El superministro no pudo evitar mostrar ya algunas limitaciones

Con un presidente cuyo mandato ha quedado reducido de manera dramática, Cristina sigue haciendo gala del poder principal en el seno del oficialismo. Sea cual sea el resultado de la gestión de Sergio Massa, quien encarna la bala de plata en el seno de un oficialismo disciplinado por el pánico.

Por José Angel Di Mauro

Alentados por un juicio oral y público que realmente incomoda a la vicepresidenta de la Nación y la expone de una manera impiadosa, no son pocos los que los últimos días, con motivo del empoderamiento de Sergio Massa, comenzaron a augurar “el final” de Cristina Fernández de Kirchner.

El argumento es demasiado sintético para justificar semejante consecuencia, pero señala que si a Massa le va bien al frente del Ministerio de Economía, ella “está liquidada”, interpretando que el tigrense será el depositario de todo el éxito de su gestión y cosechará entonces los resultados (de manera electoral). Y si le va mal… ella está liquidada, pues este gobierno ya no encontrará manera de reponerse y no podrá evitar -como mínimo- una catástrofe electoral que se lleve puesto a todo el oficialismo.

Por más razonable que parezca, tal conclusión omite matices. En principio habría que precisar qué significaría que al nuevo ministro de Economía le fuera bien y si le garantizaría una victoria electoral en 2023. Pero el caso de un fracaso no necesariamente impactaría definitivamente en Cristina Fernández de Kirchner. En rigor, un traspié de esta apuesta causaría un efecto devastador en un oficialismo que presentó este recambio con aires triunfalistas, pero también afectaría fuertemente a los sectores dialoguistas de Juntos por el Cambio.

La imagen emblemática de la entronización de Sergio Massa.

En el sube y baja de la grieta, un desastre del gobierno potenciaría a los halcones y postergaría a quienes abogan por un gobierno de consenso que deje atrás a los extremos. Un Mauricio Macri cada vez más alentado a competir en busca de un “segundo tiempo”, podría dejar de lado sus prevenciones y animarse a candidatearse… Y ya se sabe que su presencia habilita la de su Némesis. Léase Cristina.

La presencia de uno alienta la del otro.

Esto no significa que la vicepresidenta esté incitando una debacle. Por el contrario, si dejó de lado prevenciones es porque “el pánico disciplina”, y se acordó un armisticio cuya extensión temporal es una incógnita. Con todo, Miguel Angel Pichetto es bastante crudo a la hora de sugerir el desenlace de cualquier experiencia de esta administración. “Este es un gobierno de bloqueo”, afirma el experimentado exsenador al justificar sus reservas: “Cuando te va mal, te vas rápido; y si te va bien, te liman”.

Nadie le podrá negar audacia a Sergio Massa por haberse animado a estar donde nadie quería estar. Lo peor -incluso para él- es que eso se nota por las dificultades que ha tenido el nuevo ministro para armar su equipo. No están las figuras rutilantes que supieron rodear al tigrense durante tantos años, y la razón es binaria: por un lado, a Massa le ha costado mucho convencer gente para sumar; y también que la vicepresidenta mantiene su poder de veto. A pesar de que los rechazos de Cristina no son definitivos, como bien saben Massa y Alberto por sus propias experiencias. La expresidenta dialoga con todos, recuerda ante este medio un legislador que la conoce muy bien y que no pone como ejemplo el caso reciente de Carlos Melconian, sino su propia experiencia de haberse cruzado a Guillermo Nielsen en 2015, cuando éste salía de la casa de Cristina Kirchner en Barrio Norte. “Yo hablo con todos”, le argumentó ella esa vez a nuestra fuente. Empero, Massa no pudo hacer volver a Nielsen de Yemen.

Esas dificultades fueron coronadas de la peor manera: el viernes anunciaron desde su entorno que el viceministro de Massa sería Gabriel Rubinstein, y ese nombre fue recibido con beneplácito general, teniendo en cuenta sus conocimientos en macroeconomía. Precisamente lo que necesita el ministro Massa, que no es economista. Pero con el correr del día y luego de que se reflotaran sus tuits hipercríticos y declaraciones en el mismo tono para con esta gestión en general y el kirchnerismo en particular, su designación comenzó a desinflarse.

Si bien este sábado algunas fuentes insistían en que finalmente “será Rubinstein”, el tema sigue en veremos. Recién el martes se resolvería quién acompañará al expresidente de la Cámara baja, lo cual no deja de ser una mala noticia para los mercados, que ya se sabe tienen poca paciencia y prestan especial atención a este tipo de situaciones. No es una buena señal que le veten nombres a Massa o que los elegidos le digan que no.

En su mensaje inicial, el flamante ministro de Economía adelantó una serie de medidas que parecieran ir en la dirección apropiada, incluyendo algunas más rigurosas que las esbozadas en su momento por el defenestrado Guzmán. Pero los críticos objetaron que se trató de un cúmulo de buenas intenciones y sigue faltando el plan.

A ello hay que agregar la indefinición en el área de Energía, donde lo único certero es que ese espacio seguirá siendo territorio cristinista. Federico Basualdo, el subsecretario al que Guzmán no pudo echar el año pasado y cuya permanencia este año motivó su reacción final, seguirá en su lugar. No ascenderá en lugar del neuquino Darío Martínez, pero tampoco lo moverán, y esa es una señal que, como otras, podrá ser soslayada por un tiempo por quienes se encargan de diagnosticar nuestra economía, pero más temprano que tarde pasarán las facturas correspondientes. Todas juntas.

Cristina Kirchner le concedió a Sergio Massa la foto de la que hablábamos la semana pasada para brindarle musculatura a la renovada gestión. Fue un apoyo medido, lo máximo que puede esperarse de la vicepresidenta. Podría interpretarse también que el servicio fue inverso, justo el día en que el fiscal Diego Luciani derramaba lluvia ácida sobre la expresidenta en el juicio por la obra pública de Santa Cruz.

El alegato de Diego Luciani, uno de los datos más contundentes de la última semana.

Así como el análisis gestual de una foto de Massa con Alberto Fernández la semana pasada lo mostraba al primero en señal de superioridad respecto del Presidente, en la foto del lunes pasado en su despacho Cristina era quien ostentaba esa característica. Sentados ambos en los extremos de una mesa larga, con una presidenta del Senado sonriente y con papeles, jugando de local obviamente. El para entonces todavía no asumido ministro aparecía con una sonrisa menos efusiva, con la campera puesta como con ganas de irse pronto. Por si hiciera falta, la imagen ratificaba dónde radica el poder hoy en la Argentina.

Como también lo hizo aquella tan difundida de un Presidente con la cabeza gacha alejándose del escenario, en cuyo centro y sonriente permanecía la figura central del acto del miércoles pasado en el Museo del Bicentenario: Sergio Massa.

Debe haber disfrutado ese momento el expresidente de Diputados; y bien que hace: como alguien sugirió ese día, fue su último festejo por un buen tiempo; en adelante solo tendrá que lidiar con contratiempos.

En el mismo sentido se pronunció el diputado Julio Cobos al participar el martes pasado de la última reunión de Labor Parlamentaria que encabezó Massa antes de la sesión especial en la que se aprobó su renuncia. Ese día le comentó el mendocino a Massa: “Yo siempre digo que un ministro tiene 6 meses para saber si anda en la función, y si no resulta en ese tiempo, ya no resulta más… Vos tenés un día, ese día es mañana, porque no hay mucho tiempo que perder”.

De ahí que muchos sostengan que el miércoles en el que asumió y adelantó sus medidas, Massa debió haber anunciado las decisiones más drásticas de su gestión, pues el primer día es cuando más poder reúne. Si de devaluar hablamos, no hacerlo fue un pedido especial de la vicepresidenta.

Va en línea con el discurso de Horacio Rodríguez Larreta, quien en tono electoral pero siempre hablando en tercera persona afirma aquello de que históricamente un presidente recién asumido tiene 100 días de “luna de miel”; pero hoy, crisis mediante, ese lapso se ha reducido a 100 horas: ese será el tiempo que tenga quien asuma el 10 de diciembre de 2023.

Ese es el tiempo indicado para lanzar sin anestesia las medidas menos amigables. Parecieran entender en la oposición que el gradualismo elegido por Macri en 2015 fue una decisión errónea. Fácil decirlo con el diario del lunes…

Gestiones para sustituir el gasoil por biodiesel

Diputados oficialistas santafesinos se reunieron con funcionarios nacionales para impulsar esa medida que promovería una industria clave en la economía de su provincia.

Los diputados nacionales por Santa Fe Roberto Mirabella, Marcos Cleri y Magalí Mastaler mantuvieron dos encuentros en Buenos Aires junto con el subsecretario de Energía Eléctrica de la Nación, Federico Basualdo, para impulsar el reemplazo del gasoil importado por biodiésel santafesino en la generación de energía eléctrica, en un contexto marcado por el aumento de los precios internacionales.

En las reuniones de los legisladores oficialistas, mantenidas en la sede de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), también estuvieron presentes Marcelo Cassin, de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) junto a otros funcionarios de la subsecretaría y empresarios del sector. Los asistentes dialogaron sobre la necesidad de sustituir los combustibles fósiles por biodiésel producido por pymes de Santa Fe y otras energías renovables.

“Es importante impulsar la producción de biodiésel en la provincia de Santa Fe, que es líder en Argentina en este tema. Mantuvimos una reunión con la secretaría de Energía de la Nación y Cammesa para que se pueda sustituir el gasoil importado que se utiliza en los motores que producen energía eléctrica en nuestra provincia por biodiésel de pequeñas y medianas empresas santafesinas, que hoy tienen capacidad ociosa”, remarcó Mirabella, y apuntó: “Esto es clave, porque generaría un aumento en la producción, en la demanda de trabajo y en la inversión en nuestra provincia”.

“Sustituir importaciones implica que la Argentina recaude más impuestos, que genere empleo, que genere inversión, eso es lo que queremos para nuestra provincia. Santa Fe es líder en biodiésel a partir del aceite de soja y hoy hay muchas empresas que podrían estar produciendo y sustituyendo gasoil importado para la generación de energía eléctrica”, completó el rafaelino.

“Estos encuentros son muy importantes porque nuestra provincia está avanzando en un programa de energías renovables junto a la EPE y las cámaras productoras de biocombustibles. Estamos trabajando para sustituir en un 100% el gasoil que se utiliza en la generación de energía por biocombustible, producido en 12 plantas santafesinas”, agregó Marcos Cleri.

Por su parte, Federico Basualdo señaló: “Apuntamos a lograr el reemplazo de la generación contaminante por fuentes renovables de energía, provistas localmente en cada región del país, generando trabajo local y energía más barata y limpia”. Desde la Subsecretaría de Energía Eléctrica trabajan para conformar mercados eléctricos regionales a partir de fuentes limpias, lo cual no sólo diversifica la matriz energética y reemplaza la generación contaminante, sino que también reduce costos por mejor aprovechamiento de la infraestructura existente, dado que la energía se consume en el mismo lugar en el que se produce.

Es importante destacar que la producción de biocombustibles es de gran importancia para la economía santafesina. Según datos oficiales, esta agroindustria genera más de seis mil puestos de trabajo en toda la provincia, donde se concentra la mayor capacidad de producción de biodiésel de soja de todo el país.

Junto a los legisladores y funcionarios, también estuvieron presentes el asesor de la Secretaría de Energía, Iván Bronstein; el gerente general de Cammesa, Sebastián Bonetto y los empresarios Hilarión del Olmo y Federico Pucciarello, integrantes de la Cámara Panamericana de Biocombustibles Avanzados (Capba) y de la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfer), organismos que representan a Pymes productoras de biodiésel.

Aunque se busca minimizar, sigue la disputa interna con Guzmán

El oficialismo más inflexible persiste en marcarle límites al ministro de Economía, que estaría pensando en un futuro político.

En momentos en que el Gobierno trata de encarrilar una difícil negociación doble con el Fondo Monetario Internacional y el Club de París, las disputas internas dentro del gabinete siguen generando incertidumbre y desconfianza de los hombres de negocios en el país, especialmente por el objetivo del oficialismo duro de “seguir marcándole los límites” al ministro de Economía, Martín Guzmán.

Esta última semana hubo un hecho contundente que deja al descubierto esa estrategia del oficialismo más inflexible, con la declaración que emitió un importante grupo de dirigentes políticos, sindicalistas, legisladores y hasta periodistas, ligados justamente a los duros del Frente de Todos, para expresar claramente cuáles eran los “límites” en la negociación con el FMI y el Club de París.

“Fue un tiro por elevación hacia Guzmán. El sector duro no hay caso, no lo quiere y lo van a seguir muy de cerca en todos los pasos que del ministro”, admitió un funcionario del gabinete económico.

Está claro que desde el comienzo de año ese núcleo del oficialismo viene avanzando sobre el ministro, lo que provocó más de un amague de renuncia del titular de la cartera económica.

Primero fue cuando en marzo el ministro se encontraba en Washington negociando con el FMI y en Buenos Aires la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner advirtiendo que no se podía pagar.

Luego el episodio con renuncia frustrada de Federico Basualdo, subsecretario de Energía, quien se opuso al esquema de actualización tarifaria elaborado por Economía.

Posteriormente fue la declaración de la bancada oficialista en el Senado para que la ampliación de la cuota parte de la Argentina en el FMI, medida en DEG y equivalente a 4.300 millones de dólares, se utilice para atender la situación de la pandemia y no para pagar la deuda.

Y finalmente, en este semana, la declaración de los representantes duros sobre los límites en la negociación de la deuda.

En el propio equipo económico admiten que “pensamos que las aguas se habían calmado, pero esa última declaración realmente nos sorprendió y no contribuye en nada a la hora de terminar de negociar buenos acuerdos para el país”.

Desde el otro lado del oficialismo aseguran que Guzmán está tentado de largarse a la carrera política, aprovechando su buena imagen en la opinión pública, sin respetar la trayectoria “militante” de varios dirigentes que se consideran también en la línea de largada.

Este avance sobre el ministro no ha caído muy bien entre los hombres de negocios, quienes a la vez advirtieron sobre las consecuencias de algunas de las últimas medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo.

En ese sentido, la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA) ha expresado su rechazo a la medida por considerar que la misma en vez de generar más puestos de trabajo, implica una fuerte traba para contratar personal.

“Estamos en una situación muy complicada, el empleo es cada vez más escaso, la inversión está muy baja, y encima con estas medidas de prohibición o de restricciones se agrava el problema de la generación de puestos de trabajo en el país”, enfatizó uno de los principales dirigentes de la cúpula de la UIA.

Los hombres de negocios también cuestionaron al Gobierno en los últimos días en cuanto a su “pasividad” frente a la avanzada de algunos gremios contra empresas, especialmente Camioneros.

Tanto en la UIA como en CAME se viene cuestionando en los últimos días los reiterados bloqueos que realiza ese sindicato hacia distintas empresas y sin una respuesta firme por parte del Poder Ejecutivo “para poner un límite a esa avanzada”.

Piden que Martínez y Basualdo se presenten ante la Comisión de Energía

Diputados de Juntos por el Cambio exigen explicaciones al secretario y subsecretario de Energía en el contexto del conflicto iniciado con el pedido de renuncia a Basualdo por parte del presidente de la Nación.

La diputada nacional Jimena Latorre (UCR-Mendoza) encabezó un pedido de informe al secretario de Energía de la Nación, Darío Martínez, y al subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, para que brinden información detallada y en forma urgente sobre la gestión en materia energética ante la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados.

Los funcionarios deberán informar sobre el impacto fiscal estimado por el aumento considerable de subsidios y el progreso de la Revisión Tarifaria de Transición para lo que resta del año 2021. Esto, luego que el ENRE, por indicación de la Secretaría, autorizara el incremento del 9% de las tarifas y aprobara los valores tarifarios para las distribuidoras Edenor y Edesur, muy por debajo de la pauta inflacionaria presupuestada para 2021 y que había sido la expresa indicación del ministro de Economía Martín Guzmán.

“Ante la actual crisis energética que atraviesa el país, los funcionarios lejos de brindar seguridad y transparencia en las decisiones del área, son noticia en la prensa por aparentes disputas de poder”, fundamentó la diputada Latorre en su pedido y agregó: “Algunos se quejan de ‘funcionarios que no funcionan’, nosotros exigimos que los funcionarios den explicaciones y rindan cuentas a la ciudadanía. Y que funcione la institucionalidad de una cartera, y no que la tercera línea le dé instrucciones a la primera y que la recomendación técnica la dé el Poder Ejecutivo en lugar del ente técnico”.

A su vez, el pedido de informes exige a los funcionarios explicitar su posición respecto del próximo vencimiento de la Ley de Biocombustibles, como así también del proyecto de prórroga que cuenta con la media sanción del Senado y brindar detalles técnicos y fundamentos respecto del proyecto de ley presentado recientemente por el oficialismo.  

“El nuevo proyecto presentado por el oficialismo no sólo desconoce la iniciativa de prórroga que obtuvo media sanción en la Cámara de Senadores a instancia del propio oficialismo; sino que desconoce y da por tierra un régimen de promoción iniciado en el gobierno de Néstor Kirchner con una propuesta liderada por su hijo que resulta un retroceso en la transición de la matriz energética y en los compromisos medio ambientales que ha asumido nuestro país”, sentenció la mendocina.

La legisladora opositora concluyó que “el Jefe de Gabinete debe tener serias dificultades de gestión ya que hay una clara descoordinación en los objetivos de las distintas políticas que ejecuta este Gobierno, mientras Guzmán pretende reducir el déficit fiscal para, entre otras cosas renegociar con el FMI, los funcionarios y legisladores que responden al ala dura del kirchnerismo aumentan subsidios por encima de la recaudación e incumplen compromisos internacionales”.

Acompañan este pedido de informe los diputados Alfredo Cornejo, Alejandro Cacace, Juan Manuel Lopez, Brenda Austin, Ximena Gacia, Luis Petri, Claudia Najul, Diego Mestre, Federico Zamarbide, Carla Carrizo, Soledad Carrizo, Dolores Martínez, Victor Hugo Romero, Facundo Suarez Lastra y Fabio Quetglas.

La fuerte interna oficial que deja mal expuestas a dos figuras clave

El Gobierno se vio envuelto en un vodevil en el área económica, que dejó muy desairado a Martín Guzmán y ni qué decir del presidente, quien a su vez pide una ley para tener más facultades, pero puertas adentro no puede sostener ni desplazar funcionarios.

Por José Angel Di Mauro

El Gobierno tiene que lidiar con una pandemia inédita. Es lo que le tocó, a no quejarse… El problema es cómo gestiona esta crisis sanitaria, pero la cuestión es que ya tiene suficientes problemas con la pandemia como para tener que sumar además el fuego amigo.

Ya ha tenido varios episodios en ese sentido, y en todos tuvo que ceder el presidente. Hasta el viernes pasado, en el que una guerra sorda que se libraba desde hacía tiempo en la Secretaría de Energía estalló de manera descarnada, desatando tal vez la crisis interna más grave en lo que Alberto Fernández lleva de mandato. Ese día chocaron de frente las dos corrientes principales de la alianza gobernante y el desenlace tiene aún final abierto.

Recordemos que esa cartera estuvo sometida a tironeos desde el principio de esta gestión. Arrancó al frente de la secretaría Sergio Lanziani, un misionero que respondía al hombre fuerte de esa provincia, Carlos Rovira, y se interpretó su designación como una señal del presidente a los gobernadores, a los que siempre dijo que en ellos se iba a apoyar, en una suerte de “cogobierno”. A esta altura se sabe que ese cogobierno nunca funcionó, pero menos lo hizo Lanziani, que fue el primer funcionario eyectado del cargo.

Siendo Energía un área de particular interés para el cristinismo, el modelo de parcelas implementado en la gestión fernandista mostraba al misionero rodeado de gente que le respondía a la vicepresidenta, como el subsecretario Federico Basualdo y el interventor del ENARGAS, Federico Bernal. Como ha sucedido en otras áreas, la salida de Lanziani fue cubierta por un kirchnerista puro, el neuquino Darío Martínez.

Cristina Kirchner durante el acto del 18 de diciembre del año pasado en La Plata.

La puja entre Energía y el Palacio de Hacienda se dio por las tarifas. El ministro de Economía, Martín Guzmán quiere implementar dos aumentos en el año, para compensar un poco el déficit achicando subsidios. En esa materia fue la propia vicepresidenta Cristina Kirchner la que se expresó de manera concluyente y contraria, cuando en un acto en La Plata para celebrar el aniversario de la gobernación de Axel Kicillof habló de la necesidad de alinear “salarios y jubilaciones con los precios de los alimentos y las tarifas”. Para ella las tarifas no deben ser tocadas en un año electoral. A lo sumo, acepta un solo aumento, pero no de dos dígitos.

El viernes desde el Palacio de Hacienda parecieron patear el tablero, al anunciar que las tarifas eléctricas subirían un 9%, en lo que representaría el primero de los dos aumentos que habría a lo largo del año. Pero no solo eso dejaron saber desde cercanías de Martín Guzmán: también anunciaron el despido del subsecretario Federico Basualdo, un cristinista puro que sostenía la postura tarifaria de la vicepresidenta.

El clima se enrareció cuando voceros cristinistas salieron al cruce de la información, aclarando que nadie le había pedido la renuncia a Basualdo y el tema quedó abierto e irresuelto al comenzar el fin de semana. Hubo en el ínterin -según trascendió- una reunión del subsecretario “rebelde” con la vicepresidenta; toda una señal hacia Alberto Fernández, quien durante su gestión ha tragado más de un sapo, pero esta instancia lo puso en una situación más que incómoda. Con su autoridad puesta en duda como nunca.

Peor quedó Martín Guzmán, que ya viene siendo condicionado por el ala dura en la negociación con el Fondo, pero cuya estabilidad se haría insostenible si Basualdo -al que en el Palacio de Hacienda calificaron de “inoperante”- es mantenido en el cargo.

El viernes desde la Rosada se insistía en que la salida de Basualdo era un hecho y en el suplemento del Boletín Oficial publicado al filo de la medianoche del viernes se confirmó el aumento del 9% a las tarifas de Edenor y Edesur. Fuentes consultadas por este medio el fin de semana sugirieron que se habría puesto paños fríos, y que Basualdo se quedaría “un tiempo más”. La suba tarifaria sería una señal de compensación. En ese caso, habrá que ver si hay un segundo aumento en lo que resta del año, o termina prevaleciendo la postura de la mujer fuerte del Gobierno.

La postura de Economía se asienta meramente en los números. Las cuentas públicas necesitan ser ajustadas y los subsidios por tarifas insumen 65 mil millones de pesos cada mes. “Cuatro veces el gasto de la AUH”, cuantificó el economista Martín Tetaz. Está claro que la decisión de CFK de no aumentar las tarifas -en un año electoral- tiene que ver con su consecuencia inflacionaria. Pero lo que el equipo de Guzmán habría sopesado es que el freno a la economía consecuencia de las restricciones por la segunda ola de la pandemia paralelamente ralentizaría como el año pasado la carrera de los precios. Eso podría compensar en materia inflacionaria el aumento de tarifas.

Además, el ministro sabe que tarde o temprano deberá pagar alguna compensación, tipo IFE, para los sectores perjudicados por el cierre de la economía, que tal como anticipamos aquí ha sido extendido más allá de las dos semanas originales.

Las discusiones en torno a la magnitud del cierre consumieron buena parte de la última semana y concluyeron con el presidente grabando un cuidado discurso el jueves por la noche, que fue difundido a la mañana siguiente. Un horario inédito para este tipo de anuncios, en el que profundizó algunas de las medidas de hace dos semanas y ratificó las que provocaron un serio enfrentamiento entre Nación y CABA, que volvió a darle protagonismo estelar a quien sigue perfilándose como el principal rival para 2023. Horacio Rodríguez Larreta ya habla como tal; en un tono mesurado pero firme, en la tarde del viernes se manifestó “convencido de que la mejor manera de trabajar es en forma conjunta: buscando el diálogo y el consenso -dijo-. Es mi convicción del primer día y siempre va a seguir siendo así. Tanto para enfrentar esta difícil situación, como para sacar a la Argentina adelante”. Esta última frase hizo bastante ruido en Olivos.

Larreta habló de cómo se debe enfrentar “esta difícil situación”, como así también cómo se debe “sacar a la Argentina adelante”.

Contra lo que se esperaba, el pleito no fue resuelto el viernes por la Corte Suprema. Dicen que hubo una advertencia de la vicepresidenta hacia los cortesanos, transmitida por un contacto entre las partes.

Como sea, en la Rosada esperaban el viernes un fallo adverso respecto de la pulseada de Nación con CABA por la presencialidad en las clases. Un fallo en ese sentido llegó ese día, pero no desde la Corte, sino de la Cámara del Crimen, que ante un hábeas corpus presentado por  vecinos porteños consideró abusivo el uso de los DNU por parte del presidente y pidió al Ejecutivo y al Congreso consensuar una ley para gestionar la pandemia. Les fijó incluso un plazo de 15 días a ambos poderes para ponerse de acuerdo en ese sentido.

Los jueces de ese órgano se habían hecho eco del anuncio hecho en la mañana por el presidente Fernández respecto del envío de un proyecto de ley para tener más facultades en el marco de la pandemia.

De ese proyecto anunciado por Alberto Fernández el viernes no se sabe nada más que lo que dijo: “En los próximos días enviaré un proyecto de ley al Congreso de la Nación para que, en función de criterios científicos, claros y precisos, se faculte al presidente de la Nación y a los gobernadores a tomar restricciones y medidas de cuidado durante esta situación excepcional”. Fue en el final de su discurso y puso en guardia a la oposición, fundamentalmente a Juntos por el Cambio, que ya viene sospechando desde que no se restableció el diálogo con Eduardo “Wado” De Pedro sobre la postergación de las elecciones. Desde que se mostraron abiertos a aceptar una prórroga de un mes en ambos convites electorales, condicionándolo a una “cláusula cerrojo”, no hubo más contactos. Y contrariamente a lo que había trascendido, el viernes el ministro del Interior no fue al Congreso para retomar el diálogo sobre el tema. Por el contrario, desde esa cartera aclararon que debe ser el Congreso el que defina la modificación del calendario electoral, y que el Ejecutivo no mandará un proyecto, a pesar de que días pasados había trascendido un borrador del mismo. Mientras más voces oficialistas y algunas de la oposición insisten con la suspensión de las PASO, el tiempo corre y el 10 de mayo el Ejecutivo debería convocar por decreto a las primarias.

El diputado del Pro Pablo Torello blanqueó las dudas que imperan en ese sector a través de un tuit en el que hizo referencia a que Wado De Pedro  “no vino al Congreso con el proyecto prometido para posponer elecciones; el presidente envía proyecto de ley pidiendo delegación de facultades. No quisiera pensar que estas dos cuestiones tienen como fin empezar a clausurar la democracia en Argentina”.

En ese sentido fue que más de uno se preguntaba este fin de semana si las facultades extraordinarias pedidas por el presidente para enfrentar la pandemia no podrían llegar a incluir la posibilidad de suspender directamente las elecciones por decreto.