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Miércoles 22 de noviembre de 2017
OPINIÓN
Don Rogelio y las ideas desarrollistas
Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional conmemora al periodista, político e ideólogo del presidente Arturo Frondizi, Rogelio Frigerio, a 103 años de su nacimiento.
7 de noviembre de 2017
“No le pudimos sacar el hambre al pueblo, qué mal hemos hecho las cosas”. La frase, autocrítica, pertenece a Rogelio Frigerio y fue pronunciada a sus 90 años, dos antes de morir en 2006. Estaba parado frente a su enorme biblioteca y se le dio por reflexionar sobre la cantidad de libros que había leído, estudiado y escrito. El lamento resultó conmovedor porque partió de un hombre que dedicó su vida intelectual y política a promover el salto de la Argentina hacia una etapa de desarrollo. Sin embargo, aquella frustración del ideólogo del presidente Arturo Frondizi (1958-1962) pasó a convertirse en la actualidad -cuando se conmemoran nada menos que 103 años de su nacimiento- en un faro que ilumina el futuro político y económico del país, puesto que sus postulados están siendo redescubiertos por los principales candidatos a la Presidencia de la Nación. Y todo parece indicar que su prédica contra el liberalismo y el populismo gana influencia en los centros de decisión.

Por cierto, que la actual coyuntura facilita la reivindicación del “método” de Frigerio, tras una década en la que la actuación del Estado resultó vital para el crecimiento económico pero que hace algún tiempo comenzó a ahogar a la estructura productiva del país. Y luego de que un modelo anterior, signado por el neoliberalismo, dejara actuar a las fuerzas del mercado sin ningún criterio de igualdad. Esos bandazos, muy propios de la dirigencia argentina, carecen a esta altura de todo sentido común.

Lúcido y revulsivo, Frigerio propugnaba ya en los años 50 al Estado como orientador de la inversión privada y promovía una alianza entre empresarios y trabajadores, como base para gestar un proyecto que sacara a la Argentina del subdesarrollo. El “tapir”, como lo apodaban por su vigor para embestir a sus adversarios y por su supuesto parecido físico al mamífero autóctono, advertía sobre esto pese a que el primer peronismo había dejado al país con sólo dos puntos porcentuales de pobreza.

Formado en el Partido Comunista y en la Universidad de Buenos Aires, estudió minuciosamente los textos de Karl Marx y Friedrich Engels, a la vez que la actividad de su familia lo llevó a convertirse en un próspero empresario de la rama textil. Por eso era de los pocos economistas que sabía leer un balance y sus conocidos solían decir que habría sido millonario si no se hubiera dedicado con tanta pasión a la política. También abrazó el periodismo desde la revista “Qué (sucedió en siete días)”.

Ese semanario, en el que escribieron intelectuales de la talla de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, se convirtió en una usina de pensamiento que luego se llevaría a la práctica política de la mano de Frondizi. Justamente Frigerio fue el artífice del acuerdo entre el líder de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) y Juan Domingo Perón, en la búsqueda de una conciliación nacional que hiciera posible la gobernabilidad y que, a la vez, dotara al país de un proyecto de desarrollo. Tal vez por esa vocación “integracionista”, las ideas de Frigerio siguen teniendo vigencia pese a que pasó sólo dos años en la función pública, de los 92 que llegó a vivir luego de haber nacido el 2 de noviembre de 1914 en la ciudad de Buenos Aires.

Pero más allá de los posicionamientos políticos, lo realmente trascendente es que las ideas de Frigerio son consideradas por los funcionarios del actual gobierno, como una base desde la cual apuntalar toda la administración. Parece existir, en este punto, una inédita coincidencia en que las políticas estrictamente monetaristas o marcadamente populistas no son las indicadas para el desarrollo nacional, tras las experiencias del menemismo en los ´90 y la década del kirchnerismo.

Así, la lectura de textos como “Crecimiento, economía y democracia” (1963) se torna indispensable para desentrañar el pensamiento de Frigerio, a cuya experiencia sobre la frustrada “batalla del petróleo” junto al presidente Frondizi en 1958, boicoteada por la entonces UCR, también se debe regresar para comprender por qué es indispensable que se recupere la soberanía energética. En definitiva, se trata de aprovechar el valor intelectual y la práctica política de un hombre que trascendió las fronteras de su propia época.