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Jueves 22 de junio de 2017
COYUNTURA
El peronismo se refugia en los gobernadores
Las urnas del año que viene ya condicionan las actividades partidarias, en particular del Partido Justicialista actualmente presidido -formalmente- por José Luis Gioja. El “Presupuesto electoral 2017” es la herramienta más codiciada. Reconocen que no hay líder a nivel nacional, razón por la cual han decidido priorizar la defensa del territorio.
30 de septiembre de 2016
El mapa electoral es revisado en forma permanente por los gobernadores, senadores y diputados nacionales peronistas, que de hecho han conformado un bloque de poder. Así lo admiten en las conversaciones con Parlamentario, café de por medio en los bares de las inmediaciones del Congreso de la Nación, que se ha convertido en principal escenario desde que comenzó la campaña electoral a once meses de los comicios.

No es un ejercicio de ficción calificar a la ley de leyes hoy en discusión como “Presupuesto Nacional Electoral 2017”. Ya anticipamos esta movida en ediciones anteriores, al resaltar una sugerencia del jefe del bloque de senadores nacionales del FpV-PJ Miguel Angel Pichetto a los mandatarios de su partido.

Hablamos específicamente de gobernadores como Juan Manuel Urtubey (Salta), Gildo Insfrán (Formosa), Carlos Verna (La Pampa), José Manzur (Tucumán), Lucía Corpacci (Catamarca), Domingo Peppo (Chaco), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Alicia Kirchner (Santa Cruz), Sergio Casas (La Rioja), Sergio Uñac (San Juan) y Gustavo Bordet (Entre Ríos), y por qué no también Mario Das Neves (Chubut), Juan Schiaretti (Córdoba) y Alberto Rodríguez Saá (San Luis).

La pelea por los números es para no estar sujetos a Balcarce 50 el año que viene, y en rigor tiene un contexto electoral, como admiten los gobernadores, en el sentido de que la elección legislativa va a definir el peso regional de los gobernadores y de los caudillos a la hora de seleccionar los candidatos a senadores y diputados nacionales. Y las eventuales victorias incidirán en la nominación de la fórmula presidencial del PJ dos años después. Esa es la idea.

En ese sentido, el diputado nacional salteño Pablo Kosiner, además de reafirmar la imperiosa necesidad de alcanzar la renovación peronista, enfatizó que “queremos construir un Presupuesto 2017 de acuerdo con las necesidades de la Argentina, y en particular de las provincias”, y que para lograr ese objetivo no van a ceder.

Sin lugar a dudas, es un tema que preocupa al peronismo en su conjunto y que los conduce a no dar un paso en falso para llegar a esas fechas con las relaciones aceitadas, lo mismo que dar las peleas en provincias como por ejemplo Jujuy, donde el peronismo perdió a manos del radical Gerardo Morales. Ni qué hablar de la provincia de Buenos Aires, donde cunde la dispersión en las filas del PJ y del llamado kirchnerismo, La Cámpora o el Movimiento Evita, por citar algunas de ellas.

Entonces, todos ellos estiman que los próximos años demandará un permanente ejercicio de poder donde todavía conservan capacidad de decidir, en particular en el Senado de la Nación, donde la sanción de las leyes depende del bloque que preside Miguel Angel Pichetto, quien enarbola la cualidad de ejercer una oposición responsable, lo que irrita al kirchnerismo duro en su afán de recuperar protagonismo en esos ámbitos para no quedar relegado únicamente a gritar en las calles, como sucede desde el 10 de diciembre último cuando Cambiemos les impuso una derrota que todavía no pueden digerir.

Una bisagra histórica desde el regreso de la democracia en 1983 en términos económicos que incide en el actual momento político, tal vez el más importante de los últimos años por sus características.

En ese contexto hasta ahora cada uno se acomoda de acuerdo con sus intereses, mientras por ejemplo el presidente del bloque de diputados nacionales Héctor Recalde no se cansa de repetir que “es tiempo de unidad”, y pone como ejemplo el trabajo en conjunto del peronismo en sus diversas versiones para analizar los números del “Presupuesto Nacional Electoral 2017”.

Qué alivio

“El peronismo no tiene quién utilice la lapicera y haga la lista que se le ocurra”, es la respuesta dada por el agrimensor sanjuanino José Luis Gioja ante la consulta sobre los cursos de acción del peronismo y las listas futuras. Obviamente la frase hacía referencia a las anteriores elecciones, donde la mano que manejaba la lapicera a su arbitrio era exclusivamente la de Cristina Fernández de Kirchner.

Precisamente quien con anterioridad lo había dicho con todas la letras fue el exgobernador y actual senador nacional tucumano José Alperovich, al señalar que la negociación con CFK no era nada fácil, sino todo lo contrario.

Una conducta que en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, ya no puede repetirse porque Cristina y el exgobernador y frustrado candidato presidencial Daniel Scioli carecen de peso orgánico para definir la nómina de candidatos.

Una de las razones del andar de CFK por el distrito bonaerense, donde votan cuatro de cada diez electores nacionales, es la búsqueda desesperada de votos para no quedar al margen de la arena política, más allá de ciertas encuestas que la colocan en una posición expectante.

Es consciente -como admiten en su entorno- de que el armado de tres bloques de intendentes es una señal de que se acabó la obediencia debida y que a la hora de las definiciones ellos tendrán voz propia y no se enterarán por los medios de comunicación lo resuelto, como solía pasar en los últimos doce años.

Así, el grupo Esmeralda lo conforman, entre otros, Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora; Gabriel Katopodis, de San Martín; Juan Zabaleta, de Hurlinghan; Juan Pablo de Jesús, del Partido de la Costa; Eduardo Beli Bucca, de Bolívar; Fernando Gray, de Esteban Echeverría, mientras que en el grupo Fénix militan Juan Ustarroz, de Mercedes; Walter Festa, de Moreno; Ricardo Curutchet, de Marcos Paz; Ariel Sujarchuk, de Escobar; Santiago Maggiotti, de Navarro, y Verónica Magario, de La Matanza, entre otros.

El tercer grupo está directamente alineado al kirchnerismo duro y tiene como cabezas visibles al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi y de Berazategui, Patricio Mussi, y en un plano menos beligerante a históricos como Julio Pereyra (Florencio Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó), entre otros.

En tanto, el cuarto grupo lo integran intendentes de la Sexta Sección Electoral, denominado Grupo de los Ocho.

Precisamente en una reunión del grupo Fénix realizada en el anexo de la Cámara de Senadores de la provincia se confirmó la intención de trabajar en forma conjunta. La matancera Verónica Magario repitió la necesidad de estar juntos: “Tenemos que evitar votar en forma dividida como el año pasado el Presupuesto provincial, lo que derivó en rupturas que todavía persisten”.

Una afirmación que los presentes -intendentes, diputados provinciales y nacionales-, apoyaron. Juan Carlos Gasparini, intendente de Roque Pérez, apeló a una frase histórica para la síntesis de la reunión: “Seguramente al final del camino nos encontraremos juntos. Como dijo Perón ‘Unidos o sometidos’”.

“No es fácil ser opositor tras 24 años de ejercer el rol de oficialista”, admitió uno de ellos al ser entrevistado por Parlamentario, al tiempo que coincidía con esta revista en que el año que viene los gobernadores han decidido defender el territorio. “Nosotros también tenemos la misma idea”, fue la respuesta.

Todos ellos, palabras más, palabras menos, reconocen -en algunos casos públicamente y en otros en conversaciones privadas- que no cuentan con nadie como líder absoluto del PJ de la provincia de Buenos Aires. Una falencia que le viene como anillo al dedo al oficialismo. El intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, mostró una síntesis de lo que es el peronismo inmediatamente transpuesto el 10 de diciembre pasado. El día 13, más precisamente, al reasumir como intendente tras su paso como ministro de Seguridad de Daniel Scioli, pronunció un encendido discurso en el que se despegó claramente del kirchnerismo. “Sepan que soy intendente del Partido Justicialista, que soy intendente peronista y que nada tengo que ver con el Frente para la Victoria”, dijo. Más claro…

El Partido de la Victoria o Frente para la Victoria son dos denominaciones partidarias que siempre fueron manipuladas desde Balcarce 50 en la década ganada, y si bien ahora carecen de una estructura para dar una batalla electoral, seguramente intentarán dar pelea en algunos distritos electorales, incluso la provincia de Buenos Aires.

Otro espejo del resultado de la derrota electoral a manos de María Eugenia Vidal, es la Legislatura bonaerense, donde tanto en Diputados como en el Senado florecen bloques peronistas como en primavera después del 10 de diciembre último. Con el correr de los meses, los intentos de unificación fracasaron, las relaciones quedaron rotas y la idea de tener una política legislativa de acuerdos a la hora de votar hizo agua. Por supuesto que las idas y vueltas del diputado José Ottavis hicieron su “aporte”, con el romance con la incalificable Vicky Xipolitakis que fue la frutilla de una novela con final previsible, la ruptura con la espigada modelo y su eyección de la presidencia de uno de los bloques que se vindican peronistas.

Este y no otro es el escenario en el principal distrito electoral nacional, que va a demandar más de una negociación para acordar cuál es la salida en el laberinto del peronismo bonaerense. Por lo pronto, como alguien lo definió, es una especie de coexistencia pacífica no solo en el mayor territorio del país, sino también a nivel legislativo.

Lo de coexistencia pacífica es una definición acuñada por el otrora dirigente soviético Nikita Kruschev para hacer referencia a las relaciones que habrían de mantener en el futuro la Unión Soviética y Estados Unidos dentro de la Guerra Fría.

Más allá de la curiosa apelación para definir el estado de situación del peronismo en todos los niveles, es en rigor un dato concreto que las elecciones legislativas de 2017 son el punto de partida de un nuevo peronismo, o un reciclado de cara a las presidenciales, ya que todos los que sueñan estar en el primer piso de Balcarce 50 tendrán alguna participación electoral el próximo año.

Los gobernadores y los intendentes peronistas con gestión argumentan responsabilidad a la hora de ejercer el cargo y las demandas de satisfacer los reclamos de los vecinos. El “Presupuesto Nacional Electoral 2017” a definirse en las próximas semanas mostrará hasta dónde el Pro está en condiciones de acceder a los reclamos. El peronismo juega al todo o nada.

Una opción que tiene al frente al oficialismo de Cambiemos, donde ya reconocen que el año que viene “se juegan todo”, ya que una derrota a mitad de la administración será difícil de remontar de cara a las elecciones presidenciales de 2019. El ganador de los comicios intermedios será un gran elector en los comicios venideros.

Por ahora, lo que se vislumbra es el refugio del peronismo en los gobernadores, la única certeza en danza, mientras los demás dirigentes están pergeñando la unidad, algo lejano por ahora. Algunos legisladores que tienen peso territorial admiten públicamente que “la unidad” está lejana, que suena más a utopía que a una realidad posible.