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Sábado 24 de junio de 2017
OPINIÓN
Se dio en Diputados el escenario que el oficialismo quería evitar
No se recuerda en el Congreso una sesión como la de este miércoles 15 de febrero, en la que el espacio de las cuestiones de privilegio haya sido mayor que el del debate legislativo. Gruesos epítetos contra el gobierno por el tema del Correo.
16 de febrero de 2017
Por José Angel Di Mauro

A poco de haber asumido el gobierno de Cambiemos recibió de parte de sus socios legislativos radicales una recomendación: “Si no tienen los votos asegurados, no llamen a extraordinarias”. Con mucha más experiencia en la materia, sabían de qué hablaban los diputados radicales que hicieron la sugerencia de no abrir las puertas del recinto “a ciegas”.

El gobierno tomó debida nota de ello y por una vez les hizo caso. Además, estaba la tentación del DNU, aunque de entrada nomás derrapó con los decretos al desatar tempestades con la designación “en comisión” de dos jueces para completar la Corte Suprema de Justicia.

El Presidente volvió sobre sus pasos rápidamente y pareció que había sido un error, pero hoy visto en el tiempo parece que fue más que eso. El primero de una larga sucesión de barquinazos.

Fue atinada la decisión oficial de dejar pasar el verano para activar las cámaras, aunque en realidad sí llamó a extraordinarias en el Senado, para tratar pliegos diplomáticos, ascensos militares y dar ingreso a los pliegos de los elegidos para la Corte. Pero mantuvo cerrada la Cámara baja. En el ínterin, el kirchnerismo sufrió fugas que diezmaron el centenar de miembros con que contaba originalmente y el interbloque Cambiemos pasó a ser la primera minoría. Fue un detalle clave.

Para este verano las cosas no venían mejor. La experiencia de la aprobación del proyecto sobre Ganancias dejó tan enojados a los diputados oficialistas, que le sugirieron otra vez al Ejecutivo mantener cerradas las puertas del Congreso, para “congelar la imagen del massismo junto al kirchnerismo” en esa recordada conferencia de prensa sobre Ganancias durante todo el receso. Después primó el pragmatismo, se aquietaron los ánimos y se acordó un nuevo proyecto y salió la ley.

Pero el resto del paquete de proyectos previsto por el Poder Ejecutivo para extraordinarias fue guardado, decidiéndose no activar el Congreso hasta el período ordinario que se inicia en dos semanas. Tiempo en el que es un secreto a voces que Cambiemos se mantendrá a la defensiva y promoverá la menor actividad posible en ambas cámaras. La idea era aprovechar el receso y manejarse con decretos, pero ahí tampoco le fue bien, pues tuvo que volver sobre sus pasos una vez más con dos de sus DNU: el de los feriados, donde pagó caro haber incluido la movilidad del Día de la Memoria, y el de las ART, ante la certeza de que no podría ser validado en ninguna de las dos cámaras.

Precisamente el tratamiento de la reforma de la Ley de Accidentes de Trabajo que había dispuesto por decreto, pero que se vio obligado a instrumentar ahora por la vía legislativa para evitar una insurrección en el Congreso, lo obligó a abrir las puertas de la Cámara baja, aquellas que quería tener cerradas.

La recomendación de no sesionar no tenía que ver con el riesgo de que se filtren proyectos complicados, pues en extraordinarias solo se abordan iniciativas enviadas por el Poder Ejecutivo. Era una decisión eminentemente política, para evitar que sucediera lo que finalmente pasó este miércoles en la Cámara baja.

En efecto, la convocatoria a sesionar en Diputados se dio en el peor momento político para el gobierno cascoteado por el escándalo desatado en torno al acuerdo por la deuda con la empresa de la familia Macri por el Correo Argentino. La oposición tenía cuestiones acumuladas durante todo el verano para descargarse contra el gobierno, por ejemplo las expresiones vertidas por Juan José Gómez Centurión sobre la dictadura, cosa que había desatado tempestades hace pocos días. Pero tan polémico fue lo del Correo, que lo del titular de la Aduana quedó en un segundo plano, y apenas un legislador cercano a Juan Manuel Urtubey se encargó de mencionar el tema.

En los anales legislativos no se recuerda una sesión como la de este miércoles 15 de febrero, en la que se anotaran nada menos que treinta cuestiones de privilegio -que finalmente terminaron siendo muchas más- para ser expuestas en el inicio de la sesión. Tan era así que en los cálculos previos se admitía una duración estimada en siete horas, donde la mitad sería monopolizada por las cuestiones de privilegio.

La parte amable, destinada a los homenajes, duró poco más de media hora, en la que se recordaron al recientemente fallecido José María Díaz Bancalari, y al caudillo neuquino Felipe Sapag, a cien años de su natalicio. Después se inició la tormenta, con un pedido de una diputada de la izquierda para interpelar que al presidente Mauricio Macri, el jefe de Gabinete Marcos Peña y el ministro Oscar Aguad. Más allá del resultado previsible en la votación, después vino una catarata de cuestiones de privilegio relacionadas en su mayoría con el tema del Correo, pero todas contra el gobierno.

Y buena parte de ellas fueron cuestiones de privilegio contra el presidente de la Nación, nada menos. Los términos en los que los legisladores se refirieron al gobierno en general y al Presidente en particular mostraron el tenor de los discursos. Desde el kirchnerista Oscar Anselmo Martínez que lo citaba como “ingeniero presidente”, a Felipe Solá, que lo llamó “niño bien”.

Se habló insistentemente de “gravedad institucional”, pero la dureza no estuvo monopolizada por el kirchnerismo, como se preveía: sorprendió el tono del massismo. “Estamos frente a un gobierno que hace lo que se le antoja”, disparó una diputada del Frente Renovador, en tanto que otro del dasnevismo comparó el acuerdo por el Correo con los casos de corrupción del gobierno anterior. “Con esto que vemos, (José) López pasa a ser un punga”, ironizó el chubutense Jorge Taboada, que luego insistió en que “el gobierno de Mauricio Macri no se diferencia de los anteriores”.

El kirchnerista neuquino Darío Martínez, denunciante de Mauricio Macri en la causa Panamá Papers, sostuvo que “está claro que los argentinos en las elecciones han comprado un buzón”, y advirtió que “es el momento de ponerle freno a este presidente”.

Tal vez el broche de oro lo puso la joven diputada camporista Luana Volnovich, que calificó a este gobierno como “el de las intrigas, el de los espías”, y concluyó advirtiendo que “la democracia está en peligro y nuestro anhelo colectivo es que vuelva Cristina para recuperar la democracia que está en riesgo”.

Un anticipo de lo que viene para este año electoral, y el recibimiento que le espera al Presidente para cuando el 1° de marzo se presente en la Asamblea Legislativa. Y lo que le espera a Cambiemos si no le va bien en las elecciones.