Cristina, continuidad y desafío

Por Humberto Tumini

“El cambio recién comienza” fue la consigna que acompañó el lanzamiento de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia de la Nación. En parte es cierto. El Presidente actual recibió este país destrozado, entre 1998 y el 2002 el producto bruto interno había descendido un 20%, y eso tenía su trágica expresión en los niveles de pobreza, indigencia y desocupación, para no hablar de los montos salariales de aquellos que habían logrado preservar el empleo.

Es justo y objetivo señalar que desde el mismo momento en que llegó a la presidencia Néstor Kirchner comenzó a producir transformaciones de fondo en cuanto al rumbo nacional. ¿O acaso no han sido tales la negociación de la deuda externa que culminó con una quita de 66.000 millones de dólares, y el haberse sacado de encima la tutela del FMI, comparados con la sumisión al poder financiero internacional de Carlos Menem y compañía? ¿O la recuperación económica acelerada, asentada en creciente reindustrialización del país, frente al anterior reinado de la especulación y la apertura externa que destruía la producción nacional y el empleo? ¿Cómo deberíamos denominar a la conducta soberana de este Gobierno en el ámbito internacional, y eso de privilegiar la unidad sudamericana por encima de toda presión de los EE.UU., comparado con las “relaciones carnales”? ¿Y la recuperación del rol activo del Estado frente al poder económico más concentrado, en lugar de las privatizaciones y el endiosamiento del famoso “mercado? ¿Y su política en el área de los derechos humanos, terminando con la impunidad de la Obediencia Debida, el Punto Final y los indultos?

El gran desafío del futuro mandato de Cristina: dar sin tregua todos los pasos posibles y necesarios para continuar modelando esta nueva Argentina; llevándola a un punto donde se les haga muy difícil a los intereses antinacionales llevarnos una vez más para atrás.
Por supuesto que el primer paso ha sido dado con el lanzamiento de la candidatura de Cristina. El segundo, obviamente, es ganar las elecciones en primera vuelta. En dirección hacia ello hay que poner todos los esfuerzos y la creatividad necesaria. Pero el gran desafío para nuestro proyecto nacional vendrá después del 10 de diciembre, cuando haya que abordar un nuevo mandato.

Con la prudencia necesaria, porque lejos estamos de ser los dueños de la verdad, daremos nuestra opinión al respecto de algunas cuestiones que nosotros juzgamos trascendentes para afirmar el rumbo y estrecharles los márgenes a la derecha. Empezaremos por lo económico. En este terreno han aparecido los previsibles cuellos de botella de un crecimiento impetuoso, partiendo de una estructura productiva muy deteriorada luego de décadas de neoliberalismo y años de crisis. Las presiones inflacionarias, los problemas energéticos, el tensionamiento de la infraestructura básica, por nombrar sólo las cuestiones más relevantes, son una manifestación de ello. ¿En lo concreto, cómo se resuelven? Con capital para invertir, no hay magia en ello; y con tiempo, no hay soluciones rápidas. ¿Ahora bien, de dónde obtener esos recursos que siempre son escasos, porque una parte no menor deben ir a políticas sociales y otra al pago de la deuda? No parece bueno apostar en lo esencial a la inversión externa. No es eso lo que muestran los países que han logrado, en los últimos años, salir del subdesarrollo. Es el ahorro interno lo que les permitió eso. Perfecto, ¿y qué hacemos entonces si el empresariado local, ya sea de origen nacional o extranjero no invierte acorde a las ganancias que obtiene, o sube los precios como atajo para garantizarse rentabilidad? A nuestro entender es el Estado el que tiene que pasar a jugar más activamente en la economía, acometiendo lo que la burguesía nacional no puede o no quiere hacer.

¿No sería acaso el momento para hacerse del capital necesario para invertir, de avanzar en el manejo de los recursos naturales que tanta renta brindan? ¿No tendríamos en esa búsqueda de fondos que, como incluso acaba de proponer la CGT de Moyano, ir a una reforma impositiva que acompañe el progresismo de las retenciones?

Seguimos con lo que refiere al terreno político, ámbito donde hemos recibido un alerta en las elecciones de Tierra del Fuego y de Capital. Aviso que se percibe en la mayoría de los grandes centros urbanos y que nos dice: cuidado hay ruidos en las clases medias con nuestro proyecto nacional. ¿Por qué pasa esto? No es bueno simplificar algo seguramente complejo, pero es nuestra opinión que, en su mayor parte, refleja los problemas que conlleva no renovar a paso firme la dirigencia política. ¿O acaso nos da fuerza y consenso que todavía el proyecto kirchnerista tenga de intermediadores con la sociedad a una porción sustancial de los viejos y desprestigiados políticos de los partidos tradicionales, esos que fueron invitados a irse por nuestro pueblo después del histórico 19 y 20 de diciembre?

No debemos permitir que sea la oposición la que, engañosamente, nos capture las banderas de renovación política por falta de decisión para acometerla nosotros mismos. Tenemos allí un Talón de Aquiles. Sin exagerar, tal vez sea el de mayor riesgo.

* Humberto Tumini es candidato a diputado nacional por el Movimiento Libres del Sur

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