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Sábado 21 de julio de 2018
OPINIÓN
Río Pilcomayo: frontera con aguas turbias
Por Aníbal Hardy. El autor advierte la importancia de una efectiva política de afirmación de las fronteras, para defender la soberanía y proyectar su influencia al vecino.
12 de marzo de 2018
La frontera de la provincia de Formosa con el Paraguay, desde el hito Uno hasta Iguazú, no representa ningún peligro, ya que la ciudad de Formosa y Clorinda son verdaderas fronteras vivas, y el interior provincial mediante la política agresiva del pueblo y gobierno en la búsqueda de su reordenamiento espacial, promueve el desarrollo, incentivando la explotación agropecuaria, la erección de obras de infraestructura como el gasoducto, Ferrocarril, la Ruta 81 y su salida al Pacífico, más sus ricos yacimientos petrolíferos, el turismo, viviendas rurales, hospitales, el complejo Laguna Yema, etc., es una visión audaz del futuro de Formosa, que tiende a aumentar su estatura política y colocarla en mejores condiciones, para el diálogo, la cooperación o la integración con otros países, conforme a los intereses argentinos.

Una frontera es mucho más que un límite, es un área de cruce de presiones, culturas, intereses económicos, agrupamientos demográficos, que penetran en los respectivos territorios de los países linderos. En tal sentido toda frontera es altamente sensible, por lo que demanda una atención política especial por parte de los gobiernos.

No hay verdadero y efectivo dominio nacional, allí donde no hay ocupación efectiva del territorio, es decir, población que realmente lo nacionalice y actividad económica que sirva de sustento a su arraigo.

Sólo es posible una efectiva política de afirmación de las fronteras, en el marco de una política nacional global, que fortalezca la Nación mediante el desarrollo de todas sus potencialidades. La política de frontera es el testimonio de la forma cómo el Estado cuida su espacio, piensa integrarlo en su contexto territorial, defiende su soberanía y proyecta su influencia hacia el vecino.

El presidente Arturo Frondizi (1958) definió el esfuerzo nacional de la integración territorial, al hacer tomar conciencia que la Nación es una categoría que abarca, integra y armoniza a todas sus regiones, grupos sociales, actividades económicas y corrientes ideológicas y políticas.

La provincia de Formosa, frontera norte del país, nobleza obliga a reconocer que, a través de hechos concretos, hizo que la Nación la haya incorporado a la conciencia nacional, mediante la merecida Reparación Histórica, encolumnando a todos sus habitantes a metas que les son comunes, de grandeza, paz social, de soberanía y justicia.

Los formoseños no debemos olvidar que un bíblico mandamiento dice que Dios no nos mandó amar al prójimo “mas” que, a nosotros mismos, sino “amar al prójimo como a nosotros mismos”. Esto también es aplicable a las naciones, las que deben recibir con toda cordialidad aquello que viene de afuera y pueda favorecerlas, pero no destruir la propia nacionalidad, la propia cultura (idioma castellano), la propia economía (reprimiendo el contrabando de mercaderías y drogas/ atención gratuita en hospitales públicos), sus valores (erradicar la filosofía del ñembo), su esencia como una comunidad definida (argentinos).

Es sabido que los países no tienen ideologías, sino intereses económicos concretos, y el conflictivo tema del Río Pilcomayo debe ser una causa de todos los formoseños (curepí), pese a la existencia de lazos de sangre de muchas familias con los hermanos paraguayos.