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Sábado 20 de julio de 2019
LEGISLATURA BONAERENSE
No habrá diáspora K
Por ahora no se espera una ruptura entre los legisladores porteños tras la ida de quien es el titular del PJ en la ciudad, Alberto Fernández.
1 de agosto de 2008
Por César Montenegro

Es cierto que por estas horas todos los legisladores porteños kirchneristas reflexionan acerca de las consecuencias que, sobre el principal bloque opositor, tendrá la renuncia de Alberto Fernández y el duro golpe que el oficialismo sufriera en el Congreso de la Nación. Aunque una amplia franja de ellos no se anime a hacer públicas las proyecciones que sobre el futuro avizora cada uno, existe un importante conjunto de diputados que vislumbra a esta nueva escenografía política porteña como un renovado punto de interrelaciones a ser tenido en cuenta para un correcto análisis de la realidad. Algo imprescindible para su supervivencia y proyección.

¿Cuál fue la razón que empujó al ex jefe de Gabinete a renunciar? En primer término, el muro aislante que fue tomando forma en la última etapa de la gestión de Néstor Kirchner y que tomó estatura insospechada con la serie de obstáculos que tuvo que enfrentar Cristina Fernández.

Alberto Fernández motorizó una regeneración del Gobierno luego del triunfo de octubre, rechazada implacablemente por el ex presidente, respaldado a su vez por su esposa. El ahora ex jefe de ministros se convirtió en el canal cuestionador y estéril de la conciencia de los Kirchner. Estos tomaban sus decisiones siempre enfilando la proa hacia otros puertos, opuestos literalmente a las sugerencias del ex ministro.

Todo esto a pesar de haber sido siempre el hombre fuerte: como negociador, vocero, consejero, columna vertebral, participó en todos los temas conflictivos, como Aerolíneas, papeleras, INDEC y campo. Pero en todos perdió. Por ello también fue el hombre de las causas perdidas, según le facturan hoy los que no lo quieren bien.

No se inmolan

En la Legislatura porteña los kichneristas intentan sobrevivir a la crisis planteada por el mandamás porteño con la incertidumbre de “un niño abandonado”. Diego Kravetz ha dicho, ante la consulta puntual: “Soy albertista, pero el movimiento se llama kircherismo”. Traducido al ámbito del peronismo, es lo mismo que decir “acompañamos hasta la tumba, nunca nos enterramos”.

Es que la salida de Alberto Fernández desató una crisis que abrió las puertas a las peleas internas. Por ahora tratan de que se doble, pero que no se rompa.

Al presidente de la bancada del Frente para la Victoria le comenzaron a picar las balas cerca. Juan Cabandié, ahijado político del matrimonio presidencial, dice lo que piensa y hace lo que quiere, y fue un fiel intérprete del sector más duro que rodea a los Kirchner: sus seguidores en La Cámpora fueron los que pintaron en los alrededores del Congreso “Cobos traidor”. El mismo calificativo recibió, por lo bajo, Alberto Fernández por haberse anticipado a los reflejos de Néstor Kirchner.

El bloque del FpV cuenta con doce integrantes: Silvia La Ruffa, Juan Manuel Olmos, Silvina Pedreira, Inés Urdapilleta, Diego Kravetz, Sebastián Gramajo, Pablo Failde, Gabriela Cerruti, Ivana Centanaro, Juan Cabandié, Alicia Bello y Christian Asinelli. Excepto Olmos, Pedreira, Gramajo y Cabandié, los demás responden a la matriz “albertista”.

Según confió a Parlamentario un legislador kirchnerista, no albertista, no habrá olas en el interior de la bancada, en tanto Néstor Kirchner no envíe señal alguna. Mientras tanto, tratan de no originar olas, pero son un secreto a voces las desavenencias que subyacen en ese espacio legislativo.

Es que tampoco el kirchnerismo porteño en la Legislatura se caracterizó por tener iniciativa propia. Siempre actuó en consonancia de las instrucciones recibidas. “Acompañamos con el voto” y admiten que “no supimos construir una estructura que cobije las expectativas de la ciudadanía porteña”. Así al menos se quejaba una fuente confiable del FpV en el Parlamento porteño.

Hasta hace poco tiempo, el secretario general del gremio de los encargados de edificios, Víctor Santamaría, estuvo alejado del ahora presidente del PJ porteño, luego de que éste fuera ungido secretario general de la estructura nacional del justicialismo y el titular del SUTHER ubicado en una lejana vocalía del mismo organismo partidario. Se acusó que Fernández no había “operado” para ubicar al sindicalista en un lugar más privilegiado.

Los legisladores que responden a Santamaría, dejaron trascender que respetarán la permanencia de Fernández como titular del justicialismo “mientras no haya una orden en contrario desde Matheu al 100”.

Por ahora no se esperan desprendimientos. Es que no hay un ámbito que espere “con los brazos abiertos a un kirchnerista desertor”, graficó ante Parlamentario un vocero confiable del kirchnerismo. Son conscientes de que aún con las disidencias que los diferencian sería poco “redituable” conformar un monobloque o pretender pergeñar un espacio propio, el cual sin dudas sería minoritario. La realidad política porteña no permite diásporas.

Con respecto al Partido Justicialista, tampoco esperan cambios rotundos. Lo máximo que puede ocurrir es que Juan Manuel Olmos asuma la presidencia, en caso que Alberto se vea forzado a renunciar, sostienen.

“En elecciones internas, ni pensar”, expresó, rotundo, un legislador kirchnerista ante Parlamentario. Sería abrir las puertas “a la pata peronista del macrismo, o a quienes desde el justicialismo tratan de mostrarse como opositores al Gobierno nacional”, advierten. “Lo hacen desde el oportunismo -señalan-, los primeros con la maquinaria electoral que podrían poner en marcha y con el clima social que impera en la ciudad, se quedarían con todo”.

Por lo que Parlamentario pudo auscultar en el seno del kirchnerismo, subsisten críticas al paso dado por Alberto Fernández: no acertó en su táctica de renunciar para forzar a otros a hacerlo. Al contrario, todos se quedaron.

Y como los legisladores justicialistas conocen que dentro del peronismo “se puede volver de todo, menos de la derrota” y que aunque sepan hoy que la figura de Néstor Kirchner está debilitada, saben también que el ex presidente trasunta este momento de manera exasperada, intolerante y encerrada.

Un panorama que se refleja en las reuniones colectivas e individuales, donde AF se encarga de aclarar que seguirá bregando por el proyecto que encarna el matrimonio presidencial.