El bloque de senadores radicales proponen crear una Comisión Bicameral sobre Malvinas.

Todo el debate por el matrimonio gay

1-1-2007

Publicamos la versión textual registrado durante 15 horas en el recinto del Senado.

Sr. Presidente (Pampuro). – Obra sobre las bancas el plan de labor aprobado en la reunión delabor parlamentaria celebrada ayer.En consideración.Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.– Se practica la votación.Sr. Presidente (Pampuro). – Aprobado.

CUESTIONES DE PRIVILEGIO DE LA SEÑORA SENADORA NEGRE DE ALONSO
Sra. Negre de Alonso. – Pido la palabra antes de la consideración del dictamen, para plantear una cuestión de privilegio.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Quiero plantear una cuestión de privilegio en contra suyo, señor presidente, en su carácter de presidente provisional, y en contra del señor secretario parlamentario, doctor Estrada.
El día 6 de julio, tal como había sido acordado en la reunión de labor parlamentaria y en función del compromiso asumido por los miembros de la comisión, nos reunimos en la Comisión de Legislación General, donde se emitieron tres dictámenes: uno en mayoría sobre el proyecto de ley de matrimonio gay; otro en minoría sobre el proyecto de ley de matrimonio gay; y un tercero, también en mayoría, sobre proyecto de ley de unión civil.
El proyecto de ley enviado en revisión por la Cámara de Diputados tuvo habilitación parlamentaria en el Senado el 19 de mayo, el mismo día que ingresó el proyecto de ley sobreunión civil presentado por la señora senadora Bortolozzi de Bogado; es decir que esos dosproyectos ingresaron juntos, el mismo día, para su tratamiento en esta Cámara.
Yo estaba en conocimiento –porque así se me había informado– de que la señorasenadora Fellner iba a reemplazar al señor senador Mansilla en la Comisión de Legislación
General. Esperé que se me notificara de la resolución pertinente –que, según me dijeron, estaba por salir–, para que ella pudiera suscribir el dictamen en minoría y, también, esperé alos senadores Cano y Roldán, que no habían llegado aún por atrasos en los vuelos de susaviones. Y la Secretaria de la Comisión se dirigió luego a la Mesa de Entradas del Senado,que está ubicada en el octavo piso de la ex Caja de Ahorros, y alrededor de las 20, 20 y 15 ó20 y 30, cuando yo me estaba retirando para asistir a un programa de televisión a la que habíasido invitada, me informaron que el empleado de la Mesa de Entradas no recibía el dictamenpor orden del secretario parlamentario, cuya designación, oportunamente, nosotros votamosen contra, porque en ocasión de tratarse la ley de medios había agregado la fe de erratas sinque pasara por este Cuerpo y no porque el oficialismo no tuviera derecho a nombrarlo.
Por lo tanto, me constituí en el octavo piso y, allí, el empleado me dijo: “simplemente, señora senadora, no le recibo nada, porque me dio orden el doctor Estrada de que no se lo reciba”. Un avasallamiento, un acto irrespetuoso, una violación de las normas más elementales de trámite y de procedimiento.
No sé si estaría de acuerdo o no, ni lo que iba a pasar después, pero lo que no puede hacer un empleado, por orden del secretario parlamentario, ni tampoco el secretario parlamentario, es decidir que un expediente firmado por nueve senadores no ingrese al
Cuerpo. Él decidió eso: o sea, que lo rompiéramos, que lo usáramos para algo, para llenar elcesto de papeles.
Entonces, yo les dije que no me movía de allí y que me iba a quedar a dormir. Tuve que mandar a buscar a un escribano, llamé al prosecretario y, también, me comuniqué por teléfono con la Presidencia del Cuerpo; incluso, había pensado llamar a la prensa, porque me iba a quedar a dormir allí.
Nunca he visto una cosa igual. Yo soy abogada y, como tal, si voy a los Tribunales y presento un escrito, si es improcedente, luego se provee como corresponde. Lo mismo pasa cuando uno va a la Casa de Gobierno: se recibe y después se provee como corresponde.
¿Desde cuándo el señor de Mesa de Entradas decide que a los senadores no les recibe los papeles? Pero no era la senadora Negre de Alonso; era la Comisión de Legislación
General del Honorable Senado de la Nación Argentina, con la firma de nueve senadores elegidos por la voluntad popular de sus provincias. Parece que para el doctor Estrada no teníamos legitimación suficiente.
Por supuesto, lo llamé al doctor Estrada, que hablaba por teléfono con el empleado y que le decía: “no le reciba; no le reciba”; “no es procedente; no se lo voy a recibir”. Finalmente, lo recibió. Por supuesto, perdí el programa de televisión. Estuve más de una hora en la Mesa de Entradas, en un cuartito de dos por dos. A medida que iban pasando asesores, que se acercaban para ver qué pasaba, yo esperaba que me firmaran la copia. Porque la verdad es que, en el Senado de la Nación, no había garantías para que las palabras que me decían –“váyase tranquila, que se lo voy a recibir”– se cumplieran.
Esto, con relación al doctor Estrada, que no fue todo. La verdad es que yo ya estoy cansada de tanto avasallamiento. Con respecto a mí, no es la primera vez, porque en otra oportunidad, en un dictamen que yo había firmado en disidencia, me estaban sacando con la mayoría. Es demasiada casualidad tantos errores juntos.

DE LA SEÑORA SENADORA NEGRE DE ALONSO
Posteriormente, señor presidente, a las cuatro, cinco o seis de la tarde –no recuerdo bien, fue un poco antes de la reunión de labor parlamentaria de ayer–, recibo una notificación, como presidenta de la Comisión, en donde usted me invalidó, nos invalidó, invalidó el dictamen de la Comisión de Legislación General. Es una verdadera ilegalidad lo que usted ha hecho. Acá, en este ámbito, en la casa de la democracia, que usted no le dé a los integrantes de la Comisión de Legislación General ni siquiera notificación de lo que el senador Pichetto había presentado, es un avasallamiento a las garantías constitucionales mínimas, que se les dan a cualquier homicida, a cualquier inculpado penalmente.
Pues usted, señor presidente, decidió que los senadores somos NN –todo viene por la misma línea- y no nos aceptan el dictamen por Mesa de Entradas. ¡Y para usted se ve que somos inexistentes! Pero yo estoy acá, señor presidente, y me eligió el pueblo de San Luis, por la mayoría. ¡Y usted me va a respetar como senadora; al igual que a los nueve senadores de la comisión!
Ni siquiera se nos dio traslado. Por supuesto, el senador Pichetto tenía derecho, él puede peticionar, impugnar, como todos. Lo que usted no puede hacer, señor presidente, es violar las normas del debido proceso legal, el derecho de defensa de nueve senadores de la Nación, constituidos con quórum, en un dictamen que es un instrumento público. Usted no tiene facultades reglamentarias para anular ese dictamen. Le hubieran hecho una revisión preliminar de mérito, como corresponde. Y la hicieron, porque lo publicaron, tiene Orden del Día, lo que implica una revisión de mérito previa. Pero aun con Orden del Día se anuló, sin correr traslado a quienes lo firmamos.
Así empezamos, señor presidente; mejor dicho, así seguimos. Empezamos con una persona que pusieron –pobre; no tiene la culpa, pero temblaba– y decía: “tengo orden de no recibirle nada a usted”. Era a mí que no me iban a recibir.
Esto es una vergüenza, señor presidente: trampas, trampas y más trampas. Pero esta no es la primera vez, porque usted ya me hizo otra cosa. Usted, senador Pampuro, cuando el Interbloque Federal decidió que la senadora Escudero iba en su representación a la Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión −cuando ya se había sancionado la ley de medios− y presentamos una nota al respecto, resulta que luego aparecí yo designada, porque se ve que no la querían nombrar a ella. Presenté una revocatoria; le mandé una renuncia; le dije que había sido una equivocación. Pero como si nada. En la reunión próxima, el doctor Estrada me notificó a mí y no modificaron la integración. Hicieron desaparecer los papeles y tuve que volver a presentarlos. Es la segunda vez, señor presidente, que usted me hace esto.
No sé si es personal. Si es personal, no vale de nada. ¿Sabe a quién se lo hacen? En primer lugar, se le hace a la institución Senado de la Nación y, en segundo lugar, se le hace al pueblo de San Luis, que es el que me eligió. Le está faltando el respeto al pueblo de San Luis; no a Liliana Negre; no a los fueros de Liliana Negre. Mis fueros no son míos, son los fueros del mandato que cumplo y los fueros del mandato que ejerzo.
Estoy cansada de sus atropellos. Y le quiero decir con respecto a eso que usted ha comentado por ahí −o lo mencionó en la reunión de labor parlamentaria−, en el sentido de que se hizo asesorar, que se ve que no son muy buenos sus asesores. Ni una norma legal citada en esa resolución que usted ha dictado.
Señor presidente: le aclaro que dejo planteada la cuestión de privilegio y que esto lo llevo hasta las últimas consecuencias. Porque lo que usted ha hecho -violar la Constitución-, en el cargo que usted tiene... Usted está en la sucesión de la primera magistratura del país.
Usted no sólo que no tiene derecho sino que no debe realizar ese tipo de actos; y debe arbitrar los medios, si usted no es abogado, para que el cuerpo de abogados de esta casa lo asesore debidamente. Ni un artículo, porque no tiene un artículo que fundamente la petición que usted ha hecho.

DEL SEÑOR SENADOR PICHETTO
Sr. Pichetto. – Pido la palabra para plantear una cuestión de privilegio.
Sr. Presidente (Pampuro). − Para una cuestión de privilegio, tiene la palabra el señor senador
Pichetto.
Sr. Pichetto. – Señor presidente: la primera reflexión, antes de entrar de lleno en la cuestión de privilegio, es que habíamos acordado debatir el tema de la impugnación a posteriori del debate. Pero como se transgredieron las reglas y tuvimos que escuchar una catilinaria ofensiva hacia su persona, planteo una cuestión de privilegio a la señora senadora Negre de Alonso por haber violado la Constitución, en su artículo 81; por querer cambiar intencionalmente −ahora sí creo que es intencionalmente− la Cámara de origen de este proyecto, que vino en revisión de la Cámara de Diputados; por querer modificar el giro de la comisión; y por violentar el Reglamento y la historia de este Senado y del Congreso.
La señora senadora es una persona que tiene trayectoria parlamentaria y sabe perfectamente que este proyecto ha venido en revisión y que nunca podía haber sido dejado de lado y aprobar un dictamen para darle sanción como Cámara de origen el Senado, cuando se trata del mismo tema y de la misma finalidad.
Señor presidente: yo planteo una cuestión de privilegio para que se evalúe la conducta de la señora senadora en el ámbito de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado.

DEL SEÑOR SENADOR PÉREZ ALSINA
Sr. Presidente (Pampuro). − Tiene la palabra el señor senador Pérez Alsina.
Sr. Pérez Alsina. – Señor presidente: independientemente de las cuestiones de privilegio, en cuanto a su formalidad, quiero adherir a la posición de la señora senadora Negre de Alonso...
Sr. Presidente (Pampuro). − Perdóneme, senador, no quiero interrumpirlo en el uso de la palabra, pero si tiene una cuestión de privilegio para plantear...
Sr. Pérez Alsina. – No; yo puedo dar argumentos para adherir a un tema...
Varios señores senadores. – No, señor senador.
Sr. Presidente (Pampuro). − No se puede, señor senador.
Sr. Pérez Alsina. – Entonces, me obliga a plantear una cuestión de privilegio. Si esa es la forma, entonces, planteo una cuestión de privilegio.
No era mi intención, para evitar el debate. Pero si eso es necesario, para brindar argumentos sobre este tema, entonces, planteo una cuestión de privilegio, porque esto es grave.
Sr. Presidente (Pampuro). − Para una cuestión de privilegio, tiene la palabra el señor senador Pérez Alsina.
Sr. Pérez Alsina. – Señor presidente: hoy se considerará un tema que debería ser tratado en todas sus dimensiones. Es una cuestión sobre la que ya hablaremos en su momento, pero todos los senadores que integramos el cuerpo sabemos que no es una ley común, ya que modifica una institución, sobre la que algunos estarán de acuerdo y otros no, respecto de la cual la sociedad argentina la tomó como propia.
Coincido con la señora senadora, señor presidente, en el sentido de que usted no debería haber firmado una resolución que no sólo agravia a muchos senadores –entre los cuales me encuentro- sino también a muchos habitantes de mi provincia que solicitaban el tratamiento de un proyecto alternativo de unión civil.
Desde ya que no coincido con los términos de aquella resolución y tampoco con los del señor senador preopinante, en cuanto a que se esté hablando del mismo tema. Decir que un matrimonio y una unión civil son la misma institución creo que es burlarse de la inteligencia de muchos ciudadanos, independientemente de que estén a favor o en contra de ella. Además, es burlarse de la historia de estas dos instituciones o reglamentaciones que hacen a lo que es la unión de dos personas, sean del mismo sexo o no.
En efecto, son dos instituciones absolutamente diferentes en su naturaleza. Son dos instituciones que nada tienen que ver entre sí. Y creo que el señor presidente debiera haber guardado el mínimo recaudo en trasladar la iniciativa a la Comisión de Legislación General para tratar el tema.
Pero con la resolución firmada por el señor presidente, se impidió poner sobre la mesa lo que varios legisladores deseaban tener como alternativa de tratamiento en el día de hoy. Es decir que ha hecho una omisión grave, y usted, señor presidente, debería haber tenido delicadeza, objetividad y prudencia. Debería haber oído a varios señores senadores, independientemente de su posición, para no llevar este tema al todo o nada, y en absoluto respeto de todas las posturas. Todo esto ha sido muy grave.
En todas las audiencias públicas o en la mayoría de ellas, se solicitó el tratamiento alternativo. Así sucedió en mi provincia. Muchas instituciones y ciudadanos lo hicieron; y usted les impide a ellos que hoy en día exista una alternativa sobre la mesa.
Por estas razones, hago un planteo de este tema y manifiesto mi profunda indignación en nombre de muchos habitantes de mi provincia y en el mío propio. Creo que el sitial que usted ocupa, señor presidente, es el de un país y no el de una parcialidad.

DE LA SEÑORA SENADORA ESCUDERO
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Escudero.
Sra. Escudero. – Señor presidente: quiero plantear una cuestión de privilegio.
El señor senador Pichetto ha faltado a la verdad. Lo acordado en la reunión de labor parlamentaria fue no plantear previo al debate cuestiones de procedimiento. Pero de ninguna manera se acordó no permitir a la señora senadora Negre de Alonso plantear una cuestión de privilegio por haber sido ofendida como persona, senadora y presidenta de la Comisión de Legislación General. Es decir que las cosas hay que decirlas por su nombre.
Y como firmante del dictamen que ha sido anulado por el señor presidente provisional del Senado, quiero decir que la interpretación que hizo el señor senador Pichetto no es correcta.
Aquí nos conocemos mucho. Parece que los tramposos creen que todos son de su misma condición. No es así. La señora senadora Negre de Alonso jamás hizo trampas. En cada reunión de comisión, la señora senadora Negre de Alonso puso a consideración dos proyectos que tenían perfiles diferentes. El CD de la Cámara de Diputados, plantea matrimonio con modificación del Código Civil y la creación de una institución nueva, diferente, que en absoluto es incompatible con la modificación del Código Civil.
Tanto es así que las cosas eran tan claras que firmamos un dictamen de rechazo del
CD que venía de la Cámara de Diputados en el convencimiento y siguiendo lo que había sido perfectamente acordado en cuanto a que el 14 de julio se ponía en debate: primero, el CD de la Cámara de Diputados, y en el supuesto de que el CD no alcanzara los votos necesarios, teníamos un dictamen diferente creando una institución nueva que no solamente apuntaba a dar una solución de consenso a una realidad que vemos que hay que solucionar, que es la ampliación de derechos a las parejas del mismo sexo, sino que además, al mismo tiempo, dábamos solución a otros temas por los que veníamos abogando desde hace tanto tiempo, como la situación de millones de mujeres en la Argentina que están en uniones de hecho sin ningún tipo de protección.
Cito, señor presidente los siguientes expedientes: 55/10, 1112/09, 1072/09 y 479/09; todos ellos contemplan distintas alternativas en búsqueda de una solución.
El 50 por ciento de los niños que nacen en la Argentina lo hacen de mujeres que no están casadas y carecen de toda protección.
Nos parecía que era muy importante aprovechar la oportunidad para crear una institución nueva y dar solución a tantos millones de personas sin protección, y avanzar también en una modificación al Código Penal agravando el homicidio en caso de que la víctima sea el conviviente, y abarcaba a todos...
Sr. Pichetto. – ¡Tiene que ver con la cuestión de fondo!
Sra. Escudero. – Estoy planteando la cuestión de privilegio contra el senador Pichetto, que nos ha tratado de tramposas.
Sr. Pichetto. – De tramposos...
Sra. Escudero. – No es así, senador Pichetto.
Sr. Presidente (Pampuro). – No dialoguen.
Sra. Escudero. – Nosotras nos hemos preocupado, hemos estudiado y hemos escuchado a miles de personas. Y la senadora Negre de Alonso ha hecho una tarea titánica; ha recorrido las provincias y ha escuchado a la sociedad argentina, que quería expresarse.
Señor presidente: es de una total injusticia lo que ha sucedido aquí y es una injusticia lo que usted hizo, es una ilegalidad, es inconstitucional –como dijo la senadora Negre–, pero fundamentalmente aquí quiero demandar el avasallamiento y la falta de respeto a un procedimiento que fue impecable de parte de la Comisión de Legislación General.
Sr. Pichetto. – ¡Están agraviando al presidente! ¡Es una infamia lo que están haciendo!
Sr. Presidente (Pampuro). – La senadora Estenssoro me pidió la palabra para hacer una moción de orden...
Sr. Cimadevilla. – Señor presidente: estoy pidiendo la palabra desde antes de que la pida la senadora...
Sr. Presidente (Pampuro). – Es para hacer una moción de orden.
Sr. Cimadevilla. – Pero yo soy miembro integrante de la Comisión...
Sr. Presidente (Pampuro). – Le voy a dar la palabra, pero ahora me la pidió la senadora
Estenssoro.
Sra. Estenssoro. – Gracias, señor presidente.
Quiero hacer una moción de orden.
Ayer en la reunión de presidentes de bloque acordamos una agenda, según la cual en primer término íbamos a tratar la sanción de la Cámara de Diputados –que además es lo que habíamos acordado para el día de la fecha–, y en segundo término se iba a tratar la impugnación al dictamen de unión civil. Entonces, me parece que para ordenar la sesión debemos cumplir con lo acordado y que el debate respecto de si es válida o no la impugnación debería hacerse después, porque de lo contrario no vamos a hacer ni una cosa ni la otra.
Sr. Fuentes. – Adhiero a la moción de orden.
Sra. Escudero. – Se debe tratar la cuestión de privilegio.
Sr. Cimadevilla. – Tengo pedida la palabra.
Sr. Presidente. – Le doy la palabra al senador Cimadevilla y después trataremos la moción de la senadora. Además, el senador Cabanchik también ha pedido hacer uso de la palabra.
Sr. Cimadevilla. – Yo no quisiera aportar elementos a este debate que puedan diluir su grave responsabilidad en este tema.
No voy a entrar a discutir el tema de fondo sobre si estamos ante identidad de proyectos o no, eso lo vamos a discutir en su momento y vamos a dar entonces los argumentos de por qué no hay identidad de proyectos, pero lo que no es tolerable es que usted, señor presidente, se convierta en juez de lo dictaminado por la comisión, porque usted no tiene ninguna facultad ni ninguna atribución. Eso será materia del pleno.
Yo no voy a discutir ahora; lo discutiré luego -si hay que discutirlo- si estamos ante proyectos idénticos o no.
Pero lo que es inexcusable es que usted se arrogue las facultades del cuerpo. Eso es lo grave. Lo otro puede ser materia de interpretación. Pero esto lo excede. Se trata de un avasallamiento de las instituciones de este cuerpo; es más, como dijo la senadora, sin siquiera derecho a defensa.
Si usted quiere, señor presente, ocupe su banca y defienda tamaña barbaridad, si es capaz de defenderla. Usted ha avasallado los derechos de todos los senadores en un tema sensible, en un tema que tiene en vilo a la sociedad argentina, que no es el más importante ni el que más preocupa, pero sí es una cuestión sensible.
De allí que yo ratifico lo dicho por la senadora Negre de Alonso. No estamos discutiendo la identidad de los proyectos. Estamos discutiendo el exceso de sus atribuciones.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Cabanchik.
Sr. Cabanchik. – Señor presidente: como vicepresidente de la Comisión de Asuntos
Constitucionales, que es la que va a recibir todas las cuestiones de privilegio planteadas, quisiera que quede en claro cuáles son las cuestiones de privilegio y sus contenidos.
En lo que dijo la senadora Negre de Alonso yo identifico una segunda cuestión, ni menor ni subsidiaria: la cuestión de privilegio presentada en relación al senador Pampuro, pero además está la cuestión de que una senadora de la Nación ha sido, por el relato que hizo la senadora Negre de Alonso, maltratada en la Mesa de Entradas de la Secretaría
Parlamentaria. Ese es un tema que tiene entidad en sí mismo. Me interesa saber si estamos considerando que va a estar dentro de la discusión de la cuestión de privilegio planteada en relación al senador Pampuro o vamos a tener alguna vía sumarial para tratar ese tema.
Sr. Pichetto. – Presidente, ponga a votación la propuesta.
Sr. Presidente (Pampuro). – Si no hay más cuestiones de privilegio, que pasarán…
Sra. Negre de Alonso. – Pido la palabra.
Sr. Presidente (Pampuro). – Sí, senadora, tiene la palabra.
Sra. Negre de Alonso. – Simplemente quiero aclarar que para el fundamento del recurso que he presentado como miembro de la Comisión tengo una carpeta grande. De manera que en este momento no estoy entrando al fondo de la cuestión ni estoy violando el Reglamento.
Sólo fundamenté la cuestión de privilegio. Para lo otro tengo una carpeta grande con las
fundamentaciones que he preparado debidamente.
Sr. Presidente (Pampuro). – Pasamos al planteo de la moción de orden…
Sr. Morales. – Pasemos al debate del tema, presidente.
Sr. Presidente (Pampuro). – Muy bien.
Sr. Morales. – Que pasen las cuestiones de privilegio a la comisión.
Sr. Presidente (Pampuro). – Las cuestiones de privilegio pasan a la Comisión de Asuntos Constitucionales.

MATRIMONIO DE PAREJAS CONFORMADAS POR PERSONAS DEL MISMO
SEXO
Sr. Presidente (Pampuro). – Corresponde considerar los dictámenes, en mayoría y en minoría, de la Comisión de Legislación General en el proyecto de ley en revisión por el que se modifican diversos artículos del Código Civil respecto de la inclusión del matrimonio de parejas conformadas por personas del mismo sexo. (C.D.-13/10).
En consideración en general.
Sr. Pichetto. – ¿Me permite…?
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Pichetto.
Sr. Pichetto. – Señor presidente: es un tema que hace al funcionamiento de este recinto.
¿Qué es ese cartel que aparece detrás de usted en las cortinas? ¿Qué sentido tiene?
Quisiera que me lo expliquen. Acá no hay privilegios. Siempre que hemos venido al debate en el recinto nadie vino con filminas a plantear los fundamentos.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Señor presidente: el senador Pichetto tiene la desgracia de que yo estoy acá como senadora desde hace varios años, al igual que el senador. Preparé esta presentación porque hay varios antecedentes en este Senado de presentaciones similares, sobre todo en este caso cuando no se pueden resumir en diez minutos cien horas de trabajo en las distintas provincias. Lo hizo el entonces senador Capitanich, lo hizo en su momento la senadora Seguí, que pertenecía al bloque del senador Pichetto, con el famoso tema del Banco
Central. Lo podrá recordar acá el senador Verna.
Dura diez minutos, senador Pichetto.
Sr. Pichetto. – Nosotros estamos dispuestos a autorizarlo.
Sra. Negre de Alonso. – Bueno, entonces, pido autorización.
Sr. Pichetto. – Se decide en el recinto, porque si no cualquiera mañana viene con cualquier
otra cosa. Ponen banderas…
Sr. Presidente (Pampuro). – En consideración, la autorización solicitada.
– Se practica la votación.
Sr. Presidente (Pampuro). – Resulta aprobada.
Sr. Juez. – Pido la palabra…
Sra. Negre de Alonso. – ¿Me da la palabra, entonces, señor presidente? ¿Empiezo?
Sr. Presidente (Pampuro). – Si usted es la miembro informante, sí, comenzamos con usted.
Perdón, el senador Juez me había pedido la palabra…
Sr. Juez. – Señor presidente: probablemente le resulte ingenuo lo que voy a decir, porque nuestra escasa experiencia en el Parlamento por ahí hace que esta pregunta le parezca estúpida. Pero como hemos escuchado vanidades personales, le quiero decir que como integrante y secretario de esa Comisión no sabía que podía tener acceso a este tipo de medios para fundamentar el proyecto aprobado por la Cámara de Diputados.
En esto coincido con el senador Pichetto, porque si este recinto es el que permite, habilita o autoriza la utilización de este tipo de recursos, que esos recursos estén al alcance de todos. Yo soy secretario de la Comisión de Legislación General y me encantaría haber gozado de esos privilegios, o al menos saber que existen para poder contar con ellos a la hora de fundamentar la aprobación del proyecto que viene de Diputados. Hablo de tener las mismas reglas de juego y los mismos instrumentos al alcance de mis manos, pues no los tuve.
En consecuencia, solicito que por Presidencia se informe a los nuevos senadores que cuentan con acceso a ese tipo de información por más que no sean presidentes de comisiones.
Sr. Presidente (Pampuro). – Muy bien.
Tiene la palabra la señora senadora Estenssoro.
Sra. Estenssoro. – Simplemente es para solicitar que se haga algo con la calefacción. Acá hay un artefacto que debería brindar calefacción, pero produce aire frío. Los que estamos de este lado del recinto, en la sesión pasada ya nos empezamos. Realmente es difícil estar muchas horas acá, con aire frío, en pleno invierno. Entonces, solicito que lo apaguen.
– Varios señores senadores hablan a la vez.
Sr. Presidente (Pampuro). – La culpa la tengo yo. Écheme la culpa a mí. (Risas)
Señor senador Pérez Alsina: usted me pidió el uso de la palabra.
Sr. Pérez Alsina. – Señor presidente: apoyo la moción para que se autorice lo solicitado.
Y, senador Juez, usted que habla de vanidades personales, creo que no es el más indicado para eso. Estudie un poco más antes de no saber qué es lo que se hace hoy.
– Varios señores senadores hablan a la vez.
Sr. Juez. – Señor presidente: seré breve, porque tengo mucho respeto por las personas grandes.
Senador: no se sienta aludido. El país nos está mirando y hemos perdido cincuenta minutos mirándonos el “pupo”. ¡Animémonos a discutir lo que la sociedad quiere que discutamos de una vez por todas! Pensar en nuestras cuestiones personales o individuales, en el maltrato individual, no es lo que el país nos está pidiendo como senadores. No me refería a su vanidad. En ese sentido, si usted se sintió ofendido, le pido disculpas. Pero el país completo nos está mirando y espera que entremos al fondo de la discusión, que digamos que “sí” o que “no” con la autoridad que nuestro conocimiento nos da, y no estar mirándonos el “pupo” durante cincuenta minutos o ante cuestiones de privilegio planteadas por asuntos que verdaderamente son secundarios.
Probablemente, mi presencia en este recinto sea tan nueva y tan novedosa para decir que estas cuestiones se resuelven de otra forma, de otra manera, pidiendo disculpas, dándose la mano. Realmente, desconocía el planteo de todas estas cuestiones de privilegio cuando nos sentimos ofendidos. ¡Hasta falta que se plantee una cuestión de privilegio porque el aire acondicionado tira aire frío!
Si se sintió ofendido, señor senador, le pido disculpas.
Sr. Pérez Alsina. – Eso es vanidad.
Sr. Juez. – No hablaba de su vanidad, que está claro que es grande y la protege bien.
Sr. Presidente. – Muy bien. Vamos a comenzar con el tema.
Tiene la palabra la presidenta y miembro informante de la Comisión de Legislación
General, senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Señor presidente: estoy midiendo si digo o no digo lo que tengo que decir, pero lo voy a decir.
Ayer aclaré perfectamente en la reunión de labor parlamentaria, y lo repetí recién, que el 19 de mayo –tengo los documentos acá y los pueden ver en Intranet– ingresaron los dos proyectos. Entonces, hubo diecisiete reuniones de la Comisión de Legislación General, ocho acá y nueve en las provincias.
En todas figuraban los dos proyectos y después se fueron agregando los otros que los senadores y senadoras fueron presentando.
Como el senador Juez lo dijo ayer, en la reunión de labor parlamentaria se lo aclaré; anoche lo repitió en la televisión y ahora vuelve a decir que no tenía conocimiento. Quiero decir que el senador asistió sólo a dos reuniones, y con la de Córdoba, tres. Entonces, todo esto era de público conocimiento para los senadores de la comisión. Me hubiera encantado que participe pero, si no asistió a las reuniones de comisión, lo lamento. Lamento tener que decir esto pero el senador Juez anoche lo dijo en la televisión y ahora lo sigue diciendo.
En primer lugar, quiero agradecer al cuerpo por la decisión de federalizar el debate, eso fue muy importante. Ustedes saben que son 100 horas y 35 minutos de debate en nueve provincias. Lamentablemente, el avión de LAN se rompió en Jujuy. Fui a tomar el avión de LAN a Salta porque me daba la posibilidad de estar más horas en Jujuy. El avión se rompió y a las tres de la mañana nos cancelaron el vuelo; a esa hora tuve que despertar al senador Lores para decirle que no llegaba, por lo que frustró la reunión en Neuquén. En el libro que les hemos hecho llegar agregamos la documentación que entregaron los neuquinos y neuquinas, que lamentablemente no pudo ser presentada en forma oral.
Recorrimos 15.500 kilómetros; iniciamos las reuniones la primera semana de junio y terminamos, como el cuerpo lo había decidido y con el compromiso que había asumido, el 6 de julio. Participaron 1087 oradores y fueron, reitero, 100 horas, 35 minutos de debate.
Para no dilatar mi exposición, pensando que ayudaba, resumí lo acontecido en un pequeño video que, si el personal de Senado me ayuda, podemos comenzar a ver.
– Se proyecta un video.
– Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1º del H. Senado, senador Juan Carlos Marino.
– Una vez finalizada la proyección, dice el:
Sr. Presidente (Marino). – Continúa con el uso de la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Señor presidente: en el video que acabamos de ver no se plasmaron los agradecimientos.
Por eso, en primer lugar quiero agradecer a los señores taquígrafos de todas las legislaturas provinciales donde nos constituimos, dado que fueron muchas horas de debate; sobre todo en Salta, con casi quince horas. Nunca tuvimos menos de ocho o nueve horas de trabajo, y todo fue cubierto por los taquígrafos provinciales.
También quiero expresar mi agradecimiento a la Dirección de Imagen del Senado; al
Senado TV, dado que siempre nos acompañó; a la Secretaria y al resto de la gente de la
Comisión de Legislación General; y especialmente a los asesores de los senadores en cada provincia, quienes nos dieron la infraestructura que necesitábamos. Nos facilitaron las inscripciones y nos dieron toda su ayuda. No tengo los nombres de todos ellos; por eso no los puedo nombrar, pero fueron muchos. Cada senador aportó su equipo para hacer realidad esto.
Asimismo, extiendo el agradecimiento a la gente de mi despacho, que en verdad pusieron todo su esfuerzo para que esto se haga realidad; a la Secretaría Administrativa del secretario Rins, que puso todo el esmero para que los señores senadores y señoras senadoras pudieran tener este material, que he sintetizado pero que quienes me acompañaron saben que es mucho más. Acá está sintetizado absolutamente todo, dividido por provincia. Me imagino que ya todos lo vieron. Los tres primeros tomos se refieren a Buenos Aires y, después, cada una de las provincias. No solamente están las versiones taquigráficas sino todo el material que me entregaron en cada provincia.
Esto se sistematizó desde la comisión, junto con los equipos de trabajo de mi despacho y con todo el apoyo de la Secretaría Administrativa, a la que quiero agradecer públicamente porque teníamos que llegar al día 6 y, por supuesto, queríamos que antes de hoy todos los senadores tuvieran este material.
Señor presidente: quiero hacer algunas consideraciones…
Sr. Presidente (Marino). – Perdón, senadora: le solicita una interrupción la senadora
Morandini.
Sra. Negre de Alonso. – Sí; cómo no, senadora.
Sr. Presidente (Marino). – Para una interrupción, tiene la palabra la senadora Morandini.
Sra. Morandini. – Posiblemente no conozca en profundidad el Reglamento; posiblemente cometa errores de tipo parlamentario. Entonces, desde ya les pido disculpas. No lo tomen como pedantería, pero creo que si hay algo de lo que sé es de información y de televisión.
En la televisión, a diferencia de lo escrito, cuando uno saca de contexto, le da sentido.
En lo escrito, se saca de contexto y se pierde el sentido.
De modo que lo que hemos visto recién es propaganda, no información. Es una pena, señora senadora, por todo el trabajo que usted hizo y sobre el cual no hacía falta hacer propaganda, porque todos hemos reconocido que usted ha recorrido el país y ha abierto las audiencias públicas. Pero no podemos saber con qué criterio de selección se eligió esto cuando son miles las personas que han pasado por la comisión. Entonces, lo mejor que nos puede pasar es que nosotros no devaluemos lo que tiene que ser una información y no una propaganda, porque eso es lo que nos hace perder la autoridad cuando le reclamamos al oficialismo que una cosa es publicitar los actos de gobierno, que es la obligación que tenemos y que es lo que usted ha hecho, porque con todo lo que nos ha preparado cumplió con la obligación de presidente que es publicitar y dar información, y otra cosa es hacer propaganda de lo que uno hace, lo que no tiene que ver con la información.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Le agradezco su sugerencia, señora senadora. No está en mi intención hacer propaganda de nada, sino simplemente hacer una síntesis. Son cien horas de grabación que están a disposición de todos. Ayer fui a ver esto y realmente les puedo asegurar que es impresionante: la mitad de una pared de una habitación está ocupada por todas las grabaciones que se hicieron. Pensamos hacer llegar a cada senador el material que corresponde a sus provincias, porque varios me lo han pedido. Incluso, algunos me han comentado que a raíz de esto han conocido a jóvenes de grandes valores, comprometidos y con compromiso cívico, que participaron de estas jornadas. Precisamente, eso es lo que quiero rescatar: la fiesta de la democracia.
Con la señora senadora Corregido tuvimos que vivir la primera experiencia y, realmente, no sabíamos cómo nos iba a ir en ella. Esa reunión se hizo en el salón de una universidad al que asistieron 450 personas, no obstante lo cual la gente golpeaba las puertas de la institución para poder ingresar. Con absoluto respeto y tranquilidad logramos que esperaran afuera, donde se colocó un sistema de audio para que pudieran escuchar. A medida que la gente que estaba adentro iba saliendo porque se cansaba, otras personas iban ingresando al salón. Fue impresionante esa reunión, que tuvo la mayor cantidad de asistentes.
Ello hizo que el presidente de la Cámara mandara a contar a la gente y al comprobar que había 450 personas ordenó cerrar las puertas. Fue una fiesta de la democracia, un compromiso cívico, una cosa maravillosa. Los senadores de cada provincia que me acompañaron, que ayudaron, que organizaron, que contuvieron a la gente y que recogieron las ponencias, saben la importancia que tuvo esto y cuánto les agradeció la gente. Nos agradecían por estar allí y por tener la posibilidad de participar de esas jornadas en forma personal. Precisamente, a la señora senadora Corregido, que es del interior del Chaco y no de la capital, la gente le agradecía esto y le comentaba que era la primera vez que la conocían personalmente, dado que sólo la habían visto en afiches y por televisión.
Como somos humanos, cabe señalar que puede haber algunas cuestiones discrecionales en este resumen… Acá, la secretaria de la comisión me recuerda algo que es cierto: las versiones taquigráficas de estas reuniones también han sido subidas a la página web.
En primer lugar, quiero hacer un análisis para determinar para quién estamos legislando. A tal efecto, voy a citar unas palabras de una oradora que no fue propuesta por mí: la doctora Zambrano, quien al abordar esta temática dijo que, en realidad, en el debate público no se puede descalificar a los interlocutores desde el punto de vista de dónde se sitúan para participar; ni tampoco se puede descalificar en una sociedad que está anclada sobre principios liberales este tipo de propuestas y de abordaje porque en realidad hace la razón de ser de los actos y a la publicidad que se da a los actos de gobierno y a los actos legislativos.
Indudablemente estamos legislando para un Estado laico, pero esto no significa borrar las convicciones que cada uno de los ponentes tuvo en el momento de hacer públicas sus posiciones. ¿Por qué? Porque ya sea se hablaba desde la fe, como en algunos casos, o se hablaba desde otra convicción que también es una fe, como puede ser el ateísmo o el agnosticismo, todos indudablemente abordaban la temática en base al interés público que creían estaba en juego en una ley como ésta.
Consecuentemente, de ninguna manera se puede marginar uno u otro análisis.
Además, por una cuestión que es una realidad, señor presidente: porque en todas las provincias, inclusive acá, tuvimos una línea argumental. De hecho, algunos argumentaron a partir de la fe o de una militancia en distintos cultos y, por la otra parte, quizás existía la recriminación en el sentido de que estábamos legislando para un Estado laico. Pero en realidad, en la historia judeocristiana, esto está sumamente vinculado.
Si nosotros nos queremos olvidar absolutamente de la religión o mirar desde el positivismo las limitaciones y las regulaciones, veremos que en casi todos los códigos penales del mundo están penados el hurto, el homicidio, la violación, los abusos sexuales. De hecho, si vamos al origen de la religión judeocristiana, los Diez Mandamientos no hacen ni más ni menos que penar: no robarás, no cometerás adulterio, no violarás, etcétera. O sea que por más que queramos separarlos llega un momento en que por nuestra misma historia y nuestra misma tradición tienen un argumento en común.
En consecuencia, el pasaporte al debate es la razonabilidad intrínseca de los argumentos. No en nombre del liberalismo podemos destruir las propias libertades sino que, desde las convicciones de cada uno, en el ámbito público debemos verter nuestros argumentos inteligibles al hombre común para que los comprenda y para que la comunidad en su conjunto pueda caminar hacia la construcción del bien común.
Señor presidente: todos los derechos no son marginables de una coacción. El derecho positivo necesariamente tiene una coacción, y esa coacción es la sanción para la ruptura de la norma. Por eso, tampoco el análisis podemos hacerlo marginados de la coacción.
¿Qué es lo que hemos advertido? La senadora me dijo que era propaganda, pero en realidad yo traté de plasmar lo que desde mi interior –qué es subjetivo y qué es discrecional porque sí, soy subjetiva– me dejó todo esto. De hecho, creo que a todos los que participamos nos dejó lo mismo. Lo traté de resumir. A lo mejor no soy especialista como la senadora y la verdad es que lo hice con la gente del Senado, que fueron las personas que trabajaron tanto a efectos de sintetizar estas más de cien horas.
Ahora bien; lo que yo quise sintetizar en primer lugar es que hay situaciones de angustia; hay dolores; hay inequidades; hay desigualdades; hay situaciones para solucionar.
Entonces, ¿qué hice? Mi voluntad fue plasmarlo, transmitirlo, porque una cosa era escuchar, y otra distinta leer esos libros que preparamos entre todos. Entonces, me dije "tengo que trasmitir este dolor de alguna forma", porque hay una realidad hoy, en la República Argentina, con la que convivimos y a la cual debemos encontrarle una solución; no podemos negarla.
Me gustó el comentario de esa señora que dijo "soy una mamá diferente". Y me sucedió otra cosa en Catamarca. Cuando llegué a esa provincia era un mundo de gente; la senadora Monllau me entregó la lista y dije "invito a pasar al señor...", y a través del micrófono me dice una persona "¿puede rectificar lo de 'señor'?". Me doy vuelta, y era una señora. Le pedí disculpas públicamente, y después me acerqué, me disculpé en forma privada, y le dije que no la había querido ofender y que no sabía quién era. Esa persona me comentó que tenía cuerpo de mujer, pero voz de hombre.
Por una parte, eso era lo que había querido traslucir. Es decir, que hay dolores, situaciones de injusticia, y que tenemos que avanzar en brindar soluciones al respecto ya que hay una laguna normativa, como en el caso que acabo de relatar.
Señor presidente: hay una laguna normativa importante. Pero también hay una consecuencia, un reclamo casi unánime a lo largo y ancho del país, el cual pudimos recoger y al que hay que sumarle los testimonios que nos mandaron. Es más, hoy, cuando llegué al Senado, me encontré con un profesor de Salta −no me acuerdo su apellido en este momento−, quien me entregó un libro que aborda esta temática y me dijo "Senadora: vine porque lo que expuse en Salta estaba en la imprenta. Acá está el libro terminado para que lo tenga presente, y si no lo puede leer hoy, para que lo lea después".
Entonces, hay una realidad que debe atenderse, hay injusticias, y situaciones que no
únicamente se limitan a la convivencia entre las personas del mismo sexo. Para explicar esta cuestión me remitiré a un testimonio del doctor Marcos Córdoba −quien creo que fue propuesto por el oficialismo−, que es titular de la cátedra de Derecho de Familia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Él expresa: La familia hoy no se constituye sobre la base del matrimonio, porque existe el reconocimiento de muy diversas formas de familia, y motivada de muy diversas maneras.
Asimismo, el doctor habla de distintos tipos de convivencia: Considero que es un deber, hoy, que nos dediquemos al derecho de pensar en la asistencia de las generalidades, y dentro de esas generalidades, con abstracción de lo que motiva las uniones, porque esa es una cuestión de criterio reservada a la conciencia de las personas. Si esas uniones que están motivadas en una atracción sexual, están motivadas en una necesidad de asistencia y de compartir, además, lo económico, lo que cuenta es ajeno al derecho que hoy tenemos.
Por lo tanto, ese tema también fue planteado y lo escuchamos en el interior del país, o sea, la necesidad de que ingresemos en un pacto de convivencia. Inclusive, el doctor Córdoba dice claramente que no está de acuerdo con el pacto civil francés, y que sí lo está en que tiene que haber una legislación mucho más amplia que entienda y proteja a todos los tipos de convivencia, como, por ejemplo, la hija de crianza; los dos hermanos, uno viudo y el otro de pocos recursos, uno de los cuales acoge a su hermano, luego éste se muere y los herederos lo mandan al geriátrico; o el de la hija de crianza a la que se manda al asilo cuando fallece el matrimonio que la acogió y cuidó; o el de la sobrina con su tía. O sea, son todas situaciones que se han ido planteando y que hoy no tienen ningún tipo de acogida en el derecho argentino.
¿Qué sucede con el proyecto CD.-13/10 en consideración? Esa iniciativa se trató en dos días. Hubo una reunión y a la siguiente se elaboró el dictamen. En el caso del Senado, hubo cien horas de debate y no se ha logrado agotarlo. ¿Por qué digo esto? Porque varios señores senadores me han dicho que le agregarían diversas cuestiones al proyecto que finalmente fuera invalidado por el senador Pampuro. O sea que cien horas de debate no fueron suficientes para madurar un proyecto de dictamen.
¿Por qué no estamos de acuerdo con el proyecto sancionado por la Cámara de
Diputados? Para fundamentar esto, me quiero remitir a lo que dijo la doctora Medina. La doctora Medina dijo –lo vieron en la grabación y consta en la versión taquigráfica– que tenía el honor de pertenecer a la Comunidad Homosexual Argentina. Dijo que era asesora a pesar de ser heterosexual. Luego de esa declaración, quiero decir que la CHA me pidió una audiencia y en la reunión con ellos me dijeron que iban a entregar una declaración. En efecto, la recibimos en la siguiente reunión de la Comisión de Legislación General donde dejaban en claro que la Comunidad Homosexual Argentina apoyaba el proyecto sancionado por la Cámara de Diputados.
¿Por qué me gusta tomar lo dicho por la doctora Medina? Porque no comparto muchas de las cosas que ella plantea. Por ejemplo, plantea la igualdad entre el matrimonio heterosexual y homosexual, redefinición sobre la cual en lo personal no estoy de cuerdo. No obstante, la considero una autoridad calificada, y no sólo jurídicamente por su trayectoria, sino porque es autora de varios libros –es la autora de la iniciativa de unión civil de la Ciudad de Buenos Aires– y de varios proyectos en el extranjero. Además, como su pensamiento no concuerda con el mío, la valoro más a la hora de considerar la crítica que realiza. Ella dice que está absolutamente de acuerdo con la unificación, pero no está de acuerdo con el proyecto sancionado por la Cámara de Diputados. Para ello, da tres o cuatro argumentos muy contundentes.
El primero de ellos es que viola los derechos de las mujeres. ¿Qué dice respecto a esto? Dice que tantos años que se ha luchado para incorporar el “la” y por la Convención en contra de la discriminación de los derechos de la mujer y resulta ser que ahora, a través de un buscador, todo ese plexo normativo se ha transformado en un lenguaje neutro. Desapareció mamá, desapareció mujer, desapareció abuela y desapareció bisabuela. Ella dice que si se ha peleado en contra del lenguaje neutro, hoy no puede ser que los derechos de las personas del mismo sexo –que comparto, dice– sea a costa de los derechos de las mujeres.
Cuando estábamos en la provincia de Tucumán ya había tenido oportunidad de escucharla. Pero les quiero aclarar a todos, especialmente a la senadora Morandini, que quise volcar a todas las personas, inclusive, a las del INADI, que participó con la representación local y nacional. También a la Federación Argentina de Lesbianas, Gays. Bisexuales y Transexuales. Veo que se encuentra la senadora Corregido, representante de la primera provincia a la que viajamos. Recuerdo que ella me dijo que tenían intenciones de participar y lo que le contesté fue que primero le debía dar lugar a los chaqueños que quisieran hacerlo y me contestó que, en realidad, se trataba de una federación nacional, y efectivamente los incorporamos en Chaco y ellos se hicieron presentes en todas las provincias. Asistió todo el INADI local y todo el INADI nacional. Es más, el INADI inscribía y después me mandaba las inscripciones a mi despacho.
Sr. Presidente (Marino). – Senadora...
Sra. Negre de Alonso. – Me tiene que dejar un poco más, porque...
Sr. Presidente (Marino). – Quiero decirle que se está cumpliendo su tiempo...
Sra. Negre de Alonso. – Sí, ya sé, pero acordamos que debía tener tiempo para hacer referencia a todo esto.
Sr. Presidente (Marino). – Bueno, pero yo me adapto a los 40 minutos.
Sra. Negre de Alonso. – Sí, presidente. Gracias por avisarme.
Le quiero decir que cuando fuimos a Tucumán –y yo ya había escuchado esto– la delegada del INADI en Tucumán, que es la señora Teresa Ivankov, dijo que ella era nueva, que había asumido hacía cuatro meses en la delegación a partir de la Presidencia del señor Morgado, y permítame leer esta parte en la que se refirió a mí: “La senadora empezó con un lenguaje género sensitivo...
Sr. Presidente (Marino). – Perdón, senadora. Le solicita una interrupción la señora senadora por la provincia del Chaco.
Sra. Negre de Alonso. – Sí, cómo no.
Sra. Corregido. – Puedo esperar a que termine de leer; no hay problema.
Sra. Negre de Alonso. – Bueno, termino de leer entonces.
Mire si es importante el lenguaje, porque escuche lo que dijo la representante del
INADI en Tucumán: “La senadora empezó con un lenguaje género sensitivo que me enorgullece, como que hoy por hoy todos los diputados, legisladores, senadores y senadoras, lo están usando. Y este lenguaje género sensitivo nos permite ver, visibilizar, lo que antes no se visibilizaba. ¿Por qué? Porque lo que no se nombra en la palabra se desconoce y no existe, y nos permite a las mujeres hoy por hoy tener una igualdad de condiciones o casi tenerla en muchas cuestiones en materia laboral, civil, social y económica.”
¿Por qué cito esto? Porque esto es lo que dice la señora Medina: que el lenguaje que le impone la Cámara de Diputados, que saca la palabra “mujer”, pone la palabra “padre”, invisibiliza el lenguaje de la mujer y que eso es un retroceso.
O sea que la delegada del INADI, que es el instituto en contra de la discriminación local en Tucumán, que tiene especialistas en estos temas –en todos lados hubo un nivel importantísimo del INADI–, resalta que no utilicemos un lenguaje neutro; y el proyecto de la Cámara de Diputados, como lo hicieron a través de un buscador –porque está reconocido por todos que pusieron el buscador y transformaron “mujer” en “padres”– utiliza un lenguaje neutro. Esa es la primera cuestión. La segunda cuestión es lo referido a la patria potestad, al parentesco. Fíjese, presidente, que el proyecto de la Cámara de Diputados establece sólo una línea de parentesco: la parental masculina, porque en el proyecto ha desaparecido la parental femenina. Además, han desaparecido los hermanos de doble vínculo, porque hasta ahora los hermanos de doble vínculo son los que tienen un padre y una madre en común. Tienen derechos alimentarios y derechos específicos. Hermanos de vínculo simple son los hijos de un segundo matrimonio que no tienen un padre y una madre en común. Esto desapareció. ¿Cómo puede ser que los hermanos de doble vínculo tienen el padre en común y los de simple vínculo no? Entonces, hay una discriminación a los hermanos de doble vínculo.
¿Y qué pasa con el nombre? Por ejemplo, en el caso de la patria potestad el Código
Civil dice que en caso de desacuerdo entre el padre y la madre el juez resolverá, y en el proyecto dice “en caso de desacuerdo de los padres”. Desaparece la referencia a la adre.
Pero fíjese qué pasa con el apellido, señor presidente. Cuando son uniones del mismo sexo, por ejemplo de mujer con mujer, cualquiera de las dos elige el apellido que va a tener primero. Yo no puedo elegir... Bueno, yo ya estoy casada, pero mi hija que se está por casar dentro de poco no podría dar a sus hijos el apellido de ella antes que el del marido. Hubo varios proyectos de ley al respecto pero nunca lograron sancionarse.
Entonces, nuestros hijos o nuestros nietos de heterosexuales siempre llevan el apellido del hombre. En cambio, en el caso de personas del mismo sexo eligen el apellido que va primero; puntualmente en el caso de las mujeres eligen cuál es el primer apellido que se pone.
Por ejemplo, en el caso de la tenencia de hijos menores de cinco años, el proyecto discrimina a los hombres porque en el caso de los chicos menores de cinco años en la unión heterosexual la tenencia le corresponde a la mujer. En cambio en los del mismo sexo le corresponde a aquel que se decida.
Lo más grave es no reformar el régimen de presunción de paternidad y de maternidad en base a la diferenciación sexual. No hay una modificación del régimen de paternidad.
Comentaba la doctora Medina aquí en el Senado –y aclaro que siempre me refiero a la doctora Medina, a quien considero una verdadera autoridad en el tema– que en los países en los que se legisló este tema, primero se legisló todo lo referente a la paternidad, porque acá hay tres padres o tres madres o dos padres y una madre o dos madres y un padre. Entonces, primero se deben regular todas las acciones referentes a la paternidad y a la maternidad, que hoy nuestro Código Civil las sigue recepcionando. O sea, no ha sido acogido en esta reforma a tono con la igualdad de matrimonio.
Sr. Presidente (Marino). – Señor senadora: la senadora Corregido le solicita una interrupción.
Sra. Negre de Alonso. – Sí, cómo no.
Sr. Presidente (Marino). – Para una interrupción, tiene la palabra la señora senadora Corregido.
Sra. Corregido.- Como la senadora hizo alusión al debate en la provincia del Chacho y a mí persona en particular, quiero hacer unas aclaraciones. Primero que nada, adhiero a lo que dijo la senadora Morandini en relación con la propaganda. Al respecto quiero señalar que en el video se muestra a la diputada Ávila, que vino por la provincia del Chacho y se arrogó la representación de la provincia del Chaco.
Dijo –está en la versión taquigráfica- que la provincia del Chaco no estaba de acuerdo con esta ley de matrimonio igualitario, y nombró al bloque Frente de Todos y al bloque Chaco Merece más. Pero después los diputados de la provincia del Chaco en un acto solemne me dieron las siete resoluciones que los representantes de la provincia aprobaron a favor de la ley de matrimonio igualitario y de la adopción, cuyos originales acerqué a la Comisión de Legislación General, copia de los cuales fueron distribuidas a todos los senadores de esta Cámara. Lo quiero dejar aclarado porque justamente en el video aparece esta diputada que se arrogó la representación de la provincia sin tenerla y mintió. La verdad que en este tema en el que está tan mezclada la religión mentir sí es pecado.
Por otro lado, desmiento que yo haya dicho que a mí me conocen por los afiches.
Creo que de los tres senadores por la provincia del Chaco soy la única que está aquí por internas abiertas, que se hicieron en el Partido Justicialista. Ganamos con el gobernador
Capitanich las internas. Recorrí la provincia a lo largo y ancho un montón de veces. Después ganamos las elecciones generales con el 48 por ciento de los votos y yendo en la boleta con distinta denominación a la de la presidenta. En efecto, la presidenta Cristina Fernández iba con el Frente para la Victoria, y el senador Biancalani y yo íbamos con la consigna Chaco Merece Más.
Además, hace quince años que vivo en Resistencia. Soy del Chaco. Resistencia es la
Capital. Soy de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña. He trabajado treinta años como docente y militado en el Partido Justicialista. Además estoy adherida al movimiento Norte Grande, cuando todavía el proyecto “Kirchner Presidente” era un sueño para 2007. Por lo tanto, no acepto que se diga que se me conoce solamente por los afiches.
Sr. Presidente (Marino). – Señora senadora Negre de Alonso: le recuerdo que estamos usando…
Sra. Negre de Alonso. – Tengo cuarenta minutos. Me puso veinte nada más…
Sr. Presidente (Marino). – No, llevamos más de cincuenta, senadora.
Sra. Negre de Alonso. – Ya termino, señor presidente.
Le pido disculpas, senadora, pero se lo quise decir como un elogio, porque elogiaron la cantidad de horas que usted estuvo. A mí se me acercó un grupo de personas a decirme que había tenido la oportunidad de estar con usted por primera vez, porque nunca antes habían estado con usted personalmente. Pero eso no es en desmedro suyo, al contrario. Lo quise decir como un elogio. Si usted lo tomó como una ofensa, me habré expresado mal. Los diez pecados capitales de la ley: Introducir el matrimonio homosexual en un sistema jurídico pensado para un matrimonio heterosexual. Aclaro que siempre estoy
referenciando a la doctora Medina. Pretender dar iguales efectos a uniones que son diferentes y cuya diversidad es la base del matrimonio argentino, sin modificar el resto de la ley. Equiparar los efectos de las uniones utilizando un lenguaje neutro.
Determinar que son hermanos bilaterales los que proceden del mismo padre, dejando de lado la tradicional definición según la cual son hermanos bilaterales los que proceden del mismo padre y madre, sin advertir que los hermanos bilaterales no pueden proceder del mismo padre porque dos hombres en conjunto no pueden concebir.
Establecer el parentesco colateral sólo por línea paterna, a partir de los abuelos y bisabuelos, haciendo desaparecer inexplicablemente las relaciones con las abuelas y las bisabuelas. Dar en lo relativo al apellido de casadas mejores derechos a las mujeres que deciden formar parejas homosexuales que a aquellas que se casan con un hombre, porque las primeras pueden optar por el apellido de la familia, mientras que las segundas, o sea las heterosexuales, no.
Otorgar un régimen más beneficioso para las lesbianas que para las mujeres que contraigan nupcias heterosexuales respecto del apellido de los hijos, porque las lesbianas pueden dar el primer apellido a sus hijos, mientras que los hijos menores unidos en matrimonio heterosexual llevan siempre el apellido paterno.
Establecer un sistema más beneficioso a los hombres unidos en matrimonio homosexual que a quienes se casan con una mujer en lo que respecta a la tenencia de los hijos menores de cinco años.
No reformar el régimen de presunciones de paternidad y de maternidad que se estructura en base a la diferencia sexual, a diferencia de todas las legislaciones del mundo que no aplican iguales efectos a los matrimonios hetero que a los homosexuales.
Dar mejores derechos sucesorios a los matrimonios de lesbianas y homosexuales que a los matrimonios heterosexuales.
Esto está escrito y fue dicho acá por la doctora que ha sido asesora de la CHA.
En ese sentido, escuché que se citó mucho a Rodríguez Zapatero y también se habló – y esto ya no lo voy a leer, porque no haré a tiempo– sobre la ley española. Sin embargo, sabido es que el Consejo del Poder Judicial Español, por la Ley Orgánica española, tiene derecho a hacer dictámenes sobre los anteproyectos de leyes. Y el dictamen que se elaboró con respecto a la ley española fue categórico al decir que es un error en el discurso considerar a la homosexualidad como una identidad, como un estado de la persona, cuando es una orientación subjetiva del deseo sexual. Entonces, el Consejo del Poder Judicial español dice que pretender dividir a los humanos en dos categorías, hetero y homosexuales, es una construcción ideológica. El matrimonio no es un objeto neutro, deseable independientemente de lo que se desea que sea.
Me remito a toda esta documentación que está a disposición en la Comisión.
Ahora bien, todo este tema de la discriminación me parece que ha tenido un punto importante el 24 de junio –nosotros lo conocimos el 25 de junio– con la sentencia que dictó el Tribunal de Derechos Humanos de Europa, con sede en Luxemburgo. Dicho Tribunal dijo que, desde el punto de vista integral, observa que el artículo 12 no excluye el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres. Me refiero al artículo 12 del Convenio Europeo para la protección de Derechos Humanos, que es igual a la Convención Americana de Derechos
Humanos. Sin embargo, advierte que es una interpretación integradora de toda la Convención y no puede admitirse ya que el único artículo que habla del derecho del hombre y de la mujer es el referido al matrimonio. Por el contrario, todos los artículos sustantivos de la Convención conceden los derechos y libertades a todos o afirma que nadie puede ser sometido a cierto tipo de tratamiento prohibido.
Es largo y hay comentarios importantes que ya se han publicado sobre este fallo. Lo importantes es que dice que un país no discrimina sobre la base de la Convención Europea de Derechos Humanos cuando no equipara el matrimonio heterosexual con el homosexual, siempre y cuando se le de regulación normativa al otro tipo de uniones.
¿Cuál es la situación internacional? Nueve países en el mundo tienen matrimonio homosexual, siete de los Estados Unidos de América y un estado de México. En Europa son los Países Bajos, Bélgica, España, Noruega, Suecia, Portugal e Islandia; en América del Norte, Canadá; y en África, Sudáfrica. Además, el matrimonio es legal en seis jurisdicciones de los Estados Unidos de América, Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire y Washington, y en una jurisdicción de México. En total, nueve países tienen matrimonio homosexual y 20 países tienen unión civil.
¿Qué es lo que más me preocupa? Me preocupa y mucho –me preocupa y mucho, y con esto voy terminando– que el proyecto que viene de la Cámara de Diputados no ha abordado integralmente una reforma del nivel que se quiere hacer. Por ejemplo, como dije antes, las acciones de filiación no han sido modificadas. No me preocupa que las personas homosexuales, si se quieran casar, se casen, sino el efecto sobre terceros. Me reocupa qué vamos a hacer con la educación sexual, porque a partir de este proyecto de ley la sexualidad se construye. Reitero, por eso promoví el proyecto de unión civil porque quiero que se le den absolutamente todos los derechos. En ese sentido, el proyecto que habíamos propuesto, que es mejorable, reconocía casi el 99 por ciento de los derechos.
Lo que no comparto es este manual que empieza a repartir ahora el Ministerio de
Educación de la Nación y que se llama “Educación Afectivo-Sexual en la Educación
Primaria”. No lo comparto. El manual señala que los objetivos son conocer el cuerpo y tomar conciencia del crecimiento del mismo reconociendo diferencias con el otro sexo y con las personas adultas desarrollando hábitos de bienestar corporal, asumiendo el cuerpo como fuente de sensaciones, comunicación y placer como una identidad sexual libre de elementos de género discriminatoria. Esto no lo comparto, señor presidente.
Mi mayor preocupación es el impacto que va a tener sobre la educación. En el manual figura un niño y una niña desnudos y cositos para ir aplicándoles en cada uno, depende de cómo uno quiere construir el sexo, la construcción sexual. Acá dice: Debemos cuestionar las características consideradas culturalmente como propias de uno u otro sexo... Cuestionar.
Esto está preparado para los chicos del primario. Cuestionar las características consideradas culturalmente como propias de uno u otro sexo, cuidando no reforzarlas y desarrollando actividades de compensación que contribuyan a eliminar estas actitudes y comportamientos discriminatorios, favoreciendo con ello la asunción positiva de la identidad sexual.
Acá está eso que estaba mostrando: figuras con las partes del cuerpo. Entonces, las van llenando los chicos, depende de lo que quieran ser: hombre o mujer, nena o varón. Esto es lo que más me preocupa de este proyecto de ley: qué va a ser la educación sexual a partir de ahora. Porque ahora no hay una sola sexualidad. Ahora vamos a tener que enseñarles también a nuestros niños qué es el lesbianismo, qué es gay, qué es bisexual, qué es transexual. Les vamos a tener que enseñar eso a los niños. Ya no les vamos a enseñar únicamente hombre y mujer. No cómo nacemos hombre y mujer sino que les vamos a enseñar, a partir de esta ley y de lo que está en este manual del Ministerio de Educación, que el sexo es una construcción cultural.
Culmino, presidente, diciendo... No, no doy más interrupciones...
Sr. Presidente (Marino). – Le sugiero que redondee, porque superamos los sesenta minutos.
Sra. Negre de Alonso. – Sí, pero me parece, presidente, que habíamos dicho que el miembro informante iba a tener más minutos, y además es tan importante esta ley que me encantaría que todos...
Sr. Presidente (Marino). – Me acaba de decir el secretario parlamentario que se convino cuarenta minutos, después diez por cada orador.
Para ser igualitarios, a la senadora Fellner también le voy a dar el mismo tiempo que le he dado a usted.
Adelante.
Sra. Negre de Alonso. – Señor presidente: concluyo con esto. Nosotros, en el proyecto que habíamos elaborado y que ha sido inhabilitado por el senador Pampuro, habíamos modificado la Ley de Jubilaciones y Pensiones para el derecho a pensión, asignaciones familiares, obras sociales, el bien de familia –para protección del bien de familia–; la modificación de la Ley de Locaciones Urbanas para modificar las locaciones; la Ley de Salud Pública para el consentimiento informado, para la historia clínica; la legitimación procesal, para reclamar por daños y perjuicios; modificábamos la Ley de Migraciones para que los unidos civilmente se consideraran residentes permanentes como los argentinos. Habíamos incorporado el régimen patrimonial de las convenciones patrimoniales y la prestación compensatoria, en un proyecto que –creo, presidente– lo hubiéramos podido sacar, en esta etapa, a lo mejor por unanimidad, contemplando el 99,99 por ciento de los derechos y podríamos haber ido trabajando sobre dos cosas que habían quedado pendientes. Es decir, los pactos de solidaridad, que era lo que yo sostenía, y la modificación integral de la Ley de Adopción que sostenían varios señores senadores y senadoras que no pudimos llegar a un acuerdo para ese dictamen.
Por todo eso, presidente, es que hemos dictaminado en contra del proyecto de la
Cámara de Diputados, hemos trabajado por un proyecto de consenso de unión civil y vamos a votar en contra del proyecto que viene de reforma del Código Civil de la Cámara de
Diputados.
Sr. Presidente (Marino). – Senadora Fellner: le doy la palabra y le aseguro que voy a contemplar los sesenta minutos que habló la senadora.
Sra. Fellner. – A mí el presidente de bloque me había dicho que eran cuarenta minutos como máximo. Yo voy a ser respetuosa del tiempo que se había convenido en la reunión...
Sr. Presidente (Marino). – Perdón, el senador Pichetto le solicita una interrupción.
Sr. Pichetto. – Cuando tengamos número quisiera que votemos el cierre de la lista de oradores de acuerdo a lo que acaba de hacer el secretario parlamentario.
Sr. Presidente (Marino). – Si los senadores que están de pie se sientan podemos llegar a tener quórum para poder votar.
Sr. Pichetto. – Por eso, cuando haya quórum...
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la señora senadora Fellner.
Cuando tengamos quórum, procederemos a votar el cierre de la lista de oradores.
Sra. Fellner. – Señor presidente: en principio, voy a utilizar los cuarenta minutos para exponer que me corresponden. Pero si me sobrara algo de tiempo y a usted le parece, los veinte minutos restantes se podrían repartir entre los colegas de mi bloque, porque al fin y al cabo, hablo en nombre de mi bloque.
La verdad es que la senadora Negre de Alonso usó algo que a todos nos resultó llamativo, es decir, a alguien de la comunidad homosexual en contra del proyecto que viene aprobado de la Cámara de Diputados, cuando todos pensábamos que debía ser justamente al revés.
Sin embargo, uno estudió y comenzó a analizar las distintas contestaciones, y todos hemos tenido acceso a las veinte carillas en las que la diputada Vilma Ibarra aclaró aquellas cosas que dijo la senadora Negre de Alonso, que a su vez ha manifestado la doctora Medina.
Sería muy lindo que leyéramos dicho material. Incluso, cuando ella dice que se desprecia el tema de la mujer, esto llama la atención. Y si uno empieza a investigar sobre este tema, en realidad podrá comprobar que se habla de padres en muchas partes del Código Civil, y no por eso las madres no estamos involucradas en eso, como por ejemplo en lo vinculado con el cuidado y la manutención de nuestros hijos. Yo he sido una madre sola, que he criado a mis tres hijos y cuando en la escuela me decían que había una reunión de padres, yo me sentía involucrada, yo era parte de esos padres.
Seguramente, en esta larga sesión que hoy vamos a tener, escucharemos hablar de muchas cosas. Pero, realmente, de lo que vamos hablar, de la esencia, de lo que finalmente estamos hablando, es de uno de los derechos fundamentales que todos tenemos como personas, que es el derecho a la igualdad; del derecho que tenemos como habitantes de este suelo argentino a la igualdad ante las leyes de este Estado, que por otro lado es un derecho consagrado en nuestra Constitución, que hemos ratificado a través de una serie de tratados internacionales.
Ahora bien, antes de entrar de lleno en el dictamen de la Cámara de Diputados, quiero en nombre de mi bloque agradecer a todas las personas que han participado en nombre propio o en el de alguna institución u organización, ya sea con su presencia o con su palabra, de las distintas audiencias públicas que hemos tenido en este Senado y en las distintas provincias con relación a este tema.
También a aquellos que, a través de notas, mails, llamados telefónicos y material de lectura nos han hecho conocer su postura y sus reflexiones sobre este proyecto, en especial a aquellas que muchas veces han hablado de la vida y nos han explicado cuál es su percepción y cómo debería ser vivida la vida, de acuerdo a como ellos piensan que esta sociedad debería ser. A todas ellas, les envío mi sincero agradecimiento por su aporte.
– Ocupa la Presidencia el señor presidente provisional del H. Senado, senador José Juan Bautista Pampuro.
Sra. Fellner. – Dicho esto, quiero pasar directamente al tratamiento del dictamen que tiene sanción de la Cámara de Diputados y que es el que hoy nos ocupa realmente.
El proyecto en cuestión propone la reforma de diversos artículos del Código Civil, con el fin de permitir que personas del mismo sexo puedan acceder al matrimonio civil con iguales efectos. Es decir, con iguales derechos y con iguales obligaciones como las tienen hoy las personas de distinto sexo cuando acceden al matrimonio civil.
Una de las disposiciones centrales de la reforma aprobada por la Cámara de
Diputados es la modificación del artículo 172 de ese Código Civil, que establece como requisito para el matrimonio el consentimiento expresado de hombre y de mujer. En el royecto se reemplazan estas palabras, “hombre y mujer”, por “contrayente”; y en los artículos siguientes se reemplazan las palabras “marido y mujer” por “cónyuges” luego, el dictamen establece una serie de adecuaciones a todos los otros artículos del Código Civil que hablan también de hombre o de mujer, de marido o de mujer, reemplazándolos por la palabra cónyuges.
Y el dictamen que hemos aprobado termina con una cláusula aclaratoria o, mejor dicho, de interpretación, donde se establece que todo nuestro ordenamiento jurídico tiene que entenderse en el sentido de afirmar los mismos derechos y obligaciones, tanto para matrimonios de personas del mismo sexo como de distinto sexo; siempre refiriéndome a matrimonio civil, lógicamente. Yo esperaba que esto se explicara, el por qué no, y que entráramos en otras cuestiones. Pero esto es lo que viene de la Cámara de Diputados, a lo mejor en una abreviación muy pequeña, pero es básicamente esto. Lógicamente esta iniciativa nos invita y nos exige reflexionar y llevar a la práctica cuestiones básicas en lo que se refiere a derechos humanos.
Bien ha dicho la senadora Negre de Alonso que esto ha dado margen a un gran debate que, en el tiempo, ha ido aumentando, día a día, en intensidad. Se han ido incorporando conceptos nuevos. Algunos sumamente válidos, algunos de gente que evidentemente había estudiado con detalle lo que vino de Diputados. Sin embargo, no podemos decir que todo ha sido así. Hemos visto cuestiones muy parcializadas. Hemos visto, sentido y escuchado opiniones cargadas de prejuicios, de estigmas, de falsedades, de hipocresías y de muchos otros argumentos. También –y con todo el respeto- a mi entender, hemos escuchado muchos argumentos que tienen más que ver con dogmas de fe que con lo que realmente estamos tratando, que es la reforma del matrimonio civil, una institución civil. Estamos modificando leyes civiles en un Estado laico. Eso es lo que estamos haciendo.
De ninguna forma, de ninguna manera, nosotros, los legisladores, podríamos estar legislando sobre un matrimonio confesional. De ninguna manera podríamos introducirnos en eso. Estamos legislando sobre el matrimonio civil, institución civil para un Estado laico. Eso es lo que estamos haciendo. Un Estado que es diverso, claro que sí. Y de acuerdo a cómo respetemos y cómo entendamos esa diversidad, vamos a evolucionar como sociedad, señor presidente. Es la única forma.
El matrimonio civil es una construcción. No cabe ninguna duda. Ha sido modificado a través del tiempo. El matrimonio civil es una construcción social, cultural y económica en un determinado tiempo y en un determinado espacio. Y al ser fruto de una construcción social y cultural tiene un carácter dinámico porque la base es el hombre, y éste es cambiante social y culturalmente en el tiempo.
Entonces, el matrimonio civil es un concepto que está al servicio del hombre. De ninguna manera el hombre puede estar al servicio de un concepto, como en este caso es el matrimonio civil. Por lo tanto, es perfectamente admisible su modificación en tanto le resulte beneficioso a una realidad que ya existe en una sociedad.
Algunos ejemplos muy claros, para ver cómo ha ido cambiando este concepto de matrimonio adecuándose a la realidad de las distintas épocas. Antiguamente, los padres arreglaban los matrimonios de los hijos. Por eso, justamente, el artículo 172 del Código Civil dice que el matrimonio exige el consentimiento expresado. Hoy eso resulta una obviedad, pero tiene que ver con esto que estoy diciendo, que antiguamente los matrimonios se arreglaban entre los padres, con quiénes se debían casar esos hijos y esas hijas. En algunos estados era impensable que dos personas de distinta raza se pudiesen casar y hoy lo estamos viendo. Era impensable que no fuera indisoluble. Y todo ha ido variando, porque las implicancias y lo que significa ese matrimonio se ha ido adaptando a realidades distintas de esta misma sociedad, a situaciones diferentes y, en muchos casos, a derechos que han sido ganados por esa sociedad. De ninguna forma se puede seguir con el concepto de que el matrimonio civil es estático. Al revés, tiene que ser en beneficio de esa sociedad que va cambiando.
La realidad, señor presidente, lo real, lo que vivimos: la homosexualidad existió desde siempre y existe en nuestra sociedad. Hay un grupo de personas que elige llevar adelante su proyecto de vida con otra persona del mismo sexo. Y en este sentido lo que estamos haciendo es legislar sobre una realidad preexistente.
El principio fundamental y el derecho de que todos somos iguales ante la ley no pueden ser alterados ni se les pueden poner trabas arbitrarias. Tenemos que explicar muy bien
y justificar perfectamente por qué estamos diciendo que hay personas que no pueden tener ese derecho fundamental de igualdad ante la ley. Y esto nos llevó a preguntarnos –y aquí cabe señalar que ha sido muy bueno lo que pasó en las audiencias y todo lo demás– cuáles son los argumentos para privar a un grupo humano, a un grupo de personas, de ese derecho.
Acá no quiero hablar de minoría porque creo que es más digno hablar de diversidad. Por qué y con qué justificativo privamos a un grupo humano de ese derecho fundamental de igualdad ante las leyes civiles? Hemos escuchado muchos argumentos y permítanme leer algunos de ellos: se dijo, por ejemplo, que el matrimonio es una institución natural entre un hombre y una mujer; que el matrimonio lleva implícito la procreación, algo que no podrían hacer los homosexuales; se habló muchísimo de la tradición, y hasta se sostuvo que los homosexuales son promiscuos, infieles e incapaces de tener vínculos en el tiempo. Frente a ello, yo pregunto: ¿cómo estamos los heterosexuales? ¿No será que eso depende de las personas y no de su elección sexual? Aclaro que esta última es una reflexión personal.
También dijeron que hay que tratar de igual a los iguales y de diferentes a los diferentes. A la vez –y esto quiero tratarlo con mucha precaución–, hay quienes sostienen que se desnaturaliza el concepto de familia: pues bien, más adelante me voy a referir en particular a este concepto porque es muy caro al sentimiento de absolutamente todos los argentinos. E, incluso, hasta se ha hablado de guerra santa. Yo ya dije cuál es mi postura con respecto al matrimonio civil: en tal sentido sostuve que es una construcción social, económica y cultural, porque si no fuese así no habría tenido cambios en el tiempo, porque si es lo natural, tendría que ser armonioso y previsible y día a día sabemos que esto no es así.
En este tema yo comparto plenamente las palabras de nuestra presidenta Cristina
Fernández de Kirchner: ella dijo que este tema que estamos debatiendo hoy en unos años más será visto como una discusión casi anacrónica porque, en definitiva, lo que hace la ley del matrimonio igualitario no es obligar a la gente a que se case con las personas del mismo sexo, sino que simplemente toma en cuenta una realidad preexistente.
En 1987, cuando durante la presidencia del doctor Raúl Alfonsín se sancionó la reforma del Código Civil por la que se admitió el divorcio vincular, seguramente los legisladores que votaron en aquel momento no atentaron contra la familia, ni crearon una situación nueva, ni obligaron a la gente a divorciarse, sino que simplemente tomaron nota de un dato de la realidad, de algo que ya existía en la sociedad. Pues bien, ese dato era que existían matrimonios que ya no estaban juntos; o sea, personas que habían decidido que se había acabado ese matrimonio y sus integrantes estaban separados de hecho; inclusive, muchos de ellos habían formado nuevas parejas. Así, con la ley de divorcio vincular pudieron volver a casarse y formar nuevamente familias, familias distintas, pero nuevamente familias. En aquella oportunidad quedó demostrado con el tiempo que no todo el mundo se divorcia, que no corrieron todos los matrimonios a divorciarse, sino que sólo se divorciaron aquellos que vivían una realidad especial y quienes después, a lo mejor, volvieron a contraer matrimonio.
¿Quiere que le diga lo que pienso en verdad, señor presidente? No creo, realmente no lo creo, que una persona vaya a hacerse homosexual porque ahora le dicen que está permitido casarse en matrimonio civil; realmente, no lo creo. No creo que eso sea posible y tampoco creo que haya una avalancha en los registros civiles de personas homosexuales que se quieran casar. No lo creo. Lo van a hacer aquellos que lo quieran hacer. Esa es la realidad. Por otro lado, quiero decir que yo no comparto la modificación sobre la que se está hablando. Esto no agravia los derechos de los terceros, la moral y el orden público. Hay una realidad que no cambia, solamente les estamos dando la posibilidad de igualdad ante la ley, nada más. Simplemente le estamos dando derechos a aquellos que los tenían restringidos.
Otro tema es la adopción. Yo mencioné el eje de la realidad y voy a parar un poquito acá en adopción por algo que dijo la senadora Negre de Alonso con respecto a la educación.
¿No es mejor enseñarles a nuestros hijos la realidad que existe en nuestra sociedad?
Lógicamente, cuando se empieza a hablar y se toma un texto y se dice un pedacito de acá y otro pedacito de allá, se mezcla absolutamente todo. Cuando se habla de los estereotipos ¿no se está hablando de que solamente la mujer tiene que estar en la casa cocinando y atendiendo al señor que se va a trabajar? Se habla de eso, no de que se puede elegir qué sexo lleva una persona. De eso se trata cuando se habla de esto en la educación. Pero vuelvo al tema de la adopción.
En este caso podemos hablar de algo que ya también es una realidad. Por ejemplo, para adoptar, el Código Civil no exige orientación sexual, no lo dice en ninguna parte. Por lo tanto, se dan casos de personas solteras, como sí lo permite la ley, que pueden adoptar. Y fíjense que algunas de esas personas solteras, algunas, no todas, pueden ser homosexuales.
Entonces, por ley hoy los solteros homosexuales pueden adoptar. Esa es la realidad en la que estamos. Lo que sucede es que solamente uno de ellos, en el caso de una persona soltera homosexual adoptante, después forme pareja, uno solo de ellos queda anotado como adoptante. Si algo pasa con esa persona el niño queda desprotegido, aunque junto a ella haya habido otra persona pareja de esta persona que lo adoptó.
Realmente, en ese sentido, quiero aclarar algo. Se ha hablado muchísimo, ¿quién no puede decir que sí al derecho de un niño a tener mamá y papá? ¿Cómo que no? Se ha hablado tanto de esta cruda realidad de chicos que no tienen hogar, de chicos que están esperando poder ingresar a una familia para tener amor, contención. ¡Se ha hablado tanto! Pero con toda crudeza quiero aclarar que aunque no aprobemos este proyecto de ley, aunque digan que no a la igualdad de derechos de personas de vivir diferente, los solteros homosexuales van a poder seguir adoptando y van a poder seguir criando ese hijo. Será el juez, finalmente, que con todos los instrumentos y elementos de valor que tenga, el que determinará quién será el adoptante de ese chico, teniendo en cuenta, desde luego, el interés superior del niño. Esto sucede hoy y va a seguir sucediendo, exista o no esta ley de matrimonio civil igualitario. Es la realidad.
Por último, el tema de fertilización asistida, de la que tanto se ha hablado. No saben con qué alegría escuchaba yo hoy a la senadora Escudero hablando del 50 por ciento de las madres solas que crían a sus hijos. Hace tanto tiempo que en este Senado he presentado un proyecto de ley para aquellas personas que no quieren, no tienen ganas de ir al matrimonio y quieren tener un respaldo jurídico que no será igualitario al matrimonio, sino parecido. Este proyecto nunca se lo trató en esta Cámara. De golpe, ahora, están todos preocupados por legislar sobre eso. ¡Qué alegría, señor presidente, que podamos avanzar también en aquellos temas! Y también en este tema, el de fertilización asistida, porque ya es usado por muchas parejas y es usado por parejas heterosexuales. Y muchas veces, en parejas heterosexuales hay hijos que genéticamente no son iguales a su mamá ni a su papá, porque han sido engendrados por fertilización asistida. En el peor de los casos, genéticamente ni igual a papá y a mamá que los cría. Señores senadores: tenemos que legislar también en eso porque es una realidad.
Señor presidente: en este proyecto como nunca –y lo hizo también la senadora Negre de Alonso– se habla desde lo personal.
"Yo he pasado...", "yo siento que..." es hablar desde lo personal. Y es lógico que esto suceda, pues es un tema relacionado con cosas muy profundas, que hacen a la esencia del ser humano y en las que lo personal, lo de "hombre" o "mujer", tiene muchísimo que ver. En consecuencia, lo que expresaré a continuación, lo haré en forma personal: como Liliana Fellner, senadora por la provincia de Jujuy.
Yo vivo en la provincia de Jujuy, un lugar donde, al parecer, las cosas suceden muy lentamente. En ese sentido, siempre cuento la misma anécdota: hace dos o tres años, en la tapa del principal diario de mi provincia, apareció un título enorme que decía "Llegó a Jujuy la primera escalera mecánica". Hace un año y medio que en Jujuy tenemos escalera mecánica. Asimismo, la jujeña es una sociedad que todavía está discutiendo si para ocupar cargos legislativos provinciales, las mujeres deben estar contempladas en una ley de cupos.
Nunca se llevó al recinto un proyecto de ley provincial con respecto al cupo de la mujer. Esa es mi provincia −y lo digo orgullosamente−, magníficamente diversa. Y en esa diversidad crecemos.
La senadora Negre de Alonso hizo referencia a las audiencias. Por lo tanto, yo me referiré a la audiencia que se realizó en mi provincia. En principio, les agradezco a los jujeños y jujeñas que se presentaron para exponer en esa audiencia. Sin embargo, también debo decir algo con respecto a ella, caso contrario no me quedaría tranquila. La audiencia comenzó un poco tarde porque, en la gobernación, la senadora Negre de Alonso, el senador Jenefes y yo nos entretuvimos hablando acerca de algo de lo que todos estamos orgullosos: del Obispado, es decir, donde vive nuestro monseñor. Verdaderamente, se trata de una casa preciosa ubicada frente a la Plaza Belgrano. La senadora Negre de Alonso había estado desayunando, antes de la audiencia, con el monseñor de mi provincia. Entonces, hablábamos de la casa, de cosas generales, etcétera, y se nos hizo tarde para la audiencia. Comenzó tarde la audiencia en mi provincia, y me acuerdo de los nervios de la senadora Negre de Alonso.
Es cierto que habló mucha gente en contra. Pero una vez finalizada la audiencia −la tuvimos que dar por culminada muy apurados−, un grupo de gente me comentó que se había quedado sin hablar. Eran muchos, y todos entendieron que no había tiempo suficiente. Ante esa situación, hicimos una nueva reunión −no una audiencia como la de la Comisión de Legislación General− en una de las ciudades más grandes del interior de Jujuy; y allí se siguió hablando del tema.
En ese sentido, le comento a la senadora Negre de Alonso que algún día habrá que agregar esas expresiones, porque ella vio sólo una parte de lo que sucede en Jujuy. Nosotros, que caminamos la provincia, sabemos que hay otra parte de la sociedad; y a esa parte la pude escuchar en esa ciudad, por fuera de la audiencia de la Comisión de Legislación General. Por lo tanto, este tema depende de cómo se lo mire.
Soy católica, apostólica y romana. Soy una mujer heterosexual y orgullosa madre de tres hijos. Creo firmemente en la familia, pero también pienso que esa familia va mucho más allá de una unidad jurídica, social y económica. Adhiero fervientemente al concepto de familia como primer núcleo de solidaridad dentro de una sociedad porque, a mi entender, la familia es, ante todo, una comunidad solidaria de amor, y sobre todo, de comprensión y tolerancia.
Por estos conceptos, y porque creo que, como senadores, tenemos la obligación de legislar por la igualdad de los que viven y habitan en este territorio argentino- ante las leyes del Estado nacional− les pido a mis pares que acompañen el proyecto en consideración.
Sr. Presidente (Pampuro). − En virtud de que ya contamos con el quórum necesario, podemos considerar el cierre de la lista de oradores.
Por Secretaría se dará lectura de los señores senadores anotados.
Sr. Prosecretario (Canals). − Juez, Cimadevilla, Rojkes de Alperovich, Lores, Escudero,
Jenefes, Vera, Viana, Corregido, Bortolozzi de Bogado, Díaz, Corpacci, Bongiorno,
Guastavino, Parrilli, Meabe, José Martínez, Pérsico, Banisevich, Cano, Torres, Osuna,
González de Duhalde, Filmus, Cabanchik, Petcoff Naidenoff, Quintela, Monllau, Fernández,
Higonet, Bermejo, Artaza, Guinle, Mayans, Fuentes, Nikisch, Morandini, Pérez Alsina,
Calcagno y Maillmann, Basualdo, Castillo, Estenssoro, Romero, Giustiniani, Sanz,
Rodríguez Saá, Morales y Pichetto.
Sr. Presidente (Pampuro). – En consideración.
Si no se hace uso de la palabra, se va a votar el cierre de la lista de oradores.
– Se practica la votación.
Sr. Presidente (Pampuro). – Aprobado. Queda cerrada la lista de oradores.
Sr. Pichetto. – Hay que reordenarla, pero es esa la lista de oradores.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Juez.
Sr. Juez. – Señor presidente: para arrancar, quiero decir que no juzgue mi trabajo por los kilómetros recorridos ni por las millas voladas ni por las horas empleadas, sino que júzguelo por mis convicciones. Y con esas convicciones es que voy a hablar a continuación.
Me quedé con una frase relatada por la miembro informante de la Comisión al contar una anécdota ocurrida en Catamarca, donde una persona le dijo que tenía cuerpo de mujer, pero voz de hombre. Y señaló que se arrimó a ella, le dio sus saludos y le pidió disculpas.
¿Saben qué? Esa persona no necesita ni misericordia ni disculpas; necesita derechos.
Eso es lo que venimos a discutir esta tarde. Se discuten derechos y obligaciones de personas que no los tienen. De personas a las que nosotros hemos invisibilizado, porque las queremos ignorar, porque somos hipócritas y porque a la mayoría, heterosexuales, nos interesa mirar para otro lugar. Nos incomodan; somos indiferentes e intolerantes. Hoy se discute nada más y nada menos que eso. Quiero decir que mis vanidades nunca las discuto en el recinto parlamentario; y mis honores los defiendo sólo y como Dios me ha dado la posibilidad de hacerlo. Tengo una lengua filosa, de manera que si me tira con un salame se lo corto en fetas con la lengua.
Reitero que me defiendo sólo y, en lo que hace a mis vanidades, jamás me va a encontrar con un planteo de cuestiones de privilegio.
En honor a la brevedad y a la verdad, de la que juro que no me aparto, quiero decir que hubo tres reuniones de Comisión. Pero cuando se planteó el mecanismo de trabajo de la
Comisión y la autorización para recorrer el interior del país, con buen criterio, la señora presidenta de la Comisión me preguntó si yo, como secretario, la iba a acompañar. En esa primera oportunidad, le contesté que mi postura a esta iniciativa era de acompañamiento absoluto, por respeto a mucha gente que me quiere y a otros que no tanto. Pero por esa razón es que no quise tratar de militar a favor, ya que mi voto no iba a cambiar. Estaba dispuesto a escuchar a todo el mundo, pero no la iba a acompañar en la recorrida del interior ni en muchas reuniones de la Comisión por la sencilla razón de que teníamos posturas totalmente distintas. Me parecía que lo que correspondía era que, como presidenta de la Comisión, ella llevara las reuniones adelante. No quería ser un obstáculo, más allá de que si hay algo a lo que no le tengo asco es al laburo.
Suelo ser un chicanero, pero no lo quiero ser en este momento. La verdad es que esta semana mi hijo me pedía que lo llevara al cine a ver “Shrek” y no pude; y lo cierto es que tuve que comerme un videito pésimo.
Con esto quiero decir que me hubiese gustado tener esa propaganda como secretario de la Comisión. Es decir, tener todos esos elementos para contarle todo lo que escuché, toda la diversidad o la otra parte que también necesitaba ser plasmada. Pero, bueno; no conozco todo. Deberé ir aprendiendo. Dentro de un año los voy a pasar por la banquina, pero ya aprenderé todos los mecanismos y todos los artilugios que, como recién llegado, aún desconozco.
Lo concreto es que esa propaganda, parcial, sesgada, me hubiese gustado tener la posibilidad de hacerla como secretario de la Comisión. Es decir, participar de la selección de los testimonios. Vi a algunos cordobeses expresándose que, francamente, me asustan.
¿Qué hubiese pasado, señor presidente, si para aquellos que se oponen a la norma no aparecía la milagrosa doctora Medina? No tenían argumentos. La cogotearon a la Medina y, a partir de ahí, engancharon justo el argumento, ya que es jodido decir que no a las minorías; es jodido oponerse a los que piensan distinto. ¡Ah; sí que cuesta no reconocer derechos a los que no son parecidos a nosotros! Pero apareció la doctora Medina y, a partir de allí, comenzaron todos los argumentos jurídicos legales para sostener la iniquidad, la desigualdad y el viso de juridicidad a la hipocresía.
Señor presidente: ¿usted escuchó los argumentos del dictamen de la mayoría para no asignarle derechos a las minorías? Rápidamente le voy a señalar los títulos.
Viola el derecho de las mujeres, porque desaparece el lenguaje neutro. ¡Pero si de eso se trata! ¡El Estado tiene que ser neutro! Es el Estado el que tiene que ser neutro.
Voy a mencionar los títulos rápidamente, porque la verdad es que los argumentos de la doctora Medina no son los míos. Y voy diciendo para que tome nota, señor presidente, que ninguno de los argumentos de ella justifican de manera alguna el no asignarles derechos a estas minorías, porque son todos argumentos colaterales, subsanables y secundarios.
Por ejemplo, está la cuestión de invisibilizar el nombre de la mujer; genéricamente se expresa de esta manera. Norma me decía en el oído con buen criterio que una mujer no deja de ser mujer porque no se la menciona en el texto legal.
Escuchaba a la miembro informante hablar sobre la discriminación del hermano de doble vínculo. Repito que todos estos argumentos de la doctora Medina en contra de esta iniciativa a la que yo adhiero fervorosamente –y después voy a dar mis motivos– son subsanables por distintas leyes. ¿O ustedes, señores senadores, creen que no nos vamos a tener que sentar a discutir nuevamente un montón de cuestiones colaterales que tienen que ver con esta iniciativa?
Si la llegáramos a aprobar, requeriría luego de todo un andamiaje jurídico, porque estamos modificando algunos artículos del Código Civil. Quienes son abogados saben –y quienes no lo son deberán saberlo– que cuando uno toca determinados plexos legales, se deben modificar un montón de cuestiones. ¿O ustedes creen que no nos vamos a tener que sentar a discutir la ley de nombres o la posibilidad cierta y concreta de avanzar –si esto prospera; y Dios y la virgen así lo permitan– en la discusión de la modificación de una vieja ley de 1948, como es la de adopción. Vamos a tener que sentarnos a discutir sobre eso. Entonces, no nos rasguemos las vestiduras y no invalidemos este proyecto de ley, porque puede tener algunos visos secundarios que luego deberían ser modificados. Si el criterio hubiese sido verdaderamente entrarle al tema y si tuviéramos generosidad de espíritu y hubiésemos entendido que este asunto había que tratarlo, pues bien, tuvimos la oportunidad de hacerlo en la Comisión de Legislación General e introducir allí todas las modificaciones al dictamen que venía de la Cámara de Diputados, a fin de subsanarlo, pero no fue esa la voluntad. La voluntad fue rechazar este proyecto así como venía.
Quiero decir esto, porque la verdad tiene que ser dicha. Probablemente alguien dirá que la verdad es parcial y que esa es la mía, pero la verdad es esa. Si hubiésemos tenido voluntad jurídica y política de asignarles derechos a las minorías habríamos introducido las modificaciones que ahora le asignamos a la doctora Medina en el texto que venía de la Cámara de Diputados, pero no lo hicimos.
¿Y por qué no lo hicimos? Porque también había que decir algunas cuestiones.
Después había que entrar en la cuestión de fondo. Porque acá nos rasgamos las vestiduras.
Fui a darle la mano a la señora senadora Fellner –es la primera vez que la saludo–, para felicitarla, porque muchas de las cosas que ella había dicho eran palabras que me contenían, porque tienen que ver con el sentido común, con mi pertenencia, con mis creencias y con mi concepción de la familia. No todos tal vez hayamos hecho las millas, los kilómetros, y le hayamos dedicado a este tema las horas que le dedicó la señora Negre de Alonso, que en honor a la sinceridad debo decir que hizo un trabajo importante. Pero yo creo que en los últimos cinco metros que faltaban para la llegada ella derrapó; pero el trabajo fue importante, laborioso y voluntarioso; lo reconozco. No reconocerlo sería un acto de miseria; y yo no soy un miserable. Fue un trabajo importante, reitero. Pero me hubiese gustado que ese trabajo se continuara a la hora de la firma del dictamen; y a la hora de dicha firma yo sentí que se podía haber planteado alguna cuestión, que podríamos haber coronado de mejor manera la posibilidad cierta de un trabajo verdaderamente extenso y agotador. Y aprovecho la oportunidad para reconocerlo públicamente.
Pero para no irme del tema, debo decir que los argumentos esgrimidos por quienes quieren rechazar este proyecto son los sostenidos por la doctora Medina. Por ejemplo, dicen que la tenencia de los hijos menores de 5 años discrimina a los hombres; y eso se subsana con una modificación de una ley secundaria. Lo más grave es el régimen de la paternidad. Y bueno, vamos a tener que legislar sobre ese tema también.
Se usaron argumentos como el relativo al dictamen del Tribunal de Derechos
Humanos de la Comunidad Europea. He escuchado a algunos senadores opinar en diferentes medios de comunicación al respecto. Lo que dice la Comunidad Europa admite muchas interpretaciones distintas. La Comunidad Europea dice que como Comunidad Europea no puede dictaminar con relación a esta cuestión. Dice “Es un problema de los estados, resuélvanlo ustedes; no nos tiren el problema a nosotros“. Está claro que no discriminan porque no legislaron sobre la materia. ¿Por qué obran así? No miremos a Europa solamente para ver cómo festejan los alemanes y holandeses. Europa tiene problemas. Entonces, los tipos dijeron: “No podemos avanzar, tenemos un problema hoy, se nos caen los mercados, entonces no vamos a discutir un tema que puede generar incluso mayores complicaciones”.
No es un argumento válido para que lo utilicemos nosotros y digamos que como
Europa no discrimina por no mencionarlos, entonces nosotros tampoco estamos discriminando. Sí estaremos discriminando si no aprobamos este proyecto de ley. Estamos discriminando y manteniendo en la oscuridad, en la vergüenza, en la hipocresía, a un sector que requiere que nosotros nos hagamos cargo de la realidad.
Estos cuarenta y cinco días los he vivido mal. Yo soy un tipo de familia. Amo a mi familia. Soy un tipo de convicciones religiosas. Les puede decir mi compañero de fórmula cuando fui candidato, que soy fanático de la Virgen desde hace diez años, cuando ella me bendijo dándome la vida de mi hija. Soy fanático de la Virgen, pero mi condición religiosa no me impide mirar el tema desde el derecho natural, porque también soy un hombre de derecho.
En el derecho positivo no he encontrado ningún argumento que me diga que no puedo asignarle derechos a una minoría que se lo merece.
También soy un hombre político. Entonces, en estos cuarenta y cinco días esos tres enanos que llevo dentro, el político, el religioso y el familiar pugnaban buscando una solución.
Vengo de la provincia más ortodoxa y conservadora, como lo es Córdoba. Por lo tanto, adoptar la decisión que he tomado y acompañar con mi voto este proyecto no me resulta indiferente. Pero no tengo una calculadora en la mano; no vengo a sumar y restar; no vengo a ver cuánto votos pierdo y cuántos votos gano. Mi condición de hombre del Derecho me permite decirle a usted, señor presidente, que en el derecho positivo no hay nada escrito para que se siga soslayando una realidad que existe. Como lo decía la señora senadora Fellner, es una realidad que existe aunque nos tapemos los ojos, aunque rechacemos esta iniciativa.
En este tiempo he escuchado a todo el mundo. He soportado lo que no aguanté en veinticinco años de militancia política: agravios, injurias, ofensas, lastimaduras, magullones, al límite de quebrarme les confieso, porque un tipo que te dice: “Dios te va a castigar, te vas a quemar en la hoguera del infierno…” Yo me la banco, yo soy así. Seré el bonsai de la Mole Moli, pero me la banco. Tengo una hija por la que todos los días le pido a Dios por su salud.
Entonces, cuando me dicen: “Te va a castigar con tu hija…” Ay, me quema el cuerpo. ¿Por qué? ¿Y puede ser cierto? ¿Dios me podrá castigar a mí por asignar derechos? ¿La virgen me bajará el pulgar por entender que tengo la obligación de mirar a mis compañeros con caridad cristiana? ¿A qué Cristo le rezo yo? El Cristo al que le rezo yo tiene un corazón inmenso.
Todas las apelaciones que he encontrado, para buscar excusas, tienen su único origen en el derecho natural y en alguna reivindicación de algún párrafo bíblico. Al respecto debo decir que ni en la Biblia he encontrado un párrafo en el que Cristo se enojara con los homosexuales. Se enculaba con los fariseos, con los mentirosos, con los tramposos, con los recaudadores de impuestos, pero no discriminaba. No he encontrada nada.
Perdóneme, señor presidente, porque la verdad es que había preparado el tema, lo había estudiado. La verdad, como dijo la señora senadora Fellner, es nada más que una modificación del Código Civil de una institución laica, en un país laico.
Sea cual fuere el resultado, yo voy a votar para que este proyecto de ley sea aprobado como viene de la Cámara de Diputados. No voy a dejar de tener la familia maravillosa que tengo, no voy a dejar –como decía la senadora- de ser heterosexual, no voy a dejar de ser cristiano, fanático de la virgen. Voy a seguir siendo el mismo tipo. Nadie se hace homosexual porque haya una ley. ¡La ley no obliga a ser heterosexual ni homosexual! ¡La ley reconoce derechos y obligaciones que tenemos! ¡Y tenemos la obligación de mirar a esas minorías que reclaman no ser más discriminadas! ¡No podemos ser indiferentes, señor presidente! ¡No podemos mirar para el costado! Yo respeto a todos, incluso a los que tienen convicciones tan fuertes desde el punto de vista religioso que no les permiten ni siquiera correr el velo y poder mirar la realidad. Los respeto y los entiendo; no los acompaño, pero los respeto. Sin embargo, nuestra condición de senadores de la Nación nos obliga a entrarle a un tema que incomoda, que irrita y que fastidia.
En estos días se han discutido muchas cosas: el criterio de oportunidad, la picardía del gobierno, la agenda de temas, la pelea, la guerra y la disputa. ¡Pareciera que quienes queremos aprobar esta cuestión militáramos en el oficialismo! Pero este es un tema que excede largamente nuestras convicciones políticas; es un tema que tiene que ver con las convicciones personales. Y mis convicciones me permiten decir que sinceramente entiendo esta cuestión como cristiano, como hombre de Derecho y como hombre político que pretende gobernar su provincia.
Ayer un puñado de amigos que vinieron de Córdoba me decían, desesperados:
“Podemos perder la elección, Juez”. Si yo para ser gobernador tengo que hacer algo que lastime, que hiera, que me convierta en un hipócrita –lo que critico–, que me convierta en un mentiroso o en un falaz, prefiero no serlo nunca. Sé lo que arriesgo, sé lo que pongo en juego.
Nos costó horrores construir el sueño que hemos construido en nuestra provincia, tan complicada; una cuña que nos permite estar parados donde hoy nos encontramos. Pero ¿sabe una cosa, señor presidente? No estoy dispuesto a eso. Nunca lo hice. Llegué hasta acá, a este Senado –que por ahí me queda grande– producto de mis convicciones. No estoy dispuesto a ello. Y mis convicciones me dicen que a este proyecto que viene de la Cámara de Diputados, nosotros, los senadores, pensemos como pensemos, tengamos la concepción de la familia que tengamos y la religión y el credo que hayamos adoptado, necesita ser aprobado.
Hay una parte de la sociedad que podrá ser minoritaria, pero nos está mirando y necesita derechos y obligaciones. No necesita misericordia, saludos ni besos. Necesita que la respetemos con la ley.
Por eso, voy a sugerir a nuestros compañeros del cuerpo que a la hora de aprobar este tema, votemos el proyecto que viene de la Cámara de Diputados.
Sr. Presidente (Pampuro).– Tiene la palabra el señor senador Cimadevilla.
Sr. Cimadevilla. – Señor presidente: antes de entrar de lleno a la consideración de este dictamen, en virtud del tema que se trata y por la sensibilidad que tiene, quisiera hacer algunas consideraciones previas y marcar la discusión en lo que verdaderamente estamos tratando de sancionar.
En primer lugar, hoy no votaremos como representantes de la Unión Cívica Radical.
Ninguno lo hará en nombre de la representación partidaria que ostenta, sino que lo hará en forma individual, lo cual nos lleva a ser aún más responsables en la decisión que tomemos.
Digo esto porque, seguramente, todos nos preguntaremos qué derecho tiene cada uno, de acuerdo con sus propias convicciones, a imponer que los demás vivan como uno piensa que se debe vivir. Y esto nos obliga a ser muy mesurados en nuestro razonamiento.
No tengo ninguna duda de que si en este recinto hoy se estuviera discutiendo la defensa de nuestro patrimonio energético o la independencia de los poderes de la República, para mí sería muy fácil participar de este debate y expresar mi voto por la trayectoria y por la historia que tiene el radicalismo en estos temas. Pero hoy no estamos discutiendo esto.
Entonces, existe la duda de equivocarnos. Resolvemos por nosotros. En consecuencia, no quisiera –por lo menos, en mi caso– que si yo me equivoco, esta equivocación se le impute a la Unión Cívica Radical. Como radical y hombre perteneciente a un partido que tiene toda una trayectoria en la defensa de derechos, de garantías y de no discriminación, no quisiera tampoco ni discriminar ni violentar ningún derecho. Hoy, los hombres del radicalismo vamos a votar divididos.
La pregunta que cabría hacerse es: si no violo ningún derecho, ni violento ninguna garantía, ni cometo ninguna discriminación, ¿la cometen acaso los hombres de mi partido que no van a votar de la misma manera que voto yo? Seguramente que no, porque todos los hombres de mi partido –yo los conozco– vamos a estar votando con la más íntima convicción de que cada uno de nuestros votos afianza algún derecho, evita alguna desigualdad o logra alguna conquista. Todos vamos a estar imbuidos de este pensamiento.
Como este tema no está en nuestra plataforma partidaria ni ha sido, al menos en muchos casos, ningún compromiso electoral, traté de buscar el fundamento de mi voto en lo que es nuestro credo, en nuestra profesión de fe doctrinaria. Allí dice: Por eso el radicalismo no se divide según las parcialidades de clases, de razas ni de oficios, sino que atiende al hombre como hombre, con dignidad como ser sagrado. Por eso, para el radicalismo, los fines son inalterables; así como pueden ser variables los medios, porque son instrumentos, y variables son las condiciones sociales de la realización nacional.
Estoy seguro de que todos los hombres de mi partido, imbuidos de este pensamiento, amos a estar más allá de la diversidad de nuestro voto, tratando de lograr la realización
plena del hombre. También me gustaría ubicar este debate en lo que debería ser. Aquí se ha dicho que se ha escuchado mucho, pero me parece que algunos han entendido muy poco.
Lamentablemente, este debate, que es un tema que debería unirnos y no diferenciarnos, se da en un clima político que no puedo dejar de analizar, donde la propia presidenta de la República y su marido también utilizan este asunto para crispar y dividir a la sociedad.
Pareciera ser que si uno comparte su criterio está bien y los que estamos del otro lado somos unos demonios. Esta lógica kirchnerista ha tenido recién un fiel exponente –lo ha hecho mejor que cualquier senador del Frente para la Victoria– que ha sido el señor senador Juez.
Aquí, se parte de la concepción de que, si no comparten mi criterio, los demás negamos derechos. Aquí nadie está negando ningún derecho, no he escuchado a un solo senador que no haya dicho que existe una realidad, que los homosexuales existen, que conviven y que eso genera relaciones. ¿Dónde está la discusión? No la lleven a un terreno falso, en el sentido de que algunos queremos reglamentar esto y otros están negándoles derecho a los homosexuales. Estamos viendo qué ubicación les damos en el marco jurídico argentino. Eso es lo que estamos discutiendo; lo demás es fundamentalismo puro. Yo no quiero caer en esa lógica de la descalificación; prefiero analizar este tema desde la racionalidad, desde la búsqueda de consensos y desde la necesidad que tenemos como legisladores de abordar una temática con seriedad y sin fundamentalismos.
Durante todo este tiempo, he escuchado referirse y hacer chicle a la Constitución, a las leyes, a los tratados y hasta a la propia Biblia. En la Constitución Nacional, en los tratados internacionales y en la palabra de Dios se está a favor y en contra del matrimonio gay en función de quien los utiliza. Honestamente, no creo que los constituyentes de 1853, quienes escribieron la Biblia, ni los que suscribieron tratados internacionales hayan estado pensando puntualmente en este tema cuando los redactaron, porque se trata de marcos referenciales. Desde mi modesto entender, se han confundido conceptos con instituciones; se han mezclado cuestiones sentimentales. A mis padres los hubiese querido de la misma manera que los quise, así no hubiese nacido dentro de un matrimonio constituido civilmente. Si alguno de mis hermanos hubiese sido homosexual, lo hubiese querido exactamente igual.
Se ha mezclado a Dios, se han mezclado los sentimientos. Hasta los que niegan a
Dios, convengamos que, alguna vez, una gauchada le piden. Hay cuestiones que tienen que ver con los cultos religiosos que están en...
Sr. Pichetto. – ¿Me concede una interrupción, señor senador.
Sr. Cimadevilla. – Con todo gusto.
Sr. Presidente (Pampuro). – Para una interrupción, tiene la palabra el señor senador Pichetto.
Sr. Pichetto. – Con mucho respeto, señor senador, la verdad es que nadie ha metido a Dios en este debate; han sido sectores de la Iglesia, que más que de Dios hablaron del demonio. Ha sido muy reciente la palabra de monseñor Bergoglio referida a la injerencia del demonio.
Me parece que cabía esta aclaración. Desde el espacio político, parlamentario, la discusión no fue teológica.
Sr. Cimadevilla. – El senador va a coincidir conmigo en que este debate se trasladó al centro de la sociedad; ella ha opinado y este tema ha estado presente. Lamento igual que usted las declaraciones del cardenal Bergoglio. No las comparto. Soy católico, pero no las comparto; y en esto coincidimos, señor senador.
También es cierto –aquí lo decía la señora senadora Negre de Alonso– que cuando
Moisés subió al Monte Sinaí, entre los Diez Mandamientos, bajó un mandamiento que dice:
“No matar” y otro que dice “No robar”, que hoy son delitos en el Código Penal; y a ninguno de nosotros se nos ocurriría decir que el Código Penal es un código teocrático.
Es decir, convengamos que muchos de los conceptos de las religiones, hoy, están volcados al Derecho positivo. Una de las preguntas que nos hacemos –al menos, yo– es si en función de la diversidad de sexo, se puede legislar o no. O si se pueden contemplar situaciones distintas que generan, precisamente, esta diferencia.
Hay un sinnúmero de leyes que se han dictado en función de la diversidad de sexo y que a ninguno de nosotros se le ocurriría derogar. Por ejemplo, los permisos por lactancia, las licencias por enfermedad, la violación únicamente la puede cometer un hombre, los regímenes jubilatorios con distintas edades.
No creo que aquí estemos discriminando, porque algunos, en estos temas, van a hablar de discriminación. Yo tengo otro concepto de discriminación. Creo que la peor discriminación en la que podemos caer es en la soberbia de creer que tenemos la más absoluta de las verdades. Yo no vengo aquí a decir que tengo la verdad absoluta: vengo a dar opinión sobre un proyecto de ley que no comparto. Pero no lo comparto por cómo está reglamentado; no es que no lo comparta por el tema que aborda, que es el de establecer un régimen que contemple este tipo de situaciones, ya que a ese respecto estamos de acuerdo y aquí nadie lo ha negado.
El señor senador Juez habló como si nuestro dictamen pudiera ser entendido en el sentido de la negación de derechos; y no es así. Hemos firmado un proyecto alternativo que entendemos que mejora la preocupación que tienen los senadores, y tenemos todo el derecho del mundo a presentarlo, a defenderlo y a creer que es mejor. Pero no por eso voy a descalificar a quienes voten distinto de mí, porque esta es la peor de las discriminaciones. De allí entonces que, lamentablemente, éste, que es un tema importante para cualquier sociedad, en el contexto político que lo vamos a discutir –probablemente, se defina por tres o cuatro votos en un sentido u otro–, nos está marcando la peor de las equivocaciones que vamos a cometer como cuerpo legislativo. Porque si hoy, aquí, no hemos sido capaces de consensuar un texto, si es que todos entendemos que nuestras intenciones están orientadas en el mismo camino, esto muestra, lamentablemente, nuestro fracaso. Reitero, es lamentable que un tema tan serio, tan importante y tan trascendente hoy se dirima por uno o dos votos.
Para terminar, creo que este debate, hoy no se va a agotar. Creo que la comunidad gay ha tenido una actitud militante para destacar. Ha logrado introducir este tema y que tenga tratamiento parlamentario.
Seguramente, como todas las instituciones jurídicas de nuestro país, esto sufrirá cambios y evolucionará. Espero que en el buen sentido, y que el día que tengamos que volver a abordar este tipo de cuestiones, sea en la Argentina de la convivencia y de los consensos, no en la Argentina de la crispación y de la descalificación.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Rojkes de Alperovich.
Sra. Rojkes de Alperovich. – Señor presidente: el debate parlamentario acerca del matrimonio de personas del mismo sexo y la posibilidad que ellas tienen de adoptar hijos ha movilizado positivamente a la opinión pública en torno de esta cuestión, que no sólo replantea el modelo de familia sino, fundamentalmente, el principio de la igualdad ante la ley. Y esto es lo que hemos venido a defender: la inclusión a nuestra vida social, a nuestro sistema jurídico y democrático, de una minoría injustamente segregada.
El punto de partida de una sociedad democrática es que todas las personas, por el simple hecho de serlo, sean titulares de los mismos derechos. Las parejas entre personas del mismo sexo existen y, según nuestra literatura, el arte y la investigación social e histórica, existieron siempre. Claro que en nuestro país, como en otros, estas parejas han debido vivir escondidas, muchas veces perseguidas, pero siempre sin derechos.
En un fallo que autoriza a celebrar una boda entre dos varones, el juez expresó que convalidar el matrimonio entre personas del mismo sexo no viene a crear una realidad, sino a recrearla. Formar una familia y ejercer las potestades que de esta surgen es un derecho que proviene expresamente de la Constitución argentina y de todos los tratados sobre derechos humanos que tienen jerarquía constitucional. La consagración de los derechos en las constituciones y en los tratados sobre derechos humanos es el producto del dolor sufrido e infligido; ninguno ha sido una graciosa concesión. Cuando no se tienen claros estos principios, se corre el riesgo de terminar en actos de discriminación, en violencia, en racismo o en exterminio.
El mundo vio morir a millones de personas en sus largas guerras y en los campos de concentración por sostener algún tipo de supremacía natural, cultural, religiosa o racial. No hace falta consultar a los libros de historia ni buscar demasiado lejos para poder comprobar estos hechos.
Me refiero a la aplicación del discurso jurídico que justifica y minimiza racionalmente los efectos del dolor. Por eso, es un retroceso inadmisible sostener el argumento de
“separados pero iguales”, que justificó la segregación racial en Estados Unidos; o el de la supuesta diferencia natural, que privó del voto a la mujer; o el de plebiscitar los derechos, que derivaron en las leyes del exterminio judío. Señor residente: los derechos humanos, la igualdad civil y la justicia social son principios fundamentales, no susceptibles de ser plebiscitados.
Lo cierto es que, hoy, tenemos un sector del pueblo que está luchando para que se le reconozca la igualdad ante la ley, y otros que se oponen, apelando a todo tipo de razonamiento moral, ético y –diría– fanáticamente religioso, a juzgar por lo que hemos visto y oído en estos días.
No es casual que quienes hoy se oponen a esta iniciativa sean los mismos que se opusieron en otros tiempos al matrimonio civil, al voto femenino, al divorcio, a las campañas de prevención del VIH y a la prevención de embarazos no deseados.
El matrimonio, a lo largo de la historia, ha sufrido muchísimas transformaciones; hasta estuvo prohibido muchas veces para algunos sectores sociales, como el caso de los esclavos que no podían casarse porque no eran libres; el de los negros que no podían hacerlo con los blancos; o el de los comediantes en la antigüedad, porque no se los consideraba serios.
Señor presidente: la homosexualidad no es el problema. La cuestión que nos convoca hoy es la discriminación. Y lo que debemos superar son los miedos y tendencias a ver en el otro una amenaza.
Si hablamos de igualdad formal ante la ley, una casi igualdad no es igualdad. No hay razones para dosificar los derechos de la población con instituciones tales como la unión
civil. Como sostiene el abogado penalista Gil Lavedra, el argumento del “Te doy un poco, pero no todo” es claramente discriminatorio. Si te doy un poco, ¿cuál es la razón por la que no te doy todo?
La unión civil que algunos proponen recuerda a otro tipo de instituciones jurídicas y a doctrinas superadas en materia de igualdad. En el documento va a decir “unido civilmente”, es decir que se le está colocando una estrella amarilla, estigmatizando y exteriorizando un dato de la vida personal, protegida por la ley, como lo es también el origen étnico, la orientación y afiliación política, la religión o información referente a la salud. Esto, sin lugar a dudas, nos hace recordar demasiado a las listas rosas de la Alemania nazi.
El proyecto de unión civil consagra definitivamente familias de clase A y familias de clase B. En una sociedad que se dice democrática, es, por lo menos, un acto de intolerancia que una mayoría, supuestamente normal y sana, segregue a una minoría que ha sido, por años, negada y humillada.
Lo cierto es que estamos reconociendo una realidad. No estamos obligando a nadie.
Sólo intentamos normar lo que ya existe. Cualquier modificación a la estructura familiar patriarcal siempre fue acusada de atentar contra la supervivencia de la familia humana. Esto ya lo vivimos cuando se legalizó el divorcio y, mucho antes, cuando se legisló sobre el matrimonio civil a fines del Siglo XIX.
Señalan los registros del debate del proyecto de ley de matrimonio civil que el senador Pizarro había profetizado la desaparición de la especie de la superficie de la Tierra al expresar que, perdida la santidad del matrimonio, perdida toda influencia moral en la familia y reducido el vínculo de unión en ella al vínculo de la fuerza política, todas las relaciones de familia se relajan; la autoridad paterna se viene al suelo; el amor conyugal se substituye por el interés; la dignidad de la mujer se abate; la insubordinación de los hijos es su consecuencia; el cariño filial desaparece y la familia deja de existir. Del Diario de Sesiones de la Cámara de
Senadores, 43ª reunión, 41ª sesión ordinaria, del 4 de septiembre de 1888, páginas 363 y 367.
Señor presidente: con respecto al tema del ejercicio de la paternidad y de la maternidad por parte de las parejas del mismo sexo, creo que lo más importante es hacer una distinción entre lo que significa ser progenitores y ser papá o mamá. Progenitores son quienes engendran biológicamente y aportan el óvulo y el espermatozoide para dar origen al embrión.
Madres y padres son quienes asumen el rol activo en la tarea de educar, nutrir y guiar. O como se suele decir, en el sentido de que tienen una sola mamá que los ama más que diez mamás y papás juntos; o que tienen una buena mamá, un tío papá o personas que los aman y que, quizá, no sean mamá y papá, pero los quieren y los cuidan y, por lo tanto, son su familia. Todos los que tenemos hijos sabemos que, en una escuela, hay muchas maneras de discriminar. En nuestro país, no es raro que un niño boliviano o paraguayo sea discriminado, como lo puede ser el que tiene una actitud especial: sobrepeso, anteojos o lo que sea. Pero ahí estamos los adultos para orientar y contener.
Numerosos estudios de psiquiatras y psicólogos avalan que padres gay y lesbianas tienen tanta probabilidad como padres heterosexuales de proporcionar ambientes sanos y protectores para sus hijos. Por una cuestión de tiempo, sólo voy a citar uno de ellos: el informe que, en 2002, realizó el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid juntamente con la Universidad de Sevilla. Allí, se sostiene que el respeto a los demás y la tolerancia es uno de los valores centrales de la educación en estas familias homoparentales, caracterizadas, además, por niveles altos de afecto y de comunicación y niveles generalmente bajos de conflicto.
Señor presidente: la vida a veces es difícil, pero la mayoría de las veces somos nosotros los que la hacemos más complicada. Esto es lo que le ha venido sucediendo a estas personas, que sólo por ser diferentes han sido castigadas, marginadas y sometidas a la vergüenza. Y en el caso del interior, donde los prejuicios son aún mayores, se las condena al peor de los castigos, que significa no poder vivir en sus provincias; es decir, viven el destierro, que era el peor de los castigos que se daba en la antigüedad.
El matrimonio tiene que ver, como lo decía la señora senadora Fellner, con un compromiso público de amor entre dos personas libres; y negar el derecho a casarse a dos personas que viven bajo leyes civiles en una República laica es una violación a la dignidad humana.
Pero lo cierto es que, después de haber escuchado a todos, yo no encuentro ninguna razón justa y atendible para que los heterosexuales podamos gozar de mayores derechos que los homosexuales. Y si me tengo que equivocar, espero que ello sea por ampliar los derechos y no por restringirlos, razón por la cual, definitivamente, apruebo este proyecto.
Ser madre o padre no es solamente un hecho biológico como ser progenitor, sino un proyecto de vida originado en el deseo y en el compromiso. Actualmente, una porción considerable de la población homosexual ya tiene hijos. Por ende, la demanda de igualdad, más que la posibilidad de tener hijos, implica que estos nenes y nenas que ya existen tengan los mismos derechos que el resto de los niños y niñas de mi país.
En cuanto a la adopción, cabe señalar que la ley argentina permite que cualquier persona pueda adoptar sin discriminar su sexo ni su orientación sexual. Han podido hacerlo hombres y mujeres solteros. Entonces, si una persona individualmente lo puede hacer y generar un vínculo de familia entre adoptante y adoptado, ¿qué impediría que lo haga una pareja homoparental?
No se puede plantear como justificativo que un niño o una niña puedan sufrir a futuro porque la sociedad es discriminatoria. Eso es una insensatez. No dejaron de tener hijos ni los negros ni los judíos en las sociedades donde existen prejuicios hacia ellos porque sus hijos fueran a sufrir. Este argumento está asociado al ideal de raza pura. El problema es de la sociedad que discrimina y no de la persona discriminada. La experiencia en investigaciones sobre la cuestión de los niños a cargo de gays y lesbianas realizadas por el CONICET indica que no suelen tener dificultades en explicar a sus compañeros que tienen dos padres o dos madres.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la senadora Bongiorno.
Sra. Bongiorno. – Señor presidente: hoy nos encontramos ante un tema en el cual todo el Senado se ha sentido comprometido ante distintas argumentaciones, algunas con vibrante pasión dentro de la sociedad. Esto nos ha llevado –particularmente en mi caso– a tratar de conciliar dos posiciones que desde un principio se vieron como antagónicas. Son dos
posiciones que me merecen el mayor respeto hacia aquellos que, con fundamento, defienden sus derechos, y defienden con justicia que nosotros reconozcamos esos derechos.
Pero también me he hecho eco de aquellas personas que consideran que el matrimonio es un sacramento y es, en su concepción, celebrado entre una mujer y un hombre. También ha sido definido así por el derecho internacional y receptado en nuestro Código y en nuestra
Constitución. Ante tal duda o ante tal diversidad de opiniones se ha llegado hasta los extremos más inverosímiles recordándome aquella parte de la historia tan negra en la cual la cúpula eclesiástica participaba de lo más oscuro de esa historia, recordándome a Torquemada y a la Inquisición. Otra vez se ha venido a proponer la rispidez y la rigidez entre la sociedad argentina.
Desgraciadamente, una religión que uno piensa que debe ser acorde a la contención y a la integración últimamente no ha hecho más que alentar el antagonismo y las posiciones cada vez más enfrentadas. Mi mayor respeto a esos curas, a esos párrocos que se bajan del cáliz de oro, de sus vestimentas de seda, recorren el país, alternan con la gente y viven sus mismas preocupaciones. No creo en eso de hablar de la pobreza desde una heladera llena y desde una confortable cama cuando hay tanto para poder dar.
También mi mayor respeto a los pastores evangélicos, que son aquellos que también se acercan cada vez más a la gente, que en las provincias vemos sufriendo necesidades ycoexistiendo con nosotros los políticos. Ante esto, sólo quiero hacer este llamado de atención a la cúpula eclesiástica, a monseñores, arzobispos que, en lugar de conciliar, nos enfrentan en situaciones cada vez más duras.
Por otro lado, dentro de la Comisión de Legislación General firmé el dictamen de rechazo al proyecto porque teníamos una alternativa, un instrumento intermedio, un instrumento que nos permitía conciliar, pero no solamente a las parejas homosexuales sino también a parejas heterosexuales que viven en concubinato. Se trata de reivindicaciones que hace muchísimo tiempo nos vienen pidiendo. También tienen derecho a una pensión y a la herencia.
No estoy de acuerdo con relación al tema de la adopción. Yo pensé que estos dos institutos debían ser tratados por separado, porque en un caso porque nos estamos dirigiendo a personas mayores de edad con una libre elección y en el otro, existe un bien que hay que proteger, que son los niños.
Esto me ha puesto frente a una disyuntiva, al no poder realmente contar con este tercer instrumento que, con todo derecho, ha sido impugnado dado que así se lo puede hacer debido a los reglamentos y a la legislación.
Firmé también el proyecto de la unión civil porque creí que podíamos conciliar estas posiciones tan antagónicas de respeto hacia aquellos creyentes del sacramento, repito, y también con la firme convicción de que las parejas del mismo sexo debían tener reconocidos los derechos que le correspondían y que ya de hecho la Justicia les está reconociendo.
Hoy me encuentro ante esta disyuntiva y quiero adelantar mi abstención. No porque sea tibia y quiera quedar bien con uno y con el otro, sino porque yo había encontrado en la unión civil una alternativa que, por el momento, trajera a esta sociedad que hoy se encuentra tan enfrentada, un instrumento de armonía.
Sé muy bien que surgieron críticas a la unión civil. Pero ese instituto podría ser modificado en el recinto, cuando se trataran en particular cada uno de los artículos del proyecto.
Por lo tanto, quiero dejar constancia de que ante la imposibilidad de separar los dos institutos −el matrimonio y la adopción−, para tratarlos individualmente y en rofundidad y así llegar a un acuerdo, y de que después de haber escuchado en las audiencias públicas concepciones psicológicas y psiquiátricas tan opuestas unas de otras, que hicieron que a quienes no tenemos un profundo conocimiento del tema las posturas les parecieran irreconciliables, tomé la determinación de que el tema de la adopción no fuera tocado dentro de la denominada "ley de matrimonio gay".
Al no poder tomar una determinación, y en honor a privilegiar el bien más protegido, que son los menores −que considero que es lo que más hay que tener en cuenta al momento de la adopción; es decir, que no se trata de satisfacer un deseo de los adultos, sino las necesidades de un niño−, reitero que solicitaré autorización para abstenerme en la votación, porque no he encontrado otra solución para armonizar estos dos proyectos.
Sr. Presidente (Pampuro). − Tiene la palabra el señor senador Lores.
Sr. Lores. – Señor presidente: a esta altura del debate, realmente quisiera tener la máxima inteligencia y sabiduría posibles para entender las posiciones de los diversos sectores que están en confrontación ante esta situación, y que han dividido a la sociedad argentina.
Todos sabemos que en el mundo existe una fragmentación mayor de gente, que compone diversas minorías y diversos sectores de la sociedad, y que todos están pujando por encontrar el camino a la reivindicación de algún derecho, al acceso a cierto beneficio y al reconocimiento por parte de los distintos sectores de la sociedad de sus características de raza, socioeconómicas, etcétera. La fragmentación del mundo es cada vez mayor, y los reclamos de las minorías que lo componen también son cada vez mayores.
En cuanto a este tema, debo decir que en mi provincia escuché muchas de las presentaciones que se hicieron ante la Comisión de Legislación General, que leí documentos, cartas, etcétera, que me hicieron llegar de todos los sectores en pugna, y que todas las posiciones las he abordado, estudiado, leído y considerado con el mayor de los respetos.
Respeto a todos los sectores. Por lo tanto, lo que expresaré lo haré en función de mis convicciones más íntimas y personales, que no estoy seguro de que sean las mejores, las verdaderas, las legítimas o más importantes. Sin embargo, son mis convicciones. No parto de ninguna concepción dogmática o fundamentalista. Si tengo convicciones, ellas son fruto de mi experiencia de vida, de mi conocimiento previo y, quizás, de mi formación como médico.
Insisto, de todo lo que me han aportado distintos grupos, personas, instituciones y demás, y en función de todo eso he sacado mi propia conclusión.
Sin embargo, creo necesario decir que rechazo todo rasgo de autoritarismo o intolerancia, sin importar el sector del que provenga. No comparto que se impongan condiciones a cualquier precio, sino que creo que debemos entendernos y respetarnos. Por lo tanto, anticipo que cualquiera sea el resultado que emane de la votación de este Senado la decisión contará con mi respaldo y apoyo, porque aceptaré plenamente lo que resuelva la mayoría de este cuerpo, tanto en esta como en cualquier otra oportunidad.
Creo que hay que rechazar las expresiones descalificadoras provenientes de quienes piensan de un modo diferente. Pienso que mucho de lo que se dijo esteriliza la transparencia del debate, y que hay expresiones que bloquean el entendimiento, que es más necesario que nunca cuando se tratan cuestiones de esta magnitud y profundidad que afectan a toda la sociedad argentina; sociedad que nos mira y que espera que nos expresemos con toda sinceridad y sin ningún tipo de condimento de utilitarismo político ni mucho menos, lo cual sería descalificador para cada uno de los senadores que debiera trabajar en defensa de los intereses del pueblo.
Por eso, me niego a aceptar la dialéctica confrontatoria que pone, de un lado, a los buenos y, del otro lado, a los malos; de un lado, a los progresistas y, del otro, a los que están en contra del progresismo.
No me voy a referir al proyecto sancionado por la Cámara de Diputados ya que fue analizado exhaustivamente, tanto a favor como en contra, por personas que saben mucho más que yo por su condición de abogados y juristas. No obstante, sí quiero analizar algunos aspectos del proyecto que me hacen pensar que, a veces, actuamos con demasiada hipocresía u olvidándonos de lo que ha pasado en ambas cámaras legislativas en los últimos años.
En efecto, me quiero referir a un tema que me parece muy importante. Quisiera aludir a la fertilización asistida.
La fertilización asistida ha sido abordada, tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores, por una importante cantidad de proyectos desde hace varios años para que, de una vez por todas, este avance de la tecnología médica esté regulado como corresponde y se sepa qué hacer en consecuencia.
Cuando hablamos de discriminación –término utilizado muchísimo en este debate– quiero decir que hemos sido testigos y no fuimos capaces de corregir una enorme discriminación de tipo económico sufrida por las parejas que, con más de dos años de convivencia y por problemas de fertilidad, no pueden concebir un hijo.
Todos sabemos que hay técnicas que están al alcance de la ciencia y que hay muchos centros médicos que cuentan con importantes éxitos en fertilización asistida. Y me refiero a las técnicas más habituales, las que demandan el 99,95 por ciento de las parejas que no pueden tener hijos después de dos o tres años de vivir como tales. Aludo a la fertilización in vitro y a la inseminación artificial, que son las prácticas más comunes con las que se puede lograr el éxito y darle a esas parejas la felicidad de tener un hijo.
Hoy en día, cada intento de fertilización asistida cuesta alrededor de veinte mil pesos.
Se calcula que hay un 15 por ciento de parejas en la República Argentina que no pueden tener un hijo por problemas de fertilidad luego de dos años de vida en común. De ese universo del 15 por ciento, se calcula que solamente un 6 por ciento tiene acceso económico a esos tratamientos.
Si se tiene en cuenta que hay que tener tres o cuatro intentos, a veces seis o siete, para lograr un resultado positivo, nos damos cuenta de que una pareja debe disponer de sesenta, setenta, ochenta o cien mil pesos o más para intentar esta posibilidad. Y nosotros, diría casi hipócritamente, hemos cajoneado todos los proyectos que han llegado al Congreso de la
Nación en materia de fertilización asistida. Esto sí que es discriminación. Es discriminación económica y hemos mirado para otro lado.
– Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° del H. Senado, senador Juan Carlos Marino.
Sr. Lores. – En consecuencia, creo que habría que ir por pasos. Si se habla de fertilización asistida dentro del proyecto que prevé el matrimonio entre personas del mismo sexo, creo que habría que retroceder un paso y, en primer lugar, legislar en la materia y, posteriormente, tratar el tema de la unión de parejas del mismo sexo.
Esto me parece que es muy importante. También hay otro punto en el que quisiera hacer hincapié. Me refiero a que cada uno de nosotros tiene convicciones personales. Acá se están exponiendo con total transparencia, con total honestidad intelectual e, insisto, sin pretender obtener ningún rédito político o económico, tal como han dicho el senador Juez y todos los senadores y senadoras que me precedieron en el uso de la palabra.
Acá estamos hablando y tratando de resolver esta cuestión en función de nuestras propias convicciones. Pero, además de eso, nosotros somos representantes de las provincias argentinas –los diputados son representantes del pueblo y nosotros de las provincias–, y yo me pregunto lo siguiente: aparte de las personas que se han inscripto espontáneamente o quehan sido invitados para exponer en todas las reuniones que ha hecho la Comisión de
Legislación General con tanta dedicación y con tanto éxito en todas las provincias argentinas,¿cuántos partidos políticos –que son la expresión democrática de la canalización de lasvoluntades populares a través del voto– se han expedido concretamente con respecto a estetema? ¿Cuántos partidos políticos tienen incorporado en su plataforma electoral el tema delmatrimonio de personas de idéntico sexo? Siempre miramos para otro lado. Siempregambeteamos estas cuestiones porque no queremos tener problemas con la Iglesia o con loshomosexuales o con distintos sectores que tienen opiniones muy definidas con respecto a estasituación. Entonces, me parece que eso también es una hipocresía.
Creo que más allá de analizar el proyecto que fue sancionado en la Cámara de
Diputados, si bien es un poco extemporáneo, creo que previamente deberíamos conocer através del voto, de las plataformas electorales, cuál es la opinión de la gente.La gente votará a aquellos partidos que satisfagan sus necesidades con respecto a sus creencias o sus ideas en relación a este u otro tema. Eso la gran mayoría de los partidos políticos no lo ha considerado, no lo ha tenido en cuenta, y por eso en este momento estamos hablando en función casi exclusivamente de nuestras convicciones personales.
Insisto en que nosotros tenemos que ir mucho más allá de eso. Nosotros representamos al pueblo, nosotros representamos a las provincias y tenemos que ser voceros de esas personas de las cuales somos mandatarios.
Con respecto al tema de la fertilización asistida también quiero decir algo. Tenemos un vacío legal que con respecto a este viejo tema, y si bien se han hecho reuniones en algunas comisiones y se ha escuchado la opinión de muchos expertos, en definitiva nunca se resolvió absolutamente nada. ¿Y qué es lo que está pasando? Lo están resolviendo los jueces. Este vacío legal que nosotros hemos dejado con respecto a este tema está siendo abordado y resuelto por los jueces.
Casi a diario leemos en los periódicos sobre fallos de la Justicia que hacen lugar a recursos de amparo de parejas que tienen la posibilidad de concebir un hijo a través de las técnicas habituales y comunes de fertilización asistida y no lo pueden lograr. Ellos recurren a la Justicia y son los jueces los que obligan al Estado, a las obras sociales o a las empresas de medicina prepaga a cubrir financieramente, ya sea total o parcialmente, esas prestaciones de fertilización asistida.
Esto también es una discriminación, una grosera discriminación económica de nuestra sociedad.
Aquellos que tienen dinero pueden acceder a estos tratamientos y pueden lograr tener uno o más hijos a través de estos procedimientos, pero aquellos que no tienen dinero no lo pueden hacer, y esto mismo va a ocurrir con las parejas homosexuales.
Quiero decir también que sobre el tema de la homosexualidad creo que ha habido avances muy grandes en el mundo. Quienes tenemos unas cuántas décadas de vida sabemos cuál era el desprecio, la persecución y la subestimación que sufrían los homosexuales en nuestras comunidades, en nuestros barrios y en nuestras sociedades. Sufrieron castigos, persecuciones y hasta asesinatos.
Recuerdo que cuando estudiaba medicina había una muy prestigiosa psiquiatra infantil de avanzada, la doctora Telma Reca, que por aquellos años decía que la homosexualidad era un peligro. Así lo definía en su libro “Problemas psicopatológicos en pediatría”, de la editorial EUDEBA. La doctora Telma Reca decía que la homosexualidad era un peligro originado por problemas de familia o de tipo social, que debía ser detectado a tiempo por los padres para combatirlo debidamente y evitar que esos niños se convirtieran en homosexuales. No hace tantos años de estas afirmaciones.
Con relación a esas afirmaciones hubo muchos avances, muchos reconocimientos.
Nunca se pudieron demostrar esas falsas teorías de que había rasgos genéticos que caracterizaban la personalidad y las orientaciones sexuales de los homosexuales. Hubo mucho macaneo en todo esto. Yo creo que, poco a poco, la sociedad fue admitiendo esta diversidad existente con relación a los homosexuales, y respetando esa diversidad.
También creo que tenemos que respetar la diversidad de aquellos que han adoptado el matrimonio heterosexual por razones culturales, por razones naturales, por creencias, incluso por razones religiosas. Me parece que también ese es un derecho que tiene que ser respetado.
Considero que el camino de la unión civil significa, a mi modo de ver, un avance gigantesco en los derechos de los homosexuales, o en aquellas cuestiones que quieren alcanzan los homosexuales. Lo ha expresado claramente la doctora Graciela Medina, ersona que asesora a la comunidad Homosexual Argentina, que evidentemente es una autoridad en la materia.
En este sentido han avanzado la mayoría de los países del mundo. Muchísimos países tienen, con distintos matices, prevista la unión civil o como se la llame. Solamente existen ocho países en el mundo –si no tengo mal el dato- que han reconocido el matrimonio homosexual, además de tres o cuatro estados de los Estados Unidos y el Distrito Federal de
México. No es casual que entre más de 190 países que integran la comunidad mundial haya solamente ocho en los que está permitido el matrimonio homosexual.
Sinceramente creo que se han producido avances muy importantes. Los avances no se logran solamente por ley sino cuando las propias sociedades, las propias comunidades van conociendo todas estas realidades y van aceptándolas en el seno de la familia, en el seno de la sociedad y en las escuelas. Hemos transitado un largo camino desde esa situación de desprecio, de marginalidad, de segregación.
Es más, en países socialistas, como en la entonces Unión Soviética, los homosexuales eran castigados, aislados, torturados. En Cuba ha ocurrido exactamente lo mismo. Hugo casos de personas que han sido recluidas durante muchos años por ser homosexuales. Hay un caso paradigmático en Cuba, el de un novelista gay, Reinaldo Arenas, que fue preso, torturado y finalmente deportado.
De esas situaciones extremas hasta la actualidad creo que la sociedad en general, y la sociedad argentina en particular ha avanzado un trecho muy importante. Eso es tanto o más valioso que el reconocimiento que se está planteando en los términos del proyecto de ley.
Por esto es que soy partidario de la unión civil. No sé si en el día de la fecha, como están las cosas, vamos a poder tratar ese tercer dictamen de la Comisión de Legislación
General.
En función de eso, adhiero al dictamen en mayoría de la Comisión de Legislación
General. Espero que podamos, por lo menos en lo que respeta a mi posición, resolver esta cuestión a través de la unión civil.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la señora senadora Escudero.
Sra. Escudero. – Señor presidente: celebro el debate amplio y participativo que tuvo la
Comisión, porque en cuanto el proyecto fue girado al Senado la cantidad de mails que ingresaron a mi despacho fue impresionante; y me di cuenta de que en este tema el ciudadano argentino quería participar.
Después de escuchar a todos los que participaron en las reuniones de la Comisión y de esas quince horas en Salta, escuchando a todo aquel que quiso inscribirse y dar su opinión, me di cuenta de que la sociedad argentina alcanzó un grado de consenso importante, que la sociedad argentina reconoce que hay un número importante de ciudadanos que tienen un problema, que no acceden a derechos y que tienen derecho a vivir en pareja, a una relación afectiva, a que esa pareja sea reconocida por el Estado y, consecuentemente, a tener acceso a derechos y a obligaciones.
Los disensos se daban en cuanto a equiparar al matrimonio y en cuanto a los niños; es decir, dos disensos importantes. Sin embargo, en este tratamiento exprés que le dimos no hubo tiempo de abordar el tema de los niños. No obstante, cuando recibí a la Comunidad Homosexual Argentina en mi despacho, ellos me dijeron que ahora querían el matrimonio, pero que me sumara y me comprometiera con la lucha que sigue, que es la unión civil con adopción. Entonces, esto me llevó a ver cuál había sido el proyecto que la Comunidad Homosexual Argentina presentó en este Senado en 2005, y, en base a eso, elaboramos el proyecto de unión civil como una vía tentativa de apoyar hoy, con amplia mayoría, una solución que una extensa mayoría del pueblo argentino hubiera apoyado.
Esto no fue así. Nuevamente, el oficialismo nos lleva al tratamientos exprés, al todo o nada, a la división de la sociedad, como si en eso hubiera algún rédito político. Primero, fue la lucha contra el campo, después fue la lucha contra Clarín y ahora parece que es la lucha contra la Iglesia; y los derechos de los que estamos hablando y los derechos de los niños parece que a nadie le importan.
¿Por qué no voy a apoyar la sanción de la Cámara de Diputados? Porque el Código
Civil Argentino ha regulado para su tiempo la institución del matrimonio como piedra angular de la filiación y del parentesco; y a partir de esa filiación y de ese parentesco ha otorgado una cantidad de derechos y de obligaciones. Esa estructuración de la filiación y del parentesco la hace la ley a partir de una relación heterosexual. La maternidad se determina por el parto; la paternidad la determina el matrimonio. El esposo de la madre se presume que es el padre de la criatura, y a partir de allí están todas las regulaciones de parentesco.
Esta aprobación de la Cámara de Diputados que piensa forzar esa estructuración, determinando que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos si es una pareja del mismo sexo, es sólo una declaración; es declamativa, porque no se ha hecho una reforma integral. Entonces, si se aprueba la reforma tal como viene de la Cámara de Diputados, estaremos declamando derechos pero, en definitiva, no estaremos concediendo los derechos, porque no se ha hecho una regulación completa; y no vamos a poder avanzar justamente en los temas conflictivos.
No se ha estudiado exactamente el impacto sobre los niños. Y creo también que esta decisión apresurada y superficial de la Cámara de Diputados afecta y avasalla la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. ¿Cuáles son las deficiencias que tiene el proyecto aprobado por la Cámara de Diputados?
– Murmullos en las galerías.
Sra. Escudero. – Señor presidente: le pido que desaloje las galerías porque aquí se había convenido que no tenía que ingresar nadie, y aparentemente en los balcones hay personas que están interrumpiendo el debate.
Sr. Presidente (Marino). – Continúe, senadora, que ya va personal a verificar.
Sra. Escudero. – Gracias, señor presidente.
La sanción de la Cámara de Diputados legaliza cuatro discriminaciones. En primer lugar, discrimina a las mujeres heterosexuales casadas con los varones porque tenemos que llevar el apellido del esposo mientras que las mujeres lesbianas eligen cual es el apellido de familia. Esta es la modificación al artículo 8° de la Ley 18.248, que corresponde al artículo 38 del CD.-13/10
En segundo lugar, discrimina también a las mujeres heterosexuales en cuanto al apellido de los hijos. Cuando el matrimonio es de dos personas heterosexuales, los hijos deben llevar el apellido del esposo mientras que en el matrimonio entre dos mujeres o dos varones ellos eligen libremente cual es el apellido de los hijos. Me refiero al artículo 37 del CD.-13/10, que sustituye al artículo 4° de la Ley 18.248.
También discrimina a los hombres que se casan con mujeres en cuanto a la preferencia para la tenencia de los hijos menores de cinco años en caso de separación. Si la pareja es del mismo sexo el juez elige, si la pareja es heterosexual se prefiere a la madre. Se trata del artículo 4° del proyecto, que modifica el artículo 206 del Código Civil.
Discrimina también en la adopción porque, cuando los adoptantes son menores de 30 años, la ley les exige esperar tres años de casados antes de adoptar, a menos que prueben que no pueden procrear. Las parejas homosexuales no pueden procrear, por lo tanto no tendrán necesidad de esperar los tres años. Es decir, aquí beneficia a las parejas del mismo sexo. El artículo 315 del Código Civil no es modificado por el proyecto de la Cámara de Diputados.
Vemos entonces que el proyecto de la Cámara de Diputados favorece claramente a las uniones homosexuales en perjuicio de las uniones heterosexuales. Además, quedan una cantidad de incongruencias, a algunas de las cuales ya se han referido, pero me voy a referir a otras.
Según el artículo 242 del Código Civil, la maternidad la determina el parto, y la paternidad se presume. Quien está casado con la madre, se presume que es el padre, artículo
243 del Código Civil. Esta modificación parcial crea un caos filiatorio. Si hay dos mujeres que están casadas y una de ellas tiene un niño, por el artículo 243 del Código Civil, se presume que el padre de ese niño es la esposa de la madre. Así queda, es ridículo.
Si no determinamos eso, ¿en qué situación queda la cónyuge de la madre con relación a ese hijo? ¿Tiene alguna relación o no? Podría adoptarlo. En ese caso, podría ser pero sólo una adopción simple porque ese niño ya tiene una madre biológica. En el caso de la adopción simple, la vinculación es solo con la mujer pero no con la familia de esa madre. Tampoco se resuelve qué sucede con la vocación hereditaria; no se resuelve si ese hijo va a tener obligación alimentaria respecto de la cónyuge de la madre. Nada de esto se resuelve.
Es inexacto decir que el matrimonio entre dos personas del mismo sexo tiene los mismos efectos que el matrimonio entre personas heterosexuales porque la relación hombremujer es fértil mientras que la relación homosexual es estéril. Entonces, como es diferente, tendría que darle una regulación diferente para poder decir que estamos reconociendo derechos.
Hay ejemplos de otras incongruencias, como los impedimentos vinculados con la procreación. Respecto del caso de poder plantear la nulidad del matrimonio por impotencia del otro cónyugue, ¿cómo funcionará cuando se casan dos mujeres? El hecho obstativo a la nulidad del matrimonio, que la esposa hubiere concebido.
Esto es el artículo 220 inciso 1 del Código Civil. Cuando se casa una persona de menos de dieciocho años puede plantear la nulidad del matrimonio, excepto –dice el Código
Civil– si la esposa hubiere concebido.
Entonces, la Cámara de Diputados no encuentra mejor manera que decir: “Excepto que hubieren concebido”. ¿Cómo pueden concebir dos personas del mismo sexo?
Entonces, si alguien menor de edad se casó y después quiere plantear la nulidad, no podrá plantear la nulidad si, en el caso de dos mujeres, una de ellas se embarazó, aunque no pueda tener ningún vínculo biológico con ese bebé. Otra inconsistencia de esto que yo llamo “mamarracho jurídico”.
No se exceptúa el régimen de presunciones de paternidad. Eso ya lo dije.
Pero como no se pueden exceptuar hijos biológicos comunes, se discrimina a esos hijos que nacerán sin un padre o sin una madre. Por ejemplo, hijo dado a luz por una mujer casada con otra. La madre es la que dio a luz. ¿Qué pasa con la cónyuge? ¿Es ajena, lo adoptará?
Se discrimina al hijo y al cónyuge de la madre, no se establecen exactamente cuáles son los deberes y derechos de esa supuesta filiación legal. ¿Qué sucederá respecto del régimen de alimentos, patria potestad, derechos hereditarios, impedimentos matrimoniales?
¿Excluirá a los herederos forzosos de la cónyuge de la madre? ¿Podría ese hijo, nacido de esa relación, iniciar una acción de reconocimiento de la paternidad?
Supongamos el caso de dos mujeres que están casadas; una de ellas tiene un hijo por
fertilización asistida pero tiene conocimiento de quién fue el donante. ¿Puede ese hijo pedir el reconocimiento de la paternidad? No hay nada que lo impida. Pero entonces, si lo hace, estará después desplazando a esa maternidad-paternidad compartida reconocida por la ley. Y si no lo hace, si no se le permite iniciar la acción de reconocimiento de paternidad, se estarían violando los derechos del niño. Porque la Convención sobre los Derechos del Niño – y la ley argentina así lo reconoce– determina que todo niño o niña, toda persona, tiene derecho a su identidad biológica, a conocer su identidad biológica.
¿O es que acaso la única identidad biológica que importa en este momento en este
país es la de los hijos de Ernestina Herrera de Noble? ¿Qué pasa con la identidad biológica de estos niños nacidos por fertilización asistida?
Crea un régimen legal para niños sin padres –artículo 36 del CD–. Modifica el inciso
c) del artículo 36 de la Ley 26413. Ordena que el Registro Civil anote el nombre y apellido de la madre y su cónyuge en caso de hijos de personas del mismo sexo. Es decir, si dos mujeres están casadas y tienen un hijo, se anota como hijo de las dos mujeres. A ese niño ya se lo anota sin padre. Hijo sin padre. Y no modifica el artículo 45 de la misma ley, que establece que no podrán inscribirse reconocimientos sucesivos de una misma persona por presuntos progenitores del mismo sexo. Es decir, una vez que el niño ya ha sido anotado, no podría luego anotarse el nombre de otro progenitor. Esto es producto del voluntarismo del legislador, que pretende decir que todo es igual. ¿Cómo se interpretará la obligación del Ministerio Público de determinar la paternidad del menor cuando se asienta un menor y no tiene padre? El artículo 255 del
Código Civil ordena notificar al Ministerio Público para que éste haga las averiguaciones y pueda determinar e iniciar la acción de paternidad.
Decimos que se vulnera el derecho a la identidad. La doble maternidad sin paternidad vulnera el derecho a la identidad consagrado –artículo 8º de la Convención y Ley 26061–.
Se cosifica al niño. Se está cosificando al niño; pasa a ser un objeto cuyos vínculos más importantes –maternidad y paternidad– están a merced de los derechos subjetivos de otras personas.
Hay otras deficiencias, señor presidente. ¿Qué pasaría si hay un matrimonio de dos hombres y uno de ellos pide licencia por maternidad? ¿Qué pasaría? ¿Qué ocurre con las acciones de impugnación de paternidad, con los hermanos bilaterales –a lo que ya se han referido– y con la desaparición del parentesco por la rama femenina?
Rápidamente, me quiero referir a lo que ocurre en el derecho comparado. Sobre 192 países reconocidos por las Naciones Unidas, sólo el 4,7 por ciento acepta el matrimonio de personas del mismo sexo. Y ocho de ellos –el 4,2 por ciento– incluye la adopción, porque Portugal acepta el matrimonio, pero sin adopción. A su vez, dieciocho países –es decir, el 9,4 por ciento– aceptan la unión civil.
No hay ningún tribunal internacional que haya determinado que los derechos humanos reconocidos por las distintas convenciones obliguen a los países a equiparar el matrimonio como institución a personas del mismo sexo. A lo único que obligan es a reconocer a las uniones de personas del mismo sexo y a darles derechos y obligaciones. A eso estamos
obligados en el derecho argentino. Y si miramos un poco más la legislación comparada, veremos justamente que estos temas sensibles que surgieron del debate, los niños, son abordados por las distintas legislaciones; y como bien dijo el senador Lores, los que avanzaron en el tema del matrimonio, primero regularon la fertilización asistida.
En cuanto al tema de la adopción, me quiero referir a tres países: Bélgica, Noruega y
Holanda. Éstos aceptan la adopción, pero dicen –porque obviamente allí no hay niños para adoptar- que para aceptar la adopción internacional solo tiene que ser de países donde esté aceptado el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.
Señor presidente: están buscando países proveedores de niños. Y la Argentina hará la
punta en América latina.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra el señor senador Jenefes.
Sr. Jenefes. – Señor presidente: este proyecto que viene en revisión de la Cámara de
Diputados y que trata sobre el matrimonio entre personas de un mismo sexo tiene un alto voltaje de discusión en la opinión pública. Se han adoptado, ya sea por parte de la Iglesia como por parte de quienes comparten esta iniciativa, posiciones que considero que deberían bajar el tono, para tratar de encontrar una solución a un problema que realmente existe en el mundo y en la República Argentina, y que debe encontrar una solución legislativa.
– Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente del H. Senado, senador
Juan Carlos Romero.
Sr. Jenefes. – En el caso de este senador de la Nación, con una fuerte formación católica y con un fuerte compromiso con este gobierno, me resulta muy difícil estar sentado en esta banca y votar a favor o en contra de este proyecto, cuando utilizando el sentido común tendríamos que haber encontrado una solución legislativa que contemple los derechos de las personas que quieren una unión civil o un matrimonio y que son del mismo sexo.
Quiero expresar que siento que si voto a favor de este proyecto, tal cual se han planteado las cosas, estaría votando en contra de la opinión de la Iglesia Católica. Si voto en contra de este proyecto, siento que estoy votando en contra de un gobierno al que pertenezco, de un gobierno en el que creo como la única alternativa para que esta República Argentina se consolide y salga adelante. Pero es claro que existen decisiones difíciles de tomar y es claro, también, que existen dos tipos de leyes: aquellas que hacen a la institucionalidad y al gobierno de los argentinos, y aquellas que hacen a la conciencia y a las convicciones personales de cada uno de nosotros.
Desde ya adelanto que ésta es una decisión que tomo en base a mis convicciones personales, en base a mi formación familiar. Y adelanto que voy a votar por el rechazo del proyecto que ha venido de la Cámara de Diputados.
Comparto una visión que expresara uno de los mayores constitucionalistas de la
República Argentina, Bidart Campos, en su obra Matrimonio y unión civil del mismo sexo, publicada en la edición de El Derecho, en el tomo 164, página 721, cuando dice que no es igual la convivencia de dos personas de distinto sexo que la unión entre personas del mismo sexo. Hay una diferencia. Esta diferencia no vale por la ignominia de lo diferente, sino solamente para identificar lo que ocasiona grandes desigualdades.
Dicha esta pequeña introducción, voy a dar las razones por las que rechazo este proyecto venido de la Cámara de Diputados. En primer lugar, son ocho los países del mundo que han adoptado este tipo de matrimonio: Sudáfrica, Noruega, Canadá, España, Bélgica,
Suecia, Portugal, Holanda, sobre casi 190 naciones que existen en el mundo. En los Estados
Unidos, de los 50 estados que integran la unión, 44 han rechazado una enmienda constitucional que permita el matrimonio de personas del mismo sexo; sólo 6 estados lo han aceptado. En América del Sur no existe ningún país que haya adoptado el sistema del matrimonio civil entre personas del mismo sexo. Por ello es claro que, en la legislación comparada, tenemos muy pocos antecedentes.
En segundo lugar, señor presidente, nuestra ley de matrimonio civil tiene muchísimos años de vigencia, se basa en la congruencia del Código Civil y tenemos que ser muy cuidadosos en cualquier modificación que efectuemos a este Código.
Es claro que, en la Cámara de Diputados, este proyecto no tuvo el debate que tuvo en el Senado de la Nación. Es claro que aquí ha venido un proyecto que no contempla las graves afectaciones al Código Civil, al código de Vélez, a un código que ha regido gran parte de la vida civil, en las instituciones del matrimonio, la filiación, la sucesión y la adopción.
Señor presidente, creo que el debate lo debemos dar acerca de si existe afectación al principio de igualdad, si existe afectación a los tratados internacionales que ha suscripto la República Argentina y que tienen, de acuerdo con nuestra Constitución, el mismo valor que la Constitución misma. Y el concepto de igualdad es muy simple, es decir, frente a situaciones iguales, debemos dar igual tratamiento. Al respecto, voy a decir que ese principio de igualdad de nuestra Constitución y los tratados internacionales de ninguna manera se encuentran violados por nuestra actual ley de matrimonio civil. La prueba de ello es muy simple: no hay un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que haya declarado inconstitucional el Código Civil en lo que se refiere al matrimonio y a la unión civil de dos personas del mismo sexo.
El 24 de junio de 2010 la Corte Europea de los Derechos Humanos, en el caso “Kopf
y Schalk c/ Estado de Austria”, donde una pareja de homosexuales planteó que se sentían discriminados porque no se les permitía contraer matrimonio se expidió expresamente, a través de la mayoría de sus miembros –con diversos matices, obviamente– señalando que no existía discriminación alguna, que no se veía afectado el principio de igualdad y que se debía respetar el derecho de cada uno de los Estados que integran la Unión Europea para legislar y regular sobre este tema.
Allí es importante contemplar una reflexión que efectúa esta Corte europea cuando expresa que cuando se firmaron los tratados internacionales que regulan la igualdad y la no discriminación no existía en la agenda legislativa de ninguno de esos países el tema del matrimonio entre personas de un mismo sexo y en aquel momento –cuando se suscribieron esos tratados– se sostenía el concepto de que el matrimonio se celebra entre un hombre y una mujer.
Esto vale también para los tratados que ha suscripto la República Argentina –por ejemplo el de San José de Costa Rica, suscripto hace muchísimo tiempo–, donde tampoco existía ninguna legislación en América del Sur que hablara sobre la familia concebida a través de una unión entre dos hombres o dos mujeres.
En este sentido, es muy interesante leer algún fallo dictado por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación. Nos vamos a encontrar con que se manifiesta que el carácter de generalidad de la ley que deviene del principio de igualdad no se viola cuando se diferencia en razón de la diversidad de objeto, de materia o se hace comprensiva a sólo determinados sujetos por motivos de pluralidad de situaciones que genera la convivencia social, única ley para todos los hombres en todas las circunstancias. Es un imposible jurídico y un absurdo jurídico pretender la igualdad absoluta.
Sr. Presidente (Romero). – Señor senador: le informo que se ha agotado su tiempo de exposición.
Sr. Jenefes. – Ya que a todos los senadores preopinantes se les ha permitido extender su tiempo de exposición, yo voy a redondear mi discurso.
Entiendo que no se está violando el principio de igualdad y que no se está discriminando.
Sí es imperioso que abordemos lo más pronto posible el tratamiento de una ley de unión civil que contemple los derechos de los homosexuales, pero de ninguna manera debemos afectar la institución del matrimonio que –según mi concepción jurídica y católica– está fundamentalmente determinada para el hombre y para la mujer; para una familia con una madre, un padre y sus hijos.
Atento a que se me ha agotado el tiempo, reitero: voy a votar en forma negativa en cuanto a aceptar el proyecto que viene de la Cámara de Diputados.
Hago votos para que despoliticemos este tema, le encontremos una solución, reconozcamos los derechos que innegablemente debemos reconocer, pero no dentro de la figura del matrimonio.
Luego voy a pedir autorización para insertar, de modo tal que pueda precisar en esas inserciones cada una de las incongruencias que tiene este proyecto que ha venido de la
Cámara de Diputados que afecta la estructura del Código Civil; que afecta instituciones como el matrimonio, la filiación, la sucesión, la adopción y otros derechos fundamentales sobre los cuales tenemos que ser cuidadosos en legislar.
Sr. Presidente (Romero). – Tiene la palabra el señor senador por Entre Ríos.
Sr. Vera. – Señor presidente: voy a tratar de ser breve.
Acá se ha dicho mucho, particularmente remarcando las razones o inconvenientes desde el punto de vista técnico-jurídico que implica el proyecto de ley que estamos abocados a tratar.
Si uno se fija en todas estas cuestiones que se han marcado como defectos del proyecto sancionado en Diputados debería concluir con cierta facilidad en que deberíamos haber estado trabajando sobre las correcciones durante un período mucho más razonable que el que se le adjudicó al debate en el Senado.
De hecho, uno bien puede pensar que habría sido relativamente fácil acordar un proyecto de ley que nos dé la tranquilidad de que el resultado –el texto– fuese un paso al frente y no lo que nos está pasando hoy, donde muchos no podemos acompañar; tenemos que rechazar el texto aprobado en Diputados porque es violento, es grosero, está equivocado en muchos aspectos. Y debemos hacer esto aun conscientes de que hay razones para legislar sobre estas uniones que no son las heterosexuales.
¿Por qué esto? Voy a tocar un tema que casi con alguna recurrencia siempre me convoca. Cuando no se puede hacer lo razonable pareciera ser que hay otras interferencias.
Las personas –los hombres y las mujeres– tenemos sentido común y quienes estamos acá, algunos de alta profesionalidad para legislar, a veces no lo podemos hacer.
Evidentemente a mi juicio, con el respeto que me merece cada persona, debo decir que nuestro sistema democrático y nuestra división de poderes están afectados. Porque si no, ¿qué explicación tiene? ¿Por qué no decirlo sin hacer de esto una cuestión importante?
Hay legisladores y legisladoras del bloque oficialista para quienes, a partir de la expresión del presidente del PJ, esto pasó a ser un tema de alto interés personal o partidario.
Me pregunto por qué no están acá: habrían sufrido insinuaciones, pedidos u órdenes para no hacerse presentes. No me voy a extender mucho en esto porque casi siempre refiero a la debilidad o renguera de nuestro sistema democrático.
Si además le agregara que habría personalidades que se ven impulsadas a acompañar la aprobación de este proyecto de ley –más allá de que se logre o no– aun estando íntimamente en contra, otra vez me sugiere hacer este comentario. De hecho, lo hago aludiendo a las imperfecciones del sistema democrático del que tanto hablamos, aludimos o invocamos a cada rato. De lo contrario, pido disculpas: estaremos equivocados quienes decimos que este proyecto de ley, que se habría debatido en una reunión de comisión y luego se aprobó en Diputados −creo que es una afirmación que no se puede discutir−, que estuvo tanto tiempo en debate y fue objeto de tanto esfuerzo físico e intelectual, tendría que ser objeto de perfeccionamiento en algunos aspectos. En tal sentido, es evidente que aquel tratamiento fue impulsado nuevamente por otras razones, distintas a la necesidad de dar derechos a quienes no los tienen en nuestra legislación.
A continuación, me referiré a dos o tres cuestiones acerca de las cuales no me explayaré mucho por respeto al tiempo de todos y, además, por el imperativo del Reglamento.
No voy a descubrir, como suelo decir, el "agujero del mate", pero el argumento basado en la discriminación al sostener que no es lo mismo el matrimonio que la unión de homosexuales resulta totalmente falso. Ya se ha dicho aquí y sería impropio repetirlo. Todos sabemos que se discrimina cuando, ante situaciones similares, por el orden jurídico se trata a las personas de modo distinto.
Sin embargo, en este caso hay que hacer un esfuerzo para comprender la situación. A mí no me alcanza la inteligencia natural que me ha dado Dios para aceptar que es lo mismo la unión de heterosexuales que la unión de homosexuales, más allá de que respeto a esta última y de que su existencia no me causa ningún problema de violencia. Lo que sucede es que, como legislador, siento que hay que colocarse por encima de una determinada especulación o presión.
En ese sentido, alguien dijo "la Iglesia ha presionado". En mi caso, gracias a Dios, respecto de este tipo de temas no me presiona nadie. Además, tengo la suerte de integrar un partido que es bastante democrático. Por lo tanto, estamos en libertad de equivocarnos o de acertar: pero decidimos nosotros.
En consecuencia, debo decir que es falso el argumento de la discriminación. Y debo expresar que, además, como legislador nacional me pesa soslayar el valor que tiene el matrimonio. No puedo tomar con ligereza que porque aquello que es verdad –que las uniones de homosexuales existen y van a existir; entonces, hay que legislar respecto de ellas y reconocerles derechos–, eso nos autorice a nosotros, los legisladores nacionales, a violentar −si se me permite la expresión− la institución del matrimonio, que sigo creyendo importante más allá de las desavenencias y de las observaciones que podamos hacer a esa vieja institución de miles de años. Me refiero, por supuesto, a la familia.
Por supuesto, podrán contradecirnos diciéndonos "Pero la familia ahora, por este nuevo concepto, es una relación amorosa". No niego esa postura ni que pueda existir. Pero creo que nosotros, como legisladores, so pretexto de esa necesidad de legislar −porque son personas que merecen también el mismo trato y consideración por parte de quienes
legislamos−; so pretexto de legislar sobre esos derechos demos una señal a la sociedad. Hablo de una sociedad que viene muy golpeada, a la que no podemos decir que el matrimonio es igual que las otras uniones. Considero que no sería una buena señal de parte nuestra.
Por último, evidentemente en la Argentina tenemos muchas cosas en las que nos va mal. Tenemos comportamientos que, lejos de hacernos presumir que mejoraremos, nos ahondan en el subdesarrollo. Me pregunto, por qué no tener en cuenta lo que se ha dicho acá.
Se ha avanzado con un sentido progresista, pero no con especulación alguna. Lo cierto es que para legislar sobre estas uniones hay que ordenar la otra legislación sobre la que nada se ha dicho. ¿Cómo es esto de que no nos importa lo que sucederá? ¿Cómo es esto de que traspolamos una unión −con toda la tradición que tiene la familia− y a pesar de nuestros códigos, que han legislado sobre uniones de heterosexuales, le queremos insertar esta otra unión? Vuelvo a decir, si ustedes me permiten –para que no queden dudas–, me merece todo el respeto; pero no es lo mismo. De hecho, esto no puede quedar sin ordenar ni legislar. Creo que si lo dejamos así hablaría mal de nosotros.
Aspiro a que la norma en consideración no quede sancionada. Pero como ya hay un gran impulso y se ha avanzado mucho –es bueno no desperdiciar el tiempo–, sugiero legislar como corresponde en un tiempo razonable.
Hasta hace unas horas tenía la ilusión de que quienes decían desde el oficialismo que la norma debiera salir como ellos querían o, si no, caía todo, que reflexionaran y se dieran cuenta de que no debiera estar permitido jugar al todo o nada.
Tenemos deberes y desde ya que nos pesa rechazar el texto sancionado por la Cámara de Diputados, pero de ahí que hablaba de la ilusión de que se arribara a un debido consenso.
Sr. Presidente (Romero). – Tiene la palabra el señor senador Viana.
Sr. Viana. – Señor presidente: creo que hoy el Senado afronta uno de los debates más importantes, por lo menos, en lo que hace a mi corta carrera como senador.
Un debate en el que está inmersa la sociedad argentina en su conjunto. Y no es un tema menor. Creo que es un tema de fondo. Algo que hace a la discusión de la conformación de una sociedad que tiene muchos años y sobre la cual se ha construido en base a determinados principios, leyes y derechos que, si bien hoy pueden verse equivocados o no, tienen su historia.
Estuve seis semanas ausente a raíz de una enfermedad, pero ese tiempo en reposo me ha permitido ver el escenario de discusión de este tema tan importante.
He seguido atentamente la labor de la Comisión, a la que felicito por el trabajo ya que ha buscado abrir el debate en todas las provincias. Lamentablemente, no tuve la posibilidad de participar de él en Misiones, pero ha sido sumamente importante ya que se han escuchado todas las opiniones. Me refiero a la opinión de las provincias, sobre todo, a la de una alejada como la mía que tiene el derecho y la necesidad de expresar sus opiniones.
Por otra parte, he escuchado posturas en debates televisivos muy fundamentalistas y extremos, con los cuales no estoy de acuerdo.
Creo que la sociedad nos mira y espera que un tema de estas características no divida a la sociedad argentina sobre una opinión concreta respecto del matrimonio homosexual.
Este es un debate que ya se ha iniciado, pero que tiene su etapa de maduración.
La Argentina ha sufrido cambios y ha madurado con relación a determinados temas.
Yo soy un defensor de las leyes que se obtienen por consenso. De aquella que permite que todos los sectores busquen la mejor salida. Cuando hay una imposición muy arcada de un sector sobre el otro, quiere decir que no se ha alcanzado la maduración necesaria en la sociedad, que rechazará o aprobará ese tema, más allá de contar con una legislación que vaya en un sentido o en otro.
¿Qué va a ocurrir en la sociedad? La probable discriminación no podrá ser arreglada por una ley o por un juez. En ese caso, entran a jugar otros problemas sobre los cuales los legisladores tendremos que tener mucho cuidado.
En esto radica mi preocupación fundamental. Este tema no cuenta, evidentemente, con un gran consenso en la sociedad. De lo contrario, no estaría tan dividida y presionada en esta discusión.
Tengo una opinión y la voy a dar desde la convicción personal de mi formación; desde el lugar que vengo –de mi provincia–; desde la opinión que tienen los misioneros, en su gran mayoría, con los cuales he hablado; y desde lo que he escuchado a lo largo de todos estos días. En tal sentido, debo aclarar que coincido con una serie de opiniones y disiento abiertamente con otras.
No voy a fundamentar mi voto desde el punto de vista jurídico ni filosófico porque eso ya lo han hecho acá aquellos que tienen conocimiento jurídico con mucha más fundamentación de la que puedo verter yo, que soy ingeniero; pero sí voy a hablar con la convicción clara de lo que considero que es la sociedad, de lo que considero que es una familia y, principalmente, teniendo en cuenta los derechos fundamentales del niño, que es lo primordial en este tipo de legislación. Digo esto porque los adultos podemos defender nuestros derechos, pero un niño no; y ahí hay que tener cuidado en este tema.
Con respecto al matrimonio, yo creo que es una institución que ha sido la base de constitución de la sociedad –tal como han dicho acá– y que está pactado entre un hombre y una mujer porque tiene el objetivo primordial de engendrar niños. Los niños salen a partir de esa unión. Esa es la institución y base de una sociedad, donde se forma una familia, una célula y a partir de ahí se va conformando lo que es una sociedad tal como la vivimos hoy. ¡A lo mejor mañana exista otra sociedad! Si no tendremos que ponernos a discutir las bases fundamentales de la conformación de una sociedad; pero no podemos cambiar por cambiar una ley y, en vez de “marido y mujer” poner otros términos. Creo que hay una discusión mucho más de fondo. Entonces, considero que esto es fundamental.
En cuanto a si estamos afectando el derecho, yo creo que no porque son cosas diferentes. El matrimonio de homosexuales es diferente al matrimonio de heterosexuales. Son objetivos claros diferentes que tiene el matrimonio como concepción de heterosexuales al que puede tener un matrimonio de homosexuales, a quienes les doy toda la defensa de los derechos de su condición.
No estamos hablando de los homosexuales solamente ahora porque esta es una historia vieja. Desde el principio de la humanidad existieron tendencias sexuales y no vamos
a catalogarlas ahora. Tengo el mayor de los respetos por ellos, pero hay que legislar para esa situación que es diferente a la situación de un matrimonio entre un hombre y una mujer, que tiene un objetivo fundamental.
Hay otro tema, que es el que más me preocupa de todos: el de la adopción. Se trata de un tema muy sensible, como ninguno. Ahí estamos hablando de los derechos de un niño.
Estamos hablando de un niño que es fruto de un padre y de una madre, y que tiene derecho a vivir biológicamente con esos padres. El Estado viene en un rol posterior en el caso en el que haya orfandad o alguna limitación por la cual tenga que trasladar a ese niño en adopción. Para eso hay una legislación y determinados requisitos.
Lamentablemente yo provengo de una provincia con índices de pobreza muy altos, pero por la inmigración que hubo nos brindó la característica de tener chicos muy lindos...
Sr. Gioja. – ¡Con excepción del orador! (Risas.)
Sr. Viana. – Con algunas excepciones como la quien les habla, dice el senador Gioja; pero bueno, también tenemos derechos. (Risas.)
Yo he encontrado gente en Misiones, con quienes he tenido discusiones muy fuertes, que ha ido a buscar un niño rubio, de ojos celestes y alto. ¿Qué me hablan de amor si han ido a buscar la mejor criatura a Misiones?
En Misiones hubo estudios de abogados que tenían books de madres embarazadas para vender sus chicos. Esto es real y fue denunciado. Cuando fui presidente de bloque en la
Legislatura inicié un juicio político a una magistrada y la hemos sancionado: la hemos expulsado del Poder Judicial. ¿Sabe por qué? Porque ella tenía el criterio de que a cualquier niño pobre se lo teníamos que dar a alguien rico porque iba a estar mejor. Entonces, ¿dónde cae el Derecho? Cae en el juez que tiene la interpretación de decir a dónde va ese chico.
Si nosotros abrimos claramente la posibilidad de opción de una pareja homosexual, el
niño no tiene el derecho a elegir a sus padres porque ese niño va a depender de la voluntad política del juez. Entonces, el día de mañana puede generarse una cuestión con relación a “por qué yo tengo dos mamás o dos papás”.
También nos tenemos que preguntar si la sociedad argentina está en condiciones de que los otros chicos que son hijos de padres heterosexuales van a aceptar padres homosexuales en estas condiciones. Sabemos la acidez que tienen los chicos en discriminar y generar ese tipo de acciones.
Esta es la discusión que nos tenemos que dar si queremos hablar claramente de derechos y garantías, si queremos hablar del derecho de los niños, que es lo que más me preocupa acá.
Que esto no se transforme, por la pobreza, en un comercio de chicos, como ocurre lamentablemente en mi provincia, donde van a comprar chicos porque les sale entre 20.000 y 50.000 pesos. Esto lo digo con conocimiento de causa y lo he denunciado varias veces.
Entonces, los padres venden a sus hijos por necesidad, con lo cual se genera una fábrica de hijos para la venta. Entonces, ¿dónde hablamos del derecho? Yo les pido que vayan a
Misiones y a otras provincias y defiendan el derecho de esos niños que están ahí.
No dudo de que hay excepciones y que hay parejas que puedan darle al chico todo el amor. Pero las leyes se hacen para todos, no para un sector que los considere buenos o malos.
¿Cuál es la gravedad de esta situación que estamos viviendo? Acentúo fuertemente los derechos del niño. No nos olvidemos de que ellos no se pueden defender. Vamos a caer en las manos de un juez que determine a dónde va una criatura.
Escuché acá que se estaban cercenando derechos a una pareja homosexual en cuanto a la adopción de un niño. Yo también me pregunto si no le estamos cercenando derechos al niño que no tiene capacidad de defenderse, que no puede generarse la defensa necesaria de sus propios derechos para poder tener o no dos papás o dos mamás.
Esta discusión tiene que derivar en una discusión en la que se respeten los derechos de los homosexuales como tales, porque es necesario legislar al respecto, con todos los derechos, pero también que se contemple que en los procesos de adopción se tengan en cuenta todas las garantías necesarias de los tratados y demás derechos constitucionales del niño. Eso no está contemplado en un proyecto de ley que jurídicamente tiene muchas falencias. Si estamos hablando de derechos y garantías realmente estamos transgrediendo el objetivo que se le quiere dar a un tratamiento de estas características.
Por estos fundamentos y por convicción, porque estoy convencido de la construcción de una sociedad justa y equilibrada, con la preservación de los derechos de todos los sectores, pero entendiendo también que mi derecho termina donde empieza el del otro, creo que este tema debe ser abordado desde otra óptica y buscar el consenso necesario.
Por lo tanto, manifiesto claramente el rechazo al dictamen que vino de la Cámara de
Diputados y mi voto afirmativo al dictamen en mayoría de la Comisión de Legislación
General.
Sr. Presidente (Romero). – Tiene la palabra la señora senadora Corregido.
Sra. Corregido. – Señor presidente: antes que nada quiero aclarar que los niños rubios de ojos azules no son los mejores ni los más lindos. Todos los niños son hermosos y todos los niños merecen ser protegidos del tráfico de niños en todas las regiones del país.
Me quedé consternada con lo que oí, porque se trata de delitos, y en realidad lo que el senador Viana acaba de describir es que los controles no están funcionando como debieran para proteger a esa infancia de un negocio realmente terrible.
Estoy a favor de la ley de matrimonio igualitario porque me parece que desde el
Congreso tenemos que ponernos a la altura de las circunstancias. Debemos legislar para todos y todas teniendo en cuenta que este es un país laico; que los preceptos religiosos están fuera de discusión…
En verdad, me quedé consternada con lo que acabo de escuchar. No puedo ni siquiera hilar el argumento.
Tengo que decir que como representante de mi provincia cuento con el respaldo de la decisión de la Cámara de Diputados, en los proyectos de los diputados Bolatti, del Frente
Grande; del diputado Carlos Martínez, de Libres del Sur; del diputado Acosta, del partido radical. Ellos han propuesto estos siete proyectos de resolución a favor del matrimonio y de la adopción de los hijos.
Con respecto a la cuestión…
Sr. Nikisch. – Pido la palabra para una interrupción.
Sr. Presidente (Romero). – Señora senadora, el señor senador Nikisch le solicita una interrupción. ¿Se la concede?
Sra. Corregido. – Sí, señor presidente.
Sr. Presidente (Romero). – Para una interrupción, tiene la palabra el señor senador Nikisch.
Sr. Nikisch. – Simplemente, quiero aclarar que el diputado Raúl Acosta no pertenece a laUnión Cívica Radical sino al Partido de la Concertación.
Sra. Corregido. – Tiene razón, señor senador Nikisch.
Sr. Presidente (Romero). – Continúa en uso de la palabra la señora senadora Corregido.
Sra. Corregido. – La Cámara de Diputados de la provincia del Chaco ha dado el consentimiento a la aprobación de la ley de matrimonio igualitario y a la ley de adopción.
Con relación a la cuestión de la adopción, quiero decir que me parece que en este tema se ha puesto a los niños en medio del debate con la intencionalidad de generar miedo y pánico moral; como si los niños, con la aprobación de esta ley de matrimonio gualitario, pasaran a estar expuestos a cualquier maltrato, como si las personas homosexuales fueran anormales, perversas, abusadoras. En verdad, considero que todas esas son afirmaciones falsas e injustas, que violentan la buena voluntad de todos los argentinos que hemos escuchado este debate. Creo que debemos tener mucho cuidado en no caer en estas divisiones tan terribles, con estos discursos tan vacíos de comprensión, de tolerancia y de afecto.
Ahora bien, quiero hacer un reconocimiento a quienes en la provincia del Chaco pusieron el corazón y el cuerpo para defender esta ley de inclusión para todos y todas. No quiero dejar de mencionar a Nancy Sotelo, una luchadora por los derechos civiles y sociales; al escribano Cristian Rolón Motter; al profesor Szabo; al pastor luterano Gleim; al ingenieroMaidana, al periodista español Paco y especialmente a Úrsula Sabarese, que tuvieron el coraje, la honestidad y la tolerancia necesarias para exponer en la audiencia que se hizo en el Chaco.
Por otra parte, deseo hacer un razonamiento con relación a la cuestión de la pertenencia política, a si en este debate no debemos tener en cuenta la doctrina de los partidos políticos a los que cada uno de nosotros pertenece. Efectivamente, nosotros estamos sentados aquí porque en algún momento adherimos a un partido político, hicimos campañas, fuimos a elecciones internas y nos eligieron; y estamos representando no sólo a un partido, sino también a nuestras provincias.
Como peronista que soy, cada vez que debemos considerar estos temas yo trato de abrevar en la doctrina y recordar en nuestra historia peronista las cosas que nos han fortalecido y que nos han hecho ser lo que somos. Por ello, cuando hablamos de matrimonio, de exclusiones y de discriminaciones –que de esto se trata– pienso en Eva Perón, quien verdaderamente ha sido un ejemplo claro de la discriminación de la sociedad por ser pobre y por ser hija natural, pues en aquellas épocas los hijos naturales no tenían derechos.
La verdad, si hay alguna institución que dignificó a Eva fue el matrimonio con Juan
Domingo Perón. Fue un acto de amor de Perón, porque es el amor el que vence los prejuicios, el que tira vallas y el que permite acercamientos; y fue ese amor de Perón a Evita el que permitió que se pudieran casar a pesar de que Evita era una excluida por pobre, por hija natural y además por mujer, porque las mujeres tampoco teníamos derechos en aquel momento. Además era actriz: hoy también se dijo que las actrices eran desvalorizadas moralmente.
Para Perón, coronel del Ejército, quizás Evita no era la mejor mujer para casarse, quizá no era la que cumplía con los requisitos sociales para el matrimonio. Sin embargo, el amor de Perón dignificó a Evita y por eso se casaron. Así le dio todos los derechos y toda ladignidad. Y eso es el matrimonio.
– Ocupa la presidencia el presidente provisional del H. Senado, don
José J. B. Pampuro.
Sra. Corregido. – Lo que tenemos que decir aquí que hay montones de familias, montones de parejas, montones de mujeres que se quieren entre si, de hombres que se quieren entre si, que también quieren vivir amparados bajo la dignidad del instituto que se llama “matrimonio”. No me parece que nosotros tengamos ningún derecho, desde ninguna moral dominante, a prohibir que los demás vivan como quieren vivir.
Por último, como no soy abogada, quiero leer uno de todos los argumentos de los constitucionalistas que he leído. Este lo elegí porque me parece excepcionalmente claro y contundente. Dice así: “Sustancialmente se trata de razones de índole jurídica. Creo que el artículo 172 del Código Civil, que data del siglo XIX, al excluir a las personas de un mismo sexo de la posibilidad de contraer matrimonio plantea una discriminación inadmisible, porque lo hace sobre la base de la orientación sexual de las personas; y me gustaría fundar este punto. La jurisprudencia de la Corte norteamericana, que ha sido receptada también por la Corte argentina, crea la llamada “categoría sospechosa”. Esto significa que cuando el legislador hace una distinción basada en razones de raza, género o alguna otra cuestión relativa a minorías, está configurando una categoría sospechosa que goza de la presunción de inconstitucionalidad. Por lo tanto, para justificar la validez de la distinción y sostener una necesidad social imperiosa, nuestra Corte dice que es necesaria una justificación racional entre el fin que busca el Estado y el medio que se utiliza. Pues bien: la orientación sexual de las personas es una categoría sospechosa. Este es el criterio del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a partir del caso Karner, y también del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y el que a su vez han establecido las Cortes constitucionales de Sudáfrica, Canadá y Bélgica, porque se establece una distinción desventajosa para una determinada minoría. Yo no encuentro ninguna razón imperiosa ni atendible para que los heterosexuales podamos gozar de mayores derechos que los homosexuales.” Esto lo dijo en la Cámara de Diputados el diputado y constitucionalista Gil Lavedra.
Por último, como católica que soy, quiero reconocer la actitud cristiana de los sacerdotes de Córdoba, Quilmes y Mendoza que, con todo coraje y convicción, han defendido el Evangelio y la libertad de pensamiento. Han pensado, como Jesús enseñó, que el Evangelio nos hace libres y que el amor es lo único que importa.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Bortolozzi.
Sra. Bortolozzi de Bogado. – Señor presidente: voy a hacer consideraciones de tipo político.
Hemos sido arrastrados setenta y dos políticos grandes, algunos viejos...
Sr. Mayans. – ¡Otros no tanto!
Sra. Bortolozzi de Bogado. – Así es: como dice José Mayans también ... en torno de este tren de herir a la sociedad y de distraerla de los problemas fundamentales.
Hemos dividido a todas las iglesias. Hemos seguido como tontos una política de distracción. Yo no voy a votar lo que viene de Diputados porque es eso: una política de distracción. ¡Y voy a denunciar acá que aquí se violaron los fueros de dos señoras senadoras que,
en vez de ponerlas en un calabozo –como hacían los monarcas de las monarquías
parlamentarias–, fueron metidas en un avión presidencial! Así que se violaron los fueros parlamentarios. Todos nosotros sabemos que los fueros parlamentarios están para que no nos metan presos en un calabozo cuando venimos a votar. Pero ahora, en vez de calabozo, es el avión presidencial.
Hay un vicio de la voluntad: sí relativo, sí moral. No físico, pero sí moral. Porque es difícil para una legisladora del oficialismo decir “no” a la jefa del Estado.
De todas maneras, advierto que vamos a tener otras prosecuciones mundialísticas de esta misma especie. Espero que los setenta y dos que estamos acá –algunos muy viejos y muycascoteados– no nos prendamos de nuevo.
Va a venir el tema del aborto. Yo tengo muchos proyectos de aborto, pero no quiero que se trate “aborto” en un partido Boca–River, ni contra Bergoglio, ni contra los curas: quiero que se aborde el tema del aborto por la mujer.
Va a venir el tema de sacar ciertos poderes a la Iglesia Católica. No el artículo 2º de la
Constitución porque está en la Carta Magna; pero sí hay incluso un proyecto mío en elsentido de sacarla del Código Civil como persona jurídica de Derecho Público no estatal. ¡No estoy de acuerdo con que se utilicen esos medios bastardos para humillar al
Congreso, para dividir a la sociedad, para hacer sangrar a la gente! No me refiero a los curasni a la curia de obispos, que gana muy bien a costilla de todos nosotros y al artículo 2º de la
Constitución –cuando digo “de todos nosotros” me refiero al pueblo–, sino herir el inocentesentimiento religioso de la gente; que yo no lo tengo, desgraciadamente, pero lo respeto. ¡Lo respeto!
¡Estamos siendo cómplices de la herida que le estamos haciendo a la sociedad! Esa es mi advertencia y les imploro, por favor, que no seamos arreados de nuevo como esta vez.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la senadora Díaz.
¿Solicita una interrupción, senadora Parrilli?
Sra. Parrilli. – Podría haberle pedido una interrupción a la senadora Díaz, pero está sentada aquí al lado mío y no quería interrumpir a la senadora preopinante.
En primer lugar, quiero decir que no soy una senadora tan vieja –estoy en la mitad– y que de ninguna manera soy cómplice de ninguna presión que se esté haciendo en este sentido.
Aquí no hay dos senadoras que fueron engañadas sino invitadas a acompañar a la presidenta y estaban en todo su derecho de decir que sí o que no. Seguramente, habrán ido porque van a traer cosas muy importantes también para sus provincias.
Creo que éste es un tema que sí genera división, pero que hay que afrontarlo.
Perón decía que la única verdad es la realidad, y la realidad es que hay jueces que ya han estado fallando a favor de estas uniones de matrimonios de gays o de lesbianas.
Entonces, creo que el Congreso debe expedirse, y que es muy sano lo que hoy está pasando en esta casa.
Seguramente, está todo bastante mezclado y habrá que esperar que las aguas se calmen. La verdad que también hemos escuchado algunos argumentos que realmente nos dejan absortos y sin capacidad de reacción en el momento: por ejemplo, cuando se plantea qué va a decir el niño adoptado que no pudo elegir que sus padres fuera heterosexuales u homosexuales. Sin embargo, yo pregunto qué podrían decir aquellos niños que son violados, maltratados y ultrajados por padres heterosexuales.
Señor presidente: creo que este 14 de julio es un día para que hablemos de muchas cosas y dejemos la hipocresía de lado. No juzguemos con la misma vara a todos. Quiero dejar también muy en claro que, como integrante del oficialismo, no he sido llevada ni fui cómplice de ninguna de estas acciones. Así que espero que sigamos en este clima maduro de discusión que hemos llevado hasta este momento.
Sr. Presidente (Pampuro). – Ahora sí, tiene la palabra la señora senadora Díaz.
Sra. Díaz. – Señor presidente: en primer lugar, quiero decir que si vamos a rehuir el debate para que no haya tensión o conflictos debemos cancelar la vida democrática porque de esto se trata la democracia: de la tensión que surge de las diferentes ideas. Luego jugarán las distintas relaciones de fuerzas para que las mismas se diriman.
Todo lo que no cambia se estanca y muere. Afortunadamente, en estos meses se ha librado una batalla ideológica que vino a conmover las viejas estructuras de lo que se pensaba sobre el matrimonio, la familia, la crianza.
Nadie puede negar a esta altura del debate que voló en mil pedazos el sentido común sobre estas categorías humanas. Aun quienes se aferran al orden establecido a cualquier costo no pueden ocultar que lo diverso existe porque nos estalló en la cara. Y esto, que ya de por sí constituye una victoria, es fruto de la lucha de miles que se han organizado para avanzar sobre el oscurantismo, para romper el techo del prejuicio.
Tampoco es obra del azar que hoy muchas senadoras puedan votar en este recinto. Se lo debemos a las luchadoras feministas que durante la historia de la humanidad han dejado sus vidas para que las mujeres votemos, compremos al contado, ocupemos una banca.
Fueron combatidos durante siglos estos mismos argumentos que hoy se escuchan contra el matrimonio igualitario, aplicado al género femenino. El mero hecho de nacer mujer condenaba a un recorte de derechos motivado por los cromosomas XX. Gracias al coraje del cambio hoy esto nos resulta absurdo y arbitrario.
Como planteó el activista Pedro Zerolo, en la valentía está el secreto de la libertad y de la igualdad.
Los avances sociales son imparables y desde Tierra del Fuego hemos acompañado desde el principio esta lucha digna, tenaz e inteligente por la igualdad.
No está hoy en juego el poder económico que siempre enreda las manos estatales.
¿Por qué, entonces, tanta inquietud con este proyecto que modifica el Código Civil? Se trata de universalizar el derecho a la obra social para los cónyuges; establecer un régimen patrimonial; la protección de la seguridad social y de la infancia; beneficios laborales, información y acompañamiento médico y régimen de alimentos, entre otras necesidades básicas de la familia humana.
Las leyes suelen ir detrás de los cambios. La discriminación histórica de las minorías sexuales se corresponde con esta ausencia y falta de reconocimiento en la legislación. De aprobarse esta modificación, se podrá correr el umbral de lo imaginable para generaciones nuevas que, al no ser heterosexuales, siempre habían descartado la posibilidad de formar una familia al amparo de lo permitido. No nos han votado para legislar únicamente para heterosexuales. ¿Cómo es posible, entonces, discriminar quién queda bajo la tutela estatal y quién no?
Estos avances en discusión hoy, tan intrínsecos de nuestra concepción ideal de país, universalista, igualitaria, parecen afectar al extremo el orden simbólico. Y en esto, influye la peligrosidad del deseo ajeno. Como lo expresó una activista cordobesa, “se oponen al placer, a la anticoncepción, al aborto, al lesbianismo, a la homosexualidad, al travestismo, a la transgeneridad, a la autonomía personal, a la diversidad humana, a la libertad de expresión.
Fomentan la discriminación, la agresión que pesa sobre lesbianas, travestis, transgéneros, transexuales, gays y que muchas veces nos cuesta la vida. No hay libertad posible cuando el Estado y los sectores de poder controlan aspectos tan elementales de las personas”.
No siempre fue así. En las sociedades originarias, no existía el tabú del sexo, ni la homosexualidad era castigada tal como sucedió luego en el mundo occidental. La española Casilda Rodrigáñez explica cómo se establece que la única sexualidad humana es coital y adulta, y que está vinculada a la dominación del hombre sobre la mujer, y de ambos sobre las criaturas. De hecho, se desvirtúa el concepto de sexualidad al identificarla con genitalidad y/o, en menor medida ya, con la reproducción.
Como lo dijo Lawrence, el sexo no es más que tacto, el más íntimo de todos los tactos. Y el tacto es ternura. El escritor hablaba del coraje de la propia ternura cuando hoy se discute si un grupo humano queda fuera, expulsado de la protección, de la legalidad, lo que es, en cierta medida, una forma de la muerte.
Incluso, antes del capitalismo, existía el patriarcado definido, por el instructivo antidiscriminación elaborado por el Area Queer de la Universidad de Buenos Aires y otras organizaciones, como la ideología que supone la continuación del poder del padre en la distribución de roles sociales en el matrimonio y en la sociedad a partir de la desigualdad de géneros; tiene una raíz económica que naturaliza modos específicos de explotación y opresión. El patriarcado resolvió la necesidad masculina de asegurar la descendencia propia para resguardar el patrimonio económico y, de allí, como garantía de fidelidad, surgió la salida práctica del matrimonio, sin que a nadie se le ocurriera vincularlo con el paradigma del amor romántico que sobrevendría años después. Y todavía existen quienes se escudan detrás de la naturaleza para justificar por qué se niega un paraguas de derechos a un sector de la población en función de sus elecciones íntimas. Hoy se nos propone una idea superadora de matrimonio que, al modificarlo, también lo reivindica.
Hace 122 años, con la instauración del matrimonio civil, en clara búsqueda de la inclusión de las minorías, la Iglesia utilizó los mismos argumentos que en este momento, tomando a la medida como el fin de la familia en contra del orden natural con resultados funestos en la sociedad. No debería estar en discusión lo religioso. Pero es válido recordar que existe en la Argentina una división explícita entre Iglesia y Estado.
Si bien el artículo 2° de nuestra Constitución Nacional reconoce el culto católico, apostólico y romano, no se trata de una religión de estado y no todos deben profesarla. No hay ningún tipo de unión moral entre el estado constitucional de derecho y la religión católica que permita trasladar los contenidos de dicha religión a la sociedad civil en términos de regulación de derechos, sostuvo el doctor Andrés Gil Domínguez en este palacio en la Comisión de Legislación General.
Si la propia iglesia niega el matrimonio civil, ¿cómo es que se puede desconocer una categoría y, a la vez, pretender influir en ella? No mencionar esto sería obviar un elemento central de la puja que se produce en esta jornada, siendo que la Iglesia Católica no ocupa hoy una banca explícitamente, pero vaya si está pesando en este recinto. Y bienvenida sea la discusión, porque no son los fieles los que frenan los avances sociales: los y las creyentes caminan un paso delante de la jerarquía, que se distancia de la realidad cultural de nuestro pueblo. Como lo expresa una encuesta del CONICET, nueve de cada diez personas en la
Argentina cree en Dios y la mayoría de ellas apoyan el divorcio vincular, el aborto legal, la educación sexual, la existencia de sacerdotisas y otras cuestiones que interpelan al mundo autorizado.
Incluso, varios sacerdotes han reivindicado que para Jesús, el reino de misericordia, justicia e inclusión de los desplazados de su pueblo estaba por encima de toda otra concepción y valores culturales de su tiempo –la familia incluida– y se han preguntado cómo podríamos considerarnos discípulos de Jesús sin conmovernos con entrañas de misericordia ante los hermanos y hermanas excluidos del camino de la vida y la igualdad ante la ley. ¿Podemos seguir de largo sin detenernos a escuchar lo que Dios nos está queriendo decir a través de tantos y tantas que se sienten explotados y deprimidos bajo un sistema discriminatorio?
Hoy existe una clara invitación a la convivencia con la diversidad, con todos los colores del arco iris. Como expresa Diana Bellesi, decir es un acto potente, crea o destruye mundos. Y no son estas unas palabras hilvanadas para la ocasión. Nacen del profundo respeto por el espíritu de lucha compartida con quienes han sufrido y aún hoy sufren humillaciones, muerte, odio y silencio sobre sus vidas. Hoy podemos descorrer los velos del miedo y de la ignorancia y permitir que la realidad se imponga, que todas las familias cambien y mejoren. Confío en que será este el día en la que podamos crear un país un poco más justo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Corpacci.
Sra. Corpacci. – Señor presidente: en primer lugar, me parece que es justo hacer un reconocimiento a la Comisión de Legislación General, que ha recorrido el país para escuchar todas las opiniones, tanto a favor como en contra de la aprobación de este proyecto de ley. Quiero hacer también un reconocimiento especial a aquellos grupos minoritarios que, haciendo un esfuerzo, fueron capaces de salir a poner la cara y el pecho para defender lo que ellos consideran un derecho que no les debe ser cercenado. A la vez, quiero hacer hincapié fundamentalmente en los grupos minoritarios de mi provincia, que es netamente católica y donde la marginación, el ocultamiento y la negación de los grupos de gay y de lesbianas son tremendos.
Se ha dicho acá que algunos estarán votando en contra de sus convicciones, pero yo creo que eso no será así. Creo que todos estamos poniendo sobre la mesa nuestras más profundas convicciones y que, por eso, debemos ser respetados. Y sea cual sea el resultado de esta votación final, que todos podamos seguir en nuestras provincias recorriéndolas tranquilamente, que no seamos sometidos a escraches, que no seamos discriminados por pensar de una u otra manera.
No quiero dejar pasar el comentario de que, en nuestra provincia, el señor obispo nos ha llamado, hemos conversado con él y, si bien no le hemos expresado claramente cuál iba a ser la decisión de nuestro voto, se nos ha tratado con respecto. Por supuesto que se trató de inculcarnos las ideas de la Iglesia Católica, pero siempre se lo hizo con respecto.
Hoy se está debatiendo un proyecto de ley que fue sancionado en la Cámara de
Diputados y que lo que hace es extender la regulación del matrimonio civil. Considero importante hacer hincapié en esto de “civil”, porque no estamos regulando sobre un principio religioso, materia que, por supuesto, no corresponde al Congreso y nunca se nos ocurriría intervenir; queda en la conciencia, en la elección religiosa de cada uno. Lo que hoy estamos haciendo es, simplemente, extender un derecho como es el matrimonio civil para aquellas personas que quieren ejercerlo, independientemente de su condición u orientación sexual.
También escuché decir que no es un tema prioritario en el interés de los argentinos.
La verdad es que, probablemente, para mí, heterosexual, que puedo acceder a esos derechos, no sea prioritario. Sin embargo, para los grupos minoritarios que hace años luchan por este derecho, sí es prioritario. Además, lo cierto es que, desde hace algún tiempo, algunos jueces están autorizando los matrimonios que son una realidad en nuestro país, y estamos delegando de esa manera una facultad que es del Poder Legislativo en el Poder Judicial. Por eso, sí creo que es importante que hoy tratemos este proyecto de ley.
Yo he escuchado, como seguramente lo han hecho todos los legisladores aquí presentes, voces a favor y voces en contra. Entre las voces que se oponen a este proyecto, escuché decir “unión civil sí, matrimonio no”, dándole la oportunidad de algo que dicen los equipara a los heterosexuales.
En mi concepción, nos equipararía si tanto los homosexuales como los heterosexuales pudieran optar por la opción de qué quieren, si quieren el matrimonio o quieren la unión civil, proyecto que se ha intentado tratar varias veces y nunca ha prosperado y que es una asignatura pendiente para este país.
Cuando dicen “matrimonio no”, se refieren a que el matrimonio siempre fue entre un hombre y una mujer con un único fin: el de concebir. La verdad es que si nos quedamos en que siempre fue y, por lo tanto, siempre debe ser así, quedaríamos detenidos en la historia, y hoy las mujeres estaríamos siendo consideradas incapaces, como estaba en el Código Civil de Vélez Sarsfield y, además, nuestros padres decidirían con quién nos casamos y no tendríamos más derechos que aquellos que nos quisiera conceder nuestro marido o nuestro padre, en caso de ser solteras. Tampoco podríamos votar, y la verdad es que siempre que uno intenta cambiar algo sale la teoría del caos, de lo terrible que va a ser el cambio; y no es porque sí, es porque todo cambio siempre genera cierta tensión, y no está mal. Hoy nos parece natural que un negro se case con un blanco o que un judío se case con un ario. Sin embargo, y aun luego de haberse legislado la situación, pasó mucho tiempo para que la sociedad aceptara que eso es normal.
También, se dice que no es natural la unión entre dos hombres o entre dos mujeres.
Verdaderamente, creo que natural es lo que uno es. Y en aras de esa naturalidad, se obligó a las personas que prefieren a otra del mismo sexo a mentir y a ocultarse y, muchas veces, fueron castigadas hasta por su propia familia, sometidas a tratamiento psicológico o marginadas, solamente porque no podían ser normales dentro de la normalidad de los, entre comillas, normales heterosexuales.
Por lo tanto, no me parece anormal desde el momento en que la Organización
Mundial de la Salud considera que la homosexualidad no es una enfermedad. En consecuencia, los homosexuales no son anormales, son sanos y, por consiguiente, no son insanos. Y en virtud de ese principio, tienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano argentino, entre los cuales se encuentra el del matrimonio. ¿Por qué los heterosexuales pueden gozar del matrimonio y los homosexuales no?
También se hizo hincapié, creo que tratando de desviar el eje de la cuestión, que es reconocer un derecho civil −como es el matrimonio− que les es negado a los homsexuales, en la protección de los menores. En ese sentido, se dice que todo niño tiene derecho a un padre y a una madre. Verdaderamente, yo también aspiro, deseo y sueño que todos los niños de mi país y los del resto del mundo tengan un padre y una madre. Pero si vamos a un estricto sentido de justicia, con ese criterio, no podría una mujer sola adoptar un niño, al igual que un hombre solo. Sin embargo, lo hacen.
El concepto de familia ha ido cambiando a lo largo del tiempo, y está bien que así sea.
La senadora Fellner decía hace un rato que ella es el sostén de su familia; o sea que habló de una familia monoparental. Yo tengo una familia ensamblada, seguramente, como muchos de ustedes; y otros tendrán una familia que se constituyó hace veinte años y cuyos padre y madre tendrán la dicha de seguir viviendo juntos. Pero cuando uno lleva a los chicos a la escuela, se da cuenta de la realidad: que actualmente esas familias son las menos.
Asumir que la homosexualidad es una perversión, o que los homosexuales son violentos o violadores y que, por lo tanto, constituyen un mal ejemplo para nuestros niños, y que los niños estarían sometidos a la condición de tener que aceptar un padre que no eligieron es una falacia. Hay que considerar que cualquier niño que es adoptado o que nace en un hogar, es adoptado o nace en el hogar que le tocó. Ningún niño elige dónde nacer ni quién lo adoptará, sino que somos los mayores los que decidimos qué hogar le tocará, y somos los mayores los que adoptamos al niño. Por lo tanto, creo que no hay que hacer tanta polémica.
Aquí no estamos quitándole derechos a nadie, sino otorgándoles derechos a los que no los tienen. Es un derecho que no cercena la libertad de nadie, sino que, al contrario, le da libertad al que no la tiene. Por ese motivo, yo adheriré al proyecto de ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Para finalizar, quiero expresar que soy católica, que envío a mi hija a un colegio católico y que espero −aspiro− que pueda seguir concurriendo a ese mismo instituto; y que porque soy católica y cristiana, adhiero profundamente a la fe religiosa y a los principios fundamentales que, para mí, tiene el cristianismo, que son la tolerancia, el amor al prójimo, la solidaridad y la protección al desvalido.
Se ha dicho, también, que hay otra serie de iniciativas que son importantes. Adhiero a eso. La tenencia compartida, la unión civil, la situación de los hijos extramatrimoniales y la fertilización asistida deben ser tratadas. Pero el hecho de que no se hayan tratado no quiere decir que sea un impedimento para tratar y aprobar la iniciativa que permite la unión entre personas del mismo sexo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Basualdo.
Sr. Basualdo. – Señor presidente: como lo han hecho todos los senadores preopinantes, quiero felicitar a la Comisión de Legislación General, a los secretarios y a la gente de prensa del Senado, que ha hecho grandes sacrificios para televisar todas las reuniones.
Ver y escuchar las diferentes opiniones nos ha servido mucho, tanto las que han sido a favor como las que estuvieron en contra. Realmente, lo que hemos aprendido en estos cuarenta y cinco días nos ha sido de gran ayuda. He tenido la oportunidad de leer varias versiones taquigráficas, y esto me ha permitido abrir los ojos respecto de ambas posturas.
¿Qué pretendo decir como resumen de todo lo que he visto y leído sobre el tema? Al hablar del matrimonio, una de las cosas fundamentales vinculadas con él es la posibilidad de la procreación. Hoy, se habla de matrimonios teóricamente del mismo sexo, que no van a poder procrear. Es decir que se trata de algo totalmente diferente. Y las cosas diferentes hay que tratarlas diferente. Si se quiere tratar igual lo que es diferente, se discrimina.
Sí reconozco que hay que legislar sobre diversos temas como lo hereditario, lo impositivo, la cobertura médica, etcétera. Lo podremos llamar unión civil, convivencia o cualquier otro nombre, pero el matrimonio es algo diferente. Y no se puede hoy decir que todo es lo mismo. Si así fuera, mañana, van a venir los musulmanes a decir que la religión les permite casarse con cinco mujeres y, si no pueden hacerlo, se los estará discriminando.
Entonces, los vamos a incluir dentro del matrimonio. Y en igual sentido, mañana vendrá una mujer que dirá que quiere casarse con cuatro hombres y, si no se le permite, dirá que se la discrimina, porque hay hombres a los que se los deja casarse con cinco mujeres. También eso se va a colocar dentro del matrimonio. Pero el matrimonio es algo diferente. Es para procrear esencialmente. En el caso en consideración, no pueden procrear. Entonces, es diferente. Y debe ser tratado en forma diferente.
Una persona con capacidades diferentes tiene que utilizar una rampa. Pero si se considera que todos necesitan una rampa, a la otra persona no le sirve. Y si no se le da una rampa a nadie, tampoco sirve a los que tienen capacidades diferentes.
Muchos de los senadores son abogados. Pero si ustedes se quieren inscribir en el
Consejo de Ciencias Económicas, no lo pueden hacer porque no son profesionales en ciencias económicas. Deben estar dentro del foro de abogados porque son distintos. Eso no es discriminación para nadie.
Trabajemos sobre una norma que prevea la unión civil o la convivencia, pero no hablemos de matrimonio porque es algo diferente.
Si se quiere algo igual para todos, se va a discriminar. Y si se quiere ampliar el matrimonio para que sea para cualquier cosa, no le va a servir absolutamente a nadie.
Hay varios proyectos presentados y si, por equis motivos, no se puede aprobar ninguno, dejemos expresado nuestro compromiso para trabajar en lo que hace a las cuestiones hereditarias, impositivas y todos aquellos beneficios de los que gozan los demás, salvo en lo que hace al matrimonio y a la adopción porque, en este último caso, un hombre solo o una mujer sola pueden adoptar.
Reitero: trabajemos sobre el tema jurídico a efectos de darles esos derechos.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Guastavino.
Sr. Guastavino. – Señor presidente: voy a ser muy breve, atento a la cantidad de oradores que todavía tienen que hacer uso de la palabra, por lo cual le pido permiso para insertar mi discurso y, además, porque me he sentido absolutamente representado en las exposiciones que han hecho algunos de mis pares defendiendo el proyecto que yo también, obviamente, voy a apoyar, que es el de matrimonio civil para personas del mismo sexo y que fue sancionado en la Cámara de Diputados. Quería hacer uso de la palabra, fundamentalmente, para adelantar mi voto positivo a dicho proyecto.
Decía que hubo senadores que han hecho uso de la palabra por los cuales me sentí representado, sobre todo, la miembro informante del proyecto: la senadora Fellner, por Jujuy, y el senador por Córdoba; pero, en realidad, también me he sentido representado por otros senadores que han dado fundamentos y argumentos que son absolutamente compartidos.
No quiero ser repetitivo. Simplemente, voy decir que estoy absolutamente convencido de apoyar este proyecto de ley sustentado en convicciones muy fuertes que tienen que ver con razones humanitarias, ideológicas, jurídicas y constitucionales.
En lo que quiero hacer más hincapié –aunque repito que voy a ser breve– es en las razones humanitarias, en el sentido de que cuesta mucho creer que se encuentren argumentos para no reconocer una realidad que es tangible, que es palpable; una realidad que vemos todos los días, que la venimos viendo desde hace mucho tiempo y que, por distintas razones, ya sea por formación, por origen o por prejuicios de todo tipo, hicimos la visita al costado.
Me parece muy difícil no darnos cuenta de que hay un sector de la sociedad –como algunos dicen, una minoría– que está clamando por derechos; que está clamando por igualdad; que por mucho tiempo ha sido invisible y discriminada, y sigue siendo discriminada; que por mucho tiempo necesitó ocultarse para no sufrir el dolor, la opresión, el agravio, la falta de respeto, la falta de consideración y la falta de comprensión.
A mí me parece que cuando se trata de reconocer derechos, hay que reconocerlos en plenitud y no hay que encontrar ni atajos ni salidas intermedias: o se los reconoce o no se los reconoce. Y, en este sentido, para uno que forma parte de una generación que, inclusive, tiene origen cristiano; para uno que hizo la opción por el peronismo desde el cristianismo; para uno que forma parte de la década del 70 y siempre luchó en contra de las desigualdades, esta que estamos viviendo hoy es una desigualdad manifiesta ante la ley. Eso está claro y concreto, y creo que, en esto, todos hemos coincidido. Entonces, me parece que, en este sentido, no hay que darle demasiadas vueltas a las cosas: se los tenemos que reconocer en plenitud. Por eso, mi voto será absolutamente afirmativo al proyecto de ley que le reconoce en plenitud los derechos a este sector que los viene reclamando.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Meabe.
Sra. Meabe. – Señor presidente: trataré de ser muy breve porque comparto muchas de las apreciaciones vertidas ya por los señores senadores y, a mérito de no ser repetitiva, evitaré reiterarlas.
De todas maneras, quiero hacer una mención especial y un agradecimiento especial a
la Comisión de Legislación General, a la senadora Negre de Alonso, porque sé el sacrificio que le ha costado recorrer varias provincias. Lamentablemente, por falta de tiempo no ha podido ir a otras que, también, quisieron estar presentes en esta ronda de conversaciones.
Soy senadora de la Nación, representante de la provincia de Corrientes. Mi vida política allí es lo suficientemente larga como para que todos o la gran mayoría de mis comprovincianos me conozcan y sepan cuáles son mis creencias y cuáles son mis valores.
En todos y cada uno de los discursos que he pronunciado a lo largo de toda mi carrera
y, fundamentalmente, el año pasado, cuando hube de presentarme en elecciones para acceder a esta banca de senadora, siempre he invocado a Dios y a la providencia divina, que son quienes me indican el camino a seguir.
En consecuencia, creo en la existencia de un orden natural, orden éste que he podido palpar a lo largo de años que he vivido en el campo, en contacto permanente con la naturaleza, que es la que me mostró día a día y me consustanció con ella para hacerme ver las cosas que Dios puso en nuestro camino y de qué formas.
Ese orden natural, me indica que no todo es lo mismo. Existen diferencias entre un
macho y una hembra. Lo digo así porque soy campiniña, me crié en el campo, y siempre he mirado las cosas de esa manera. Un macho y una hembra, que se traduce en la sociedad ciudadana como un hombre y una mujer o un varón y una mujer, y que la familia entendida como célula básica de la sociedad, que a pesar de todos los pesares, todavía subsiste en nuestros días, es la unión de un hombre y una mujer que tienen una idea común, un deseo común y un proyecto común, que es la procreación de la especie, y que lógicamente se completa con la llegada de los hijos.
Yo tengo maternidad responsable. Soy madre, soy abuela y, fundamentalmente, tengo
el suficiente cariño como para prohijar a muchísimos chicos, madres y también familias
enteras, porque entiendo que es una de las vocaciones políticas que debemos tener los que transitamos estos caminos: compartir, prohijar y expandir lo que nosotros tenemos para que también los otros puedan absorber.
Quiero decir, también, que he estado en muchas de las audiencias públicas, como la
que se realizó en mi provincia, en la capital de Corrientes, en las que he escuchado muchas historias, testimonios personales con los cuales me he consustanciado, viendo sobre todo el sufrimiento que conllevan muchas de las situaciones de las que se dieron testimonio en estas audiencias de muchos gays y muchas lesbianas.
Sin embargo, creo que, como legisladores, debemos legislar no para casos individuales sino teniendo en vista el interés general de la Nación. Debemos dejar de lado fundamentaciones particulares y afectivas y mirar el bien común. Con ello, no considero que se esté discriminando, ya que la igualdad de derechos no significa unificación o uniformidad de derechos. No se puede igualar aquello que no es igual. No se puede igualar, señor presidente, lo que no es igual.
Además, esta supuesta igualación traería aparejada la afectación de derechos a terceros. Al posibilitar la adopción de menores a parejas del mismo sexo, ¿no estaremos afectando los derechos de los niños? Los niños sí tienen derechos a ser criados por un hombre y una mujer, y formar así su personalidad en la diversidad que ello trae aparejado. Hombres que cumplen su función de padres y forman a sus hijos; mujeres que cumplen su función de madres y educan a sus hijos. Son dos cosas distintas. El padre forma, la madre educa. No sé si todos los padres y todas las madres saben apreciar la diferencia.
De todas maneras, y para cumplir con lo que adelanté, tratando de ser lo más breve posible, quiero decir que la gran mayoría del pueblo de mi provincia se ha manifestado en contra de este proyecto de ley que ha venido de la Cámara de Diputados. Y estoy convencida de que la misma realidad se presenta a lo largo y a lo ancho de todo el país.
Por eso, señor presidente, desde una visión teológica, antropológica, jurídica y cultural adelanto mi voto en contra de la aprobación de este proyecto de ley.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Alfredo Martínez.
Sr. Martínez (A.A.). – Señor presidente: lo primero que a uno se le viene a la cabeza en un día como el de hoy son tres palabras: igualdad, libertad y fraternidad. Muchos años atrás, una revolución muy importante fue la que llevó a que estos tres conceptos comenzaran a tener el tratamiento en la sociedad para los sectores populares y no sólo para la aristocracia. Por ello, creo que es un buen día para tratar este asunto en consideración.
Cuando uno analiza y se basa en lo vinculado con el orden natural, cabe destacar que
hubo muchos momentos en los cuales la sociedad tuvo determinado tipo de restricciones que luego fueron superándose, como la inclusión de la mujer en el sistema activo de la vida política a través del derecho al voto, de elegir su propio destino, de estudiar. Sin duda, fueron luchas muy duras respecto de la cuestión de género.
De la misma manera, hubo muchos grupos minoritarios que también debieron llevar adelante grandes luchas para llegar a obtener la igualdad. Una de ellas fue, por ejemplo, contra el Apartheid. En efecto, hubo una serie de procesos que por distinciones de sexo, color u origen no se equiparaban los derechos de unos y de otros.
Ahora bien, quiero rescatar el trabajo realizado por la Comisión. Sin ser miembro de ella, recibí en forma permanente –y debo agradecérselo a su presidenta– cada una de las versiones taquigráficas que se fueron recogiendo no sólo aquí, sino también en las reuniones realizadas en el interior. Debo decirle a la senadora, con honestidad, que no pude leerlo todo; eso se lo puedo asegurar. En los largos viajes que tengo a mi provincia, especialmente, en las esperas hasta que Aerolíneas me sube al avión, son tres o cuatro horas en las que siempre he llevado alguno de estos borradores para poder ir avanzando.
Quiero rescatar esto, sabiendo inclusive desde el primer momento cuál era la posición de la senadora, que nunca lo ocultó. Eso es saludable que así sea. Ella tuvo la amplitud de convocar y dejar participar a gente que pensaba absolutamente distinto y eso es digno de destacar.
Sostener la existencia de una ley moral natural supone, de alguna manera, colonizar todas las culturas del pensamiento occidental. Este es un concepto que, por lo menos, yo lo tengo muy arraigado. Estoy convencido de que cualquiera tiene derecho de pensar que una ley natural existe y que regula su moral, su comportamiento tanto individual como familiar, inclusive, en el tema del matrimonio. Sin embargo, considero que eso está reservado a los ámbitos confesionales, no así al ámbito civil, que es el que nos atañe como legisladores y respecto del cual debemos superar las visiones particulares que tengamos para poder avanzar en ese sentido.
Cuando uno ve cómo ha ido avanzando la sociedad, cómo el concepto de familia ha ido cambiando, si uno se retrotrae a determinados momentos, ve que el concepto de familia
no tiene tantos años. Inclusive, las familias, antes, se constituían no con el onsentimiento de ambas partes, sino que se lo hacía hasta por conveniencias comerciales o patrimoniales. Hubo épocas en las cuales los hijos no eran criados por los padres. Por ejemplo, en Latinoamérica, es conocido, a través de la historia, el caso de aquellas indias o negras que fueron amas de pecho Después, hubo una teoría que decía que eso les transmitía a los chicos algunos genes que no eran saludables y por eso dejaron de hacerlo. Fueron cuestiones culturales las que modificaron el concepto de la familia y de cómo criar a los hijos. Y esto es lo que, hoy, también estamos viviendo.
Por otro lado, no estamos discutiendo si otras formas de vida familiar y afectiva son posibles. Existen y las tenemos adelante de nosotros, son realidades. Convalidar el matrimonio entre personas de igual sexo, en definitiva, blanquea una situación existente. No es que con este proyecto de ley estemos incentivando o generando la posibilidad de que eso ocurra.
Recuerdo lo que fue el debate de la ley de divorcio; fue un debate que también tuvo características parecidas a éstas, en donde las confesiones intervinieron fuertemente; recuerdo la oposición que había en ese momento por parte de éstas. Esa avalancha de divorcios que se esperaba, que iba a atestar los registros civiles, no ocurrió. Lo que hizo fue blanquear una situación de hecho, de aquellos que pudieron regularizar una situación y convivir de la manera que habían reconocido y entendido.
Cuando planteamos el tema de los hijos e hijas, de cómo es el mecanismo de la adopción, de cómo puede o no influir en una persona, la senadora, que no está aquí en estos momentos, clarificó muy bien que no son los chicos los que eligen, sino que la responsabilidad es de los mayores con respecto no solamente al tema de la adopción, sino también a la procreación, a cada una de las cosas que estamos llevando adelante.
Existen hoy situaciones, respecto de las cuales hemos escuchado algún testimonio, donde parejas heterosexuales se separan y luego, por esas cosas de la vida, alguno de los miembros decide llevar una vida homosexual. Tienen sus hijos, tienen que criarlos y lo hacen en función de esta nueva realidad, de esta nueva forma de familia que han llevado adelante.
El 30 por ciento de las familias que hoy tenemos en el país están encabezadas por mujeres, son familias monoparentales –como se denominan hoy–. La mujer sola, con sus hijos, llevando adelante esa responsabilidad, y cuando tiene un hijo varón no significa que este hijo será homosexual; si lo trata como a un hombre va a criarse como un hombre, si tiene referencias en la sociedad de lo que es la imagen masculina y femenina. Eso lo ve en forma permanente.
Además, cuando uno analiza que el 97 por ciento de homosexuales –gays, lesbianas,
etcétera– provienen de matrimonios heterosexuales, con ese criterio, deberíamos prohibir el matrimonio entre heterosexuales para que no ocurran estas cosas.
Realmente, creo que en esto se trata de una cuestión de decisiones, de elecciones que
tienen que ver con igualdad, libertad y fraternidad –lo que decíamos antes–. Creo que tienen que tener los mismos derechos. Y cuando uno habla de los mismos derechos, en esto no comparto la idea de que haya dos institutos. Desde la parte civil estoy hablando. El de las confesiones va por otro lado, no es un tema que hoy esté en debate.
Creo que tener igualdad de derechos significa tener el mismo instituto. Es decir, si
existe el matrimonio debe ser para hétero y para homosexuales, y si tenemos que hablar de otra figura, de otro instituto, pues tendríamos que estar pensando en derogar del Código Civil la figura del matrimonio. Es decir, tiene que haber un solo instituto, de acuerdo con la concepción que uno tiene. Por supuesto, respeto a aquellos que tienen otra posición. Esto lo hemos visto.
Por otra parte, rescato también las palabras que decía el senador Cimadevilla, cuando en nuestros bloques se dieron debates interesantes, intensos con respecto a este tema, porque hay distintas posiciones. Lo bueno de esto es que pudimos avanzar en el respeto del que piensa distinto; en que hay momentos en que se plantean cuestiones que no tienen que ver con la política partidaria sino con otras cosas, como lo denominamos a veces, con cuestiones de conciencia.
Yo pienso que esto tiene mucho que ver con los derechos humanos. Lo que tenemos que hacer hoy es legislar para una minoría. Cuando uno legisla para una minoría, lo debe hacer sabiendo y siendo consciente de que habrá una mayoría que puede no estar de acuerdo.
Pero creo que tenemos la obligación, como legisladores, de poder dar los mismos derechos.
Para igualar, hay que igualar en positivo, hacia arriba; nunca igualar para abajo.
Esa es una de las razones más importantes que, en mi caso personal, me llevaron a identificarme con este proyecto y a avanzar, independientemente de que, después, en el tratamiento en particular –esto lo hará el senador Morales– hay cuatro o cinco artículos en los cuales vamos a proponer algunas modificaciones. Pero que no van a la esencia y al corazón del proyecto sino que, en definitiva, pensamos que es una manera de emprolijarlo, de acuerdo con nuestro criterio.
Cuando uno legisla en este sentido, no puede avanzar diciendo: “Bueno, te doy algo para que vos puedas ir avanzando”. Cuando uno trata de igualar derechos, debe ser en su totalidad, porque hacerlo en forma parcial, en definitiva, no es hacerlo. Creo que esto es así.
Tomando las palabras y lo que dijo en su momento el diputado Ricardo Gil Lavedra, él expresó que una de las cosas más importantes que hace este proyecto es realizar una clara interpretación del artículo 19 de nuestra Constitución nacional, que es el que habla del concepto de la autonomía, autonomía para buscar la diversidad en preferencias, valores, principios e ideas, y no en la uniformidad. Creo que lo más importante en lo que estamos avanzando nosotros es en eso.
Hemos escuchado fundamentalismos que no ayudan absolutamente a nada, porque lo importante es poder debatir sobre lo que es el fondo de la cuestión. Creo que en esto todos debemos hacer el esfuerzo para no caer en esos fundamentalismos.
Yo soy un hombre católico, no practicante, pero cristiano. Me he casado y tengo hijos que están bautizados. Sin embargo, me he sentido avergonzado de las palabras de quien tendría que ser mi pastor, o sea, monseñor Bergoglio. Me parece que plantear que la envidia del demonio es la que quiere destruir a Dios y la que está dentro de este proyecto de ley, no corresponde a lo que tendría que ser un evangelizador. De la misma manera, he escuchado desde el otro sector posiciones también fundamentalistas, que considero que no ayudan para poder debatir esta cuestión.
Así que, intentando estar desprejuiciado de todo lo que es una cultura, que también la tengo –sin ningún tipo de dudas–, creo que este es un paso muy grande en la igualación de derechos para un sector de minoría, que en nuestro país estaba requiriendo este tipo de legislación. Me parece que, de esta manera, vamos a establecer un avance al votar a favor del derecho a ser diferente que pueden tener los otros. Realmente, me parece que este es un paso muy importante que podemos dar en un sistema democrático.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Pérsico.
Sr. Pérsico. – Señor presidente: me voy a expresar para adelantar mi voto en contra de la sanción que viene en revisión de la Cámara de Diputados con relación al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Luego de escuchar muchos discursos, quiero compartir la exposición del señor senador Jenefes, porque me siento bastante identificado con lo que él ha expresado.
Estoy de acuerdo con las minorías, con su cultura, con sus hábitos, con su forma de ser y de pensar. También estoy de acuerdo en la no discriminación, que consiste en aceptar la diversidad. Pero también estoy de acuerdo en que el matrimonio es una institución de nuestra
República que siempre, desde la Constitución, el Código Civil y las leyes internacionales, ha respetado la heterosexualidad, o sea, al hombre y a la mujer, como base fundamental de lasociedad. Esto no implica –y me parece mal que se así se entienda– que uno discrimine. Las uniones del matrimonio son diferentes a las del mismo sexo; y debe ser aclarado de esa forma.
Quiero aprovechar esta exposición, también, para aclarar varias cosas. En estos días, se ha señalado en los medios –yo lo he escuchado– que uno no tenía clara la posición. Sin embargo, desde el primer momento, yo he hablado con distintos sectores del pueblo de San Luis, al cual represento –en su gran mayoría, respeta el matrimonio como la diversidad del hombre y la mujer–, y me he manifestado respetando esa posición. Lo he dicho en todos los medios. Jamás he dicho nada en contrario. Por eso me sorprendió cuando vi algunas publicaciones en medios nacionales. Pero no me voy a poner en contra de éstos ni a discutir al respecto.
Y tampoco hubo presiones. Creo que todos los bloques han actuado con madurez y otorgando libertad a cada senador para que exprese sus sentimientos, sus pensamientos y los de su pueblo, a fin de que cada uno vote de acuerdo con sus ideales. Es muy importante dejar esto aclarado, porque he escuchado muchas cosas que no son ciertas. Creo que a nadie de aquí lo han obligado a subirse a un avión ni a nada. Aquí hubo libertad de expresión.
Por eso, hice mías las palabras del señor senador Jenefes, porque también me siento bastante incómodo votando un pensamiento distinto del de la mayoría de mis compañeros de bloque. Entiendo su postura y espero que ellos comprendan la mía. Creo que ambas posiciones están muy cerca y, tal vez, un diálogo o un debate podrían permitir, en el futuro, solucionar con una ley este tema.
Considero que ha sido muy positivo debatir este asunto, dado que las personas que tienen unión en el mismo sexo deben tener la posibilidad de avanzar sobre una norma que las ampare. Han logrado establecer un debate en la sociedad argentina que siempre fue muy difícil, por problemas culturales e históricos, pero se ha avanzado bastante. Por eso expreso todo mi respeto hacia esos sectores.
Pero también, creo –y son mis convicciones familiares, de mi crianza y también
educativas– que la familia está formada, por naturaleza, por un hombre y una mujer. La familia está basada en la reproducción de sus hijos. Y creo que nosotros, como legisladores, debemos respetar fuertemente esa cuestión de Estado, en el sentido de reafirmarla. También respetar todo lo demás, pero no podemos dejar de lado muchas cosas.
Uno ya no tiene miedo, como político, de escuchar cosas –como decía– extremistas o fundamentalistas. Pero me parece que no son buenas para estos debates. He escuchado de familias violadoras, etcétera, y la verdad es que, en la realidad, hay de todo. En la diversidad, hay de todo.
Yo creo que quienes legislamos tenemos que hacer normas para que el ser humano, que es un ser imperfecto, pueda mejorar, cambiar y tener una mejor calidad de vida. Es lamentable que un matrimonio heterosexual abandone a sus hijos o que los niños, a veces, no sean respetados en sus derechos. Pero nosotros, como políticos, tenemos que batallar para que esa realidad mejore y que nuestros niños crezcan con la posibilidad de vivir mejor.
Hay una cuestión que no hace a esta norma –yo no sabía si instalarla o no–, como es la adopción, pero creo que está relacionada con la posibilidad de que se apruebe esta iniciativa. Y desde mi punto de vista –lo quiero dejar claro, acá-, la familia, el padre y la madre son generalmente quienes dan la mejor contención a los niños, quienes necesitan de las figuras parentales para identificarse.
Pero, más allá de eso, según la experiencia que uno ha tenido con sus padres, abuelos, con sus hijos, esa simbiosis, ese afecto que se establece entre la madre y su hijo al amamantarlo, al criarlo, al haberlo tenido nueve meses en su vientre –es algo que los hombres no podemos sentir–, hace que no haya igualdad en algunas cosas. Son diferentes y las tenemos que tratar así, sin faltarle el respeto a nadie. Creo que esas cosas hay que profundizarlas. Hay que tratar de que todos tengan las mismas posibilidades.
Hay muchas madres solteras, muchas separadas; y yo digo que para separase, hay que tener mucha madurez, responsabilidad, igual que para otros temas. Pero sabemos que hay una realidad en el país. Por ahí, no son el mejor mecanismo de contención social de los niños y jóvenes; y eso se puede ver después, en la realidad que vivimos.
Por lo expuesto, quiero expresar mi respeto y las disculpas que puedan merecer los
compañeros de bloque, que han visto que no los acompaño. Creo que es la primera vez que procedo de este modo. Pero lo hago por mis convicciones, por acompañar a la gran mayoría del pueblo de San Luis, que me ha expresado su posición. También les digo que respeto su postura y que sería muy positivo que, en un futuro, superemos esto.
Creo que esto implica un cambio cultural que no se puede hacer en un mes o en un año. Es un cambio cultural que necesita de nosotros un tiempo de maduración. De todos modos, pienso que el debate se ha dado; se ha llevado a todo el país por parte de la Comisión y se ha puesto en la primera página de todos los medios, más allá de que algunos han sido fundamentalistas y me han hecho sentir mal, porque yo digo que, en democracia, tenemos que saber pensar diferente. Y cuando alguien piensa diferente, creo que antes de demonizarlo o asegurar que no es bueno, tenemos que encontrar algún término medio.
No sé cuál será el resultado hoy, pero yo estoy expresando mi posición, el deseo de poder armar una iniciativa que contenga y otorgue los derechos que se merecen los matrimonios de personas del mismo sexo. Pero también, estoy manifestando la diferencia entre estos y los matrimonios entre personas que no son del mismo sexo. Me parecen dos cosas totalmente distintas.
Eso no implica que uno no les quiera dar afecto; a mí, inclusive, me tocó convivir con ellos; tener amigos con parejas homosexuales, que me parecen brillantes; conocer que hay cosas buenas y malas en los dos sistemas.
Pero la Constitución y los tratados internacionales de Derechos Humanos dicen que la familia es la unión del esposo y de la esposa, de la mujer y del hombre; es la base social fundamental y, sin discriminar a nadie, habría que tomarla como núcleo de nuestro Estado, tal como ha sido hasta ahora en la Argentina. Desde esa posición, y respetando las contrarias, pidiendo disculpas al gobierno nacional por no estar de acuerdo en este tema, voy a votar en contra del proyecto que viene de la Cámara de Diputados.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el senador Banicevich.
Sr. Banicevich. – Señor presidente: a veces, los momentos históricos llegan de una forma imposible de detener. Y este es el caso del matrimonio igualitario, señor presidente. No podemos detener lo que a gritos se ha impuesto; la igualdad de oportunidades en las uniones de pareja en la Argentina no pueden ser esquivadas por más tiempo en su tratamiento.
Varios sectores de la sociedad de nuestro país han sufrido durante años discriminaciones que estaban basadas en el prejuicio, en el concepto colonial de supremacía, en el desconocimiento de los derechos de las minorías, simplemente porque eran minorías. Y nosotros, como peronistas, podemos decir que fuimos víctimas de este concepto de discriminación. Al comienzo de nuestra vida política, fuimos los cabezas negras; luego, fuimos tildados de patoteros, vagos y no sé qué más. Posteriormente, a algunos inocentes los tildaron como culpables diciendo que “algo habrán hecho” y pagaron con su vidas y con sus desapariciones. Y así fuimos transcurriendo nuestra vida como movimiento organizado, siendo discriminados por los sectores poderosos de la Argentina, aquellos que se jactaban de “pertenecer”, como si solamente un sector tuviera pertenencia a un todo.
Nos castigaron, nos separaron, nos encarcelaron por pensar distinto. Nos menoscabaron, nos prohibieron por las dudas. No podemos olvidar nuestros orígenes. No podemos olvidar, no debemos olvidar, que cuando nos discriminaron, nos negaron nuestros derechos. No podemos avanzar en la misma línea de aquellos que nos quitaron la posibilidad de ser iguales a todos. Porque todos somos iguales, aunque a algunos les duela o les cueste admitirlo.
Y hoy, estamos en una situación que nos obliga a ejercer la memoria. Millones de argentinos y argentinas están reclamando un derecho que no tienen: el derecho a amarse legalmente. Y ese derecho al amor legal debe ser cubierto por las figuras que la ley tiene para todos los que hasta ahora pueden amarse de esa forma. Y no importa el sexo de quienes se aman, porque el amor nos iguala, el amor nos debe unir, no desunir.
El proyecto de ley que estamos tratando y que llega en revisión de la Cámara de Diputados tiene la posibilidad de unirnos. No importa cuál sea nuestra elección sexual, simplemente porque la elección sexual es individual, es personal. Lo que sí nos debe importar es el concepto de la igualdad ante la ley.
Y ejerciendo la memoria a la que aludí en un principio, debemos unirnos y no separarnos. Por eso, ante la posibilidad de reparar derechos postergados, como hombre de la democracia, como peronista, no puedo hacer otra cosa que apoyar el proyecto de ley en revisión, que hace que todos seamos iguales.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Cano.
Sr. Cano. – Señor presidente: en primer lugar, quiero decir que, en todo este tiempo, he podido encontrar que, más allá de las posiciones con respecto al tema que hoy se está tratando, hay una coincidencia absoluta en que nuestro ordenamiento jurídico no puede desconocer, bajo ningún punto de vista, que existen uniones de hecho de parejas homosexuales.
Y creo que es importante resaltar eso, porque está enmarcando la convicción que tenemos quienes pensamos en la alternativa distinta de que, efectivamente, el Estado tiene que garantizar derechos. Esa es una primera reflexión que me parece importante destacar, para que no caigamos en la demonización, ni de un lado ni del otro, de quienes tienen una mirada diferente con respecto a este tema.
En segundo lugar, quiero hacer referencia a algo que a mí me parece que debería ser un hecho a imitar, cual es que este Senado se ha impuesto las fechas del 6 y 14 de julio para emitir dictamen y para debatir este tema que, con toda honestidad, digo que no creo que sea el asunto central de debate en la Argentina. Creo sí que es un tema importante que afecta a un sector y hay que darle el tratamiento que se merece, pero observo que, desde sectores del oficialismo, puntualmente, desde el matrimonio Kirchner, este tema no se milita desde la convicción; y digo esto porque se ha tenido una mayoría absoluta prácticamente durante seis años en ambas Cámaras, se han propiciado normas que han avanzado sobre las autonomías provinciales, han propiciado normas que han quitado facultades al Congreso de la Nación, pero jamás han avanzado en una iniciativa de esta naturaleza, que si lo hubiesen hecho desde la convicción, seguramente, esto ya sería ley.
Por otro lado, cuando se habla del progresismo, de la libertad de conciencia y de las individualidades, me parece que hay hechos que nosotros no podemos soslayar o pasar por alto.
Hay una situación que me moviliza y que, reitero, no puedo pasar por alto: un senador de mi provincia, que era vicepresidente de la Comisión de Legislación General, tuvo que renunciar a esa Comisión por no firmar el dictamen que el oficialismo propiciaba. Por lo tanto, considero que no se puede plantear el progresismo, la libertad, la igualdad cuando un senador tiene que renunciar a una Comisión por no estar de acuerdo con el dictamen que propicia la mayoría del bloque oficialista. Es un hecho grave que los senadores tengamos que renunciar a las comisiones por nuestras posiciones en virtud de casi más de veinticinco años de democracia en la Argentina.
Es importante remarcar esto, porque la Comisión de Legislación General ha escuchado las diferentes opiniones de los representantes de las provincias de la Argentina con tolerancia y con respecto. La verdad es que en la audiencia en donde me tocó participar, he visto mucha tolerancia y mucho respeto, tanto para los que pensaban de una manera como para los que lo hacían de otra.
Pero todo ese trabajo que hizo la Comisión de Legislación General diría que ha sido en vano, porque en esta sesión, hoy, no se está debatiendo ni está plasmado lo que muchos sectores de la sociedad argentina aceptan y habían planteado como una alternativa, que es la unión civil. Me parece que, en primer lugar, el pleno debería haber decidido si se habilitaba el tratamiento de ese dictamen o no.
Yo no soy de plantear cuestiones de privilegio. En mi provincia, me tocó batallar contra el oficialismo en una absoluta situación de desigualdad y nunca lo he hecho, pero tampoco le voy a tolerar al senador Pichetto que califique de tramposos a quienes han emitido una opinión en el dictamen de unión civil, que lleva la firma de nueve senadores, inclusive algunas en disidencia, porque desde el radicalismo, nosotros íbamos a plantear en el recinto la eliminación de dos artículos de la iniciativa –24 y 17–, porque se compatibilizaron cinco proyectos para tener un dictamen en este recinto.
Entonces, uno es ingenuo y firma cualquier cosa o es tramposo; y la verdad es que yo no me considero tramposo; soy muy frontal y no voy a permitir que nadie me tilde y me califique por haber expresado mi opinión al haber firmado un dictamen.
Y esos procedimientos no hablan muy bien de la manera en que llegamos a este recinto a debatir este tema. Porque los mismos plazos autoimpuestos por este Senado, también, deberían valer para autoimponerlos sobre un montón de temas que no se debaten aquí y que son aquellos que forman parte de la agenda política o de la agenda de la gente en la Argentina.
Señor presidente: sí estamos de acuerdo en que el ordenamiento jurídico no puede soslayar derechos, sí estamos de acuerdo en que hay elementos que desde el análisis nos hacen tener la absoluta convicción de que no estamos generando ningún hecho de discriminación. Quien habla ha sido presidente de la Comisión de Derechos Humanos en la provincia de Tucumán, y la verdad es que cuando hubo hechos graves de discriminación, que inclusive tomaron estado público en el ámbito nacional, no lo vi al INADI ni a ningún militante de estos que hablan de progresismo y demás, solidarizarse, por ejemplo, con los menores en conflicto con la ley, que en Tucumán comían en jaulas, como los animales. Eso lo denuncié públicamente y fue lo que llevó a cerrar ese instituto.
Por mi posición política, jamás votaré una norma que genere discriminación, porque me avalan mi militancia y trayectoria. Cuando uno analiza el tema, observa que en Francia
-la cuna de las libertades-, un país al que muchas veces tomamos como ejemplo, inclusive quienes militan en organismos de Derechos Humanos, existe el Pacto Civil de Solidaridad y del Concubinato; y que no se produce discriminación.
En ese sentido, el senador Juez hizo referencia a un fallo reciente de la Corte Europea de Derechos Humanos, fuente de inspiración de muchas asociaciones de derechos de los homosexuales. Al respecto, basta con retrotraerse a la prensa de aproximadamente tres años atrás para advertir que siempre militaron por la unión civil, como, por ejemplo, la Comunidad Homosexual Argentina.
En consecuencia, considero que si hubiésemos tenido la convicción de no fragmentar ni dividir a la sociedad argentina y de plantear lo que recién manifestaba el senador Pérsico, en el sentido de que el Senado estaba dispuesto a aprobar una iniciativa que diera respuestas y que no vulnerara ni conculcara derechos −que es la que solicita la Comunidad Homosexual Argentina desde siempre−, sería absolutamente innecesario el enfrentamiento y la descalificación, sin importar de dónde provengan. Sin embargo, en éste como en muchos otros temas, se busca dividir y fragmentar a la sociedad argentina.
Asimismo, analicé, observé y escuché apreciaciones de diversa naturaleza en cuanto a que en el interior la gente, mayoritariamente, está en contra porque son sociedades conservadoras y porque la Iglesia Católica tiene mucha influencia. Puntualmente, esa cuestión fue comentada en la audiencia realizada en Tucumán. Sin embargo, en mi provincia, quien es gobernador por segundo período consecutivo, no es católico y, a pesar de ello, obtuvo el acompañamiento de más del 75 por ciento de los tucumanos.
Por ello, ante el planteo de un esquema de conservadores −o trogloditas− o progresistas, sería bueno que todos nos hagamos cargo de nuestros errores y analicemos efectivamente cuáles son las banderas del progresismo, en un país donde hay 14 millones de pobres, donde basta con hacer una cuadra para ver por la noche cómo la gente duerme en la calle, donde hay 4 millones de argentinos que tienen un salario de menos de 900 pesos por mes y donde hay provincias −como las del NOA y NEA− en las que más del 40 por ciento de su población vive por debajo de la línea de pobreza.
La respuesta a ese interrogante deberían darla los partidos políticos, entre los cuales, obviamente, incluyo al mío y asumo que tuvimos responsabilidades de gobierno. Sin embargo, ni de un sector ni de otro se supo dar una respuesta.
En consecuencia, sería bueno que discutamos, reitero, qué significa ser progresista.
Progresista implica generar las condiciones desde el Estado para la movilidad social; para la igualdad de oportunidades; para que quien tiene la oportunidad de estudiar en un colegio privado −porque su padre lo puede pagar− no tenga una calidad educativa diferente en relación con quien estudia en una escuela pública; para que no haya jubilados −como en Tucumán− que desde hace cinco años marchan todos los miércoles en reclamo de la movilidad y la porcentualidad que les corresponde.
Entonces, debemos hacernos cargo de lo que significa ser progresista, porque aquí, en nombre del progresismo, se le ha recriminado a quien no está a favor de aprobar una norma que, lógicamente, generará acciones de inconstitucionalidad.
Ya se dijo que esta iniciativa tiene errores secundarios. En ese sentido, cuando se pergeña o se sanciona un proyecto de ley, no debe tener errores secundarios ni primarios, sino que debe ser una norma que no genere acciones de inconstitucionalidad.
Sin embargo, claramente, esta iniciativa tiene artículos que serán cuestionados por inconstitucionales. ¿De qué manera puede suponerse, en el caso de que se casen dos mujeres, que tendrán un hijo matrimonial, cuando la primera condición que se requiere para que exista la especie humana es un óvulo y un espermatozoide? Además, en cuanto al padre biológico, el de la identidad es un derecho humano fundamental.
Como dije, algunos artículos de este proyecto son inconstitucionales, porque generan discriminación hacia el matrimonio heterosexual. Seguramente que es muy difícil, por más buena voluntad que se tenga, equiparar a este nuevo instituto todo el ordenamiento jurídico del Código Civil vinculado con el matrimonio heterosexual y, en consecuencia, se generarán acciones de inconstitucionalidad, porque sinceramente no se busca resolver el problema.
Se ha utilizado la militancia de las asociaciones que luchan por la cuestión de género y de igualdad para dirimir una cuestión entre el kirchnerismo y la Iglesia a raíz de las posturas públicas que ésta ha tenido con relación a la situación nacional. Pelea en la cual el cuerpo no debería estar involucrado.
Puesto en valor, señor presidente, me parece que hay que ser muy cuidadoso cuando se emiten opiniones con respecto a la gente del interior y de lo que se vive en las provincias.
Para algunos, aparentemente, es malo tener valores culturales y el concepto de familia, que es anterior a la religión, o el concepto de las tradiciones de lo que somos como sociedad. Para algunos, parece que es malo tener valores religiosos, ser católico o musulmán.
Uno puede compartir o no las posturas, pero no puede calificar que en la provincia de
Tucumán se hayan movilizado cuarenta y cinco mil personas para defender valores.
¿Por qué tener una mirada peyorativa con relación a lo que opina la gente si, de hecho, un país se construye con la diversidad, no demonizando a quien piensa distinto y entendiendo que hay valores arraigados en lo que somos como sociedad y que son muy difíciles de vencer?
Cuando Juez hace referencia al planteo de dos homosexuales que pretendían casarse en Austria en 2002 y apelan a todas las instancias judiciales de ese país, que desestimó el pedido, y finalmente van a la Corte Europea de Derechos Humanos –fuente de inspiración de todas estas asociaciones–, esta determinó, en un reciente fallo de hace veinte días, que no existe –creo que al senador Juez le tradujeron mal el fallo– la obligatoriedad de los Estados de equiparar el matrimonio heterosexual con el homosexual. No genera discriminación ni vulneración de derechos lo que tenga que ver con la vida privada o la familia.
Entonces, hay que decir las cosas como son. Nadie está en contra de dar derechos a quienes deciden desde el amor conformar una unión o un vínculo, ya que es una decisión libre que debe ser respetada por todos. Sin embargo, había soluciones que no iban a dividir ni a fragmentar a la sociedad argentina, como lamentablemente ha ocurrido.
Reitero que hay ejemplos como los de Francia, a la que muchas veces se utiliza como ejemplo para destacar lo que significan las libertades. Sin embargo, en 1999, ellos sancionaron una ley que avala la unión civil de personas del mismo sexo.
Tengo militancia y tengo trayectoria en la defensa de las libertades y no voy a permitir que se califique de retrógrados o de no progresistas a aquellos que tenemos una mirada distinta con relación a cómo resolver esta situación. No voy a aceptar que se diga que
se perjudica a una minoría y que el Senado de la Nación y el poder político le deben dar una respuesta.
Obviamente, hay quienes creemos que la familia, los valores culturales y la unión de un hombre y una mujer son sustancialmente distintos a la unión de dos hombres o de dos
mujeres. No quiero calificarlos. No diré si son mejores o son peores. Son distintos. Pero
cuando hay situaciones diferentes, el ordenamiento jurídico debió ser otro.
Lamento que en el Senado, en nombre de la libertad, el progresismo y la democracia,
hoy no se pueda debatir el proyecto de unión civil, que también reflejaba lo que pensaba un amplio sector de la sociedad argentina. Y esto no se pudo hacer por un artilugio o una maniobra que, a lo mejor, es legal o no. Sin embargo, debería haberse discutido en este recinto.
Reitero que me parece grave que un senador haya tenido que renunciar a una
Comisión por no firmar el dictamen que propiciaba el oficialismo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Torres.
Sr. Torres. – Señor presidente: quiero adelantar mi voto positivo a la sanción de la Cámara de Diputados y anticipar que voy a solicitar la inserción de mi discurso, dado que no habrá tiempo para expresar los conceptos que hubiese querido.
Creo que esta discusión en este Senado y en la sociedad argentina no es el primer debate que se da con estas características. Aristóbulo del Valle y Derqui fueron quienes defendieron el matrimonio civil a fines del siglo XIX; en contra, y con argumentos muy parecidos a los que dan los fundamentalistas, actuaban los senadores Pizarro y Funes. El mismo debate, y con las mismas amenazas de pecados, incluso con marchas en Plaza de
Mayo con la virgen María encabezadas por un obispo, fue el que se dio con el divorcio vincular durante el gobierno de Raúl Alfonsín; y hoy nos toca hablar del matrimonio de personas de un mismo sexo.
Yo respeto las voluntades y los votos de cada senador o de cada legislador que le tocó votar en la Cámara de Diputados; lo que no acepto es la discriminación que se da en muchas partes de la sociedad y, en algunos casos, la que visiblemente se dio en este recinto.
El eje de mi discurso va a ser, fundamentalmente, tratar de reivindicar que acá la única diferencia que existe con los gays es que ellos tienen menos derechos que nosotros. No existe otra diferencia que sea de una importancia colectiva o que tenga algo que ver exclusivamente con la vida privada de ellos.
En este sentido, señor presidente, es muy importante saber cómo se constituyó nuestra historia, conocer la base de la civilización occidental a través de los filósofos griegos, lo que pasó en la cultura romana. Platón, Aristóteles y Sócrates eran homosexuales. Julio César y Adriano, que consolidaron el Imperio Romano, eran homosexuales; y también Alejandro Magno.
No sé si aquellos que dicen que esto no es un problema político sino un atentado contra los planes de Dios cuando van al Vaticano y ven las obras que están en la Capilla
Sixtina saben que fueron hechas por un homosexual, señor presidente. Justamente, ese pensamiento único, mientras se hacían estas obras, mientras muchos homosexuales en la historia de la humanidad enriquecieron las artes, la cultura y la escritura...
Recordemos tantos premios Nobel que fueron dados a reconocidos homosexuales. Pensemos en los músicos.
¿Qué hubiese pasado si hubiesen tenido éxito las campañas que tuvieron los regímenes totalitarios que han exterminado a millones de homosexuales solamente por su preferencia sexual, o la propia Inquisición, que no solamente se encargó de perseguir y de exterminar a los homosexuales en Europa sino en todas las tierras conquistadas en su
momento?
Conocer la historia y saber que Abraham Lincoln era bisexual. Podemos hablar de
Walt Whitman, de Oscar Wilde, de Luis Cernuda, de Tchaikovsky, el autor de El cascanueces, de El lago de los cisnes, del Concierto N° 1 para piano; de Lawrence de Arabia; de André Gide; de Vicente Alexander; de Federico García Lorca; de Thomas Mann; de José Montero, el primer cura español que reconoció su homosexualidad abiertamente. En cuanto a lesbianas, puedo mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz; a Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura; a Florence Nightingale; a Alejandra Pizarnik; a Cristina de Suecia, la reina; a Chavela Vargas; a Virginia Woolf; a Esther Tusquets; a Cristina Peri; a Greta Garbo; a Juana de Arco; a Eva Brunne, primera obispa de la religión oficial de Suecia, que reconoció y asumió su homosexualidad y pidió que no se hiciera ningún tipo de diferencia con respecto a sus orientaciones sexuales. Yo creo que es natural, porque no sólo esta variación sexual se da en los seres humanos…
Me pide una aclaración la señora senadora. La concedo, pero que tengan en cuenta mi
tiempo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Para una interrupción, tiene la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Le quería preguntar al senador cuál es la fuente de información sobre Sor Juana Inés de la Cruz, porque es la primera vez que lo escucho.
Sr. Torres. – Internet.
Sra. Negre de Alonso. – Ah, Internet, bueno. Gracias.
Sr. Torres. – Y hay muchos más nombres.
Sr. Presidente (Pampuro). – Pare un momentito. (Risas.)
Sr. Torres. – No hay que asustarse.
Por eso decía que es algo natural, porque la misma variación sexual que se da en los seres humanos se da en el reino vegetal y en el reino animal. Por eso, con todo respecto lo digo, lo que planteaba la senadora Meabe no es tan así en los animales con relación a macho y hembra.
En efecto, según estudios científicos, hay 1.500 especies que tienen comportamientos homosexuales y en 400 especies se han comprobado actos homosexuales, desde animales más evolucionados a animales más primitivos, incluso aves. Hay estudios que indican que hay un 8 por ciento de homosexuales en majadas de ovejas y carneros. Este tipo de variación sexual que se da en los seres humanos también existe en simios, elefantes, bisontes, pingüinos –que tienen un alto índice de homosexualidad–, leones y en algunas variedades de hienas.
Incluso, hay una anécdota muy simpática de una experiencia científica con un par de pingüinos homosexuales. Trataron de separarlos juntándolos con otras hembras, pero no dio resultado. Esta pareja de pingüinos, en determinado momento, empezó a empollar una piedra semejante a un huevo. Los científicos sacaron la piedra y la cambiaron por un huevo fértil de pingüino. De ese huevo nació una pingüinita. Este par de pingüinos homosexuales la criaron hasta que llegó a su edad adulta y se independizó. Esta variación sexual es una realidad en los animales. Es natural.
En las plantas, también, se da el mismo caso. Existen plantas hermafroditas. La mayoría de ellas tienen flores hermafroditas. Además, existen plantas que se denominan pistilo monoicas, como en el caso del maíz, que tiene una flor macho y una flor hembra, que
se fecundan en el penacho, arriba, que es la flor masculina, y después se forman los granos, que es la flor femenina.
Existen además plantas heterosexuales; plantas machos y plantas hembras, como por ejemplo el mamón, que para poder fecundarse y desarrollar el fruto tiene que haber tanta cantidad de plantas hembras por una planta macho. Naturalidad.
Por lo tanto, la misma variación que se da en los seres humanos se da en los vegetales
y en los animales. La diferencia es que los animales, en este caso, no hacen ningún tipo de diferencia, como tampoco lo hicieron culturas primitivas o civilizaciones muy avanzadas, como los aztecas, incas, griegos, romanos. No hacían ningún tipo de discriminación con la práctica de la homosexualidad.
También tengo fundamentos cristianos. Yo soy un cristiano. A mí me enseñaron que
Dios es amor y que hay dos cosas en las que el hombre nunca se equivoca: en el amor,
cuando ama, y cuando perdona. Son dos cosas en las que el ser humano nunca se va a
equivocar. Y en este mundo tan conflictivo, que se condenen las expresiones de amor, me parece un despropósito. Dicen que hay mucha crispación. Dentro de poco, creo que por el resfriado de cualquiera, la culpa la va a tener el matrimonio Kirchner.
En este tema, salvo la excepción del senador Martínez, que se manifestó con toda su
honestidad, todos los otros, los que generaron la crispación, eludieron la responsabilidad de decir quiénes estuvieron generando este tipo de crispación y a quiénes estuvieron acusando de que acá se está planteando una guerra entre Dios y el demonio; y quiénes son los demonios y quiénes representan a Dios.
En esto tenemos que ser claros, señor presidente, porque...
Sr. Presidente (Pampuro). – Por favor, vaya redondeando, señor senador.
Sr. Torres. – Sí, yo voy a pedir la tolerancia que tuvieron algunos…
Sr. Presidente (Pampuro). – Usted iba a insertar.
Sr. Torres. – Pero quiero terminar. Voy a finalizar diciendo: “El amor es sufrido y bondadoso, el amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado, no lleva cuenta del daño, no se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta; el amor nunca falla”. 1ra. Corintios, 13:4-8.
Por eso, señor presidente, creo que también voto contra la hipocresía social. No hace
mucho tiempo, con todo su derecho, Florencia de la V, una artista, y un modisto famoso
como Piazza se casaron. Todos los medios de comunicación –revistas y televisión– cubrieron los casamientos, entre comillas, de estas personas. Me parece bien; tienen el derecho de hacer lo que quieran. Lo que sí me parece una hipocresía es que todos los que hoy están hablando en contra de este tema no criticaron esos casamientos, por ser personas famosas. Es como si Dios tuviese el amor para algunas personas que son famosas –una tolerancia– y para las personas comunes, que quieren vivir plenamente su amor, tuviese otra concepción.
Planteo lo mismo para lo expresado aquí, cuando la senadora se asombraba de la educación sexual. Implícitamente, hizo una discriminación cuando dijo: ahora tenemos que enseñar también que hay homosexuales, lesbianas, transexuales; ¿cómo se le va a enseñar a un chico estas cosas? Entonces, yo me pregunto: no enseñar ¿no es un acto de discriminación?
Sra. Negre de Alonso. – Pido la palabra para una interrupción.
Sr. Presidente (Pampuro). – La senadora Negre de Alonso le pide una interrupción.
Sr. Torres. – Ya termino.
Sra. Escudero. – Fue aludida.
Sr. Torres. – Bueno, pero que se compute el tiempo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Se lo computo.
Para una interrupción, tiene la palabra la señora senadora Negre de Alonso.
Sra. Negre de Alonso. – Quiero hacer una aclaración. No he discriminado. Creo que estas quince o diecisiete audiencias que hemos tenido han sido la prueba mayor de que no he discriminado y de que me he callado la boca cuando me faltaron el respeto y me insultaron porque, en efecto, me han discriminado a mí por mis creencias religiosas.
Al revés. Yo lo que dije es que el impacto de esta iniciativa –a mi criterio y en forma
personal– era que, de ahora en más, como de lo que se habla no es de que nacemos hombre y mujer sino que construimos el sexo, entonces, deberemos, de aquí en adelante –que no es discriminar, sino un dato objetivo, pues mostré el manual del Ministerio de Educación–, enseñar que el sexo se construye y que, por consiguiente, podemos ser lesbianas, bisexuales, gays u homosexuales, además de varón o mujer. Antes enseñábamos que éramos varón o mujer, ahora no. Ese es un dato de la realidad. No estoy discriminando ni nada. Estoy diciendo lo que dice el manual, nada más. Por eso quería hacer la aclaración.
No estoy discriminando. Si hay una persona que, muy por el contrario, no ha discriminado y ha soportado muchas humillaciones he sido yo.
Sr. Torres. – Con respecto a la adopción, señor presidente, creo que es mucho más
importante la adopción que el matrimonio en sí mismo.
El matrimonio es una decisión que toman dos personas y la adopción es un acto inconmensurable de amor, donde dos personas deciden transformarse en padres y darle un contenido de amor a un chico abandonado. Para mí, eso no tiene valor, porque si hay un chico que puede ser adoptado por una pareja gay es porque hay una familia heterosexual que ha fallado. Y si hay preocupación por la adopción es porque hay chicos en estas situaciones.
– Ocupa la presidencia el señor vicepresidente del H. Senado, senador
Juan C. Marino.
Sr. Torres. – Personalmente, sin ánimo de ofender a la Iglesia, porque estuve con el obispo de mi provincia en la Pastoral Social y se han comportado con una respetuosidad
extraordinaria que debo destacar, entre mandar a un chico huérfano a una institución como la
Fundación Felices los Niños o darlo a una pareja homosexual, yo se lo doy a una pareja
homosexual.
Quiero terminar mi discurso con este cierre que dice: Y si quieres una inscripción para
leerla al alba y a la noche, para el placer o para el dolor, escribe en la pared de tu casa, en
letras que el sol dore y la luna argente, “Lo que le ocurre a otros, me ocurre a mí”. Y si
alguien te preguntase qué puede querer decir esa inscripción, respóndele que quiere decir el
corazón del señor Jesucristo y el cerebro de Shakespeare. Esto lo escribió Oscar Wilde.
Estas palabras se las quiero dedicar a una amiga personal, casi una hermana, que se
llama Elvira, que tiene un hijo que es igual que todos nosotros. Ella ni él tienen la culpa de
que los seres humanos seamos tan fríos para discriminarlo como lo hemos discriminado a él y
a la gente que tiene otras preferencias sexuales y que trabajan conmigo. El día que
aprendamos a amar, seguramente que este tipo de discusión va a ser una cuestión secundaria,
mientras tanto tenemos que aprender a ser mejores seres humanos.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la señora senadora Osuna.
Sra. Osuna. – Señor presidente: en primer lugar, quiero hacer una ratificación casi necesaria;
estamos dando un debate estrictamente político en el más cabal sentido de la palabra. Y lo
estamos dando porque estamos cuestionando atribuciones básicas del estado de Derecho y del
sistema democrático. El debate y el abordaje que aquí nos anima de ningún modo pretende
llevarnos, al menos esa es la intención de quien habla, a analizar principios morales o
religiosos. Estamos hablando de derechos, de la responsabilidad del sistema democrático con
relación a las minorías. Estamos planteándonos la responsabilidad que tiene la democracia
con esas minorías discriminadas. De eso se trata y ese es el sentido que nos convoca a
analizar la reforma del Código Civil.
También, quiero plantear cuestiones que, si bien han sido dichas, considero necesario
enfatizar y ratificar. Por un lado, con relación al matrimonio: es un contrato entre
particulares; lo fue antes de que la religión lo adoptara y lo es ahora después de las
modificaciones que tuvo la ley civil que nos rige a los argentinos.
El matrimonio civil es el único que tiene efectos jurídicos; y por ello, las parejas que
eligen casarse por Iglesia también deciden hacerlo ante los registros civiles constituidos en
nuestro país. El reclamo que las minorías con identidad sexual diferente nos han hecho y
vienen realizando en nuestro país son merecedoras de nuestra atención, y que esa atención no
sea únicamente una consideración bondadosa o una especulación sino que, efectivamente,
nuestra consideración fructifique en normas que en definitiva den respuesta a esos reclamos.
Porque los legisladores hoy vamos atrás de las respuestas que los ciudadanos, además de
reclamarnos a nosotros, han reclamado por distintas vías a la Justicia y que, en algunos casos,
han conseguido.
Pero también acá se ha planteado que no todos están en las mismas condiciones. No
todos tienen conocimientos, recursos o accesibilidad para poder disponer de esa vía de resolución de sus problemas. Aquí estamos, y somos nosotros los que tenemos que atender
esta cuestión.
Por otra parte, tenemos que hacerlo porque, indudablemente –acá ha sido dicho, pero
lo quiero enfatizar– hay una situación de absoluta injusticia y discriminación. Hay una
situación de desigualdad ante la ley, y no hay razones valederas efectivas para que no demos
una respuesta. Además, no debemos demorar en darla.
Efectivamente, el Senado ha abordado con responsabilidad el tratamiento de esta
norma y creo que estamos a la puerta. También creo que, en este paso que vamos a dar, hay
algunas otras cuestiones que indudablemente tendremos que resolver, y nuevas normas que
harán al sostenimiento de esta propuesta. Pero eso de ningún modo obsta a que nosotros no
decidamos hoy respaldar el proyecto que estamos considerando.
Se ha planteado en algunos casos que la palabra matrimonio, que viene de mater, que
significa madre, constituye de algún modo una razón lingüística o de fundamento de tipo
etimológico que limitaría la posibilidad de que quienes tienen una identidad homosexual
accedan al matrimonio. Y la verdad es que matrimonio viene de mater, efectivamente, pero
viene de monium, que significa gravamen, y que definía la mayor carga que llevaba la mujer,
según la idea de matrimonio que tenían los antiguos.
También se ha planteado que, si nos rigiéramos por la etimología, lo cierto es que la
institución jurídica del patrimonio alcanzaría exclusivamente a los varones, porque proviene
de pater. Y así, ad infinitum, podríamos argumentar razones etimológicas que no hacen más
que justificar lo injustificable.
Cuando planteamos que efectivamente estamos en situación de atender a las minorías,
estamos frente a un desafío y a una responsabilidad que nos interpela severamente. Hay
quienes plantearon en algún momento que una posibilidad de resolver indudablemente un
debate sensible que nuestra comunidad tiene es recurrir a una consulta popular. Pero cuando
hablamos de derechos, cuando hablamos de inequidades y de injusticias y de que quienes nos
están reclamando se encuentran en una situación de desigualdad, estamos vinculando ese
fundamento o esa decisión que debemos tomar con una respuesta directamente ligada a los
derechos humanos ausentes en el goce de la comunidad que nos reclama. O de la minoría que
nos reclama.
Yo tengo muy presente que hace algunos años, en oportunidad de producirse el
aniversario de la matanza de los Padres Palotinos, la propia comunidad de la parroquia de San
Patricio formuló un material, un documento o un cuadernillo para que circulara por las
escuelas de esta ciudad y de la provincia de Buenos Aires. Dicho cuadernillo, en definitiva, lo
que planteaba era que los derechos humanos son universales y que exceden el ámbito de una
religión determinada. Creo que ese recordatorio es oportuno traerlo hoy a este recinto.
Por otra parte, quiero preguntar por qué razón –más bien es una reflexión– muchos de
los que están aquí han planteado –y yo también lo quiero plantear– que tienen una formación
cristiana, que comulgan con la fe católica y que creen firmemente en la familia, como bien
describiera al inicio de esta sesión la senadora Fellner. Y me respondo que, seguramente, esa
afirmación que hacemos los que desde el catolicismo en este recinto nos planteamos dar una
respuesta positiva al proyecto, lo hacemos desde la convicción de que si hay una forma
hermosa, comprometida y sincera de responder a los principios de nuestra fe, es justamente
extendiéndole la mano a los humillados. ¿Y quiénes más humillados que aquellos que han
sido calificados como desviados, como enfermos, como incorrectos, como pasibles de
perdón, de mejoras, de correcciones o de educaciones que los saquen del camino equivocado?
Por eso, si hay una responsabilidad principal que tenemos quienes elegimos la política
–y que tiene la política como acción humana– es justamente saldar las injusticias que ocurren en nuestro pueblo; y eso es lo que en definitiva estamos haciendo al sancionar esta norma. Y
me siento con la autoridad para dar este paso. Siento que debemos darlo. Este ámbito tiene
autoridad para dar el debate. Y lo digo porque también he escuchado algunas voces que han
planteado –lo escuché en mi provincia– cuestionamientos en esa dirección. Yo apelo, como
política, a que decidamos y no esperemos a dar este paso. Ayer hemos tenido una
manifestación de un conjunto numeroso de personas –ha sucedido también en otros lugares–
y de sacerdotes que se han sentido con el derecho, que efectivamente tienen, de decirnos,
reclamarnos y plantearnos lo que ellos creen.
Eso, además, a mí me da derecho a pedir, desde mi banca, una reciprocidad para que
se expresen por la situación de Von Wernicke, por la situación del obispo Storni. ¿Qué
consideran? ¿Qué piensan? ¿Qué posición tienen a ese respecto? ¿Qué planteos tienen frente
a los fallos que los han condenado? Quiero que lo hagan saber a nuestra comunidad. Y siento,
señor presidente, que la decisión que tomemos hoy no va a agotar el tema de las
desigualdades y de las inequidades de la Argentina. Por supuesto que no. Hay muchísimo que
hacer. Pero también siento que es necesario valorar una realidad de hombres y de mujeres
que, asumiendo su identidad, nos reclaman que son iguales que nosotros, nos reclaman que,
en ese sentido, esa igualdad debe manifestarse ante la ley.
Y también quiero tener presentes, además de a todos esos reconocidos homosexuales
que aportaron a la historia, a la ciencia y a las artes, a los ignotos, a los que han sufrido, a los
entrerrianos que han tenido que venirse a vivir a Buenos Aires casi a escondidas por
vergüenza, por no tener soporte que los respalde; a las madres que han descubierto en sus
hijos, con dolor, la presión cultural que significa el reconocer una identidad sexual diferente.
Quiero tenerlos presente porque vale la pena.
Ha planteado el senador Jenefes una cuestión con respecto al Tribunal Europeo de
Derechos Humanos frente a un caso, el de Alan Cobb. En ese sentido, es importante dejar en
claro la interpretación sobre ese fallo. Ese Tribunal ha decidido que cada estado legisle sobre
la cuestión, que era expresamente un reclamo por la posibilidad de acceder a matrimonio por
parte de dos personas homosexuales. El Tribunal ha planteado que el tema debe ser decidido
por cada estado, pero dejó expresamente sentado que los congresos de cada país europeo
deben tener legislación compatible con las situaciones, que permitan a parejas homosexuales
el derecho a gozar de una vida familiar.
Dicho esto, señor presidente, ratifico mi voto positivo.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la senadora González de Duhalde.
Sra. González de Duhalde. – Señor presidente: yo iba a encarar el tema desde el punto de
vista del orden natural. Ahora, el senador Torres ha desbaratado mi teoría, después de su
extensa participación.
Mientras nosotros tratamos de hablar de este tema, de ponernos de acuerdo o no,
afuera, un grupo de mujeres que estaba rezando el Rosario era atacada con huevos, por la
intolerancia. Estamos en un ámbito de cada vez mayor intolerancia. No es la primera vez que
este imitador de Maquiavelo que tenemos en el gobierno nos pone en situaciones extremas en
temas que no son poco importantes; son muy importantes, pero no son urgentes. Lo mismo
nos pasó con la discusión y la pelea personal del gobierno con Clarín. Ahora se trata de la
pelea personal del gobierno con la Iglesia. Y la verdad es que yo no quiero mirar esto desde
el punto de vista religioso, pero creo sinceramente que estamos dejando de analizar un tema
que es trascendente para la sociedad argentina porque nos apuran, porque nos han puesto una
fecha determinada para el tratamiento y no han dejado avanzar otras posibilidades, como
podría haber sido la unión civil. Pero así estamos, y hoy estamos considerando este tema.
Creemos que podemos legislar de cualquier manera porque verdaderamente las leyes son construcciones culturales. ¿Por qué no tenemos aceptada la poligamia? ¿Por qué no
aceptamos el adulterio? Si esto es en son de aceptar, aceptemos todo lo que venga. Pero no es
así: la ley se asienta en construcciones culturales, que son las que instalan las mayorías de
cada pueblo, no las minorías. Por eso el adulterio, las relaciones entre padres e hijos, la
poligamia, no son aceptadas por nuestra sociedad.
Se habló hasta el cansancio de la discriminación. No tenemos que discriminar. Por
supuesto que no tenemos que discriminar la elección sexual de un hombre o de una mujer;
por supuesto que no. La homosexualidad es más vieja que el mundo, pero ahora estamos
hablando de otras cosas. Estamos hablando del matrimonio, que es algo muy diferente.
En aras de preocuparnos por la discriminación, ¿por qué no nos preocupamos por toda
la gente que está durmiendo por acá, por los alrededores? En las puertas de la ex Caja de
Ahorro se encuentra una señora con un niñito, a los que no he logrado sacar de ahí. Nadie nos
atiende y con estos días de frío están durmiendo ahí, lo mismo que le pasa a un montón de
personas. Pero eso no importa.
No importa lo que me pasó el lunes en Moreno, donde ante un grupo de 60 ó 70
mujeres les pedí que levantaran la mano aquellas que no percibían el ingreso universal por la
niñez. ¡Treinta y dos mujeres levantaron sus manos! ¿El derecho universal por la niñez? ¡No
importa!
No importa que los jubilados ganen un sueldo de hambre; esos son temas menores.
Ocupémonos de esto, que es importante y urgente. Porque es importante para el gobierno
envolvernos o, por lo menos, intentar distraernos de los verdaderos temas que deben
preocupar a la sociedad. Entonces, en lugar de hacer lo mismo que en los países serios, donde
se toman dos, tres y hasta cuatro años para debatir estos temas, lo sacamos a las apuradas,
tratando de que coincida lo más posible con la semana del orgullo gay. Y aclaro que no tengo
ningún problema con los homosexuales: tengo amigos y familiares homosexuales y no tengo
problema con ellos. Pero aquí estamos hablando de otra cosa.
Gobernar es fijar prioridades y la prioridad es garantizar los derechos básicos de los
ciudadanos a comer, a vestirse, a educarse. La señora senadora Díaz decía que la sociedad
acepta la educación sexual. ¡Chocolate por la noticia! Ahora bien, lo que no puede aceptar,
porque para eso previamente se debe discutir en la sociedad, que ya en los libros de
educación de los chicos aparezca lo que aparece, porque eso puede suceder cuando realmente
la sociedad discutió y aceptó mayoritariamente que eso es lo que queremos. Porque si no lo
ensamblamos en un proyecto de nación seguimos divagando. Hoy es el matrimonio
homosexual, mañana es otra cosa, porque no tenemos proyecto de país y son cientos de horas
las que perdemos acá sin ocuparnos seriamente de los temas de la gente.
En el Senado se ha votado dictamen mayoritario por el INDEC, por el 82 por ciento
móvil. Vamos avanzando en algunos puntos. Ahora, el gobierno ha manifestado que el 82 por
ciento no se puede dar; mientras tanto, se roban todo lo que pueden y la gente sigue sin tener
garantizados sus derechos. El día que la Argentina garantice todos los derechos humanos
básicos, podremos plantearnos como sociedad los derechos de los homosexuales.
Yo estaba de acuerdo y hubiera acompañado la unión civil, de la misma manera que
creo habría que garantizársela a hermanos que conviven hasta el final de su vida, en donde
uno muere y el otro queda en la calle, por ejemplo, aunque no haya relación sexual. Pero a los
peronistas que nombraron tanto a Perón y a Evita debo decirles que si Evita viviera no
tendríamos la cantidad de instituciones que hoy tenemos llenas de chicos abandonados por
cuestiones sociales, por cuestiones penales; se hubiera enojado ante esa situación y la hubiera
resuelto.
Entonces, los países que se toman la libertad de declarar el matrimonio homosexual no tienen chicos para adoptar; nosotros sí. Y ellos van a venir a llevarse a nuestros chicos.
Cuidado, porque somos responsables de lo que aquí salga, de lo que aquí suceda a partir de
esta ley. Pero los peronistas…
Sr. Presidente (Marino). – Senadora Duhalde, la senadora Parrilli…
Sra. Duhalde. – No, no le doy interrupción.
A los peronistas quiero decirles que si no lo leyeron, lean El Proyecto Nacional, lean
el testamento que nos dejó el general Perón para comprender que por lo menos estamos
faltando a nuestros principios doctrinarios.
Perón decía: …la familia es, en última instancia, el tránsito espiritual imprescindible
entre lo individual y lo comunitario. Una doble permeabilidad se verifica entre familia y
comunidad nacional. Por una parte, ésta, la familia, inserta sus valores e ideales en el seno
familiar. Por otra, la familia, difunde en la comunidad una corriente de amor que es el
fundamento imprescindible de la justicia social. En el modelo argentino, dice, el matrimonio
tiene una verdadera misión que no sólo consiste en prolongar la vida en esta tierra, –que da
por obvio–, sino en proyectarse hacia la comunidad en cuyo seno se desenvuelve. Esto
implica comprender que como toda misión radicalmente verdadera supera innecesariamente
el ámbito individual.
Personalmente, creo que, preocupados por los derechos individuales, estamos cada
vez más autistas como sociedad, estamos enfermos como sociedad. No nos damos cuenta de
que lo que está enfermo es el cuerpo social y entonces aparecen todas las manifestaciones: el
hambre, la inseguridad.
Con relación a este tema, y haciendo un paréntesis, le pido, señor presidente, que
ayude a que salga el proyecto de emergencia en materia de inseguridad que he presentado el
año pasado.
Esto implica comprender, decía Perón, que como toda misión radicalmente verdadera
supera incesantemente el ámbito individual para insertar a la familia argentina en una
dimensión social y espiritual que deberá justificarla ante la historia de nuestra Patria. Y con la
visión casi profética que lo caracterizaba decía el 1° de Mayo de 1974 que pese a los embates
de una creciente anarquía de los valores esenciales del hombre y de la sociedad que parece
brotar en diferentes partes del mundo, la familia seguirá siendo, en la comunidad nacional,
por la que debemos luchar; el núcleo primario; la célula social básica cuya integridad debe
ser cuidadosamente resguardada.
Para finalizar, creo que no hemos cumplido con el legado, el testamento dejado por el
general Perón el 1° de mayo de 1974.
Sr. Presidente (Marino). − Tiene la palabra el señor senador Guinle.
Sr. Guinle.- Señor presidente: efectuaré unas disquisiciones previas respecto de un par de
cosas que escuché, las que quiero aclarar porque es de mi conocimiento que las situaciones
no fueron las mencionadas.
En cuanto a la renuncia que se le pidió a un senador, debo decir que es una tremenda
mentira. Yo estaba presente en esa reunión de bloque, y puedo atestiguar que el senador
tucumano ofreció su renuncia porque había adelantado opinión en contra del proyecto que
venia en revisión de la Cámara de Diputados. Por lo tanto, hizo lo que normalmente se hace
cuando se integra un bloque.
También, creo necesario aclarar que esta discusión atravesó a los bloques
transversalmente, y que muchos de mis compañeros votarán conforme sus creencias y
convicciones, lo que demuestra que no mantenemos una postura uniforme.
En consecuencia, considero que la discusión hay que traerla a los marcos y ámbitos
adecuados, y no demonizarla desde la política o a través de algunas cuestiones que ayudan a "vestirla", como si fuera un debate que realmente excediera el marco de lo que significan la
igualdad de los derechos y los derechos humanos. A veces, en los discursos esas cosas
quedan muy lindas. A veces, en los debates también queda muy lindo ser el exégeta de
aquellos que fueron importantes en la historia del país, como, por ejemplo, el general Perón,
y hacer creer que algunos de nosotros somos menos peronistas porque no entendemos el
legado de Perón.
Con absoluta sinceridad, pienso que estamos haciendo lo que hay que hacer, es decir,
otorgar más derechos. Por ello, cuando escucho argumentos basados en la existencia de
mayorías −no sé cómo las miden−, y en que las mayorías definen la aprobación de una
iniciativa, me pregunto de qué estamos hablando. ¿De derechos humanos? ¿Una mayoría
circunstancial puede definir derechos humanos? Los constituyentes de 1994 −y varios
senadores lo hemos sido− incorporaron los tratados de derechos humanos en la Constitución
no de casualidad. En realidad, lo hicimos porque ese esqueleto de tratados internacionales
significaba lo inmutable que los convencionales constituyentes le agregaban a la Carta
Magna, lo que podía interpretarse, por decirlo de alguna manera, como presupuestos
mínimos de derechos humanos. Porque cuando se habla del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos o de su último fallo, parecería que dicho organismo y su último fallo impidieran
que las normas internas de un país avancen en una concepción igualitaria mayor.
Eso es mentira, es falso de todo concepto. ¿Qué es lo que se pretende? Equiparar la
institución del matrimonio a personas con una orientación sexual distinta, quienes no pueden
casarse y que, obviamente, tienen un desamparo legal.
¿Qué valor está comprometido en el tema de la igualdad? ¿Cuál es el pasaporte para
el debate? ¿Qué valor está comprometido? La dignidad está comprometida como valor
esencial en el concepto de la igualdad.
Es la igual dignidad de todos los hombres lo que hace que todos los hombres seamos
iguales, más allá del credo, sexo y color. Es la dignidad la que nos hace a todos los hombres
iguales. Iguales ante la ley, como dice el artículo 16 de la Constitución Nacional. Y no se
puede decir que las personas sean distintas por su condición sexual.
Cuando se preguntan dónde ponerlas, en realidad, no hay dónde porque no son una
categoría distinta de personas. Deben ser colocadas con las personas, con nosotros, son
nuestros hermanos. Algunos pastores se han olvidado en su mensaje de que aquello que
denominan como “estas personas”, en realidad, son nuestros hermanos. Y así debe definirse
desde la concepción solidaria de una comunidad que, en realidad, debe recibir a su diversidad
con los brazos abiertos.
Hace rato que el derecho califica a las personas, no les da categoría y las tiene
claramente como sujeto propio de legislación. Además, no se puede discriminar de ninguna
manera por la condición sexual.
Escuchaba con atención los conceptos de familia y de matrimonio. ¿Pero cuáles son
los textos que hacen mención al matrimonio? La Constitución Nacional solamente habla de
matrimonio en el artículo 20 al hacer referencia a la no discriminación de los extranjeros.
Habla también de la familia en el artículo 14 bis.
Pero, en realidad, ni en la Constitución ni en los tratados, que deben ser interpretados
con el principio pro homine, hay alguna razón jurídica que prohíba avanzar en la
equiparación de derechos para llegar al matrimonio igualitario.
El matrimonio igualitario no va a alterar las creencias religiosas de nadie. Tampoco
obligará a reconocer a la Iglesia o a los credos un contrato que corresponde a una institución
civil para un estado laico. Tampoco en esta concepción economicista sobre la que también se
trae esta polémica del matrimonio entre personas del mismo sexo hay beneficios y costos. Lo que para algunos es un beneficio, en esto de igualar a todas las personas; para
otros, es un costo. ¿Pero cuáles son los costos para los otros? Aparentemente, el perjudicar o
el degradar la supuesta categoría que tiene la condición matrimonial. No hay otro costo.
En realidad, no hay costo porque no hay perjuicios a terceros. Nadie se puede sentir
agraviado porque no hay agravio en tanto y en cuanto cada uno abandone sus prejuicios, que
antepone a la posibilidad de valorar una norma de este tipo.
Voy a hacer una breve referencia histórica.
En realidad nuestro Código Civil de 1869 –y esto es reconocido por todos– convalidó
el modelo de relaciones familiares del derecho canónico; reconoció por sobre cualquier forma
de organización familiar a la conformada por el matrimonio religioso indisoluble, consagró al
varón como jefe de familia, indiscutido y titular exclusivo de la patria potestad sobre sus
hijos, impuso fuertes restricciones a los derechos civiles de la mujer y consolidó la diferencia
jurídica entre hijos matrimoniales y extramatrimoniales. ¿O no nos acordamos de la manceba,
el hijo natural, la concubina? Todas estas cosas fueron evolucionando en esta institución
civil, como corresponde a un estado laico.
Y cuando el artículo 14 bis habla de la protección integral de la familia se está
refiriendo al derecho fundamental que tienen absolutamente todas las personas a fundar una
familia: homosexuales, heterosexuales; todos tienen derecho a fundar una familia, y esa es
una protección constitucional que no puede desconocer ningún orden jurídico
infraconstitucional.
Y, como bien dice la doctora Kemelmajer de Carlucci –y ha sido dicho aquí, creo que
por la senadora Fellner–, el concepto de matrimonio no es estático, es dinámico, y no es una
institución natural sino que, por el contrario, es fruto de concepciones económicas, sociales,
culturales y jurídicas de un momento determinados, y por eso ha variado a lo largo de la
historia.
La doctora Kemelmajer de Carlucci ha hecho un estudio y voy a pedir permiso a la
Presidencia para leer un par de párrafos. Se trata de una publicación hecha en La Ley el 4 de
junio de 2010 a raíz del proyecto sancionado en la Cámara de Diputados y venido en revisión
al Senado.
Con la claridad que invariablemente esta profesora tiene, le hace cuestionamientos al
proyecto de la Cámara de Diputados y dice: “Las reflexiones que se esgrimen a continuación
se enmarcan en un contexto positivo, a favor de la importante reforma en debate, con el
objeto de colaborar para perfeccionar el texto e interpretar adecuadamente la legislación
proyectada. De este modo contribuimos a evitar críticas que, en definitiva, llevan a destruir
una iniciativa legislativa que está en consonancia con la llamada humanización,
internacionalización o constitucionalización del derecho de familia y, en particular, con el
artículo 19 de la Constitución Nacional desde una relectura contemporánea sobre las ideas de
libertad, autonomía y dignidad.” Y lo compara con el decreto portugués 9/11 del año 2010.
En realidad le hace críticas puntuales, efectivas, algunas coincidentes con cosas que se
han escuchado acá, y las va marcando con una exactitud propia de alguien que realmente
tiene una formación académica envidiable. Y termina diciendo, inclusive cuando habla de la
necesidad de regular la procreación asistida, las deficiencias que se observan en el régimen
filial, no sólo ahora, las anacrónicas, las que ya trae el Código Civil. Y así dice que no se
trata, escudándose en argumentos jurídicos, de atentar contra la importante reforma en debate
sino de exponer algunas consideraciones a modo de aporte. Es más, consideramos que tener
una idea cabal sobre los posibles problemas interpretativos que podría despertar la sanción,
tal como reza el texto aprobado por la Cámara de Diputados, evitará ciertos temores
apocalípticos, amén de servir de herramientas interpretativas a los jueces…
Sr. Presidente (Marino). – Señor senador…
Sr. Guinle. – Voy a tratar de cerrar, señor presidente.
Si la doctora Kemelmajer de Carlucci hubiese tomado ese dictamen de unión civil lo
habría destrozado. Si acá se lo calificó de manera rigurosa, no quiero ni pensar lo que hubiese
dicho la doctora Kemelmajer de Carlucci sobre este dictamen que realmente alimenta la
discriminación prejuiciosa. Conforme se dijo acá, claramente discrimina y tiene normas que
son espantosas, como esa norma de objeción de conciencia, que no sé cómo se puede aplicar
en algún pequeño pueblo donde haya uno o dos funcionarios y quieran hacer uso de esa
norma.
Tampoco sé cómo se puede aplicar esta categoría de unión civil que se inscribe o no,
y que terminan siendo cuatro en teoría: heterosexuales que se inscriben, heterosexuales que
no se inscriben, homosexuales que se inscriben y homosexuales que no se inscriben. Además,
hay un régimen que regula la fertilidad asistida, la procreación. ¿Cómo la regula? La prohíbe
para el homosexual. O sea, no sólo prohíbe la adopción sino también la inseminación
artificial. Se ve que es una forma progresiva de regular lo que todos estamos diciendo que es
un déficit de nuestra legislación.
Realmente este dictamen que se dice que tiende a equiparar derechos es
discriminador. No soluciona ninguno de los problemas que han sido planteados. Es un
mamarracho jurídico.
Voy a cerrar mi exposición. Considero que esta sociedad, a partir del debate y de esta
puesta en agenda, mañana va a ser mejor que hoy. Más allá del resultado, estoy convencido
de que mañana va a ser mejor que hoy. Va a ser una sociedad más justa, más igualitaria, con
más tendencia a escuchar a todos, a compartir, menos tendiente a escuchar agravios u ofensas
que se describen de un lado o del otro. No es bueno sobreactuar porque esto no pasa ni por
una cuestión religiosa ni por una cuestión de partido político. Nos excede largamente.
Mi formación cristiana y católica me permite preguntarme lo siguiente: ¿los papás
heterosexuales que tengan o los que tuvimos hijos homosexuales, pasamos a ser instrumentos
que atacamos el plan de Dios? ¿Nuestros hijos pasan a atacar el plan de Dios?
Sr. Presidente (Marino). – Senador Güinle, la senadora Escudero le solicita una interrupción.
Sr. Guinle. – No voy a dar interrupciones…
Sr. Presidente (Marino). – Lo que le pido…
Sr. Guinle. – …sino que voy a terminar porque usted me está pidiendo que termine.
Sr. Presidente (Marino). – Sí, porque está pasado en el tiempo.
Sr. Guinle. – Termino, presidente.
Entonces, me hago esas preguntas desde la concepción que tengo.
Creo que todos estamos convencidos de la necesidad de fundar las relaciones en el
amor, porque algún otro tipo de relaciones que se han fundado en el poder invariablemente
terminan, como lo ha mostrado la historia, en el abuso.
Y ahora sí termino con una pequeña cita que tiene el trabajo de la doctora
Kemelmajer de Carlucci, y que es bueno leerla. “En suma, y como bien lo ha expresado hace
muchísimo tiempo el novelista francés Víctor Hugo, no hay nada más poderoso en el mundo
que una idea a la que le ha llegado su tiempo. No hay duda alguna que la orientación sexual
ha ingresado con fuerza al ordenamiento jurídico, intentando ahora hacer su entrada por el
lugar más difícil pero elocuente, como lo es la ley que regula el matrimonio”.
Vamos a ser una sociedad mejor, señor presidente, cualquiera sea el resultado de esta
decisión.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra el señor senador Cabanchik.
Sra. Escudero. – Pido la palabra.
Sr. Presidente (Marino). – La señora senadora Escudero le solicita una interrupción. ¿Se la
concede?
Sr. Cabanchik. – Sí, señor presidente.
Sr. Presidente (Marino). – Para una interrupción, tiene la palabra la señora senadora
Escudero.
Sra. Escudero. – Como el senador Guinle hizo referencia a la objeción de conciencia, quiero
decir que las leyes de Bélgica, Canadá, Sudáfrica, Noruega y Suecia tienen la objeción de
conciencia, porque así como nos sensibilizamos con el derecho de las personas también
tenemos que reconocer que hay personas que por sus convicciones religiosas tendrían
derecho a la objeción de conciencia. Lo que el Estado tiene que asegurar es que el derecho,
de todos modos, se realice.
Y la negativa a la inseminación artificial y a la adopción es por lo que dije en mi
discurso: hace falta una regulación completa que determine cuál va a ser esa filiación.
Sr. Guinle. – Pido la palabra.
Sr. Presidente (Marino). – El señor senador Guinle le solicita una interrupción. ¿Se la
concede?
Sr. Cabanchik. – Sí, señor presidente.
Sr. Presidente (Marino). – Para una interrupción, tiene la palabra el señor senador Guinle.
Sr. Guinle. – Es una réplica muy cortita y respetuosa. Punto uno: cuando se regula como se
lo ha hecho, se regula prohibiendo. Eso no es una regulación, es una prohibición.
Punto dos: la objeción de conciencia debe hacerse de manera tal que el Estado pueda
cumplir el fin; y la objeción de conciencia, en general, se reserva para esos casos y
fundamentalmente se cumple con el interés general, que en este caso es inscribir o registrar
los actos que han sido ordenados inscribir en el Estado.
Sr. Presidente (Marino). – Ahora sí, tiene la palabra el señor senador Cabanchik.
Sr. Cabanchik. – Señor presidente: creo que, efectivamente, estamos ante un debate político
en el sentido más puro de la palabra, porque cuando ni siquiera están compartidos los
términos mismos del problema sobre el que discutimos, cuando la formulación misma de la
cuestión sobre la que tenemos que legislar muestra un diferendo, es decir, cuando incluso
sobre el lenguaje que utilizamos hay una disputa y esa disputa se genera como en este caso –o
sea, toma la dimensión de un conflicto tan profundo–, creo que estamos ante un problema
político.
Por eso, debemos tomar una decisión también política, que naturalmente se trasunta
en una consecuencia jurídica que, a su vez, tiene sus propias consecuencias.
Con esto también quiero decir que ni la ciencia por sí misma ni la apelación a las
leyes de la naturaleza, ni los dogmas de fe, ni ninguna otra consideración naturalizada a
través de las tradiciones ya incorporadas en los sistemas de creencias de sectores enteros de
nuestra sociedad, pueden resolver un diferendo que, como digo, está planteado en términos
políticos. Por eso, me voy a permitir formular por mí mismo lo que considero es el problema
sobre el cual tenemos que legislar; por supuesto, sin la ilusión de que la formulación del
problema que yo dé sea la formulación para todos. Pero, como digo, cada uno da, de hecho,
las suyas.
Reducida a sus términos centrales, despojados de toda retórica, creo que es justo decir
que lo que estamos teniendo que legislar es sobre si la diferencia, la condición, la inscripción
de los individuos en el orden sexual es relevante para tener derecho al matrimonio civil.
Por ejemplo, algunos senadores preopinantes han afirmado que la homosexualidad y
la heterosexualidad son condiciones diferentes y que, entonces, cómo vamos a tener una
misma legislación para ambas condiciones; pero eso es una petición de principio. Es decir, no estamos discutiendo la homosexualidad o la heterosexualidad no entendidas como
categorización de las personas sino como clasificaciones estadísticas del orden sexual. En
esos términos, obviamente, la diferencia es lo primero que se reconoce. Hoy no habría
disputa política sobre esta cuestión si no partiéramos del reconocimiento de ese hecho. No
estamos disputando acerca del hecho de la diferencia, estamos disputando acerca de su
valoración a los fines de reformar la ley de matrimonio civil o no. Por lo tanto, creo que
cualquier fundamentación del voto que apele a la reafirmación de que lo diferente es
diferente, a más de ser una verdad tautológica, no puede dar fundamento al voto que se
requiere.
Como digo, no pretendo que esto sea una verdad absoluta. Es mi modo de formular el
problema y eso es parte de la cuestión política planteada. Está muy claro que la apelación a la
fe se vuelve irrelevante para discutir la ley de matrimonio civil.
Paulatinamente, se ha desarrollado un profundo debate a lo largo de la feliz discusión
que ha habido en las audiencias públicas. Felicito a la senadora Liliana Negre de Alonso por
la tarea realizada. Felicito a este Senado y me enorgullece pertenecer a él por el hecho de que
estamos dando un debate serio.
La comisión ha ido a nueve provincias, además de estar debatiendo en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires. Me parece que la ciudadanía ha participado, ha tenido la
oportunidad de participar. Hemos estado escuchando todas las voces, todos los sectores. Por
eso, considero que estamos en condiciones y casi diría que es nuestro deber, a esta altura,
resolver políticamente el diferendo, que es político.
Es claro que tampoco se puede apelar a leyes de la naturaleza. Además, es paradójico
que muchas de las apelaciones a las leyes de la naturaleza provengan de la Iglesia Católica –
esto lo digo con el máximo de los respetos– que, justamente, en la condición del sacerdocio,
podemos decir que se celebra un matrimonio a través de la fe con Dios. Sin embargo, es algo
que va –en todo caso– en contra de la misma naturaleza a la que se apela para justificar la
exclusividad de la heterosexualidad como derecho a celebrar el matrimonio civil.
En este caso, la ciencia podría estar a favor. En realidad, yo he leído muchos reportes
científicos de revistas psicoanalíticas, psiquiátricas y de pediatría internacionales que han
mostrado que no hay una sola investigación –o si las hay, son minoritarias– que demuestre
que los niños criados por parejas homosexuales tengan mayor dificultad, estadísticamente
relevante, respecto de los niños criados por parejas heterosexuales. Sin embargo, no diré que
por eso –por ese dato de la ciencia– estaría a favor de sanción de Diputados porque, en
realidad, lo que creo es que el debate es político, como dije. Entonces, tampoco la ciencia por
sí va a resolver esta cuestión.
En realidad, creo que debemos insertar el debate que tenemos en términos del proceso
creciente de secularización que muchos aspectos de la vida humana muestran a lo largo de la
historia a partir de un pasado en el cual había un predominio teológico sobre dichos aspectos.
Así, el término “secularización”, que yo preferiría reemplazar por “mundanización”,
ha servido para designar la pérdida de propiedades de la Iglesia –ese es un elemento
económico de esa historia–, también para designar la progresiva independencia del poder
político respecto del poder eclesiástico –ese es un aspecto político del proceso de
secularización–, y también para referirnos a la pérdida de peso cultural de la iglesia en el
mundo contemporáneo. Claro que esto tiene matices, distintos acentos en diferentes países,
regiones, etcétera. Pero hablando en términos generales, también en el ámbito cultural se ha
producido este proceso, como también en los hábitos sociales, en las instituciones. Incluso, en
ésta de la que estamos hablando: el matrimonio. Ya las referencias históricas que algunos
senadores han hecho y que yo retomaré en breve así lo muestran. Finalmente, incluso en el aspecto religioso, puede decirse que la institucionalidad
religiosa pierde cierto peso dentro de la sociedad aunque conserva, naturalmente y por justo
derecho, su parte; así lo sostiene la vida espontánea de la sociedad. Por eso digo que estamos
dentro de un proceso de secularización que nos toca en la Argentina como le toca a todo el
mundo. Si es bueno o malo el proceso de mundanización al que me estoy refiriendo, de
hecho, yo no estoy en condiciones de responder eso. Nadie está en condiciones de
responderlo. Además, decir que es bueno o que es malo no lo va a detener.
Son muchas las cuestiones que este diferendo político pone en juego. Por ejemplo,
está la cuestión de la adopción. Pero hablemos claro: la posibilidad de adoptar –porque más
que nada, el derecho es del niño y la obligación es del Estado en esa materia–, la habilitación
para adoptar no discrimina sexualidad hoy en las leyes argentinas. ¡No veo cómo podría ser
un avance de nuestra legislación en materia de derechos hacer explícita una discriminación
que hoy no existe!
Por defecto, hoy, nuestro Código Civil no permite que haya matrimonios civiles entre
personas del mismo sexo; pero si legisláramos en el sentido, por ejemplo, del proyecto de
mayoría de unión civil estaríamos agravando las circunstancias. Además de los detalles que
ya el senador Guinle señaló, estaríamos haciéndolo por el hecho de que se haría explícita una
discriminación que hoy es sólo por defecto.
Podríamos señalar la pertinencia de muchos datos jurídicos en esta materia; pero me
voy a limitar a uno que también proviene de la Corte Europea de Derechos Humanos. Creo
que ya ha sido suficientemente aclarado que, de ninguna manera, el fallo que se ha citado
implica nada relevante para lo que estamos discutiendo. Porque del hecho de que la Corte
dijera que no es de su incumbencia o de su jurisdicción obligar a ningún Estado de la Unión
ni a ningún Estado en general a “tal” o “cual” legislación no se infiere nada para lo que
estamos discutiendo.
En cambio, sí se infiere algo respecto de lo que estamos discutiendo en la Carta de los
Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Por ejemplo, el artículo 9°, ahora dice, en
cuanto al derecho a contraer matrimonio y a fundar una familia, que se garantiza el derecho a
contraer matrimonio y el derecho a fundar una familia según las leyes nacionales que regulen
su ejercicio. Ha desaparecido, o no hay en esta legislación, la distinción hombre-mujer, que
es lo que está en cuestión aquí.
Hay un fallo de 2002, que es muy relevante para lo que estamos discutiendo. Se trata
de un fallo sobre un caso del Reino Unido: el de Christine Goodwin. En resumen, el Tribunal
Europeo de Derechos Humanos, en esa sentencia, ha declarado que la imposibilidad de que
un transexual contraiga matrimonio con una persona del sexo al que pertenecía antes de la
operación de cambio de sexo –y que resulta del hecho de que, desde el punto de vista del
estado civil, son del mismo sexo porque la normativa del Reino Unido no permite el
reconocimiento jurídico de su nueva identidad sexual– constituye una vulneración de su
derecho a contraer matrimonio.
En sus considerandos, la sentencia dice que, reexaminando la situación en 2002, la
Corte observa que por el artículo 12 se encuentra garantizado el derecho fundamental para un
hombre y una mujer de casarse y de fundar una familia; pero el segundo aspecto –el de
fundar una familia– no es una condición del primero [disculpen, pero mi lectura es sobre la
base de una traducción que estoy haciendo], y la incapacidad para una unión de concebir o de
criar un niño no sería así razón para privarlo del derecho de contraer matrimonio. No está
convencida la Corte de que se pueda hoy continuar admitiendo que sus términos implican que
el sexo debe ser determinado según criterios puramente biológicos. Desde la adopción de la
Convención, la institución del matrimonio ha sido profundamente transformada por la evolución de la sociedad, y los progresos de la medicina y de la ciencia han entrañado
cambios radicales en el dominio de la transexualidad.
La Corte nota igualmente respecto del artículo 9° de la Carta de Derechos
Fundamentales de la Unión Europea –que leí anteriormente y adoptado recientemente– que
en él se descarta –y no puede ser sino deliberado esto– el artículo 12 de la Convención, en el
que se excluye la referencia al hombre y a la mujer. Este sí es un antecedente relevante de la
Corte de Derechos Humanos de la Unión Europea, porque va al punto exacto que hoy
estamos discutiendo.
La miembro informante del dictamen de la mayoría, haciendo referencia a lo expuesto
por una de las participantes de las audiencias públicas, la doctora Medina, señalaba ciertos
problemas verificados en la sanción de la Cámara de Diputados. Sin embargo, la diputada
Vilma Ibarra, autora de dicho proyecto, ha alcanzado –creo que a todos los senadores; al
menos, yo lo he recibido– un listado con las respuestas punto por punto respecto de las
objeciones planteadas. Voy a pedir permiso para insertarlo, porque me parece importante que
consten todas esas respuestas concretas. Pero ahora quiero referirme a una de ellas.
Todos los argumentos de esa intervención –o casi todos– son retóricos y, entonces, se
hace algún uso sofístico de ellos. ¿Por qué? Por una sencilla razón: se interpreta que el
genérico “padres”, que permanece en el Código Civil en muchos artículos no modificados por
la sanción de la Cámara de Diputados, tiene como consecuencia la “invisibilización” de la
madre y de la mujer. Pero eso es, cuanto menos, retórico y, en el peor de los casos, sofístico,
porque allí, el término “padres” está usado genéricamente. Es increíble que se esté
interpretando que allí “padres” significa dos hombres, cosa que es absolutamente absurda.
Por lo tanto, casi toda esa línea argumental se destruye, simplemente, aclarando este punto.
Se ha hablado de la historia. Es siempre importante tener la perspectiva histórica,
sobre todo, de la historia argentina. Ya se ha hecho referencia a cómo era la ley de
matrimonio en el Código Civil de Dalmacio Vélez Sarsfield. Respondía a la época. Hoy sería
anacrónico pretender escribir lo mismo. Esto es un poco como en el cuento “Pierre Menard”
de Borges: escribir exactamente hoy el Quijote sería escribir otro libro. Hoy, escribir el
Código Civil que escribió Vélez Sarsfield sería escribir otro Código, porque han cambiado
los significados; han cambiado también las situaciones que se codificaban en él y para lo que
se legislaba.
Es muy importante advertir que recién en 1888, en la presidencia de Juárez Celman,
se sancionó esta ley de matrimonio civil, que superó dos cosas de años anteriores. Primero, el
primer matrimonio civil que pudo celebrarse en la Argentina –creo que fue en la provincia de
Santa Fe– sólo entre aquellos que ya habían contraído matrimonio por iglesia. Es decir que
había una restricción tan grande en esa época en nuestro país –estamos hablando de 120 años
atrás– que sólo los que ya habían sido casados por iglesia podían casarse por civil. Luego, se
modificó, pero sólo los católicos podían casarse por civil. Hasta que finalmente, en 1888, se
tuvo una ley de matrimonio civil más inclusiva. ¿No estamos agregando un capítulo a ese
progreso en nuestra ley de matrimonio civil al incluir ahora la posibilidad del matrimonio
celebrado entre personas del mismo sexo?
Estoy tratando de redondear, pero todos hoy nos hemos excedido un poco en el
tiempo. Les voy a proponer un ejercicio imaginario en estos momentos. A veces, los
argumentos –y estoy tratando de argumentar– pueden ser ilustrados por experimentos
mentales. Entonces, les voy a proponer el siguiente experimento mental. Supongamos que
todos nosotros, de golpe, hemos decidido hacer una reunión de Legislación General en una
sociedad –por razones obvias, creo que se va a entender por qué la llamo así- denominada
“LeGeBiTTi”. Lo hago con un poquito de imaginación, tomando las siglas que se refieren a todas las posibilidades de ordenamiento sexual hoy en día.
En “LeGeBiTTi” lo que pasa es lo siguiente: sólo se pueden casar los que tienen la
misma condición sexual, porque para procrear, hay que hacerlo fuera del matrimonio.
Supongamos que “LeGeBiTTi”, por razones de su propia tradición mítica, mitológica, tiene
esas estructuras sociales, exactamente en espejo opuestas a las nuestras. No, no exactamente;
pero digamos que es una variante contraria a lo que estamos proponiendo acá.
¿Qué le diríamos a las autoridades de “LeGeBiTTi”? ¿No les diríamos que, si en esa
sociedad hay una minoría que reclama el derecho a ser casado pero entre diferentes sexos –es
decir los heterosexuales– tienen que darles ese derecho? ¿No diríamos que es injusto limitar
el derecho en “LeGeBiTTi” a que sólo se casen los homosexuales? Es claro que nosotros
argumentaríamos racionalmente con las autoridades de esa comunidad imaginaria para
sostener que deben dar el derecho a aquellos pocos heterosexuales de “LeGeBiTTi” a quienes
se les ocurrió algo tan raro como casarse; que les den ese derecho.
Eso muestra que si flexibilizamos a través de nuestra imaginación nuestra mente,
vamos a entender que lo que estamos discutiendo no debe ser dramatizado como lo estamos
haciendo. Esta legislación va a hacer mejor a nuestra sociedad porque va a dar respuesta a las
muchas angustias, a las muchas carencias de derecho que tienen muchos que hoy necesitan
esta respuesta legislativa.
Esto no va a promover cola de homosexuales para casarse y luego adoptar. Eso sólo
puede existir en un fantasma –diríamos– neurótico de gente que, por ahí espontáneamente,
por ahí con autenticidad, está respondiendo pero desde el dogma y el prejuicio, y no desde la
razón a la que apelo.
Finalmente, quiero decir dos cosas más. Una: creo que, además, damos una respuesta
no solamente a aquellos que reclaman por los derechos. Estoy pensando en ese joven o en esa
joven que, en la pubertad o en la adolescencia, está definiendo su orientación sexual; que la
ha descubierto. Porque no es una elección voluntaria. No es deliberado. No se elige ser
homosexual o heterosexual como se elige un postre u otro. Entonces, ese joven ¿no se va a
sentir mejor; no va a tener mejores relaciones humanas con su entorno, con su familia, siendo
miembro de una sociedad que ha igualado el matrimonio para todos? ¿No estará más al
abrigo en la esfera pública? Creo que vamos hacia una sociedad mejor, hacia una sociedad en
la que la determinación de homosexual y heterosexual puedan entenderse solamente como
algo del pasado una vez más.
Me permito terminar mi alocución – ahora sí – leyendo sólo el final de un libro de
Osvaldo Bazán: Historia de la homosexualidad en la Argentina. Él imagina una situación –
como yo imaginé lo de “LeGeBiTTi”–, donde un joven le dice a los padres: “Viejos, quería
decirles que estoy de novio”. “¡Qué alegría, nene!”, le dice uno de los padres, y agrega:
“¿Con un chico o con una chica?” “Algún día va a ocurrir…”, dice optimista Osvaldo Bazán,
y agrega: “Me gustaría estar ahí. Por eso escribí este libro, porque la homosexualidad volverá
a ser lo que nunca debió dejar de ser: nada.”.
Sr. Presidente (Marino). –Tiene la palabra el señor senador Petcoff Naidenoff.
Sr. Petcoff Naidenoff. – Señor presidente: en primer lugar, quiero señalar que estamos
abordando un tema que para mí es trascendente, el que debemos tratar con absoluta seriedad
y responsabilidad. En ese sentido, señalo desde ya que mi posición personal, que es la de
acompañar el dictamen de mayoría de rechazo a la sanción de la Cámara de Diputados, se
fundamenta, justamente, en preservar fuertemente valores y principios como la no
discriminación y la plena igualación de derechos, que están regidos por nuestra Constitución
Nacional como principios cardinales en el artículo 16.
A mí me parece que este debate central gira, justamente, sobre dos aspectos que, en realidad, se abordaron en todos los puntos que se mencionaron precedentemente. Esto gira en
torno de los derechos a la igualdad y a la no discriminación.
En cuanto a la igualdad, nosotros tenemos una regla general, un principio cardinal,
como lo he señalado, cual es que todos los habitantes son iguales ante la ley. Así lo establece
la Constitución.
Del mismo modo, cuando en 1994 se produjo la reforma de la Constitución, se
procedió a la internacionalización de los derechos humanos fundamentales, con once tratados
internacionales –que, en la actualidad, son trece– en materia de derechos humanos.
Ahora bien, me parece que, desde el punto de vista jurídico, tampoco tenemos que
confundir los términos, porque cuando nos referimos a la igualdad jurídica, debemos señalar
que, en realidad, el derecho –por definición– distingue y crea clasificaciones y categorías, por
lo que hablar de igualdad jurídica significa, ante todo, que todos los individuos son iguales
ante la ley pero ante las mismas condiciones y bajo las mismas circunstancias. ¿Qué implica
esto? De lo que se trata es de excluir, fundamentalmente, las desigualdades arbitrarias, las
irrazonables, las que están fuera del amparo y del contexto del artículo 16 de la Constitución.
En suma, aceptar la legalidad de diferenciaciones razonables no implica menoscabar
el principio de igualdad jurídica. Si bien el derecho distingue y crea clasificaciones y
categorías, tampoco el hecho de crear categorías o clasificaciones implica que estamos
avanzando en un proceso de discriminación o de no igualdad. Esta es una pauta básica. De lo
contrario, cuando creamos clasificaciones, estamos negando la diferenciación de las propias
normas, que fueron creadas para diferenciar distintos aspectos no sólo de comportamiento
sino, fundamentalmente, de clasificaciones y categorizaciones.
En este contexto, me parece importante tener presente lo que interpreta, en su debida
contextualización, el constitucionalista Bidart Campos para interpretar o para entender lo que
es la igualdad. Bidart Campos dice que la igualdad, desde el punto de vista constitucional,
significa, primeramente, tratar en forma igualitaria a quienes se encuentran en las mismas
situaciones.
En segundo lugar, esta igualdad no obliga al legislador a desconocer la diversidad de
condiciones, circunstancias o consideraciones que pueden presentarse a su interpretación. Lo
que la regla de la igualdad jurídica importa es que todas las personas que se encuentren
afectadas por una medida deben estar equiparadas en cuanto al derecho en la categoría, grupo
o clasificación que le corresponda. Esa es la regla de la igualdad.
Ahora bien; uno se pregunta ¿cuál es el criterio para establecer categorizaciones o
clasificaciones en el contexto del Derecho? El criterio es la razonabilidad. Por lo tanto, en la
creación de clasificaciones, distinciones o categorías que resulten absolutamente irrazonables,
pues bien, pesan sobre ellas el sesgo de inconstitucionalidad pero en la medida en que las
construcciones de las clasificaciones sean irrazonables.
En este sentido, para abordar el tema puntual –por eso quería hacer hincapié en los
principios liminales de la igualdad–, cuando se argumenta con mucha fuerza que no
generamos o garantizamos un trato igualitario a las personas del mismo sexo al imposibilitar
contraer matrimonio como sí lo pueden hacer las parejas heterosexuales, me parece que no
tenemos que perder de vista varios aspectos.
En primer lugar, el Estado constitucional de derecho tiene la obligación de garantizar
a todos los ciudadanos, independientemente de su orientación sexual, el pleno y libre
ejercicio de los derechos y garantías constitucionales. Ahora bien, la alternativa para igualar
no necesariamente debe ser el matrimonio. El matrimonio es una alternativa igualitaria en la
medida en que, en el contexto jurídico argentino o en el derecho comparado, se dan las
condiciones y objetivos para su igualación. No debemos confundir: igualar derechos no significa igualar conceptos. Esto es así
más allá de las pretensiones legítimas, por cierto, de los diferentes sectores y de las luchas
que en esta materia se llevan adelante por las partes involucradas. Existen otros institutos,
otras vías para igualar derechos plenamente, para igualar los derechos que están asociados al
matrimonio. El matrimonio –como acá se ha dicho– es la figura menos utilizada
cuantitativamente en el derecho comparado. Por eso se ha avanzado mayoritariamente en la
unión civil.
Algunos dirán, ¿por qué no denominarlo “matrimonio”? ¿Cuál es el significado?
Porque algunos dicen que si no es “matrimonio”, se discrimina o no se garantiza la igualdad;
no, no es así. Porque el matrimonio, desde su definición y conceptualización etimológica,
tiene que ver con la unión de un hombre con una mujer, en primer lugar. En segundo lugar, es
una caracterización ontológica. El ser del nombre “matrimonio” lo constituye el hombre y la
mujer. De lo contrario, denominémosle de otra manera, pero no “matrimonio”.
Si se avanza y se permite que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio,
estamos destruyendo esta figura, que es otro tema en el contexto del Derecho. Por eso,
Morello dice: avancemos en procesos igualitarios. Porque en realidad, la unión de personas
del mismo sexo, que tienen el pleno derecho de gozar de todos los beneficios que están
asociados al matrimonio, constituye un nuevo estado de familia. Entonces, me parece que así
como existen el matrimonio, las uniones de hecho, los concubinatos, las familias
monoparentales; así como existen en la realidad las familias ensambladas,
independientemente de que se pueda encontrar pendiente de resolución una sanción
legislativa en cuanto a su encuadre, estos son estados de familia. Ahora, yo me pregunto:
¿estas realidades implican discriminaciones? ¡En absoluto! Son clasificaciones, categorías
que establece el Derecho. ¿Y por qué son categorizaciones? Porque en su propia composición
y su propia caracterización se diferencian; y la diversidad es parte del contexto que debe
comprender el análisis jurídico y de Derecho para abordar este tema.
Vamos al plano internacional. Si no nos alcanza con los preceptos actuales o los
preceptos internos del 16, vamos a la Convención Internacional. Tanto la Convención de los
Derechos Humanos, como el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, como la
Declaración de los Derechos del Hombre, cada vez que se refieren a la palabra “matrimonio”
asocian a su definición la unión de hombre y mujer. Si bien se cuestionó que en esta fórmula
−la del hombre y la mujer− no se encuentran limitados entre sí, lo cierto es que, desde el
punto de vista constitucional, debe tenerse una mirada integral del contexto normativo. Y
una visión integral de las normas nos permite concluir que el matrimonio es unión de hombre
y mujer.
Como ejemplo, leeré algunos artículos del Pacto de San José de Costa Rica, porque
cuando las convenciones no quieren establecer diferenciaciones en cuanto al sexo,
concretamente hacen referencia a las personas o a las cosas.
En su artículo 1°, "Enunciación de deberes", el Pacto de San José de Costa Rica
establece: Los estados partes en esta Convención se comprometen a respetar todos los
derechos y libertades de toda persona.
Artículo 3°: Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su personalidad
jurídica.
Artículo 4°: Toda persona tiene derecho a la vida.
Artículo 5°: Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica
y moral.
Artículo 7°: Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad personal.
Artículo 8°: Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable.
Artículo 10: Toda persona tiene derecho a ser indemnizada conforme a la ley.
Y así sucesivamente.
Pero cuando en el artículo 17 hace referencia a la protección de la familia, abandona
la conceptualización de "toda persona" y dice: Se reconoce el derecho del hombre y la mujer
a contraer matrimonio y fundar una familia.
Reitero, esta no es una visión aislada. Independientemente de que no se limiten entre
sí, cada vez que los pactos internacionales se refieren al matrimonio, esta definición está
asociada a la unión del hombre y la mujer. Este concepto es el mismo desde el Derecho
Romano. Desde el Derecho Romano que esta figura se asoció a la unión de hombre y mujer.
No me referiré a lo que se citó con relación al Comité de Derechos Humanos de la
Organización de las Naciones Unidas, porque en diversos planteos existen varios fallos que
establecen con meridiana claridad que ningún Estado tiene la obligación de receptar
determinados institutos que impliquen la modificación de institutos esenciales a su propia
composición. Creo que a este caso ya se refirieron varios senadores, por lo que mi
explicación sería sobreabundante.
Pero sí me quiero referir a otro capítulo. Así como hablé de igualdad, me referiré a la
discriminación. Escuché a algunos senadores esgrimir ciertos argumentos expresados en la
Cámara de Diputados de la Nación en relación con las categorías sospechosas, a través de los
cuales se pretende cuestionar la regulación actual del instituto del matrimonio porque, al
diferenciar a personas de distinto sexo de personas del mismo sexo, se ingresaría en un
proceso de discriminación. Por el solo hecho de esa supuesta discriminación, se generaría una
categoría sospechosa referida a la orientación sexual.
Esta categoría sospechosa es un criterio jurisprudencial receptado por nuestra Corte
de Suprema de Justicia sobre la base de precedentes de la Corte norteamericana, que tiene
como propósito central encuadrar cualquier clasificación del derecho que se torne irrazonable
en el contexto del artículo 16. Es decir, a cualquier categoría que se cree que pueda afectar el
principio de igualdad se la considera sospechosa.
Está muy bien esa recepción jurisprudencial. Ahora bien, la pregunta sería si la
orientación sexual es una categoría sospechosa para la Corte Suprema de Justicia de la
Nación. La respuesta es que no lo es. Por eso discrepo de los que argumentaron en Diputados
en relación con este tema. La orientación sexual no es una categoría sospechosa. Para la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, son categorías sospechosas las distinciones que se
fundan en la nacionalidad y en la ideología política. Y para la Corte Suprema norteamericana,
son categorías sospechosas las que se fundan en categorías fácilmente identificables como
aquellos grupos que se encuentran segregados geográficamente o carecen de autoprotección
en el sistema político. Reitero que no se habla de categorías sospechosas en el plano de la
orientación sexual. Este tema es importante porque gira en torno a la igualdad y a la no
discriminación.
Los que estamos de acuerdo en avanzar en un proceso igualitario en el contexto del
derecho con otra figura –la de la unión civil–, ¿por qué lo hacemos? Porque la caracterización
de la unión civil con personas del mismo sexo se diferencia, justamente, del matrimonio
heterosexual. Desde lo personal, quiero aclarar que he presentado un proyecto sobre unión
civil y que, además, no estoy de acuerdo con algunos artículos del dictamen cuestionado de
unión civil presentado por la Comisión.
No obstante, reitero, estoy de acuerdo con la creación de este instituto diferenciador,
ya que no se presenta para diferenciar a las personas desde el punto de vista del trato
igualitario que debe garantizar el derecho. Se lo clasifica porque es un nuevo estado de familia, como lo es la familia monoparental, el concubinato, las relaciones de hecho o las
familias ensambladas. Son nuevos estados de familia.
Para terminar, señor presidente, porque quiero ser respetuoso de los tiempos, deseo
decir que cuando se está ante realidades diferentes, el derecho debe clasificar respetando los
valores fundamentales del derecho a la igualdad y a la no discriminación.
Crear un nuevo instituto –el de la unión civil– diferenciado del matrimonio, no implica para
nada avanzar en un proceso de trato discriminatorio o desigualitario.
Por eso, señor presidente, nosotros, o algunos de los miembros de la bancada de la
Unión Cívica Radical, no acompañamos la sanción de la Cámara de Diputados y sí deseamos
avanzar en un proceso de igualdad y de no discriminación. Ahora bien. Lo queremos hacer
descontextualizando el debate de todo fundamentalismo, sea religioso o político. Es decir,
sacándolo de los que juegan a matar o morir. En el medio, hay personas y el avance pasa por
la igualdad y la no discriminación.
En este caso, la igualdad y la no discriminación es un instituto diferente como la
unión civil, respetando al matrimonio en la debida contextualización que le da el Código
Civil.
Sr. Presidente (Marino). – Tiene la palabra la señora senadora Quintela.
Sra. Quintela. – Señor presidente: como ya se ha destacado en opiniones previas al tema que
nos ocupa, resulta de mucha importancia, ya que involucran inveterados usos, costumbres y
sentimientos del conjunto del pueblo argentino.
También es innegable la necesidad de legislar sobre las situaciones de hecho, las que
ya existen, y los desafíos que nos propone el desarrollo de nuestra sociedad con nuevas
normas que contemplen e incluyan a todos en el ejercicio de sus legítimos derechos.
Juntamente con seis senadores, había propuesto que se realizara una consulta popular,
que finalmente no se llevó a cabo. Pero creo que ella es la que garantiza una mayor
posibilidad de éxito en una gestión y una mayor corresponsabilidad con nuestra sociedad
frente a situaciones tan importantes como ésta, el aborto o la eutanasia, donde la sociedad
debe participar en forma indefectible.
Felicito a la Comisión de Legislación General y a la doctora Negre de Alonso porque
han hecho 15.500 kilómetros recorriendo nueve provincias argentinas. Yo creo que se
hubiese ahorrado mucho tiempo, mucho esfuerzo y dinero, haciendo un plebiscito que llegue
a todos los rincones de nuestra Patria. Creo que hubiésemos tenido una participación popular
de gran importancia para nuestras decisiones y para que no siempre seamos nosotros el pato
de la boda.
Quiero decir que, a mi criterio –y me lo han dicho muchos, quizás porque se ha
generado la expectativa de que iban a ir por La Rioja–, mi pueblo fue y se sintió marginado,
como sociedad civil, de este problema. Alguna colega excelente calificó como “mamarracho
jurídico” al proyecto sancionado en la Cámara de Diputados. Yo no voy a hablar de
mamarracho jurídico, pero sí de grandes carencias y de grandes vacíos legales en ambos
proyectos. Por ese motivo, sigo pensando que lo más importante hubiera sido la consulta
popular.
– Ocupa la presidencia el señor presidente provisional del H. Senado
de la Nación, senador José Juan Bautista Pampuro.
Sra. Quintela. – En esta situación de tener que decidir yo por mi pueblo, desde mi fe
católica, he tenido distintas reuniones.
Como en todas las provincias del interior, nuestros pueblos son absolutamente
religiosos. Tenemos procesiones de tal magnitud sobre las cuales, como políticos, siempre
decimos: ojalá convocáramos lo que convocan San Nicolás o La Virgen del Valle y demás. He recibido innumerables mensajes de que no me demonice; de que siga manteniendo
mi fe cristiana. Por eso, le digo a mi querido colega Luis Juez que no tenga temor de mandar
a su hija a una iglesia católica, porque Dios está presente. Lo mismo le digo a mi querida
colega catamarqueña. Yo no le tengo miedo a nadie porque confío en Dios.
Este hecho de tener dos proyectos que no me satisfacen plenamente, por una cuestión
de organicidad y de que tengo que estar con mi bloque –porque si no estuviese de acuerdo,
me tendría que ir de mi bloque–, me hace votar por la postura del bloque del oficialismo.
Fíjense ustedes: hay en mí sentimiento y pensamientos muy encontrados. Yo tengo
mucha gente amiga que es homosexual: lesbianas, gays, transexuales y bisexuales que son
excelentes personas, excelentes profesionales, excelentes políticos; y conozco muchos
heterosexuales a los que también les sucede lo mismo. Pero cuando hablan de que debemos
conservar nuestros preceptos cristianos, yo digo qué lejos está nuestra sociedad de hacerlo.
Cuando se habla de matrimonio entre un hombre y una mujer, yo digo que no hay
absolutamente nada más degradado que la relación del matrimonio entre un hombre y una
mujer. Digo esto porque, hoy por hoy, existen tantos divorcios que los chicos tienen padres
biológicos y, también, tienen padrastros. Lo mismo pasa con las mujeres, es así.
También quiero decir que hay que modificar la ley de adopción. En mi concepto, es
una ley absolutamente perimida y burocrática, que no permite que personas heterosexuales u
homosexuales puedan adoptar criaturas en el corto plazo.
Me quiero referir a los grupos que se han movilizado, tanto de uno como de otro lado,
demonizándonos. ¿Dónde estaban cuando se aprobó la ley por la que se bajó la edad de
imputabilidad de los chicos, que no son victimarios sino víctimas de toda una sociedad
corrupta, en la que ustedes saben que existe el gran flagelo de la droga y la prostitución? En
mi provincia, hace seis meses que no se encuentra una niña de quince años. La trata de
personas está a la orden del día, al igual que la drogadicción y el alcoholismo. Hay casi diez
jóvenes muertos por fin de semana en mi provincia. Sin embargo, absolutamente nadie se
moviliza para hacer algo por esta sociedad que está bastante putrefacta.
Hay casos de corrupción, pedofilia, violaciones, matanzas, crímenes irresueltos.
Entonces, cuando hablamos de este tema del matrimonio, de la unión civil de los
homosexuales, creo que debemos tener en cuenta que esta concepción va a involucrar
profundamente a toda las concepciones que hay acerca del matrimonio como institución de
distintas creencias religiosas, no sólo la cristiana –como es mi caso– sino las distintas y
numerosas comunidades como las musulmanas y las judías –para nombrar las más grandes e
importantes– e, incluso, los agnósticos, que en forma libre adoptan posiciones morales de
raigambre greco-latina u otros fundamentos filosóficos que rigen sus conductas y costumbres.
Como católica, considero que la fe no debiera obnubilar la razón sino pacificarla para
llegar a conclusiones más justas y generosas. Aquí me atrevo a contar una anécdota, porque
yo, que he sido militante con monseñor Angelelli, un cura de pueblo, un cura militante social,
e íbamos por todos lados combatiendo el divorcio, cuando me tocó a mí ser golpeada, ser
engañada, empecé a ser divorcista. Entonces, digo yo ¿por qué tener que aguantar situaciones
u esconder u ocultar situaciones que todo el mundo las entiende porque existen?
Estamos en una sociedad en la que hay una gran hipocresía. La basura se mete debajo
de la alfombra y no se la saca de ahí, salvo que algún esnobista toque un tema que resulte de
agrado a la dirigencia política, o a los medios de comunicación, o a religiosos. Entonces, ahí
sí salimos y hacemos barullo. O cuando nos tocan intereses personales. Pero el “no te metás”
está siempre presente, como lo estuvo en la época de la dictadura.
Yo me cuestionaba sinceramente. Creo que tenemos que estudiar la ley de adopción,
nos corresponde, es una obligación moral nuestra. Estuve leyendo varios dictámenes y escritos. Para mí, en los matrimonios heterosexuales los padres biológicos no son garantía de
que no vayan a violar a sus hijos o hijas. Y ustedes tienen casos públicos y notorios de gran
transcendencia.
Sr. Presidente (Pampuro). – Por favor, señora senadora, termine con su exposición. Su
tiempo concluyó.
Sra. Quintela. – Cómo no.
Decía, hoy son homosexuales, pero porque han sido violados, maltratados,
sobreprotegidos. Hay gente que sostiene que la homosexualidad surge por algún problema
psicológico durante su crianza. Nosotros debemos tener organismos competentes tanto para
los heterosexuales como para los homosexuales, que controlen esas situaciones para que no
se den mayores problemas. En efecto, alguien me decía: “No vaya a ser que dentro de diez
años tengamos chiquitas –como yo vi– de 13 o 14 años besándose o abrazándose como si
fuesen un varoncito y una mujercita”.
Por otro lado…
Sr. Presidente (Pampuro). – Señora senadora, su tiempo concluyó.
Sra. Quintela. – Perdón, pero hay algunos que hablaron una hora.
Yo quiero resaltar que los creyentes no estamos solucionando los problemas que nos
afligen como sociedad. De acuerdo con los preceptos cristianos, todos somos pecadores y
tenemos derecho a ser perdonados. Pero no estamos construyendo una sociedad mejor. Sin
duda, esto es lo que debería ser materia de reflexión hoy en día, en un ejercicio de
introspección como creyentes y como integrantes de la sociedad civil.
Para finalizar, no quiero dejar pasar esta oportunidad para expresar mi gran
preocupación por los sacerdotes del llamado “Grupo Angelelli”, que han sido castigados por
expresar su opinión, habiendo estado siempre al servicio del pueblo y de la justicia social con
equidad. Por eso, digo que no tenemos que tener miedo. Yo no creo en el demonio; creo más
en el poder de Dios.
Por último, quiero dejar perfectamente aclarada mi posición, que fue siempre la
misma: consulta popular. De lo contrario, acato la decisión de mi bloque en la seguridad de
que en el próximo año tendremos la absoluta obligación de mejorar estas leyes y otras, como
la baja de edad de imputabilidad y la de adopción, porque por encima de todo está y debe
estar al interés superior del niño.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Monllau.
Sra. Monllau. – Señor presidente: a riesgo de generar antipatías entre mis pares, me voy a
permitir hacer un pedido y es que seamos muy cuidadosos con los mensajes que en el orden
de lo simbólico enviamos a la sociedad. Digo esto porque he observado durante el desarrollo
de las diferentes sesiones que hemos sesionado con la mitad o menos del total de los
miembros presentes y que dieron quórum al inicio de la sesión. No vaya a ser que esto pueda
leerse como que estamos otorgando o concediendo escaso valor a la palabra y especialmente
a la palabra ajena, en el marco de lo que es y debe ser un debate parlamentario.
Dicho esto, señor presidente, y antes de dar razón de mi voto negativo al proyecto
aprobado por la Cámara de Diputados, quiero expresar que no abjuro, reniego ni oculto la fe
que profeso ni mi pertenencia a la Iglesia católica, porque tengo la certeza de que no es
motivo para descalificar la postura que asumo.
Agradezco la labor titánica de la senadora Liliana Negre de Alonso y de todo su
equipo de trabajo. Además, señalo que hubiera querido que hoy en este recinto se estuviera
discutiendo primero acerca de aquellas desigualdades escandalosas en el orden de lo
económico, lo social y lo político, a saber, señor presidente, crecimientos patrimoniales
injustificables, obturación de la palabra y clausura del diálogo, corrupción extrema y generalizada, clientelismo denigrante y dadivoso, pauperización, indigencia cultural, etcétera.
Todo ello opuesto a la equidad, a la paz, a la justicia social y a la dignidad de las personas.
Esto también necesita del Derecho.
Para justificar mi voto, comenzaré citando a la doctora Pilar Zambrano y me pregunto
con ella, ¿es lo mismo un derecho que un deseo? Cito a la doctora Zambrano: la
identificación de derecho humano con deseo que cuenta con algún grado de consenso social
está en parte sobre la base de las propuestas que defienden el matrimonio homosexual.
Sigue diciendo la doctora Zambrano: sin embargo, parece claro que no tenemos
derecho a todo lo que podemos desear, porque el número de nuestros deseos es ilimitado y
difícilmente compatibles con los no más ilimitados derechos de los demás. Si los deseos son
el único referente de los derechos, difícilmente sea concebido el derecho tal cual lo
conocemos hoy en día porque una de las notas básicas de la Introducción al Derecho o
Filosofía del Derecho Civil I es la coacción; y si algo supone la coactividad como nota del
derecho es precisamente que más de una vez las normas contradicen los deseos. Frente a esto,
algunos sostienen que si bien los derechos no recogen los deseos de cada individuo, sí
receptan los derechos mayoritarios. El contenido de los derechos estaría determinado pues
por los deseos de una mayoría o, por utilizar una expresión más difundida, por un consenso
social. Fin de cita.
Por otro lado, los tratados internacionales incorporados a la Constitución garantizan el
derecho a contraer matrimonio a hombre y mujer: artículo 17 del Pacto de San José de Costa
Rica, artículo 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y artículo 16 de la
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.
También el artículo 10 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, entre otros, coloca
al Estado en la función de proteger el instituto de la familia considerando a ésta como el
elemento natural y fundamental de la sociedad y también como célula del Estado.
Esta reforma, al contrariar normas internacionales de rango constitucional, carecería
de valor. La legislación civil, como la que expresan los tratados internacionales y la propia
Constitución nacional, son heteronormativas; piensan en el matrimonio como el instituto
conformado por la unión de hombre y mujer. Y en el caso de nuestro Código Civil tiene una
coherencia y una lógica interna que no se rompen eliminando la palabra “mujer”. Además,
este proyecto daría lugar a un sinnúmero de conflictos, pues no legisla sobre la determinación
de la filiación, que en nuestra ley está basada en el nexo biológico entre padres e hijos y en el
sistema de presunciones de paternidad y maternidad.
Asimismo, deseo aclarar que discriminar es distinguir, y en este sentido la Corte
Suprema de nuestro país ha dicho en numerosas ocasiones que la igualdad que consagra la
Constitución es la igualdad de iguales en iguales circunstancias. De modo que no es justo
tratar de manera igual a lo distinto, así como tratar de manera desigual lo que es igual.
En lo que respecta a la adopción, el juez de menores de Córdoba, doctor Carlos
López, en audiencia pública expresaba –y cito–: respecto del derecho de los adultos, todo el
mundo discute si las parejas heterosexuales son las únicas que tienen derecho a adoptar y si
las parejas del mismo sexo tienen o no el mismo derecho que aquellas. Hago en tal sentido
categórico juicio, y junto con el doctor López digo que estas últimas no tienen derecho a
adoptar como tampoco lo tienen los matrimonios heterosexuales y los adultos en sí, sino que,
por el contrario, es el niño el que tiene derecho a ser adoptado. La adopción no es un instituto
que tiene por finalidad satisfacer un capricho o una necesidad de una pareja o persona, sino
que tiene por finalidad exclusiva y excluyente brindar una familia a un niño que la necesita.
En este mismo sentido se deben considerar los artículos 3º y 4º de la Convención de los
Derechos del Niño. Diré, señor presidente, que la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece
sobre la alianza de varón y mujer en el matrimonio, sobre su consentimiento personal e
irrevocable. Es el matrimonio el acto humano por el cual varón y mujer, idénticos en tanto
personas pero diferentes en su especificidad y por ello mismo complementarios, se dan y se
reciben mutuamente y nace con ello ante la sociedad una institución. Este vínculo, en
atención tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, es de suma importancia para
la continuidad del género humano, para la paz, para la estabilidad y la dignidad, entendiendo
la dignidad como el rasgo que hace que el hombre no sea solamente algo sino alguien,
alguien capaz de conocerse, poseerse y darse libremente.
Señor presidente: el bien de cada uno, conforme a la naturaleza social del hombre,
está necesariamente relacionado con el bien común, es decir, con el conjunto de aquellas
condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros,
alcanzar la perfección. El bien común afecta la vida de todos, exige la prudencia por parte de
cada uno y más aún de aquellos que ejercen o ejercemos autoridad.
Sin ser persona de derecho me permito decir que si una ley divide a la sociedad, si son
necesarios ardides, artilugios, viajeros innecesarios, presiones y cooptaciones, algo no está
bien. Tal vez, todavía no era el tiempo. Quizás el fruto no está maduro y con un poco de
buena voluntad y tiempo, tal vez puedan lograrse consensos amplios.
Tengo profundo respeto por las uniones homosexuales. Creo que merecen una
solución a sus planteos, pero no creo que el instituto del matrimonio sea lo más conveniente.
Para terminar, señor presidente, me voy a permitir citar al doctor Rolando Crook,
abogado catamarqueño que en la audiencia celebrada en mi provincia dijera lo siguiente: me
permito hacer una pequeña diferencia entre el sexo, que es impuesto por el orden natural, y el
ejercicio de la sexualidad, que sí puede ser un determinio o ejercicio individual de la libertad
de cada persona. El sexo no se elige, es una imposición de la naturaleza; lo que se elige es
una práctica de la sexualidad compatible con sexo de diferente tipo. El sexo es un orden que
proviene del derecho natural. La exigencia de contrayentes de uno y otro sexo en la ley de
matrimonio civil, en su artículo 172, no tiene que ver con la restricción del derecho
individual. Las exigencias que tiene la ley de matrimonio no están pensadas en el derecho del
individuo, sino en las necesidades de una sociedad. La necesidad del derecho implica
establecer límites, y esos límites están en función del carácter social del individuo. El derecho
no se dirige a la conciencia, sino a la convivencia, y si una norma no se dirige a la
convivencia, es lógico que tenga que enfrentarse con una suerte de tensión dialéctica entre lo
que es valor individual y valor social. Y en esa tensión dialéctica, mal que nos pese a todos –
aun a los heterosexuales– prima el valor social.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Fernández.
Sr. Fernández. – Señor presidente: la verdad es que pensaba entrar abiertamente en el tema,
pero la introducción que formuló la miembro preopinante me obliga a un debate quizá para
otra sesión, que tiene que ver con políticas inclusivas, con la desigualdad, con la destrucción
del empleo, del aparto productivo, del ahorro y del sistema jubilatorio. Tuvimos índices
altísimos: 26 por ciento de desempleo, 50 por ciento de pobreza y 30 por ciento de
indigencia. Estas cosas tienen que ver con la Argentina real, no con la Argentina discursiva;
con esta Argentina que en la inclusión tiene, por ejemplo, como único referente en el mundo,
a 8 millones de aportantes y 8 millones de personas tienen cobertura social por parte de la
ANSeS. Esta también es la Argentina que me parece que no se abordó recién, por lo menos
en la parte primaria del discurso.
Ahora me parece importante clarificar de qué estamos hablando, porque hubo algunos
discursos que me parece que pretenden confundir en forma intencional. Nosotros estamos reconociendo que hay personas que no tienen la misma sexualidad que el común
denominador. Afirmar esto significa que estamos frente a personas que tienen derecho a ser
protegidas por el Estado, y el Estado tiene la obligación de protegerlos. Esto es sinónimo de
admitir, en consecuencia, que hay personas que son víctimas de abusos, y el Estado debe
reaccionar frente a ellos. Esto es poder comprender que los individuos a los que estamos
haciendo referencia son personas, son tan personas como cualquiera de los senadores que
están sentados acá. Quiero aclarar esto porque no son parias sociales, no son monstruos; son
todos hijos y producto de matrimonios heterosexuales, son todos hijos de esta sociedad. Y la
sociedad, hoy, a través del Estado pretende reconocerles derechos hereditarios, derechos
sociales y cobertura previsional. Limitar el debate a una cuestión semántica o terminológica
me parece un reduccionismo.
No podemos tratar –escuché yo– de iguales a los que no son iguales. Esta reflexión,
que además me preocupa, es profundamente discriminatoria. En realidad, debiéramos
preguntarnos por qué no son iguales. Yo creo que son exactamente iguales a nosotros, son tan
personas como nosotros, son tan hijos de Dios como cualquiera de los que habló acá.
Efectivamente, tienen sentimientos. La única diferencia es que tienen una orientación sexual
distinta, que vaya a saber Dios por qué, por alguna concepción divina, hay quienes tienen una
inclinación heterosexual y quienes son homosexuales. Vaya a saber Dios por qué suceden
estas cosas.
Nosotros creemos ser normales, entonces convivimos con homicidas, con
narcotraficantes, con pedófilos. Muchos de ellos ocupan lugares de privilegio en la sociedad:
algunos son autoridades eclesiásticas, otros son autoridades educativas. Se encuentran en ese
lugar de privilegio y actúan con la complicidad y, a veces, el silencio de la sociedad hasta que
algún hecho bochornoso, escandaloso, toma estado público, viene la condena de la justicia y
recién después el repudio de la sociedad. Hasta ese momento, nosotros los consideramos
semejantes. Pero la verdad es que con estos verdaderos energúmenos sí somos distintos. Sí,
claro que somos distintos. A nadie jamás se le ocurrió establecer distintas categorías para la
condición de personas de quienes a lo mejor y por discriminación positiva merecerían un
tratamiento distinto.
Es importante que entendamos con meridiana claridad que el derecho que hoy
estamos reconociendo no lesiona ningún derecho de ningún heterosexual, ni de ningún
integrante de la sociedad. La única diferencia entre el antes y el después de la sanción de esta
ley es que vamos a poner un punto final a una injusticia que viene desde siempre y que en la
República Argentina tiene 26 años de militancia pacífica de quienes en definitiva han sido
discriminados.
Es falaz argumentar que nosotros estamos vulnerando derechos adquiridos, como
también es falaz mezclar la discusión de esta ley con la de adopción. Nosotros no tocamos
una coma de la ley de adopción. Los que podían adoptar antes de esta ley, lo podrán hacer
con posterioridad. Y esto hay que decirlo literalmente. Es cierto, como dijo, entre otros, el
senador Juez, que esto pone sobre la superficie una ley vetusta, caduca, que es la ley de
adopción. Porque el problema no es de los pibes que tienen papá y mamá, sino de los miles
de pibes que son víctimas de atrocidades. Y, efectivamente, nosotros debemos trabajar
concienzudamente para que la ley de adopción les permita tener una salida distinta de la que
tienen.
Este debate genera tensiones. Todos los debates las generan, como las generó en su
momento el divorcio vincular. La evolución genera estas cosas. A veces nos enfrenta en
discusiones innecesarias, cuando este tipo de temas los debiéramos resolver por la positiva,
por la inclusión, por la singularidad y no por la negación. Voy a traer a cuento algo que, efectivamente, los santafesinos conocen con
profundidad, que es la suerte que siguió alguna vez allá por 1867, cuando se debatió la
primera ley de matrimonio civil. En ese momento esa ley era promovida por el gobernador
Oroño y el obispo del litoral con asiento en la ciudad de Paraná Gelabert y Crespo se opuso a
esa ley y envió un comunicado a todas las parroquias del litoral calificándola de anticristiana,
antisocial, corrupta, impopular, contraria a las tradiciones populares, e inconstitucional.
Obviamente, el gobernador reaccionó y mandó a arrestar a todos los párrocos de las ciudades
de Santa Fe y de Rosario. Además, pidió al gobierno nacional que interviniera el gobierno de
la provincia de Santa Fe. Eso fue negado y el voto de la negación del Poder Ejecutivo tenía
letra de don Dalmacio Vélez Sarsfield. Ante la situación que se vivía, los grupos políticos
aprovecharon el descontento popular y se generó una verdadera revolución en Santa Fe. En
ese momento Urquiza apoyaba a Cabal, que era contrario a Oroño y, entonces, el gobierno
nacional ordenó la intervención de Santa Fe, pero no por el pedido del gobernador sino por
los acontecimientos revolucionarios que se vivían. El grupo de Urquiza y Cabal tomaron
Rosario y fueron a buscar al intendente Ruiz Moreno, pero como no lo encontraron fusilaron
su retrato. Además, según cuentan las leyendas de la época, mandaron a fusilar a aquellas
leyes que se habían escrito respecto del matrimonio civil como una muestra absolutamente
clara de que, efectivamente, se condenaba no sólo a la vida en matrimonio civil, sino a
aquellos que en ese momento se habían animado a dictarlo.
La realidad existe. No es una ficción y nosotros debemos convivir con ella y no
negarla. Antes, el divorcio llegó a ser calificado por algunos –y sigue siéndolo– como un
pecado mortal, y la sociedad vivía ocultando y simulando cuestiones que efectivamente
sucedían en su seno; o sea, era una sociedad absolutamente hipócrita en ese sentido, pero era
la realidad del momento y la legislación de la época. Actualmente, el divorcio es una realidad
que transparentó que, efectivamente, el amor hay que conjugarlo de a dos, pero de la mano
del respeto por el otro. Bienvenidas la evolución y aquellas herramientas con las cuales la
sociedad va mejorando sus condiciones de vida y de convivencia.
En otros tiempos, los primeros pensadores de la humanidad habían destinado para la
mujer un rol que, gracias a Dios, sufrió evoluciones. El mundo evoluciona y el futuro va de la
mano del proceso evolutivo en el cual estamos todos inmersos.
En muchas oportunidades, cuando en este recinto se habla de lo propio y de lo
extraño, nosotros citamos tratados internacionales y normas constitucionales, pero en balde.
Sería importante que ahora, al tratar este proyecto de ley, echemos un vistazo a la
Constitución y a los tratados internacionales para ver qué lejos o qué cerca estamos de ellos.
Al respecto, digo que la Constitución es muy clara: exige al Estado un tratamiento igualitario
para todas las personas, e impedir contraer matrimonio a personas del mismo sexo constituye
un caso de discriminación absolutamente vedado por la Carta Magna.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos señala en su artículo 2°, punto
1), que todas las personas tienen derechos y libertades que se proclaman sin distinción alguna
de raza, sexo, idioma o religión. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre remarca que todas las personas son iguales ante la ley. El artículo 24 del Pacto de
San José de Costa Rica le dice a los estados que son parte –nos dice a nosotros– que deben
respetar los derechos y libertades reconocidos en él. El Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, en su artículo 26, habla de la igualdad ante la ley. La Corte
Interamericana prohíbe el tratamiento discriminatorio.
Pero como si todo esto fuera poco, cabe señalar que en el año 1994 se produjo una
reforma constitucional y el artículo 75, inciso 23, obliga a que el Congreso tenga prácticas
reales en acciones positivas que den igualdad de oportunidades y de trato. La igualdad de la ley no se puede mover. Cuando uno analiza si una ley trata
igualitariamente o no a los individuos, estos no se pueden mover del campo de la racionalidad
y de la lógica. Y la protección del artículo 1.271 para la presunción de propiedad conjunta de
los bienes es un derecho. El derecho hereditario es otro derecho. Entonces, impedir
efectivamente el ejercicio de esos derechos es un tanto complicado, por lo menos, para un
creyente, un cristiano, un racional.
El artículo 19 de la Constitución nacional es claro –lo citó bien Freddy Martínez–
habla del principio de la autonomía ética de las personas. Implica que toda persona mayor de
edad, adulta, con discernimiento, intención y libertad puede ejercer su propio plan de vida.
Solamente tiene una limitación, que no incurra en daños a terceras personas; y les quiero dar
una muy mala noticia, acá no hay daños a terceras personas, con lo cual no hay elemento
alguno que nos permita desde la Constitución pararnos en ningún lugar raro.
La comunidad científica, con referencia a la homosexualidad, no la ven como una
enfermedad. Entonces, acá el problema no son “los homosexuales”. Acá el problema es la
discriminación y cómo el Estado actúa, incluye a las personas que de diferente sexualidad no
tienen hoy marco jurídico de protección. Estamos en un discurso de la tolerancia. No se me
ocurre ni mi inspira la descalificación a nadie. Es más, los que han trabajado por el sí o por el
no, lo han hecho, al menos aquí, racionalmente. Algunos de afuera, que pareciera que no
hacen presión, la verdad que me gustaría que hubieran tenido un poco más de tolerancia. Yo
creo en Dios, en Cristo, soy católico, tengo familia, soy heterosexual y creo en un Dios con
un corazón así grandote y no en alguien que además me permita llegar a la conclusión de que
los homosexuales no son hijos de Dios. No sólo me parece ilógico sino que además minimiza
el concepto de racionalidad que yo tengo de mi propia persona, para no hablar de nadie más.
Además, creo que me restaría valor en mi condición de cristiano y en mi condición humana.
No estamos acá para calificar si esto es bueno o malo. Además, no somos quién para
calificar si las distintas concepciones de familia que conviven en la sociedad son buenas o
malas. Lo que nosotros tenemos que visualizar, porque para eso estamos acá, para legislar, no
para hacer anécdotas o comentarios cursillistas, es si, efectivamente, la protección jurídica es
para todos o hay familias que tienen protección jurídica y familias que no la tienen. Si hay
familias que tienen derecho y hay familias que no lo tienen. Y les quiero contar, la verdad es
que hay familias que tienen protección jurídica y hay familias que no y a eso le tenemos que
poner un punto final.
No estamos para analizar si es bueno o es malo lo que está pasando en la realidad.
Abrir los ojos, mirar al costado, existen, existieron siempre. Dejemos de discriminar,
incluyamos, esto se resuelve por la positiva, no por la negación.
Sr. Presidente (Pampuro). – Senador: vaya terminando, por favor.
Sr. Fernández. – Sí, dos reflexiones, nada más.
La jueza Seijas en su fallo dice que es importante advertir el verdadero contrasentido
de unos derechos que se predican como universales pero dejan a un grupo de personas
excluido de sus voces. Esto es tan lapidario como innegable. La institución civil no tiene que
ver con algo natural o religioso. No es así, porque confundir que lo natural es que las
personas sean heterosexuales nos lleva a la irracional conclusión por la inversa, que los
homosexuales no son personas, no son naturales. ¿Qué son? ¿Son marcianos?, ¿son
monstruos?, ¿qué son? La verdad que excluirlos del ámbito de la naturaleza por su condición
sexual me parece bastante complicado.
Los argumentos religiosos son todos válidos −yo los tengo−, pero me sirven para mis
convicciones íntimas. Sin embargo, cuando vengo a este Senado a legislar, lo tengo que hacer
sin perder de vista que hay creyentes y no creyentes. No le puedo incluir mis convicciones religiosas a nadie para, a partir de allí, determinar quiénes tienen protección y quiénes no.
No planteo cuestiones políticas; las cuestiones políticas ya las expresé al comienzo de
mi intervención. La ley no debe confundir. La norma debe poner orden y tener el norte
puesto en la protección. Una regulación positiva, para ser buena −lo aprendí en los primeros
pasos de la Facultad, y seguramente lo saben todos− tiene que ser integral, general y no
discriminatoria. Y el proyecto que viene en revisión de la Cámara de Diputados es integral,
general y no discrimina.
Hoy, uno de los senadores preopinantes hizo referencia a una clásica novela,
Rebelión en la granja, y citó el párrafo que decía que son todos iguales, pero hay algunos
que son más iguales que otros. Por lo tanto, tenemos que revertir esa situación, porque
cuando el debate se oscurece, debemos encender, como lo hicieron algunos aquí, la luz del
alma que ilumine. Porque si nosotros, los heterosexuales, los protegidos por el derecho, no
tenemos los oídos abiertos a gritos desesperados de grupos de gente que está sin protección y
sin cobertura jurídica, será porque no sólo habremos perdido el oído, sino que también
comenzamos a perder la razón. Y eso, para un legislador, es muy complicado.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Higonet.
Sra. Higonet. – Señor presidente: en primer lugar, felicito a la Comisión de Legislación
General por el profundo y titánico trabajo −como se ha dicho aquí− que hizo para llevar al
interior y darle un sentido federal a este tema, para escuchar la voz de las provincias.
Realmente, los aportes fueron muy positivos. Tuvieron un verdadero sentido democrático
cada una de las audiencias.
Sin embargo, hubo una voz que no fue escuchada en esas discusiones porque,
obviamente, así debía ser. Me refiero a la de los niños. Eso hace que la responsabilidad por lo
que diga y vote hoy tenga un peso enorme. Así como también lo tienen todas las firmas que
nos alcanzaron miles de familias pampeanas bajo el lema "Queremos una familia con papá y
mamá".
Es cierto que todavía me sigo planteando por qué nos dimos tan poco tiempo para
encarar un debate profundo y trascendental para las familias. Nuevamente, nos llevaron a
confrontarnos como sociedad, a sentir que estábamos en un partido de fútbol en el que nos
ubicábamos en uno u otro arco según si nos poníamos la camiseta de la Iglesia o la de
"progre".
Considero que se trata de un tema acerca del cual tendríamos que haber dado un
debate mucho más profundo, serio, técnico, con tiempo y con la madurez que una sociedad
democrática necesita. De haber procedido de esa manera, seguramente habríamos llegado a
resolver o a enfrentar este tema mucho más fortalecidos y enriquecidos y no con este
sentimiento de la mirada esquiva, con el enojo que muchas veces generaron las discusiones
que se dieron sin conocer en profundidad el tema. Sinceramente, no he visto una sola vez en
los debates públicos que se han dado el estar analizando realmente el proyecto que hoy se
encuentra en nuestras manos. Sí se ha bombardeado con muchos temas, aunque
fundamentalmente con tres: matrimonio, discriminación y adopción.
Alguien muy sabio me dijo ayer: cuando empieces a debatir, cuando empieces a
hablar de un tema, tenés que saber primero la definición. Es decir, qué significa
concretamente aquello de lo que vas a hablar.
Eso es lo que voy a intentar, presidente. Matrimonio viene la palabra latina, como lo
dijo la senadora Osuna, matrimonium. Matri, significa madre, matriz, y monium, significa
calidad de. Pero, a diferencia de lo que se dijo, para mí es oficio de madre, con todo lo que
significa desde lo profundo y desde la ternura que implica. Es decir que, por lo tanto,
hablamos de la procreación. El matrimonio es un don de la creación. No hay nada que lo iguale. Tiene
características que lo diferencian y que hacen que sea la base de la familia y de la sociedad.
Es, justamente, en la diversidad biológica y en la complementariedad antropológica donde el
matrimonio encuentra su razón de ser; trasciende a los que lo viven y genera vida. Y en una
unión homosexual está ausente la dimensión conyugal como también está ausente la apertura
a la nueva vida.
Es el matrimonio, como dije, la base de la familia y de la sociedad. Y es a la familia a
la que desde hace muchísimo tiempo, desde tiempos inmensurables, se la reconoce como la
célula de la sociedad. La familia es fundante, tiende a la existencia justa de la sociedad. De
ahí que corresponde al Estado su protección en resguardo del bien común.
Esto así fue reconocido en las grandes culturas del mundo y es reconocido en los
tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional, tal como lo establece el artículo
75, inciso 2) de la Constitución.
Es cierto que ya fueron nombrados, pero viene al caso y lo reitero. La Convención
Americana sobre Derechos Humanos establece en el artículo 17 la protección a la familia. La
familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la
sociedad y el Estado. Se reconoce el derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio y a
fundar una familia si tienen edad y las condiciones requeridas para ello por las leyes internas.
Adicionalmente, también el artículo 6° de la Declaración Americana de los Deberes y
Derechos del Hombre de 1948 tiene similares estipulaciones, salvando modalidades de
expresión.
El inciso 3) del artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice:
“Los hombres y las mujeres a partir de la edad núbil tienen derecho, sin restricción alguna
por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia.”
En cuanto al artículo 10 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales y al artículo 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, si
analizamos los textos, claramente se observa que cuando se refieren a otros derechos hablan
de toda persona, de todo individuo, pero cuando se refieren al matrimonio dicen que este
derecho se le reconoce al hombre y a la mujer.
Mucho se ha dicho también sobre la discriminación, y el Código Civil contempla
impedimentos para contraer matrimonio; por ejemplo, algunos fundados en la edad, en la
consanguinidad, en la cantidad de personas –si no estaríamos hablando de matrimonios
múltiples– y en la diversidad de sexo, y sin embargo no se los considera discriminatorios.
Cabe aclarar que no toda distinción es discriminatoria y que no toda diferenciación es
inconstitucional, siempre que ella sea razonable y no arbitraria. Y es la razonabilidad en la
selección de los hechos y circunstancias en las cuales aplicamos las mismas consecuencias
jurídicas lo que determina si una solución es violatoria o no de la igualdad.
No puede soslayarse que el derecho se aplica a hechos; y así, en determinados hechos
o circunstancias que ocurren en la vida de las personas, el ordenamiento jurídico –según
tiempo, lugar y forma– establece determinadas consecuencias o efectos jurídicos. Nos
corresponde a los legisladores establecer de manera razonable normas que regulen los hechos
o los acontecimientos entre las personas, no solamente seleccionando de manera razonable
los supuestos de hecho sino también cumpliendo con la Constitución y con los tratados
internacionales.
En el tema que nos compete, no querer otorgar a una unión entre homosexuales u
homoafectiva el mismo tratamiento o los efectos similares que a un matrimonio entre
heterosexuales no es discriminar, ya que, de acuerdo a lo que hemos explicado, esa unión no
produce los mismos efectos. Mucho se ha hablado también de la adopción, y también en este tema me pareció
sumamente importante lo que dijo el juez de menores López –como mencionó la senadora
Monllau–, porque cuando hablamos de adopción siempre solemos cometer este error de
hablar de la adopción desde los adultos, y él fue muy claro en cuanto a que es el niño el que
tiene derecho a ser adoptado. La adopción tiene la exclusiva y excluyente finalidad de
brindarle una familia a un niño.
También en este punto debemos recordar lo que establece la Convención de los
Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas: los estados
parte reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico,
mental, espiritual, moral y social.
Hay evidencia científica sobrada –de la cual no tengo la menor duda, sobre todo
especialmente si siempre tenemos presente al niño como sujeto de derecho por encima de
todo– de que el entorno educativo y de profunda formación psíquico-social y la profunda y
completa formación de identidad la logrará a través de la figura de una mamá y de un papá.
Vuelvo al análisis concreto del proyecto que hoy tenemos en consideración –el CD.-
13/10–, para decir que creo que es por demás claro el análisis que hace la doctora Graciela
Medina y el doctor Nicolás Lafferriere. Me voy a remitir exclusivamente a los conceptos de
ellos, porque al no tener una formación en Derecho, seguramente que si lo analizara desde lo
legal y técnico, cometería muchos errores.
Nos manifiesta muy claro la doctora Medina: “El origen del problema reside en que el
proyecto aprobado por la Cámara Baja no contiene una reforma institucional profunda, sino
que simplemente ha querido posibilitar el acto del matrimonio homoafectivo sin pensar en los
efectos generales que este tiene en el estado civil de la persona y en particular en su
filiación”.
Pero es cierto también que no podemos permanecer indiferentes ante las situaciones
injustas que se dan hoy y que actualmente las viven quienes están en una relación
homoafectiva. Insisto, debe ser a través de un debate serio y profundo, con reformas
estructurales; que nos tenemos que poner a trabajar en una ley, como aquella con la que
estábamos totalmente de acuerdo –si hoy se daba lugar a tratarla–, de unión civil, que se ha
analizado con mucha profundidad. Pero las circunstancias, tal vez, no permitan que hoy
podamos dar una solución que contemple una serie de derechos que actualmente les están
siendo negados o no reconocidos a quienes viven este tipo de relación, como son los derechos
de bien de familia, hereditarios, alimentario, previsionales, etcétera.
Debemos generar una herramienta jurídica que cumplimente los tratados suscriptos,
pero que no quiebre ni debilite costumbres, valores y tradiciones de nuestra sociedad, que,
por lo que hemos podido observar en todos los paneles en las discusiones que se dieron en el
seno de la Comisión de Legislación General, todavía existen y, gracias a Dios, son muy
fuertes en nuestra sociedad.
Es cierto que tenemos que trabajar para dar una solución integral a estas personas que
hoy se encuentran desprotegidas con un gran vacío legal. Pero hoy, tenemos un deber al que
no debemos faltar, que es el de promover y tutelar una institución esencial para el bien
común, para la sociedad, para la grandeza de nuestra Patria, como lo son el matrimonio y los
niños.
Por eso, señor presidente, el bloque PJ La Pampa, es decir, el señor senador Carlos
Verna y quien les habla, va a votar en contra de este proyecto.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Bermejo.
Sr. Bermejo. – Señor presidente: parece que a esta altura del debate está todo dicho. El tema
presenta profundas y varias connotaciones jurídicas, filosóficas, psicológicas, sociológicas, antropológicas y religiosas, entre otras.
Si bien por un principio general del Derecho se establece que una ley posterior
modifica a una anterior, hay otro principio que nos hace reflexionar si con esta modificación
legal no estamos reformando un modelo social, y si ese cambio de modelo social no tendrá
consecuencias negativas e imprevisibles.
En este sentido, yo pienso en las aulas argentinas, en nuestros docentes y en nuestros
alumnos, con la aclaración de que de ningún modo anticipo una visión apocalíptica en caso
de que el proyecto venido en revisión de la Cámara de Diputados se convierta en ley.
El Estado no va al cielo ni al infierno. El Estado es el Estado; pero la evolución, la
historia, ha demostrado que no existe un Estado neutro a los valores sociales. El Estado debe
propender al bien común, y este se configura con tres características: el orden, la justicia y la
libertad; y siempre en armonía, sin supremacía de alguno de estos valores sobre los otros.
Desde la misma construcción del Estado argentino, se intentó proteger al matrimonio
como ámbito de procreación y célula básica de la sociedad para el desarrollo integral de la
persona, teniendo en cuenta las particulares diferencias entre varón y mujer. La propia
inclusión constitucional de la Convención sobre los Derechos del Niño me exime de mayores
análisis.
Por eso, estoy convencido de que debemos preservar la institución del matrimonio
para varón y mujer, con el lugar que ocupa en la sociedad argentina, como institución
formadora de la familia, que es la base de nuestra sociedad.
También se reconoce que el matrimonio no ha sido instituido únicamente en orden a
la procreación; su valor de comunión permanece, incluso, cuando los hijos no llegan a
coronar la vida conyugal. Así, la esposa y el esposo pueden recibir hijos mediante el instituto
legal de la adopción.
Señor presidente: al inicio, aludía a las variadas connotaciones que, a mi juicio, se
involucran en este tema. Y estoy convencido de que, para cada una de ellas, hay especialistas
que podrán defender esta postura de una manera mucho más sólida y contundente de lo que
yo lo estoy haciendo. Por eso, me permito incluir otro elemento, que es considerar este asunto
desde el punto de vista personal. Y lo hago por testimonio de vida, porque en uno, también,
pesan situaciones y experiencias personales.
Como se oyó en el recinto de la Cámara de Diputados en ocasión del debate de este
proyecto de ley, yo también he pasado por situaciones particulares. Enviudé en 1990 con tres
niños muy chiquitos, uno de cinco años, otro de dos años y el más chico de 8 meses. Para
formarlos, educarlos y verlos crecer en familia, necesité la figura de una mujer, por lo que
reinicié mi vida casándome nuevamente con mi actual esposa, con la que tengo dos hijos
más.
Traigo mi vivencia a este recinto –como les expliqué a los mendocinos–, porque estoy
seguro de que la figura de la madre es preponderante en el desarrollo de cada ser humano. Por
ello, también en la definición de mi posición con respecto al tema en consideración, pesan
situaciones personales y particulares.
En la familia, hay algo que no se tiene que alterar, como son las figuras del papá y de
la mamá, que deben existir y no podemos negar a un niño el derecho a tenerlas. Pero más allá
de lo personal, como senadores, nos compete el cómo legislar para toda la sociedad, el cómo
brindar derechos a un colectivo que reclama una insuficiencia de ellos. Por eso, estoy a favor
de la sanción de una norma que permita la unión de personas, garantizando brindar certezas al
mayor número de situaciones familiares, independientemente de las condiciones personales o
sociales de sus miembros.
Sr. Gioja. – Pido la palabra para una interrupción.
Sr. Presidente (Pampuro). – Señor senador Bermejo: el señor senador Gioja le solicita una
interrupción. ¿Se la concede?
Sr. Bermejo. – Sí, señor presidente.
Sr. Presidente (Pampuro). – Para una interrupción, tiene la palabra el señor senador Gioja.
Sr. Gioja. – Las reflexiones que hace mi vecino de Mendoza –haciendo un análisis de lo que
él piensa– tienen que ver con la opinión de los sanjuaninos.
Creo que llevamos más de diez horas de debate. Hemos dicho muchas cosas y estoy
absolutamente convencido de que nada de lo que podamos mencionar modificará el criterio o
la opinión de quienes participamos de este rico debate, porque hay que reconocer que tiene
una importancia significativa. En consecuencia, voy a pedir oportunamente que se me
permita insertar mi discurso, a efectos de completar mi pensamiento con relación al tema.
Este debate ha incorporado algunos elementos que me parecen significativos, por
ejemplo, el hecho de que todos, o casi todos, hayamos hecho referencia concreta a la
adopción, que es un elemento fundamental en la construcción de una sociedad nueva y que
tiene consecuencias importantes en orden a decidir qué tipo de sociedad queremos.
Todos hemos criticado la ley que actualmente regula ese instituto. Es bueno que
asumamos el compromiso real, cierto y verdadero de estudiar el tema y dar una respuesta
legislativa a este problema fundamental, apuntando claramente a poner en el eje de la
discusión el derecho que tienen los niños, como bien se ha dicho aquí, a ser adoptados,
adecuando nuestra legislación a lo que establece la Convención Internacional de los Derechos
del Niño.
También quiero hacer una referencia al nivel de representatividad que hoy tenemos en
el Senado. Yo represento a la provincia de San Juan y allí hemos discutido bastante, con
relación a este tema, en audiencias públicas y foros en los que los sanjuaninos hemos ido
emitiendo una opinión y, en este sentido, entiendo que hay un criterio mayoritario que apunta
a ratificar la vigencia del matrimonio constituido por el hombre y la mujer. Se han expresado
así nuestro gobernador, intendentes y concejales.
Quiero leer brevemente una resolución unánime de la Cámara de Diputados de San
Juan –único órgano legislativo de mi provincia–, porque me parece que expresa de alguna
manera el pensamiento de la sociedad sanjuanina. Dice así: Artículo 1°. – Manifestar su
desacuerdo con el proyecto de ley relativo al matrimonio entre personas del mismo sexo, con
sanción en la Cámara de Diputados de la Nación y en revisión en la Cámara de Senadores.
Artículo 2°. – Instruir a los señores senadores nacionales por la Provincia de San Juan para
que rechacen con su voto el proyecto de ley de legalización de la unión de personas del
mismo sex
Voy a ser compatible mi voto con el pensamiento y la decisión de los sanjuaninos, a
lo que agrego mis convicciones personales, que también van en la misma dirección. Por eso,
voy a votar a favor de mantener la estructura del matrimonio conforme actualmente está
regulada en el Código Civil, apuntando también a crear las condiciones para que haya una
legislación que permita a aquellas personas del mismo sexo que quieran compartir su vida
tener una garantía de que lo van a hacer en el marco de una institución, distinta de la del
matrimonio, que les dé seguridades en orden a su objetivo.
Agradezco al señor senador la posibilidad de esta interrupción y al señor presidente el
haberme cedido el uso de la palabra.
Sr. Presidente (Pampuro). – Continúa en el uso de la palabra el señor senador Bermejo.
Sr. Bermejo. – Señor presidente: como estaba diciendo, firmé el dictamen de la Comisión de
Legislación General sobre el proyecto de ley de unión civil que contempla la posibilidad de
ver garantizados los derechos patrimoniales, de seguridad social y derechos sucesorios. Esto no debe entenderse como la negación de un derecho a alguien sino la necesidad
jurídica de afirmar y tutelar un instituto que tiene sus notas y características propias.
Entonces, señores senadores, dejo plasmado el respeto que tengo por las diferencias. Una
sociedad democrática es una sociedad pluralista, no una sociedad uniforme.
Por esta razón, el principio de igualdad y no discriminación de los ciudadanos ante la
ley debe armonizarse con el principio de justicia, que significa tratar lo igual como igual y lo
desigual como desigual, dando a cada uno lo suyo.
Es de destacar que la Constitución de 1949 establecía que la familia es el núcleo
primario y fundamental de la sociedad y fijaba claramente que la protección a la familia
responde a un natural designio del individuo, desde que en ella se generan sus más elevados
sentimientos afectivos. Por eso, todo empeño tendiente a su bienestar debe ser estimulado y
favorecido por la comunidad como el medio más indicado de propender al mejoramiento del
género humano y la consolidación de principios espirituales y morales que constituyen la
esencia de la convivencia social.
Señor presidente: solicito insertar el resto de mi exposición, porque quiero abreviar,
ya que se me acabó el tiempo. Y quiero expresar que dejo fundado así mi voto, acompañando
el dictamen en mayoría, rechazando el matrimonio de parejas conformadas por personas del
mismo sexo.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el senador Artaza.
Sr. Artaza. – Señor presidente: la verdad es que este debate reivindica a la política, tanto en
Diputados como en Senadores, porque muchas veces nos hablan de otros congresos y
conformaciones parlamentarias –desde 1983 hasta acá– y, sin embargo, como dice un poeta,
creo que no hay otro tiempo que el que nos ha tocado.
Y hoy nos toca discutir este proyecto de ley, que ya se lo viene trabajando desde hace
veintiséis años. Yo me he preparado tratando de estar al alcance de los conceptos jurídicos,
teológicos y sociales que se han expresado acá, pero dejé todo de lado, escuchando
atentamente este debate, porque creo que nos enaltece y nos ha enriquecido con las diferentes
posiciones.
Este proyecto, que tiene sanción de la Cámara de Diputados y que regula el
casamiento entre personas del mismo sexo, desde mi punto de vista subjetivo y en total
libertad de conciencia, iguala derechos.
He escuchado atentamente conceptos tan hermosos y tan loables sobre el matrimonio
que me dan ganas de volverme a casar. (Risas.) Pero de verdad que es así. Digo esto a pesar
de la rigidez del matrimonio. En este sentido, en algún momento, tendremos que repasar
nuevamente el Código Civil, ya que el matrimonio civil no es una institución natural sino
inventada por el hombre para proteger derechos sociales, económicos y de familia.
A pesar de esa rigidez del matrimonio, se logra convivir felizmente. Realmente, la
familia es ese concepto hermoso que he escuchado acá, lo cual es verdad; y también los
chicos, nuestros hijos, quienes me están escuchando ahora y a quienes con tanto amor hemos
concebido. Escuché decir a una persona: “estoy defendiendo a mis nietos, tengo cincuenta y
ocho”. Y es verdad. Pero esa felicidad que causa el matrimonio entre el hombre y la mujer va
a seguir, aunque hoy votemos esta iniciativa. Todos seguirán siendo felices: el hombre y la
mujer tendrán nietitos; tendrán suegras; tendrán nueras que los vengan a visitar todos los
domingos, las invitarán. Todo eso seguirá haciendo feliz al hombre y la mujer.
Pero resulta que hay también otras personas, otros seres humanos en la diversidad, a
los cuales hoy les tenemos que reconocer este derecho. Ellos también tienen que tener los
mismos derechos. No veo por qué tenemos que hacer tanto esfuerzo –lo digo con todo
respeto– por obstruir la posibilidad de que otras personas tengan el mismo derecho. La verdad es que me había preparado en forma jurídica, pero me preocupa escuchar,
por ejemplo, que vamos a legislar e igualar para personas diferentes. ¿Quién va a hacer esa
clasificación? ¿Un funcionario va a establecer la categoría de esas personas diferentes?
No se puede negar la evolución del hombre. No se puede negar la evolución del ser
humano. Más allá de esta norma, la votemos a favor o en contra, vamos a legislar sobre una
realidad, que seguirá existiendo si se aprueba este proyecto o no.
Entonces, respetuosamente, quiero decir que debemos ver esto con perspectiva.
Valoro los conceptos diferentes que he escuchado aquí. Los valoro muchísimo, porque se ha
dicho casi todo. Es muy difícil agregar algo. Pero, quizás, puedo aportar algo desde el punto
de vista cultural, como artista.
En este sentido, ustedes no saben el peso que se van a sacar de encima si pueden –y lo
podemos hacer todos como sociedad– superar esta situación con mucho amor. Porque
estamos hablando de amor. Hay que tener mucho coraje para pararse frente a un hombre o
frente a una mujer, aunque sean del mismo sexo, y decirle: “Me quiero casar con vos porque
te amo”. Es decir, estamos hablando de amor.
Por eso, quiero remarcar el peso que nos sacaríamos de encima si superáramos
culturalmente, como sociedad, ese prejuicio. Dame al niño y te daré al hombre, dice la
psicología. Quizás, deberíamos poder sacarnos de encima todos esos preconceptos culturales
que tenemos desde chicos, para poder hoy otorgar este derecho a quienes tienen otro
concepto de la sexualidad; respetando y dando igualdad a través del precepto constitucional
de la igualdad ante la ley.
No entiendo por qué tenemos que poner tantos obstáculos a esta norma. ¿En qué me
perjudica, y en qué se perjudica la sociedad con esta sanción? Lo pregunto con todo respeto y
con todo amor. Hay que tratar de desdramatizar. Digámosles a nuestros jóvenes que hay que
militar por el amor. Salgan y abracen a quienes piensan diferente.
Lamento que este debate se produzca con esta confrontación permanente que a veces
proponemos. Y ni siquiera deseo hablar del oficialismo o del jefe político del oficialismo,
quien a veces nos propone una confrontación. No quiero hacer hoy esta mención. Pero es una
lástima que este debate no se produzca hablando, realmente, sin este dramatismo que le
hemos dado.
Nosotros, desde el Estado, tenemos que administrar el vacío legal de esta realidad.
Tenemos la obligación de regular lo temporal, ya que hay otras instituciones que se encargan
de lo espiritual. Así lo describe Bidart Campos, tal como aprendí en el tiempo que estudié un
poco de Derecho.
Es decir que tenemos lo espiritual y a Dios, que es divino y está por encima de todos.
Pero nosotros tenemos la obligación de regular lo temporal desde este Parlamento. Y, gracias
a Dios, creo que este proyecto que tiene sanción de la Cámara de Diputados es absolutamente
perfectible. Lo podemos corregir, porque estamos en democracia. Felizmente, hay congresos
provinciales y nacionales, y tendremos otras sesiones. Hay otros proyectos que, dentro de un
mes, seis meses o un año, podemos volver a discutir para perfeccionar la norma. Pero hay que
ver esto con perspectiva.
¿Ustedes se acuerdan cuando durante el gobierno del doctor Raúl Ricardo Alfonsín se
aprobó aquí el divorcio vincular? ¿Recuerdan todos los cataclismos que nos anunciaron?
Es decir, hay que ver esto con perspectiva. Esa norma, simplemente, cubrió o regularizó un
vacío legal. Y esto, seguramente, irá en el mismo sentido, señor presidente.
Me alegro por este desafío que tenemos y valoro muchísimo los diferentes conceptos.
Pero lo que pregunto es ¿a quién dañamos con esto? Y respeto el precepto constitucional del
artículo 19 de la Constitución Nacional, relativo a los actos privados de los hombres. Realmente, quise descontracturar, porque acá se ha dicho, y lo hemos analizado con
los asesores en el bloque, que vamos a tener que aportar a este proyecto en muchos de sus
artículos. Pero felizmente, tenemos la democracia, señor presidente, tenemos el Congreso de
la Nación, tenemos diputados y senadores, que vamos a perfeccionar hasta ver en la
experiencia social.
Todo eso que les hablé al principio, acerca de la familia, de los nietitos, de los hijos,
del matrimonio, todo eso va a seguir, senadores. Y Dios nos va a seguir amando, porque nos
ama a todos por igual. Yo no voy a perder mi fe en la Virgen de Itatí o en Jesús por esto,
señor presidente. Vamos a seguir amándonos los unos a los otros. Por eso, soy absolutamente
optimista con respecto a nuestra sociedad y a la rehabilitación que hacemos de la política en
esta diversidad de opiniones.
Pensemos ¿a quién perjudicamos con esto? Todo lo otro va a seguir igual; nada más
que algunos van a tener cubierto un vacío legal. Sin embargo, los niños que tienen a sus
padres, a su mamá, a su papá, todo eso lo seguirán teniendo. Pero quizás haya chicos que son
abandonados por algunos matrimonios heterosexuales, homosexuales o monoparentales, que
después podrán ser adoptados. Y acá viene la ley 24.779, que para mí, en este momento, no
es objeto de debate.
Finalmente, señor presidente, quise hacer este aporte dejando un poco de lado lo
jurídico, para que volvamos a ver con perspectiva lo que va a significar esta norma y para que
descontracturemos este asunto.
Quiero decirles que voy a apoyar con absoluta libertad de conciencia, pensando que,
además, represento a un partido humanista como la Unión Cívica Radical. Tengo el orgullo
de pertenecer a este partido que nos dio la democracia para siempre y que nos da la
posibilidad de perfeccionar las leyes, al igual que todos ustedes, que están aquí presentes.
Y prefiero, señor presidente, otorgar mayores derechos –no dosificarlos– antes que
cercenarlos, con absoluta libertad y en plena democracia.
Sr. Fuentes. – Propongo una moción de agradecimiento por la frescura del senador.
Sr. Presidente (Pampuro). – Adhiero a su moción.
Tiene la palabra el senador Mayans.
Sr. Mayans. – Señor presidente: Si hablamos de frescura, quiero decir que el aire
acondicionado estaba bastante fuerte. Así que, como hace “calor”, me gustaría que lo bajen
un poquito.
En primer lugar, quiero felicitar a la presidenta de la Comisión, senadora Negre de
Alonso, y a todos sus integrantes por este trabajo que, realmente, ha sido muy importante.
Fue un trabajo llevado a cabo con plena conciencia y, por supuesto, se ha hecho en todo el
país.
Esto ha producido una discusión muy interesante. Uno aprende mucho en el debate y
más, en un tema que es muy profundo. No se trata, como dicen algunos, de una simple
modificación de una coma del Código. Es un tema muy importante.
Perón solía decir que una revolución como la nuestra, que es pacífica, es un gran
cambio. Qué es una revolución sino un gran cambio, decía. Y esto es lo que va a traer la
sanción de esta iniciativa; va a traer un gran cambio en lo social, en lo cultural y también en
lo educativo. Si este proyecto de ley es sancionado, va a traer cambios muy profundos.
Yo quiero decirle, señor presidente…
– Murmullos en el recinto.
Sra. Negre de Alonso. – Por favor, señor presidente, ¿podría hacer callar a quienes están
hablando en la barra?
Sr. Presidente (Pampuro). – Les pido a las personas que se encuentran en los palcos que, por favor, no hablen por teléfono mientras algún senador está haciendo uso de la palabra. Si
tienen que hacerlo, deben retirarse de allí.
Continúa en el uso de la palabra el señor senador Mayans.
Sr. Mayans. – Yo soy una persona que cree profundamente en el estado de derecho y en la
democracia; por eso estoy acá. A la vez, también creo en las libertades –entre ellas, la de
expresión– y estoy en contra de todo tipo de discriminación.
En tal sentido, considero que todos los que estamos en este recinto somos personas
profundamente democráticas que hemos sido elegidas en forma directa por nuestros pueblos;
no podría haber sido de otra forma. El problema es que cuando se tratan temas tan profundos,
hay algunos que van un poco más allá en el análisis y buscan la confrontación: así se dice que
los que votan a favor son progresistas y los que votan en contra son retrógrados, o que los que
votan a favor son buenos o disciplinados y los que votan en contra son malos o
indisciplinados. Incluso, también se ha dicho acá que los que votan a favor son muy sinceros
y los que lo hacen en contra son hipócritas.
Es lamentable, realmente, que se busque distorsionar el pensamiento de las personas.
Como se ha hablado con tanta altura y con tanta sinceridad, a mí me parece que lo que vale
en este estado democrático es respetar la libertad de expresión de cada legislador; eso es lo
que enriquece el debate.
Por ahí, también se dijo que no hay que mezclar las cuestiones de Dios con las del
Estado. Pero fíjense que este Estado nació al amparo de Dios, que es fuente de toda razón y
justicia. Entonces, los que creemos que Dios existe, lógicamente, también pensamos que rige
nuestras vidas. Por eso es que, cuando actuamos, lo debemos hacer en función de ello.
Se ha criticado acá a personas que han cometido errores o delitos o que son
sacerdotes. Bueno, Jesús también decía que no sólo el que dice “Señor, Señor”, estará a salvo,
sino también el que cumple la palabra. Y hay gente que no cumple, y aunque sean sacerdotes
o monjas pueden no cumplir con su palabra. Porque no se es sacerdote o legislador para
incumplir o para cometer un abuso. Entonces, hay que tener mucho cuidado cuando se habla
de este tipo de cuestiones.
En este sentido, yo digo que el varón y la mujer fueron creados para que cuando se
junten sean una sola carne y, al constituirse en matrimonio, al fruto del amor, que son los
hijos, no solamente puedan darle educación y protección sino también guiarlos y llevarlos
adelante en la vida –incluso para la preservación de la especie–, lo que es fundamental para la
constitución de nuestro sistema social.
Por eso, no creo que haya discriminación ni negación de derechos, porque estos están
perfectamente contemplados en la Constitución Nacional, reformada en 1994. Fíjense que el
artículo 16 establece claramente que todos somos iguales ante la ley, a lo que yo le agregaría
“en nuestra dignidad y en nuestros derechos”.
Además, el artículo 19 expresa claramente que las acciones privadas de los hombres
que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública ni perjudican a terceros están sólo
reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la
Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.
También está el artículo 75, inciso 12), por el que nuestro país le ha dado rango
constitucional a una serie de tratados internacionales, por ejemplo, la Declaración Americana
de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de los Derechos Humanos;
la Convención Americana sobre los Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles, Políticos y su
Protocolo Facultativo; la Convención Internacional sobre la Eliminación de Toda Forma de
Discriminación Racial; la Convención Sobre la Eliminación de Toda Forma de Discriminación Contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas
Crueles, Inhumanas o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño. En todos
estos tratados, que son muy amplios, están establecidas las garantías constitucionales de todos
los ciudadanos de este país.
Así que yo creo que están muy lejos de ser discriminados; y considero que, al
contrario, la institución del matrimonio no puede ser avasallada so pretexto de que hay una
discriminación. Si una persona se siente discriminada en este país, tiene que recurrir a la
Justicia, y ella le va a otorgar el derecho que le corresponde, basado simplemente en nuestra
Constitución y en todos estos tratados internacionales que tienen rango constitucional en
nuestro país.
Así que yo me niego totalmente a decir que hay acá senadores que discriminan o que
no quieren la igualdad de derechos, porque la Constitución misma establece esa garantía. No
obstante, pidiendo también lógicamente por el reclamo que hace este sector, que pretende la
unión civil de sexos iguales, deberíamos tener absoluta predisposición para que las cosas
mejoren en ese sentido, ya que son reclamos tendientes a mejorar esa situación.
Por lo expuesto, señor presidente, quiero decirles que por mis convicciones y, además,
por lo que creo debe ser nuestro sistema social, de ninguna manera voy a acompañar el
proyecto que viene en revisión de la Cámara de Diputados. Voy a votar en contra por las
convicciones que yo tengo. Nada más.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Calcagno y Maillmann.
Sr. Calcagno y Maillmann. – Señor presidente: retomo lo que recién decía mi ilustre
predecesor, para decir que voy a votar a favor del proyecto venido en revisión de la Cámara
de Diputados.
Creo que el debate ha sido muy rico, muy interesante. Quizás, ha habido algunos
desvíos en temas económicos, que, tal vez, no era el momento de mencionarlos ni debatirlos;
al respecto, creo que, sin duda, tendremos la oportunidad de hacerlo en agosto con bastante
explicación de ambas partes.
He quedado muy impresionado por las intervenciones de las señoreas senadoras
Fellner, Rojkes de Alperovich, Osuna y por una cuestión que la senadora Morandini planteó
al principio.
Luego de ver el video, la señora senadora Morandini decía que en el montaje, también
se expresa un mensaje, ya sea de modo consciente o inconsciente. Yo no creo que haya tenido
para nada una intención maliciosa; por el contrario, el video es claramente ilustrativo más que
problemático, pero concuerdo con la senadora en que el medio es el mensaje y que,
efectivamente, cada código tiene su propio estilo, y entre lo escrito y lo oral, se va
construyendo una cierta realidad, un sistema de símbolos, de referencias, que, después,
permiten ubicarse en el mundo, ya sea avanzando, permaneciendo o retrocediendo.
Entonces, trataré de fundamentar mi voto a favor de la sanción de la Cámara de
Diputados, justamente, quizás, en algunas cuestiones discursivas. Porque se dice que este
proyecto que viene en revisión de la Cámara de Diputados tendrá efectos negativos, que no
servirá o, incluso, que es peligroso, cuando, en realidad, estos tres elementos −la negatividad,
la inutilidad y la peligrosidad− se utilizaron muchas veces a lo largo de la historia, situación
que creo que fue citada en otras intervenciones.
Así, se usaron cuando se trató la ley de matrimonio civil y la enseñanza laica por parte
de los hombres de la generación del 80, muy mitificada; cuando se consideró la cuestión del
voto masculino y, en los 50, la del voto femenino, al mismo tiempo que surgían los derechos
sociales; y cuando se debatió la ley de divorcio, como citó el señor senador Artaza.
En el fondo, creo que las críticas apuntan al núcleo duro de la modernidad. Es ahí donde uno se relaciona al mundo de diversas maneras: desde los sentimientos, desde el
intelecto, etcétera. Entonces, me tomé el trabajo de repasar el libro de Albert Hirschman Dos
siglos de retórica conservadora.
En toda sociedad existen elementos conservadores...
Sr. Mayans.- ¿Eisman o Eastman?
Sr. Calcagno y Maillmann.- William Shakespeare no, es otro, un poco anterior.
¡Oh romanos, por favor, préstenme atención!
Sr. Mayans.- Le pregunté si era Eisman o Eastman.
Sr. Presidente (Pampuro). − Por favor, continúe señor senador Calcagno y Maillmann.
Sr. Calcagno y Maillmann.- Disculpe, senador Mayans, yo le entendí "Shakespeare".
¡Por favor, romanos, préstenme sus oídos!
Entonces, en esta cuestión, ese pensamiento conservador, no como adjetivo sino como
categoría de análisis −quizás como lo utilizaba Sampay en algunos de sus estudios
historiográficos−, sitúa esos elementos conservadores con dos ejes: tratar de detener el
tiempo o volver atrás. Y me parece que las nociones de familia, desde la publicación de Las
estructuras elementales del parentesco, de Levi Strauss –hay, por lo menos, 156−, son
variadas y diversas según los tiempos, las culturas y los espacios A veces, incluso en un
mismo espacio, cuando pasa el tiempo, cambian esas formas.
Por supuesto, no quiero hacer multiculturalismo a ultranza, pero sí que se tenga en
cuenta que estamos trabajando sobre tres elementos, cada uno con su entidad y complejidad.
De repente, la fe pertenece al mundo de lo absoluto; la política al mundo de lo relativo y la
sociedad es dinámica. Entonces, cuando hablamos de fe, de política y de sociedad, no nos
equivoquemos de siglo.
En el fondo, con el proyecto que viene en revisión de la Cámara de Diputados, no se
trata de imponerle al conjunto de la sociedad un modo de razonamiento particular sino,
simplemente, de permitir −en los términos que señalaba el senador Artaza− que una minoría
pueda ejercer con plenitud sus derechos, nada más ni nada menos. Justo cayó este debate un
14 de julio; después de todo, siempre queda alguna Bastilla por tomar.
Ahora que se va acercando cada vez más la hora del voto y la posibilidad de escuchar
a cada uno de los jefes de bloque cerrar con las exposiciones finales, me gustaría recordar un
poco a San Agustín, que creo que es uno de los padres de la Iglesia.
Cuando el senador Artaza hablaba de lo terrestre y de lo celestial, yo pensaba en el
libro de San Agustín La ciudad de Dios, en donde habla también de una ciudad terrestre. Por
lo tanto, me parece que, desde lo terrestre y desde lo político, nosotros tenemos que actuar
para que se permita ejercer en plenitud los derechos; y, con San Agustín, decir "Ama y haz lo
que quieras".
Sr. Presidente (Pampuro). − Tiene la palabra el señor senador Fuentes.
Sr. Fuentes. – Señor presidente: durante este debate, que en realidad no ha introducido,
producto de él, cuestiones de una dinámica novedosa, sino que mantiene la reiteración de
posiciones tomadas, reflexionaba acerca de esa situación, de cuál era la dificultad que
envolvía el tratamiento de este tema. En ese sentido, creo que son dos las dificultades: una
principal y otra como derivado lógico de la anterior.
La primera es la particular naturaleza de la discriminación que hoy tratamos quienes
apoyamos el proyecto sancionado por la Cámara de Diputados. Y la segunda es la diferencia
entre el camino lógico formal de construcción de la norma legislativa y el camino material de
elaboración de la norma jurídica en el seno de una realidad cultural, social y política
concreta.
En el primer caso, en la diferenciación de la naturaleza, creo que esta discriminación es única. Toda discriminación, en la medida que es un disvalor que justifica, tiene una razón
que es la apropiación económica de alguna ventaja. Si voy a colonizar y conquistar un
continente, debo partir de negarle la calidad de ser humano o de alma inmortal a quienes
dominé históricamente en algún momento. Si necesito mano de obra esclava, es evidente que
voy a descalificar el color de aquel al cual voy a tomar y someter al yugo del trabajo forzado.
Y así sucesivamente. Es decir, cada discriminación tiene un sustento material concreto que
justifica apropiaciones de bienes, ventajas o lo que fuere.
Hete aquí que esto trae como consecuencia que, a medida que los procesos históricos
evolucionan y desaparecen las razones material y económica que justificaban a quienes
ejercían esa discriminación para conseguir una ventaja, lentamente, la discriminación se va
dejando de lado.
Pero esta discriminación no tiene razón económica. Entonces, si uno analiza a qué le
damos vuelta alrededor, a partir de algunas intervenciones, va surgiendo la idea. Se habla de
deseos y de conductas privadas. Básicamente, se habla de sexo. Este es el tema que encierra
esta cuestión central, que son los propios temores. Esta es una discriminación que se sostiene
sobre la base de los propios temores y miedos que ancestralmente vienen arrastrados.
En aras a la brevedad, trataré de no incurrir en un exceso de ese análisis. Esto trae
como consecuencia necesaria la discusión de otro aspecto. Me refiero a los procesos de
cambio que se van produciendo.
Hacía memoria –mencioné algo de esto en una reunión de la Comisión– y recordaba
que iba al colegio primario, en el que había una matrícula de 1.100 ó 1.200 alumnos, y en los
recreos nos asomábamos a ver al único compañero que era hijo de un matrimonio separado.
Era un monstruo.
Pero pasaron los años, mi hijo ingresa al primer año del secundario –de esto harán
doce o trece años–, en un colegio emblemático de la clase media de la capital de mi
provincia, y al tercer día de clase, comenta que habían tenido oportunidad de juntarse en el
gimnasio y habían observado quiénes vivían con sus progenitores naturales. Y de treinta y
cuatro chicos, que eran la matrícula, solamente tres vivían con sus progenitores originales. Es
decir que había familias ensambladas, madres solas, padres solos y madres con novios y
padres con novias.
La prosecución de la anécdota es que pocos días después, me plantea que iba a llegar
tarde porque el padre de una compañerita le iba a hacer la fiesta al novio. Pero qué edad tiene
tu compañerita, le pregunto, y me dice que tiene la misma que él. Entonces, le pregunto:
¿Cómo? ¿Hay tanta amplitud? Y me contesta mi hijo: “No; es al novio del papá que le hace la
fiesta”. Es decir, aparece sobre la base de mis recuerdos y experiencias la posibilidad de ir
cotejando la evolución que se produce en el seno de nuestra sociedad.
Fui alumno de Alberto Molinario y recuerdo, cuando veíamos Derecho de Familia,
que él –con el cual discrepábamos absolutamente en todo menos en el coraje que tenía para
sostener a veces lo que era insostenible–, que se definía como preconciliar, aclarando que de
Trento, planteaba que el matrimonio era la institución de policía de las relaciones sexuales.
Es decir, el matrimonio era la reglamentación del sexo, para evitar que todo el mundo
anduviera de aquí para allá generando vástagos, poniendo en conflicto líneas sucesorias,
titularidades de bienes, etcétera. Además, planteaba que, de conformidad a la legislación de
Malinas, a la cual él adscribía –y aclaro que nunca fuimos a verificar si eso era verdad, por
cuanto éramos bastante tímidos para el esfuerzo del estudio en esa época–, las relaciones
sexuales únicamente eran lícitas en el marco del matrimonio pero que no toda relación en el
matrimonio era lícita, porque debía tener un componente subjetivo, que era la intencionalidad
de la procreación, pero agregaba que no siempre toda relación en el matrimonio con la intención de procrear era lícita sino que requería el período de fertilidad de la mujer para
realizarla.
Si tomamos ese planteo en ese momento sobre el cual nos educábamos y seguimos
avanzando, cuando nos planteaban que el Código Civil como conjunción estatutaria de los
plexos centrales de lo que conforman relaciones de poder concreta en una sociedad, a medida
que el tiempo avanza se convierte en una especie de vaca sagrada: no da leche, no da cuero,
no da carne. Es decir, todo proceso de transformación de la realidad como pugna de intereses
y necesidad de reglamentación normativa se resuelve con la creación de nuevas ramas del
Derecho que van limando, limitando, cosificando la legislación civil.
De la misma manera, cuando se nos decía que no era una omisión sino una actitud
deliberada del codificador Vélez Sarsfield no reglamentar la propiedad horizontal, por cuanto
repugnaba moralmente que alguien viviera arriba de la cabeza de otro; y de la misma manera
que el maestro Borda, quien en su voluminoso Tratado de Derecho Civil –luego fue ministro
del Interior de la dictadura blanda de Onganía, la cual, en comparación a los procesos oscuros
que vivimos después, analizamos lo blanda que en realidad resultó ser– planteaba que era una
inmoralidad y una aberración obligar a la totalidad a inscribir el matrimonio en un Registro
Civil, por cuanto el problema, básicamente, era de los no creyentes y, por lo tanto, debía
crearse un registro de disidentes. Mientras los demás se casaban en el marco de sus credos y
sus formas religiosas, aquellos que no tenían religión deberían recurrir a una especie de
registro de apátridas religiosos.
¿Qué quiero significar con esto?
En todo proceso de construcción jurídica de la norma, que supone la identificación de
los sujetos históricos y que supone la identificación con honestidad del conflicto de intereses
que la realidad marca, siempre hay dos posiciones: la primera es participar de esa dinámica
dialéctica de transformación de la realidad a través del dictado de la norma que recepta la
resolución del conflicto, y la segunda consiste en mantener la defensa acérrima del statu quo,
del sistema de estabilidad que presupone el sistema de convivencia.
A lo largo de las discusiones a las que hemos asistido sobre estos temas siempre la
argumentación de descalificación de la cuestión es, primero, la inmoralidad de la medida
tomada. Se sostiene que la medida es inmoral y atenta contra nuestras tradiciones, contra los
sistemas de valores consolidados, etcétera, y fundamentalmente viene la amenaza del
Diluvio, de la debacle y del caos.
El matrimonio civil presuponía la desaparición de la familia; el divorcio, la
disolución de la familia, y en este momento acompañar la sanción de la Cámara de
Diputados presupone prácticamente los mismos enunciados: el fin de la procreación de la
especie, la pérdida de conceptos de referenciaciones filiatorias, que no haya más pan con
manteca. Se enuncian una serie de consecuencias cuya dramaticidad genera el lógico temor
de quienes escuchan el debate.
Quiero hacer un párrafo aparte. Recibí –como calculo que muchos de mis colegas–
una nota del obispo de mi jurisdicción en la cual me envió la copia de un documento, pero
fundamentalmente instándome a cumplir con los deberes que tengo como senador.
Es en la humilde opinión de este senador, también quisiera, en función de la
devolución de la gentileza, recordarle a mi pastor que la principal obligación del pastor – porque “Pastorear el rebaño” dice la nota– consiste en tranquilizar, en serenar, en disipar los
temores que esa congregación puede tener; preparar desde una medida de concepción
generosa de las diversidades y de los tiempos nuevos que vienen que todos puedan convivir
en armonía, desactivar la conflictividad, serenar, aplacar.
Creo que nada de eso ha sido precisamente ponderado, merituado en una misiva – permítaseme leerla a efectos simplemente de cerrar esta intervención-, cuyo texto dice: No se
trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva del plan de Dios. No se trata de
un mero proyecto legislativo –éste es sólo el instrumento– sino de una movida del padre de la
mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios.
A los senadores: Clamen al Señor para que envíe su Espíritu a los senadores que han
de dar su voto. Que no lo hagan movidos por el error o por situaciones de coyuntura sino
según lo que la ley natural y la ley de Dios les señala. Esta guerra no es vuestra sino de Dios.
Que ellos nos socorran, defiendan y acompañen en esta guerra de Dios.
Carta del cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a las monjas
Carmelitas de la Arquidiócesis de Buenos Aires, 22 de junio de 2010.
Estas son las cuestiones que en su momento fueron señaladas cuando a instancias de
la presidenta de la Comisión se sugirió el camino de las audiencias, camino que nunca uno
puede rechazar en la medida en que entiende que todo debate, que escuchar, es el presupuesto
básico de la construcción de los acuerdos. Uno intuía que iban a suceder: realidades distintas,
presiones, temores.
La preferencia sexual de personas, diferente a la nuestra, no tiene que ser ni siquiera
objeto de discusión. Esas elecciones, esas maneras de resolver el amor entre las personas no
pueden ser objeto ni siquiera de referencia en ningún tipo de normativa ni de instrumento ni
de trámite.
Esto está señalando, a mi modo de entender, con toda claridad, cuál es el camino.
Justamente hoy hacía un reconocimiento sincero al senador Artaza por la cuota de frescura,
después de un debate prolongado y el consiguiente cansancio entre nosotros. Es esa apelación
al amor como el elemento distintivo y configurativo de nuestra humanidad.
Simplemente tengamos el coraje de despojarnos de las hipocresías que básicamente
encierran nuestros propios temores sobre esa elección sexual y admitamos que en un mundo
que evoluciona, si la cuestión de la preferencia sexual va a ser una decisión idénticamente
valorativa, sea cual fuere, no va a haber de ninguna manera consecuencias de
monstruosidades ni de patologías, como las que se han esgrimido en todo ese compendio de
objeciones que se hacen desde el punto de vista de la construcción formal de la norma.
Entendamos que tenemos la responsabilidad política de acompañar los procesos de
transformación…
Sr. Presidente (Pampuro). – Ha terminado su tiempo, senador.
Sr. Fuentes. – … en una lucha inclaudicable por la igualdad y contra la discriminación, sea
cual fuere el precio y las consecuencias que traigan.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra la señora senadora Morandini.
Sra. Morandini. – Señor presidente: para desdramatizar un poco, la verdad es que no sé si es
mejor la hoguera que me ofrecen por votar esta ley o la heladera de este recinto. (Risas.)
A esta altura del debate parece ya una conversación entre amigos. Me pasa a mí como
le pasó casi a la mayoría que traemos argumentos escritos que tenemos mucha necesidad de
poder dialogar a raíz de todo lo que hemos escuchado.
En primer lugar, quiero agradecer a la senadora Negre de Alonso porque el trabajo
realizado me entusiasmó y las audiencias públicas me llenaron de optimismo. Me pregunté a
mí misma si esta no era la forma en que teníamos que legislar. Si la democracia es
participación, teníamos que escuchar a la ciudadanía. Y eso se hizo.
Discúlpeme, senadora, si fui violentamente intempestiva. No dudo de su buena fe,
pero usted fue víctima de aquello que decía Pessoa: “Quien inventó el espejo, envenenó el
alma”. La televisión no es perversa en sí misma. La imagen banaliza todo lo que hacemos;
porque, en poco tiempo, ese fragmento que usted nos mostró no fue la totalidad. La totalidad está en todo lo que nos dio, en todo lo que se transcribió, donde estaba la realidad. Ahí estaba
la virtualidad. Por eso, hice mi aporte en ese sentido.
Quizás en las audiencias hicimos eso que dice que por mucho que nos afecte el mundo
o los temas del mundo, sólo se humanizan si conseguimos hablar con nuestros semejantes. Y,
en ese sentido, hemos podido hablar. No quiere decir que con esto hemos cambiado la
opinión, porque en las audiencias lo que se veía de un lado eran testimonios en primera
persona, de sufrimiento; testimonios que siempre terminaban en llanto, que venían a
contarnos lo que significaba ser discriminado, ser despreciado por su familia. Y nadie lo dijo
mejor que aquél que fue martirizado, que dijo que “detrás de la alegría y de la risa puede
haber una naturaleza vulgar, dura e insensible; pero detrás del sufrimiento, siempre hay
sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara”. Esto lo escribió Oscar
Wilde desde la cárcel, donde fue encerrado por homosexualidad. Esa carta se publicó sesenta
años después.
Del otro lado, había temor, testimonios de personas jóvenes que nos decían: “Somos
madres, tenemos hijos”. Y había un gran temor.
En el medio, los expertos que les hicieron decir a los mismos textos cosas diferentes.
Como también se habló de la etimología, y se insiste tanto en el origen de la palabra
“matrimonio” que remite a mater, permítanme contarles, en primera persona –como todos la
hemos usado–, que yo viví mi exilio en Portugal y si pongo risa en mi cara y maliciosidad es
porque los latinoamericanos que vivíamos allí poníamos esa misma cara cuando
escuchábamos a las madres y a los padres referirse a sus hijos o a los niños pequeños como
“putos”. En Portugal, a los niños pequeños se les dice “putos”. La palabra proviene
etimológicamente de putis, que son los querubines de las iglesias. En verdad, uno podría
perfectamente preguntarse qué nos pasó, cómo puede ser que una palabra que tiene un origen
angelical termina convirtiéndose en lo opuesto, en una palabra de Demonio.
La respuesta está en lo que cada uno de nosotros podemos hacer y podemos
interpretar para justificar, tal vez, lo que tenemos más profundo, como se ha dicho aquí.
No vengo a contar anécdotas personales, sí vengo como representante de Córdoba, a
la que Sarmiento decía que era la provincia de las sotanas y los campanarios, vengo de la
Córdoba de la Reforma Universitaria, de la Córdoba del Cordobazo y de la Córdoba del padre
Alessio, a quien el obispo le prohibiera dar misa por haber dicho en voz alta lo que pensaba
con relación a este tema.
También vengo de la Córdoba de Natalia Gaitán, una joven de 27 años que vivía en
un barrio pobre en las afueras de la ciudad capital, que trabajaba en un comedor popular
alimentando a sus vecinos y que estaba en pareja con una joven que tenía diez años menos
que ella. Un sábado de marzo Natalia Gaitán fue fusilada a poco menos de cien metros de su
casa y por el crimen está acusado el padrastro de su novia. Vengo también de la Córdoba
donde Videla está siendo juzgado y cabecea a la siesta, como un viejito durmiéndose, tal vez
para no escuchar todo lo que cometió. Y porque vengo de esa Argentina he abrazado los
derechos humanos, porque es el único antídoto que puede evitar que volvamos a
descarriarnos.
Esta no es una ley progresista; no es porque queremos parecernos a Suecia que
estamos legislando para garantizar derechos a aquellos que llamamos minorías, que son
nuestros iguales, nuestros compañeros, nuestros vecinos, nuestros colegas, nuestros
familiares. La verdad es que me cuesta muchísimo, no tengo argumentos, he buscado en
todos los argumentos jurídicos una razón que me permitiera justificar por qué negar derechos
a aquellos que son iguales.
De eso es de lo que quiero hablarles y tal vez rehacer una pregunta base: ¿Creemos efectivamente que la democracia es el mejor sistema para vivir los argentinos? Seguramente
todos vamos a decir que sí, pero la democracia tiene que querer decir para todos lo mismo. La
democracia es el sistema por el que efectivamente las mayorías legitiman a los gobiernos,
pero que ponen a prueba las minorías. La calidad de una democracia se mide en cuánto puede
garantizar los derechos de las minorías.
Se ha hablado de prudencia y ese debería ser el atributo fundamental de un legislador.
La prudencia es que hagamos educación democrática, que utilicemos con responsabilidad el
micrófono para explicarle a la ciudadanía, que legítimamente está asustada, que se trata de
garantizar derechos porque eso es lo que nos manda nuestra Constitución. No sólo porque en
su artículo 16 garantiza la igualdad ante la ley, sino porque tiene un corazón constitucional
basado en los derechos humanos. Esa bella utopía que se dieron los hombres a sí mismos
después de la locura del nazismo.
¿Por qué me conmueven los derechos humanos? Porque hay una visión de sagrado en
esta idea de que el ser humano porta derechos; no los adquiere, forman parte de él. Es el
derecho que tienen las personas sólo por su condición de personas.
A veces somos tan tentados a analizar y hacer legislación comparada que poco
reparamos en lo que sí deberíamos analizar, que es la cultura comparada. ¿Por qué será que
Alemania, España y la Argentina han tenido que poner en el corazón constitucional esto? Tal
vez para los suecos es una obviedad, pero para nosotros no lo es tener una Constitución
subordinada a los tratados internacionales de derechos humanos.
Por supuesto, como se ha mencionado, han ido cambiando pero ampliándose. Desde
el año 1948, que fueron derechos civiles y políticos, pasamos a los derechos sociales, que tal
vez lo que mejor los explica es el derecho a la información. Ya no es el derecho subjetivo de
decir lo que pienso, sino el derecho que tiene la sociedad a tener una información de calidad,
porque eso es lo que va a medir la calidad democrática. Y ahora tenemos los derechos
culturales o derechos de la diferencia. No porque sean mejores o peores que otros, es porque
se han ido ampliando.
De modo que es cierto mucho de lo que se ha argumentado aquí. Se nos dice que esto
no es urgente, pero es sumamente importante tenerlo incorporado para todos. Porque nuestra
obligación es poder generalizar a la sociedad todo esto que forma parte del corazón
constitucional.
Debe saber la ciudadanía que no es el número de la mayoría lo que le da poder a un
derecho. Esta opinión mayoritaria de las firmas que nos han acercado, la legítima opinión de
todos los que han salido a la calle a manifestarse, eso no es garantía de derecho. Porque
tenemos que decir con honestidad, con firmeza, que la mayoría nunca puede ir en contra del
bien común, que pertenece a todos, por minoría que se sea. El derecho no depende del
número; el derecho depende de la universalidad.
De modo que me parece que tenemos que aprovechar y hacer todo el tiempo
educación democrática, para que efectivamente la construyamos. Se ha hablado mucho de la
cultura como construcción. Tenemos que construir una auténtica cultura democrática basada
en el diálogo, basada en el respeto de las minorías.
Tengo muchísimo para compartir. Voy a tratar de hacer algunos aportes, en el sentido
de lo que acá se confunde y sobre lo que también tenemos la obligación de hacer educación
democrática. Si para la religión la sexualidad es parte de la ética, no lo es para el Estado ni
para el Derecho.
La política y la religión no tienen ni la misma esfera, ni el mismo origen, ni los
mismos medios, ni el mismo campo de acción, ni la misma finalidad.
¿Por qué nos estremecemos? Yo, personalmente, como creo que muchísimos –como la mayoría de los que estamos acá–, nos estremecemos cuando en el debate público volvemos
a escuchar palabras de confrontación, palabras de guerra. El único antídoto, insisto, que nos
puede evitar que volvamos a desquiciarnos es que creemos una cultura de legalidad
compartida.
Me han escuchado en este recinto; critico y me duele profundamente que se haga
política con los derechos humanos. Me duele profundamente que el pasado nos vuelva a
enfrentar, porque si en la interpretación del pasado nos volvemos a enfrentar, ha ganado ese
pasado autoritario.
También me han escuchado decir que los derechos humanos no admiten
interpretación; no son de derecha ni de izquierda. La obligación que tienen los gobernantes, la
obligación que tenemos nosotros, legisladores, es respetarlos, consagrarlos. Ninguna ley, no
sólo ésta, ninguna ley que salga de este Congreso tendría que violar lo que, insisto, es el
corazón constitucional de nuestra Constitución –decía Kant–.
Esto lo tomé con relación a las presiones, que ha sido también otro de los temas que
hemos tratado. Tal vez tendríamos que aprovechar este momento, este debate, para debatir
también lo que subyace a todo este debate. Decirles a nuestros ciudadanos, a aquellos que han
llenado nuestros correos diciendo que los hemos defraudado o que los hemos traicionado, que
esas son palabras horribles que tendríamos que erradicar de la política. Porque uno sólo
puede ser leal a otro cuando es leal a uno mismo.
De modo que estas son las cuestiones que también hay que debatir. Porque ¿qué mejor
le podemos ofrecer a la ciudadanía que ser legisladores íntegros, que no ceden a presiones?
Hoy son presiones visibles, pero hay otras presiones que devalúan también la actividad de
legislar.
La democracia tiene que tolerar la luz pública. Venimos de tiempos de oscuridad, y lo
que vemos ahora, que nos perturba, son fenómenos que ya existían, son personas,
compatriotas nuestros, que han tenido el coraje de salir a la luz pública y hablarnos de lo que
vivían en la oscuridad porque tenían que esconderse.
Lo que tenemos que preguntarnos hoy y preguntar a la ciudadanía, es si estamos
dispuestos a admitir toda la luz pública de un reflector y no conformarnos con que sea nada
más que la luz de una vela.
Espero y confío en que vamos a poder ir construyendo lo mejor. La ciudadanía nos
tiene que dar la luz pública.
Nuestro voto a conciencia no es un tema de conciencia religiosa, porque la relación
con Dios es íntima. Todos tenemos una relación con aquello que tememos o con respecto a lo
que nos subordinamos. Pero porque es íntima, no se debate públicamente. No hemos venido
aquí a debatir cuestiones de tipo religioso. Nuestra obligación es resolver todo lo que tenga
que ver –como aquí se dijo– con lo terrenal. La religión cuida de la salvación, de las almas; y
nosotros no hemos sido elegidos por nuestras convicciones religiosas, o por nuestras opciones
espirituales. Aunque está íntimamente vinculado con que la relación que tengamos con Dios
va a determinar la rectitud con la que vamos a obrar. Pero la rectitud para hablar no es otra
cosa que la honestidad, porque si podemos ser honestos con nosotros mismos, vamos a poder
ser honestos con aquellos que nos han delegado su confianza.
Señor presidente: sé que me estoy excediendo en el tiempo asignado para exponer,
pero quiero referirme a otro tema fundamental, que es la tolerancia.
La primera pregunta que tal vez debí haber hecho y que dejo para el final, es la que ha
sobrevolado cada uno de los argumentos de hoy en este recinto y en las audiencias públicas,
referida a lo que define lo humano.
Es decir, ¿qué define la naturaleza de lo humano? ¿Qué es común a todos nosotros? El sexo es lo natural en lo humano, en hombres y en mujeres. Pero la naturaleza de lo humano,
no la define el sexo. Lo que define la naturaleza de lo humano es la dignidad. Y el
fundamento de la dignidad es la tolerancia. Y la tolerancia es una virtud que debemos
adquirir y enseñar. ¿Por qué? Porque vivimos separados, porque venimos de una cultura de
desconfianza, de odio, de discriminación, de lastimarnos unos a otros. Por eso, ojalá podamos
hacer realidad esto que se dice, pues son mucho más sabios, inteligentes y rectos los hombres
si están reunidos, que uno solo que pueda tener una clarividencia. Este es mi compromiso.
Por eso apoyo esta propuesta, y no porque esté en contra de alguien, sino a favor de
los derechos humanos y del respeto hacia todos, o sea, no a las minorías, sino a aquellos que
son nuestros iguales, a aquellos que son los hermanos para la religión, los compañeros para la
política, pero son nuestros compatriotas.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Pérez Alsina.
Sr. Pérez Alsina. – Señor presidente: quiero comenzar a exponer mis fundamentos –no
pensaba hacerlo así– haciendo referencia a la exposición –desde mi punto de vista,
inteligente– que realizó el senador Fuentes, la cual no comparto aunque establece algunos
conceptos para conversar. Él efectuó un discurso que me animaría a decir que fue casi
filosófico. Y debo reconocer que fue interesante.
El senador Fuentes dijo algo que yo creo que debemos tener en cuenta: es verdad que
en muchos conceptos del Estado, y en muchos conceptos de la imposición de una sociedad,
cuando hay algo con lo cual uno no estaba de acuerdo o consideraba que iba a romper
instituciones o costumbres, se decía que era inmoral y no se argumentaba.
Pero cuando eso se exagera, obviamente, lleva hacia actitudes desde todo punto de
vista casi represivas.
Ahora estamos frente a un nuevo peligro. Ahora, respecto de quienes piensan de una
manera que no está acorde con aquella idea que quizá se vaya imponiendo en algunos
sectores, quienes quieren defender ciertas instituciones con los cambios que sean necesarios,
o quieren manifestar opiniones diferentes, senador Fuentes, ya no se dice que eso es inmoral
pero sí se dice que eso es discriminatorio.
Y estamos exagerando tanto –no lo digo acá, por favor, no son alusiones- con esa idea
de que quien piensa distinto es discriminatorio que, en poco tiempo, quienes pensemos
distinto empezaremos diciendo, en nuestras palabras, que nos sentimos discriminados.
Entramos en un tema que creo que es difícil de conceptuar.
Me hubiera gustado, señor presidente, que esta discusión se hubiera dado en un marco
mucho más tranquilo, con más tiempo, que hoy hubiéramos discutido el tema de la unión
civil o como la llamemos, y que nos hubiéramos dado todo el tiempo necesario para estudiar
el otro tema, el matrimonio con adopción.
Yo pregunto a los señores senadores si no hubiera sido oportuno, en un tema tan
importante, que toca una institución de miles de años, que estemos todos los senadores, todos
menos uno, o todos menos dos, que no nos hubiéramos impuesto este tiempo del 14, sí o sí, a
todo o nada. Algunos países que ya aceptaron la adopción, primero trataron la unión civil y
cuatro años después estaban tratando la cuestión de si adoptaban o no. Algunos todavía no lo
resolvieron. Como ustedes saben, solamente nueve países aceptan la adopción, y cuatro o
cinco estados de los Estados Unidos, y debo recordar que en ese país, a través de una ley
sobre acta matrimonial, el gobierno federal no reconoce, todavía, los matrimonios entre
personas del mismos sexo.
¿Qué quiero decir con esto? Que no es un tema que lo podemos decidir absolutamente
rápido, sin analizar todas las consecuencias posibles. Acá se hizo mucha alusión al tema de la
discriminación, de la cual ya hablé, al tema de la sexualidad, al tema de la desigualdad. Y ese no es el tema de hoy, señor presidente. Ninguna persona que, hoy en día, esté en contra del
proyecto tal cual viene de la Cámara de Diputados tiene un cuestionamiento sobre el derecho
a la identidad sexual. Ninguno. Pero sí tenemos derecho a preguntarnos qué pasa con la
adopción. Y lo digo con todo respeto. No estoy diciendo que es malísimo o que es
buenísimo. Pero ¿no nos debería haber llevado un poquito más de tiempo? En el mundo están
debatiendo sobre esto y nosotros queremos resolverlo en forma absolutamente rápida.
Me preocupa, desde el punto de vista no político sino filosófico, algo que se ha ido
repitiendo permanentemente y que escuché en todos los medios. Me refiero a que el
matrimonio es una concepción cultural, que aparece y desaparece. La palabra matrimonio
puede aparecer o desaparecer, pero la concepción de la unión hombre-mujer existe desde el
principio de los siglos. Y eso es el matrimonio. Pongan unión hombre-varias mujeres,
también es un matrimonio poligámico. Pero lo que no podemos negar es que se trata de la
relación hombre-mujer, varón-mujer. Lo otro no es que sea menos. Digo esto porque, en
cualquier momento, algunos opinarán que discriminamos. Pero es diferente, es distinto, no es
menos. No siento que un matrimonio de heterosexuales sea superior a la unión de dos
personas de un mismo sexo, pero son distintos. No podemos negar la naturaleza. Es la unión
varón-mujer. El Derecho Romano, muchísimo antes de la irrupción del Cristianismo, ya lo
sostenía de esa manera. Y es verdad lo que decían varios senadores acerca de que el sentido
de la homosexualidad en los griegos y los romanos era muchísimo más intenso que en las
sociedades actuales y era reconocido tácitamente. El efebo era casi una institución –los
héroes tenían efebos– pero nunca como Estado quisieron aceptar esa concepción, porque
también está la concepción del Estado, es decir, qué Estado queremos. Y sabemos que la
unión hombre-mujer, unión hombre-varias mujeres o como la quieran llamar, es la
perpetuación del Estado, es la perpetuación de la especie.
Considero que esto no es algo liviano, que podamos preguntarnos a quién daña. No es
ese el tema, no estamos planteando que quienes tenemos una concepción distinta nos
sentimos dañados. Pero el tema de los niños a adoptar ¿no merece ser discutido más
profundamente? ¿No debería haberse estudiado o analizado en el marco de la propia ley de
adopción? ¿Qué va a preferir el Estado ante un chico que está por ser adoptado? Y hablemos
sin hipocresía, que –como bien decía Oscar Wilde– es el homenaje que la mentira le hace a la
verdad.
Tenemos un niño a adoptar, hay un matrimonio de heterosexuales y una unión de
personas de un mismo sexo. Nuestro Estado, ¿qué va a preferir? ¿No merece discutirse eso?
No empezarán las acciones contra los jueces cuando un día le saquen estadísticas y les digan
que concedieron la adopción a diez matrimonios heterosexuales, y sólo una a una pareja del
mismo sexo. ¿Se los acusará de discriminar? ¿No debiéramos discutir acá el tema de la
educación?
La senadora Negre de Alonso hizo referencia a algo que vio, algo tremendo. ¿Qué le
va a enseñar el Estado a todos los chicos? Que todo es igual, que da lo mismo o que es mejor
esto. Respeto las orientaciones sexuales pero no podemos mirar para otro lado, porque los
chicos a determinada edad no tienen sus identidades absolutamente establecidas y el Estado
entra ahí como Estado. No estoy diciendo que tengamos la verdad absoluta. ¿No merecía más
discusión todo esto? ¿Qué se va a hacer con los planes de educación? Con las mismas
palabras de las leyes de antidiscriminación, hay opiniones distintas.
Por ejemplo, acá tengo preocupaciones de un gran psiquiatra que –como ustedes
saben– ha escrito muchos libros, Enrique Rojas, quien tiene varios best sellers en el mundo
que hablan del niño adoptado por parejas homosexuales. Y no es un mero escritor; es un
psiquiatra que se dedicaba a estudiar conductas humanas y que, sin ningún fundamentalismo, plantea muchísimos interrogantes que creo que deberíamos analizar.
Por eso el tema no es tan liviano. La concepción hombre-mujer no la podemos negar,
está desde el principio de los siglos y la unión de hombre-hombre o mujer-mujer es algo que
debe estudiarse en el sentido de si se le va a dar una palabra o una institución jurídica. Acá no
estoy hablando desde el punto de vista religioso porque creo que en ese aspecto cada uno
tiene sus concepciones y desde ese punto lo defendemos. Aquí estamos en el Estado laico. Y
se ha hecho todo a las apuradas. Hizo una excelentísima exposición mi comprovinciana la
senadora Escudero, pero muchas cosas que deberían haberse visto, por ejemplo, la esposamadre
desaparece del artículo del Código Civil, ahora es contrayente; género neutro. “Dame
una palabra y cambiaré el mundo” decía Lenin. Cuidado con las palabras, estos son géneros.
La esposa-madre desaparece. ¿Qué vamos a hacer con el artículo? No sé si la senadora
Escudero hizo referencia a la nuera viuda, que no lo derogaron y no lo modificaron.
¿Quién es la nuera, en el caso de una unión entre personas del mismo sexo? ¿Quién es
viuda? Respecto de este último aspecto, sabemos que hay un artículo con bastantes
implicancias. Entonces, ¿no deberíamos haber analizado todo eso?
No entiendo estos apresuramientos. Sí creo que deberíamos haber avanzado en los
derechos civiles de las personas del mismo sexo, y analizar el otro tema después.
En cuanto a la tenencia de los menores, ¿habrá diferencias entre los matrimonios
heterosexuales y los del mismo sexo? Sí que las habrá. El varón, en el matrimonio
heterosexual, "de movida" −como diríamos en Salta− no tiene derecho a la tenencia del niño,
por lo menos, hasta que tenga cinco años.
Respecto del derecho a la adopción, sabemos que ciertas condiciones que se les exige
a los matrimonios heterosexuales no se cumplirán en el caso de uniones de personas del
mismo sexo, como, por ejemplo, el plazo de tres años, demostrar que no puede tenerse hijos,
etcétera. Aquí también hay diferencias.
Por lo tanto, creo que deberíamos haber analizado con un poco más de
responsabilidad esta cuestión, sin llegar a conclusiones absolutas, positivas o negativas,
porque las sociedades evolucionan. Además, en la Argentina no tenemos problemas de padres
adoptantes.
Sabemos que la adopción en sí misma no es un tema menor. Tengo sobrinos
adoptados, gracias a Dios, con muy buen resultado. Pero no es una situación simple. Hay que
desarrollar un trabajo sobre el aspecto psicológico del relacionamiento social, porque lo
primero que sufre un chico adoptado −lo dice cualquier psiquiatra− es el síndrome del primer
abandono. Por eso digo que a este tema tendríamos que haberlo visto más en profundidad.
Aristóteles decía que es injusto tratar igual lo que es diferente; no mejor o peor, sino
injusto porque se trata de posiciones distintas. Recién, la senadora preopinante citó a Kant.
En ese sentido, tampoco podemos olvidarnos del famoso tema jurídico del imperativo
categórico de Kant, quien decía que los estados debían hacer las leyes de manera que aquello
que se regule sea un imperativo universal en el que todas las conductas sean tratadas de la
misma manera. Entonces, no podemos actuar como Estado diciendo "lo mejor que puede
tener el Estado es que haya muchísimos matrimonios de este tipo".
Como Estado, debemos asegurar la perpetuación de la especie y la comunidad, en
familias separadas, ensambladas, etcétera. Pero sinceramente, y lo digo con todo respeto, no
estamos ante instituciones iguales. Y el matrimonio, la unión hombre–mujer u
hombre−mujeres, en otras culturas, no es una construcción cultural, sino una institución muy
natural, a través de la cual se asegura la perpetuación de la especie.
Con la concepción que podría llegar a aprobarse, sacamos la relación de esta unión de
la biología, de la procreación, del sexo y del género. Sin embargo, ¿no es algo diferente que debería ser regulado de manera distinta?
Si hubiera voluntad, creo que hoy deberíamos discutir absolutamente todos los
derechos civiles y la unión de personas del mismo sexo, y el otro tema analizarlo con un
poco más de profundidad. No por si quienes se unen tiene el mismo valor siendo del mismo o
de diferente sexo, sino porque pienso que los niños de la República Argentina, al ser
adoptados, merecen una discusión más exhaustiva y menos política por parte de este
Senado, cosa que no creo que estemos cumpliendo.
Por los motivos expuestos, votaré en contra del proyecto de ley venido en revisión de
la Cámara de Diputados.
Sr. Presidente (Pampuro). − Tiene la palabra el señor senador Filmus
Sr. Presidente (Pampuro). – Senador Filmus, la senadora Morandini le solicita una
interrupción.
Sra. Morandini. – Señor presidente: quería pedir permiso para insertar los textos que tenía
preparados.
Sr. Presidente (Pampuro). – Se votarán al final.
Tiene la palabra el señor senador Filmus.
Sr. Filmus. – Señor presidente: de la mano de lo que ha planteado la senadora Morandini, a
través de la inserción, voy a tratar de resolver los temas más conceptuales desde el derecho, la
sociología y otras perspectivas para concentrarme más en las cuestiones más polémicas que
se han tratado en el recinto.
Siento que estamos en un día importante. Siento que estamos en un debate importante
y que culminamos una pequeña etapa sobre un proceso de ampliación de los derechos. Y
creo, sin lugar a dudas, que ha sido un proceso de discusión de debate intenso y profundo y,
por lo menos desde mi parecer, ha sido con pocas intolerancias, provocaciones y
fundamentalismos respecto de la importancia del tema en discusión en una sociedad
acostumbrada a debates intolerantes.
Se discute sobre una de las más antiguas discriminaciones. Se discute sobre una de las
más permanentes a lo largo de toda la historia y todas las culturas. Se discute sobre una de las
discriminaciones más actuales. Y, realmente, se discute sobre una discriminación tan
profunda frente a una institución, acuerden o no con el proyecto, que definen como esencial
para nuestra sociedad, tal el caso del matrimonio.
No sería una discusión tan profunda y tan intensa si discutiéramos sobre una
discriminación profunda en un tema de previsión social o en una institución económica o si
estuviéramos frente al matrimonio por una discriminación que no fuera tan permanente a lo
largo de la historia. Pero al conjugar estos dos aspectos, creo que la sociedad argentina está
dando una muestra de madurez y de debate realmente en base a elementos de todo tipo, como
se han planteado aquí, que, independientemente de cuál sea el resultado hoy, harán que la
sociedad haya crecido y que ninguno de nosotros seamos los mismos que al comienzo del
debate.
Cada uno debió reflexionar y pensar. Este tema estuvo en los medios y en el seno de
la comisión, que lo llevó a todo el país, y estuvo no sólo en el debate de las cámaras
legislativas sino en cada una de nuestras casas y con nuestros hijos pequeños que vieron que
se discutía el tema. Es decir que tuvimos que buscar argumentos y elementos para abordar el
debate y máxime nosotros en nuestra condición de legisladores que, frente a las posturas que
tomamos, debemos justificarlas.
Y me gustaría decir que nadie está como al principio. Lo más saludable es que todos
nos hemos corrido un poco del lugar de donde empezamos.
Si tuviera que dar una definición diría que aquellos que no veían que esto era un tema –ni siquiera le daban entidad de tal– ahora saben que existe. Está ahí y hay que hacer algo.
Eso es un avance.
Aquellos que no se animaban a mostrarse tal cual eran por el altísimo nivel de
discriminación, muchos de ellos, no todos por supuesto, han comenzado a mostrarse de otra
manera. Y con el dolor que les hemos visto en su testimonio han comenzado a decir cómo
sufrieron este tipo de discriminación. Esto tampoco es un avance menor.
Quienes se burlaban o discriminaban abiertamente, hoy saben que, por lo menos, es
políticamente incorrecto no hablar del tema y saben que esos ciudadanos son propietarios de
tantos derechos como los tenemos nosotros y que, además, todos los ciudadanos tienen
exactamente los mismos derechos independientemente de su orientación sexual.
Los que negaban cualquier acceso al derecho respecto de la vida en pareja, hoy, por lo
menos, dicen unión civil. Esto podría haber aparecido hace dos, cuatro o diez años, pero
aparece ahora como un tema en la forma de una alternativa al matrimonio. Sin embargo, hay
un corrimiento en el sentido de resolverlo de alguna manera, aunque no sea igual a nosotros.
También yo he sentido cambios profundos. Estaba seguro al comenzar el debate de
que era necesario avanzar en el reconocimiento de derechos para las parejas del mismo sexo,
aunque no sabía cómo. Pero en un momento dije “claro, son los mismos derechos”. Son
iguales derechos. Y como dijo el senador Cabanchik, aunque hubo otros, no encuentro
ninguna razón para que sean otros. Pero me costaba decir que son los mismos derechos, que
son iguales derechos porque, realmente, reúnen las mismas condiciones, sin ninguna
diferencia con respecto a cualquier heterosexual. Y quiero decir que no fue que se me abrió
de cualquier manera sino que se me abrió cuando escuché al diputado socialista Cuccovillo,
tarde a la noche en casa, sin saber que en ese momento estaba el debate, contar su historia
personal; realmente, me emocioné. Y también se me abrió cuando escuché muchos otros
testimonios: los de Cibrián –para mencionar a alguno conocido–, de Rachid, del rabino
Goldman, del cura de la Serna, del periodista Bazán. Son testimonios que me hicieron abrir la
cabeza. No sabía cómo expresarlo pero, realmente, la única respuesta es la igualdad.
Soy un sociólogo y no puedo dejar de ver que la historia de la humanidad es la
historia de la conquista de los derechos, porque en su origen y en su evolución, eran pocos los
que concentraban todos los derechos, y las grandes mayorías no tenían ninguno. Y cada paso
que hemos dado en la humanidad –espero que cada vez, sea mejor– significó que otros
sectores accedieran a derechos. No hace falta más que ir a Fray Bartolomé de las Casas,
cuando discutía por qué los pueblos originarios de aquí tenían alma; había que discutir que
tenían alma. Recuerdo la película La Misión, cuando lo hacen cantar a un chico y alguien
dice: “Bueno, podía ser un loro. Eso no implica que tenga alma”; no como los negros, que
seguramente no tenían alma y podían ser esclavizados. Porque esa era la discusión de fondo.
¿Cuántos derechos tuvimos que conquistar durante todo este tiempo? Realmente,
permítanme decir, sin ninguna intención peyorativa, que nosotros hemos avanzado en un
conjunto de temas y me interesaría tomar a seis de ellos, algunos de los cuales tienen que ver
con la cuestión de los derechos. Algunos sostuvieron que solamente siete u ocho países han
avanzando con esto. ¿Por qué tenemos que hacerlo nosotros? Bueno, ¿cuántos países haría
falta que avancen para que nosotros también demos un paso? ¿Hay un número? ¿Quince?
¿Veinte? Hay doscientos países en el mundo, más o menos. ¿En qué número queremos estar?
Por ejemplo, fuimos el primer país en establecer un cupo para la participación
femenina en esta Cámara. ¿Por qué fuimos el primero? ¿No fue una locura? ¿No nos hubiera
gustado más ser el séptimo, el octavo o el décimo segundo? Por no ser el primero o uno de
los primeros, no permitimos que las mujeres voten: el primer proyecto con ese objeto se votaran porque se aprobó en la Cámara de Diputados y no en la de Senadores, casualmente.
Precisamente, cuando algunos diputados argumentaban por qué las mujeres no tenían que
votar decían, entre otras cosas, las siguientes: el diputado Francisco Uriburu sostenía que
lanzar a la mujer a la vida política era fomentar la disolución de la familia, con gérmenes de
anarquía; disminuir el poder marital ya socavado por la acción económica de la mujer y
propender a la disminución de los matrimonios, porque ya no le seducirá al hombre constituir
un hogar cuya dirección ya no le pertenece. El diputado Aráoz sostenía que el voto femenino
podía ser un factor de perturbación en nuestros hogares, al constatar que nuestras mujeres e
hijas votarán en contra de nuestras opiniones. Esto se decía hace poco, hace ochenta años.
En el caso del voto femenino, si la ley se hubiera aprobado en 1932, hubiéramos sido
el primer país de Latinoamérica y uno de los primeros del mundo en contar con una norma de
ese tipo. Cuando se aprobó, ya no lo éramos. Pero lo voy a decir a la inversa: ¿cuánto
esperamos para decir que cualquier argentino podía ser presidente? El que les habla, por
ejemplo, hasta 1994, no podía ser presidente de este país –aclaro que tampoco tenía
aspiraciones en tal sentido–. Pero tuvimos que esperar hasta 1994 para que pueda no ser
católico, apostólico y romano el presidente de nuestro país. ¿No somos todos argentinos? ¿No
lo éramos hasta hace poco? Yo viví el 94, porque soy viejo. Pero tuvimos que esperar hasta
1994. ¿Por qué no podíamos ser de los primeros países que definieran que todos podían ser
presidente? No pudo ser y tuvimos que esperar. Entonces, no sé qué tenemos que esperar.
Estamos orgullosos de que la Argentina –recuerden el debate que se dio durante la época del
gobierno de Alfonsín– fue uno de los primeros países que juzgaron a los militares después de
las dictaduras. En aquel momento, se decía que no se podía hacer porque nadie lo había
hecho en América latina. Después de que lo hicimos nosotros, otros países avanzaron en esa
dirección. Fuimos los primeros, marcamos un camino. De hecho, quizás este tema de
discriminación y de los derechos es tan fuerte porque sufrimos muchas dictaduras.
Se dijo también que este era un tema partidario. Yo me tomé el trabajo de ver qué
pasó en la Cámara de Diputados, y allí por supuesto que los proyectos no fueron del
Ejecutivo, pero de los 120 votos afirmativos, los votos del oficialismo fueron 44; jamás
hubieran ganado. En realidad, uno podría decir que fue el conjunto de los partidos que no
forman el oficialismo lo que permitió que esa votación haga que el proyecto esté acá, y yo
contabilicé quince bloques distintos que votaron; votaron más bloques a favor que en contra,
y eso realmente me parece que es un avance.
El tercer tema que se planteó acá, y la verdad que parece que se usó para un lado y
para el otro, es el de las normas: si efectivamente las internacionales que tienen rango
constitucional y las nuestras ameritan que nosotros podamos avanzar sobre este tema. Quiero
leer el artículo 11 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, de la cual estoy
orgulloso: “Todas las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. “Se
reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admitiéndose discriminaciones que tiendan
a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad,
religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social,
económica o cualquier circunstancia que implique la distinción, exclusión, restricción o
menoscabo”.
El artículo sigue pero, quizás, por eso –y como otros legisladores han dicho acá–,
estoy orgulloso de representar a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Todos los
bloques sacaron una declaración avalando la posición de avanzar con la igualdad de derechos
respecto del matrimonio, hecho que me parece que realmente importante. Alguien puede
interpretar que se debe a que es un problema de Buenos Aires –esto lo he escuchado varias veces– y, en tal sentido, debo decir que no hay mayor discriminación que esa afirmación.
Cuarto elemento: se ha dicho “pero si la comunidad internacional, cuando tiene que
opinar de esto, opina en contra”. Incluso, se citó varias veces a la Comunidad Económica
Europea y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Voy a leer el párrafo 99 de la
sentencia que –como señaló muy bien el senador Juez– no avanzó en este tema porque dijo
que la definición es potestad de los países y no de la Comunidad. Dicho artículo dice que las
parejas del mismo sexo son tan capaces como las parejas de distinto sexo de establecer una
relación de pareja estable y, consecuentemente, están en una situación relativamente similar a
las parejas de distinto sexo para reconocer su necesidad de reconocimiento legal y su
protección para su relación afectiva familiar.
Todos conocemos a Kemelmajer de Carlucci, que sobre esta sentencia, el 24 de junio
publicó un artículo donde dice: ¿Cuál es el aporte de esta sentencia para el caso argentino?
Muy grande. Refuerza el rol y el compromiso de los estados en el reconocimiento del derecho
de las personas del mismo sexo a una verdadera familia. Por eso, reiteramos y reforzamos la
idea de que el legislador argentino se incline por la solución adoptada por un puñado de
países, que cada vez van siendo más, que admiten sin cortapisas ni eufemismos que las
parejas unidas por vínculos afectivos tengan opción de casarse o no casarse, sean
heterosexuales u homosexuales, es decir, con total independencia de su orientación sexual.
Otro tema que fue abordado recientemente es el de la ciencia, las parejas, el
casamiento y la adopción. Yo, cuando quiero escuchar y aprender sobre ciencia –quizás,
porque soy investigador del Conicet–, me dirijo a los científicos. Hace muy poquitos días, el
10 de julio, en el diario Clarín, encuentro un artículo en donde se indica que más de 500
investigadores nos hemos pronunciado a favor de la ley de igualdad. Consideramos que la
familia, al igual que toda otra institución, es un producto social sujeto a cambios y
modificaciones. Cualquiera tiene el derecho a pensar que existe una ley natural, la cual regula
la moral, los comportamientos individuales y familiares e, inclusive, el matrimonio, sólo que
está reservado al ámbito de las creencias. La denominada discriminación justa no es más que
racismo disfrazado.
Este artículo termina indicando que, finalmente, la abrumadora mayoría de estudios
realizados en los últimos 40 años en varios países demuestra que no hay ninguna diferencia
sustantiva entre niños y niñas que han sido criados en un hogar homoparental u heterosexual.
Las principales asociaciones profesionales emitieron, además, resoluciones que convalidan
estas conclusiones y apoyan la legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo.
En esta cuestión, las pruebas que aporta la investigación empírica son unánimes.
Pero, por si se tratara solamente de un problema de los científicos argentinos, he
rastreado todas las investigaciones que existen sobre este tema. Hoy en día, es relativamente
fácil. Muchas de las que se publican internacionalmente, por ejemplo, en Estados Unidos, que
fueron recopiladas por la Academia Americana de Pediatría, muestran que no hay ningún tipo
de diferencia. En una declaración que cada diez años emite la Academia Americana de
Pediatría, se indica que, en resumen, los niños nacidos o adoptados por un integrante de una
pareja de personas del mismo sexo merecen la seguridad de ambos padres reconocidos
legalmente. Por lo tanto, la Academia Americana de Pediatría apoya los esfuerzos legislativos
y legales para proveer la posibilidad de la adopción del niño por el segundo padre o
coadoptante en estas familias.
También quiero aclarar, por las referencias que se hicieron recién, que, en realidad, no
estamos discutiendo el tema de la adopción. De hecho, ya pueden adoptar. Si se aprueba el
proyecto de unión civil, se estaría impidiendo que esos chicos tengan la protección de los dos
padres o de las dos madres. Hoy, cualquiera puede adoptar y puede, a su vez, vivir en pareja.
Nuestra ley no cambia eso, salvo que les da mayor protección.
Considero que podemos discutir el proyecto de la Cámara de Diputados y estar de
acuerdo o no. Sí me parecen relativamente graves algunos de los elementos –recién me
refería a uno– que contiene el proyecto de unión civil relacionados con la discriminación.
Uno inconcebible es el contenido en el artículo 24 del proyecto de unión civil, que plantea
que se garantiza el derecho a la objeción de conciencia de cualquier persona que tuviera que
intervenir en actos jurídicos o administrativos vinculados con las regulaciones de la presente
ley.
Si se aprobara esa norma, cualquier empleado puede decir que, por ejemplo, no va a
intervenir en una unión civil no sólo entre dos personas del mismo sexo sino, por ejemplo,
entre una persona blanca y otra negra porque, según su concepción, no tendrían que vivir
juntos; o podría decir que no puede tener una unión de hecho una persona de origen católico
con otra de origen judío porque le parece que está mal. Se trata de un funcionario público. Si
no cumple la ley, qué esperamos sino más que un acto de discriminación en la decisión de no
hacerlo.
Termino mi exposición diciendo que no estamos legislando para las personas
homosexuales. Me despertó la inquietud la senadora Morandini. ¿Quién puede determinar la
urgencia de esta norma? ¿Podemos determinarla nosotros? ¿O sólo tiene derecho a
determinar la urgencia con relación a una norma que discrimina aquel que es discriminado?
¿Cuánto hay que esperar para que termine la discriminación? ¿Cuánto es justo esperar para
que termine el Apartheid, el antisemitismo? Sólo lo puede saber la persona que es
discriminada. No sé cuál es la urgencia. Soy una persona heterosexual pero estoy seguro, por
lo que decía al principio, de que el prejuicio y la discriminación que reciben las personas
homosexuales son muy fuertes. El ethos de una cultura, como todos sabemos bien, desde la
antropología y la sociología, se distribuye en la cancha de fútbol. Vayamos a escuchar lo que
se dice en las canchas de fútbol respecto de la homosexualidad y vamos a ver cuánto está
impregnando a nuestra sociedad y cuánto avanzaríamos si democratizamos instituciones tan
importantes como el matrimonio.
De manera que no me animaría a decir que esto es menos urgente que cualquier otro
tema. No estamos legislando para ellos, porque cuantos más derechos haya en la sociedad,
cuanto más democrática sea una sociedad, todos viviremos en una sociedad más democrática.
Entonces, estoy legislando para mí, para cada uno de nosotros, para cada uno de nuestros
hijos, para que sean más libres, para que tengan más derechos. Lo decía, en 1790, Condorcet:
o bien ningún miembro de la raza humana posee verdaderamente derechos o bien todos
tenemos los mismos.
Aquel que vota en contra de los derechos del otro, cualesquiera sean su religión, su
color o su sexo, está abjurando de ese modo de los suyos. Y eso es lo que estamos
discutiendo acá. Estamos discutiendo un caso particular de una discriminación profunda
respecto del matrimonio de las personas homosexuales, pero estamos discutiendo sobre el
modelo de sociedad en el cual queremos vivir. Como estoy seguro de que la gran mayoría
queremos vivir en una sociedad más profundamente democrática, más profundamente
igualitaria, donde terminemos con todo tipo de discriminación, es que creo que tenemos que
dar un paso importante hoy, aprobando el proyecto que viene de la Cámara de Diputados.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Castillo.
Sr. Castillo. – Señor presidente: ahora sí hemos entrado en las diez horas de debate. Ya ha
pasado el 14 de julio. Tenía ganas de hablar sobre esa fecha, pero ya estamos en 15 de julio.
En primer lugar, quiero agradecer el tratamiento que ha tenido este proyecto en la
comisión; la actitud de generosidad y de participación que hemos tenido todos. En verdad,
algunos teníamos hasta cierta desconfianza cuando se escogían algunas provincias determinadas para hacer las visitas. Pensábamos que, en alguna medida, con estas visitas se
hacía alguna cuestión de orientación. En el caso de mi provincia, tuve una sorpresa muy
notable, porque el debate fue amplio. La señora presidenta estableció cláusulas claras que
fueron cumplidas por todos: se escuchó a personas con un planteo y a otras, con otros
planteos. En efecto, escuchamos más de treinta exposiciones.
Ciertamente, no pensaba que en Catamarca iba a haber ese nivel de planteo, de debate
y de deseo de que esto se lleve adelante, sobre todo, porque existe el concepto de que en los
pueblos chicos, normalmente, la discriminación hacia las personas con sexualidad diferente
suele ser terrible, y estas personas terminan viviendo en las grandes ciudades. Por lo tanto,
este era un proceso natural que uno veía. Sin embargo, allí estaban, tenían ganas de
expresarse y lo hicieron de la mejor manera posible.
Ha habido un proceso enriquecedor. Lástima que sobre este tema no ha habido de
nuestra parte ninguna forma de iniciativa. Y digo lástima porque, quizá, los partidos políticos
no hemos tenido tiempo de poner este asunto en nuestras plataformas. De modo que al
expresar hoy nuestro voto, probablemente, mucha gente, con legitimidad, pueda sentirse
defraudada.
Durante esta tarde, este teléfono ha sonado en varias oportunidades –curas, párrocos,
esto, aquello, lo otro–, a pesar de que tuve charlas con el clero y con los obispos, buscando,
en cierta medida, algún tipo de conversación; ya no era conversación sino, directamente,
algunos planteos. Y la respuesta es que, en mi caso, pocas veces he hecho reflexiones para
votar este tema con mucha autenticidad; es decir, con mucha honestidad intelectual y hasta
confesando que tengo mis prevenciones, mis dudas y mis prejuicios. Como decía recién el
senador por la Capital, cuando yo abordé este tema, no pensaba de la misma manera que
pienso ahora. El hecho de haber tenido que estudiar y dialogar sobre este asunto y el hecho de
tener un pensamiento de apertura, indudablemente, me permitirá votar de forma auténtica.
Y a aquellos que en verdad se puedan sentir defraudados por el voto, ni siquiera les
pido disculpas, porque este soy yo, con el conjunto de valores que tengo y con el grado de
compromiso que tengo como ciudadano ante una sociedad. Digo esto porque, más allá de las
convicciones y de las creencias que hacen a la cuestión de la religión, cuando uno legisla o
gobierna, no debe hacerlo sobre la base de estas creencias y convicciones, porque es
imponerle a unos el convencimiento de otros. En tal sentido, creo que, casualmente,
estaríamos violando, en primer lugar, algo que nuestra Constitución consagra, que es la
libertad de cultos en un Estado de derecho.
Me parece que este es un tema que se agota aquí. Incluso, en otros momentos, como
gobernador, he tenido que resolver planteos que se hacían respecto de la enseñanza religiosa
en mi provincia. Y siempre he tenido, en alguna medida, un criterio de valoración de lo que
es la ciudadanía, la República, para llevar adelante estos temas. Si bien es cierto que por una
cuestión horaria debo abreviar mi exposición, quiero decir que estamos frente a un tema que
tiene larga historia, porque vamos a hablar del matrimonio y su historia y de la
homosexualidad.
Efectivamente, a lo largo de la historia, ha habido distintos tratamientos sobre estos
temas. Yo respeto con convicción y con fuerza las distintas posturas que aquí se han
planteado, porque creo que son absolutamente sinceras. Es más, a esta altura de la noche, me
animaría a decir que, si previo a esto, hubiéramos tenido, quizás, la oportunidad o el tiempo
de cambiar alguna palabra como es la de matrimonio, de haber puesto alguna otra cuestión y
a este plexo normativo darle otro nombre, es muy probable que la mayoría, esta noche, para
este proyecto fuera más amplia, de mayor importancia, de mayor conjunción y de mayores
comunes denominadores. Quiero decir algo más. Este debate ha sido llevado adelante con mucho respeto, como
decía recién el senador Filmus, frente a un país poco tolerante en estos temas. Casualmente,
han venido de afuera de este recinto, de afuera de la política, las críticas más duras y más
fuertes. Nosotros hemos debatido y discutido este tema con muchísima altura y con mucho
respeto porque, en definitiva, el avance de estas cuestiones está ligado a un concepto de
tolerancia que la sociedad debe tener. De hecho, las concepciones que se han tenido a lo largo
de la historia no siempre fueron iguales. No me quiero remontar mucho, porque el senador
Torres ya lo hizo respecto de una parte de la historia de la Grecia clásica.
Me acuerdo haber leído alguna vez a Licurgo, que era el gran legislador de los
espartanos. Ellos tenían una sociedad que era rara. Era una sociedad normalmente bisexual, la
homosexualidad no era cuestionada, pero sí era obligatorio el casamiento o el matrimonio
según su concepto. ¿Por qué? Porque era muy necesaria la procreación, ya que eran los hijos
de la patria. No existía el concepto de familia que tenemos sino que eran los hijos de la patria.
Tanto es así que las mujeres tenían un alto grado de libertad. Amén de casarse en algún
momento, si el marido quedaba herido podían elegir otro para mejorar la especie. Está aquella
vieja anécdota de la madre que mata a su propio hijo luego de una batalla, porque fue herido
en la espalda. O sea, la herida había sido cometida mientras huía. Las cuestiones de cobardía
no eran aceptadas en determinado tipo de sociedades.
Sr. Presidente (Pampuro). – Senador Castillo: el senador Fuentes le solicita una interrupción.
Sr. Castillo. – Sí, por favor.
Sr. Presidente (Pampuro). – Para una interrupción, tiene la palabra el señor senador Fuentes.
Sr. Fuentes. – La legislación de Licurgo establecía, prácticamente desde los 8 hasta los 50
años, la disposición al servicio de la milicia del Estado. Vivían más de 30 ó 35 años juntos y
de a dos en carpa: saque usted las conclusiones.
Después, dicen que había que tener hijos para hacer la guerra…
Sr. Presidente (Pampuro). – Continúa en el uso de la palabra el señor senador Castillo.
Sr. Castillo. – En cambio, la otra parte de la Grecia clásica era mucho más tranquila. A los
atenienses, les gustaba más las cuestiones de filosofía y los poemas, donde el hombre era lo
bello; admiraban lo excelso. En verdad, la mujer tenía un nivel solamente de preservación de
especie.
Tanto es así que la homosexualidad no era cuestionable. Por ejemplo, en la literatura,
tenemos a Aquiles, el gran héroe, y a su novio Patroclo, que muere en manos de Héctor. Ya
no en la literatura sino en la historia, tenemos el caso de Hefestión y Alegrando Magno. No
voy a seguir por la vía del senador Torres para descubrir unos cuantos a lo largo y ancho de la
historia. ¡Ni hablar de Julio César, a quien le decían rey de Bitinia y cosas por el estilo! El
tratamiento de esto en determinada etapa de la humanidad, no digo que fuera, quizás, de
aceptación o indiferencia, pero no era una cuestión de persecución.
Lo mismo sucede con el concepto de matrimonio, que es románico y surge allá por el
400 antes de cristo. En verdad, ese concepto de matrimonio va ligado a una cuestión
económica, a una cuestión de poder. Es a partir de que en algún momento dado de la
evolución, en esa sociedad, necesitan preservar la familia por una cuestión de herencia,
necesitan preservar la familia por una cuestión de poder. Una familia que alcanzó
determinadas cuotas de poder y privilegio en esa sociedad quiere preservar esta situación; y
ese fue el primer concepto. Es decir, el concepto monogámico se da mucho tiempo después –
ochocientos años después–, cuando Constantino se convierte en el primer emperador
cristiano, no por una cuestión de fe ni de creencia sino por una cuestión de mayoría. Esto, en
política, nosotros lo sabemos. Llegó un momento en que había más cristianos que de los otros, y Constantino se volvió cristiano. ¡Y allí –digamos– “fuimos” con toda la legislación pertinente! Pero aun así, ese concepto matrimonial es una elaboración social, una elaboración cultural, una elaboración de un concepto prácticamente revolucionario. Recordemos que en nuestro Código Civil del siglo XIX, el consentimiento del contrayente frente al oficial de Justicia no existía. ¿Qué consentimiento? ¡Los casaban cuando estaba embarazada la madre, cuando eran chiquitos! Casaban a “esta” familia con la otra familia. ¡Era una cuestión de padres, una cuestión de poder, una cuestión de Nación! Hasta el día de hoy lo estamos viendo en ciertas noblezas de Europa. En pleno siglo XIX, todavía observamos que, más allá de que luego la iglesia le ponga una cuestión sacramental, el matrimonio obedecía y obedece a otras situaciones. Es más, creería que la primera reglamentación en cuanto a que el Estado dijo “vamos a ver cuáles son los derechos y deberes que esta institución trae aparejados” es, nada más y nada menos, que la Revolución francesa. A partir de allí, empieza a haber una legislación y comienza este concepto de los códigos, que vino con Napoleón hasta las épocas actuales. El otro aspecto histórico del tema que estamos tratando –la homosexualidad– constituye realmente una lamentable discriminación a lo largo de toda la historia, luego de ese período clásico. En algunos casos, es en la alta Edad Media. Allí empieza, pero no por cuestiones puntuales sino por reacciones a algunas cuestiones. Europa, convulsionada, lanza las Cruzadas “a ver si rescatamos Jerusalén”. En eso anduvieron entre el año de Urbano III, en 1100 al 1200, hasta que Saladino les dijo: “No, miren, Jerusalén es nuestro” y allí se volvieron a esta zona. Ahí empezó una creación realmente terrible para la historia, que es la Santa Inquisición o el Santo Oficio. Algunos piensan que la Santa Inquisición o el Santo Oficio es una cuestión de Torquemada, por el año 1400, y en verdad no es así. El Santo Oficio empieza en el año 1184 en el sur de Francia contra los cátaros o albigenses, que eran una secta que estudiaba la Biblia en forma directa. Para la Iglesia, los cátaros tenían dos problemas: primero, que no creían en el matrimonio –no creían en la institución matrimonial– y, segundo, que estaba muy generalizada la sodomía. Es decir, el mismo tema que estamos tratando acá: sodomía más matrimonio, cátaros, primera creación de la Inquisición por una bula del Papa Lucio III. Después, vienen los otros procesos de la Inquisición española, que es por Torquemada. En alguna medida, es el tema de los conversos que seguían en sus prácticas de judaísmo; pero a eso, le agregaban la herejía, que era el concepto de aquellos que no estaban a favor o el respeto de los dogmas; el caso de las brujas y el caso de los homosexuales. Recién esto ha terminado en España en 1820 y, en nuestra zona, gracias a San Martín y a aquella bellísima Asamblea del Año XIII, que decretó la libertad de vientre, y que tampoco andaban preguntando –como decía recién el senador preopinante– si éramos los primeros o éramos los últimos. En verdad, en esta zona fuimos los primeros, y en esa Asamblea del Año XIII, se termina la Inquisición en esta República, fruto de aquello de Pepe Botella en España. Pero en verdad, las persecuciones al judaísmo terminaron al menos desde el punto de vista de la Inquisición. Hemos visto un pedido de perdón y de disculpas de Juan Pablo II, en aquella ecuménica expresión que hizo en Jerusalén hace aproximadamente diez años atrás, cuando pidió disculpas a la humanidad por los dos mil años transcurridos con algunas cuestiones que se definieron mal.
En definitiva, la persecución a la herejía, con el concepto de libertad de culto, va terminando; la persecución a las brujas, con la técnica y la ciencia, también va terminando. Así que el único elemento de persecución actual es el que estamos tratando hoy en este Cuerpo, es el que sigue teniendo actualidad. Aquel pedido de perdón –pido disculpas por traerlo aquí, pero sigo señalando lo que es natural y lo que no– de Juan Pablo II fue, nada más y nada menos, que por el hecho de que, en un momento determinado, se consideró que era natural que el sol saliera por el este y que se introdujera por el oeste. ¡A Giordano Bruno le costó la hoguera! A Copérnico, ya sabemos; y a Galileo Galilei, le dijeron que se calle la boca. Pero el hombre, según dicen, dijo: “A pesar de lo que me están diciendo, el mundo se mueve”. Alguien había pensado que, por una cuestión de proporciones, el sol era más grande que la Tierra. Entonces, era más probable que ésta se moviera alrededor del sol en lugar de que éste se moviera alrededor de la Tierra. Por ese concepto, que para la Iglesia de aquel momento era lo natural, el que osaba decir algo en contra terminaba en la hoguera. Estas son las cosas que se van superando a través de los años y estos son los debates que se van produciendo. Ahora bien, considerar que un derecho es muy bueno –como escuché esta noche– porque tiene tradición y muchos años no me da el derecho a decir que es mejor. En realidad, será mejor cuando haya una organización jurídica que permita que las sociedades vivan mejor, con mayor libertad y mayor tranquilidad. ¡Belgrano se animó a decir que un buen proyecto de gobierno es aquel que hace feliz a la gente! Bueno, ¡este es el tema! Estos son los procesos a los cuales, en alguna medida, nosotros debemos ir acercándonos. Y llegamos a estas tierras con la institución del matrimonio. Vayan las disculpas no sólo a Fernández sino también a Giustiniani, pero en verdad, Nicasio Oroño, después de haber visto la experiencia de Aarón Castellanos con Esperanza y la primera colonia, decidió tomar este Preámbulo de la Constitución e invitar a que fueran a Santa Fe distintas comunidades. Allí fueron ingleses, franceses y los valdenses, que eran una secta del sur de Francia. Respecto de los galeses, que habían venido a hacer una experiencia al sur, a la Patagonia, parece que algunos tuvieron un poco de frío y, también, se fueron para Santa Fe. Vinieron algunos norteamericanos, que fundaron la colonia de California. Muchos de ellos eran oficiales sureños que habían perdido la guerra de Secesión y se tenían que ir. Entonces, llegaron a Santa Fe. Muchas de esas comunidades eran anglicanas, otras protestantes, y había valdenses, como mencioné. Cuando eran muchos, ellos venían con sus propios pastores. Así se casaban, no había problemas. Pero este no era el concepto que quería Nicasio Oroño: él quería que se casaran entre distintas comunidades y, sobre todo, también con los nativos. Es decir, que estos gringos tuvieran algunos hijos rubios en estas zonas: que se afincaran, crecieran y se desarrollaran. Pero no los podía casar porque eran de distintas religiones. ¿Qué hizo el hombre, entonces? La ley de matrimonio civil, y allá fuimos con la Ley de Matrimonio Civil. Entonces, se produce el enfrentamiento con el obispo Gelabert. Es del caso mencionar que una calle tiene su nombre. Mientras tanto, el pobre Nicasio Oroño todavía no consigue muchas calles que lo reivindiquen. Entonces, ¿qué ocurría? Que a los que se casaban por la Ley de Matrimonio Civil, el obispo no los casaba. Y así fue… Allá fue el gobierno de Nicasio Oroño. No lo voltearon en forma tan directa por eso –el hombre tenía problemas con Urquiza y algunas otras cosas–, pero allí terminó el gobierno de este hombre.
¿Y saben qué? Uno de estos días en que tuve conversaciones con alguna gente de la Curia que no voy a nombrar, que cuestionaba este proyecto de ley, ¡los argumentos que usaba eran los mismos que hace 150 años pero para la ley de matrimonio civil! Acá está un descendiente de Rodríguez Saá. Después, él contará la historia de lo que les pasó a los que en 1887, acá, sancionaron la ley de matrimonio civil. Esos son los procesos de evolución del Derecho. Ese Código Civil nos planteaba los hijos incestuosos, adulterinos, naturales y matrimoniales; por fin, extramatrimoniales y matrimoniales; y quizás, de acá en más, haya otras calificaciones. También estaba el tema de la mujer, que era una mujer relativa de hecho. Recién con un proyecto de los socialistas Juan B. Justo y el otro legislador, cuyo nombre no recuerdo, en 1926, se logra que la mujer soltera, separada o viuda tenga algunos derechos. ¡Y les costó tanto! También está el tema del voto, al que se hizo referencia, que es muy parecido a este proyecto porque en algún momento, cuando se planteó –y era incuestionable que la mujer debía votar porque era una ciudadana; de menor derecho pero ciudadana al fin–, la idea era ponerle otro nombre; la idea era que no podía tener el mismo nombre de “voto”. Es una cosa bastante similar a lo que hoy hemos escuchado acá. Creo que ha habido toda una evolución. ¡Y podemos estar felices de que esta evolución se haya podido ir llevando adelante! Me parece que a estos procesos hay que ir llevándolos con este concepto de transformación y de cambio que la sociedad tiene que tener. Acá he escuchado hablar, tanto en pro como en contra, del plexo normativo. He escuchado, brillantemente, de mi colega Luis Naidenoff que, en verdad, lo que acá se trata jurídicamente es un concepto de igualdad y el concepto de libertad. Que la igualdad implica que todos tenemos el mismo estatus, el mismo derecho, y que la libertad significa, en alguna medida, que tengamos el efectivo uso y goce de ese derecho igual. En verdad, es lo que nos está planteando el artículo 16 que tendremos que analizar seguramente con el 19. A éste habrá que estudiarlo en este tema con el 20, porque es el que habla de los extranjeros; es el que les otorga la posibilidad de casarse a los extranjeros, marcando esta cuestión de la no discriminación, de que todos los habitantes somos iguales ante la ley y admisibles en los empleos, como nos dice el artículo 16. Frente a esto, Luis citaba a un constitucionalista, y yo podría citar a otro como a Petracchi, quien dice cómo es posible que este artículo 16 esté vigente y convivir con normas que, en verdad, discriminaban. Es el caso de la discriminación a la mujer. El Código Penal discriminaba a la mujer, por ejemplo, en la cuestión del adulterio: para el adulterio del hombre era manceba; para el de la mujer, un solo acto y afuera. En definitiva, el 16 ¿qué dice? Que todos somos iguales ante la ley y, para ello, el pre requisito es ser uno: tiene que ser uno mismo. Escuché acá hablar de “natural” o “no natural”. ¿Qué es ser natural? Natural es lo que es; nada más. Viajar en avión no es tan natural; me parece que es más natural andar caminando. La cuestión de las siliconas no es natural; será lo otro… Natural es lo que es. Si después de “ser” tenés una orientación sexual determinada es otra historia, pero vos sos. Esto es previo. Si a esto lo enganchamos con el 19, que es el que nos da la autonomía, que nos da la posibilidad del plan de vida, sin hacer demasiadas elucubraciones jurídicas, lo que podemos decir es que el derecho a casarse de cualquier ciudadano o ciudadana de este maravilloso país implica que pueden hacer su plan de vida en la medida en que no acarree problemas a terceros. Después, Carlos Nino, un constitucionalista, hace mención a cuáles serían los temas que perjudican a terceros; con la cuestión del matrimonio no alcanza. También se ha hecho referencia al artículo 75, inciso 22), y el plexo normativo. Pero vamos a escuchar de un lado y del otro. De hecho, quiero llegar a la conclusión de que podemos tener todas estas normas y aplicarles aquel adagio tan popular del “50 por ciento de la biblioteca y 50 por ciento de la biblioteca”.
La Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles, la Convención Americana de Derechos Humanos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos todos tienen un artículo que dice que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta declaración sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional, social, posición económica, nacimiento o “cualquier otra condición”; otros las llaman “o cualquier otra condición social”. ¿Qué será eso? Hubo un caso, el de Toomen contra Australia en 1994, donde a pedido del Comité, se preguntó qué era esto de “condición social” y, si en ese término, estaba subsumido el tema de las distinciones sexuales en cuanto a su orientación; y la respuesta fue contundente. Podemos fundamentar de la misma manera. Seguramente, Naidenoff lo ha hecho mucho mejor y maravillosamente por su formación jurídica. Pero, ¿saben qué? En el Derecho argentino, tenemos dos fallos al menos, y unos cuantos más: uno, el de Canevaro y, el otro, el de Frei. No sé cuál de los dos fue el descarado que cayó en la casa de sus padres y le dijo “mirá, papá, voy a vivir con mi novio”. Y el padre le contestó: “Mirá, yo soy chapado a la antigua, así que casate”. Y bueno, acudieron a la justicia y se casaron. ¡Miren el lío que armaron! Lo que estoy diciendo es que esto es muy similar a cuando acá se decretó el divorcio con la ley del peronismo, liquidada allá por los años 50 sin que hubiera ley de divorcio vincular, y que abrió la puerta a que los legisladores sancionaran la ley. ¿Qué estoy diciendo hoy? Que más allá del 50 por ciento de un lado o del otro de la biblioteca, hoy, en la República Argentina, las personas del mismo sexo se pueden casar, y lo que estamos decidiendo esta noche es cómo lo pueden hacer. Ahora, ¿cómo se casan? Mediante el amparo, resolución judicial. Todas estas interpretaciones que nosotros hemos hecho, ya las hicieron los jueces. Están en los expedientes, hay sentencias firmes. Entonces, lo que nosotros estamos decidiendo esta noche es si vamos a dar la posibilidad de que se casen cuando ellos quieran, en una fecha determinada, que puedan tener los padrinos o los testigos e invitar a la fiesta y que no hayan tenido que esperar la notificación del amparo. Me gustaría hablar de algo: el tema de los hijos. Esta era una de las cosas donde yo más duda tenía. Entonces, le pregunté a un viejo de mi provincia, y el viejo de mi provincia me contestó que, en todos nuestros pueblos, hay familias numerosas, los chicos se van casando, queda la vieja que se convierte en viuda, y algunas de las hijas que no pueden casar y que nosotros en los pueblos le llamamos “la niña”, la solterona. Como saben hacer de todo pero hay algunas cosas que no pueden hacer, como por ejemplo, ordeñar la vaca o llevar adelante la majada de cabritos, buscan al muchacho, al chango, que es el criado de nuestros pueblos. Es el criadito que está ahí, criado por dos mujeres. ¿Y a quién le importa la orientación sexual que después va a tener esa persona? A nadie. ¿Saben por qué no se acuerdan? Porque la sociedad no discrimina esa situación. Sin embargo, cuando la sociedad tampoco discrimine estas nuevas formas que, quizás, hoy sancionemos, tampoco tendremos las preocupaciones ni nos rasgaremos las vestiduras frente a este tipo de cosas. Para finalizar, les comentaré una anécdota, que es una especie de confesión. Yo también soy diferente. Soy diferente, sufrí también alguna discriminación, y me quedaron secuelas permanentes y algunas transitorias, porque nací zurdo. Soy zurdo de nacimiento, y en primero superior me hicieron cambiar a la mano derecha, motivo por el cual fui tartamudo durante dos años y escribo muy mal; a pesar de que conozco las reglas ortográficas, sigo escribiendo con horrores ortográficos. Por lo tanto, si por ser diferente en algo tan pequeño me sucedieron estas cosas, imagínense cómo sufrirán aquellos que tienen otro tipo de diferencia.

Sr. Presidente (Pampuro). − Tiene la palabra la señora senadora Estenssoro.

Sra. Estenssoro. – Señor presidente: realmente ,me alegra que una sesión que comenzó con tanta tensión y muy violenta, después de casi doce horas se esté desarrollando en un clima de escucha sincera, y con discursos como el del senador Castillo y otros muchos que escuché que, a su finalización, daban ganas de aplaudir. Creo que ha sido muy importante. Hoy al mediodía, parecía que se iba a abortar esta sesión, pero, por suerte, recapacitamos y nos sentamos a debatir. Ese fue el tono que primó durante las semanas en que este tema fue discutido en la Comisión de Legislación General. También, quiero reconocer el excelente trabajo que llevó adelante la senadora Negre de Alonso y todo el equipo de la Comisión. Lamentablemente, en el último tramo, los debates comenzaron a crisparse, pero, por suerte, pudimos recuperar ese clima de búsqueda de un entendimiento común y no hacer de esto una excusa para las divisiones y las chicanas. A mi entender, el proyecto que estamos considerando tiene un objetivo primordial: la integración a la sociedad de un sector que, durante años, fue excluido y discriminado, para que pueda acceder a los mismos derechos que gozan la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas argentinos. En ese sentido, quiero hablar no sólo como senadora, sino también como mujer, esposa y madre porque, justamente, quienes le tienen temor a esta ley de matrimonio homosexual hablaron mucho acerca del rol de la mujer, de la madre y de la familia. Por lo tanto, reitero, no solamente quiero hablar como senadora, sino también como mujer, como madre y esposa, y decir que me solidarizo especialmente con las mujeres y varones homosexuales, quienes hoy no tienen los mismos derechos que los heterosexuales. Como ya se dijo, las personas homosexuales, en la Argentina, no se pueden casar como nosotros, no pueden unir sus vidas ni sus bienes, tener sus hijos, constituir sus familias o heredarse, tal como pueden hacerlo las personas heterosexuales, con todas las garantías recíprocas que permite este tipo de vínculos legales. Por lo tanto, no puedo más que solidarizarme con la comunidad homosexual, porque durante décadas −siglos− las mujeres también fuimos víctimas de una enorme discriminación y desigualdad ante la ley. Hasta hace sesenta años −muchas de las cosas que mencionaré ya fueron expresadas−, las mujeres no podían votar. Se hablaba del sufragio universal pero, en realidad, se trataba de un voto que excluía a la mitad de la población. También se decía, como ahora, que la mujer, la madre, era un elemento valiosísimo, pilar de la sociedad, del núcleo familiar y, sin embargo, no solamente no teníamos derechos civiles y políticos, sino que tampoco se nos alentaba a estudiar para que pudiéramos desarrollarnos intelectualmente y tener autonomía económica y tomar decisiones sobre nuestras propias vidas como hacían los varones. Las mujeres y las madres éramos un pilar fundamental de la sociedad, pero ni en la casa ni en la vida en sociedad podíamos tomar decisiones propias. Eso cambió gracias a los grupos feministas, a políticas como Alicia Moreau de Justo, Eva Perón y muchas otras mujeres y hombres que ayudaron a cambiar las leyes y a llevar adelante las transformaciones legales y sociales que derribaron esas barreras culturales. En este sentido, creo que las mujeres, las madres y las esposas podemos identificarnos con este reclamo de la comunidad homosexual que venimos a subsanar. Por otra parte, quiero decir que entiendo los temores de las personas que tienen miedo sobre a dónde nos va a llevar esta situación ya que es un cambio profundo. No lo es en el sentido de promover algo que no está en la sociedad, pero sí significa legalizar o legitimar algo que está en la sociedad pero se prefiere no verlo, ocultarlo y no darle un rango de legalidad.
En el video que se vio al principio, y ya que llegó la senadora Negre de Alonso aprovecho para decir que ese tipo de herramientas publicitarias no son para el recinto y no aportan información a lo que se habla –tal vez, haya que aprender a no confundir información con publicidad o propaganda, que será parte del debate que espero tengamos en algunos meses cuando se debata un proyecto de publicidad oficial–, había una mujer, una abuela, que decía que tenía 58 nietos propios y otros tantos ajenos que manifestó que venía a defender a la familia con uñas y dientes. Realmente, el proyecto de matrimonio homosexual no es un atentado contra la familia heterosexual. Y lo digo no solamente como senadora sino como esposa y madre de tres hijos. No veo cuál es la amenaza, aunque entiendo que uno se pregunte adónde va a llegar la sociedad o qué va a pasar. Pero no lo veo como una amenaza. De lo que se habla no es de sustituir la familia heterosexual por la familia homosexual. De lo que se habla es de legitimar la ampliación del concepto de familia tradicional. Esto no es algo nuevo. En la Argentina, en las últimas décadas, se ha ido ampliando el concepto de familia. Ya hay en la Argentina de hoy distintos tipos de familias. Están las familias de padres y madres que se casaron por la iglesia y por civil y que perduran para toda la vida. Este ya no es el sector mayoritario. Están los hombres y mujeres que se casaron por la iglesia y por civil, se divorciaron y se volvieron a casar, a veces, legalmente o de hecho, y están también las familias monoparentales, en las que generalmente tienen al frente mujeres jefas de hogar con padres ausentes y que hacen de madre y padre a la vez. Esta es la Argentina de hoy, la Argentina real. Muchas veces me preguntan cuál es mi estado civil. Y digo, un poco en broma pero también en serio, que soy casada, divorciada, soy madre soltera y concubina. Y me gusta decir esto con orgullo, pero también porque muestra la evolución de la mujer en la sociedad en las últimas décadas. Antes decir esto públicamente hubiera sido una deshonra. Hubiera tenido que ocultarme por ser divorciada, por ser madre soltera y por convivir con un hombre con quien no estoy casada legalmente. Sin embargo, hoy puedo decirlo públicamente en el Senado de la Nación, ser senadora y no por eso soy una mujer de mala vida. Esto es lo que ha cambiado en nuestra sociedad. Al igual que la señora senadora Corpacci, yo también tengo una familia ensamblada y hablo a título personal. Varios senadores y senadores han dado su testimonio, porque acá no estamos hablando de expedientes o de códigos civiles sino de personas, de seres humanos y, tal vez, se entiende más cuando llevamos este debate a lo humano y personal, además de lo conceptual. Yo también tengo una familia ensamblada, tengo dos hijos de mi primer matrimonio y Haroldo, mi pareja, me ha ayudado a criar a mi hija. Él no es el padre biológico, pero sí es el padre verdadero; no es el progenitor, pero sí es el páter. Este es el tipo de familias que tenemos hoy. Lo bueno es que yo no he tenido que ocultarme, que es lo que está reclamando la comunidad homosexual: no tener que ocultar o esconder su realidad, sus amores, sus parejas, sus hijos y sus familias.
Quiero contar también otro caso, para que veamos de qué estamos hablando en la vida real. Durante 30 años he sido muy amiga de una pareja homosexual: de Carlos Gallardo y Mauricio Wainrot, una de las parejas o matrimonios más estables, más amorosos, más nobles que he conocido. Carlos y Mauricio estuvieron juntos durante más de 30 años, pero no pudieron casarse en la Argentina y lo tuvieron que hacer en Bélgica. Mauricio es un gran coreógrafo internacional, argentino, reconocido internacionalmente y que, incluso, fue ordenado caballero por el rey de Bélgica, pero en su país es un ciudadano de segunda que no pudo casarse con su pareja. Carlos murió, lamentablemente, hace dos años y no pudo ver legalizada esta relación estable y amorosa, un verdadero ejemplo para todos sus amigos, porque en la Argentina los homosexuales son discriminados. Este caso cercano a mí es similar al de decenas de miles de personas homosexuales que viven de esta manera. Precisamente, hoy hablaba con una de ellas que me decía que no querían más vivir en guetos. La falta de legalización de estas relaciones, de estas familias, hace que la mayoría de los homosexuales vivan escondidos en guetos. Coincido con el señor senador Filmus en que este debate, más allá del resultado que tenga la votación dentro de una hora o cuando se vote, ha sido un gran avance para que hablemos seriamente de estos temas y que para que ya no podamos hablar con sorna o con burla de las personas que tienen una orientación homosexual. Yo creo que si en el Código Civil tenemos dos figuras diferenciadas –el matrimonio civil para las parejas heterosexuales y otra figura para los homosexuales–, eso es discriminatorio; esta es la posición no sólo mía, sino de la Coalición Cívica. Igualmente, en aras de buscar un consenso, estudié y analicé el dictamen sobre el proyecto de ley de unión civil que obtuvo nueve firmas en la Comisión de Legislación General. Realmente, no es una unión civil con derechos plenos y sólo con la restricción de la adopción, como se dijo públicamente. Es una unión civil superprecaria, muy discriminatoria, que representaría un retroceso enorme si se llegara a considerar en este recinto. Con todo respeto digo que es realmente aberrante y escandalosa. En ese sentido, voy a leer algunos de sus artículos porque me parece que si el público conociera este dictamen se daría cuenta de que no estamos hablando de una unión civil que represente un avance real para las personas homosexuales. Ni siquiera están garantizados los derechos patrimoniales ni los bienes gananciales. El artículo 18 dice que antes o después de la celebración de la unión civil el régimen patrimonial puede acordarse por convención realizada por los miembros de la unión civil mediante instrumento público. O sea que no es parte de la unión civil. Esto es un acuerdo extramarital que pueden hacer las personas pero fuera de la institución unión civil. Y ahí uno puede hacer acuerdos de herencia. Por ejemplo, el inciso e) de este artículo dice que los unidos podrán pactar derechos sucesorios, constitutivos, delegados. Pero dice “podrán”, no es que la unión civil, como el matrimonio, ya garantiza derechos de por sí. Respecto de la adopción es también taxativo, y dice que la presente ley no implica admisibilidad legal de la adopción ni implica admitir los procesos de fecundación in vitro respecto de parejas de personas del mismo sexo. Y tiene otras cosas que realmente son muy sorprendentes, y a mí me parece que esto es absolutamente discriminatorio. Dice que la unión civil se suspende por: a) la muerte o y declaración de muerte de uno de los miembros de la pareja y, b) por declaración unilateral de uno de los miembros. Y cuando uno de los miembros decide disolver esta unión, en el caso de la disolución unilateral respecto del unido que no la ha solicitado, el artículo 21 dice que surte efecto a partir de su notificación fehaciente. Es decir que solamente le avisan que se terminó la unión y no hay ningún tipo de derechos recíprocos. Al menos eso es lo que yo entiendo por el texto de la ley. Finalmente, en el artículo 24 hay otra cláusula que realmente es asombrosa. “Objeción de conciencia. Se garantiza el derecho...” –esto sí se garantiza– “...de objeción de conciencia de cualquier persona que tuviera que intervenir en actos jurídicos o administrativos vinculados con las regulaciones de la presente ley.” O sea que si una pareja de homosexuales va al Registro Civil a conformar su unión civil el empleado público le puede decir “No, mire, yo tengo una objeción de conciencia.”
O sea que realmente creo que no hay una voluntad de equiparar derechos, sino de legalizar la discriminación, y a mí eso me parece muy serio. Y creo que para las personas que de buena voluntad dicen “Bueno, por qué no buscamos una solución intermedia, una unión civil” esto sería un retroceso enorme. El otro tema que ha sido muy discutido, y confieso que a mí inicialmente me generaba muchas dudas, es el de la adopción. Pero, al igual que los senadores Castillo y Filmus, a medida que fui pensando en este tema me parece que realmente es como también seguir pensando que las personas homosexuales son diferentes. Respecto de la adopción quiero decir que en la Argentina el sistema de adopción tiene gravísimos problemas. Por un lado hay miles de miles de chicos que están institucionalizados, que durante años tienen sus derechos de vivir con un padre, una madre o una familia denegados completamente, mientras que por otro lado hay miles y miles de personas que quieren adoptar y no pueden hacerlo. Yo me ocupé de este tema cuando me vino a ver una pareja heterosexual que quería adoptar y que hacía 10 años estaban dispuestos a adoptar no chicos recién nacidos sino hermanos, más de uno, ya más grandes. Hace 10 años que están esperando adoptar. Recorren juzgado tras juzgado, van por provincias y no consiguen. El otro día me vino a ver una señora que por fin había podido adoptar un chiquito de 6 años que no podía caminar y que tenía problemas mentales, y me dijo que después de un tiempo de vivir con ella estaba caminando y que no tenía esos problemas mentales tan graves que había tenido hasta entonces por todos los años de institucionalización. Esto no genera movilizaciones tremendas ni debate en la sociedad, y este es el real problema de la adopción. Yo presenté un pedido de informes –el cual se aprobó el año pasado en la Comisión de Población– a la Secretaría Nacional de la Infancia, que depende del Ministerio de Desarrollo Social, pero nunca me contestaron. O sea que el problema de los derechos de los niños violados no es un problema que realmente movilice y preocupe tanto a la sociedad. En este Senado aprobamos la creación del Registro Único Nacional de Adoptantes, para que exista un registro nacional de adoptantes y que los jueces sepan dónde están los padres y madres o las personas que quieren adoptar. De las veinticuatro provincias…
Sr. Presidente (Pampuro). – Senadora...
Sra. Estenssoro. – Ya sé, presidente, pero creo que las cosas que estoy diciendo aportan al debate. De las 24 provincias, solamente nueve han adherido: la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, La Rioja, Neuquén, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Jujuy, San Juan y Santa Fe. El senador Viana habló de Misiones, provincia que no adhirió y es una de las provincias en las que hay un gran problema, como en muchas otras, de tráfico de bebés y niños. Esto es lo que hay detrás de los problemas de adopción. El problema de la adopción oculta esta venta de chicos y por eso no hay un sistema de adopción en la Argentina que funcione bien, transparentemente. Pero el problema no son las parejas homosexuales, y esto tenemos que aclararlo. Antes de entrar al recinto una periodista, que me dijo que era de radio Cultura, ligada a grupos confesionales, me preguntó sobre este tema de la adopción. Me dijo que en este proyecto de ley las parejas homosexuales tenían prioridad para adoptar. Esto es un error de interpretación o una mentira maliciosa. El texto para nada dice que las parejas homosexuales van a tener prioridad para adoptar. Es importante que esto se aclare y se rectifique. Para terminar, cuando hablamos de matrimonio y de familia de lo que estamos hablando es de algo más amplio, que en antropología se llama…
Sr. Presidente (Pampuro). – Perdón, senadora. La senadora Escudero le solicita una interrupción.
Sra. Estenssoro. – Sí, cómo no.
Sr. Presidente (Pampuro). – Para una interrupción, tiene la palabra la señora senadora Escudero. Sra. Escudero. – Señor presidente: aclaro el tema de la adopción. El artículo 315 del Código Civil no está siendo modificado. En dicho artículo se establece que cuando los adoptantes son una pareja de menos de treinta años tienen que esperar tres años de casados para poder adoptar, a menos que demuestren que no pueden procrear. Al aplicarse este artículo, no modificado, a las parejas del mismo sexo de menos de treinta años, como no pueden procrear no tienen que esperar los tres años que sí tienen que esperar las parejas heterosexuales. A eso nos referimos.
Sr. Presidente (Pampuro). – Continúa en el uso de la palabra la señora senadora Estenssoro.
Sra. Estenssoro. – Señor presidente: como lamentablemente las leyes de adopción no se cumplen, como acabo de decir, no veo por qué ese artículo se va a cumplir tan tajantemente y se les va a dar prioridad a las parejas de homosexuales y que eso es lo que se va a interpretar en la reglamentación. No es así, senadora. Es agarrarse de una puntita y no hablar del grave problema. El grave problema de la infancia maltratada, abusada, abandonada en la Argentina no es culpa ni responsabilidad de los homosexuales. Más bien creo que son hijos generalmente de parejas heterosexuales. Me parce que seguir insistiendo con ese tema es continuar con la discriminación. Para terminar, quiero decir que cuando hablamos de matrimonio y familia estamos hablando de algo más amplio, que en antropología se llama sistemas de parentesco. Es interesante saber que fue Alfredo Palacios, el ilustre senador socialista, el primer político que se interesó en estos temas. Tanto es así que realizó la traducción y escribió la introducción de un texto fundamental de estos temas. El libro se llama Sistemas de consanguinidad y afinidad de la familia humana, de Lewis Morgan. Este texto, como tantos otros de antropología –el senador Castillo lo dijo de una manera maravillosa– revela que en la gran familia humana hay muchos sistemas de parentesco, de familias y de matrimonios. No hay una familia natural ni un sistema natural. Los distintos sistemas tienen que ver con la cultura, la religión, las creencias. Son convenciones culturales y sociales que se van modificando y adaptando justamente para que perdure la familia, pero la familia a medida que evoluciona esa sociedad. Hoy en día existen distintos tipos de sociedades. Hay sociedades que son monogámicas, como la nuestra, pero también hay sociedades poligámicas que a nosotros nos parecen muy raras. Hay matrimonios por amor, como ocurre en nuestra sociedad, pero en la India los matrimonios son por convención, por conveniencia. Los padres arreglan los matrimonios y a los hindúes les parece lo más natural. Hay sociedades patriarcales, la mayoría hoy en día, en las que, como dice Freud, el padre es la ley. Pero también existen sociedades matriarcales, donde la ley es la ley de las mujeres, y la figura del padre ni siquiera existe. Esto es asombroso. Esto lo leí en un libro maravilloso que se llama El reino de las mujeres, de Ricardo Coler, un periodista argentino que estudia las sociedades matriarcales contemporáneas que aún perduran, Y en esta comunidad de la China, Mosuo, no existe la figura del padre. Los hijos son de las madres. Las mujeres tienen hijos con hombres y muchas veces no saben quién es el padre de sus hijos. Los hombres viven en la casa de su madre y de sus hermanas; no tienen grandes responsabilidades más que ayudar a las mujeres. Y, según Coler, los niños son muy felices; las sociedades son pacíficas, no son violentas.
Me pareció que era un caso interesante para mostrar. Todo esto sirve para decir que nada tremendo va a pasar si nosotros ampliamos el concepto de familia, si aceptamos e integramos la diversidad, porque las personas homosexuales, que hoy están esperando el resultado de esta votación, quieren legitimar frente a la sociedad sus relaciones de amor, quieren darle estabilidad y garantías a sus relaciones de pareja, a su patrimonio, a su familia, a sus hijos. Y todo habla de tener relaciones sanas, buenas, dignas, dignificadas. Creo que si votamos positivamente la sanción de la Cámara de Diputados, la Argentina habrá dado un paso muy importante.
Sr. Presidente (Pampuro). – Tiene la palabra el señor senador Romero.
Sr. Romero. – Señor presidente: creo que para ver que las mujeres mandan no hace falta ir a China, esto pasa aquí cerca y también en mi casa. (Risas) De todos modos, el ejemplo de China bien válido es. Trato de poner un poco de jocosidad porque, en verdad, este es un tema trascendente que se ha visto politizado con posturas extremas. Se avanza sobre la coyuntura. No se observa que haya habido un análisis de la proyección en el tiempo de esta temática. Y hablo de politización porque aquí el senador por Capital citó el ejemplo de la opinión del Conicet, que no es una opinión científica. Los científicos tienen que expedirse en informes científicos; cuando hacen una opinión de este tipo, es política. Y cómo será de politizada que entendí que dijeron que quienes piensan distinto a esta ley son racistas. Si eso no es una opinión política, si no es un agravio, no sé qué es. Y en ese clima tenemos que tratar este tema tan importante. Desde el oficialismo, ya desde la Cámara de Diputados, se obliga a decir sí o no. No hay otro término. Se obliga a los legisladores a optar por blanco o por negro, suerte o verdad. No se puede analizar este asunto desde otros parámetros. Se esgrime la discriminación como una especie de acusación. Creo que si lo aprobado por la Cámara de Diputados se vota, me van a dar ganas de gritar que me están discriminando, porque tanto se acusa de discriminación que ya esa es una forma de discriminación. ¿Por qué no aceptar discutir posturas de consenso? ¿Por qué no aportar una nueva legislación que contemple los derechos que hoy no existen? ¿Por qué no se buscó conformar en cierta medida a todos los sectores? Somos la Cámara revisora, pero no podemos revisar nada. Por supuesto, creemos que existe un vacío legal que se debe corregir.
– Murmullos en las galerías.
Sr. Romero. – Señor presidente: solicito que no se hable en voz alta en las galerías.
Sr. Presidente (Pampuro). – Por favor, silencio.
Sr. Romero. – De lo contrario, si nos van a interrumpir, pido que se desalojen. Creo que hay que tratar este vacío legal sobre el derecho de los homosexuales. Pero hagámoslo con un tratamiento profundo, que contemple todas las opiniones. Aquí las senadoras Negre de Alonso y Escudero han señalado los defectos desde el punto de vista legal y constitucional, que no voy a reiterar. Se han señalado las modificaciones, las implicancias que tiene, de la manera en que se toca al Código Civil y a todo nuestro ordenamiento jurídico, a veces dejando temas sin resolver o lagunas oscuras. Sin duda que esto representa un cambio social y cultural. Así como entendemos las necesidades de aquellos que quieren legalizar una situación de hecho también, con la misma comprensión, se debe respetar a aquellos que opinan diferente, que creemos que este no es el camino o que esta no es la forma de hacerlo. Se va a reformar el Código Civil o estaremos aceptando otras formas de familia. Nosotros creemos que afecta a lo que entendemos como familia. Y para algunos esa afectación ya existe; se ha hablado de muchas formas pero no queda claro si con la ley estamos facilitando eso o estamos legalizando algo que ya existe.
Volviendo al tema de la discriminación. Hay muchas otras discriminaciones que habrá que ir resolviendo. La discriminación existe de hecho o existe en la visión que puede tener la gente. Nosotros tenemos la obligación de trabajar en contra de todas las formas de discriminación, como aquellas que tienen que ver con la discriminación del no acceso a la educación o la discriminación que genera la pobreza; el interior abandonado y la falta de federalismo son formas de discriminación. Entonces, así como mostramos este empeño por este tipo de discriminación, es bueno también que tengamos el mismo empeño para otros tipos de discriminación. Quiero valorar, porque eso fue ir en contra de la discriminación, el esfuerzo de la Comisión de Legislación y los pocos legisladores que viajaron a las provincias acompañando a la presidenta de la comisión. Más allá de lo que se ha recogido, también es valioso el hecho de que el Senado lleve su presencia institucional a lugares donde jamás tuvieron oportunidad de opinar y escuchar. Valoro la opinión de los participantes, de aquellos que se tomaron el trabajo de viajar por todo el país, patrocinados por el Estado, para difundir las ideas a favor de este proyecto de ley, de los locales que en cada provincia abogaron por este proyecto de ley como así también con todo respeto de la opinión de quienes se manifestaron en contra. Es injusto que en este recinto se critique a la comisión cuando no se ha participado, cuando no se ha viajado o no se ha palpado la realidad. Es injusto castigar y criticar a los que hacen porque es más fácil decir que hacer. Hay quienes creemos, sin considerarnos herejes, que hay otras soluciones, que se han planteado en un dictamen malogrado, que se han planteado incluso en el proyecto que he presentado, de otro tipo de unión civil. Si esto es un cambio cultural que hay que admitirlo, por qué no hacerlo de una manera en que la sociedad lo vaya asimilando. También se ha hablado, y comparto, de qué manera se puede afectar a los niños con la incertidumbre sobre la biología, la paternidad o el tipo de familia que los contenga. También acepto que es posible que las consecuencias psicológicas no sean graves. Lo acepto porque es un tema que no está probado ni a favor ni en contra. Mucho se ha escrito sobre esto pero son temas que no están probados ni en uno ni en otro sentido. El tema de la adopción también es de preocupación porque se trata de los niños. Otros países que han tratado esta legislación han incorporado otros institutos como, por ejemplo, reglar la subrogación de vientres y regular los bancos de donantes de esperma para que, en el caso de la filiación, no haya dudas y riesgos después, y no saltar directamente a dar la solución sin dar los instrumentos que le den legitimidad o certeza a esa respuesta. Este debate de la unión entre personas del mismo sexo es relevante para nuestra sociedad. Prueba de ello es el debate en todo el país. Y no debe quedar ninguna duda de que en ninguna circunstancia se objeta la elección, la opción sexual de las personas; lo que estamos analizando acá es cuál es el método más apropiado para legalizar esas uniones conformadas por personas del mismo sexo. Existen también en otros lugares otras respuestas, como el contrato civil de solidaridad. Hay antecedentes en Francia, en México, en muchos lugares. Se deberían haber analizado con más tiempo y profundidad esas otras opciones. Ese contrato civil de solidaridad aparece como adecuado en algunos casos. Los países –que no sé si son muchos o pocos– que ya han atendido esta problemática, lo han hecho después de superar otros problemas graves y lo han hecho tal vez con un debate más largo, con una gradualidad, aunque sea en el debate, para que la toma de conciencia de la sociedad sea más profunda.
Lamentablemente –y voy a abreviar mi exposición–, nada de esto ha sido posible: ni tratar proyectos alternativos ni