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Miércoles 22 de noviembre de 2017
COYUNTURA
Paso a paso para las reformas estructurales
Puntuales diferencias existen entre los sindicatos y el gabinete económico para llevar adelante la reforma laboral. Las negociaciones serán arduas y tal vez prolongadas.
8 de noviembre de 2017
El proyecto de reforma laboral que está conversando el Gobierno con los gremios es bastante más ambicioso de lo que se pensaba, y dentro del gabinete económico admiten que hay sustanciales diferencias con los sindicatos por temas puntuales.

Si bien aún no se han reunido oficialmente, en el Poder Ejecutivo admiten que no se quiere forzar un encuentro trascendente y que finalmente el título concluyente sea “el fracaso”.

De allí es que se va a seguir conversando con los dirigentes sindicales. En principio no hay consenso con los gremios para cambiar el régimen de indemnizaciones, a través de una conformación de un fondo especial con aportes del empleador, una idea que ya había surgido a mediados de los noventa y que murió allí.

Otro aspecto donde es muy difícil que pueda encontrarse un punto de acuerdo es con el cambio de la forma de contabilizar las horas extras y otros beneficios de los trabajadores, que en estos momentos están integrados al salario, y que la reforma busca excluirlos de ese item.

Dentro del gabinete económico admiten que las negociaciones van a ser más prolongadas de lo que se había previsto. “Nosotros estamos proponiendo una serie de pautas para conversar con los gremios, para que podamos lograr una mayor generación de empleo. Si no hacemos nada y dejamos la cosa como está, no vamos a generar mucho más empleo”, puntualizó un funcionario del gabinete económico.

“No hay peor flexibilización laboral que la falta de trabajo”, resaltó la misma fuente.

Pero la reforma laboral no es la única iniciativa del Ejecutivo que viene con dificultades. La reforma tributaria también ha generado voces de alerta y rechazo, especialmente en las economías regionales, aunque en principio habría una serie de correcciones a la idea original, como gravar con internos las bebidas alcohólicas y las gaseosas.

De todas maneras, está claro que la reforma tributaria es un tema que también lo observan con cierto recelo los funcionarios del FMI.

La misión del organismo encabezada por el economista italiano Roberto Cardarelli, acompañado por otros cinco técnicos del organismo, mantuvieron en la semana pasada una serie de reuniones con funcionarios de Hacienda, Finanzas y el Banco Central, con lo cual, se armaron de los números necesarios para tener un panorama exacto de lo que pasa en la Argentina.

Se supo que los técnicos del organismo comenzaron a manifestar una cierta “inquietud” con respecto al objetivo del Gobierno de querer bajar el déficit fiscal el próximo año al 3,2 por ciento del PBI en medio de una menor carga tributaria que implicaría la aprobación de la reforma tributaria.

De allí es que en Casa de Gobierno admiten que las reformas estructurales que quiere encarar el Ejecutivo, en principio, llevaría bastante más tiempo de lo previsto para poder consensuar y que la implementación de las mismas ya se está viendo para un mediano plazo.