Entre licitaciones fragmentadas y promesas incumplidas, el autor expresa su escepticismo sobre si el proyecto será una realidad o solo una estrategia de marketing.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, bajo la dirección de Jorge Macri, ha demostrado una preocupante incapacidad en la gestión de obras públicas, un aspecto esencial para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. En lugar de abordar con firmeza esta problemática, la administración ha optado por adornar su gestión con promesas vacías y el uso, muchas veces superficial, de la inteligencia artificial como herramienta de marketing político.
Un claro ejemplo de esta desconexión se observó en febrero de este año, cuando el gobierno porteño lanzó, sin ningún respaldo real, una campaña publicitaria que promocionaba obras inexistentes. La ciudad fue 'empapelada' con anuncios sobre una línea de subte que no solo carece de licitación, sino que ni siquiera cuenta con un proyecto aprobado. Este tipo de anuncios parecen más una estratagema destinada a calmar la creciente frustración de los vecinos que una presentación concreta de planes a futuro.
En un intento por asumir responsabilidades, el gobierno admitió en mayo que no existía un proyecto en marcha para licitar obras tan fundamentales. A pesar de haber prometido que las licitaciones comenzarían en junio, ahora se espera que sean pospuestas hasta diciembre. Este es un claro reflejo de la ineficacia del liderazgo de Macri, quien ha dejado a los ciudadanos esperando, mientras la falta de infraestructura se vuelve cada vez más palpable.
Adicionalmente, la administración lanzó recientemente una licitación que, sorprendentemente, se limita únicamente al primer tramo del proyecto de la línea F. Esto plantea una interrogante legítima: ¿por qué no se licita un diseño integral desde el principio? La fragmentación en la planificación parece derivar de tensiones internas entre SBASE (Subterráneos de Buenos Aires) e Infraestructura, lo que genera dudas sobre la capacidad de la empresa estatal para llevar a cabo un proyecto de tal magnitud.
La historia de la línea F es emblemática de una gestión errática. Anunciada en 2019, ha sido postergada en 14 ocasiones hasta su eventual cancelación. Tras años de inacción, queda la pregunta: ¿no ha sido posible elaborar un proyecto viable en todo este tiempo? Este torbellino administrativo no hace más que dilapidar recursos públicos, perjudicando gravemente a los vecinos que requieren soluciones urgentes.
Finalmente, después de un largo y accidentado proceso, se ha preadjudicado la licitación para el diseño de la línea F a un consorcio de empresas. Sin embargo, esta decisión no implica el inicio inmediato de las obras, lo que complica aún más la esperanza de que se materialicen en 2026, como había sido prometido inicialmente. Las prometedoras maquetas generadas por inteligencia artificial que inundaron la ciudad eran solo eso: ilusiones, sustentadas en la falta de un plan claro.
A medida que la administración continúa enfrentándose a sus propios conflictos internos y a la creciente insatisfacción pública, la necesidad de un enfoque más cohesivo y responsable en la gestión de obras públicas se hace cada vez más evidente. Los vecinos de Buenos Aires merecen algo más que promesas vacías; requieren acción concreta y un compromiso genuino con el futuro de su ciudad.
Con la formalización inminente de la adjudicación de la licitación por parte del Ministerio de Infraestructura, se establece un nuevo plazo de 180 días para la presentación oficial del proyecto final de la línea F. Sin embargo, a pesar de que la administración de Jorge Macri parece estar avanzando hacia la implementación del proyecto, la cantidad de promesas incumplidas y la falta de comunicación efectiva generan escepticismo entre los vecinos.
Las propuestas que se presentarán deberán abordar elementos cruciales como “ingeniería, procedimiento constructivo, estaciones y técnicas constructivas”, entre otros. No obstante, resulta alarmante que el gobierno no haya divulgado públicamente estos avances, lo que lleva a cuestionar la transparencia de su gestión.
Un aspecto intrigante ha sido el recurso administrativo del gobierno para lanzar un llamado a manifestación de interés dirigido a potenciales empresas para la construcción de la línea F. Sin embargo, la extensión de la fecha límite para la presentación de propuestas —debido a una aparente falta de interesados— deja entrever una falta de atractivo del proyecto o, peor aún, una disconformidad con la dirección que ha tomado la gestión.
La promesa de iniciar la licitación en junio de este año se ha convertido en una indefinición temporal, lo que plantea la inquietante probabilidad de que la administración insista en una retórica vacía y una falta de organización que obstaculiza el progreso real. La originalidad del proyecto, que comprende un recorrido de 9 km entre Barracas y Plaza Italia, ya ha sido relegada a un segundo plano, mientras las complejidades de su implementación continúan sin resolverse.
La falta de infraestructura y el déficit en el sistema de transporte público son problemas que acucian a la ciudad y que requieren una respuesta coordinada y metropolitana. Es esencial que el gobierno de la ciudad adopte una perspectiva metropolitana en el planeamiento del transporte, optimizando no solo los recursos económicos, sino también los urbanísticos, en conjunto con otras jurisdicciones que también se ven afectadas.
Es imperativo que se abandone la especulación electoral y se priorice el uso de tecnología no como un mero recurso estético, sino como una herramienta para dinamizar, hacer eficientes y optimizar los proyectos de infraestructura.
El tiempo se agota, y los vecinos exigen respuestas concretas y un verdadero compromiso con el desarrollo de la infraestructura que necesitan. En lugar de promesas vacías y campañas propagandísticas, se requiere acción decisiva y planificación estratégica para enfrentar los desafíos que presenta la capital argentina.
Víctor José Colombano es dirigente del NEP, congresal Metropolitano del PJ CABA y congresal nacional PJ