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Miércoles 21 de noviembre de 2018
OPINIÓN
¿Cuánto vale un kilo de tecnología?
Por Silvina García Larraburu. La senadora destaca la importancia que tiene la inversión en investigación y tecnología para el desarrollo de una industria nacional más competitiva.
11 de septiembre de 2018
Son tiempos duros y de ajustes. En ocasiones semejantes, es importante valorar fines y medios, bienes y necesidades. No todo es un número, ni toda reducción de números es un ahorro. Y este juicio es insoslayable tenerlo presente ante el sector de la ciencia y la tecnología.

La tecnología y el conocimiento tienen una incidencia cada vez más importante en la vida moderna, pero aún no somos conscientes de las reales implicancias que ellas tienen en el desarrollo y crecimiento en la economía de los países. En la actual era post industrial, ha caído en desuso la calificación genérica e imprecisa de “países en vías de desarrollo”. En su lugar, las naciones se distinguen entre: a) desarrolladas, con mayor calidad de vida; b) con una muy alta tasa de crecimiento sostenido que no pertenecen al grupo anterior y c) con grandes dificultades y necesidades básicas insatisfechas. Es inocultable nuestra pertenencia a la última categoría, pero también que poseemos las condiciones necesarias para realizar un profundo cambio cualitativo.

Esa mutación no será el resultado del mero crecimiento del producto bruto, ni del incremento del tonelaje de granos o minerales exportables, sino de la calidad de ese incremento. El desarrollo de un país no se cifra hoy por la magnitud de sus recursos naturales (ej. Japón), sino por la capacidad de transformarlos en productos de alto valor agregado. Existe consenso generalizado que entre el 70 y 80% del incremento del PBI está ligado a la innovación tecnológica.

Por otra parte, la inversión especifica en investigación y desarrollo, tiene la virtualidad de generar un mercado interno más amplio y exigente, en base a altas normas de calidad y educación, a la vez que alienta el desarrollo de una industria nacional altamente competitiva. Posee un efecto dinamizador y multiplicador que no debe ni encorsetarse ni comprometerse.

Las potencialidades nacionales en el sector trascienden la innegable espectacularidad del lanzamiento de satélites o la exportación de plantas de alta tecnología, llave en mano. No solo el campo nuclear es un ámbito de potencialidad fenomenal, también lo son los radares, la medicina, la biotecnología y muchos otros sectores de un entramado científico y tecnológico, habitualmente desatendido en los medios.

Se trata de sectores económicos de raíz no extractiva y de fronteras de crecimiento ilimitadas. No son ámbitos donde deba ajustarse sino ampliarse. Normalmente no se advierte que 1 Kg de tecnología vale muchísimo más que un kg de trigo no solo desde lo cuantitativo sino de la integración que implica de cadenas de valor, de la generación de trabajo en base a mano de obra especializada, de la incorporación de materia gris al proceso exportador y a ratificar la presencia geopolítica del país en la mesa de la toma de decisiones.