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Lunes 10 de diciembre de 2018
OPINIÓN
Los senadores argentinos no vieron lo que yo ví
Por Patricia Pérez Grosso. Médica ginecóloga sanjuanina y residente en Plasencia, España, su duro testimonio respecto de lo decidido por el Parlamento argentino frente al tema del aborto.
10 de agosto de 2018
Si los senadores argentinos hubieran visto lo que yo vi, seguramente no hubieran votado en contra de la despenalización del aborto.

Soy argentina y soy ginecóloga desde hace algo más de 30 años. Me formé y trabajé en mi país, y durante esos años vi morir a mujeres en los hospitales de San Juan, como consecuencia de haberse realizado un aborto clandestino.

Recuerdo a una chica de 18 años que murió por una sepsis por haberse colocado tallos de perejil para abortar y aquella madre de seis hijos que falleció tras realizarse un aborto con una de las tantas aficionadas de las que abundan en Argentina y a las que recurren las mujeres de pocos recursos. Como olvidar los gritos de dolor de tantas mujeres que acudían al servicio de ginecología del hospital con abortos incompletos (unos espontáneos, otros provocados) a las que les realizábamos el legrado sin anestesia en aquella salita del horror.

Todos esos fantasmas me acechan hoy a miles de kilómetros de Argentina, al escuchar la noticia del rechazo en el Senado de la ley de interrupción voluntaria de embarazo (IVE). Vivo y trabajo en España desde hace 28 años y ejerzo la medicina ginecológica en la sanidad pública y privada en un país que despenalizó el aborto en 1985.

Cuando llegué aquí esa ley ya estaba vigente. No volví a ver a ninguna mujer sufrir o morir por un aborto provocado. Nunca he realizado una IVE, no lo hice en Argentina por que no era legal y no lo he hecho en España porque no tengo la obligación de hacerlo aunque sea legal. El sistema público español de Salud tiene clínicas concertadas de IVE donde se derivan a las pacientes que deciden abortar dentro de los supuestos de la ley. Las mujeres tienen libertad para decidir si seguir con su embarazo o interrumpir y los ginecólogos gozan de libertad para realizar o no esa práctica médica.

En España, bajo esta ley de IVE, en el último año se realizaron 93.000 abortos. En Argentina, donde la práctica es ilegal, hubo alrededor de 400.000, entonces, de qué estamos hablando? ¿Aborto si o aborto no? No es esa la disyuntiva. La decisión de abortar es muy dura para cualquier mujer y como sociedad civilizada lo único que podemos hacer ante esto es brindar los medios para que el aborto se realice con todas las garantías médicas a todas las mujeres, independientemente de su nivel social o económico.

Como mujer y como madre me pregunto si aquellas mujeres del pañuelo celeste que veo en las noticias se sienten más humanas que yo, si sienten que defienden mejor la vida. Yo he visto morir, sufrir, gritar de dolor no lo puedo olvidar. ¿Respeto yo menos la vida por querer evitar que esto ocurra? Sé que muchos compañeros de profesión comparten mi opinión, sé también que no les resulta conveniente manifestarlo en ese contexto, es difícil pero no deben tener miedo. Nadie les obligará a hacer algo en contra de sus principios, sólo deben permitir que el sistema sanitario arbitre los medios para que los profesionales que así lo deseen puedan ayudar a las mujeres que decidan abortar, sin que por ello sean estigmatizados o juzgados o segregados.

Los médicos conocemos que muchos colegas en Argentina realizan IVE, y que lo hacen dinero de por medio y sólo a aquellas mujeres que se lo pueden permitir. Somos muchos los médicos que hemos ayudado a nacer a miles de niños y que no somos menos pro vida que otros por solidarizarnos con las mujeres sin recursos que arriesgan su vida en un total desamparo.

Cuando los senadores argentinos dijeron No a la despenalización del aborto en realidad estaban diciendo un Sí.

Sí a la pobreza que obliga a muchas mujeres a poner en peligro su vida intentando solucionar una situación que no pueden afrontar.

Sí a la doble discriminación de ser mujer y ser pobre. Sí al negocio de los abortos en consultorios o clínicas privadas.

Sí al ahorro de la sanidad pública en la asistencia a las mujeres de las clases más desfavorecidas.

Sí a la hipocresía, a la doble moral que tanto daño hace.

Porque se fortalece y bendice este status quo de la muerte, que condena a miles de mujeres en nombre de la vida.

*Ginecóloga. Trabajó en la salud pública de San Juan y actualmente es médica en Plasencia, España.