La farandulización de la política

Cada vez son más los casos de candidatos que echan mano a famosos para nutrir sus listas, con el objeto de usufructuar esas imágenes para atraer votos. Una lista interminable que cada vez se potencia más.

Por José Angel Di Mauro

No fueron cronistas de espectáculos, sino analistas políticos los que se animaron a definir como “una verdadera demostración de fuerza” lo hecho por Marcelo Tinelli a principios de agosto pasado, cuando uno por uno fue llamando por teléfono a los principales candidatos presidenciales en ShowMatch. La explicación de lo que hizo el conductor más popular del país -y que se transformó en la envidia de todo periodista político- fue ciertamente bizarra. Con la excusa de armar la lista de invitados al casamiento de Jésica Cirio con el diputado nacional Martín Insaurralde, Tinelli comenzó a llamar a las figuras políticas más preponderantes del país.

Arrancó por la presidenta de la Nación, que tuvo el buen tino de no atender. Fue la única. A continuación, estuvieron al aire en ShowMatch el gobernador bonaerense, Daniel Scioli; el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, y el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri. Y de yapa, sumó al senador Aníbal Fernández, precandidato presidencial también, dicho sea de paso. Un bonus track.

Paradito como un actor de reparto estuvo presente a un costado el intendente de Lomas de Zamora en uso de licencia, Martín Insaurralde, cumpliendo un papel no demasiado feliz, sin poder meter bocado durante los extensos diálogos del vicepresidente de San Lorenzo con los presidenciables, pero feliz ante la convicción de que todo eso le sumaba. Más allá del costo político que estuviese pagando, pero sumando al menos conocimiento popular.

El de Martín Insaurralde es un caso emblemático al hablar de la farandulización de la política y será motivo de estudio cuando dentro de muchos años se analicen los tiempos que hoy transitamos. Porque el hombre de Lomas de Zamora no proviene de la tele, el cine, ni el deporte, pero supo transitar a través de la farándula el camino rápido que le brindó un conocimiento popular que en términos normales no hubiera alcanzado en ese tiempo.

Convengamos, claro está, que el primer escalón de su conocimiento público lo subió junto al Gobierno, cuando Cristina dio el visto bueno para que fuera el encargado de “defender los trapos” en la campaña electoral, y puso su cara en cuanta gigantografía se pudo contratar, en Capital y provincia de Buenos Aires. Si hasta lo llevó del brazo a Brasil para sacarse una foto con el papa Francisco, cuestión de aprovechar una vez más al santo padre. Pero mientras tanto MI transitó el camino de la popularidad a través de los programas de chimentos. Asesorado vaya a saber por quién, pero con los resultados buscados, comenzó a concurrir al piso de Ideas del Sur en calidad de “amigo” de la bella modelo Jésica Cirio. Ya en campaña, esa amistad ascendió al nivel de “amigovio” primero y novio formal después, aunque la mayor parte de la gente no confiara en la veracidad de esa relación.

Creer o reventar, los tortolitos están por casarse y no sería exagerado estimar que un gran porcentaje del nivel de conocimiento y popularidad de que goza el intendente licenciado se lo debe a su noviazgo mediático.

Menem lo hizo

El de Insaurralde no es el único caso de alguien proveniente de la política que buscó en la farándula la llave de la popularidad. Algo similar aplicó otro Martín, el extitular del Banco Central Martín Redrado, que con el claro objetivo de popularizar su figura fría de economista, encontró en la pulposa Luciana Salazar el camino rápido hacia el conocimiento público. Se verá cómo le rinde al economista del FR que ha comenzado a transitar la Provincia en busca de votos para cimentar una eventual candidatura en la oceánica Buenos Aires, pero lo cierto es que la vía de los programas chimenteros parece mucho más rendidora que los escasos programas de política y economía. Y claramente para reforzar cada tanto esa estrategia, el “romance” se nutre de incidentes de celos, rupturas y reconciliaciones, cuestión de estirar su rendimiento.

El fútbol las conoce como “las botineras”, el tenis “raqueteras”, los dos ejemplos que hemos puesto de “políticos” de la nueva camada que encontraron en bellas señoritas el camino rápido hacia el conocimiento público pueden dar lugar a una nueva categoría, tal vez las “politiqueras”, o alguna denominación más amable que se adoptará si la estrategia perdura y se perfecciona.

Esos son casos de políticos -o economistas- consumados, que buscan por otra vía el conocimiento público. Es más común el caso de los que transitan el camino inverso: personajes populares que a propósito de esa condición, son tentados para incursionar en política.

Fue una estrategia que popularizó Carlos Menem en los 90. Eran tiempos en los que todo lo que tocaba el riojano se convertía en oro; intuitivo por naturaleza, vio en dos figuras destacadas del deporte a diamantes en bruto aptos para la política. Carlos Alberto Reutemann fue uno de los primeros que tentó. Llevaba un tiempo retirado de las pistas, donde descolló y llegó a ser subcampeón mundial de Fórmula 1, cuando Menem trató de seducirlo para arrastrarlo a la política. Muy conocedor de la realidad de su provincia por su condición de productor agropecuario, se sumó al Partido Justicialista y llegó rápido a la gobernación de Santa Fe. Sus resultados fueron más que satisfactorios: gobernó esa provincia entre 1991 y 1995, y volvió a ser gobernador entre 1999 y 2003. Tuvo también su paso legislativo, siendo electo convencional constituyente para la reforma de la Constitución en 1994, y se convirtió en senador entre 1995 y 2001, volviendo a la Cámara alta en 2003, y reelecto en 2009, por lo que hoy sigue siendo senador. Pudo haber llegado incluso más lejos, de habérselo propuesto: en la crisis de 2001/2002 hubiera sido presidente de haber querido, y sorpresivamente rechazó la invitación de Eduardo Duhalde más tarde para ser su delfín. Quedó entonces instalada su frase “vi algo que no me gustó”, para justificar su paso al costado, pero nunca tuvo una explicación convincente para justificarlo.

Camino a 2011, luego de haber recobrado protagonismo durante la crisis del campo, el “Lole” volvió a meterse en la carrera presidencial, pero tras la muerte de Néstor Kirchner volvió a dar un paso al costado. Percibió el ascenso de la popularidad de Cristina y convencido de que a una viuda no se le gana en esas circunstancias, se quedó en boxes.

Con la exitosa experiencia de Reutemann, Menem apostó a otro deportista al que le vio dotes para la política: Daniel Scioli. Exitoso en la motonáutica, donde ganó ocho torneos, el hoy gobernador se retiró en 1997, luego de ganar con su lancha La Gran Argentina Junior el Campeonato Mundial de Offshore de la Clase III-6 litros, en aguas del Río de la Plata. “No podría haber tenido una mejor despedida”, dijo entonces Scioli, de 40 años, que había empezado su carrera en 1986, a los 29, y tres años después perdería su brazo derecho en los Mil Kilómetros del Delta. Un año después volvió a la motonáutica, donde reiteró sus éxitos. Ni bien se retiró del deporte, se metió en la política y en 1997 fue electo diputado nacional por la Capital Federal, a través del PJ. Saltó de allí a la función pública cuando Eduardo Duhalde lo puso al frente de la Secretaría de Turismo y Deporte de la Nación, cargo que ostentaba cuando en 2003 Néstor Kirchner buscó usufructuar su popularidad ofreciéndole compartir la fórmula presidencial.

Su ascendente carrera política continuó en 2007 llegando a la gobernación bonaerense, y en 2001 resultó reelecto en la provincia de Buenos Aires con el 55,07% de los votos. Hoy aspira a subir al escalón más alto, la presidencia de la Nación, y las encuestas, como siempre, le sonríen.

De changuito cañero a gobernador

La gente siempre se sintió seducida por la televisión y ya se ha dicho que en muchos casos resulta más práctico y certero acceder a puestos de vanguardia a través de la fama que cada uno trae de sus anteriores actividades. Además, se garantizaban un tratamiento preferencial por parte de los medios. Le sucedió a Ramón “Palito” Ortega -otra de las “creaciones” de Carlos Menem- quien en función de sus antecedentes faranduleros logró una resonante victoria sobre el general Antonio Bussi en Tucumán, que lo llevó a la gobernación de Tucumán. Y pese a la más que discreta gestión ejecutiva que desarrolló, de allí salió con ganas de ir por más y a poco estuvo de convertirse en el candidato presidencial justicialista para suceder a Carlos Menem, siendo en definitiva el candidato a vice de Eduardo Duhalde.

Su paso por la política concluyó en el Senado de la Nación, donde coronó su fallida experiencia política apareciendo mencionado en el marco de las supuestas coimas por la Reforma Laboral. Al margen de ello, su participación legislativa fue más que mediocre, a pesar de lo cual llegó a presidir una comisión (la de Cultura, por supuesto). De su gestión legislativa se recuerdan sus quejas por la carencia de despacho -llegó a amenazar con ponerse un escritorio en un pasillo y trabajar allí-, aunque de todas formas ello no fue un problema mayor, por cuanto se ocupó de pasar el menor tiempo posible en el Parlamento, donde registró un verdadero récord en materia de anunciar su renuncia con antelación. Lo hizo un año antes -“hastiado de la política”, según dijo-, aunque jamás la concretó y sólo se fue cuando expiró su mandato. Formalmente al menos, porque en la práctica, cuando su período llegó a su fin llevaba un buen tiempo sin concurrir al Congreso, inmerso por esos días en la grabación de un disco en Miami.


En el mismo camino

Por experiencia propia, el gobernador Scioli apunta al área deportiva como si fuese un semillero de la política. No le fue muy bien con Carlos Salvador Bilardo, a quien llevó como secretario de Deportes de la provincia de Buenos Aires en 2007, pero el exDT de la Selección Argentina se fue más tarde a la AFA, para ser secretario de Selecciones Nacionales. Ya en su momento el último técnico campeón del mundo argentino había incursionado en la política con un partido propio en el que dice que gastó una montaña de plata y terminó abandonando. No le va bien en la política al doctor Bilardo, pues acaba de perder también las elecciones en Estudiantes de La Plata.

Scioli apuesta a figuras del deporte, como Carlos “Chino” Tapia, un exquisito número 10 que supo pasar de River a Boca, y que actualmente matiza el periodismo deportivo con la política. El gobernador lo designó subsecretario de Deporte Social de la Provincia y es precandidato a intendente de San Miguel.

No es el único al que el gobernador quiere tentar. El exarquero de la Selección Nacional Sergio Goycochea es buscado para ser postulado para la intendencia de Vicente López, aunque en este caso el hombre que brillara en el Mundial 90 es un tanto remiso a dar ese paso.

Macri apuesta al deporte

Sin ser deportista, Mauricio Macri podría ser considerado un hombre proveniente de ese mundo. En rigor, el ingeniero tiene una carrera empresarial previa, desde donde saltó a la presidencia de Boca Juniors. Su éxito en el club más popular le valió probar fortuna en la política, y tras una elección perdida en 2003 en la Ciudad de Buenos Aires -ganó la primera vuelta y perdió con Aníbal Ibarra el balotaje-, se impuso en 2007, cuando ya era diputado nacional. Reelecto en 2011, hoy es otro de los más serios aspirantes a la presidencia para el próximo año.

Como Scioli, sabe en carne propia de lo positivo que resulta contar con famosos para cortar camino en la política, de ahí que en 2005, cuando encabezó la lista para diputados nacionales en la Ciudad de Buenos Aires -elección que ganó- llevó como segundo candidato a un periodista muy conocido: Eduardo Lorenzo “Borocotó”. La experiencia no fue buena, pues el famoso pediatra se pasó al kirchnerismo antes de asumir como diputado macrista, y su caso tuvo tanta repercusión que le aportó su nombre a esa práctica, conocida a partir de entonces como “borocotización”.

Le fue mejor a Macri con un personaje del espectáculo como Miguel Del Sel, al que en la Navidad de 2010 le ofreció ser candidato a gobernador de Santa Fe. Tras pedir tiempo para meditarlo, aceptó y el 23 de febrero de 2011 lo anunció en conferencia de prensa. En las elecciones de ese mismo año se convirtió en la gran sorpresa, al perder por apenas 3 puntos frente al candidato socialista, Antonio Bonfatti. Actualmente es diputado nacional, electo en 2013, cargo que dejará cuando el año que viene se meta de lleno en la campaña para ser gobernador de Santa Fe.

Le fue bien en La Pampa, con el exfutbolista Carlos Javier MacAllister, hoy diputado nacional y aspirante a la gobernación de su provincia. Y ya para esa elección pensó en deportistas también en Córdoba, donde tentó al exárbitro Héctor Baldassi, que se había retirado de las canchas tras dirigir en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010. Retirado en 2011, comenzó a recorrer Córdoba de la mano de Macri, quien lo presentaba como “un hombre que conoce mucho el mundo y sabe que si somos capaces de trabajar en equipo y bien organizados, nos va a ir bien”. La lista que encabezó salió tercera en su provincia en 2013.

Antes que Baldassi, el que saltó a la política fue Javier Castrilli. Mundialista en 2006, el “Sheriff” fue designado por el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf en el año 2000 para presidir la Comisión de Investigaciones de Seguridad en el Deporte, y en 2003 asumió como subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Del Gobierno kirchnerista se fue en 2008, y pasó a la Dirección de Deportes de Pinamar, donde renunció en 2009. En 2011 fue candidato a jefe de Gobierno porteño por Acción Ciuadana y luego se acercó al macrismo, que lo tentó para hacer política en la provincia, donde llegó a ser candidato a concejal en La Matanza.

Hace pocos días Macri apareció del brazo con Ramón Díaz en La Rioja. Fue una respuesta hacia el radicalismo, tras la foto de Gerardo Morales con Sergio Massa. Consciente de que una de las próximas imágenes sería la del candidato radical Julio Martínez con el líder del Frente Renovador, el jefe de Gobierno apareció con el “Pelado” Díaz, sin ninguna experiencia política pero más popular que el propio gobernador Beder Herrera. En efecto, el segundo riojano más famoso es capaz de desbancar al político más encumbrado. Y si bien está tentado, oscila entre darle el sí al Pro, o irse a dirigir a Arabia con su hijo. Los petrodólares harían la diferencia.

De la cantera inagotable de exfutbolistas Macri sacó a Julio “Jardinero” Cruz, a quien presentó hace pocos días como candidato a la intendencia de Lomas de Zamora. “Me amargó muchas tardes cuando jugaba en River, pero ahora me pone muy contento tenerlo con nosotros”, dijo el líder del Pro al presentarlo en sociedad.

Del periodismo deportivo también proviene Walter Queijeiro, dispuesto a hacer política en Quilmes, donde ya compitió en 2013, resultando concejal. “Cuando me cansé de ver a Quilmes así, sentí la necesidad de hacer algo”, afirmó quien primero militó dentro del macrismo y hoy está en las filas massistas.

Otro periodista deportivo tentado para hacer política es Juan Pablo Varsky, quien en la actualidad incursiona también en el periodismo político a través de su programa matinal en La Metro. Ha sido tentado por varios candidatos y a todos les ha dicho que no… por ahora. Tiene sus ideas: “En los 90 hubo un financiamiento vicioso para cubrir el déficit que generaba la convertibilidad. Hoy corrés el riesgo de que el financiamiento sea sólo para cubrir la salida de reservas. Volver a hacer crecer las reservas es la cuestión de fondo. Veo claramente un problema de dinero desde lo económico”. Hoy dice que “la política es mi próximo Mundial” y se propone desembarcar allí en 2016.

Ya que estamos entre periodistas tentados por la política, el especialista en economía Tomás Bulat recibió señales desde el massismo para postularse en Capital Federal. Consultado por sus colegas, el periodista dijo que “no hay nada firme”, pero llegó a sonar para la candidatura a jefe de Gobierno en la Ciudad, al punto tal que cuando Sergio Massa prometió que tenía para ese distrito un candidato sorpresa, tuvo que aclarar que no era Bulat. Y si habla de “sorpresa”, casi seguro que no viene de la política.

Hay más, muchos más. El productor teatral Javier Faroni analiza la propuesta de Sergio Massa para ser candidato a intendente de Mar del Plata, mientras el golfista cordobés Eduardo “Gato” Romero fue sumado también por Mauricio Macri al Pro, junto al presidente de Atenas, Felipe Labaqué.

También el Frente UNEN tiene lo suyo. Habida cuenta de que no tienen candidato para hacer pie firme en la provincia de Buenos Aires, Ernesto Sanz pensó en el mediático neurocientífico Facundo Manes, quien está muy cerca suyo y dispuesto a militar, aunque informaciones recientes dan cuenta de que se habría “asustado” de dar ese paso en ese oceánico distrito.

En el radicalismo tenemos otro caso, el de Eugenio “Nito” Artaza, actor cómico, productor teatral y actual senador nacional. En su caso, el popular Nito reivindica venir de una familia muy vinculada a la política, actividad a la que se metió de lleno cuando la protesta por la incautación de ahorros en 2001. Allí se reveló como líder de los ahorristas que protestaban, y como él reconoce, recibió entonces ofrecimientos de parte del justicialismo para hacer política en esas filas. Optó por ser fiel a sus raíces y optó por el camino más difícil, la UCR, un partido que entonces estaba en reconstrucción tras la debacle de 2001. Hoy es senador nacional y aspira a la gobernación de su provincia, Corrientes.

También en el partido centenario incursionó Lidia Elsa Satragno, más conocida como Pinky, quien en 1999, representando a la Alianza, estuvo a un tris de ganar nada menos que la intendencia de La Matanza. En 2007 fue elegida diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, esta vez a través de Unión-Pro, adonde llegó a través de Francisco de Narváez.

Casos fallidos, como el de la actriz, cantante y hoy jurado de Bailando por un Sueño Nacha Guevara, quien siempre tuvo inquietudes políticas y pudo llegar a concretarlas cuando el kirchnerismo la puso en el segundo lugar de la lista bonaerense en 2009. Estaba entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli, nada menos, pero renunció antes de asumir.

“Yo quería ser vedette, ahora quiero ayudar”, dice la ex Gran Hermano Rocío Gancedo, quien dejó su carrera mediática para dedicarse a la política, militando en el Frente Renovador de la mano del precandidato a intendente de La Matanza Miguel Saredi, y ahora está dispuesta a poner “los tacos en el barro”. Se verá.

La lista es larga, hasta el infinito. Zulma Faiad llegó a ser candidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires a través del Partido de la Esperanza, igual que Marta Fort, madre del mediático y ya fallecido Ricardo Fort, quien fue precandidata de una de las listas porteñas de Compromiso Federal en las PASO de 2013 en la Ciudad.

Militante en el kirchnerismo primero y pasada al massismo recientemente, la boxeadora Marcela “Tigresa” Acuña es hoy concejala por Tres de Febrero. Julio Catalán Magni saltó de las pistas del TC a la política, también de la mano del kirchnerismo. Fue diputado nacional por Tierra del Fuego y hoy es senador nacional por esa provincia.

Y más atrás en el tiempo, Antonio Ubaldo Rattín llegó a ser diputado nacional a través del partido de Luis Patti.

La rueda no para, y se sabe que el sciolismo acaba de ofrecerle al técnico de básquet Sergio “Oveja” Hernández “jugar” en Olavarría, mientras que el macrismo acaba de ofrecerle al exfutbolista rojo Daniel Bertoni ser candidato en Quilmes. Ambos quedaron en contestar…

Los telecandidatos

La farandulización amagó con llegar al extremo cuando se buscó crear un candidato y hasta un partido político a través de un reality show. El insólito formato provenía del exterior y arrancaba desde el vamos como una consecuencia del rechazo a los políticos vernáculos vigente, tal cual lo aclaró en notas periodísticas el productor de “El candidato de la gente”, Sebastián Meléndez, quien anticipó a principios de este siglo que el mecanismo del ciclo sería “transparente”, y en consecuencia totalmente diferente a la forma de elección de los políticos de los partidos, “que surgen de acuerdos que nadie ve”. Sin palabras.

Se convocó a aspirantes a convertirse en diputados, para lo cual surgirían 16 finalistas de un casting, cuyo ganador encabezaría la lista del Partido de la Gente, en caso de que se alcanzara a conformar esa nueva agrupación, o se ofrecería al ganador a un partido legal en calidad de extrapartidario. En caso de que el beneficiado lograra acceder al Parlamento, en el futuro se realizaría un programa llamado “El diputado de la gente”, donde el telelegislador daría cuenta de sus actos. Una especie de reality de la política.

El ciclo tuvo más suerte en su convocatoria -a la que asistieron más de 600 aspirantes- que rating, ya que fue prematuramente levantado del aire. De todas formas, como se dijo, ya había concitado la atención de otros países; en Europa no podían entender cómo un político podía surgir de un programa de televisión, mientras que en Latinoamérica los corresponsales extranjeros que cubrieron la convocatoria se sintieron más identificados.

El 64% de los que respondieron al llamado no había militado jamás en un partido político y más del 85% eran varones. Entre las propuestas presentadas hubo de todo. Desde un hombre que habló de construir una escuela de autoestima, problema central de la Argentina -según dijo-, a otra para instituir los “bonos Cadorna”, con los cuales se pagarían las jubilaciones de privilegio. Todos enarbolaban la antipolítica como emblema de sus discursos, aunque entre los postulantes hubo varios que ya habían coqueteado con la política formal, como María José Lubertino, por entonces exfuncionaria, exconstituyente porteña y varias veces aspirante a diputada por la UCR, hasta que más adelante encontró su lugar en el mundo dentro del kirchnerismo, donde volvió a ser funcionaria y legisladora.

También participó Antonio Brailovsky, un ambientalista allegado a Gustavo Beliz.

Dueño de la idea, Sebastián Meléndez sostuvo que en medio de la crisis general de representatividad política, la intención del programa era generar “un canal para el surgimiento de nuevos dirigentes”, cosa que los analistas refutaron. ¿Cuál es el sentido de este programa en términos de su aporte al sistema democrático?, preguntó entonces –escéptica- Graciela Römer, albergando serias dudas de los beneficios de formar una lista de candidatos de esa manera. Es que a su juicio tal sistema obviaba a los partidos, cuando “es importante entender que todo progreso de la democracia debe partir de una verdadera mejora de los partidos”. En la misma dirección, Rosendo Fraga le diagnosticó a la propuesta una incidencia menor: “Los medios de comunicación influyen, pero no deciden”, dijo.

¿Cómo se hacía la decantación de los candidatos? A través de los llamados telefónicos de quienes se sentían seducidos por los discursos de quienes trataban de ser tan demagógicos como convincentes en el breve tiempo que la televisión les concedía, siempre tan tirana ella. Inicialmente la idea era que los televotantes participaran a través de un 0600, cuestión de hacer rentable la propuesta, pero por cuestiones éticas se optó porque los interesados votaran a través de números comunes.

El resultado del ¿concurso? resultó previsible, ya que una vez más el tema de los depósitos incautados por el corralito era por entonces el que más preocupaba… al menos a los televidentes de ese programa. El ganador y consecuentemente primer candidato a diputado por el Partido de la Gente resultó ser Juan Seliman, ingeniero de profesión y ahorrista confiscado como tantísimos argentinos, quien resultó beneficiado mediáticamente por su exposición al lado del líder de la agrupación Ahorristas Argentinos Estafados, Eugenio “Nito” Artaza, al punto tal de valerle una candidatura a diputado. Y en función de la adhesión que recibió cada postulante, se conformó una lista sábana que sería la que se presentaría a la próxima elección legislativa. Una nómina integrada por componentes de muy buena voluntad, pero exentos de una comunión de pensamientos. Ecléctica por donde se la mirase, ya que la componían desde una cartonera a un travesti; de un docente universitario a un vendedor ambulante; de un contador a una truequista; desde una estudiante universitaria a una jubilada asambleísta…

Un fenómeno mundial

Hay que reconocer que la llegada de artistas o deportistas a la política no es un invento argentino, sino que un proceso que se registra en todo Occidente y que llegó a su pináculo cuando un actor se convirtió en el presidente más poderoso de la Tierra. Aunque mediocre en los sets cinematográficos, Ronald Reagan es el botón de muestra por excelencia. Allí también llegó a gobernador de California el duro Arnold Schwarzenegger. En Italia, una actriz porno llegó a convertirse no sólo en diputada sino también en la estrella de la elección que la consagró.

“El tema pasa fundamentalmente por el gran descrédito que tienen los políticos y la necesidad de la gente de conectarse con alguien que se parezca más a lo que ellos quieren que sean”, interpretó el tema el sociólogo Jorge Giacobbe, a la hora de hurgar sobre los deseos ocultos de la sociedad. En tal sentido consideró que esos personajes escogidos por el público “son el inconsciente colectivo de la gente. Son lo que ellos mismos quisieron ser y no pudieron. Son los que llegaron. Estamos hablando de un Maradona, un Tinelli, una Susana Giménez… Son gente común, como ellos, que llegaron”. Giacobbe no tiene dudas: a los ojos del votante común, ese tipo de personajes se parece más a ellos mismos que los propios políticos.

Para Ricardo Rouvier, “esto tiene que ver con el fracaso de los políticos”; a su juicio, los partidos “tienen que ser las fábricas naturales donde se generen los dirigentes que deben representarnos”.

De ahí que a la luz del desinterés de la población, la gente ya no se afilie, y ni qué hablar de los jóvenes, caso que ya hemos citado. Esta situación no hace más que generar un problema de trasvasamiento generacional, fundamentado en que los caminos naturales están funcionando mal. Así las cosas, tal descrédito posibilita que otros sectores se acerquen a la política.

No está mal que la gente se meta en política, una actividad noble que debe ser reivindicada. No está mal que quienes han dedicado sus vidas a otras actividades, traten de hacer su aporte a la sociedad por esa vía. De hecho, algunos casos que hemos puesto no han resultado mal. Pero resulta al menos frustrante que los que han dedicado sus vidas a la militancia lleguen a estar pendientes de advenedizos que llegan para “aprender”, pero nunca desde el llano.

Suena frustrante también que la política haya cedido espacio en los medios, limitándose en su mayoría a las radios y los canales de cable, o a programas de chimentos, devenidos a “analizar” política y economía a los gritos, en manos de panelistas que en un santiamén pasan de hablar de la crisis con los holdouts, a los motochorros, o de la Ley de Abastecimiento a los cachetazos de Maradona a su pareja. Es lo que hay.

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