Los asesores parlamentarios, testigos silenciosos de los tiempos

Silenciosos pero fundamentales, los asesores parlamentarios son parte del alma del Congreso. En esta columna, Luis Esteban Vivacqua rinde homenaje a quienes, con vocación y sabiduría, han sido faros para generaciones de legisladores y colegas, y que hoy comienzan a despedirse de la vida institucional activa.

Por Luis Esteban Vivacqua

Existen personas ineludibles en todos los lugares. Así como aquellos que se adentran en el derecho parlamentario se referencian en Carlos Bidegain, Eduardo Menem o Guillermo Schinelli, entre otros, algunos asesores parlamentarios noveles, suelen recurrir a aquellos que tienen más tiempo en la casa de las leyes.

Por estos tiempos algunos de esos mojones en los que nos hemos apoyado emprenden una despedida parcial. Si, se jubilan o se retiran cosas de la vida. Innegablemente la vida les deparará nuevas oportunidades, experiencias enriquecedoras y seguirán los frutos del trabajo hecho con conciencia, dedicación y amor a la argentina.

A estos amigos parlamentarios: colegas, compañeros, correligionarios o, simplemente, parlamentarios van dirigidas estas breves y desordenadas líneas.

El Congreso Nacional órgano de representación por excelencia se encuentra sometido permanentemente a los vaivenes políticos y económicos de nuestra convulsionada sociedad. Es por ello que los asesores parlamentarios acompañan los vaivenes de este “país de las desmesuras” (Juan Llach) asistiendo técnicamente a los Senadores y Diputados que confían en sus servicios.

Existen formas de clasificar a los asesores parlamentarios. Sin embargo, voy a ensayar un par de clasificaciones para ordenar mis ideas. Por un lado, tenemos a los asesores peregrinos y los asesores asimilables al hornero; por otro lado, también, encontraremos a los asesores técnicos y aquellos que, sin ser estrictamente técnicos, por su disposición y asistencia, resultan imprescindibles como la sangre para que el cuerpo tome vida.

Claramente existen otros tipos de asesores, pero no los retrataremos aquí ya que no están dentro del objeto de esta columna.

Los asesores peregrinos son aquellos que vienen con la dinámica de la vida cotidiana que aportan el dinamismo propio de los trabajos que realizaron fueras de las paredes del Congreso y oxigenan el movimiento de esta casa; y por el otro lado, encontramos a los asesores que como el hornero no migran, hacen su casita en el Congreso.

Si bien ambos tipos de asesores resultan necesarios en toda institución para garantizar el buen funcionamiento, me detendré en aquellos que llamamos horneros. Estos como los pájaros hacen del trabajo parlamentario su vida y su casa: buscan con detenimiento proyectos de ley perdidos, miran atentamente sesiones parlamentarias para descubrir las incidencias y menudencias parlamentarias, anotan con precisión las posiciones de los legisladores para ver la coherencia en el tiempo, asisten material y técnicamente a legisladores u otros asesores,  o simplemente, enuncian consejos verdaderamente prudenciales para evitar que otros asesores noveles - o aquellos sin serlo se asimilan - elaboren posiciones políticas que no son pertinentes para el debate político o la proyección del legislador al que asesoran.

Por otro lado, tenemos a los asesores técnicos entre los que encontramos a los abogados, economistas, periodistas y comunicadores, contadores, politólogos, psicólogos y entre otros más. Cada uno en su ámbito asesora técnicamente, y suelen en muchos casos, dejar la huella de su pensamiento en los informes, dictámenes o proyectos que presenta al legislador para su control posterior. Finalmente, están los asesores que son la savia del Congreso, que a lo largo de tiempo resultan ser el soporte indispensable de la asistencia técnica, aportando su contracción a la búsqueda de materiales, clasificando detalladamente las órdenes del día, proyectos, solicitando material a la oficina de Información Parlamentaria, elaborando documentos procesando los datos e, incluso en muchos casos, buscando informes externos valiosos para el trabajo parlamentario.

Es por ello que, teniendo en vista estas particularidades, queremos decirles a nuestros amigos que, los otrora jóvenes asesores - que nos hemos nutrido de su sabiduría - y los que hoy nos suceden, como enseñaba el profesor Montejano, seguiremos parándonos en los hombros de hombres y mujeres como ustedes; porque no importan las nuevas tecnologías, lo vertiginoso de estos tiempos y los descubrimientos cotidianos alguna vez impensados para nosotros, siempre estará, ante todo y primero que nada, la palabra humana, consejera y empática de quienes con su vida han construido el espíritu de este Congreso.

Manuel Belgrano: creador de la bandera, político y un luchador incansable por el Bien Común

Por Luis Esteban Vivacqua. A 200 años del fallecimiento del prócer, el profesor de derecho constitucional rememora sus contribuciones y legado.

El 20 de junio de 1820, en medio de la anarquía generada por la derrota en Cepeda y el resurgimiento de las visiones localistas, se desvanecía el sueño americanista de nuestro prócer, fallecía Don Manuel Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano.  

Hoy 200 años después los argentinos seguimos divididos y confundidos, por estos días el objeto de nuestro desencuentro será la reforma a la justicia, la cuestión económica y la vivencia de la pandemia de Covid 19, poniendo nuevamente en segundo plano a Belgrano.  

Manuel Belgrano era mucho más que creador de la bandera y militar. Fue abogado, político, periodista, promotor de la educación, economista, terciario dominico y, sobre todo, podríamos decir, que fue un estadista con destacada participación antes y después de la Revolución de Mayo.  

Nació el 3 de junio de 1770 en el seno de una familia de comerciantes. Sus padres, Domingo Belgrano y Peri y María Josefa González Casero, tuvieron doce hijos. Los Belgrano eran una familia religiosa, ligada a la orden dominica, con una sólida posición social y económica.  

Asistió a la escuela en la parroquia de Santo Domingo, con fuerte impronta en valores éticos y morales, pasando luego a realizar estudios secundarios en el Real Colegio de San Carlos, incursionando en filosofía, lógica, física, matemática y tres cursos de teología.  

A los 16 años de edad, en compañía de su hermano Francisco, partió rumbo a Madrid, donde estudiaría lenguas (inglés, italiano, francés), derecho (Univ. de Salamanca y Valladolid) y economía política.  

Su estadía en España le permitiría conocer los cambios que acontecían en Europa por aquellos tiempos. Frecuentaría salones importantes forjando amistades relacionadas con las ¨Sociedades Económicas¨ de la época, accediendo a las  

lecturas de las obras de la modernidad previa consulta y aprobación de las autoridades eclesiásticas.  

De los estudios de la historiadora Cristina Minutolo de Orsi surge que confluyeron en Belgrano dos corrientes: el renacentismo (liberalismo y las visiones de autores como Quesnay y Adam Smith) y resabios medievales (la neoescolástica y la doctrina salamantina) absorbidos en la Universidad de Salamanca. Su pensamiento podría enarbolarse en el marco de un liberalismo basado en un humanismo práctico con una visión de unidad que pregonaba el bien común para el desarrollo de los pueblos americanos.  

El sueño americanista que reflejaba la identidad iberoamericana tuvo fuertes lazos con las doctrinas de Suarez y Francisco de Victoria. Asimismo, su visión de la problemática indígena y sus propuestas relacionadas a la agricultura vendrían, para la historiadora, de su paso por Salamanca; sin embargo algunos autores disienten de la fuente y se la asignan a Quesnay junto a su defensa por el libre comercio.  

En el año 1794, ya de vuelta en estas tierras, fue designado como secretario del Consulado de Buenas Aires, y se desempeñó como funcionario público, elaborando diversas propuestas buscando impulsar reformas y modernizar al Estado Español.  

Belgrano ante la imposibilidad de llevar a cabo sus propuestas desde la secretaria del Consulado, comenzó a publicarlas, en unas memorias anuales del mismo y en periódicos de la época, desarrollando diversos escritos sobre economía, agricultura, educación y recursos naturales. También desarrollo opiniones sobre la unidad de los pueblos, la condición racial y social de sus habitantes, la formación moral y religiosa, el acceso a la educación, y particularmente, la educación de la mujer.  

En la Revolución de Mayo fue designado con el cargo de Vocal de la Primera Junta junto a Saavedra, Castelli y Moreno. Luego, la Junta de Gobierno le encomendó la responsabilidad militar y política en la expedición al Paraguay, donde sería derrotado en Tacuarí, y luego se haría cargo del Ejercito del Norte, con suerte diversa: vencerá en Tucumán y en Salta y será derrotado de Vilcapuyo y Ayohuma.  

Belgrano junto a otros hombres de mayo había enarbolado la idea de nombrar a la infanta Carlota como regenta de los dominios españoles en américa esto  

buscaba evitar que las posesiones españolas se sumieran en anarquía a la merced de potencias extranjeras; y volverá, con una postura similar, cuando elevara tiempo después la propuesta del reinado de un descendiente de los Incas al Congreso de Tucumán, que no será receptada.  

No nos podemos olvidar del más recordado hecho como fue la creación de la Bandera. Así, en Rosario, el 27 de febrero de 1812, Belgrano expresa ¨la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E…..¨.  

El político, el militar y el estadista fue un luchador por el bien común. Así, lo describe la historiadora Cristina Minutolo de Orsi, al expresar que ¨el bien común tiene para él categoría ética y lo coloca por encima de los intereses particulares y en buena medida de los intereses de la mayoría. Es un bien porque está consustanciado con la naturaleza del hombre y su desarrollo como ser humano (persona). Todos los escritos de Belgrano son una teoría fundada en el bien común, pues para él es fuente importante porque de él pueden participar todos los que forman la comunidad social. El bien común permite el desarrollo de todo el hombre y todos los hombres; insiste en la capacitación y educación de la familia, donde se debe aprender en comunión de amor las conductas para integrarse en la sociedad¨.  

Manuel Belgrano, ese enigmático hombre (Halperín Donghi) donde confluyeron dos vertientes, la escuela de salamanca y la moderna fruto del iluminismo, a 200 años de su partida física de este mundo, con ese profundo humanismo que lo caracterizo, nos interpela a todos los argentinos a la unidad, y nos susurra al oído con su último aliento, la pregunta: ¿Estamos preparados para construir el bien común? 

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