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Jueves 21 de septiembre de 2017
OPINIÓN
Historia de desaparecidos y el caso Maldonado
Por Aníbal Hardy. El exlegislador nacional reflexiona sobre el significado que tiene la noción de “desaparecido” tras los gobiernos kirchneristas.
29 de agosto de 2017
En nuestra historia, “desaparecidos por la dictadura argentina” es el nombre con que se conoce a las 30.000 personas que fueron víctimas del crimen de desaparición forzada durante la guerra sucia del gobierno militar autodenominado Proceso de Reorganización Nacional(1976-1983). Un hecho horroroso que todos debemos entender, analizar y aprender cómo evitar que se repita. También están los famosos “desaparecidos fondos de Santa Cruz”, unos 530 millones de dólares pertenecientes a las arcas provinciales que sufrieron un largo recorrido por el exterior, más sus intereses y ya no existen. La mayoría de los historiadores contemporáneos apuntan a un solo responsable: el expresidente Néstor Carlos Kirchner, también un “desaparecido con presunción de fallecimiento”.

Un hecho nuevo que quedará en la historia, son los “desaparecidos subsidios no reintegrables otorgados por parte del gobierno nacional a la Fundación Madres de Plaza de Mayo”, entidad sin fines de lucro, pseudo defensora de los derechos humanos presidida por un personaje que pidió meter presos a los directivos de las cuatro asociaciones agropecuarias. La misma que festejó cada atentado de la ETA. La que se deleitó públicamente cuando en la Torres Gemelas murieron 3.000 personas. La misma que cuando murió Juan Pablo II dijo que esperaba que se cocinara en el infierno. Es la misma ciudadana arribista, aprovechadora de la generosidad de la caja a la que nunca jamás, un fiscal llama a declarar, mientras en los medios cada día surge una nueva noticia sobre la aparición de cuentas bancarias en el exterior, un nuevo yate o un “reaparecido” avión que estaba escondido. Finalmente “desaparecieron” los registros de cheques rechazados en el Banco Central…

A la par ha “desaparecido la dignidad de gobernantes”, que traicionan a sus electores con su silencio sobre la esta conocida ingeniería montada para robarse todo y acumular más y más poder, sólo para seguir robando más y reunir más poder. Haciéndolo a sabiendas, ya que robar al Estado es un robo multiplicado por millones, porque se roba algo que es de todos. Del mismo modo ha “desaparecido” la dignidad de muchos ciudadanos argentinos, que callan por miedo y/ o son beneficiados, negando una realidad evidente. “Desapareció el derecho a la información confiable”, con medios comprados con propagandas oficiales, manipulando la información y haciendo ver un país que en realidad no existe. También han “desaparecido” los pocos atisbos de sistema distributivo de la riqueza, ya que los subsidios y créditos son otorgados solo a los amigos del poder.

En el caso actual y específico de la publicitada desaparición del joven mapuche Maldonado se puede decir que para disolvernos y destruir nuestra conciencia identitaria hay dos operaciones: La de los supuestos originarios que sostienen que no son argentinos, que un pedazo de Argentina les pertenece, que los argentinos son usurpadores o genocidas, la misma se desarrolla desde un plano teórico y político practico apoyados por Inglaterra, el progresismo transnacional y políticos traidores locales como en este caso. La otra se sostiene solo teóricamente y afirma que Argentina no es una Nación sino una dependencia de un imperio extinguido, que nuestros próceres (especialmente San Martín) eran todos masones secesionistas y agentes de potencias extranjeras.

Ambas posiciones son netamente antipatrióticas, por eso debemos combatirlas. La Patria es sagrada y su territorio intangible.

Por último, y más preocupante ha “desaparecido” la visión de Unidad Nacional, pretendiendo enfrentar a unos con otros, agitando fantasmas del pasado que nada tienen que ver con la vocación argentina de disenso tolerante.