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Jueves 21 de marzo de 2019
OPINIÓN
El #MeToo criollo da pie al Gobierno a insistir con la agenda de género
“La revolución de las mujeres” le da pie al gobierno para poner en agenda algunos temas, en tiempos de pre-campaña, aunque está el “riesgo” de que el efecto Darthés pueda expandirse a la política. Con cierta tranquilidad, entramos a la semana clave de este diciembre tan temido.
16 de diciembre de 2018
Por José Angel Di Mauro

Al presentar el viernes pasado en Olivos el Plan de Igualdad de Oportunidades y Derechos, el presidente Mauricio Macri no hizo más que retomar la agenda de género que había iniciado el 1° de marzo, cuando al inaugurar por tercera vez un período de sesiones ordinarias sorprendió promoviendo temas tales como el proyecto de inclusión laboral -que finalmente se empantanó en comisión-. Un camino que había marcado cuando pocas semanas antes habilitó el tratamiento del tema del aborto, que consumió la primera mitad del año y dejó fuertes heridas, sobre todo en el seno del oficialismo.

Eran días en los que el gobierno mantenía intacto su proyecto reeleccionista. Más allá de que el clima había cambiado en el verano con la violencia que acompañó la sanción de la reforma previsional, Cambiemos estaba confiado a partir de haber ganado las elecciones intermedias. Prueba de que no imaginaban lo que vendría, el Presidente anunció ante el Congreso que “lo peor” ya había pasado. Todavía se lo facturan.

Pero las expectativas oficiales chocaban con la coyuntura, y atento a que la economía no daba señales esperanzadoras, las usinas de contenidos del gobierno buscaban otros textos para el relato oficial. De ahí que echaran mano a una sorpresiva agenda de género, así como en las últimas semanas eligieron la cuestión de la seguridad como uno de los ejes probables de la futura campaña en la que el gobierno preferirá hablar de lo que sea, menos de economía.

“La revolución de las mujeres”, como definió el Presidente al colectivo encaramado tras la consigna #MiraComoNosPonemos, representa un imán de atención que bien puede generar ideas para explorar, mientras pasa el tiempo y se atraviesa el valle de la crisis. El principal objetivo oficial es hoy transcurrir de la manera más sosegada posible esta sucesión interminable de números rojos económicos a la espera de que en algún momento se inicie el rebote. Será cuando pasen los calores, según los más optimistas.

Mientras tanto el escándalo de los abusos sexuales -en el que el caso Darthés ofició de disparador- se va expandiendo sin encontrar límite. Y por cierto no tardó en llegar a la política, una posibilidad que pagaba dos pesos en las apuestas. El primero en ser alcanzado fue un senador radical no muy conocido por el gran público, pero no por eso menos poderoso en el entramado legislativo, al punto tal de presidir dos de las bicamerales más importantes del Congreso: la de Inteligencia y la Biblioteca del Congreso de la Nación. Juan Carlos Marino, que de él se trata, es además vicepresidente 1° del Senado. No es un don nadie, queda claro.

Era incluso precandidato a gobernador de La Pampa, un distrito donde le fue muy bien a Cambiemos en 2017, al punto tal de haber ganado las PASO y perdido después las generales de octubre por apenas 76 votos. Enfermo de cáncer, el gobernador Carlos Verna no buscará otra reelección, pero el clima del país ha cambiado tanto que nada indica que el peronismo vaya a perder esa provincia. En rigor, no hay muchas expectativas para que el año que viene el oficialismo vaya a dar algún batacazo, y así es que hay cierto fastidio en el interior de Cambiemos al enterarse los radicales de que hay varias provincias donde al gobierno no le preocupa demasiado ganar. La Pampa es una de ellas -también Entre Ríos y Santa Cruz, entre otras-. Marino había bajado su candidatura justo antes del escándalo, molesto por el manejo de la interna de Cambiemos en su provincia.

La denuncia que lo involucró generó mucho fastidio en el interior de la coalición gobernante, y el silencio del senador no contribuyó a echar luz. Pero las dudas no exceptúan a la denunciante, quien felicitó el lunes pasado al senador en las redes sociales por haber figurado entre los más votados para el Premio Parlamentario, instándolo a seguir “trabajando así con ese ahínco e ímpetu democrático siempre en favor de los débiles y desposeídos”. Dos días después lo estaba denunciando...

La exploración de la agenda de género muestra como dijimos el objetivo oficial de centrar la atención en temas que no dejen tan mal expuesto al gobierno, en tiempos en que ya la mente está puesta en la campaña. No hace mucho tiempo, cuando los resultados de las legislativas estaban aún frescos, el radicalismo se ilusionaba con ganar el año que viene en nueve provincias. La crisis fue morigerando ese ímpetu y hoy se conforman con mantener las que ya tienen, y sumar Santa Cruz y tal vez La Rioja. En ambas vienen ganando las legislativas, y pierden por poco las elecciones ejecutivas, pero los candidatos de esas provincias saben que la ola nacional les puede jugar en contra. El santacruceño Eduardo Costa viene enojado con la Rosada, pues sospecha que no tienen mucho interés en su triunfo. Ya se ausentó en la sesión del Presupuesto, para dejar sentado su malestar, que se incrementó esta última semana con el resultado del planteo contra la Ley de Lemas ante la Corte Suprema. Costa piensa que su gobierno no hizo nada para que los cortesanos avalaran su presentación. Tiene razón, pero no es novedad que el Ejecutivo no tenga llegada a ese Tribunal. No contribuyó que el mismo día el ministro Rogelio Frigerio visitara Santa Cruz y se fotografiara muy sonriente con Alicia Kirchner.

Las usinas electorales de Cambiemos hoy analizan seriamente qué hacer ante lo que sucederá el próximo año con la decisión tomada de varias provincias de adelantar las elecciones. La medida genera sensaciones encontradas en la Rosada: por un lado, satisface al gobierno que los gobernadores se despeguen de la presidencial y sean por lo tanto casi prescindentes de la suerte del candidato opositor en octubre; pero por otra parte semejante sucesión de elecciones donde gane el peronismo alentará una sensación adversa para Cambiemos. Por eso no ha sido archivada la idea promovida desde La Plata -sugerida entre otros por Emilio Monzó- de adelantar también los comicios bonaerenses. La medida sería para despegar a los intendentes de la boleta de Cristina Kirchner, y a su vez garantizar la reelección de María Eugenia Vidal.

En principio, Marcos Peña mostró su rechazo total, pero en los últimos tiempos cambió su postura por un “vamos a ver”. Lo seguirán analizando.

Intendentes peronistas consultados por este medio descartaron de plano que las elecciones bonaerenses se vayan a despegar de la presidencial. Mientras esquivan hablar de la certeza inexorable de que terminarán todos encolumnados detrás de Cristina Kirchner, no vislumbran que al final el Presidente vaya a jugar sin el nombre de la gobernadora en su lista sábana. “Al final se va a hacer lo que diga Macri”, sintetizó un jefe del Conurbano que tras varias reelecciones esta vez dará un paso al costado.

Pero fuentes consultadas por este medio no dan el tema por cerrado. No verían con malos ojos que la sucesión de éxitos electorales opositores fuera contrarrestada antes de octubre por la reelección de Vidal, y luego la gobernadora siguiera de campaña junto al Presidente. Ya el año pasado Cambiemos supo gozar del activo de esa figura sin su nombre en la lista, y venciendo nada menos que a CFK.

Todo dependerá de cómo evolucione la economía, el factor que solo dio malas noticias a los argentinos a lo largo de este año en el que el gobierno pasó de “lo peor ya pasó” a “somos malos dando pronósticos”, sin escalas. La semana cerró con datos inquietantes, no tanto por el dólar subiendo, sino por el riesgo país escalando más. Las explicaciones de ese comportamiento del mercado no son homogéneas, pero muchas apuntan al factor judicial. La salida de prisión de Boudou habría hecho su aporte; otra vez los jueces moviéndose al ritmo de las encuestas. La causa de los cuadernos, lejos del efecto lapidario que se esperaba tuviera sobre el kirchnerismo, se ha convertido en un lastre para la economía, enojando a los empresarios con el gobierno, y en ese contexto que el apellido Macri figure en las indagatorias no aporta tranquilidad.

Si el riesgo país está así ahora, ¿qué puede esperarse cuando la campaña esté desatada y las encuestas pesen de verdad?

La buena noticia que por lo bajo murmuran en las esferas del poder pasa por el avance “tranquilo” del mes de diciembre. La que viene será la semana clave, en la que el gobierno pondrá toda la atención para evitar cualquier desmadre, pero no hay señales que preanuncien ningún tipo de estallido. Es el mismo diagnóstico que hicieron ante este medio los intendentes peronistas consultados, que pese a trazar panoramas dramáticos del Conurbano, descartaron de plano desórdenes. Con una pobreza nuevamente en alza, la inflación de noviembre más alta de lo esperado y el humor social en un punto crítico, las elecciones son esta vez la válvula de escape para que la situación no sea deliberadamente explosiva. Hoy no hay interés para que la situación se descalabre.