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Miércoles 23 de octubre de 2019
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Rosenkrantz en el Senado: “La Constitución se puede romper sin ni siquiera la necesidad de cambiarla”
El titular de la Corte Suprema expuso en un ciclo sobre los 25 años de la reforma constitucional. Habló de la importancia de “la supervivencia de una cultura constitucional” y llamó a “mantenerla siempre”.
9 de octubre de 2019
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, expuso este miércoles en el Senado sobre la reforma constitucional de 1994, que cumplió 25 años, y sostuvo que “la Constitución se puede romper sin ni siquiera la necesidad de cambiarla”, a la vez que remarcó la importancia de “la supervivencia de una cultura constitucional” y llamó a “mantenerla siempre”.

Rosenkrantz formuló esos conceptos al participar del ciclo “La reforma constitucional de 1994 y su actualidad. A 25 años de su sanción”, organizado por la Dirección General de Programas de Investigación y Capacitación del Senado y la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, que dirige Daniel Sabsay.



“Toda reforma constitucional es un modo de adaptar un aspecto de nosotros mismos a un entorno que cambia. Solo puede ser exitosa si contribuye a consolidar una lealtad hacia las nuevas reglas y está sostenida por nosotros en el tiempo. Solo será exitosa si los cambios que consagra son capaces de generar una nueva cultura constitucional”, explicó el titular del máximo tribunal en el Salón Eva Perón de la Cámara alta.

En esa línea, consideró que “la reforma del ’94 fue muy exitosa” ya que “no se hizo en cualquier circunstancia”, y a la vez “un aspecto central que había que mejorar era expresar más y mejor un compromiso con la democracia”.

“Han pasado 25 años y la Constitución ha sido capaz de generar la lealtad que hace de la Constitución mucho más que un mero papel, para constituir una verdadera cultura”, destacó Rosenkrantz, y agregó que la Carta Magna vigente hoy “contribuyó a fortalecer nuestra cultura constitucional”.

Según opinó el presidente de la Corte, “en momentos tan divisivos y confrontativos como los que atraviesa el país, la cultura constitucional es un producto cultural de enorme delicadeza y fragilidad, se rompe fácil”.

Por eso, sostuvo, “la Constitución se puede romper sin ni siquiera la necesidad de cambiarla. Para romperla basta meramente con ignorarla o moldearla, y hacerle decir aquello que a nuestros intereses le gustaría que diga”.

Rosenkrantz enfatizó que “la supervivencia de una cultura constitucional es costosa y difícil”, y continuó: “Debemos trabajar para mantenerla siempre, conscientes de que el beneficio que lograremos no será solamente ayudarnos a vivir en común, sino que además nos ayudará a desarrollar entre nosotros un vínculo valioso, de amistad cívica, entre individuos que, como iguales, cooperan con otros para organizar la vida en común”.

“Más allá del impacto que pudo haber tenido o no en el diseño de las instituciones, la Constitución solidificó el sentido de que nuestra sociedad es un emprendimiento colectivo. La reforma sirvió para reavivar la lealtad a la Constitución. Solo la lealtad nos permitirá vivir a la altura de los ideales que nos constituyen”, concluyó Rosenkrantz.