Cristina K. La dama rebelde

En esta edición revelamos en forma exclusiva adelantos del libro Cristina K. La dama rebelde, la primera biografía de la primera dama. Escrita por José Angel Di Mauro y publicada por Editorial Sudamericana, este libro revela detalles inéditos de la vida de quien define como “la mujer más poderosa del país”.

(…) Con la intención de que ella misma se apartara de la bancada, según confiaron fuentes del propio oficialismo, la mesa directiva del bloque resolvió expulsarla de las comisiones de las que formaba parte. La medida fue sorpresiva y la involucrada se enteró al cabo de una reunión de comisión celebrada el 7 de mayo de 1997 en la que nadie le avisó nada, cuando llegó un memo al despacho en el que le indicaban que había quedado fuera de todas las comisiones que integraba.

(…) Una semana después de que saliera con los tacos de punta a embestir contra Di Tella, volvería a estallar, al trascender los detalles de una nueva elaboración de la poligonal surgida de negociaciones secretas auspiciadas por la Cancillería y con la participación de legisladores justicialistas y de la Alianza.

(…) Lo peligroso fue que Cristina se enamoró de su rol de opositora y no había forma de hacerle entender que este tratado era digno para el país, razonable y, además, contribuía a resolver el problema y no a agrandarlo como la poligonal de Olima. Así, se quedó sola votando en contra en la Cámara de Diputados -recuerda un legislador del PJ de esos tiempos. A la distancia, allegados a los Kirchner admiten que el cometido emprendido en la cuestión Hielos se cumplió en gran medida, más allá de los reparos expresados por lo aprobado. La poligonal era absolutamente rechazada y ésa fue la campaña que llevó a Cristina a recorrer el país y, por qué no admitirlo, a que el país se familiarizara con ese apellido.

(…) El informe de Cristina de 1997 hizo en sus consideraciones finales todo un manifiesto político, al señalar que ambos atentados “se produjeron en un marco histórico-institucional absolutamente favorable a la impunidad” y que “la prolongada sucesión de interrupciones y quiebres institucionales durante décadas y la consiguiente instalación de la Doctrina de Seguridad Nacional que vertebró y estructuró la organización y funcionalidad de los organismos de seguridad e inteligencia de nuestro país, no es una cuestión menor.

(…) Sobre el papel de la Justicia, reconoció la labor desarrollada por el juez federal Juan José Galeano y los fiscales Eamon Müllen y José Barbaccia, pese a los obstáculos. Sugirió además otorgarle al juez y a la Fiscalía “la más absoluta disponibilidad de los recursos humanos y materiales que se requieren para afrontar la investigación”.

(…) Poner a Carrió y Kirchner juntas en una misma comisión terminó haciendo confrontar juntas a dos prima donnas. No había lugar para dos personalidades tan fuertes en un mismo espacio, donde ninguna de las dos estaba dispuesta a disciplinarse a la otra. Amén de lo que sostienen los allegados a la santacruceña.

(…) Las chicanas entre ambas estaban a la orden del día. Cuando algunos legisladores se ilusionaron con hallar -además de casos de lavado de dinero- elementos que comprobaran evasión fiscal, inspectores de la AFIP advirtieron que existía un impedimento por el bloqueo fiscal que establecía la “ley tapón”.

– ¿Qué es la ley tapón? -preguntó Elisa Carrió.

– ¿No te acordás? Si vos la votaste… -la toreó Cristina.

(…) La tolerancia no es una virtud que se le pueda asignar a Cristina Fernández. A la hora de enumerar sus cualidades, los cristinos sostienen que ella es un cuadro político -caracterización que más agrada a ella y a su esposo- de innegable capacidad y con una trayectoria absolutamente limpia y reconocida, que avala su volumen político. Sus críticos, que se cuentan por decenas -aunque con el acceso del kirchnerismo al poder muchos hayan mutado o morigerado sus comentarios-, expresan que la irascible platense es una pésima negociadora, incapaz de apagar el rencor cuando se ha encendido.

(…) En el ejercicio del poder, debieron echar mano a la indulgencia, porque de lo contrario no hubieran alcanzado los cuadros propios para gobernar. Miguel Angel Pichetto se convirtió en un elogiado soldado kirchnerista al tomar sobre sí la responsabilidad de conducir el bloque del Senado, donde debió manejarse auscultado permanentemente por la propia Cristina, quien nunca se llevó mal con él, pero bien sabía de su pasado menemista.

“Hagamos de cuenta que eso nunca existió”, dicen que le dijo Cristina a la hora de absolverlo.

(…) Con Eduardo Menem la disputa era diferente y hasta existía cierto respeto de parte de ambos, a pesar del nivel de la confrontación alcanzado en numerosas ocasiones. “Cristina lo diferenciaba a él del resto de los senadores con los que se peleaba, a los que consideraba una banda organizada en beneficio propio. Ella le tiene en cambio a Eduardo cierto respeto, porque lo considera un tipo legislativamente bien considerado y no un runfla que usó la banca para enriquecerse”, detalla el vocero de la senadora.

Los cristinos coinciden en hablar de un reconocimiento profesional que se da entre ambos, más allá de que se hayan peleado a muerte en todas las reuniones de comisión y aun en el recinto.

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