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Domingo 25 de agosto de 2019
OPINIÓN
Reflexiones sobre el Acuerdo Mercosur-Unión Europea y perspectivas futuras
Por Marcia Graf Rey. La asesora de política internacional sostiene que la progresiva aplicación del acuerdo abrirá camino hacia una mayor agilidad de la estructura interna del Mercosur.
5 de agosto de 2019
Mientras el mundo se debate sobre el retorno al proteccionismo, impulsado principalmente por la política de “América First de Trump”, luego de la crisis financiera internacional de 2008 que ubicó a los países desarrollados contra las redes, y ante un contexto actual de renegociación de acuerdos como el TLCAN, marcado por la guerra comercial entre China y Estados Unidos, en la última semana de junio de este año, precisamente el día 28, los países del Mercosur firmaron el Acuerdo con la Unión Europea que fue iniciado hace veinte años, en 1999. Ahora bien, ¿cómo es que se llegó a un entendimiento después de tantas idas y vueltas, y cuáles son las claves que deberemos seguir a partir de ahora? A continuación, veremos algunos elementos relevantes a tener en cuenta.

Como sabemos, los acuerdos de libre comercio tienen como principal objetivo liberalizar la circulación y el intercambio de productos y servicios entre los países, algo que es posible gracias a la eliminación de barreras arancelarias, como son los impuestos a las exportaciones y a las importaciones, y también de barreras no arancelarias como pueden ser las exigencias sanitarias para el ingreso de alimentos. Partiendo de esta base, hay al menos cinco claves del Acuerdo entre Mercosur y Unión Europea (AMUE) que debemos considerar. La primera de ellas tiene que ver con el particular contexto en el que se posibilitó la firma. Se trata de un marco de necesidad de amplitud de mercados y de búsqueda de nuevos socios frente a un eventual colapso del comercio internacional mientras los titanes se enfrentan. En segundo lugar, hay que decir que el entendimiento también surge en una era en donde los procesos de integración, como la Unión Europea y el Mercosur, aparecen debilitados. Tal es así, que la UE enfrenta el proceso de salida del Reino Unido del bloque, junto a oleadas nacionalistas en varios de sus países miembros. Por el lado sudamericano, la integración y la cooperación han tenido sus reveses. El Mercosur afrontó un deterioro, entre otros motivos, por el marcado proteccionismo aplicado durante décadas; además de la reciente eliminación de la UNASUR y su reemplazo con el PROSUR, que aún no se sabe bien hacia donde apunta, ya que su constitución carece de objetivos, lineamientos y de cualquier tipo de reglamento.

Por otra parte, si bien el AMUE puede ser una bocanada de aire para mejorar la situación económica de los países miembros, no debemos olvidar que tanto el presidente Mauricio Macri, como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apuestan a una mayor liberalización, aún incluso cuando eso implique reformar el bloque regional en su totalidad. Una tercera cuestión yace sobre los ganadores y perdedores del acuerdo, lo cual intentan explicar recurrentemente todos los medios y publicaciones al respecto, a pesar de que todavía no se conocen mayores detalles. En este sentido, hay que considerar cuál ha sido el punto de partida para la cooperación e integración de ambos grupos: por un lado, tenemos países emergentes con fuertes debilidades estructurales que vienen de atravesar tanto crisis económicas como políticas; y por el otro, países con mayor poderío a todo nivel en la escala internacional. En consecuencia, habrá que ver cuál será la influencia que va a ejercer la política al interior de cada país a la hora de resolver la entrada en vigor final de este acuerdo, ya que todavía resta negociar las especificidades que podrán tornar la balanza a favor de ciertos sectores y en detrimento de otros. Del lado europeo, las diferencias vienen del sector agrícola, sobre todo de los ganaderos y del sector agropecuario en Francia y en Irlanda, aunque sabemos que los productos agrícolas más sensibles que exporta Sudamérica ya tienen cuotas asignadas. De parte del Mercosur, la inquietud más patente es la de los sectores industriales debido a que el nivel de competitividad y de escala de un bloque y otro está desequilibrado. En este marco, si la industria automotriz, que en Brasil y en Argentina está fuertemente protegida, no aprovecha el tiempo que le ofrece el acuerdo para volverse más competitiva, se encontrará con muchas dificultades. Con relación a los alimentos, Mercosur se comprometió a eliminar progresivamente los aranceles al vino, al chocolate y a las bebidas alcohólicas con origen europeo, y los lácteos (especialmente quesos) entrarán sin arancel y lo mismo ocurrirá, con la carne argentina que llegue a Europa. Otro sector de Mercosur que va a notar la presión de la competitividad es el farmacéutico ya que se eliminarán los aranceles que gravan los productos importados.

Como cuarta clave, está el tema de las reglas de origen, es decir aquellos criterios necesarios para determinar la procedencia nacional de un producto. Su importancia radica en que los derechos y las restricciones aplicados a la importación pueden variar según el origen de los productos importados, y en un mundo donde prima la globalización se torna crecientemente relevante lograr cierto grado de armonización entre las prácticas adoptadas. En este sentido, el acuerdo permitirá a los exportadores e importadores de ambas partes beneficiarse de reducciones arancelarias. Y finalmente, hay probabilidades de que no se apruebe la “letra chica” del acuerdo y de que nunca se lleve a cabo y quede sólo como una anécdota de un momento político en la historia del Mercosur. Si bien no existen antecedentes de que el Congreso Argentino haya rechazado un acuerdo comercial, eso no quiere decir que no pueda ocurrir o que sea demorado dando lugar a la reapertura de nuevas negociaciones. Algo así sucedió con un tratado con Egipto que estuvo pendiente por siete años hasta que fue ratificado por la casa legislativa en 2017. De parte de la UE también resta que se produzca el procedimiento legislativo ordinario, lo cual significa que su Parlamento, directamente elegido, deberá aprobar el Acuerdo junto con el Consejo, formado por los gobiernos de los 28 países miembros. La principal amenaza de no ratificación reside en que, en ambos bloques las autoridades responsables están próximas a finalizar sus mandatos y no hay garantías de continuidad.

En resumen, podemos pensar un panorama de aprobación del acuerdo y de progresiva aplicación que abra camino hacia una mayor agilidad de la estructura interna del Mercosur. En dicho entorno la teoría del comercio internacional nos indica que la apertura comercial es positiva ya que amplía las posibilidades de consumo para las poblaciones, y porque además torna a las actividades económicas más eficientes, alzando la vara en términos competitivos, con lo cual aquellas empresas que no estén a la altura mejorarán o desaparecerán. Resulta claro que los miembros del Mercosur y, en particular, la Argentina, van a tener que trabajar en profundidad cuestiones que tienen que ver con la competitividad, la infraestructura, los costos de logística y laborales, la presión y la estructura tributaria y los costos financieros para las empresas. Para el Mercosur, puede resultar muy ventajoso si se fortalece el intercambio comercial con quien es responsable de un tercio del comercio global de bienes y servicios, ya que el bloque sudamericano se encontraba atrasado en su proceso de vinculación comercial con el resto del planeta y este será su primer tratado con potencias económicas industrializadas. Quienes están a favor del Acuerdo hablan de un posible salto de calidad, de mayor transparencia y adecuación de la Argentina al contexto internacional, y entre sus detractores el principal argumento es el de la pérdida de autonomía y de quiebre de empresas y pérdida de empleos, sobre todo, Pymes. Por su parte, es muy probable que la Unión Europea eleve su diversificación comercial y vocación aperturista frente al avance nacionalista y proteccionista, y será el mayor acuerdo que ha celebrado a la fecha; posee entre otros, acuerdos comerciales con Japón, Singapur, Vietnam, México, Chile, Australia y Nueva Zelanda.