, soporte posventa, logística especializada y capacitación constante para instaladores y profesionales. También hay algo fundamental: capacidad de reacción. La posibilidad de adaptar rápidamente una solución, corregir una falla, incorporar mejoras o responder a una necesidad puntual del mercado con una velocidad y cercanía que difícilmente pueda igualar un producto importado pensado para otra realidad. Ahí es donde la industria nacional deja de ser simplemente producción y pasa a convertirse en conocimiento aplicado, empleo de calidad y valor estratégico para el país.
La tecnología desarrollada en Argentina tiene una ventaja difícil de replicar desde afuera, nace entendiendo el contexto en el que va a operar. Conoce nuestras variaciones eléctricas, las particularidades de la infraestructura de telecomunicaciones, el marco normativo local, y también la realidad económica de miles de hogares, comercios e industrias que necesitan soluciones eficientes, confiables y acordes a sus posibilidades. Esa cercanía con el mercado real genera algo estratégico: resiliencia.
Porque en un mundo cada vez más interconectado —pero también más vulnerable a crisis logísticas, tensiones comerciales y faltantes globales— contar con una industria tecnológica local significa tener capacidad de reacción. Significa poder rediseñar un producto frente a la escasez de un componente, actualizar prestaciones ante nuevas necesidades, corregir rápidamente una falla o responder con agilidad a cambios del mercado sin quedar atado a decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia. Esa flexibilidad, muchas veces invisible, es la que sostiene la continuidad operativa y le da fortaleza al entramado productivo nacional.
En sectores estratégicos como la seguridad electrónica, donde proteger hogares, industrias, comercios e infraestructura crítica forma parte del funcionamiento cotidiano del país, desarrollar tecnología local deja de ser simplemente una decisión empresarial para convertirse en una apuesta de largo plazo vinculada a la autonomía, al conocimiento y a la capacidad de innovación. Porque la verdadera independencia tecnológica no pasa por fabricar absolutamente todo dentro de las fronteras; pasa por conservar algo mucho más valioso, la capacidad de diseñar, desarrollar, adaptar y crear soluciones propias. Y esa capacidad, que lleva décadas construir, hoy más que nunca necesita ser defendida.
Confiar en la industria local no es un acto emocional. Es una decisión inteligente. Una apuesta al empleo, al conocimiento y a la resiliencia productiva del país. Porque un país que sólo importa tecnología, consume presente. Un país que desarrolla tecnología, construye futuro.
El director ejecutivo de Garnet Technology sostuvo que “el mercado de cámaras de vigilancia ha crecido de manera significativa en comparación con el de alarmas monitoreadas, alcanzando un volumen estimado hasta 10 veces mayor”.
A nivel mundial, la industria de la seguridad electrónica está evolucionando hacia tecnologías más inteligentes y conectadas, como los sistemas de monitoreo basados en inteligencia artificial (IA), el Internet de las Cosas (IoT) y la creciente adopción de soluciones de seguridad en el hogar inteligente. En Argentina, estas tendencias globales ya están empezando a ser adoptadas por empresas que buscan modernizar sus servicios y ofrecer tecnologías de última generación, sin dudas la conectividad y las aplicaciones móviles juegan un rol muy importante. Las PYMES también están incursionando en este ámbito, adaptando tecnologías nacionales y así creando productos y servicios accesibles para consumidores de diferentes segmentos socioeconómicos.
Las tecnologías en seguridad en Argentina continúan experimentando un crecimiento significativo, impulsado por una creciente preocupación por la seguridad tanto en hogares como en empresas. Según datos recientes, se estima que el crecimiento del mercado de monitoreo de alarmas en Argentina alcanzará los USD 480 millones en 2024, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 7,1% proyectada hasta 2031, según Cognitive Market Research.
El mercado argentino está dividido principalmente entre grandes empresas que dominan el sector gracias a la gran capacidad que poseen para ofrecer soluciones autoinstalables. Estas empresas, con una gran infraestructura y fuertes inversiones en publicidad, capturan gran parte de la demanda en áreas urbanas densamente pobladas.
Por otro lado, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) del sector se enfrentan al reto de competir con estas grandes corporaciones, pero han encontrado nichos donde prosperar. Su propuesta de valor se basa en ofrecer servicios altamente personalizados, atención al cliente directa y soluciones adaptadas a las necesidades locales. Estas PYMES suelen ser más ágiles a la hora de implementar soluciones innovadoras, enfocándose en mercados más reducidos como áreas rurales o residenciales con demandas específicas de seguridad.
El mercado potencial para la instalación de alarmas en Argentina se estima alrededor de 12 millones de ubicaciones, que incluyen tanto hogares como comercios. De este total, solo el 15% cuenta actualmente con un sistema de alarma monitoreada, lo que demuestra que existe una gran oportunidad para seguir creciendo en el sector. Sin embargo, el ritmo de adopción es lento, en parte debido a la falta de información clara sobre los beneficios y soluciones que aporta hoy día un sistema de seguridad. Este escenario indica que aún queda mucho trabajo por hacer para aumentar la penetración de las alarmas monitoreadas y auto monitoreadas, ya que la demanda, aunque sigue creciendo, lo hace a un ritmo más moderado de lo esperado.
El mercado de cámaras de vigilancia ha crecido de manera significativa en comparación con el de alarmas monitoreadas, alcanzando un volumen estimado hasta 10 veces mayor. Esta diferencia se debe, en gran medida, a la accesibilidad y tangibilidad que ofrecen las cámaras de video. La facilidad de instalación y la posibilidad de ver o grabar imágenes en tiempo real han hecho que estas soluciones sean atractivas para consumidores que buscan una percepción inmediata de seguridad.
Sin embargo, es crucial entender que, aunque las cámaras permiten observar o registrar eventos, no garantizan una protección preventiva. Su función es más reactiva, ya que actúan como un registro de lo que ya sucedió. En contraste, cuando hablamos de seguridad efectiva, la prevención es clave, y ahí es donde las alarmas juegan un papel fundamental. Los sistemas de alarma están diseñados para alertar y activar respuestas ante posibles intrusiones previo a que se produzca el daño, lo que les otorga una ventaja en términos de protección real.
La combinación de ambos sistemas, cámaras y alarmas es una tendencia creciente en Argentina, ya que la integración de tecnologías como el monitoreo remoto y la automatización de alertas ofrece una capa de seguridad más completa.
Hoy en día, las alarmas conectadas a internet no solo han transformado la industria, sino que también han permitido a las empresas fortalecer su relación con los clientes y explorar nuevas oportunidades de crecimiento. Aunque la adaptación a estas tecnologías no fue inmediata, el avance tecnológico y los cambios en el comportamiento de consumo han acelerado la evolución del sector, sin descuidar que el sector también enfrenta desafíos relacionados con la capacitación y retención de talento especializado, necesario para implementar y mantener tecnologías avanzadas de seguridad. Sin embargo, este reto también se convierte en una oportunidad para empresas locales que ofrecen un enfoque más humano y personalizado, un atributo clave valorado por muchos clientes en el país.