Con varios protagonistas centrales de ese evento histórico presentes, Diputados recordó los 30 años de la reforma constitucional

Con la presencia de quien fuera presidente de la Convención Constituyente de 1994, Eduardo Menem, Horacio Rosatti, Jesús Rodríguez y Augusto Alasino, entre otros, se desarrolla la jornada de conmemoración en el Salón de Pasos Perdidos.

A 30 años de la reforma constitucional realizada en nuestro país en 1994, protagonistas de la Convención Constituyente de entonces recuerdan lo que fue esa tarea y analizan los desafíos pendientes.

La “Jornada Aniversario de la Reforma Constitucional 1994-2024”es organizada por la Cámara de Diputados de la Nación (HCDN) y el Instituto de Capacitación Parlamentaria (ICaP), con el propósito reflexionar acerca del camino que condujo a ese hecho histórico, concibiéndolo como producto del consenso político y programático entre las dos principales fuerzas partidarias de aquel entonces.

Con la presencia del presidente de la Cámara baja, Martín Menem, durante el primer panel expusieron Eduardo Menem, quien fue presidente de la Convención Constituyente del ’94, y los convencionales constituyentes Horacio Rosatti, actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; Jesús Rodríguez y Augusto Alasino, entre otros.

El presidente de la Cámara baja dio las palabras de bienvenida este lunes por la mañana.

Los oradores previstos para esta jornada son los citados Eduardo Menem, Horacio Rosatti, Jesús Rodríguez, Augusto Alasino, más Tomás Figueroa, secretario Parlamentario de la HCDN; Rodolfo Barra -actual procurador del Tesoro-, Julio César Aráoz, Elva Barreiro de Roulet y Antonio Hernández, entre otros.

Asistieron como invitados Juan Carlos Maqueda, Juan Carlos Romero, Rafael Pascual y José Estabillo; representantes de las embajadas de Japón, Palestina, Arabia Saudita, Paraguay, China, Francia, Argelia, Kuwait, Armenia, Marruecos y Filipinas.

También asistieron los diputados nacionales Silvia Lospennato (Pro), Gabriel Bornoroni (LLA), Nicolás Mayoraz (LLA), Lorena Villaverde (LLA), Maximiliano Ferraro (CC), Karina Banfi (UCR), Guillermo Snopek (UP), Lisandro Almirón (LLA) y Lilia Lemoine (LLA).

Las exposiciones

Al abrir el evento, Martín Menem recordó “la sanción por unanimidad de tal vez la Constitución más legítima y democrática en toda la historia de nuestro país”. “Esta reforma constituyó una bisagra en la historia de nuestras instituciones, porque se pudo demostrar que era posible modificar nuestra ley fundamental por el consenso de la mayoría de las fuerzas políticas”, sostuvo.

El riojano mencionó que “si bien es cierto que representantes de otros partidos no estaban de acuerdo” con la reforma o algunos puntos de ésta, “se respetó la regla de oro de las mayorías” y la votación resultó unánime.

El titular de Diputados destacó que en la Constitución del ’94 “se trató de establecer un equilibrio de los poderes del Estado, mediante la atenuación de las facultades del Poder Ejecutivo y una mayor eficacia en el funcionamiento del Poder Legislativo”.

“Este Congreso tiene una deuda con la Constitución porque no se han sancionado varias leyes, entre las cuales cabe mencionar una muy importante, y creo que en el futuro próximo presente va a ser de trascendental importancia, que es la bendita Ley de Coparticipación de Impuestos”, señaló.

También se refirió a que “hace más de 15 años que no se cubre el cargo del Defensor del Pueblo”. Menem agregó: “Me comprometo, con el apoyo de todos los diputados, a que se cumplan todos los mandatos pendientes y que sancionemos las leyes que quedaron en deuda”.

En el final de su discurso, rememoró vivencias personales, a sus 18 años en 1994, cuando su padre Eduardo Menem era el presidente de la Convención Constituyente y él como estudiante de Derecho estudiaba en medio de ese proceso que “los derechos de Malvinas son inalienables e imprescriptibles por parte de la Argentina”. “Tengo el recuerdo de haberlo visto a mi viejo redactarla de puño y letra. Yo estudié los apuntes de puño y letra de esa cláusula (primera), que va a ser letra viva por los siglos de los siglos en nuestra Constitución”.

Tras tomar la posta, el diputado libertario Nicolás Mayoraz como moderador, en su rol de presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, abrió el primer panel Eduardo Menem. “Esta reforma fue única en la historia. Aprobada por unanimidad y jurada por todos los convencionales en aquella histórica jornada del 24 de agosto de 1994 en el Palacio San José de Urquiza”, ponderó.

El expresidente provisional del Senado valoró el “trabajo extraordinario” que realizaron hace 30 años los convencionales constituyentes y luego repasó que en Argentina “tuvimos una historia constitucional muy complicada”.

“Dos constituciones sancionadas que no se pusieron en vigencia, la de 1819 y la de 1826” porque “eran muy unitaristas”; después “la de 1853, que fue la de los padres fundadores, una Constitución de avanzada, pero que se hizo sin la participación de la provincia de Buenos Aires. Además no fue tan democrática porque los convencionales eran elegidos a dedo”, dijo.

Más tarde se dio una reforma en 1860, donde “se incorpora Buenos Aires y otras normas importantes”; la reforma de 1866 “fue muy breve” y “no hubo más reformas hasta 1949, la cual fue cuestionada porque la convocatoria no se había sancionado por dos tercios del total de los presentes de ambas cámaras”. “En la Convención hubo un retiro masivo de los convencionales de la oposición”, recordó.

Menem señaló que esa última reforma “fue derogada por un bando militar” que derrocó a Juan Domingo Perón, quienes “tuvieron además la audacia de convocar a una convención constituyente, con la proscripción del peronismo, que se hizo en 1957”. En esa ocasión, “hubo también un retiro masivo, pero se alcanzó a sancionar el artículo 48 bis que era la incorporación de los derechos sociales, que en el ’94 lo ratificamos”.

“La reforma de 1994 significó un quiebre en esa especie de maleficio en nuestra historia constitucional, donde no se podía sancionar una reforma con el consenso de las fuerzas políticas. Fue como un exorcismo”, expresó el hermano del fallecido expresidente Carlos Saúl Menem, en cuyo gobierno se sancionó la última Carta Magna.

Menem aseguró que “tanto el peronismo como el radicalismo eran partidarios de la reforma constitucional, aunque diferían en algunos detalles”. “Los políticos argentinos somos muy difíciles, somos muy pasionales en las disputas”, expresó. Por eso, sobre la Constitución, insistió que “fue la más democrática y legítima de la historia, porque se integró con el pluralismo de 19 bloques políticos”.

En el primer panel, ante un Salón de Pasos Perdidos colmado de asistentes, el convencional constituyente Jesús Rodríguez aseveró -en relación al Pacto de Olivos- aseveró que “es un error grave señalar que la Constitución del ’94 es el resultado de los intereses particulares y personales de dos personas”.

“Una Constitución aprobada sin los dos tercios de la Cámara de Diputados de los presentes, como la Constitución establecía, o forzada por una consulta popular, hubiera llevado a la Argentina a un riesgo de convivencia pacífica afectada seriamente en la vida social”, apuntó el radical.

Rodríguez afirmó que “la reforma del ’94 fue un ejemplo de amistad cívica y de civilidad política. Una Asamblea que recogía la diversidad social, ideológica, cultural, política y regional de la Argentina”.

“Señores constituyentes este es un triunfo de la política; la política en grande, la que hicimos por consenso”, destacó Augusto Alasino, quien además observó que “esta Constitución es antidiscriminatoria y el resultado se ve a la vista: el matrimonio igualitario, la igualdad de mujeres y varones, las políticas de género y la protección de los chicos”.

A su turno, Horacio Rosatti evocó los días de la Convención Constituyente donde él fue vicepresidente del bloque mayoritario, que presidía Augusto Alasino. “Nosotros éramos convencionales constituyentes reformadores. No éramos revolucionarios, sino que debíamos modificar algo que debía ser una continuidad con transformaciones. Es decir, debíamos llevar adelante una serie de reformas culturales y luego jurídicas sin alterar el espíritu de la Constitución. Además teníamos prohibido, por la ley de convocatoria, tocar los primeros 35 artículos de las declaraciones de derechos y garantías”.

El presidente de la Corte reivindicó el acuerdo político previo, “porque uno no le puede dar a un convencional reformador un cheque en blanco y decir: ‘Mirá, hacé lo que te parezca’”. En ese sentido destacó como ejemplo que no se puede pasar de  un sistema presidencialista a un sistema parlamentario “por un voto”.

“Que se conozca el contenido del acuerdo previo parlamentario supone que quien vota al partido que vota, sabe por lo menos en trazos generales qué es lo que va a votar el convencional. No puede tener un mandato absolutamente libre, sino en gran medida debe estar condicionado por un programa, un proyecto conocido por la comunidad, porque la Constitución no se reforma todos los días y en consecuencia los contenidos deben ser conocidos por la población. Y mientras más amplio sea ese consenso, mejor”, evaluó.

Sobre el final de su exposición, Horacio Rosatti dijo que, sin exagerar, le parecía que la Convención Constituyente “fue el último gran acto de la política con mayúsculas en la Argentina. Porque grieta había antes y hubo después, sin embargo pudimos poner entre paréntesis en esos tres meses la grieta y tomar conciencia de que la obra que íbamos a hacer estaba destinada a perdurar por varias generaciones”.

No temerle al debate

Del segundo panel participaron Alberto García Lema, Enrique Paixao, Alberto Pierri y Juan Carlos Romero.

El constitucionalista García Lema planteó que “no hay que tenerle miedo al debate parlamentario, porque el pasaje entre las cámaras de Diputados y Senadores enriquece”.

“La tarea parlamentaria termina siendo un elemento de perfeccionamiento de la actividad política y, sobre todo, de políticas que duren a mediano y largo plazo, que es la única manera de que conseguir que haya inversiones en el país, que se necesitan urgentemente para generar un crecimiento nacional con distribución económica como se necesita en este momento”, señaló García Lema.

A continuación, Enrique Paixão señaló que “el núcleo central de la reforma es la limitación del poder presidencial, la revalorización del poder del Congreso y de los jueces. Fue un esfuerzo para salir del hiper presidencialismo. El desequilibrio de poderes llevó a una situación donde el poder presidencial creció más allá de lo razonable”.

Para el abogado, “el empoderamiento del Congreso se enriqueció además con la incorporación de la Auditoria General de la Nación, generando la presencia opositora para evitar la constitución de un poder monolítico. Lo que significó, además, dotar al Congreso de la Nación de una herramienta para ejercer una de las dos funciones sustanciales del Congreso que es la de controlar a los demás poderes del Estado. Además, se generó la delimitación de los decretos de necesidad y urgencia”.

A su turno, el expresidente de la Cámara baja Alberto Pierri expresó: “Quiero poner la mirada desde el punto de vista político para intentar determinar cuáles fueron las condiciones de esos tiempos que nos permitió llegar a la reforma de la Constitución de 1944. Una reforma histórica porque tuvo una gran amplitud y diversidad de colores políticos que estuvo cuestionada en su momento, intervinieron en su redacción las figuras de ese tiempo y orgullosamente hoy la mayoría están aquí”.

Agregó Pierri que “la reforma no se inició a partir del Pacto de Olivos, comenzó mucho tiempo antes, ya en el 1973 el General Juan Domingo Perón dejó abierta la posibilidad de encarar esa reforma e imaginó algunos temas como el ambientalismo, la creación de la figura del ministro coordinador, como un antecedente de lo que después sería el Jefe de Gabinete”.

A su turno, la exdiputada jujeña Cristina Guzmán recordó que “estábamos viviendo épocas de confraternidad política, de respeto a las ideas diferentes, una reforma no se puede hacer en cualquier tiempo. Era necesaria y oportuna. Vivíamos en tiempos políticos con convivencia democrática excepcionales. Podíamos tener ideas diferentes, pero compatibilizamos criterios”.

“Esta es una reforma federal, por ejemplo, en el art 124 se establece que las provincias pueden establecer regiones para el desarrollo económico y social. En el Parlamento, hemos vivido las votaciones que trasvasan a los partidos políticos, son más regionales”, agregó.

Por último en ese panel, el senador nacional Juan Carlos Romero señaló que “en la reforma el diálogo político fue fundamental en la búsqueda de acuerdos, en ese consenso que se alcanzó. Lamentablemente hoy no podemos ponernos de acuerdo, por lo menos acá en el Congreso, ni para constituir e integrar una comisión. En el Senado el año pasado hubo cuatro sesiones, hay Comisiones que ni siquiera se constituyeron. En los últimos 20 años se intentó imponer una agenda única, donde quienes gobernaban imponían el número y los caprichos. La búsqueda del interés sectorial primó sobre el interés general”.

El tercer panel

Elva Pilar Barreiro de Roulet, Antonio Hernández, Marcela Ruiz y Miguel Esteban López cerraron la jornada de exposiciones.

La primera vicegobernadora bonaerense de la recuperación democrática sostuvo que “la reforma constituyó un paso a la modernización de nuestro pacto social. Los nuevos derechos y garantías incorporados fueron sobre la preservación del medio ambiente, defensa del consumidor, habeas data y habeas corpus, así como la identidad étnica y cultural de los pueblos indígenas”.

A juicio de Elva Roulet, “las comunidades tienen derecho a una educación bilingüe e intercultural. La comunidad está estrechamente relacionada con la tierra, sobre todo, por el vínculo espiritual que representa”. Y cerró: “La norma sancionada prevé la participación de las comunidades en temas de recursos naturales y cualquier tema de interés que los afecte”.

El exdiputado nacional y constitucionalista Antonio María Hernández señaló que “la integración es otra idea fuerza de la Reforma, es una integración nacional. En federalismo comparado el diseño de 1994 es incomparable a nivel mundial”.

Para el radical cordobés, “la Constitución buscó la igualdad real de oportunidades: un Estado que trate de garantizar los derechos de mujeres, de niños, de discapacitados, en una idea muy clara y potente, de profundizar el concepto de la igualdad, que es absolutamente decisivo cuando se habla de derechos fundamentales, libertad e igualdad son términos absolutamente fundamentales, a ellos se une la solidaridad”.

A su turno, la doctora Marcela Ruiz consideró que “hemos pasado de un estado legal de derecho a un estado constitucional de derecho que implica que la Constitución es la fuente fundamental del derecho”.

“El juez deja de ser la boca de la ley, tiene un rol activo, y busca la mejor solución al caso que se presenta. También puede recurrir a las normas supranacionales”, agregó.

“Me siento muy afortunado porque me ha tocado trabajar, conocer y ser testigo de 40 años de democracia. La reforma fue algo valioso, único y distinto, nos tocó a nosotros transformar las decisiones políticas en soportes documentales”, planteó por su parte el doctor Miguel Esteban López

“La sociedad cambió con esta Constitución. Como amanuense, guardo y atesoro este tipo de cosas porque son las que nos enriquecen como comunidad, más allá de la grieta y de los enfrentamientos”, cerró.

El cierre del evento

El doctor Alfonso Santiago señaló que “la Constitución organizó el sistema institucional y configura el sistema normativo. Cuando se pone en marcha el proceso de Reforma, el foco estaba puesto en las reformas institucionales”.

Sin embargo, agregó, “las reformas más significativas no se han dado tanto a nivel institucional, como en la reconfiguración del sistema jurídico”.

Para Santiago, “la reforma creó cuatro nuevas instancias normativas: una instancia jurídica suprema, integrada por la Constitución y catorce tratados internacionales; un segundo nivel normativo que predomina sobre las leyes conformado por los tratados ordinarios y por los tratados de integración; la ley; y se agregan los reglamentos delegados y de necesidad y urgencia”. Y cerró: “Esto es una profunda transformación, que tuvo mayor impacto real en el sistema normativo que en el institucional”.

A su turno, el exministro de la Corte Suprema y actual procurador del Tesoro Rodolfo Barra expresó: “Una de las innovaciones que trajo la reforma es esta bifurcación de las figuras del presidente de la Nación y el jefe de Gabinete. Creo que recién se está poniendo en práctica concreta, no fue así durante 30 años, porque costó mucho pasar de esa figura presidencial que todo lo hacía a una figura que es el conductor”.

“La convención constituyente fue una experiencia extraordinaria de convivencia democrática, estímulo intelectual e intensidad política”, señaló Barra.

El exministro de la Corte agregó que “las constituciones están hechas de política, no de palabras. El esfuerzo constitucional es una práctica que consiste en convertir relaciones de poder en relaciones de derechos, para someter el poder al derecho”.

Por su parte, Alberto Dalla Vía, juez de la Cámara Nacional Electoral, consideró que “la convención constituyente fue un momento inolvidable. Fue una reforma política y electoral. Nosotros empezamos una transición democrática con la memoria, miramos al pasado. La Constitución en 1983 era una prenda de unidad nacional”.

“Cambiamos la forma de elección del presidente, antes teníamos colegio electoral. La elección directa del presidente con doble vuelta, implico fortalecer la figura presidencial. También cambiamos la elección de los senadores. Pusimos el sufragio, no estaba en la constitución. El constituyente del 94 replico los términos de la Ley Sáenz Peña”, agregó Dalla Vía.

Para el doctor Rodolfo Díaz, la reforma constitucional “fue la persuasión social de que la transición democrática argentina requería una culminación de ese nivel lo que da razón de una convención constituyente en la que estuvieron representados 25 partidos políticos, en la que se presentaron 1593 proyectos de reformas, que tuvo 11 comisiones temáticas que realizaron 51 reuniones y produjeron 34 despachos, y una comisión de redacción que realizo 25 reuniones y produjo 17 órdenes del día”.

“Una convención que realizo 38 sesiones plenarias, algunas de varios días para, finalmente, sancionar trascendiendo largamente la cuestión de la reelección casi un centenar de modificaciones al texto histórico. Lo que sí tuvo una función causal determinante fue la contundente manifestación de la soberanía popular en las elecciones de legisladores nacionales de 1993 en las que voto más del 80% del padrón”, agregó Rodolfo Díaz.

Cerró la jornada el diputado nacional de La Libertad Avanza Nicolás Mayoraz, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja. “La reforma fue un punto donde se reducían las cuestiones a una ambición personal, según decían los malintencionados que nunca falta, de Menem y Alfonsín, donde uno quería la reelección y otro quería una representación en el Senado. Sin embargo, la reforma realmente tuvo un aporte significativo que se vivió mucho en los últimos años: el fortalecimiento institucional”, dijo el actual legislador.

“La Argentina tiene una historia de presidencialismo fuerte, me atrevo a decir que a los presidentes que han ejercido un liderazgo fuerte les ha ido mejor que a los que han tenido un liderazgo débil, la sociedad percibe el liderazgo fuerte y lo valora, los últimos 20 años nos han dado muestra de esto”, cerró el legislador.

Para Eduardo Menem sería bueno para el peronismo que “el kirchnerismo pierda las elecciones”

El exsenador nacional confía en que el Gobierno no pueda dar vuelta la elección en noviembre.

El expresidente provisional del Senado Eduardo Menem cargó duramente contra la vicepresidenta de la Nación y expresó su deseo de que “el kirchnerismo pierda las elecciones”.

Entrevistado por CNN Radio, el exsenador riojano sostuvo que “Cristina Kirchner se cree que es la dueña del Senado y viene haciendo lo que quiere”, al tiempo que sostuvo que “podrían haber reanudado las sesiones presenciales mucho antes”. A su juicio, eso tuvo una razón: “Es más fácil dirigir la sesión desde el despacho presidencial con las figuras y muteando a los senadores”.

Conocedor del Senado como pocos, expresó que esa Cámara “no viene funcionando bien y tampoco la Cámara de Diputados”.

“Algunos le tienen temor a la vicepresidenta porque es la que tiene el poder político”, advirtió.

Eduardo Menem indicó además que “la que toma las decisiones fuertes en el Poder Ejecutivo es Cristina. Ella lo eligió a (Juan) Manzur como jefe de Gabinete para darle más impulso político frente a la derrota electoral”.

Consultado sobre el peronismo y las elecciones que vienen Eduardo Menem señaló que “es hora de que empecemos a separar peronismo de kirchnerismo. El kirchnerismo ha colonizado el peronismo y lo utiliza cuando le va mal”. Y sintetizó: “Esto no es peronismo, es kirchnerismo”.

“Sería un buen dato que el kirchnerismo pierda las elecciones. Estamos mal, pero vamos peor”, lanzó, y concluyó: “Confío en que no pueden dar vuelta la elección. Quizás puedan recuperar algo, pero no creo que le alcance para darlo vuelta”.

Dos legisladores históricos volvieron para aportar su experiencia

Se trata de los exlegisladores Jorge Vanossi y Eduardo Menem. La ocasión: reunión con el secretario parlamentario de la Cámara baja.

El secretario Parlamentario de la Cámara de Diputados, Eduardo Cergnul, se reunió este viernes con el presidente de la Asociación de Derecho Parlamentario, Jorge Gentile, y los presidentes honorarios Eduardo Menem y Jorge Vanossi.

La reunión se llevó a cabo con el fin de intercambiar ideas sobre el ejercicio de la voluntad popular en el ámbito parlamentario, “fundamento principal de la democracia constitucional”, según informaron desde la Cámara que preside Sergio Massa.

Expulsiones y suspensiones de legisladores en la historia argentina

El ex presidente provisional del Senado Eduardo Menem realizó un exhaustivo trabajo que transformó en un libro que documenta estos episodios.

En su libro “Derecho Procesal Parlamentario”, editado en 2012 por La Ley, el expresidente provisional del Senado Eduardo Menem detalló puntillosamente todos los casos de exclusiones y suspensiones de legisladores que tuvieron lugar en el Parlamento argentino a lo largo de la historia. Allí plantea que la exclusión es “la máxima sanción disciplinaria, ya que importa la separación del cargo de un legislador como consecuencia de un acto de inconducta de tal gravedad que torna inconveniente su permanencia en el mismo”.

“Se trata de una medida extrema toda vez que no solamente afecta al legislador sino que además significa dejar sin efecto la decisión del pueblo que lo ha elegido para desempeñar el mandato en su representación”, agrega.

Al citar los numerosos precedentes, Eduardo Menem arranca con la expulsión de Pedro Ferré, representante de Catamarca en la Convención Constituyente de 1853, por negarse a seguir actuando en las sesiones posteriores a la sanción de la Constitución, en las que dicha Convención se constituyó como Poder Legislativo, argumentando que su mandato era para redactar el texto constitucional y no de índole legislativa. La resolución del cuerpo fue la de “borrar” al ciudadano Pedro Ferré del número de diputados del Congreso General Constituyente.

El segundo caso se registró en 1867, contra los diputados Eusebio Ocampo y Buenaventura Sarmiento bajo la imputación de haber cooperado con una rebelión contra el Gobierno Nacional producida en la provincia de Cuyo.

En 1874 fueron expulsados los diputados Juan Andrés Gelly y Obes y Francisco de Elizalde por no haber asistido a las sesiones de la Cámara durante dos meses, respondiendo a una posición partidaria que desconocía la legitimidad de la Cámara y demás autoridades nacionales.

Otros dos diputados fueron separados de sus cargos en 1925, Luis Olmedo Cortés y José Núñez, imputados de haber obtenido ilícitamente fuertes cantidades de dinero del Banco de Mendoza.

En 1940 fue excluido de su cargo el diputado José Guillermo Bertotto por considerárselo vinculado al caso de la venta de tierras de El Palomar al Gobierno de la Nación.

En 1948 fue expulsado el diputado Roberto Sanmartino a raíz de la expresión de conceptos considerados agraviantes para el entonces presidente de la Nación, Juan Domingo Perón.

Un año después fue expulsado el diputado Agustín Rodríguez Araya, a raíz de expresiones vertidas durante la campaña electoral contra los integrantes de la mayoría de la Cámara. Ese mismo año se excluyó al diputado Atilio E. Cattáneo, imputado de haber tenido expresiones injuriosas hacia el presidente de la Nación, “en un acto de propaganda política ajeno en absoluto al desempeño de su mandato legislativo”.

En 1955 fue expulsado el diputado Roberto A. Carena a raíz de que había renunciado a su banca en disconformidad a la posible separación de la Iglesia del Estado.

Suspensiones

En su libro “Derecho Procesal Parlamentario”, Eduardo Menem detalla que la suspensión no está expresamente prevista por las normas constitucionales ni reglamentarias, pero aclara que existen precedentes de su aplicación. Esa sanción entraría dentro de las facultades genéricas de “corregir” que tienen las cámaras por imperio constitucional, y se la ha justificado por aplicación del principio según el cual quien puede lo más, que sería la exclusión, puede lo menos, que es la separación temporal del legislador en el desempeño de su cargo, siempre que sea por un término breve, porque de lo contrario se desnaturalizaría la calidad correctiva que inviste, señala Menem.

En 1946 se suspendió por tres sesiones consecutivas al diputado Roberto Sanmartino, a raíz de expresiones consideradas ofensivas vertidas en una sesión.

En 1988 se suspendió por tres sesiones efectivas, sin goce de dieta ni beneficio alguno, al diputado Horacio Cambareri por desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones, en razón de haber utilizado el servicio de telex de la Cámara con fines políticos vinculados a los acontecimientos militares ocurridos en enero de ese año.