El peso de las elecciones intermedias: lo que anticipan, no perdura

Desde la reforma constitucional de 1994, las elecciones legislativas de medio término se convirtieron en un punto de inflexión para los gobiernos argentinos. En especial para los no peronistas, que dependen de ellas para sostener su gobernabilidad. Un repaso por los comicios que marcaron rupturas, consolidaciones y el pulso político del país, con la provincia de Buenos Aires como escenario central.

Por José Angel Di Mauro

El valor de las elecciones intermedias es singular. Sobretodo para los gobiernos no peronistas, habida cuenta de que a uno de esas características le valió nada menos que la continuidad en el poder (léase el de Fernando de la Rúa). Así lo entendió Mauricio Macri, que en 2017 apostó un pleno a ganar esas elecciones y lo consiguió, aunque todo el mundo mirara después la parte del vaso vacío y el hecho de que dos años después no pudiera reelegir: amén de ello, el de Cambiemos fue el único gobierno no peronista en poder concluir su mandato en casi cien años (desde Marcelo T. de Alvear que eso no sucedía). Mérito no menor, que muchos le reivindican a Macri.

Para un país como la Argentina, es una carga extra tener que votar cada dos años, lo que lleva a todas las gestiones a estar casi en campaña permanente y tener tiempo para la gestión de fondo solo en los años pares; razón por la cual suelen aparecer voces que periódicamente abogan por eliminar las elecciones intermedias y votar todo cada cuatro años. Y cuando decimos “votar todo”, nos referimos a presidente y Congreso completo. Como eso necesitaría una reforma constitucional que no se hará, porque sería abrir una caja de Pandora, mejor dejar ese tema de lado.

Desde la reforma constitucional de 1994, la elección de todos los legisladores nacionales se realiza en todo el país de manera simultánea, pues antes las fechas podían variar según las provincias. Quién las gana, es la pregunta obligada desde entonces. Objetivamente, debiera ser el que obtiene más bancas, pues de eso se trata una elección legislativa. Pero nadie puede objetar que se considere ganador a aquel que reúna más votos, de ahí que el peso de la provincia de Buenos Aires crezca de manera proporcional.

Estas preguntas remiten al dilema que plantea esta elección de medio término de la era mileísta, dado que lo de la provincia de Buenos Aires parece una cuestión resuelta, y el spoiler corresponde a lo ya sucedido el 7 de septiembre pasado, cuando el oficialismo provincial arrasó con casi 14 puntos de ventaja.

De ahí que La Libertad Avanza prefiera presentar la cantidad de votos reunida como el elemento determinante, con la ventaja que tiene por ser el único sello que se presentará en todos los distritos del país, a diferencia de Fuerza Patria, que no figurará como tal en todas las provincias.

Vayamos entonces a la historia, para ver de qué manera se leyeron las elecciones intermedias desde los tiempos posteriores a la reforma constitucional de 1994, cuando diputados y senadores nacionales comenzaron a elegirse de manera simultánea (hasta entonces a los padres de la Patria los elegían las legislaturas provinciales).

La irrupción de la Alianza 

No fueron tantas las elecciones, apenas siete hasta el momento. La primera, en 1997, que marcó la presentación en sociedad de la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, más conocida simplemente como “la Alianza”. Se trataba de una coalición política que formaron la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (FrePaSo), en 1997, precisamente para esas elecciones legislativas que marcaron su debut triunfal como fuerza política, sobre todo por su performance en la provincia de Buenos Aires. El diario Clarín titularía entonces: “Buenos Aires le dio a la Alianza dimensión nacional”.

Graciela Fernández Meijide vencería en esa elección trascendental a la candidata del PJ Chiche Duhalde, en el rubro para senadores. La Alianza ganó esa elección en el principal distrito del país por el 48% de los votos, alzándose con 19 diputados, mientras que el Frente Justicialista Bonaerense consiguió 16, con el 41,44%.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el gran ganador fue Carlos “Chacho” Alvarez, que encabezó la lista triunfante que reunió el 56,80% de los votos y consiguió 9 de los 13 diputados en disputa. La lista Justicialista apenas consiguió 2 escaños, con 18 puntos.

La Alianza no fue unida en todo el país. Por ejemplo en Córdoba ganó la UCR, con el 38,11%, mientras que el FrePaso salió tercero, con el 12,42%. Sí fueron juntos en Santa Fe, donde ganaron con el 45,46%.

Como sea, está claro que ese triunfo de las dos figuras más destacadas del FrePaSo fue mediáticamente lo más destacado de ese domingo 26 de octubre de 1997.

Fernández Meijde derrotó en esas elecciones intermedias a Chiche Duhalde y luego perdió la interna presidencial con De la Rúa.


El desbarranque de la Alianza

Las elecciones intermedias posteriores marcaron el final definitivo de la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación. Ya en el gobierno desde 1999, con Fernando de la Rúa en el Sillón de Rivadavia y Chacho Alvarez fuera del poder por haber renunciado como vicepresidente el año anterior, la Alianza fue a esas elecciones intermedias con muy pocas chances, y su caída electoral le picó el boleto a esa gestión. El desastre electoral representó la señal que el peronismo estaba esperando para avanzar sobre el poder: para la renovación del 10 de diciembre, miembros propios ya ocupaban los principales lugares de la escala sucesoria: sin vicepresidente, el presidente provisional era Ramón Puerta y el titular de la Cámara de Diputados Eduardo Camaño.

Con todo, la Ciudad de Buenos Aires fue casi el único lugar donde pudo ganar la Alianza, aunque con guarismos bajísimos. En la elección del 14 de octubre de 2001, el oficialismo de entonces ganó en CABA por el 19,49% de los votos, consiguiendo apenas 4 escaños. Segundo en esa elección fue el ARI, con 12 puntos y luego se ubicó el peronismo, con medio punto menos.

Pero en la provincia de Buenos Aires, el oficialismo nacional sufrió una masacre: la lista Justicialista consiguió el 37,36% de los votos, alzándose con 18 escaños, mientras que la Alianza obtuvo menos de la mitad de los votos, 15,35% y 7 bancas. Ese distrito elegía senadores también ese año y se enfrentaban Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín. El diario Clarín tituló al día siguiente: “Duhalde arrasó; el PJ domina el Congreso”. Se hacía referencia en esa noticia a que “Duhalde le sacó 26 puntos a Alfonsín. Fue el triunfo más rotundo. El PJ creció en Senadores. Y logró la primera minoría en Diputados. En Capital ganó Terragno con menos caudal que el voto bronca. De la Rúa dijo que no se ‘tapará los oídos’, pero no explicó más”.

Fue la elección del voto bronca, cuando muchos sobres aparecieron con fetas de salame en su interior, o la imagen de Clemente… Fue la elección previa al derrumbe de diciembre. Y el resultado bonaerense fue evidentemente el detalle más contundente de esa elección.

El escenario “pre-derrumbe” que presagiaba esta tapa en 2001.

 

La madre de todas las batallas

Las elecciones posteriores tuvieron a otro presidente al frente del país: Néstor Kirchner, que necesitaba un triunfo electoral como el que no había tenido a pesar de su acceso al poder. Recordemos que su éxito radicó en salir segundo en las elecciones presidenciales de 2003, cuando el 27 de abril consiguió el 22,24%, dos puntos menos que el “ganador” de esa elección, Carlos Menem, quien luego se bajó del balotaje.

El santacruceño necesitaba una elección que lo empoderara y fue así que desafió a quien lo había elegido para ser presidente y fue la provincia de Buenos Aires el terreno elegido para definir el poder en el peronismo, que era lo mismo que definir el poder nacional. Kirchner puso a su esposa como candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, el lugar donde Cristina Fernández había nacido, y enfrentó nada menos que a la esposa de Eduardo Duhalde, Hilda González de Duhalde. Fue definida como “la madre de todas las batallas”, en referencia a la frase utilizada por Saddam Hussein durante la Guerra del Golfo, y desde entonces suele usarse esa frase para referenciar a las elecciones bonaerenses que resulten determinantes. Y la ganó el kirchnerismo, sin atenuantes: el Frente para la Victoria (nombre que usaría el kirchnerismo a partir de entonces) se alzó con el 45,77% en el rubro senadores, contra el 20,43% que consiguió la alianza Frente Justicialista.

Las boletas de lo que sería el choque entre dos primeras damas.

El diario Clarín del lunes 24 de octubre de 2005 sería contundente: “Cristina aplastó”, resumió en una tapa que acompañaba, entre otros títulos el análisis de Eduardo van der Kooy: “Un liderazgo que salió fortalecido”.

Otra vez el poder de la provincia de Buenos Aires llevándose toda la atención.

“Crisina arrasó”, la síntesis correcta de una elección determinante.

 

Las candidaturas testimoniales

Las siguientes elecciones intermedias fueron el 28 de junio de 2009. Es que a sabiendas de que las perspectivas electorales no eran buenas para el kirchnerismo, el Gobierno nacional resolvió adelantarlas, con la excusa de los efectos de la crisis económica global. La presidenta Cristina Kirchner aseguró que sería “suicida” para el país mantener un clima electoral hasta octubre “cuando el mundo se cae a pedazos” por la crisis financiera global.

El Gobierno de los Kirchner se había desgastado en extremo el año anterior, durante la guerra con el campo y no llegaba bien a esas elecciones. Se jugaron un pleno entonces adelantando las elecciones y pusieron toda la carne en el asador… en la provincia de Buenos Aires, dónde sino…

Allí armaron una lista nada menos que con el expresidente Néstor Kirchner en primer lugar, seguido por el entonces gobernador Daniel Scioli, Nacha Guevara en el tercer lugar, y el jefe de Gabinete Sergio Massa cuarto. Estos tres últimos fueron todos testimoniales, pues solo asumió como diputado Néstor Kirchner.

Y la lista terminó perdiendo con la de Unión Pro, encabezada por el empresario Francisco de Narváez, seguido por Felipe Solá, y avalada por el entonces jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri. Ganó esta lista opositora por 34,68% contra 32,18%. Se repartieron 13 y 12 diputados, respectivamente, y fue tan contundente el resultado que hasta De Narváez, de origen colombiano, se sintió presidenciable. Aunque no pasó de una aspiración; ni siquiera pudo competir con éxito para gobernador.

Francisco De Narváez derrotaría nada menos que a Néstor Kirchner.

La irrupción del massismo

Las siguientes elecciones intermedias también tuvieron a la provincia de Buenos Aires como factor determinante. Cristina Kirchner había arrasado en las presidenciales de 2011, pero para las legislativas de 2013 volvía a estar endeble. La economía había dejado de crecer, los problemas se multiplicaban y el desgaste era evidente.

Sergio Massa sorprendió armando su propia lista y secundado por un grupo de intendentes enfrentó al kirchnerismo en las elecciones del 27 de octubre.

Cristina Kirchner se enteró de la decisión de Massa de competir por fuera del FpV a través de los medios, cosa que le reprochó duramente a los servicios de inteligencia. De la previa de esa elección viene una frase muy recordada de la entonces presidenta. Fue la que, según el propio Massa, lo decidió a romper y competir. Cuando Cristina dijo: “A los que no les gustan los modales, que armen su partido y nos enfrenten en las elecciones”.

El Frente Renovador llevó a Massa como candidato y ganó por 43,95% de los votos, alzándose con 16 bancas. El Frente para la Victoria llevó como primer candidato a Martín Insaurralde, entonces ascendente intendente de Lomas de Zamora, y consiguió 32,33% (12 diputados). Un resultado contundente que ilusionó al entonces intendente de Tigre ya no con ir por la gobernación en el próximo turno, sino buscar la presidencia. Misión en la que fracasaría en dos oportunidades.

Un joven Sergio Massa ilusionado con el futuro que presagiaba en 2013.


Las intermedias de Macri

Ya hemos dicho lo relevante que pueden ser las elecciones intermedias para un gobierno no peronista. Pues ya detallamos sucesivas derrotas en las intermedias para gobiernos peronistas que, así y todo, no corrieron riesgos posteriores a pesar de salir desairados en las legislativas.

De ahí la importancia que le daba el Gobierno de Cambiemos a las elecciones de 2017, en las que se presentaría nada menos que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. La provincia de Buenos Aires volvía una vez más a ser escenario de otra “madre de todas las batallas”. Y el Gobierno nacional eligió para darla a dos miembros del Pro no tan taquilleros: Esteban Bullrich, quien era ministro de Educación nacional, y Gladys González, quien al frente de la intervención del SOMU había enfrentado al sindicalista Omar “Caballo” Suárez.

Esa “batalla” se libró en dos tiempos: las PASO del 13 de agosto, que Cristina ganó por menos de dos décimas, y las generales del 22 de octubre en las que Cambiemos se impuso por el 41,35% contra el 37,31% de CFK.

El dato saliente de esa elección fue el triunfo de Cambiemos en la mayoría de los distritos, pero la atención especial se la llevó la pelea bonaerense, por estar Cristina del otro lado.

Esteban Bullrich dio la nota al vencer a Cristina en las urnas.

Las elecciones post pandemia

Y llegamos al final de este recorrido, con las últimas elecciones intermedias registradas hasta el momento: las del 14 de noviembre de 2021. La Argentina estaba saliendo de la pandemia de coronavirus y por eso se habían corrido un mes las fechas de las PASO y las elecciones generales.

Esos comicios marcaron el inicio de la cuenta regresiva para el Gobierno de Alberto Fernández, y empoderaron al entonces jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, quien se sintió presidenciable a partir de esa victoria.

Porque Juntos por el Cambio ganó en la Ciudad de Buenos Aires (no con la contundencia que se esperaba) por 47,09% a 25,06 del Frente de Todos; y en la provincia de Buenos Aires, por 39,77% a 38,59%. En ambos distritos, Rodríguez Larreta había metido mano haciendo curiosos movimientos: devolvió a la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal a la Ciudad de Buenos Aires, y mudó a la Provincia a Diego Santilli.

Los festejos de 2021, cuando Juntos por el Cambio se ilusionaba con volver al poder.

No hubo un bunker unificado, pues Juntos tuvo el suyo en la provincia de Buenos Aires, por lo que las fotos centrales de los festejos de JxC mostraron a Larreta levantándole la mano a Vidal y detrás y en un segundo plano aparecía Mauricio Macri. Viendo quizá cómo lo estaban despidiendo tal vez de manera adelantada y cavilando posiblemente los pasos que daría en los dos años siguientes.

La de 2021 fue otra derrota de elecciones intermedias para el peronismo.

Conclusiones

  1. Las elecciones intermedias son cruciales para los gobiernos no peronistas

Mauricio Macri fue el único presidente no peronista en casi un siglo que logró completar su mandato, y su triunfo en las legislativas de 2017 fue fundamental para sostener su gestión.

En contraste, Fernando de la Rúa perdió fuerza tras las intermedias de 2001, lo que precipitó su caída.

 

  1. La provincia de Buenos Aires es el epicentro electoral

Recurrentemente, las elecciones en este distrito marcan el tono nacional. Se la denomina “la madre de todas las batallas” por su peso en votos y bancas, pero sobre todo por ser el lugar elegido para definir liderazgos.

Ejemplos clave: el triunfo de Cristina Fernández en 2005, la derrota de Néstor Kirchner en 2009, el surgimiento de Sergio Massa en 2013, y la pelea entre Cambiemos y CFK en 2017.

 

  1. Las elecciones intermedias pueden redefinir liderazgos

Sirvieron para consolidar figuras como Cristina Fernández, Massa y Larreta, y también para debilitar gestiones como la de De la Rúa o el kirchnerismo en 2009 y 2013.

En 2021, confirmaron el declive del gobierno de Alberto Fernández y el ascenso de Larreta como presidenciable.

 

  1. Las elecciones intermedias no definen un escenario definitivo

En general, las cosas suelen cambiar de una elección a otra. El que surge presidenciable en una elección intermedia muy posiblemente se encuentre con un destino distinto a los dos años.

 

  1. La forma de medir el “ganador” varía

Aunque técnicamente se debería considerar ganador al que obtiene más bancas, en la práctica se suele destacar al que reúne más votos, lo que favorece a distritos grandes como Buenos Aires. Y ese distrito está claro que ofrece por lejos la vidriera más visible.

Tras un éxito grande en el Congreso, números que complican a Javier Milei

Volvieron las sonrisas en Casa Rosada, donde el miércoles pasado se vivió como “perfecto”. Aprobación del decreto del acuerdo con el Fondo, más paz en las calles. Buenas noticias tras dos meses de datos negativos, en general autoinfligidos. Pero la economía sigue planteando interrogantes y las encuestas alertan sobre un cambio de tendencia.

Por José Angel Di Mauro

Muchos libertarios llegaron a comparar la aprobación del DNU del acuerdo con el FMI con la Ley de Bases, tal la importancia que le asignan. Más moderado, el consultor Rosendo Fraga admitió igual que lo aprobado por los diputados el miércoles pasado es lo más importante que necesitaba este año el gobierno de La Libertad Avanza.

“Puede no hacer nada más en el Congreso, porque lo único que necesitaba para este año ya está hecho”, agregó el politólogo sin faltar a la verdad. Porque ni aunque vaya a salir la ley de ficha limpia -un tema en veremos en el Senado, que el Gobierno prefiere que no se apruebe, aunque por momentos dé señales de estar jugando a fondo-, nada será lo suficientemente imprescindible para esta administración, como para igualar este acuerdo.

Ni una reforma impositiva que por ahora no impulsará, ni mucho menos una previsional, cuestión que le costó la cabeza al extitular de la ANSeS Mariano de los Heros, cuando dijo que estaban preparándola. A propósito, este fin de semana vence la moratoria previsional que los gobiernos kirchneristas impulsaron desde 2005 y por las cuales el 59,5% (4,3 millones) de todos los jubilados del país obtuvieron sus jubilaciones a través de una moratoria. El Gobierno no piensa prorrogarla, y ese tema generará consecuencias. Porque una cosa es que este gobierno en extrema minoría ya no necesite nada del Parlamento este año, y otra muy distinta que esté blindado allí.

De hecho, el miércoles en el que el Gobierno tuvo su gran éxito legislativo con la aprobación del DNU en Diputados, más tarde la oposición más dura intentó llevar adelante una sesión para tratar una serie de proyectos para extender la moratoria previsional. No tuvieron quórum, pero hubo 124 presentes. Para el 3 de abril, la Comisión de Previsión ya fue convocada a analizar esos temas. Si llega a haber otra ley, habrá otro veto.

Tampoco está previsto que vaya a haber una reforma laboral este año. Quedará lo que se logró a través de la Ley Bases, que es menos de lo que el Ejecutivo pretende. Pero este no es el tiempo, como no lo fue el año pasado para la modernización sindical que el presidente Javier Milei llegó a proponer en su primer discurso ante los legisladores, pero cuyo debate cargó sobre sus hombros el diputado Martín Tetaz. Los proyectos que ahí debatieron no pudieron ser tratados en el recinto porque la sesión en cuestión no tuvo quórum. Vaciada especialmente por el oficialismo, que pactó con los gremios no aprobar nada de eso este año a cambio de paz social. ¿Cambia ese acuerdo tácito el paro que finalmente aprobó la CGT para el 10 de abril? El Gobierno quiere que sea tratado por el nuevo Congreso, y además tener el derecho de autor, no vaya a ser cosa de favorecer a un ajeno.

A propósito de la paz social, celebró el Gobierno que esta vez la calle no se desmadrara. Debió hacer concesiones, como olvidarse esta vez del protocolo antipiquetes. Valió la pena y al cabo de la jornada en la Rosada suspiraban con alivio. Pero el método persistirá: la oposición kirchnerista y la izquierda creen haber recuperado la calle para desgastar al Gobierno. Esta vez la bala entró.

Por eso en el Gobierno observan con inquietud lo que vaya a suceder el lunes en la marcha de organizaciones de derechos humanos, que tendrá gran concurrencia de dirigentes K y de la izquierda.

De ese tema se habló, entre otras cosas, en la reunión del lunes en la Rosada, cuya foto se convirtió en un hecho político en sí. Allí se vio al presidente Milei, su hermana, el armador Sebastián Pareja, Lule Menem y los diputados del Pro Cristian Ritondo y Diego Santilli. Muchos la interpretaron como una “mojada de oreja” a Mauricio Macri. Es verdad que Ritondo le avisó al expresidente que irían a la Casa de Gobierno, donde pareció formalizarse la alianza de LLA con el Pro para la provincia de Buenos Aires. Eso aún no sucedió.

La reunión en el despacho de Karina Milei en la Rosada.

Esa fotografía dio mucho que hablar, no solamente por la presencia de los diputados del Pro. Principalmente la disposición de los lugares en esa mesa, en la que el rol preponderante lo exhibía Karina Milei -ahí más “Jefe” que nunca-. Sentada en la cabecera, la postura personal parecía darle a la secretaria general un rol aun más importante que el del Presidente, a un costado, casi insertado por photoshop. Después se explicó que la reunión fue en el despacho de Karina, por eso la cabecera, y el Presidente llegó cuando ya llevaban un buen rato. ¿De qué hablaron? Actualidad pura, también algo sobre las elecciones, pero vagas definiciones sobre eso, sin precisiones. La alianza LLA – Pro en la provincia que todos dieron por acordada, todavía sigue en veremos. La Libertad Avanza quiere privilegiar esa marca, sin formalizar frentes o alianzas. Abrir sus listas, sí, pero que los que acepten se sumen sin que eso los lleve a compartir después el eventual éxito en la elección.

Resignado, el Pro estaría dispuesto a aceptar esas condiciones en ese distrito al menos. La fórmula sería la de 2013, cuando emergía el fenómeno Massa y Mauricio Macri optó por resguardar a su partido en la provincia de Buenos Aires, con una alianza menor, sin bombos ni platillos, que consistió en sumar algunos nombres a la lista de diputados nacionales. Entre los candidatos del Frente Renovador hubo entonces tres del Pro: Gladys González, Christian Gribaudo y Soledad Martínez. Tres entre los 16 que sumó Massa en esa elección que ganó con amplitud (44%, 5 puntos más que los que había tenido en las PASO), superando por casi 12 puntos al Frente para la Victoria, que llevó como primer candidato al exesposo de Jesica Cirio, Martín Insaurralde.

Francisco de Narváez, que en 2009 había ganado de manera resonante, en una alianza que entonces compartió con Macri y Felipe Solá, concurrió a esa elección con el frente Unidos por la Libertad y el Trabajo, y apenas consiguió el 5,5%. Ese ejemplo es el que tiene muy en cuenta el Pro. De Narváez sumó con ese puntaje 2 diputados; el Pro, con su alianza silenciosa, 3. Pero el mote de gran perdedor le correspondió al empresario que luego del resultado de 2009 llegó a explorar la manera de ser candidato presidencial a pesar de su origen colombiano. Además, en 2013 había PASO, en las que Narváez había sacado casi el doble de puntos. Es la razón por la que el Pro cambió su decisión original de mantenerlas este año: el voto útil podría resultarle letal.

Entre tantas buenas señales que mejoraron la sucesión de traspiés iniciada en enero en Davos, la pérdida de reservas no se frenó ni con la luz verde al acuerdo, de cuyos datos todavía se conoce poco. La preocupación es alta en materia económica. Se ve en los mercados y también en la calle.

Las encuestas marcan una baja sostenida para el Gobierno, pero la preocupación se relativiza porque no aparece amenazado el resultado electoral. Un sondeo de Pulso Research conocido esta semana muestra que no solo la imagen viene bajando, sino también las expectativas. Ante una pregunta sobre el estado de ánimo, las respuestas negativas superan las positivas con un 41,9% a 37,6. Y eso sucede por primera vez desde junio del año pasado. El pico máximo en esta materia fue en enero pasado, con un 47,4%  y en marzo fue superado por la sensación negativa.

Un 46,3% tiene una mala imagen de la gestión del Gobierno, contra el 45,9% (un escenario parejo), pero el dato saliente aquí -como en los que iremos viendo- es que después del pico positivo de 51,75%, en enero, el negativo supera el positivo por primera vez desde octubre del año pasado.

La misma tendencia negativa y superando este mes la positiva se da ante las preguntas sobre expectativas de mejora económica del país y en la economía personal. El dato sorprendente es que por primera vez durante toda la gestión mileísta las expectativas negativas sobre una mejora del país superan a las positivas.

Eso sí, el 49% le atribuye la responsabilidad de la situación a las decisiones tomadas por la gestión anterior, aunque un 38,7% culpa a la de Milei.

El Presidente alardea con que las encuestas lo favorecen a pesar de haber implementado “el ajuste más grande de la humanidad”, pero un 40,7% piensa que lo peor del ajuste está sucediendo ahora, en tanto que un 23,6% opina que lo peor está por venir, según la encuesta de Pulso Research. Solo un 22,5% le cree al Gobierno en cuanto a que lo peor del ajuste ya pasó. Y más allá de lo que vayan a decir los datos oficiales sobre la pobreza, para un 52,3% aumentó.

La encuesta es lapidaria con el “triángulo de hierro”, al estimar el 55,2% que Milei está mal rodeado, contra un 26,5% que piensa lo contrario. Y un dato que da bajo la línea de flotación de Milei: el 52% opina que Milei es deshonesto, contra un 39,7% que opina lo contrario.

Ya en lo electoral, un 33,9% piensa votar a alguien aliado al Gobierno, mientras que un 36% piensa votar a un opositor, un llamado de atención porque revierte en marzo una tendencia que siempre fue al revés. Un 30,1% no lo tiene decidido. Como sea, La Libertad Avanza aparece primera en intención de voto para 2025, con 38,7%, proyectando indecisos, en tanto que el opositor mejor encumbrado es un peronista kirchnerista, con 22,5%.

Por último, un detalle que irrita en la Rosada: mientras la imagen negativa de Javier Milei supera a la positiva (47,2% contra 46,4%), la única dirigente que tiene un diferencial de imagen positivo (3,8%) es Victoria Villarruel.

Grupo De Narváez presentó a Kulfas un plan de inversión por U$S120 millones para la compra de WalMart

El ministro de Desarrollo Productivo mantuvo un encuentro virtual con el empresario Francisco De Narváez, quien manifestó su “compromiso con el desarrollo de proveedores PyME y el programa de Precios Cuidados”.

El ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, mantuvo un encuentro virtual con el empresario Francisco De Narváez, quien le anunció que se hará cargo de la operación de WalMart en la Argentina, anticipó un programa de inversiones por 120 millones de dólares, y manifestó su “compromiso con el desarrollo de proveedores PyME y el programa de Precios Cuidados”. 

Kulfas consideró que la compra de la cadena por parte del empresario es “una muy buena noticia porque se trata de una compañía internacional que hace una reestructuración global que incluye a países como Brasil e Inglaterra y la operación local es adquirida por un grupo importante del sector con experiencia en el país y operaciones en Uruguay y Ecuador”. 

El Grupo De Narváez informó que tomará posesión este lunes de los activos de WalMart y anunció un programa de inversiones estimado en los 120 millones de dólares para los próximos tres años. 

Los empresarios tenemos que invertir y dar trabajo formal y pagar nuestros impuestos”, destacó De Narváez y comentó su expectativa de ampliación en el mercado argentino. 

El ministro expresó la voluntad de trabajar en la ampliación de la participación de las PyMEs en todos los tramos de la cadena minorista: “Nos interesa que se desarrolle el entorno comercial en beneficio del consumidor y el componente PyME en toda la cadena”. 

En esa línea, el empresario destacó que la compañía tiene programas propios de impulso al desarrollo de proveedores pymes, de equidad de género y políticas de primer empleo en sus operaciones en Ecuador y Uruguay.  

Nuestro objetivo es invertir para tener una organización eficaz y eficiente, esa es la política que hemos seguido en todos los países en los que estamos presentes y eso va a pasar con WalMart”, resaltó De Narváez cuyo grupo opera una red de más de 250 locales en Ecuador y 180 en Uruguay. 

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