Francia y la segunda vuelta

Por Hugo Martini

“En el centro está el voto móvil. Quién conquiste el voto móvil gana”.

El próximo seis de mayo disputarán el duelo final por la Presidencia de Francia el conservador Nicolás Sarkozy y la socialista Ségolène Royal. El mapa político francés ha vuelto a la normalidad cinco años después que lo alterara Jean-Marie Le Pen –representante de la extrema derecha- cuando pasó a la segunda vuelta para enfrentar al Presidente Chirac, al vencer en la primera al socialista Lionel Jospin. (Detalle: esa misma noche Jospin renunció a la conducción de su partido, una práctica poco frecuente entre nosotros).

Las categorías de centro derecha conservadora o centro izquierda socialista expresan en Francia tendencias reales de los que votan. Es una distinción verdadera que vive, auténticamente, en el pueblo francés. Esta división es la que permitió que el ganador de la primera vuelta –Sarkozy- expresara en la noche del último domingo: “Quiero decir que respeto a Royal, que respeto sus convicciones y que los franceses esperan, desde hace tiempo, este debate de ideas”.

Sakorzy y Royal salen ahora a buscar los votos del centro, casi 20%, que lideró el tercer clasificado François Bayrou. Él ha sido la verdadera y excepcional revelación de esta elección aunque, obviamente, no es el dueño de esos votos. Nunca nadie es dueño de los votos del centro.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Argentina? El próximo 3 de junio se elige al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y, si nadie alcanza la mayoría, tres semanas después se realizará entre los dos primeros la segunda vuelta. Habrá dos candidatos –con propuestas distintas para la ciudad- que tendrán que convocar, convencer y conquistar al centro y a los independientes, esa imprecisa franja de entre un cuarto y un tercio del electorado.

La principal diferencia con las elecciones francesas es que en la Argentina, la clasificación entre izquierda y derecha es solo una categoría que muchos dirigentes y analistas políticos quieren incorporar –casi a la fuerza- al lenguaje de la sociedad. Las categorías reales en esta elección de la Ciudad están dominadas por la coyuntura política y las campañas quedan centradas en personas, descartando las estructuras adheridas a ideologías.

Los principales candidatos de la Ciudad, sus jefes de campaña, los directores de comunicación y los creativos de publicidad que trabajan para ellos deberían tener en cuenta algo que a veces se olvida: el resultado de la segunda vuelta la decidirá esa zona móvil del electorado, el voto que oscila, los que hasta entonces no fueron convencidos. Si en algún lugar de la Argentina este perfil de electores es realmente significativo es en Buenos Aires.

Puede haber distintas formas de organizar las campañas, distintas culturas y diferentes escuelas, todas respetables. Pero el centro de las preocupaciones debería ser cómo conquistar el voto móvil, con una importante advertencia: en esta búsqueda no puede perderse –como a veces ocurre- el voto duro de los convencidos.

La idea del principio es de François Mitterrand.

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