Este 31 de marzo se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento del padre de la democracia. El autor recuerda las banderas que el expresidente enarboló y condena a figuras actuales que a su juicio nos retrotraen a lo peor de nuestra historia.
Un 31 de marzo fallecía el expresidente de la Nación, doctor Raúl Ricardo Alfonsín. Ese día, en el año 2009, el pueblo entero lo acompañó con mucho respeto, lágrimas y hasta cánticos. Para muchos de nosotros, Alfonsín es el padre de la democracia moderna argentina. Como defensores de las banderas de democracia y justicia social, libertad e igualdad, lo recordamos con creciente admiración, reafirmando sus convicciones y perspectivas de la política, e intentamos seguir sus ideas, esas que, según nos enseñó, "quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática".
En tiempos como los que estamos viviendo, a 42 años de la recuperación de la democracia, parece increíble estar transitando situaciones que nos retrotraen a lo peor de nuestra historia, con personajes como Milei, Villarruel, Bullrich, Sturzenegger, Caputo ó Menem que reivindican la dictadura militar y las políticas económicas de los 90, el ajuste salvaje y permanente, la lógica del sálvese quien y como pueda, atacan a la salud y a la educación pública, y recorren el mundo para reunirse con representantes de la ultraderecha, neonazis y neofascistas.
El criptoestafador con fama mundial ha pasado de contar que entrenaba boxeo golpeando la figura de Alfonsín y de definirlo como el peor gobierno de la historia, a acusarlo de golpista y, en estos días, a reconocer que Alfonsín sufrió un golpe de mercado, realizado precisamente por sus admirados Cavallo y Menem. Al mismo tiempo, algunos dirigentes radicales han cerrado ya alianzas con los seguidores de Milei, caso Chaco, y otros están en ese camino, como el oficialismo partidario en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Un sector importante de la UCR acompaña y legitima el accionar violento y antidemocrático del gobierno nacional, de esos que, al decir de Noam Chomsky, "se llaman libertarios, lo que es una broma de mal gusto. Son totalitarios. Te están diciendo que si eres lo suficientemente rico para sobrevivir, genial; si no lo eres, mala suerte".
Es preocupante el silencio de los referentes de la UCR ante el surgimiento de comportamientos similares a los de Milei en el plano local, como es el caso del Intendente Montenegro, mucho por propia convicción y otro tanto por oportunismo electoral. En este sentido, y luego de lo ocurrido con el monumento al escritor e historiador Osvaldo Bayer, advertimos sobre la posibilidad de que intenten algo similar con el de Raúl Alfonsín en nuestra ciudad. Los intolerantes son capaces de cualquier cosa, más aún cuando se los incentiva desde las redes sociales. Por eso decimos que hay que cuidar a Alfonsín, y a sus ideas, de los extraños, pero también de los supuestos propios.
Una vez más afirmamos que, quienes seguimos las ideas de Alfonsín, entendemos imprescindible redoblar esfuerzos para propiciar los diálogos y la búsqueda de los consensos necesarios, a fin de construir un gran frente político y social capaz de enfrentar y derrotar a los nostálgicos del terrorismo de estado y del darwinismo social.
Por Mario Rodríguez, referente del Espacio de Pensamiento Alfonsinista. El autor recuerda una serie de consideraciones hechas 25 años atrás por el expresidente radical.
Quienes seguimos las ideas de Raúl Alfonsín solemos recurrir a su pensamiento, reflejado en libros, artículos, discursos y conferencias, en las cuales ha quedado plasmado con claridad. En estos días, recordamos una entrevista periodística reflejada en el Diario El Tiempo de Colombia, el 23 de noviembre de 1996, que tiene una vigencia asombrosa ya que parece referida al presente de nuestro país, y en la cual advierte sobre tres temas de absoluta actualidad, como son el narcotráfico, la deuda externa y el neoconservadurismo.
Sobre el narcotráfico, Raúl Alfonsín afirmaba: “Al narcotráfico si le tengo miedo, porque ha cobrado fuerza en el último tiempo. La Argentina se consideraba hasta hace unos años un país de tránsito, pero no de consumo. Creo que ahora empieza a observarse un incremento fuerte de consumo, lo que obliga a tomar las medidas pertinentes para evitarlo”.
Acerca del problema de la deuda externa, el primer presidente de la recuperación democrática expresaba: “¿Cuál es la situación de nuestros Estados, hemos logrado algo de independencia frente a los Estados Unidos? Casi es un eufemismo hablar de independencia, porque el problema de la deuda nos ha hecho muy vulnerables y más dependientes; en consecuencia, muchas de las decisiones que son importantes para nuestros países, no se toman dentro de nuestros países, sino en centros financieros, que por la deuda externa tienen un control muy grande sobre las posibilidades de llegada de capitales o de inversión. Además, la globalización de la economía nos hace más vulnerables, globalización de la economía que para nosotros no ha significado apertura de mercados, sino más bien movimiento de capitales financieros, que llegan a nuestros países, no con el propósito de hacer inversiones genuinas, sino de jugar a la bolsa en este gran casino universal que se ha inventado”.
En lo que constituía una crítica más a las políticas neoconservadoras, y que tranquilamente podría ser una descripción del macrismo, Raúl Alfonsín sentenciaba: “Estamos sufriendo un problema de crisis, que sufrimos en general en el continente, que yo deploro porque creo que se aplican políticas que no son correctas, muy en el ámbito de los requerimientos que nos hacen los organismos internacionales de crédito, dentro de una concepción global que hemos calificado generalmente como neoconservadora. No creemos que corra ningún riesgo la democracia, pero todos sabemos lo difícil que es manejarla cuando se producen contrastes sociales importantes o dificultades en el aumento de la desocupación o precarización del salario”.
A pesar de ello, Alfonsín se reivindicaba partidario de una democracia social, de elaborar una modernización del llamado Estado de Bienestar, y se manifestaba confiado en aquellos “que estaban indicando la necesidad de evitar el contraste social, que hubiera más justicia social, propiciaba la reforma agraria, mejor distribución del ingreso", confrontando "con las tesis neoconservadoras de Estado Mínimo, de la democracia elitista, del mercado como nuevo fetiche al que hay que respetar absolutamente”.