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Domingo 30 de abril de 2017
OPINIÓN
El Gobierno cambió la táctica y sufrió una gran derrota política
Por José Angel Di Mauro. El duro traspié sufrido en la discusión por Ganancias marcó un punto de inflexión a partir del cual se ha puesto en terreno enemigo a Sergio Massa, quien a su vez ahora parece querer captar el voto kirchnerista.
11 de diciembre de 2016
Figuras de la oposición confiesan haber advertido sobre la marcha un cambio en la táctica del oficialismo durante el debate de la reforma del Impuesto a las Ganancias. Acostumbrados a lo largo del año a un modo determinado de afrontar la discusión de cada proyecto, en el que cada párrafo merecía un análisis pormenorizado que no concluía en la comisión, sino en el debate en particular en pleno recinto, esta vez llamó la atención primero un margen de maniobra bastante acotado en Presupuesto y Hacienda que llevó a que se firmaran cuatro dictámenes. Y después, que pasaran los días sin contactos que permitieran destrabar la situación para el momento de llegar al recinto. Así se arribó al día martes previsto para la sesión con tal falta de certezas que en las horas previas al inicio de la reunión voceros oficialistas admitían que no habían podido avanzar nada desde la emisión del dictamen. Estaban estancados en 105 votos, les faltaban más de una veintena para aprobar el proyecto oficial y no encontraban de donde conseguirlos.

Es una ingenuidad que en el gobierno no hayan pensado que, a falta de acuerdo con ellos, el sector de la oposición con el que siempre dialogaron no buscaría resolver la situación entre sí mismos. Y si bien el jefe del bloque PRO, Nicolás Massot, se había esmerado en tender puentes hacia el kirchnerismo sugiriendo que entre el mínimo no imponible que el oficialismo proponía y el que Cristina había puesto en 2011 no había muchas diferencias -si se actualizaba según la inflación-, y Emilio Monzó se la pasó elogiando a Axel Kicillof, al punto tal que una escandalizada Mirtha Legrand le sugiriera que parecía kirchnerista, no hay chance alguna en que el kirchnerismo termine dándole una mano al gobierno. Más probable era que se diera lo que pasó, y que los propios massistas se encargaron de adelantar cuando ya empezada la sesión difundieron una foto de una reunión del Frente Renovador en la que se veía claramente a Axel Kicillof negociando con ellos. Fue una señal de lo que se estaba cocinando, pero también una advertencia hacia el oficialismo, que así y todo se mantuvo en su postura.

Se dice que la orden de la Casa Rosada había sido tajante. Que atentos a la magnitud del déficit fiscal que -como dijimos en este espacio la semana pasada- ha comenzado a preocupar sobremanera al gobierno, se había decidido mostrar al Presidente inflexible en la materia. La nueva postura se notó más por el cambio de negociadores, que en realidad terminó llevando la discusión a un punto muerto. Con Rogelio Frigerio en China, el jefe de Gabinete se ocupó de tratar de ablandar a los gobernadores, y en ese contexto en lo más alto de la Cámara baja resolvieron acatar a rajatabla la nueva disposición y ceder el timón de la negociación. Para desesperación del jefe del interbloque Cambiemos, el radical Mario Negri, que entendió todo el tiempo que el barco tenía rumbo de colisión.

Con el resultado a la vista, el presidente de la Cámara no debe estar tan decepcionado, pues el desenlace de esa sesión parece avalar su reclamo de privilegiar la política.

Para el oficialismo la sesión debería haber sido una semana después, pues este fue un verdadero martes 13. Aunque en realidad, el calvario con Ganancias arrancó antes, cuando Sergio Massa los corrió con un falta envido teniendo una sota y un caballo… Apuró el debate por Ganancias presentando un proyecto inexistente, con el que obligó al gobierno a presentar el suyo al día siguiente. Lo que vino después fue como esas jugadas en las que el delantero avanza hacia el gol con el defensor detrás mirándole el número, corriéndolo 40 metros sin poder alcanzarlo. Todo el tiempo la oposición llevó la delantera y eso se vio el día de la sesión, cuando ya desde la difusión de la mencionada foto con Kicillof y el bloque FR se vislumbraba el acuerdo y por ende qué proyecto sería aprobado.

Cuando la oposición anunció una conferencia de prensa para las 18, ya manejaba la agenda de la jornada. Y mientras tanto se debatía la emergencia social, proyecto para el cual el Estado compromete recursos monumentales, que pasó a un segundo plano. La conferencia de prensa confirmó lo que ya se sabía, y a las 23 el oficialismo, que en esa sesión estaba destinado a perder todas las jugadas, no pudo prolongar el debate y el triunfo opositor se adelantó, cuestión de salir en la primera edición de los diarios del día siguiente.

Fue tan poco seria la resolución del tema, que un proyecto que compromete miles de millones de pesos se terminó definiendo sin cálculos precisos y ni siquiera un proyecto definido: transformando en el propio recinto un proyecto en otro distinto.

Pero la responsabilidad plena fue del Ejecutivo, que desde el mes de enero venía anticipando el envío de un proyecto que demoró una y otra vez. Lo admitió, a modo de reproche, el citado Mario Negri, que admitía al día siguiente de la sesión que el proyecto debió haberse enviado inmediatamente después de la remisión del Presupuesto, como el propio gobierno había anticipado que haría. Si no lo hizo entonces, no debió haberlo enviado para extraordinarias… si no tenía la certeza de contar con los votos para aprobarlo. Es lo que reconocieron ante este medio por lo menos tres fuentes oficialistas.

Los vetos no se anuncian, se firman sin más cavilaciones, como pasó con la Ley Antidespidos al día siguiente mismo de su sanción. Si esa es una alternativa para el proyecto opositor de Ganancias, está bien que el Presidente y el jefe de Gabinete opten por evasivas sobre el tema, pero hubiera sido atinado que instruyeran a la vicepresidente, que en un primer momento anticipó un veto del que al día siguiente debió rectificarse. En rigor, el gobierno apuesta a evitar esa instancia. No se ilusiona con un rechazo del proyecto en el Senado, por más que una docena de gobernadores se haya manifestado en contra del mismo. Pocos senadores les responden; y la experiencia en Diputados fue bastante desconcertante. El gobierno contaba con los votos del Frente Cívico por Santiago, y esos seis diputados votaron con la oposición; lo mismo que los misioneros del Frente de la Concordia, que apenas aportaron dos abstenciones y una ausencia. Juan Schiaretti fue de los más enfáticos en pronunciarse a favor del proyecto oficial, pero solo una diputada cordobesa votó como sugirió. El santafesino Miguel Lifschitz también lo hizo, pero solo aportó dos abstenciones del socialismo y la jefa de esa bancada estuvo en la conferencia de prensa opositora; el gobernador de La Rioja solo consiguió que dos diputados se ausentaran. Y ni qué decir de Juan Manuel Urtubey: todos los diputados que le responden votaron con la oposición.

Si hasta el sanjuanino Sergio Uñac apenas consiguió un voto en contra; el resto, incluido el exgobernador José Luis Gioja, votaron incluso la restitución de las retenciones a la minería, a pesar de que luego hicieron circular lo contrario.

La apuesta oficial es que al menos algo se cambie en el texto de la ley en el Senado, obligando a que el proyecto vuelva a Diputados y allí no sesionar en lo que resta del año. Ni por eso, ni por ningún otro de los proyectos enviados por el Ejecutivo a extraordinarias. Eso es lo que sugiere la conducción del bloque oficialista de Diputados, que aspira a congelar la foto del massismo junto al kirchnerismo durante todo el verano y evitar en cambio que tengan una rápida oportunidad para despegarse.

Esa postura es hoy por hoy la que se seguiría, a juzgar por la aspereza que desde lo más alto de Cambiemos se decidió utilizar para con Sergio Massa, al que decididamente quieren mostrar hoy junto al kirchnerismo. Amplio ganador de la pelea por Ganancias, el oficialismo quiere que esa sea una victoria pírrica, que tenga que lamentar. Por lo pronto, las figuras del massismo en lugar de despegarse han comenzado a exhibir un discurso que los acerca mucho a la gestión anterior. Alcanza con escuchar a sus voceros económicos Marco Lavagna o Aldo Pignanelli, apostando ahora al altar del consumo como salida de la crisis.

Mientras el gobierno parece decidido a empujar al massismo hacia un costado de “la ancha avenida del medio” que venía transitando, el Frente Renovador estaría pensando en adelantar los tiempos y salir a buscar los votos del kirchnerismo ya para 2017.