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Lunes 16 de septiembre de 2019
OPINIÓN
Una cumbre del G-20 sin las sonrisas de otros tiempos
Por José Angel Di Mauro
8 de septiembre de 2013
Los gobiernos kirchneristas no serán recordados por la excelencia de su política exterior. Se sabe que a Néstor Kirchner no le seducían demasiado las relaciones internacionales. Le fastidiaban esos compromisos y de hecho, no acostumbraba a recibir las cartas credenciales de los embajadores, tarea que delegaba en su vice, Daniel Scioli. No es el caso de Cristina, quien disfruta plenamente de los viajes y contactos con dignatarios extranjeros.

Con todo, ambos siempre estuvieron atentos a lo que sucedía más allá de las fronteras, aun desde antes de llegar al poder máximo. Por entonces intendente de Río Gallegos, Néstor Kirchner fletó en 1988 micros a Santiago de Chile, llevando a su país a cientos de chilenos exiliados para votar masivamente en el plebiscito convocado por Pinochet para intentar perpetuarse en el poder. Fue un acto de injerencia, pero también un gesto ideológico que muchos años después le agradeció el presidente Ricardo Lagos. De alguna manera repitieron la experiencia en 2004, cuando los Kirchner contribuyeron a alentar el viaje de miles de uruguayos para votar por el Frente Amplio, que ganó las presidenciales ese año. Los partidos Blanco y Colorado reprocharon oportunamente esa actitud del gobierno argentino.

Admiradores desde siempre de los Clinton, los Kirchner no pudieron contribuir en nada para el triunfo de Barack Obama, pero sí lo celebraron como propio. Por eso debe entenderse el nivel extremo de decepción que experimentó CFK en esta última cumbre del G-20, donde se malquistó definitivamente con el presidente norteamericano, quien esta vez no le dispensó ni un minuto de atención, como sí hizo por ejemplo con los mandatarios de Brasil y México. Es la confirmación de que en la región, Argentina ha quedado relegada en la consideración norteamericana.

Como se ha dicho aquí, era necesaria esa entrevista que entre ambos mandatarios que pese a los repetidos viajes de CFK a Estados Unidos sólo puede darse en el ámbito del G-20, para pedir la intervención del gobierno de ese país en el litigio que se dirime allí con los fondos buitre. De mínima, Argentina necesita que Obama interceda ante la Corte para avalar la apelación de nuestro país, cuestión de asegurar en lo posible que el Alto Tribunal acepte el caso. Según las estadísticas, la Corte Suprema del país del Norte acepta intervenir en la mitad de los casos solicitados por el gobierno de ese país, pero apenas en tres de cada cien de los que no cuentan con ese auspicio.

Si bien nada asegura que la Corte vaya a fallar diferente de lo que lo hizo la Justicia norteamericana en las dos primeras instancias, Argentina ganaría tiempo con esa intervención. De lo contrario, el fallo podría quedar firme antes de las elecciones de octubre. Habrá que prepararse ahora para eso: es casi seguro que el Tribunal Supremo de EE.UU. no aceptará la apelación argentina.

La Presidenta vuelve de Rusia sin mayores satisfacciones. Como una réplica de la política doméstica, donde el gobierno está llegando sólo a “los convencidos”, en el G-20 los encuentros satisfactorios se limitaron a aquellos con los que ya hay relaciones cordiales; no pudo avanzarse en tender nuevos puentes.

Tampoco ha prendido la advertencia de que el destino de la deuda argentina puede replicarse en lo que vaya a suceder con otras naciones en rojo. Sucede que a partir de la experiencia argentina, en la que es necesario el 100% de adhesión al canje para dar por concluida la situación, los acuerdos que vienen haciendo los países en las refinanciaciones establecen que si una mayoría determinada acepta el canje, quienes no lo hacen deben avenirse al mismo. En cambio Argentina no puede dar vuelta la página cuando apenas un 7% le ha dicho no al acuerdo, y está en riesgo de volver a caer en default por la actitud de un 0,45% de los tenedores de bonos.

El viaje de la Presidenta interrumpió los encuentros con “los titulares”, que venían realizándose y en cuyo marco se anunciaron los cambios en Ganancias. Es de esperar que se retomen en los próximos días, como así también los anuncios oficiales que buscan revertir las encuestas que hoy anticipan un escenario sumamente negativo para el kirchnerismo. Con ese objetivo se esperan anuncios inminentes que esta vez involucrarán a los autónomos y una modificación de las escalas del monotributo, sectores que quedaron afuera de los últimos beneficios anunciados.

Algunas versiones hablan también de un retoque en el IVA, pero habrá que esperar para confirmarlo. Ya una vez el gobierno de Néstor Kirchner estuvo a punto de bajar la alícuota del 21%, pero volvió sobre sus pasos al advertir que la mejora no se trasladaría a los precios.

Otro “clamor” de la gente que el gobierno quiere mostrarse atendiendo es el de la seguridad, y a eso apunta la presencia masiva de gendarmes en el Conurbano. El gobierno de Daniel Scioli puso a Alejandro Granados al frente del futuro Ministerio de Seguridad, en una medida que sus colaboradores aseguran que venía analizándose conforme los “nuevos escenarios”. Desde el sciolismo buscan contraponer la figura del intendente de Ezeiza a la de Sergio Massa, remarcando que lo eligieron porque “puso a Ezeiza en lo más alto de la consideración de la Provincia en términos de seguridad y de tecnología”. Aseguran que Granados fue “pionero en cámaras de seguridad y la confección de cuadrículas y despliegue policial”, pero destacan que “optó por enfrentar la cuestión para adentro, sin marketing”. Esa última referencia tiene como destinatario al intendente de Tigre.

El que ahora también habla de inflación y seguridad es el candidato Martín Insaurralde. El primer tema lo llevó a malquistarse con Guillermo Moreno; el otro, con quienes serán sus compañeros desde el 10 de diciembre, los diputados kirchneristas. Pasa que el intendente de Lomas de Zamora habló del Régimen Penal Juvenil, un tema claramente frenado por el kirchnerismo en el Congreso, pese a que hasta la Presidenta llegó a ponerlo como prioritario. Si bien Diana Conti reconoció el viernes que se trataba de “una deuda”, desde el gobierno no estarían muy dispuestos a avanzar con el tema y la sensación imperante sobre el final de la semana era la de que “Martín se cortó solo”, o bien avanzó demasiado en el marco de un reportaje y ya después no tuvo vuelta atrás.

En el gobierno provincial, motor de su campaña, pusieron énfasis en destacar que el candidato hacía propia la iniciativa de Scioli de “quitar las armas de las calles” y afirmaron que esa y una reforma integral de la Ley Penal Juvenil son cosas que viene sosteniendo el gobernador desde hace tres años.