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Viernes 17 de noviembre de 2017
OPINIÓN
Recordando a Mario Das Neves
Por Alfredo Luenzo. En memoria del gobernador chubutense fallecido, el senador traza una semblanza de su referente y destaca la huella que ha dejado para futuras generaciones.
1 de noviembre de 2017
El pueblo no dudó en renovarle la confianza. Algo que no muchos políticos consiguen, y menos aún luego de algún turno democrático ausente.

Sabiendo incluso de la fragilidad de su estado de salud, la gente siguió creyendo en que el fuego de la pasión que le ponía al compromiso público, lo llevaría a superar toda adversidad.

Con la callada esperanza de que ese portugués tozudo podía también llevarse por delante a la parca, si de cumplir a todo término la palabra empeñada, se tratara…

Había muchas cosas que se podían refutar a Mario Das Neves. Su estilo ocasionalmente altanero… su empecinamiento locuaz y hasta atrevido… una suerte de prepotencia en la imposición de sus convicciones…

Pero… justamente de eso, se trataba. De convicciones. Y ese es un terreno donde, a ciertos elegidos, solo cuando se acercan al final de su derrotero se los llega a conocer. Y a respetar. Y a reconocer que tales supuestos defectos, eran virtudes si sus empeños estaban destinados al bien común…

Dicen que se ha ido Mario. Difícilmente alguien pueda creerlo: no se es gobernador de una provincia tres veces, con alternancia, sin haber dejado su profunda impronta en los mil caminos del territorio.

Huellas que –sin duda- futuras generaciones de servidores públicos chubutenses inevitablemente habrán de recorrer –sin temor a equivocarse— una y otra vez.