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Domingo 18 de noviembre de 2018
SU OPINIÓN VALE
Los comicios argentinos del 18 de marzo de 1962
Por Jorge J. Cortabarría
19 de marzo de 2012
Arturo Frondizi obtuvo la Presidencia de la Nación por su triunfo electoral del 23 de febrerote 1958, en que muchos peronistas, siguiendo las indicaciones de su líder exiliado, optaron por la fórmula presidencial de la Unión Cívica Radical Intransigente, que era la fracción radical opositora a la Revolución Libertadora, nombre que se dio así mismo el régimen “de facto” que suplantó al gobierno de Perón en septiembre de 1955.

Pero las buenas relaciones entre el frondizismo y el ex presidente Perón no duraron mucho tiempo: sólo meses.

El peronismo estaba proscrito desde su derrocamiento. No pudo participar de los comicios efectuados en 1957, 1958, 1960 y 1961, pero sí en los del 18 de marzo de 1962, que tenían por objeto elegir legisladores nacionales y provinciales y gobernadores y vicegobernadores.

Frondizi comenzó el año 1962 liberado del ministro de Economía Álvaro C. Alsogaray (a quien hizo renunciar en abril de 1961, poniendo en su lugar a Roberto T. Alemann) y del comandante en jefe del Ejército Carlos Severo Toranzo Montero (removido el 24 de marzo de ese año). Sin embargo, su posición estaba debilitada por su recepción secreta del “Che” Guevara (18 de agosto) y unas supuestas cartas cubanas que lo hacían aparecer como proclive al flamante régimen comunista instaurado en la isla caribeña (septiembre). En Paraná, el 3 de febrero de 1962, Frondizi pronunció un memorable discurso en el que denunció una conspiración local e internacional para deponerlo.

El 17 de diciembre de 1961, el 25 de febrero y el 18 de marzo de 1962 hubo elecciones en diversas provincias, triunfando la UCRI en gran parte de ellas (Entre Ríos, Corrientes, Formosa, la Pampa, La Rioja y Santa Cruz) y en la Capital Federal. La UCRP (presidida por Ricardo Balbín) se impuso en Córdoba (su candidato a gobernador era Arturo U. Illia), donde el peronismo no se presentó. El Partido Demócrata ganó en Mendoza y el Movimiento Popular Neuquino en Neuquén. El peronismo (llamado entonces Unión Popular, Tres Banderas, Partido Populista, etc., según el distrito) ganó las gobernaciones de Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Río Negro y la de la poderosa Provincia de Buenos Aires, cuyo candidato a gobernador era el combativo dirigente sindical textil Andrés Framini, encendido partidario del regreso de Perón al poder, incluso mediante un frente con los comunistas, a quien acompañaba Marcos Anglada, que en 1964 postularía un “peronismo sin Perón”. En la Provincia de Buenos Aires el peronismo (Unión Popular) obtuvo 1.197.000 sufragios, contra 764.300 de la UCRI (Guillermo Acuña Anzorena - Horacio J. Zubiri) y 636.126 de la UCRP (Fernando Solá, en reemplazo del súbitamente fallecido Crísólogo Larralde, acompañado por Emilio Parodi). El resultado electoral nacional (25.2% para la UCRI, 18,7% para la UCRP y 17,6% para el justicialismo) sorprendió a la Embajada estadounidense y a los principales dirigentes oficialistas, dijo el propio embajador Robert McClintock, que agregó: “Probablemente los más sorprendidos de todos fueran Frondizi, Frigerio, y el ministro del Interior Alfredo R. Vítolo, quienes se habían autohipnotizado con la convicción de que los peronistas estaban divididos entre sí, y que Frondizi, crecientemente popular, podía optar por la alternativa de participar limpiamente en las elecciones con la expectativa de capturar un amplio porcentaje de los votos peronistas”. No obstante, el embajador creía que Frondizi podría sortear la crisis porque “la mayoría de la gente no desea a Perón ni a los comunistas. Pensamos que Frondizi continuará como presidente, aunque la marina está endurecida contra él y Frigerio. La renuncia del último podría ayudar a mejorar la situación, en una medida difícil de evaluar. Si el presidente emerge de ésta, la última y más desesperada de sus muchas crisis, tendrá pocas deudas que saldar en nuestra dirección”. Frondizi le expresó poco después de los comicios: “Ayer llegó claramente el momento de verdad. Lo que tú y yo debemos hacer por [ahora] es trabajar no por Frondizi sino por la Argentina” (Carlos Escudé y Andrés Cisneros, “Historia de las relaciones exteriores argentinas”).

Ante la conmoción, las Fuerzas Armadas le exigieron a Frondizi la anulación de los comicios, a lo que no accedió, aunque sí intervino las provincias en las que se impuso el justicialismo. Tres años después, Frondizi dijo que dichas intervenciones las dictó “precisamente para preservar los resultados electorales, adversos a mi gobierno, pero libremente definidos como tales por la ciudadanía […]

“La intervención buscaba abrir un paréntesis entre la crisis provocada en el seno de las Fuerzas Armadas –controladas por el «gorilismo»–, por los resultados electorales, y la fecha fijada legalmente para la asunción del mando por los electos. Ese lapso permitía al Poder Ejecutivo negociar y pacificar, restando a los resultados de las elecciones el aspecto catastrófico para la democracia, con que lo presentaban la reacción y los monopolios internos e internacionales unificados en el propósito de paralizar nuestro desarrollo independiente a cualquier costo y bajo cualquier pretexto. Esa fue la razón determinante de la intervención” (Emilia Menotti, “Arturo Frondizi. Biografía”, Planeta, 1998, p. 363).

Contó Oscar E. Alende, gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre mayo de 1958 y marzo de 1962, en su libro “Entretelones de la trampa” (Editorial Rueda, 1964): “El sábado 17 de marzo por la tarde visité al presidente en Olivos. Le hice llegar mi solidaridad, pero destacando que en todo evento yo habría de mantener la línea popular. Nada me dijo sobre su propósito de intervención, a pesar de que ya tenía preparados los decretos. La pretensión de computar Vítolo para sí la serie de trabajosas victorias obtenidas en el Interior, y la prosecución de la línea antagónica peronismo-antiperonismo se vio desbaratada por el hecho político rotundo del 18 de marzo. La urdimbre pacientemente tejida desde el ministerio del Interior se había roto”.

Sin embargo, algunos testigos de la época refieren que Frondizi le dijo a Alende ese 17 de marzo: “yo le voy a decir lo que pienso... sin duda alguna, mañana tenemos una derrota. ... a mí no me queda otra cosa que intervenir la Provincia de Buenos Aires. Usted,... diga que no está de acuerdo. Incluso prepare ya una nota para mandarme a mí, diciendo que hay que entregar el poder...”

El diario norteamericano “Herald Tribune” en su editorial “EL FRACASO DE FRONDIZI”, opinó que la victoria peronista importaba el fracaso de la política de

Austeridad de Frondizi. “En vista de que se trata de una política con la que EE.UU. estaba de acuerdo…el veredicto de la elección fue un golpe también para nosotros…El triunfo no significa…que el pueblo argentino esté ofreciendo otra vez la corona a Juan Perón, significa que añora los días de derroche en gastos públicos, poderío exagerado de los sindicatos y un nacionalismo incandescente, aunque infructuoso. Pero hay una moraleja sombría a deducir de la crisis: que después de 130 años de independencia, la Argentina, de gran refinamiento, poblada en su totalidad por descendientes de europeos, aún rechaza las disciplinas constitucionales, pues lo primero que hizo Frondizi al enterarse del resultado de las elecciones, fue anularlas…a insistencia de las Fuerzas Armadas. Así la Argentina ha retornado al gobierno de la guardia pretoriana”.

Otro importante diario de ese país, el “Wall Street Journal”, comentó que el resultado electoral era “un severo recordatorio nuevo de las dificultades de introducir en la América Latina adelantos políticos y económicos democráticos…los sostenedores del expulsado dictador Perón, con apoyo comunista, ganaron elecciones parlamentarias en varias provincias claves, y entonces, el gobierno democrático de Frondizi, a requerimiento de sus jefes militares, decide…anular el voto peronista. Sobre cualquier crítica que puedan hacer al doctor Frondizi… ha venido trabajando… por estabilizar una economía saqueada y trastornada por Perón. Y su llamado programa de austeridad es una importante razón del descontento popular que volvió la elección contra su partido”.

Entretanto, el corresponsal latinoamericano de “Financial Times”, principal vocero de la ortodoxia económica inglesa, dijo que “hasta los más ardientes partidarios de Perón deben comprender que hacerlo regresar ahora probablemente desataría una guerra civil”…”los peronistas… ahora han votado contra él [Frondizi]… pero en 1964 posiblemente consideren conveniente una nueva alianza electoral… en la cual le darán renovado apoyo político a cambio de concesiones para las clases obreras”.

Según el histórico matutino londinense “The Times”, la causa de la crisis política argentina de entonces fincaba en “la actitud de los trabajadores pues Frondizi heredó un movimiento obrero nacional decididamente peronista”. Y agregó: ”serios razonamientos económicos impidieron que [Frondizi] siguiese el camino hacia la ruina trazado por sus antecesores y no parece haber habido otro medio de hacérselo entender a una hosca masa que no desea entender”.

Contrariamente a lo que se cree y hasta se escribe, la anulación de los comicios habidos entre diciembre de 1961 y marzo de 1962 fue dispuesta por Guido mediante los decretos 3.554 y 3.657, de 1962.

Por su parte, Vítolo, en 1963, en un folleto titulado “Frondizi y después”, testimonió que Frondizi había dictado dichas intervenciones federales “ad referéndum” del Congreso de la Nación, esperando que éste las rechazara y que dichas intervenciones las dispuso en para conservar el orden constitucional que en la misma noche de los comicios estuvo en peligro (Menotti, ibídem, p. 364).

Al día siguiente, las 62 Organizaciones dispusieron un paro general de actividades.

El martes 20 de marzo las Fuerzas Armadas expresaron reservadamente sus respectivas posiciones: el Ejército se inclinó por mantener a Frondizi en la Presidencia pero con un ministerio de coalición que le propondrían las Fuerzas Armadas y siguiendo un programa de acción indicado por ellas, en caso contrario se destituiría al Presidente, haciéndose cargo del poder las propias Fuerzas Armadas. La Marina dijo que la aguda crisis nacional se solucionaría con la dimisión voluntaria de Frondizi, que permitiría conservar el orden constitucional, pues de lo contrario se formaría un nuevo gobierno. Finalmente, la Fuerza Aérea se expresó en igual sentido que el Ejército.

El subsecretario de Defensa, doctor José Rafael Cáceres Monié, trabajó en la conformación de ese Gabinete de coalición y a tal efecto invitó a dialogar a los partidos Demócrata Cristiano, Cívico Independiente, Federación Nacional de Partidos de Centro, UCRP, UCRI, Socialista Democrático y Demócrata Progresista. La Marina se opuso a que se incluyera al Partido Socialista Argentino de Alfredo L. Palacios, a la Unión Federal y al Federal Argentino, por su insignificancia electoral. Balbín se negó a reunirse con Frondizi, alegando que éste buscaba salvar su gobierno y no al país y que confundía su estabilidad con la de las instituciones argentinas.

Los militares solicitaron varias veces la dimisión del Presidente, pero éste se rehusó y conformó un gabinete que fuera aceptable para las Fuerzas Armadas (Hugo Vaca Narvaja en Interior, Roberto Etchepareborda en Relaciones Exteriores, Jorge Wehbe en Economía, Miguel Sussini (hijo) en Educación y Cultura, Rodolfo Martínez en Defensa, Tiburcio Padilla en Salud Pública, Oscar R. Puiggrós en Desarrollo Social, y Pedro Pétriz en Obras y Servicios Públicos), cuyos comandantes en jefe eran entonces Raúl Poggi (Ejército), Agustín R. Penas (Armada) y Cayo A. Alsina (Fuerza Aérea). Éstas le dieron un plazo final hasta el 26 de marzo. Frondizi replicó que si los militares querían librarse de él, podían pegarle un tiro o encarcelarlo; pero que ello tornaría casi legendaria su negativa a renunciar.

Lo que sucedió entre el 26 y el 29 de marzo, en que Frondizi fue derrocado y apresado, será tema de otra nota.