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Martes 16 de octubre de 2018
OPINIÓN
Jueces mansos y ariscos
Por Aníbal Hardy. El autor destaca la importancia de determinar cómo han llegado determinados jueces y fiscales a sus cargos para descubrir qué contactos mantienen y transparentar su situación.
26 de marzo de 2018
Cuentan los antiguos testimonios que en tiempos de Jesús los tribunales judíos contaban con un personaje totalmente desconocido para nuestro sistema jurídico, que cuando un tribunal dictaba sentencia, sucedía que en ocasiones se adelantaba un personaje, poseedor de una reputación absolutamente irreprochable, se desplazaba silenciosamente y se ponía a la derecha del acusado. Dicho personaje recibía el nombre de “paráclito”. Era el mudo y elocuente testimonio de inocencia que dejaba abochornados y confusos a los acusadores.

Actualmente ante la manifiesta inmoralidad, se habla del necesario recambio de políticos, pero no son los únicos que hoy están cuestionados, también los integrantes del Poder Judicial, salvo las honrosas y razonables excepciones que se presentan, como en casi todos los casos en la vida, son los más conocidos jueces que han venido hasta ahora haciéndose cargo de las causas de mayor gravitación en el ámbito de la política, son especialmente sospechados de haber venido sirviendo en los últimos años, al poder político de turno.

Existen jueces y fiscales “estrellas” que reúnen un importante poder en sus juzgados. Los rechazos o desconfianza de la ciudadanía, tienen que ver con las orientaciones de sus fallos, cada vez que han actuado en casos, en los que, hasta el más despistado de los observadores, sabe que hay pruebas contundentes que podrían llevar a la Cárcel a los imputados, y que sin embargo terminan siendo sobreseídos. Para estimar la moral y confiabilidad de determinados miembros de la Justicia, es saber cómo han llegado a sus actuales cargos, y quién o quiénes impulsaron esos nombramientos. Esa situación sirve para descubrir qué tipo de contactos mantiene, quien hoy esté al frente de un Juzgado o una Fiscalía, y por más cuidado y reserva que ellos pongan para ocultarlos, siempre terminan siendo conocidos, sobretodo en el ambiente tribunalicio.

La famosa expresión “Mani pulite” se refiere al proceso que se vivió en Italia en los años ochenta, que fue muy duro, pero terminó con una etapa de fuerte corrupción, en ese momento. Hoy seguramente continúa la corrupción en Italia, pero aquel desafío de unos pocos decentes, dejó un recuerdo inolvidable, el que hasta en ocasiones se convierte en romántico. Algunos ciudadanos argentinos han comenzado a utilizar la misma expresión, cada vez que hablan de la variada corrupción que afecta al país. Existe todavía un grupo de Magistrados de decencia demostrada, que está trabajando para actuar en el momento en el que las circunstancias lo permitan, queriendo desarrollar un proceso de manos limpias, tal vez al estilo argentino, pero con la misma finalidad de arrasar con la gran corrupción que manifiestan políticos, empresarios, periodistas y conocidos jueces.

El desprestigio de la Justicia argentina ha llegado tan a fondo, que hoy, aún ante fallos o resoluciones que atacan a determinadas figuras vinculadas con el poder, inmediatamente se sospecha que, para haber movilizado de ese modo a la Justicia, ha de haber alguna interna que impulsa esas decisiones desde los sectores políticos de mayor poder.

No todo está perdido ni todos los honestos están escondidos. Hay algunos miembros del Poder Judicial dispuestos a la lucha, pero están quedando muy pocos mansos para acollarar a tantos ariscos… Igualmente, cuando dejemos esta tierra, seamos políticos, jueces, funcionarios y ciudadanos comunes, el propio Jesús nos dejará subir hasta el Padre, y no nos quedaremos huérfanos, ya que nos concederá otro paráclito, que se pondrá junto a nosotros como silencioso testigo de nuestra “verdad”.