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Domingo 16 de diciembre de 2018
OPINIÓN
De la difusa banda de flotación, a un nuevo espacio del PJ terciando
Convencido de no tener otra alternativa, el gobierno celebró el acuerdo alcanzado con el Fondo, que establece condicionamientos más severos que lo que se prevía. La pregunta es si tendrá tiempo Cambiemos de revertir su pendiente, mientras el peronismo no K completa los tres tercios que esperaba el gobierno para 2019.
29 de septiembre de 2018
Por José Angel Di Mauro

Acostumbrado a la fugacidad del éxito y la reaparición permanente de infortunios, la semana que pasó fue para el gobierno una síntesis perfecta en ese sentido. La inició el Presidente en Nueva York, adonde viajó para poner la cara y aventar fantasmas en el exterior, donde la buena estrella que lo venía acompañando se apagó en el marco de la interminable corrida cambiaria. Allí Mauricio Macri recibió el tratamiento preferencial que se le suele dispensar fuera del país, y hasta le otorgaron el premio “Ciudadanos Globales 2018”, distinción que lo animó a dar unos pasos de baile con su anfitriona Adrienne Arsht; no son tiempos de bailar, debiera advertirle un especialista en procedimientos de crisis.

Pero sobre todo, confirmó la excelente relación que mantiene con la titular del FMI, Christine Lagarde, quien dos días después visitó el consulado argentino en Nueva York para anunciar junto a Nicolás Dujovne el “final feliz” del nuevo acuerdo alcanzado por la Argentina con ese organismo.

El fiel de la balanza se va al otro extremo si se contemplan el fuerte paro del martes, la renuncia de Luis Caputo, el repunte de la pobreza y -por si fuera poco y como siempre- la renovada escalada del dólar.

La moneda norteamericana parecía haber encontrado su techo la semana anterior, cuando cerró hacia la baja. Pero cuando el mismo día del paro nacional el presidente del Banco Central anunció su salida, solo quedaba espacio para esperar lo que pasó. Aunque ese no fue el peor día: lo paradójico fue la escalada alcista del dólar que se disparó a partir del anuncio del acuerdo.

Convengamos que esta vez eso no sorprendió. Los economistas ya habían preanunciado lo que podría suceder a partir de lo finalmente establecido con el Fondo y la banda de flotación acordada. Un gobernador peronista lo graficó ante este medio al compararlo con una discusión salarial: “Cuando el Ministerio de Educación armaba las paritarias y te establecía el 16%. Entonces, el sindicalista se sentaba con vos y decía: ‘el 16 ya lo tengo, es mío, ¿vos qué me vas a dar?’. Y acá pasa lo mismo. $44 pasó a ser el piso, ¿vos qué me das?”.

La banda de flotación arranca formalmente este lunes, pero ya mostró su debilidad como instrumento. Porque además, el poder de fuego con el que cuenta el Central a partir de que el dólar toque el techo es si se quiere escaso, no más de US$ 150 millones diarios. Lo cierto es que el dólar sube porque nadie vende, y menos en este contexto. El BCRA tiene las manos atadas a partir del acuerdo suscripto con el Fondo, aunque ya las tenía de antes. Pasa que Caputo desatendió más de una vez esos límites. En definitiva, por eso se fue.

Es verdad que siempre se supo que “el Messi de las finanzas” no se quedaría mucho tiempo en el Banco Central. Asumir allí fue una medida extrema tomada por imperio de las circunstancias, y por pedido expreso de su amigo Macri. Con él habló largamente por teléfono el martes por la mañana para convencerlo de que era mejor que se fuera el día antes del anuncio del acuerdo. De haberse dispuesto ambas medidas al mismo tiempo, la salida eclipsaría la buena nueva, sostenía.

Cultor del perfil bajo, “Toto” Caputo acumuló numerosas denuncias durante su paso por la función pública, siendo también alcanzada en una por la compra de dólar futuro su esposa Ximena Ruiz Hanglin. Reclamado por la oposición, el entonces ministro de Finanzas tuvo que concurrir al Congreso en abril para dar explicaciones, y su agitado paso por la comisión bicameral terminó en un escándalo desatado cuando le mandó un papelito a la diputada kirchnerista Gabriela Cerruti.

Ni bien conocida la noticia de su renuncia, alguno habrá pensado en el posible desembarco de Carlos Melconian al frente del Ministerio de Hacienda, habida cuenta de que hace un mes, en ese fin de semana febril en Olivos en que rediagramaron -redujeron- el Gabinete, le ofrecieron el puesto de Dujovne. Y Melconian lo rechazó, pues discrepaba con la política de Caputo al frente del BCRA. Sin embargo nadie llamó esta vez al caracterizado hincha de Racing; muy por el contrario, Nicolás Dujovne salió fortalecido, pues es el garante del acuerdo y quien le ganó la pulseada a Caputo, con el que venía chocando, sobre todo el día en el que el “Toto” convenció al Presidente para que diera ese discurso de 102 segundos en el que anunció un nuevo acuerdo con el FMI que no se había consumado aún.

Dujovne es finalmente así lo más parecido a un ministro de Economía tradicional, aunque su cartera siga llamándose Hacienda. Luego de la poda ministerial, el área económica ya no está desperdigada en seis carteras, y el papel de Dujovne es claramente central, aunque lejos está de ser el “superministro” que algunos medios se animaron a presentar. El término le cabía a Domingo Cavallo en tiempos de Menem, ya no en los de De la Rúa, cuando también era central, pero más bien llegó como bombero y ya se sabe que se lo devoró el fuego. También pudo haberlo sido Axel Kicillof, el último ministro de Economía de Cristina. Pero no hubo más casos, ni siquiera Roberto Lavagna, de exitoso paso por los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

Le espera menuda tarea a Dujovne, que deberá comandar un ajuste que se advierte más severo de lo que se pensaba a partir de lo acordado con el Fondo. Se eliminó el riesgo del default, bajará el riesgo país, pero las demás variables de la economía se retraerán. Todos los economistas coinciden con ese diagnóstico. Y si esta vez no funciona, Dujovne será el fusible.

Las dudas están en cuándo comenzará a despejarse el panorama y si al gobierno de Cambiemos le alcanzará el tiempo para revertir la pendiente en la que entró desde hace 10 meses, de cara a las presidenciales. Dicen que con suerte en junio podría comenzar a percibirse un alivio; algunos auguran un par de meses antes. Pero ya se sabe cómo le ha ido al gobierno en materia de pronósticos.

Precisamente junio será el momento de la presentación de listas. El sábado 22 se despejarán todas las dudas sobre quiénes competirán en las PASO de agosto -reconfirmadas la última semana- y las presidenciales de octubre, para las que ya se plantó el tercer espacio que esperaba el gobierno: el peronismo no kirchnerista, que bajo ningún punto de vista acepta competir internamente con Cristina Kirchner.

Acorde a los tiempos que corren, la presentación de este espacio que aún no tiene nombre fue a través de las redes sociales, donde se difundieron imágenes de Juan Schiaretti, Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa, además de un comunicado en el que confirman su disposición a convertirse en una alternativa al oficialismo y al kirchnerismo. Según confió a parlamentario.com el gobernador salteño, “el kirchnerismo y el macrismo representan dos espacios que se retroalimentan permanentemente y prácticamente uno no puede vivir sin el otro”. De ahí la decisión de competir por afuera y le apuntan a lo que basados en las encuestas estiman “casi un 50% que no quiere saber nada ni con uno, ni con otro”.

Ya había adelantado hace tiempo el senador Pichetto que para este mes de octubre el peronismo debía contar con un candidato para tener tiempo de instalarse como alternativa. Así fue, aunque el candidato… “te lo debo”. Pasa que el sector trabajará en los próximos meses en instalar ese espacio y sus posibles candidatos recorrerán el país para hacer lo propio. Llegado el momento del cierre de listas, verán cómo miden y cuantos compiten. “Manda la realidad -sintetiza Urtubey-. Si vos llegás a junio con dos o tres candidatos que miden más o menos parecido, tenés que ir a las PASO. Y si llegás con un candidato disparado en las encuestas, no perdamos tiempo”. El es uno de los anotados.

“Nosotros vamos a competir dentro de un frente, no lanzamos una agrupación uniforme. Entonces cada sector tendrá candidatos, y entre todos competirán”, explicó el salteño, que abundó diciendo que la mayoría de los gobernadores peronistas se sumarán a ese espacio, que también incorporará a fuerzas provinciales, como las que gobiernan en Neuquén, Río Negro, Misiones y Santiago del Estero.

¿No es tirarle un centro al oficialismo, que alienta la alternativa de una oposición dividida? Urtubey está convencido de que no: “Yo tengo la percepción de que Cristina es la única que le garantiza el triunfo al gobierno. Una persona que tiene un 70% de imagen negativa, garantiza el triunfo de Cambiemos”.

Pensando en el balotaje, ¿la idea es ganarle a la expresidenta? “Y a Macri”, aclara el salteño, para quien las cosas están tan complicadas en la Argentina que hoy el gobierno no tiene garantizado siquiera un lugar en el balotaje. Se verá.