La oposición sigue eliminando candidatos

La consagración de Ricardo Alfonsín como candidato “oficial” de la UCR le dio pie al vicepresidente a anunciar públicamente lo que venía madurando en privado. Las internas abiertas son para la oposición un arma de doble filo.

Por José Angel Di Mauro

No llegaron a pasar mil días. Novecientos noventa y cuatro fueron puntualmente los que pasaron desde que dos palabras y fundamentalmente una decisión trascendental pusieron al vicepresidente Julio Cobos en el centro de la escena política, catapultándolo al primer lugar de la consideración pública. Su voto “no positivo” llegó a darle una imagen positiva del 70 por ciento, que siempre dejó margen a los encuestadores y analistas políticos para aclarar una realidad nunca más comprobable: que imagen no es sinónimo de votos.

La gran duda para el mundo político en general y el cobismo en particular fue siempre ver cómo podría el mendocino mantener expectativas presidenciales con el antecedente de esas únicas dos palabras en esa madrugada de invierno de 2008, y tanto tiempo para transcurrir hasta las presidenciales venideras. Con buen olfato, sabía Cobos que una renuncia a la vicepresidencia lo sacaba instantáneamente de la escena, más allá de que el cargo que ostentaba le ponía también un corset a sus declaraciones políticas. El elemento que más lo hizo crecer todo este tiempo fue el odio visceral que le profesaba el kirchnerismo, que cada vez que hablaba de sacarlo del cargo lo hacía crecer. A la larga, se dieron cuenta de eso y dejaron de hacerlo.

El vicepresidente se ilusionó con que otros desempates le regalaran nuevos minutos de fama, pero ya no fue lo mismo. Ni siquiera con lo importante que fue su voto cuando llegó la única ocasión de desempate que el Senado le otorgó: la definición del 82% móvil, inmediatamente vetado después por la Presidenta.

Así es que la muerte de Néstor Kirchner tuvo en Julio Cobos a uno de sus principales damnificados políticos; desaparecida físicamente su principal contratara, la llama del mendocino se fue apagando lenta e inexorablemente. Curiosa situación la del vicepresidente: las muertes recientes de dos líderes políticos terminaron amputándole sus expectativas presidenciales. La anterior fue la de Raúl Alfonsín, a quien mencionó a la hora de anunciar su decisión de no presentarse en las primarias.

Tan o más ducho en cuestiones electorales como Kirchner era en su partido, Alfonsín vio en Cobos al líder que podría hacer volver al radicalismo al poder, y en sus últimos días lo bendijo, como se encargó el vice de recordar al anunciar su paso al costado. Pero el ex presidente se murió en 2009 y justamente ese hecho catapultó la figura de su hijo Ricardo. La fuerza de ese apellido y la victoria -ajustada, pero victoria al fin- en una simple interna de la UCR bonaerense en la que ni Alfonsín ni Cobos figuraban en las listas, pero sí apoyaban a sectores opuestos, terminó por poner a todo el partido detrás de la figura de Ricardo, que a partir de entonces comenzó a soñar en serio con reeditar este octubre la epopeya de su padre en el 83.

En el camino tendrá que lidiar con Ernesto Sanz, que no se bajó de las primarias del 14 de agosto, pero debe estar pensándolo. A través de Twitter reafirmó que competirá, pero tampoco podía esperarse que renunciara dos veces en tan pocos días. No le queda mucho margen dentro de su propio partido, donde la gran mayoría de los dirigentes se ha encolumnado detrás de Alfonsín, aunque sabe Sanz que si alguna chance lo asiste es a través del voto independiente en agosto. Cualquier cosa será mejor -sigue pensando hoy el senador- que haberse inmolado el 30 de abril, cuando no sólo tenía enfrente a un radicalismo que se cerraba en torno al hijo de su querido líder, sino que también estaba el fantasma de votantes mandados por el kirchnerismo para asestarle a Sanz una derrota contundente, aprovechando la característica de “abierta” de la interna. Ese dato habría sido determinante para la decisión que finalmente adoptó el senador, que a eso se refería cuando deslizaba en sus diálogos con la prensa que su rival era “el candidato que quiere el gobierno”.

Ese mismo fantasma es el que se cierne en torno al Peronismo Federal, que celebró como un éxito la sorpresiva afluencia de votantes que tuvo en Capital Federal la primera de las ocho internas regionales, pero que internamente lo vio con cierta preocupación. Fuentes duhaldistas aseguraron a parlamentario.com que “claramente el gobierno mandó a votar al Alberto (Rodríguez Saá)”. La idea apuntaría no sólo a abortar las expectativas presidenciales de Eduardo Duhalde, sino también a minar un futuro entendimiento del Peronismo Federal con el PRO. Mientras el ex presidente mantiene abiertas esas puertas, el gobernador puntano lo ha descartado. En ese marco, el duhaldismo dice haber detectado a adherentes de La Cámpora en su interna porteña, y espera que también le jueguen en contra este fin de semana en el Litoral. Ni hablar de la sorpresa con la que podrían encontrarse cuando sea el turno de la interna bonaerense, donde inicialmente Duhalde pensaba hacer la gran ventaja.

El kirchnerismo, en tanto, espera pacientemente y se ilusiona ya no sólo con las encuestas que les brindan las consultoras financiadas por el gobierno. Un consultor de una encuestadora que no trabaja para el gobierno confió esta semana a parlamentario.com que la Presidenta está hoy en los niveles previos a la elección de 2007, que ganó en primera vuelta.

Puesto a mirar la mitad vacía del vaso, el analista advirtió como dato negativo para el oficialismo que Cristina haya tocado su techo faltando tanto tiempo para las elecciones: hay tiempo para que pueda bajar.

Visto desde otra perspectiva, nadie puede dar por descontado que el actual sea su techo. El talón de Aquiles del gobierno es, a los ojos de la oposición, la inflación. Pero un trabajo elaborado por la consultora Management & Fit ubicó a ese tema en el cuarto lugar entre las prioridades de la gente, detrás de la inseguridad, el desempleo y la educación. Esos datos son los que mantienen a la oposición en un estado de desasosiego, que ha llevado a una buena parte de su primera línea dirigencial a pensar que este no es su tiempo. Muchos especulan con un desmadre económico a mediano plazo y se guardan para 2015.

Esas expectativas repercutirán en las decisiones que vayan a tomar algunos líderes. Elisa Carrió resolvió hace tiempo que la Coalición Cívica vaya sola. Propios y extraños especulan con que en los próximos meses se reedite el Acuerdo Cívico y Social de 2009, o algo parecido; pero con las perspectivas como están hoy, la líder de la CC se sigue convenciendo de que lo mejor será jugar sola.

Algo similar está ocurriendo con Ricardo Alfonsín, que da por descontado un entendimiento con socialistas y el GEN, y cuenta con Hermes Binner como compañero de fórmula. Pero buena parte del socialismo ve con mejores ojos que el gobernador santafesino termine encabezando una propuesta de izquierda junto a Proyecto Sur, cuyo candidato presidencial, Fernando “Pino” Solanas, podría resolver esta semana ser candidato en Capital Federal.

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