2006 fue un año marcado por una fuerte suba del Producto Bruto Interno, aunque con una inflación elevada pese a los controles oficiales.
Sin duda 2006 dejó algunas sorpresas en materia económica, donde hubo un fuerte aumento del Producto Bruto Interno pero con el fantasma de la inflación presente en el día a día. En primer término hay que destacar el crecimiento de la economía del país, de alrededor del 8,5 por ciento, una cifra que se ubicó muy por encima del cinco por ciento estimado por el Gobierno y del siete por ciento promedio calculado por analistas privados.
Este crecimiento económico fue producto de una mejora en el consumo de la población en general, que se tradujo en un incremento en las ventas en supermercados y en shopping, del orden del 10 al 12 por ciento en comparación interanual.
Con un consumo tan firme como el que se observó en este año y con una mayor formalidad en la actividad económica se logró, asimismo, un mayor nivel de recaudación, que en 2006 fue récord. Si bien aún queda computar la cifra final, se estima que la recaudación global de todo el año fue de 145.000 millones de pesos, frente a una estimada por el Gobierno de 132.000 millones.
Este nivel de recaudación tributaria le permitió al Poder Ejecutivo que, a pesar del aumento del gasto público en el transcurso del año de 8.500 millones de pesos, el balance de las cuentas públicas registrara un superávit de unos 22.000 millones.
Es indudable que con un ritmo de la actividad económica tan firme se lograron algunos avances en materia laboral, con un desempleo cuya última cifra, correspondiente al tercer trimestre, se ubicó en 10,2 por ciento y todo indica que podría cerrar en un dígito.
Lo mismo ocurrió con la mejora de los salarios, los cuales han mejorado en este año en un 17 por ciento, situándose por encima de la inflación.
Asimismo, la informalidad en el empleo cayó al 43,1 por ciento, cuando en plena época de crisis, entre 2001 y 2002, el trabajo en negro superaba el 55 por ciento de la masa de trabajadores.
Todos estos números conformaron un panorama altamente positivo. Sin embargo, hay que marcar algunos aspectos negativos y ciertos nubarrones que quedan en el horizonte para el año 2007. El primer frente de tormenta sigue siendo la inflación. La inflación del año siempre estuvo bordeando los dos dígitos, por más que a principios de enero se difunda que la cifra final del año sea 9,8 o 9,9 por ciento.
La realidad muestra que en materia de precios el Gobierno inició un polémico esquema de valores concertados para terminar con un control liso y llano. Estos controles de precios determinaron que muchos rubros incrementaran levemente, pero hubo otros, que no formaron parte de los acuerdos, que registraron fuertes subas.
La prueba está que educación, un sector tan sensible en la población, registró una suba de precios en el año superior al 20 por ciento.
El problema que se acerca es que más allá de que muchos sectores han renovado esos acuerdos hasta finales de 2007, son varios los analistas que empiezan a mencionar el peligro de la inflación reprimida. Con un agravante, que las tarifas de servicios públicos continúan congeladas, las cuales a esta altura tienen un retraso promedio del orden del 50 al 60 por ciento desde la devaluación.
A partir de este panorama todo indica que la inflación en la Argentina puede ser, de cara al 2008, una bola de nieve.
Lo mismo con la situación fiscal de las provincias, previéndose para el año 2007 un déficit global de las mismas, algo que podría, de manera paulatina, a limar el superávit primario de la Nación.
Así, se desemboca entonces en un 2007 que, desde el punto de vista económico, sigue teniendo una perspectiva positiva en general, pero con incógnitas en algunos puntos y de cara a una campaña electoral que quizá sea más peleada de lo que se calcula en este momento.