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Lunes 25 de marzo de 2019
OPINIÓN
Donald Trump, un muro para los pájaros
Por Máximo Luppino. El autor sostiene que la construcción del muro que persigue el presidente norteamericana se trata de una iniciativa divisionista y despectiva con el pueblo mexicano.
7 de enero de 2019
El necio suele enamorarse de su propia tozudez e insiste voluntariosamente en sus descarriadas ideas reñidas con la lógica y la sensatez. El autoritario objetivo de Trump de construir un muro con la frontera mexicana parecería estar enmarcado en un ejercicio de abuso de fuerza con un negro tinte discriminativo para con su vecino país y con los valores culturales que la raza azteca orgullosamente esgrime.

Los grandes estadistas de la historia supieron construir consensos para lograr el bienestar general. La seducción de los pensamientos bellos motiva la voluntad de forma cautivante. Los individuos toman como propios aquellos principios que edifican positivismo. Donald insiste con el muro divisionista y despectivo para con el noble pueblo mexicano. Los inseguros tienden a encerrarse en su zona de confort, huyendo del sagrado desafío de evolucionar aprendiendo de nuestros semejantes.

México y E.E.U.U poseen una larga experiencia en muchos aciertos y algunos lamentables episodios. El muro de Donald va a cualificar las rivalidades y desencuentros más que la armonía y el bien común.

La realidad estadounidense muestra que Trump gobierna carente de un nuevo presupuesto. Una de las tristes consecuencias son 800.000 agentes federales sin trabajo, que no perciben salario alguno. 800.000 familias en la calle. En la cámara de diputados los demócratas no aprobaron las iniciativas del ejecutivo norteamericano. Trump, en vez de buscar consentimiento de las fuerzas políticas opositoras afirmó “estoy preparado para gobernar años en esta circunstancia”. Además, reafirmó que podría decretar la emergencia nacional para así poder construir el muro de la discordia. Más aún, aseveró: “Sería mejor edificar nuestro muro de acero ya que es más fuerte que el concreto”.

La gimnasia de combatir fuego con fuego en las humanas relaciones es prácticamente demencial, es generar un incendio del entendimiento y los intereses interdependientes de las comunidades internacionales.

Estados Unidos necesita de México como estos de sus vecinos. Las migraciones que tanto molestan a Donald Trump tienen su añejo origen en las desigualdades de los imperios que abusan de su momentánea supremacía.

Jamás existirá un muro lo suficientemente fuerte y alto como para separar los sentimientos de las personas. Los muros no detienen el poético vuelo de los pájaros, ni su bello trino de libertad.

Cuando los poderosos colaboren un tanto con el desarrollo de los pueblos pobres no harán falta tantas fronteras blindadas, ni púas en las alambradas electrificadas de egoísta infamia.

Sueños adolescentes de guerras sangrientas pueblan las ansias tristes de algunos mandatarios, mentes extraviadas de la verdadera digna misión de un mandatario.

Nuestro Papa Francisco nos exhortó a construir puentes con nuestros semejantes, no muros de aislamientos. El mundo no debe parecerse a un campo de concentración, más bien a una comunidad organizada que propenda al bien común.

Por sobre los muros del terror vuelan los pájaros de la libertad que ven al planeta todo como su propio hogar.

Cuanto de película hollywoodense parece abundar en la sinrazón de las pedanterías de Trump.

En el augusto devenir de las doradas edades los puentes se impondrán, le gusten o no al moderno cowboy estadounidense.