El Presidente inicia 2026 con la mejor imagen entre los dirigentes nacionales y La Libertad Avanza liderando la intención de voto. Aunque el 48% cree que el país está peor que hace un año, el oficialismo mantiene una base sólida y competitiva, mientras la oposición busca seducir al electorado “ni-ni” que podría definir las próximas elecciones.
En el comienzo de 2026, el presidente Javier Milei conserva la mejor imagen entre los dirigentes nacionales y su espacio, La Libertad Avanza, encabeza la intención de voto, según un informe de Opinaia Argentina relevado entre el 28 de diciembre y el 4 de enero, con 3.590 casos online.
El estudio muestra que Milei mantiene una aprobación positiva del 48% (muy positiva + algo positiva), con una distribución etaria que lo favorece especialmente entre los mayores de 50 años (54% positiva), y niveles consistentes en jóvenes (44% entre 16-29) y en el segmento de 30 a 49 años. En la serie evolutiva, su imagen se sostiene en torno a valores similares a los del último trimestre de 2025.
En el plano social, la percepción mayoritaria sigue siendo crítica: 48% considera que la Argentina está “peor” que hace un año, frente a un 42% que la ve “mejor” y un 8% que la percibe “igual”. El pesimismo es más marcado entre mujeres, mientras que los hombres exhiben una evaluación relativamente más favorable del contexto.
Respecto de la alineación política, el 40% declara apoyar al Gobierno, el 42% se identifica como opositor y el 17% se ubica en el grupo “ni-ni” (ni apoyo ni oposición). Este segmento, históricamente decisivo en elecciones, aparece con un rasgo distintivo: aunque no se define frente al oficialismo, 46% aprueba la figura de Milei y 82% desaprueba a Cristina Kirchner, indicador del predominio de un anti-kirchnerismo más amplio que la eventual resistencia al gobierno actual. Regionalmente, el Interior de la Provincia de Buenos Aires muestra el mayor apoyo (51%), mientras que la Patagonia concentra la mayor oposición (48%).
En intención de voto, La Libertad Avanza lidera con 44%, seguida por el peronismo (UP y aliados) con 35%. “Provincias Unidas” (el espacio que articulan figuras como Maximiliano Pullaro y Juan Schiaretti) aparece en torno al 4%, y el resto se reparte entre izquierda, otros espacios, indecisos y voto en blanco. Más allá del primer lugar del oficialismo, la dinámica sugiere que una parte relevante del electorado “ni-ni” podría inclinar la balanza en futuros comicios nacionales o subnacionales.
Un dato político no menor del informe es el ranking de imagen: después del Presidente, el vocero Manuel Adorni aparece como el funcionario oficialista mejor valorado, mientras que del lado opositor Axel Kicillof es el dirigente con mayor aprobación. La foto confirma que el oficialismo conserva figuras con buena tracción en redes y medios, y que el peronismo ordena su liderazgo en torno al gobernador bonaerense.

Qué miran el Gobierno y la oposición
Para el oficialismo, el cuadro es de “estabilidad competitiva”: una base electoral anclada principalmente en hombres (45%), jóvenes (46%) y clase media (50%), que perciben el presente relativamente mejor que hace un año. La clave, sugiere el informe, estará en sostener esa expectativa positiva y evitar que el deterioro social o económico fracture esa coalición sociológica.
Para la oposición, el desafío inmediato pasa por disputar el centro del tablero: el 17% “ni-ni”, más anti-kirchnerista que anti-Milei, es a la vez el público más permeable a mensajes de gestión, moderación y previsibilidad. Si no logra convertir el malestar social (48% “peor”) en preferencia electoral sostenida, el peronismo seguirá segundo, con una brecha que hoy se vuelve difícil de remontar sin una narrativa que atraiga a varones, jóvenes y clase media.
Con el inicio de 2026, el termómetro político marca continuidad antes que cambio abrupto: Milei conserva la primacía en imagen y en intención de voto, el “centro indiferente” se inclina culturalmente contra el kirchnerismo, y la percepción social se mantiene en rojo pero con bolsillos de expectativa. En ese escenario, la batalla será por el tono y la gestión: convertir el apoyo sociológico en resultados concretos, o transformar el malestar en alternativa con vocación de mayoría.