La esperanza de que Vélez marque la resurrección

Por José Angel Di Mauro. Cuando las luces de alarma ya estaban encendidas a pleno, Sergio Massa replanteó su estrategia. Resolvió finalmente recostarse en el peronismo no kirchnerista y relanzó su campaña con un multitudinario acto en Vélez.

Necesitaba Sergio Massa un revulsivo para su campaña, que entró en una pendiente hace ya algunos meses, pero que en los últimos días había pasado a situación de riesgo concreto. Las alarmas venían sonando y los dirigentes del Frente Renovador estaban en estado deliberativo. Algunas voces ya se levantaban contra la conducción partidaria y muchos venían recalculando su destino inmediato. Los últimos resultados -propios y ajenos- no trajeron sosiego al bunker de Tigre. Por el contrario, Daniel Scioli y Mauricio Macri venían alternando festejos en los que Massa no lograba “colar” éxitos. Apenas pudo celebrar haberle ganado ajustadamente con su candidato la interna al de Macri en la capital salteña. Pero lo de la última semana en la Ciudad de Buenos Aires fue decididamente tocar fondo. No es que lo haya tomado por sorpresa la mala performance de su candidato, pero no pasar siquiera el filtro del piso electoral fue demasiado.

En el Frente Renovador tenían claro cuando se eligió la figura de Guillermo Nielsen -un economista con reconocido bagaje técnico, prestigio internacional, pero desconocido para el gran público- que la elección sería complicada, pero se valoró en su momento que pese a no haber encontrado un candidato taquillero, Sergio Massa hubiera decidido competir sin dejar a la buena de Dios a su gente en el distrito. Cosa que sí terminó haciendo en la aciaga noche del comicio, cuando no estuvo con Nielsen.

Terminó usando las cenizas del volcán como excusa, diciendo sus allegados que en realidad tenía previsto ir a Neuquén para celebrar el éxito de sus aliados del MPN, mas el Calbuco lo impidió. En rigor, el acuerdo de Massa no es con el Movimiento Popular Neuquino, sino con uno de sus dos senadores, Guillermo Pereyra, que perdió en su momento la interna para la gobernación. De hecho, esta semana el gobernador electo aclaró eso mismo en una nota: “En el festejo ni en toda la campaña no hubo un solo referente nacional que haya estado con nosotros”, señaló Omar Gutiérrez.

En rigor, esa noche desde el entorno massista solo se celebraba el resultado del radical Horacio “Pechi” Quiroga, que “cuando lo apoyaba Sergio, iba primero en las encuestas; cuando acordó con Macri, quedó tercero”.

Sergio Massa dio señales hace un tiempo de comenzar a reorientar su campaña. Su búsqueda de horizontalizar las alianzas explorando acuerdos con el radicalismo, naufragó en Gualeguaychú, cuando la Convención Radical decidió acordar con el PRO. A sabiendas de que el tiempo pasa y los números apremian, el tigrense resolvió volver a sus orígenes y recostarse en el peronismo. La medida muestra un notorio cambio en el perfil de su campaña, pero Massa intentará que no sea tan perceptible manteniendo el tono del discurso que viene desarrollando hasta ahora. El objetivo es encontrar una base electoral que le permita volver a dar pelea.

Así como Macri encontró en el partido radical una base territorial que complementa lo que el PRO no tenía, como así también se garantiza una interna que le pueda sumar al jefe de Gobierno porteño, Massa ahora también deja de lado el individualismo y por lo pronto se asegura una competencia en las PASO. Por ahora, será el gobernador cordobés José Manuel de la Sota su rival, aunque puede terminar siendo su vice; depende de lo que muestren las encuestas en los próximos cuarenta días. Para antes del cierre de listas deben decidir qué hacer.

El otro hecho contundente para Massa fue el acto realizado el viernes en el estadio de Vélez, considerado en el massismo “un punto de inflexión” en la campaña. En principio, los resultados fueron los esperados: se demostró un formidable poder de movilización, pese a la fecha y el mal tiempo, y el candidato logró un nivel de visibilidad del que venía careciendo. El mensaje fue claro y concreto: en 20 minutos Massa desgranó los ejes de campaña que viene repitiendo desde hace tiempo y tuvo tiempo para pegarle a los que entiende debe atacar: el gobierno nacional, Daniel Scioli y Mauricio Macri.

Contrariamente a lo que había anticipado hace algunos días, no anunció en Vélez a su compañero de fórmula, e inmediatamente después del acto dijo que ya tenía al elegido pero que esperaría unos días para revelarlo. En los corrillos se espera que sea Roberto Lavagna, pero habrá que esperar a ver si no termina siendo De la Sota, conforme lo que recomienden los analistas según evolucione esta alianza a la que Adolfo Rodríguez Saá pugna también para entrar.

Massa debió lidiar también estos días con las presiones para bajar su candidatura y concentrarse en la provincia de Buenos Aires. Con ello favorecería drásticamente las posibilidades de Mauricio Macri, flojo como está el PRO en la Provincia. El mismísimo Sergio Massa aclaró que no piensa bajarse. Fin de la historia.

En el propio Frente Renovador se vienen escuchando voces en ese mismo sentido. Los números adversos alteraron los ánimos y las dudas alcanzaron incluso a los precandidatos a gobernador bonaerense. “Donde hasta hace poco había cinco precandidatos, hoy hay uno y medio”, graficó ante este medio un dirigente del FR que se hizo eco de los reparos que muestra Darío Giustozzi, quien teme quedarse sin la gobernación y el municipio, Almirante Brown, donde el kirchnerismo ha puesto mucha artillería para fortalecer a su candidato.

Así es que varios caciques del Conurbano hicieron saber a la conducción partidaria que entienden que “las cosas llegaron a un punto en el que se debe rediscutir todo”. Especialistas en supervivencia, no están dispuestos arriesgar sus municipios y temen que si el viento no cambia “venga una ola que los sorprenda”.

“Veinte puntos pueden ser una buena base para la presidencial, pero con ese porcentaje nosotros perdemos”, advirtió un dirigente bonaerense preocupado por la suerte de su municipio. Así es que hablan con todos: con la conducción, para pedir cambios… pero también con el macrismo en algunos casos y el kirchnerismo los más.

Revitalizado por la demostración de fuerza del 1° de Mayo, Sergio Massa espera haber aventado esos temores. Por lo pronto, el aparato funcionó -aunque potenció los resquemores de quienes ven similitudes con el oficialismo en los modos- y las lealtades fueron probadas. Ahora espera verificar si la base de sustentación se agranda y si hay suficiente lugar para transitar esa “calle del medio” por la que quiere avanzar.

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