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Sábado 14 de diciembre de 2019
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Cómo fue el cierre de sesiones ordinarias del último recambio presidencial
En 2015, el kirchnerismo enarboló la teoría de “gobernar hasta el último minuto” y desoyó el pedido del Gobierno que venía de no aprobar más leyes. La recordada última sesión en Diputados y qué pasó finalmente en el Senado.
22 de noviembre de 2019
Ambas cámaras cerraron ya sus períodos ordinarios y decenas de diputados y senadores concluyeron sus mandatos, aunque formalmente eso suceda recién dentro de tres semanas. En la Cámara baja, la última sesión fue en minoría, pero el día anterior se habían aprobado alrededor de 70 proyectos consensuados previamente. Algo que contrasta claramente con lo sucedido cuatro años atrás, cuando el oficialismo de entonces se negó al pedido de no aprobar más leyes y se las arregló para imponer su número. Al menos en Diputados.

Aquí el recuerdo de lo que sucedió entonces, descripto en el capítulo 3 del libro Gobernar en Minoría, de José Angel Di Mauro:

Desafiante, el kirchnerismo utilizó todo el poder del que disponía hasta el final del mandato de su líder. Nada para reprochar: era legal lo que hacía. Aunque se tratara de un gobierno de salida, estaba en su derecho legislar hasta el último instante; pero teniendo en cuenta que en pocos días asumiría una administración de signo opuesto, se justificaba el pedido de moderación de Cambiemos. No lo tuvieron en cuenta.

Más allá de masivos nombramientos registrados en las últimas semanas de la administración saliente, hubo una medida aun más gravosa: el decreto con el que la presidenta Kirchner extendió al resto de las provincias el fallo de la Corte Suprema que atendía el reclamo de solo tres. Pero en el terreno legislativo el Frente para la Victoria decidió utilizar la mayoría de la que disponía para aprobar un paquete de leyes a contramano de los deseos del futuro gobierno. Fue así que tres días después de ganar el balotaje, Mauricio Macri pidió ya no al gobierno saliente, sino a la Cámara baja no impulsar nuevas leyes en lo que quedaba de esa gestión.

“No vamos a paralizar el Congreso como pidió la oposición”, le contestó la titular del bloque kirchnerista Juliana Di Tullio, que aclaró entonces que había un temario “precisado por la presidenta” que ellos iban a cumplir pues así lo avalaba la Constitución. Al día siguiente de esos dichos, el kirchnerismo logró -con ayuda de parte de la oposición- sesionar para aprobar un paquete de proyectos que tenían impacto fiscal, como la creación de Yacimientos Carboníferos Fiscales, la expropiación del Hotel Bauen y el reparto de ganancias empresarias entre trabajadores.

Para no convalidarla, la oposición que en dos semanas pasaría a ser oficialismo se negó a participar de esa sesión especial convocada por el kirchnerismo para tratar el paquete de leyes que deseaba el gobierno de Cristina. Así las cosas, se desarrolló en un recinto semivacío, habitado solo por los que habían dado quórum. Y un adelanto de que la relación entre el kirchnerismo y Cambiemos sería siempre a cara de perro se vio con el primer tema a tratar: una serie de renuncias de diputados que dejaban sus bancas con otros destinos.

Tomó la palabra la presidenta del bloque FpV para anunciar que solo votarían los pedidos de renuncia de los diputados presentes, excluyendo deliberadamente a los de la oposición, con la única excepción de Mario Das Neves, gobernador electo de Chubut, que estaba siendo sometido a un tratamiento médico por el cáncer que padecía y que meses después terminaría con su vida.

Quedaban sin aprobar las renuncias de los futuros oficialistas Federico Pinedo y Julio Cobos, quienes debían asumir en el Senado, y los cordobeses Carlos Caserio -también iba a la Cámara alta- y Juan Schiaretti -gobernador electo por Córdoba-. Sin embargo Victoria Donda pidió que como excepción le aceptaran la renuncia al mendocino Cobos, pues quien asumiría en su lugar era Graciela Cousinet, de Libres del Sur como ella. Con la discrecionalidad que caracterizó a esa sesión, Di Tullio accedió: “Lo aceptamos más que gustosos, porque reconocemos que es parte de una oposición responsable que se ha sentado para que podamos sesionar”.

En esa extraña sesión fue también cuando el kirchnerismo comenzó a percibir rebeliones internas que le dificultaron llegar a un quórum que solo alcanzó gracias a la presencia de ocho opositores, entre ellos Claudio Lozano, Victoria Donda y los tres del Frente de Izquierda. Les faltaron diputados propios como Oscar Romero -sindicalista que más tarde presidiría el bloque Justicialista-, y algunos de los siempre fieles santiagueños.

Hombre del interior de la provincia de Buenos Aires y perteneciente al movimiento obrero -del sector industrial automotriz-, Romero recuerda bien ese episodio, pues tenía un proyecto de ley que beneficiaba al sector autopartista, que finalmente terminaría siendo aprobado durante la gestión Cambiemos. Recuerda que el gobierno de Cristina había asumido con su gremio el compromiso de que esa ley iba a salir. “Hubo una discusión importante con el entonces ministro de Economía (Axel Kicillof), y se llegó al compromiso de que en la última sesión del período ordinario, eso se iba a tratar”, detalla Oscar Romero, que advirtió cuando comenzaron a circular las órdenes del día que había nada menos que 90 proyectos de ley para ser tratados, pero el suyo no figuraba.

Rápidamente se aprobó la creación de Yacimientos Carboníferos Fiscales, que el futuro oficialismo denunció como “un despropósito”, pues implicaba una erogación de 5.000 millones de pesos que ni siquiera estaban en el Presupuesto. Pero tras esa votación la sesión quedó sin quórum, cuando tres riojanos abandonaron sus bancas: anticipadamente comenzaba a funcionar la diplomacia telefónica de Cambiemos con los gobernadores.

Tardó dos horas el kirchnerismo en volver a reunir el quórum con la llegada de otros diputados propios, y pudieron aprobar todos sus proyectos. Entre ellos, la expropiación del Hotel Bauen, indemnizaciones para exagentes de Petroquímica General Mosconi, Canal 13, Gas del Estado y SEGBA; una “cláusula de conciencia” al Estatuto del Periodista y un régimen de acceso equitativo de las mujeres en empresas del sector hidrocarburífero.

Fueron en total 90 proyectos y la faena debía ser completada una semana después cuando el Senado los transformara en ley. Pero la Cámara alta ya no era un territorio absolutamente leal a CFK. Todo se trabó en las comisiones, donde el único proyecto que obtuvo dictamen fue el que creaba Yacimientos Carboníferos Fiscales. Pichetto no anduvo con vueltas al explicar que ese sería el único que recibiría tratamiento en el recinto, pues era el que le había pedido especialmente la presidenta.

Pero ni siquiera ese proyecto fue aprobado. El 9 de diciembre, a horas del recambio presidencial, la sesión prevista en la Cámara alta luego de que la presidenta prorrogara las sesiones ordinarias fracasó por falta de quórum.

La mayor decepción fue la de unos 150 trabajadores de la mina de Río Turbio que se habían concentrado fuera del Congreso a la espera de que aprobaran la creación de YCF, ley que Cristina Kirchner esperaba promulgar ese mismo miércoles, como último acto de gobierno.