Fue la mano de Dios

Entre alivios circunstanciales, señales económicas moderadas y una cadena de errores políticos y comunicacionales, el Gobierno enfrenta un deterioro sostenido del clima social que ni los fallos judiciales, ni las buenas noticias puntuales, ni la cosecha récord parecen capaces de revertir.

Por Carlos Fara

Una vez más, cuando la pelota estaba por entrar al arco, apareció Super Trump (que no es un grupo musical) y despejó la situación. No cualquiera tiene el teléfono de Dios, éste lo atiende y satisface la demanda del que llama. Pero como Dios es argentino, a veces sucede. “Es Argentina, no lo entenderías”. “Pero Fara, ¡no fue Trump, fue la justicia!”. ¿En serio? Qué maravillosa casualidad.

¿Alcanzará la buena nueva sobre YPF para cambiar el clima enrarecido que existe en la sociedad? Difícil. Una cosa es un alivio -me condonaron una deuda- y otra cosa es un ganancia neta -me gané la lotería. En la primera “el barba” me salvó, pero sigo igual que antes. En la segunda la alegría es contante y sonante. Como ya lo desarrollamos en ediciones anteriores de esta columna, dar vuelta un sentimiento negativo es mucho difícil, sobre todo a medida que va pasando el tiempo. No es lo mismo la primera crisis de pareja que la quinta: los ánimos procesan de otra manera.

Como era de esperar -y lo avizoramos la semana pasada- el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella detectó una retracción, sumando 4 meses seguidos. En este caso fue más profunda que los registros anteriores, ubicándose a esta altura ligeramente por debajo del mismo hito que el gobierno de Macri -es decir, el marzo posterior a la legislativa de medio término. Varios se animaron a decir que, pese a todo, Milei ahora estaba por encima de otros gobiernos anteriores 2.30). Es verdad, comparado con el desastroso Alberto y con Cristina de marzo de 2010. Pero por debajo del 2,70 que tenía Néstor Kirchner a comienzos de 2006 (hay que leer la serie histórica entera, no solo la parte que nos gusta).

Más allá de eso, hay dos datos para prestarle atención. El primero es que, de los 5 componentes del índice, el descenso más pronunciado fue en el ítem “evaluación general del gobierno”, el cual marcó por debajo de los 2 puntos -dentro del rango de 5 puntos- y que en términos porcentuales implica un retroceso del 9%. El aspecto peor evaluado continúa siendo “preocupación por el interés general” (cae 6%), que debe ser leído como falta de sensibilidad. El segundo dato es que en el segmento de 18 a 29 años el índice cayó un 25%, no siendo ya el estrato etario que más apoya a la administración libertaria.

Vale recordar dos detalles más: 1) Macri, después de ese marzo de 2018, nunca más volvió a alcanzar el registro de 2.32, y la crisis posterior lo hundió hasta el final; y 2) si bien éste índice no va de la mano automáticamente con el de satisfacción del consumidor, llevan dos meses de descenso conjunto.

Por eso muchos se preguntan si el Gobierno -algo consciente de que la economía de calle no está en su mejor momento- está haciendo un golpe de timón. Por lo pronto decidió bajar los encajes bancarios para aligerar un poco el apretón monetario, ya que la inflación no da señales de volver a bajar (marzo está cerrando complicado por el conflicto con Irán), y el Banco Nación anunciará un programa de créditos para PyMEs con tasas al 25 % (por debajo de la inflación esperada en doce meses). No es la panacea, pero algo es algo, aunque al Javo le preocupa que Bausili siga acumulando reservas por el eventual efecto inflacionario (“ojo con cómo los compras”). ¿Lo estarán escuchando a Talvi?

A Toto no lo ayuda Adorni. Desde el “deslomegate” pasaron 3 semanas en donde el Gobierno está contra las cuerdas. Perdió la iniciativa política -es muy difícil lograrla entre el recrudecimiento de pruebas del “Libragate” y el cacheteo agravado al jefe de Gabinete- y recién post fin de semana XL mandó al Congreso algunos proyectos de ley, que tampoco tienen mucho sex appeal para la calle, más allá de la relevancia de los temas. Además, luce empantanado con la Ley de Glaciares. Recordemos que siempre necesitará de la buena voluntad de los gobernadores dialoguistas para terminar de coronar leyes reformistas. Nadie quiere hacer leña del árbol caído, pero todos miran las encuestas en sus respectivos distritos. Por suerte para el oficialismo, la puerta del cementerio está lejísimo… pero se sabe de memoria cómo se llega hasta ahí.

Dediquémosle un párrafo al deslomado Adorni. Su puesta en escena para aclarar terminó oscureciendo. En este mundillo todo el mundo se pregunta, “entonces, ¿para qué hizo la conferencia de prensa?”. Como marcamos en reiteradas oportunidades, este gobierno atiende comunicacionalmente las crisis de manera horrible, lo cual muestra una vez más que son muy diferentes la campaña y la gestión. Por eso tampoco sirven las batallas culturales como el nuevo video por el 24 de marzo.

Pero eso es un detalle. Lo más relevante políticamente es si el jefe de Gabinete se va o no. Una crisis tiene diversas fases. La primera es el shock inicial en donde reina el desconcierto y la improvisación. Estamos en una segunda fase, en donde la situación se ha agravado, pero el Gobierno ha desistido resistir para que no le tuerzan el brazo, entre otras cosas, porque ya ha sacado cuentas de lo peor que le podría pasar. La tercera parte puede ser la desencadenante, en donde se decide pagar el costo pese a todo, o se estabiliza la situación sin que ocurran mayores novedades en el corto plazo (léase judiciales). El problema pasa a ser otro: ¿para qué les sirve Adorni? ¿Su cuestionada ética no es un lastre para su competitividad como candidato en la CABA? Porque el experiodista no tiene un capital político propio como, por ejemplo, Patricia o Santilli. ¿Se quedaron sin prospecto para colonizar la Capital? ¿A Pilar Ramírez le da? Por suerte, falta mucho.

No problem: el campo sigue dando las buenas noticias. Es el principal responsable de que el EMAE de enero haya dado positivo, y se espera un 2026 con boom de exportaciones agropecuarias. Mientras no se recuperen la construcción, la industria y el comercio, seguiremos confirmando la famosa frase final de uno de los protagonistas de la recordada “Plata Dulce”: “Con una buena cosecha nos salvamos todos… (porque) Dios es argentino”.

La Chausseé tenía razón

Todo gobierno necesita un gran argumento, imbatible, compartido por la mayoría, para salir airoso de un debate electoral. En este caso es la inflación.

Por Carlos Fara

“Cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón”, dijo el dramaturgo francés Pierre-Claude Nivelle de La Chaussé. Lo cierto es que los mercados financieros siguieron nerviosos pese a que Toto los quiso calmar con declaraciones propias y del FMI. ¿Tendrá que dar una dosis más alta de calmante la semana que viene? ¿O deberemos estar al borde de un ataque de nervios hasta que el directorio apruebe el nuevo acuerdo? Y aún aprobado el arreglo, ¿eso calmará a los muchachos financistas? El Javo dice que los que apuestan en contra se equivocan porque no tienen fundamentos. Es posible. Pero lamentablemente para él, la frase del francés es una gran verdad en el mundo de las percepciones.

Todo gobierno necesita un gran argumento, imbatible, compartido por la mayoría, para salir airoso de un debate electoral. En este caso es la inflación. Si las expectativas juegan en contra, muchas veces los números objetivos de la macro no alcanzan para convencer o calmar. Argentina es un paciente en terapia intensiva estabilizado. Cualquier virus hospitalario lo puede complicar. Es probable, como sostienen varios economistas, que no haya razones fundadas para tanto nerviosismo. ¿Alcanza con la evidencia empírica? ¿Toda la evidencia es favorable?

Pero el Gobierno no solo está teniendo problema con los mercados financieros. La semana pasada comentamos el hecho inédito que, por primera vez, el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella dio dos meses seguidos negativo desde que asumió el león, sobre todo en el rubro expectativas. Esta semana se agregó otra mala noticia: el Índice de Confianza del Gobierno de la misma casa de estudios reporta 4 meses seguidos de caída. De los cinco componentes del índice, ¿cuál marca peor? acertaste! La evaluación general del gobierno registra 2.13 sobre 5 (43 % del valor total). Además, por primera vez en 15 meses, el índice general dio por debajo del promedio de la gestión. Es decir: Davos + Libragate + Manes + Corte Suprema + polémica por la represión de la marcha del 12 de marzo, algún costo iba a tener, en tanto y cuanto todo eso lo mostrase al gobierno desenfocado de las prioridades ciudadanas. Si a eso se le suman turbulencias financieras e inflación persistente, el clima no es el ideal.

Pero no todas son malas noticias para el gobierno. Hay un par de novedades excelentes. Una es la múltiple fragmentación de la oferta electoral en la CABA porque denota la crisis (¿y decadencia?) del PRO que, con el aparato del Estado porteño en la mano, no hay podido contener casi nada de la coalición que encabezó hasta 2023. De vuelta: ¿todo el mundo se está equivocando y no ve una gestión superlativa en la ciudad, y por lo tanto huye a captar nichos? Más allá de si hay o no olor a pis, el consenso en el mundo político, periodístico y consultoril, es que al primo Jorge no le está yendo bien. ¿Se confirmará el concepto de Marcos Peña acerca de que la demanda ordena a la oferta, o la demanda no tiene idea de lo que está en juego? Muchos preconceptos se vuelven a caer: ¿no era que Carrió siempre se endurecía para negociar lugares en la lista con los Macri? ¿no era que a Ocaña siempre le gustaba estar al calor del poder? ¿por qué se asocia a una lista que difícilmente supere el cuarto lugar en la competencia? Va a ser una elección para alquilar balcones porque el laboratorio será fantástico.

¿Podrá ganar el peronismo porteño de la mano de Santoro, al estilo Erman González del 93 aprovechando la fragmentación del espacio no PJ? Todo es posible, es la era de la reescritura de reglas. Pero… los otros también juegan. ¿Qué pasará el día en que todos los que no quieren que gane el partido de Perón y Cristina se enterasen que quizá lo logre? ¿no habrá un corrimiento natural a la lista no peronista con más fuerza para inocular ese “maleficio”? ¿quién será el beneficiado? ¿los amarillos o los violetas? ¿no será demasiado que el PJ presidido por la jefa, no solo se pudiese alzar con una victoria en el territorio bonaerense, sino que además reciba de regalo un triunfo porteño en mi Buenos Aires querido? ¿los mercados se volverían a poner nerviosos?

La otra buena noticia para el oficialismo libertario es la escalada del conflicto entre Cris y Axel. Más allá de las noticias periodísticas, la tensión está peor que nunca. Sin unión, no hay paraíso, le advierte Sergio Tomás Copperfield a los dos bandos. El tema es que acá sí aprietan los tiempos porque las PASO ni siquiera se suspendieron. ¿Ocurrirá la semana que viene? Muy probable, pero la cuestión de fondo sigue sin resolverse. La pregunta más curiosa es ¿por qué le entregarían en bandeja un triunfo al gobierno que tanto odian las dos partes? ¿No es en realidad este conflicto la enésima versión del juego de la gallina (quién se tira a tiempo del auto y evita matarse, escena clave de “Rebelde sin causa”)?. Cada acto de rebeldía de los disidentes muestra “El Ocaso de una Estrella” (otro peliculón). Aun cuando los rebeldes se encolumnen, llegarán a un armisticio con más poder del que tenían cuando empezó la discusión (aunque ellos tampoco saben cuál es la “nueva canción”). Mi sospecha es que al final habrá arreglo porque los riesgos son demasiado grandes. ¿Y después? Sabe Dios.

Recuérdese que un triunfo electoral del gobierno en octubre es muy probable, pero tiene tres amenazas: 1) el frente internacional de la mano del Pato Donald y sus sobrinos, 2) la sustentabilidad del esquema económico vernáculo, y 3) errores políticos propios. Estos últimos son los que menos deberían comprometerlo al final del camino (todos cometemos errores, puede implicar cierta dispensa en el balance). Si el mundo se va al cuerno tampoco se le podrá atribuir responsabilidad al “gatito mimoso”. En estos días se presentan interrogantes sobre el segundo punto.

El 24 de marzo tuvo una gran movilización con mezcla de razones, como siempre. La armada violeta quiso reinstalar un debate que para la mayoría de la sociedad está sepultado.

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