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Viernes 23 de junio de 2017
OPINIÓN
2017 y el prometido cambio
Por Aníbal Hardy. Para el autor, urge implementar una cultura del trabajo y no seguir cultivando la cultura de la dádiva y del clientelismo.
4 de diciembre de 2016
Durante este convulsionado 2016, tras un simple análisis a mis contemporáneos gobernantes, descubrí que no existieron en muchos de ellos la tarea noble, basada en la buena doctrina, el coraje y la generosidad, por lo que se puede afirmar que en la Argentina actual, al menos en parte, las buenas ideas han desaparecido. Con la nueva administración nacional esperemos que desaparezca la costumbre arraigada de los esfuerzos combinados de una clase política acomodaticia, ayudada sobre todo por una gran mayoría de argentinos muy necesitados, (dos tercios), algunos incautos y otros avivados, gustosamente abrazados por una clase dirigente, que solo busca continuar en el poder. Moraleja: "Papá gobierno sólo sobrevive con hijos incapaces y cuanto más incapaz es el hijo más gasta para mantenerlo… "

El gobierno anterior hablaba de “profundizar el modelo”, la mayoría de los argentinos, que trabajan honestamente desde el llano y paga religiosamente sus impuestos, les vienen a la memoria los nombres de los sentenciados Jaime, Pedraza, López, Boudou, Salas y otros, la Barrick Gold , la British Petrolium y otras transnacionales, los barones del conurbano y algunos gobernadores. Si hubiera seguido esta mentada profundización, habría significado la entrega definitiva, el remate final de la poca autonomía estratégica que le quedaba a nuestro país. Con el feliz advenimiento de la democracia, Alfonsín dijo que con ella se comía, se educaba, se curaba; pero se omitió incluir que en realidad se podía robar, asesinar y destrozar al país. La verdadera profundización se basó en los negociados, robos y enriquecimiento ilícitos. Se sustrajo para las diferentes coronas, nacional, provincial, municipal e incluso las propias, y esa planificación sistemática, era usada para seguir en el poder. Aun así sirvió.

Pese al cambio de los inquilinos de la Casa Rosada, mientras tanto para el pueblo, sigue vigente la Ley de Entidades Financieras, norma basal para el vaciamiento del país, impuesta durante la dictadura militar. Paga más impuestos un habitante del Circuito Cinco, al comprar un litro de leche, que un especulador que mueve capitales millonarios. La minería a cielo abierto casi no aporta al fisco y exporta bajo simple declaración jurada. Al juego, lo tratan como si la timba fuera una actividad de caridad. Nuestros distraídos integrantes de las Fuerzas Armadas que juraron por la bandera, que estaban dispuestos a defenderla en caso que un ejército enemigo o una ideología foránea (Socialismo del Siglo XXI- Chavismo- Castrismo) intentara cruzar la frontera, hasta hoy solo se cuidan de no perder sus pensiones de retiro.

Los grandes partidos políticos son verdaderos envoltorios de una logia. La traición a los ideales políticos ya no es castigada por ningún Tribunal de Honor: funcionarios “todo terreno 4x4” ocupan cargos en distintos gobiernos, sin importarle el color político. Ciudadanos que no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado. Se robaron millones de pesos a jubilados para darles una dádiva miserable y un mal servicio hospitalario. No hay familia, célula de la sociedad, ni justicia independiente y menos educación. En síntesis: muchos ciudadanos convertidos en felpudos humanos que tratan de reelegir a sus propios déspotas.

Para revertir esta situación, entre todos deberíamos sustentar la vida pública sobre valores morales firmes, reafirmar el cumplimiento de la ley y no legitimar esta velada anarquía, como con los focos de resistencia abierta que realizan desde el Congreso de la Nación para trabar y/o derrocar al nuevo gobierno que como efecto dominó se esparce por todo el país. Urge Implementar una cultura del trabajo y no seguir cultivando la cultura de la dádiva y del clientelismo. Tener una política educativa y socio económica que revierta la pobreza creciente, y no calmar el hambre con la distribución de planes sociales, apresurar la integración nacional.

Extirpemos el viejo apotegma anarquista: “Todo gobierno, no es sino la organización de la clase privilegiada que oprime al pueblo con las fuerzas del pueblo mismo y que éste, nombrando diputados, delega en ellos la conquista y la defensa de sus derechos..." Todavía no desapareció el coraje cívico que se necesita para luchar por la Patria, no todo está perdido, ni todos los honestos están escondidos en sus casas. Esperemos un Feliz Año Nuevo, y con el prometido cambio.