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Domingo 23 de septiembre de 2018
OPINIÓN
¡Ponga cuatro pesos y enter!
Por Daniel Bosque. El autor analiza el estado de los mercados energéticos tras las recientes medidas adoptadas por el Gobierno nacional.
6 de septiembre de 2018
Los inversores y empresarios de la Argentina transcurrieron las primeras horas tras los anuncios de Mauricio Macri y Nicolás Dujovne entre cabildeos y cautelas, en un contexto de costos y precios inciertos. Y sobre todo de interrogantes acerca de cuál será el desenlace de las pujas por el valor de la moneda nacional entre el Estado y eso que ahora la política gusta denominar “los mercados”.

El ámbito energético celebró con sigilo otra devaluación, la del futuro exministro (hasta ayer no hubo cambios orgánicos, según el Boletín Oficial) Javier Iguacel. El ex Vialidad y Pluspetrol será secretario, lo que marca el acta de defunción del MINEM, presentado como uno de los pilares de la gestión macrista en los tiempos del festejado arribo de Juan José Aranguren. Antes de que cante el gallo, el ministerio en vía de extinción difundió anoche un comunicado en el cual anticipa que como fruto de las audiencias públicas por el nuevo precio del gas natural, los incrementos de este servicio público oscilarán entre un 28/30%. Para qué existe el ENARGAS y su autarquía que debería analizar ecuaciones y algoritmos se preguntaban transportadoras y distribuidoras.

Desde su llegada a la gestión energética, el joven funcionario expresó los nuevos paradigmas: gestionar precios y tarifas desde las urgencias de la macroeconomía que le ha estallado en las manos al macrismo. A la hora de dar buenas noticias, el último raid notorio fue hace diez días, con Mauricio Macri, Paolo Rocca, Alfredo y Omar Gutiérrez y 500 protagonistas de Vaca Muerta, en la entusiasta mesa donde se exhibieron las grandes magnitudes en shale y tight y se puso énfasis en la próxima exportación gasífera a Chile, aunque hayan quedado dudas sectoriales acerca de cuál será el valor y el beneficio para las empresas exportadoras y para el fisco de este nuevo negocio.

Aquel día parece un siglo atrás, porque el peso argentino en una semana perdió el 30% y hoy ya vale la mitad que al comienzo del año. Lo cual, hasta que la dura de matar inflación argentina vuelva a emparejar las cosas, ha dado un plus de competitividad a la actividad productiva, en particular en la depreciación de los salarios medidos en divisas. Aunque todavía, como se ha dicho, persiste la incógnita sobre el traslado a listas de insumos y servicios que el país importa.

En este contexto, estas nuevas macrinomics, en particular las retenciones a las exportaciones, de “todo por cuatro pesos para todos y todas”, las medidas que nadie quería tomar según el coro de Cambiemos, han sido recibidas con mayor o menor resistencia o resignación en distintos ámbitos. Las primeras cuentas a mano alzada describen cómo aportará cada uno a este intento de salvar al fisco y llegar a 2019. De los 280.000 millones de pesos que piensa aspirar el fisco argentino, la generalización de impuestos a la exportadores generaría aportes de US$ 6.000 millones desde el agro, US$ 150 millones del petróleo y unos US$ 360 millones de la minería.

Cómo cierra el negocio petrolero en este esquema, fue por ejemplo el motivo de preguntas y consultas en la presentación en el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG) de las 12 áreas que licita Salta, una provincia que es bien mirada por la inversión pero que perdió peso relativo, como los otros estados petroleros versus el boom de los no convencionales neuquinos.

Otros que lo tomaron con filosofía fueron los mineros, después de haber resistido todas las intentonas de peronistas, renovadores e izquierda de reinstaurar las retenciones, tras la quita con foto de gobernadores incluida, de febrero de 2016. Esperemos que esta emergencia no dure mucho tiempo, dicen sin mucha convicción con el consuelo de que el nuevo tipo de cambio les devolverá a sus balances el brillo perdido.

En el ranking de preocupaciones, no son las retenciones lo que más inquieta sino el no poder salir de un amesetamiento y declinación, producto del agotamiento de la docena de minas en actividad. Sólo Santa Cruz se ha mostrado en los últimos años viva en sumar nuevas explotaciones auríferas (Cerro Negro, Don Nicolás, Lomada, Cap Oeste, COSE, Cerro Moro). Y hay una veintena de proyectos maduros en exploración que podrían factibilizarse con otras tormentas, pero de signo positivo. El explorador Jorge Patricio Jones, en el encuentro de este martes en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) describió el cobre como el target más importante, con cuatro proyectos insignia en el horizonte: Taca Taca, Agua Rica, Filo del Sol y Josemaría (que con Los Helados, en Chile, podría desarrollar el binacional Constelacion).

Es el cobre, según esta mirada, el gran potencial, que podría dar a la Argentina US$ 7.000 millones al año de exportaciones, otros 2.000 millones el litio y 1.000 millones el oro. No estuvo en este inventario la plata de Navidad, proyecto cuya suerte la Legislatura de Chubut debería decidir en estos días. El problema es que estos proyectos chocan con el texto de la Ley de Glaciares, a la cual el gobierno de CFK y el actual no han acertado a resolver. Funcionarios y legisladores tienen claro que la alusión a suelos periglaciales y permafrost en la norma dificulta la decisión de inversiones por la perspectiva de conflictos.

Todo esto sucede mientras, como se ha dicho, nadie sabe qué pasará con la economía que cayó bruscamente, tras la espiral inflacionaria, en un ciclo recesivo con tasas del 60% que impiden cualquier emprendimiento. Esas quejas son las que escucharon Mauricio Macri y Dante Sica en el cónclave de la Unión Industrial Argentina, a donde el ex Abeceb llevó su propuesta de Acuerdo Federal Productivo, en una proactividad keynesiana que todos toman con pinzas.

Mientras tanto, a empresarios y cámaras les suenan los teléfonos para armar cafecitos con distintas corrientes del peronismo y el massismo, para invitarlos a reflexionar juntos sobre las distintas hipótesis que van desde las lejanas elecciones 2019 a la gobernabilidad de este Gobierno al que el mundo de los negocios prefiere, por lejos. Nadie quiere que vuelvan Cristina y sus coroneles, más después de cuadernos, el juicio que ha dejado en evidencia el juego peligroso en que se aventuró la patria contratista al pactar con el modus operandi que el kirchnerismo exportó desde la gélida Santa Cruz.

El problema es haber perdido la confianza en el “know how” del elenco gobernante, a pesar de los guiños de Donald Trump. Macri y su entorno podrían hacer suyas las palabras de Pepe Mujica, hace poquísimo, en el Festival de Cine de Venecia: “Después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros”.