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Miércoles 22 de noviembre de 2017
OPINIÓN
Cierre abrupto de una campaña opaca por un desenlace trágico
Por José Di Mauro. Los argentinos votarán este domingo en el marco del conmocionante desenlace de un caso que el gobierno manejó con dificultad manifiesta, aunque el resultado no parezca ser en principio el que se planteaba como una verdad revelada.
22 de octubre de 2017
Ni en sus mejores sueños el oficialismo se había imaginado llegar a la última semana de campaña con semejante tranquilidad. Después de la zozobra que dominó la escena camino a las PASO, sobre todo por la incertidumbre que planteaba la elección bonaerense, la campaña para las elecciones generales fue bien distinta, con un gobierno dominador de la escena y una oposición más atenta en el día después que en el 22 de octubre. Y una Cristina Fernández de Kirchner hipermediática y muy activa, inéditamente peronizada, como demostró en el cierre de campaña en Racing con el que arrancó esa última semana. Señal evidente de que, por el fuerte contraste con las PASO que ganó por 20 mil votos, las cosas no estaban como habían planeado.

En efecto, en el kirchnerismo dominaba la sensación de que pudieran sufrir el “efecto Scioli”, fenómeno que sucedió en las elecciones 2015, cuando el entonces candidato presidencial del Frente para la Victoria no superó en agosto las expectativas (36,69%), y en octubre no logró sumar mucho más (37,08%), con lo que la derrota en el balotaje fue la crónica de una muerte anunciada.

Se imponía entonces un cambio radical, parecido al que el propio Scioli le imprimió a su campaña para la segunda vuelta de 2015, cuando cerca estuvo de revertir lo que dijimos se presumía un resultado cantado.

Esa tranquilidad con la que Cambiemos se aprestaba a vivir su última semana de campaña se deshizo súbitamente el martes. Y eso que el 17 de octubre había arrancado de parabienes para los ánimos oficialistas, al anunciarse la resolución de la Sala II de la Cámara Federal de ordenar el desafuero y detención de Julio De Vido, todo un emblema del kirchnerismo, por la causa que investiga la presunta defraudación al Estado en la puesta en marcha de la mina de carbón de Río Turbio. Pero pasado el mediodía se conoció la noticia que no solo cambió el espíritu de la campaña electoral: la frenó definitivamente. Hablamos, claro está, de la aparición de un cuerpo en el río Chubut, en el preciso lugar donde se produjo la refriega entre los gendarmes y la comunidad mapuche el 1 de agosto pasado. Si tiene cuatro patas, ladra y mueve la cola, no quedan dudas de que es un perro; en este caso, resultaba obvio concluir la identidad del cadáver, máxime cuando portaba incluso el documento de identidad…

El ritmo de la Casa de Gobierno cambió radicalmente a partir de ese día, en el que no podían ocultar la primera reacción que les despertaba esa noticia: la conmoción generada por el supuesto hallazgo del cadáver de Santiago Maldonado mandaba a un segundo plano el pedido de detención del ministro clave de los 12 años kirchneristas. Pero iba mucho más allá.

En el gobierno valoraron la mesura con la que se manejó a partir de ese momento la familia de Maldonado, aunque no faltaron los que sugirieron otra interpretación: la de que la aparición del cuerpo podía hacer caer la versión que mantuvieron todo el tiempo respecto de que gendarmes se habían llevado al joven artesano. La posibilidad de que en efecto así hubiese sido y para completar su macabra tarea hubieran “plantado el cuerpo” ahora, fue una versión que comenzó a circular de inmediato entre quienes siempre abonaron la teoría de la “desaparición forzada”.

Los conocedores de la zona, incluidos los periodistas que se instalaron allí para cubrir la búsqueda de Maldonado, se ocuparon de relativizar tal posibilidad, advirtiendo las dificultades serias de semejante operación en el corazón del Pu Lof, una zona vigilada y sobre todo transitada por los mapuches que ocupan esas tierras pertenecientes a Benetton y que ellos ocupan no desde tiempos ancestrales, sino desde abril de 2015. Con todo, la vocera de la comunidad mapuche fue la primera en sugerir que ese cuerpo había sido “plantado” allí.

Así, la última semana electoral concluyó sin actos, poniéndole un broche acorde a una campaña ciertamente opaca. En rigor, el levantamiento de todos los eventos pareció ser una suerte de manto de piedad para una campaña sin brillo ni efervescencia. El inicio de la veda se confundió con el de la autopsia al cuerpo que, al cabo de esa jornada, se confirmó pertenecía al del artesano desaparecido. El comunicado de la familia mantuvo en líneas generales la mesura exhibida a lo largo de la semana -cuyo mayor ejemplo fue el pedido de no movilizarse-, aunque incluyó críticas al gobierno por la “inexplicable” negativa ante “el ofrecimiento de colaboración de expertos de la ONU”. Con todo, siguen apuntándole a Gendarmería: de ellos hablan cuando señalan en el comunicado que necesitan saber “no sólo quienes le quitaron la vida, sino los que colaboraron en el encubrimiento”.

Pero la dureza contra el gobierno volvió cuando Sergio Maldonado negó haber hablado con el ministro de Justicia, Germán Garavano, que así lo había contado, y trató de “hipócrita” al Presidente por haber llamado a su madre. Fue más allá: llamó a no votar al gobierno este domingo. Nadie lo reprenderá por haber violado la veda en los medios.

Más allá de la intransigencia de los familiares, las autoridades mostraron a lo largo de esta crisis un manejo sumamente deficiente de la situación. El de los derechos humanos es una materia que al Presidente en particular le cuesta rendir.

Amén de las formas, se percibió cierto alivio en el oficialismo a partir de los primeros resultados de la autopsia de Santiago Maldonado, anunciados por el juez Guido Lleral, respecto de la falta de lesiones en el cuerpo. Las versiones que adjudican a un testigo mapuche haber sido quien reveló a la justicia el dato que permitió dar con el cuerpo, serían elementos que permitirían terminar despegando a los gendarmes de la acusación de homicidio. Hoy por hoy, la presunción más convincente apunta al ahogamiento, pero habrá que esperar al final de las pericias.

A la defensiva, un funcionario se preguntaba esta semana qué “beneficio” podría reportarle al gobierno “plantar” el cuerpo para que apareciera a cinco días de las elecciones. Más bien resultaba el más perjudicado. Paralelamente el mismo funcionario advertía con cierto alivio que había que celebrar que el hallazgo no se hubiera producido una semana después, pues hubiera sido muy difícil convencer que el gobierno no había esperado a que pasaran las elecciones para encontrar el cuerpo. Peor aún, el hallazgo una semana después hubiera borrado todo vestigio del resultado electoral que Cambiemos espera favorable.

En la práctica, la expresidenta fue la única que pudo cerrar su campaña con un gran acto público. El resto, como dijimos, decidió suspender todo. Mauricio Macri debió romper la cábala de cerrar en Córdoba, el distrito donde el Presidente es mejor ponderado después de la Capital Federal. Pero María Eugenia Vidal se dedicó, como en las PASO, a un raid mediático que supone más productivo que cualquier acto. La que en cambio debió suspender esas presentaciones fue Elisa Carrió, cuyas últimas expresiones sobre el caso Maldonado la dejaron muy mal parada. Un sondeo realizado a mitad de semana mostró una pérdida de casi dos puntos. Nada demasiado preocupante por la ventaja que sacó en las PASO y amagaba estirar este domingo, pero lo suficiente como para generar fastidio en las altas esferas de Cambiemos y un pedido para que solo hablara en las redes. Obediente, ella cumplió.

Volviendo a Julio De Vido, cuyas penurias fueron opacadas por el caso Maldonado, terminó la semana con un segundo pedido de detención, esta vez del juez Claudio Bonadio por supuestas irregularidades en la compra de gas natural licuado. La resolución del caso será pasadas las elecciones, cuando este martes la Comisión de Asuntos Constitucionales emita dictamen sobre los pedidos de desafuero y al día siguiente el pleno de la Cámara baja decida su destino. Un conteo preliminar permite verificar que están los votos para sellar su destino -hacen falta dos tercios de los presentes-.

Antes de que se conociera el pedido de arresto de Bonadio, se sabía que el juez Rodríguez estaba dispuesto a ordenar su detención en el mismo Congreso, ni bien los diputados resolvieran su desafuero. Se descuenta que De Vido no le dará esa foto. Se especula desde el jueves con que presentaría antes su renuncia, aunque ello supondría su inmediata detención. Mal negocio.

Podría aguardar en cambio a jugarse su suerte en la Cámara baja, a la espera de una retribución de muchos por tantos favores realizados. Como sea, no estaría presente a la hora de la votación, para evitar que un desenlace adverso lo muestre saliendo esposado del Congreso.