El golpe de Estado de 1955 mal llamado “revolución libertadora”, o “fusiladora”, como la denominara más acertadamente Rodolfo Walsh, además de tumbar un gobierno popular, de cercenar la democracia y bombardear civiles, además de fusilar y perseguir militantes partidarios y gremiales, también dejó la memoria del odio encarnada en una estatua que actualmente se emplaza en el corazón del pueblo al oeste bonaerense de Saliquelló reivindicando aquella gesta sangrienta.
La escultura, que parece burlar el saldo de 350 muertos; 2000 heridos y 79 personas lisiadas al bombardear una Plaza de Mayo colmada de civiles (entre ellos un micro repleto de niños que iban a visitar Casa Rosada), se encuentra desde 1956 en la esquina de la plaza Hipólito Yrigoyen (irónicamente, el caudillo radical cuyo gobierno en 1930 recibía el primer golpe de la historia argentina).
Actualmente una iniciativa legislativa presentada por el diputado nacional Antonio Morante y acompañada por la firma de otros pares, propone a la Cámara de Diputados de la Nación expresar un enérgico repudio a la existencia del monumento al golpe, así como exhortar a las autoridades competentes de la provincia de Buenos Aires a remover dicha escultura “por constituir un agravio a las instituciones democráticas de la República”.
Desde el 56 y hasta el presente, como ignorando el correlato atroz que la “Revolución Fusiladora” tuvo con su sucesora de 1976 la escultura siguió emplazada en el centro del joven pueblo, sin que nadie o muy pocos reclamaran la remoción de lo que sin muchos preámbulos se instala como una impune propaganda del golpismo.
Fue así hasta 2005, año en que algunos concejales del pueblo solicitaron a través de una ordenanza un acto de desagravio y la remoción de las placas de bronce que sindican la escultura como “un monumento a la libertad”, pero la mayoría radical en el Concejo Deliberante frustró la iniciativa y el proyecto perdió vigencia.
Fuente: Prensa NEA |