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Martes 19 de septiembre de 2017
OPINIÓN
¿Por qué las Universidades Populares?
Por Brenda Austin. La diputada nacional de la UCR advierte sobre cierta incapacidad para garantizar el acceso a una educación de calidad para todos, y señala que la universidad da cuenta de esa enorme segregación educativa.
14 de abril de 2017
Aprender a lo largo de toda la vida. Generar espacios de Educación Permanente. Construir ciudadanía.

La UNC y la Cámara de Diputados fueron, en estos días, escenario de las Universidades Populares. Lo vimos en los diarios, lo escuchamos en la radio.

Pero, ¿Qué son? ¿Por qué hacen falta? ¿Para qué sirven?

La historia de las UUPP se remota tiempo atrás, encontrando en la Reforma Universitaria de 1918 a sus primeros promotores. Bajo el gobierno de Yrigoyen surgieron las primeras y fue recién con Arturo Illia que se les reconoció el derecho a la utilización del nombre. Como toda educación transformadora, las dictaduras de Onganía y del 76 fueron un duro golpe a su desarrollo. Pese a ello, conviven hoy en Argentina, varias sobrevivientes, entre ellas la Universidad Popular de La Boca y la de Belgrano, próximas a los cien años de vida.

¿Cómo es entonces que algo gestado casi un siglo atrás puede ser una respuesta a los problemas educativos actuales? Son varias las razones.

En primer lugar, el sistema educativo muestra cierta incapacidad para garantizar el acceso a una educación de calidad para todas las personas. La mitad de los jóvenes no termina la escuela secundaria y la mitad de quienes lo hacen no comprenden lo que leen o no pueden realizar operaciones matemáticas básicas. La Universidad da cuenta de esa enorme segregación educativa, teniendo entre sus estudiantes a 6 de cada 10 que pertenecen al quintil de mayores recursos y menos de 2 de los sectores de menores ingresos.

Es urgente generar estrategias al interior de la educación para transformar esos indicadores. Inclusión con calidad y acciones orientadas a disminuir la desigualdad educativa (por regiones, por contextos socioeconómicos y por el carácter pública o privada de la escuela).

Sin embargo, bajo la hipótesis de que nos vaya bien y en el corto plazo encontremos la vía para convertir a la educación pública en la herramienta que iguale en oportunidades, aun así tendremos ya generaciones de argentinos fuera del sistema educativo formal, sin esperanzas, en un mundo donde el conocimiento es esencial.

El segundo factor es la transformación del mundo del trabajo. Los procesos crecientes de automatización, la biotecnología, la robótica, la inteligencia artificial, anticipan cambios en la economía global, que, al menos, impactarán transformando los trabajos que hoy conocemos.

Corea del Sur, con una enorme inversión educativa patentó en EE.UU. 18.000 invenciones en un año, Brasil 320 y Argentina apenas 70.

Autos sin conductor ya circulan por las calles del mundo y es sólo una ventana de lo que se viene.

En ese contexto, necesitamos una verdadera “explosión” educativa. Necesitamos sembrar en todos lados oportunidades de aprendizaje que pongan foco en la educación permanente y a lo largo de toda la vida. Poniendo el eje en las competencias y habilidades, en la formación integral del ser humano, en el despliegue de la creatividad, el arte y la innovación. Necesitamos muchas manos brindando muchas oportunidades.

Y ahí, aquel viejo anhelo de los reformistas, de los socialdemócratas europeos, del pensamiento krausista, vuelve a tomar fuerza. Universidades Populares ancladas a Municipios, a las Universidades tradicionales, a Asociaciones Civiles sin fines de lucro. Universidades Populares brindando herramientas de formación para el trabajo, idiomas, capacitaciones en el uso de las tecnologías, promoviendo un diálogo fecundo con sus entornos productivos, incentivando la cultura emprendedora, promoviendo el plan de vida de cada persona, desarrollando simplemente el deseo de aprender y de crecer. Superar el paradigma de “estudiar para aprobar” para comprometernos con la idea de “aprender para progresar”, dicen los amigos de Extremadura, en donde la red de UUPP alcanza al 95% de los municipios.

Un nuevo paradigma educativo, con nuevos actores, con nuevas estrategias y con mayores oportunidades. Un sistema que además sea capaz de certificar los saberes y conocimientos adquiridos, y que permita ser una escalón y un puente con los sistemas educativos formales. Es tender la mano a quienes hoy no tienen en su horizonte de expectativas a la educación como una herramienta capaz de abrir puertas, o al menos no creen que se abran para ellos.

Transformar de raíz, construir procesos colaborativos, sinergia en red entre instituciones públicas y privadas, y volver a poner a la educación en el centro de la escena.

Como decía García Márquez, están dadas las condiciones para que la educación vuelva a ser el órgano del cambio social, con una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable, que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar y "que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía."

Por ese sueño, por esa educación que, para los reformistas, era esa larga obra de amor a los que aprenden, es que seguimos creyendo que es posible encontrar en la educación la herramienta para transformar el mundo.