Mucho gusto, Señor Xi

El modelo económico chino no requiere fatalmente una dictadura. Necesita, sí, un organismo que fije prioridades y controle su cumplimiento.

Por Rodolfo Terragno

Xi Jinping es mal conocido en Occidente. Se dice que ha renegado del socialismo. En verdad, el modelo de Xi autoriza la propiedad privada en ciertas áreas, pero sólo 2admite a empresas comprometidas con los objetivos estratégicos del Partido Comunista. Xi ama la planificación y la tecnología. Tiene buenas ideas, desvirtuadas por el culto de la personalidad y la violación de los derechos humanos.

Hasta el día de hoy, “no existe otra teoría en la historia intelectual de la humanidad que iguale al marxismo en términos de cientificidad, veracidad, alcance e influencia”. Quien afirma esto es el líder de la China actual, Xi Jinping. Para muchos, un dictador disfrazado de comunista; para los comunistas ortodoxos, un traidor. En verdad es el artífice del marxismo chino, que consiste en cierto grado de capitalismo, sujeto a una férrea planificación y control del Partido Comunista.

El marxismo chino de Xi Jinping no difiere demasiado de una iniciativa de Lenin, uno de los indiscutibles padres del comunismo, que gobernó la Rusia soviética desde su origen en 1917 hasta que un accidente cerebral le quitó la vida. Lenin implantó en 1921 la llamada “Nueva Política Económica”, que permitía la economía de mercado siempre que los negocios beneficiarios se ajustaran a los objetivos estratégicos y la fiscalización del Partido Comunista soviético.

Sin embargo, hay una diferencia: la Nueva Política Económica sólo permitía la propiedad privada de pequeñas explotaciones agrarias, comercios y Pymes.

Xi es más ambicioso: quiere atraer tecnología, innovación y eficiencia, lo cual lo lleva a admitir la radicación de empresas internacionales, a condición de que se ajusten a los objetivos estratégicos y la fiscalización del Partido Comunista chino. Aparte de replicar el modelo de Lenin, Xi Jinping pretende una actualización del marxismo y su adaptación a la cultura china.

Lo definió así en un repetitivo discurso ante la Asamblea Popular Nacional, en 2018:

“El socialismo con características chinas es, en esencia, socialismo. No es una ideología separada. No se pueden abandonar los principios rectores del socialismo científico. Nuestro Partido siempre ha enfatizado la importancia de adherirse a los principios básicos del socialismo científico, adaptados a las condiciones únicas de China. Esto significa que el socialismo con características chinas es, reitero, socialismo, no una doctrina diferente.

El marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong guiaron al pueblo chino fuera de la larga noche y establecieron una Nueva China. Fue el socialismo con características chinas el que logró el rápido desarrollo de China.

El socialismo con características chinas es socialismo, no otra ideología. Por lo tanto, no se pueden abandonar los principios rectores del socialismo, que no es una doctrina diferente. El marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong guiaron al pueblo chino fuera de la larga noche y establecieron una Nueva China. Fue el socialismo con características chinas el que logró el rápido desarrollo de China”.

Es difícil vincular estas vaguedades con los precisos conceptos de Marx, como la “plusvalía”—responsable de la inequidad social— o la “lucha de clases”, destinada a terminar con ella. A su manera, sin nombrar la “plusvalía” o la “lucha de clases”, Xi reconoció que en China existe una “contradicción principal”, que radica en el “desarrollo desequilibrado e insuficiente frente a las crecientes demandas del pueblo de una vida mejor”.

Para abordar este desequilibrio, Xi propone la adopción de nuevas políticas, basadas en la ciencia, para un “desarrollo innovador, coordinado, ecológico, abierto y compartido”.

Su interés por el mundo digital es comparable al que tuvieron los fundadores del marxismo por los medios de producción. La Revolución Industrial (máquinas de vapor, motores de combustión interna) los había multiplicado y ello incrementó increíblemente la productividad, pero requería constelaciones de trabajadores “dispuestos a hacer sacrificados esfuerzos”.

Xi, optimista, cree que —con la ayuda de la inteligencia artificial y una educación superior de gran calidad— China alcanzará la autonomía tecnológica en 2030.

Desde que él asumió el poder el producto bruto interno per cápita aumentó 48 por ciento. El poder adquisitivo —ajustable por inflación— es actualmente de 31.600 dólares por año. El modelo es económicamente exitoso pero tiene un alto costo social.

Human Rights en China y otras cinco organizaciones internacionales han coincidido en denunciar la violación sistemática de los derechos humanos (comprendidas las libertades de expresión y reunión), tanto como las severas restricciones a los sindicatos de trabajadores. También denunciaron la persecución de minorías étnicas y grupos religiosos (incluidos cristianos, musulmanes, budistas, tibetanos, uigures y fieles de Falun Gung).

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, ha ratificado la existencia en China de “patrones de tortura o malos tratos, 8incluidos los tratamientos médicos forzados, así como las condiciones adversas de detención, incidentes de violencia sexual y de género”.

Amnistía Internacional agrega que se reprime a los miembros de organizaciones internacionales que postulan la igualdad de género. A eso se añade un ostensible culto de la personalidad. Los discursos de Xi han sido incorporados a la Constitución y son materia obligatoria en la educación a todos los niveles.

En política internacional, Xi es pacífico. Está formando un imperio sin disparar ni un solo tiro. No suma países con misiles o drones sino con poder económico. Hay más de 150 empresas chinas en el mundo, de las cuales las más importantes son: 4 en África, 4 en Oceanía, 4 en Europa, 3 en América del Norte y 3 en América Latina.

Operan en sectores clave: represas hidroeléctricas, ferrocarriles, infraestructura vial o minería. El modelo económico chino no requiere fatalmente una dictadura.

Necesita, sí, un organismo democrático que fije prioridades y controle su cumplimiento, si se pudiera aplicar el modelo económico exento de las medidas dictatoriales.

Milei mostró pragmatismo afuera y sigue su política irascible adentro

El Presidente tuvo otra semana soñada, codeándose por primera vez con un sinnúmero de líderes mundiales, aunque sin marcar las diferencias que hubiera deseado. Los gobernadores temen que otra vez no haya presupuesto, a sabiendas de que sus opciones son limitadas.

Por José Angel Di Mauro

La participación argentina en el G20 es un legado que dejó Carlos Menem para las generaciones presidenciales venideras. Más allá de las críticas que en su mayoría los presidentes que lo sucedieron le han dirigido al riojano, lo cierto es que a él se le debe que nuestro país fuera sumado en 1999 al principal foro intergubernamental de coordinación económica y financiera internacional.

La creación de ese organismo fue una idea de los miembros del G7, las grandes potencias industriales de Occidente -Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Canadá, Reino Unido y Japón-, que después de la crisis financiera de 1997-1998 (la crisis asiática), buscaron dar mayor participación a los países emergentes en el debate y toma de decisiones. Por esos años, Argentina tenía buen predicamento internacional, y Menem línea directa con Bill Clinton, a quien le pidió que nuestro país estuviera en ese foro.

La participación en la cumbre realizada esta última semana en Brasil fue para Javier Milei su debut en las grandes ligas. Y ya se sabe la importancia personal que el presidente argentino le concede a ese protagonismo internacional que le da tanto disfrute tener. Así, exhibió su buena relación con el presidente francés Emmanuel Macron, que como con Giorgia Meloni tuvo su correlato en la Casa Rosada, como así también permitió verificar las cuotas de pragmatismo que de vez en vez se permite mostrar.

Lo hizo con el presidente Lula, al que saludó con gesto adusto mas sin destrato -la mala relación personal es mutua-; y con el líder chino Xi Jinping, de quien en campaña decía “no voy a hacer negocios con ningún comunista”, hasta que a Susana Giménez le confesó haberse sorprendido “muy gratamente” con ese país, por tratarse de “un socio comercial muy interesante, porque no exige nada, lo único que piden es que no los molesten. También se mostró pragmático a la hora de firmar el documento final del G20.

En Brasil, el ministro de Economía Luis Caputo firmó en esa cumbre con su par de Energía brasileño, Alexandre Silveira, un acuerdo para acelerar la provisión de gas de Vaca Muerta a las industrias brasileñas. Se estima que a partir de ello la Argentina podría llegar a exportarles 30 millones de metros cúbicos diarios de gas natural en cinco años, un negocio que podría cambiar la ecuación de la balanza comercial entre ambos países, históricamente deficitaria para el nuestro.

Con China se habría hablado de reanudar las obras de dos represas que ese país construye en Santa Cruz -aunque el gobierno argentino relativizó esa información-, entre otros negocios con el gigante asiático.

Y respecto del documento final del G20, primó la cordura y Milei no pateó el tablero, firmando junto al resto de los jefes de Estado. La salida airosa que encontró la delegación argentina fue emitir luego una declaración donde el gobierno de Milei se manifestaba disociado de los párrafos del texto vinculados a la Agenda 2030 y a las iniciativas para cobrar impuestos a las grandes fortunas.

La señal disruptiva la dio Milei al ser el único ausente en la foto de familia final de la cumbre, tomada el martes pasado. En rigor, él estuvo en la primera, tomada el día anterior, pero en la que por diversas razones faltaron Joe Biden, Giorgia Meloni y Justin Trudeau, por lo que debió repetirse al día siguiente. Y a esa foto el presidente argentino faltó, aunque oficialmente se atribuyó a la agenda apretada que obligó a reprogramar sus reuniones, entre otras con Xi Jinping y Kristalina Georgieva.

Mientras eso sucedía, en el Congreso argentino se registraba uno de los hechos salientes de la semana: la suspensión de la reunión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, donde se esperaba que se emitiera el dictamen correspondiente, para dos días después llegar al recinto y darle media sanción. Como han vencido los tiempos para dictaminar, el Presupuesto solo podrá ser tratado en extraordinarias, si el gobierno las convoca y, sobre todo, si incluye la ley de leyes en el temario.

Por el momento, fuentes oficiales confirmaron al día siguiente de la suspensión de la reunión de Presupuesto y Hacienda que habría extraordinarias… pero hablaron solo de incluir una reforma electoral. La premura oficial se comprobó cuando al día siguiente llegaron los proyectos al Parlamento. Son dos: uno que contempla la eliminación de las PASO, y otro que modifica la Ley Orgánica de los Partidos Políticos. En este combo se buscaría una reducción presupuestaria al financiamiento de los partidos políticos, que en el futuro debería ser privada, mientras que la eliminación de las elecciones primarias permitiría evitar el gasto de más de 50 mil millones de pesos.

Se trata de iniciativas que deberían ser aprobadas este verano y no en 2025, pues es uso y costumbre que en los años electorales no se legisle sobre temas electorales. La oposición más amigable, e incluso los aliados, anticiparon su rechazo a la eliminación de las PASO, aceptando en cambio modificaciones que incluso han impulsado por motu proprio. De ahí que se pregunten cuál es el objetivo del gobierno de mandar este proyecto ahora. Y lo relacionan con la conferencia de prensa que el oficialismo convocó el 30 de octubre y suspendió diez minutos antes de iniciarse, por el enojo del Pro al enterarse de que propondrían condicionar modificaciones al Presupuesto a recortes en gastos para la política, supresión de las PASO incluida.

La sesión de Ficha Limpia caída por falta de un diputado.

Sospechan -casi convencidos- que el oficialismo condicionará reactivar el tratamiento del Presupuesto a que la oposición acepte votar estos proyectos que acaba de mandar al Congreso.

Es el método libertario para negociar. Ya hay suficientes antecedentes en la materia y quienes acuerdan con el gobierno se quejan inexorablemente de que no les cumplen. Es un reproche recurrente de los gobernadores de Juntos por el Cambio que reciben menos beneficios que sus colegas peronistas. Queda claro que el gobierno valora más las concesiones de estos últimos y así las corresponde; en el caso del resto, que por primera vez desde 1983 son más que los del PJ, es como si estuvieran obligados a colaborar con el gobierno, dando por hecho que así lo desea su electorado. Es un planteo permanente que hace Mauricio Macri, que ve que pese al fallo de la Corte, Milei sigue sin cumplir con la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires.

Tampoco es que el gobierno nacional sea demasiado concesivo con el resto; en general es muy reticente a conceder cosas… pero sobre todo a cumplirlas después. Juega con las urgencias ajenas, y sabe que siempre tiene la sartén por el mango. Pasó en vísperas de la suspensión de la negociación del Presupuesto: los gobernadores hablaron entre sí para ponerse inflexibles para hacer cumplir cinco puntos. La causa común se desarmó cuando uno de ellos aclaró que no quería pelearse con el gobierno. Aprovechó el gobierno, que está muy cómodo sin tener presupuesto.

A estas alturas, lo más probable es que, por primera vez en la historia, un presupuesto sea reconducido dos años seguidos. La ley de leyes es hoy un arma que usa el gobierno para negociar, otra concesión que estaría dispuesto a hacer, pero no gratis. Le sirvió para hacer caer hace dos semanas la sesión en la que la oposición iba a rechazar el DNU 846, del canje de deuda, y la modificación de la ley que regula los decretos de necesidad y urgencia. Los gobernadores, que privilegian el presupuesto, retiraron diputados, incluso los peronistas. Ahora esa misma oposición convocó a una sesión por intentarlo de nuevo este martes, pero nada indica que les vaya a ir mejor. Y cuando termine la semana, la oposición -y los gobernadores- perderán la posibilidad de imponer sesiones, por concluir el viernes el período ordinario.

Así y todo, de las cuatro sesiones pedidas en Diputados para esta semana, solo la última tendría alguna chance de hacerse. Es la pedida por ficha limpia y otros temas. Ficha limpia saldría aprobada, pero para demostrar que realmente le interesa esa ley, el gobierno debería hacer algo más que mandar a sus diputados a votarla: incluirla luego en el temario de extraordinarias, para que el Senado la convierta en ley. Nada indica que lo hará y Cristina Kirchner, que este fin de semana le lanzó a Milei un “a ver si sos tan guapo”, podrá ser candidato el año que viene. Que es lo que el oficialismo desea, aunque muchos le recuerden qué pasó en 2017 y 2019.

Mientras Karina Milei continúa acumulando millas cada fin de semana promoviendo La Libertad Avanza en cada provincia, y otros sectores se permiten -con su venia- lanzar agrupaciones, como Las Fuerzas del Cielo, que armados con celulares hablan de hacer la revolución, el mileísmo se convence cada vez más de estar transitando el camino correcto, que abjura de buscar consensos o forjar alianzas. El método es el enojo y la fuerza del Estado -que ahí sí lo disfrutan- para imponer sus deseos.

“Los buenos modales ya fracasaron”, advierten funcionarios libertarios refiriendo sin nombrarlo al macrismo. Ante ese desdén reacciona Cristian Ritondo cuando advierte que “estos logros no los habría hecho (el gobierno) sin el Pro, que ha sido responsable en la Cámara”. La Libertad Avanza solo les da las gracias y sigue haciendo su camino, sin preocuparse por corresponderlos. “No tienen adónde ir”, deslizan desentendidos.

Cambios en el gabinete chino tras no haber noticias sobre el paradero de Qing Gang

El gobierno de China enfrenta cambios de nombres, pero también las sospechas sobre la desaparición de los funcionarios que son relevados. Qin Gang ministro de Exteriores de China que fue destituido tras no conocer nada sobre él desde el 25 de junio.

En los últimos 15 días, China y el gobierno de Xi Jinping se han visto afectados por cambios en los principales puestos gubernamentales. En primer lugar, la desaparición y destitución de Qin Gang, el ministro de Exteriores nombrado a finales de diciembre y visto por última vez el 25 de junio. Frente a esta situación, el gobierno de China no ha realizado ninguna declaración y ha nombrado como sustituto a Wang Yi, que ocupó el cargo durante la década anterior.

El segundo cambio que el gobierno chino llevó a cabo fue el reemplazo de dos líderes de las fuerzas de élite que supervisan los misiles convencionales y nucleares del Ejército Popular de Liberación. El presidente Xi designó a Wang Houbin, excomandante adjunto de la marina, y Xu Xisheng, excomisario político del Comando de Teatro Sur de la Fuerza Aérea. Fueron designados como comandante de Rocket Force y comisario político de la fuerza respectivamente pese ser ajenos a las filas de la Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación.

Desde 2012 Xi Jinping ha buscado consolidar un régimen que exige lealtad absoluta al Partido Comunista y a su liderazgo, por lo que lleva adelante una campaña en contra de la corrupción, poniendo foco en la consolidación de las Fuerzas Armadas.

Al reemplazar a dos figuras de Rocket Force por militares de otra rama queda en evidencia el deseo de Xi de articular el accionar de las Fuerzas Armadas e incrementar el papel de Rocket Force, que es la Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación (PLARF), antes conocida como la Segunda Fuerza de Artillería. Tiene como finalidad mantener la soberanía y la seguridad nacional de China, controlar, organizar, dotar de personal, entrenar y equipar las fuerzas estratégicas terrestres de misiles nucleares y convencionales de la República Popular China. La PLARF actúa en consonancia con la visión y los objetivos del Partido Comunista.

Frente a este escenario, se incrementan las dudas sobre el funcionamiento de la rama que supervisa el poderoso arsenal de misiles balísticos y nucleares de la nación, ya que la “purga” realizada por el presidente busca eliminar a quienes no concuerden con los lineamientos del Partido.

En el régimen chino es usual la desaparición de empresarios y otras figuras para ser sometidos a investigaciones sobre su accionar público o su vida privada. Muchas veces desaparecen de la escena pública misteriosamente y, en algunos casos, no vuelven. Desde organizaciones de la sociedad civil confirman que esta práctica, habitual del Partido Comunista Chino, viola los derechos humanos y afecta seriamente las inversiones en el país. “Muchos empresarios nacionales y extranjeros han perdido la confianza en ese país y han desviado el dinero destinado a China a otros destinos”, afirmó el analista Teng Biao.

Resumen de Privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerle la mejor experiencia de usuarioposible. La información de las cookies se almacenan en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender que secciones dfe la web encontras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra politica de privacidad en la pagina de privacidad y cookies