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Lunes 18 de junio de 2018
OPINIÓN
El Gobierno busca marcar la agenda en un año electoral
Por José Angel Di Mauro. En un mundo que totalmente distinto al previsto al llegar al poder, el macrismo tiene la complicación extra de estar ante un año electoral, frente al cual se ha impuesto la premisa de dominar la agenda con temas que no pasen eminentemente por la economía.
29 de enero de 2017
La paradoja con la que debe convivir el gobierno de Mauricio Macri es haber llegado al poder con la premisa de reinsertar a la Argentina en el mundo -después de una década de aislacionismo-, herramienta clave para la recuperación económica… Y que el mundo se pusiera patas para arriba.

Uno a uno, los acercamientos que se lograron -con singular éxito- fueron revertidos por la situación interna de los países de nuestros interlocutores. David Cameron fue uno de los primeros líderes mundiales con los que Macri tuvo una bilateral, y el premier británico fue sorpresivamente barrido después por el Brexit; con Francoise Holland se logró una singular cercanía, al punto tal de visitar el francés la Argentina, pero no participará de las elecciones de abril, en las que ya no es descabellado pensar que pueda ganar la derechista Marine Le Pen.

Brasil no sale de la crisis y, lo que es peor para nosotros, no empieza a crecer, complicando a nuestra industria, hiperdependiente de nuestro principal socio comercial. Y Estados Unidos… todo pintaba de maravillas después de que el mismísimo Barack Obama viniera a la Argentina, donde hasta bailó el tango con Mora Godoy… y se dio el batacazo electoral que hasta hay quienes sostienen que ni Donald Trump esperaba.

No pasó una semana para que la Argentina se encontrara ante la primera consecuencia negativa directa de la asunción del magnate, con la suspensión por 60 días de la importación de limones por parte de Estados Unidos. Si bien el alcance de la medida fue minimizado por las autoridades argentinas, que insisten en aclarar la condición coyuntural de la misma, no sería extraño que ese acuerdo comercial logrado con la administración demócrata sea revertido por Trump. A juzgar por la primera semana del presidente republicano, sería lo más probable.

Nobleza obliga, no puede culparse al gobierno por esta sucesión de imprevistos, salvo la actitud de jugarse abiertamente por el triunfo de Hillary Clinton. La oposición, que de entrada ponderaba abiertamente a Susana Malcorra, le perdió el respeto tras su desafortunada competencia por la secretaría general de la ONU y ahora no deja de fustigarla, sobre todo a partir del meneado acuerdo con los británicos en septiembre pasado. Lo que se espera es que el gobierno haya tomado debida nota de este reformateo del mundo para actuar en consecuencia. Fuentes calificadas aseguran que en materia diplomática ya se tomaron las medidas adecuadas para recomponer la relación, pero el andar de Donald Trump hace pensar que las derivaciones de las medidas que está adoptando podrían dejar al problema de los limones apenas como una anécdota.

En su primera aparición pública junto a un líder extranjero, Trump se mostró con Theresa May -la primer ministra de un Reino Unido al que el presidente norteamericano privilegia en un mundo donde no tiene consideración por otros países-, y no ahorró elogios por su salida de la Unión Europea, destacando el respeto de Estados Unidos al “derecho a la autodeterminación” de ese país. Se refería a la decisión de los británicos de generar el Brexit, pero esas palabras serán un aliciente para los kelpers, que ya se han mostrado entusiastas con Trump, al que pidieron que les construya un muro para resguardarse de Argentina.

De resguardar sus fronteras viene hablando el gobierno las últimas semanas. En rigor, es una de las promesas de campaña, durante la cual reprochó al kirchnerismo la falta de controles que permitió el ingreso de droga y narcos. El endurecimiento de los controles migratorios se plasmará este lunes en un nuevo DNU, que esta vez no colisionará con la oposición. Al menos no con toda la oposición. Atento a la recomendación que las espadas legislativas de Cambiemos le hicieron al gobierno en cuanto a moderar el uso de los decretos y garantizarse si los emite que no vayan a ser obturados después en el Congreso, las autoridades consensuaron la letra del mismo con Miguel Pichetto y el massismo. Con el jefe de los senadores del bloque mayoritario en el Senado habló del tema el ministro Germán Garavano cuando se reunieron para analizar la reforma del Régimen Penal Juvenil, tal cual adelantó este medio hace dos domingos, y volvieron a convocarlo los últimos días para mostrarle el texto que se conocerá públicamente este lunes. También se aseguraron la anuencia del massismo; en este caso los interlocutores fueron el diputado provincial Ramiro Gutiérrez y el especialista en temas de seguridad Diego Gorgal.

No hubo los mismos recaudos con los decretos publicados el lunes anterior, que desataron una oleada de críticas de parte de la oposición. El que modificó la Ley de ART recibió cuestionamientos de forma: el proyecto ya tenía media sanción y en el Congreso consideraron como mínimo de mal gusto no esperar que la otra cámara lo convirtiera en ley. El argumento oficial fue la necesidad de frenar con el decreto la catarata de juicios laborales que ingresarían a los tribunales en febrero, concluida la feria judicial. Pero el gobierno ya tiene la solución para contener a la oposición: permitirá que se convierta en ley y están viendo cómo desandar el decreto una vez que eso suceda.

Lo que había entrado en un callejón sin salida era el DNU que cambió el calendario de feriados. Un tema que el gobierno debe haber interpretado como menor, pero que generó disidencias irreconciliables. Sobre todo porque la oposición tomó la cuestión como una bandera innegociable, fundamentalmente por el 24 de marzo, transformado en feriado móvil. Como de costumbre, el kirchnerismo enarboló la consigna como caballito de batalla y luego el resto de la oposición no quiso dejarle el tema como bandera a los K, por lo que todos aparecieron encaramados en contra del gobierno por el Día de la Memoria. Ante la magnitud que había tomado la polémica y la convicción de que en el Congreso se enfrentaba a una derrota histórica -nunca hasta ahora un DNU fue revertido en el Parlamento- el gobierno resolvió este sábado retrotraer no solo el feriado del 24 de marzo, sino también el del 2 de abril y el 20 de junio.

Le quedará una vez más a Cambiemos reivindicar su falibilidad, como así también su disposición a aceptar las críticas y volver sobre sus pasos. Pero a esta altura el sistema de “prueba y error” no hace más que desgastarlo.

En cuanto a los decretos, la oposición fustiga al gobierno por el “abusar” de esa herramienta, pero la historia muestra que Mauricio Macri firmó 18 DNU en su primer año de gestión, contra 65 que en el mismo período emitió Néstor Kirchner, a pesar de tener mayoría en ambas cámaras.

Amén de estas idas y vueltas, está claro que lo que el gobierno busca en este año electoral es manejar la agenda; hasta ahora lo ha conseguido. Y no es un dato menor que los temas elegidos hayan sido cuestiones que entiende son especialmente caras al votante de Cambiemos. Después de un año en el que se le reprocha que, más preocupado por evitar desbordes sociales, haya desatendido las demandas de esa clase media y alta que llevó a Mauricio Macri al poder, hoy el gobierno encara el año electoral con la consigna de retener en principio el voto propio. De ahí que anuncie medidas supuestamente bien vistas por su electorado: baja de edad de imputabilidad; endurecimiento de los controles migratorios; límites para la cantidad de apelaciones; límites para los juicios laborales; no más financiamiento estatal del fútbol… La eliminación de feriados está incluida en la lista.

Es la prueba de que prevalece en el oficialismo la postura esbozada por Durán Barba y abonada por el poderoso Marcos Peña respecto de privilegiar el voto propio en lugar de salir en busca del electorado adverso. Una muestra de qué postura se impone la dio la foto del almuerzo de la última semana en el restaurante La Brigada, de San Telmo, donde se los vio muy sonrientes a Marcos Peña, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Fernando De Andreis, Federico Salvai y Diego Santilli. “Esa foto es importante no solo para ver a los que están, también para tener en cuenta a los que no están”, deslizó a este medio un dirigente tan PRO como los retratados. El ausente Emilio Monzó, armador histórico del macrismo, es partidario de salir a buscar el voto peronista.