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Viernes 17 de noviembre de 2017
OPINIÓN
En defensa de nuestra cultura, identidad y construcción colectiva:el vino
Por Pamela Verasay. La senadora de Cambiemos cuestiona el gravamen impuesto al vino y espumantes, cuestiona la definición de “perjudiciales para la salud” para ese producto y aclara que defenderá los intereses de su provincia.
1 de noviembre de 2017
Las recientes medidas anunciadas por el Poder Ejecutivo Nacional en relación a la suba de la alícuota a la bebida nacional, el vino, y a los espumantes, hacen necesario dejar en claro y fuera de cualquier especulación mi postura como senadora nacional en representación de Mendoza.

En primer lugar, es inaceptable pretender equiparar al vino con las bebidas gaseosas, cervezas y espirituosas. Los argumentos en este sentido son innumerables, pero bien vale la pena señalar algunos que no implican un exhaustivo conocimiento de la industria, sino que corresponden a la aplicación del más simple y llano sentido común. La producción del vino y los espumantes no es una industria química ni de productos en serie, configura una verdadera economía regional que implica la concurrencia de infinidad de actores en su proceso: desde el viñatero hasta el sommelier, pasando por enólogos, chefs, diseñadores gráficos, publicistas, hoteles, artistas plásticos, despachantes de aduanas, actores, bailarines, ingenieros agrónomos, fábricas de botellas, etc. En síntesis, es más que una industria; es una cultura, una identidad, una construcción social colectiva creada a través de los años y el trabajo constante de una región. No existe la “Fiesta nacional de la bebidas colas”, ni la “ruta de las isotónicas”.

Cuando se incluye entre los productos “perjudiciales para la salud”, no sólo ofende a quienes han estudiado seriamente los efectos del vino en la salud, sino que contradice una de las pocas políticas de Estado que mantiene nuestro país. Entre las consideraciones de la declaración del vino como bebida nacional se remarca con especial énfasis los efectos beneficiosos que el consumo moderado produce.

En este sentido, quienes sostienen la opinión de que la Organización Mundial de la Salud considera al vino perjudicial para la salud, recaen en una postura sesgada, falaz y arbitraria, dado que con el mismo criterio deberíamos gravar la carne, el pan y la mayoría de los productos alimenticios que, consumidos en exceso, son perjudiciales para la salud.

En segundo lugar, la producción vitivinícola es una de las pocas industrias nacionales con valor agregado que exporta sus productos al mundo. Una actividad que ha sido elogiada en diversas ocasiones por su iniciativa, capacidad de adaptación, calidad y variedad. Justamente, se estaban y se están buscando las herramientas para poder tener mayor competitividad con respecto a los mercados internacionales. Esta imposición sería un nuevo lastre, casi imposible de levantar, y que se agrega a las trabas con las que ya debe lidiar el sector.

En un contexto donde el vino tiene que encarar una lucha desigual en el mercado interno, que va perdiendo contra las cervezas y demás bebidas, agregarle mayores costos que terminará asumiendo el consumidor sería condenarla poco menos que a la paulatina desaparición o, por lo menos, como la conocemos y como aspiramos a que sea.

Las arduas gestiones encaradas por el gobernador Cornejo y sus ministros han logrado morigerar el golpe inicial. No es suficiente, los sabemos. Pero señala un camino en donde debemos enfocarnos en no sólo defender en bloque a nuestra industria madre, sino que aprovechar este momento de crisis para ir más allá y proponer los cambios y reivindicaciones históricas de nuestra economía regional. Muchas veces la mejor forma de defender lo nuestro es adoptando una postura propositiva, proactiva y a la ofensiva, si se permite el término.

Finalmente, deseo ratificar y hacer explícito, nuevamente, lo que dije antes de que me honraran con este cargo y lo que ha sido la guía principal para todas mis gestiones y proyectos. Soy representante ante el Senado de la Nación por Mendoza y miembro de la Comisión Bicameral de Reforma Tributaria. En consecuencia, no sólo jamás actuaré en contra de los intereses de mi provincia sino que haré lo que esté a mi alcance para que sus proyectos, sueños y futuro sean lo que anhelaron nuestros padres fundadores. En esto no hay margen posible para otro partido, grupo de interés, sector o bloque que el de la defensa de nuestra provincia.

Pamela Verasay es senadora nacional UCR - Cambiemos