El senador Luis Naidenoff analiza el pago al de Club de París.
Por Luis Naidenoff
No todos los días a un Presidente se le ocurre destinar nada más ni nada menos que 6700 millones de dólares de las arcas de la Nación para saldar deudas, en este caso con el Club de París. Por eso, como senador nacional, estoy obligado -y exhorto a la sociedad en su conjunto- a analizar la calidad de las decisiones por las cuales el Poder Ejecutivo declara que honrará parte de sus deudas internacionales. Para eso, desmenucemos juntos el proceso.
Bajo el disfraz de un decreto autónomo, que es competencia del poder presidencial, se emitió el decreto 1394/08, sin que se vislumbrara que la naturaleza de éste correspondería a un decreto delegado en función de la delegación que realizó el Congreso de mayoría oficialista el 21 de diciembre del 2005, del cual formaba parte Cristina Fernandez de Kirchner.
Si analizamos detenidamente los hechos, entenderemos que la ratificación parlamentaria del DNU 1599/05, dictado por Nestor Kirchner, permitió la modificación de la ley 23.928 – de convertibilidad – por la cual el ex presidente logró apropiarse de las facultades del Congreso Nacional al cual le corresponde, según la Constitución Nacional, arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación.
Salta a la vista que tanto en la oportunidad del pago al FMI como en esta - el pago al Club De Paris - existe una previsión constitucional que exige el paso expreso de esta medida por el Congreso.
Por otro lado, al basarse el Ejecutivo en la ley modificada hace tres años, la cual habilita al Presidente al pago con reservas de las obligaciones contraídas con los Organismos Financieros Internacionales, se incurre - desprolijamente - en un error no menor al equiparar al Club de París con una entidad de este tipo.
Para salvar este grave desliz, el instrumento utilizado respecto del pago de la deuda que nos compete fue intentar confundirlo dentro de un combo de medidas aglomeradas en el DNU 1472/08 que, funcionando como un puente para evadir este debate en el seno parlamentario y limitando el pronunciamiento de éste a la aprobación o el rechazo, no puede traducirse más que en un nueva afrenta al sistema de división de poderes, y una indudable falta de voluntad republicana.
Hace apenas un par de días fuimos testigos de cómo funciona una verdadera República: el Senado de los Estados Unidos no avaló el "Plan de Rescate" que el presidente Bush había pergeñado para salvar a una buena cantidad de bancos de la quiebra. ¿Qué hubiera sucedido en nuestro país?, ¿cómo hubiera el oficialismo calificado la actitud de la oposición al preservar al ciudadano común? Seguramente como "destructiva", al igual que cada vez que nos oponemos a cómo el Ejecutivo burla al Congreso a través de distintos DNU's.
Igual de grave resulta escuchar un discurso desde el atril de la Casa Rosada cuya pretensión es mostrar un país en camino a la normalidad, en un contexto plagado por medidas a corto plazo, introducidas al compás de la emergencia, sin una sincera planificación. Así se intenta difundir la creencia de que tenemos un sobrante, una "libre disponibilidad", pasando por alto que en esa cuenta los compromisos y obligaciones del Banco Central parecen no tener lugar.
En el intento, por un lado, de vender una imagen de una Argentina confiable al mundo, a la espera de la llegada de nuevas inversiones extranjeras y, por el otro, de recuperar una imagen positiva perdida en el seno nacional, el famoso "deuda por deuda" está lejos de tener un efecto neutro.
La paradoja que se nos presenta es que la misma supuesta política de desendeudamiento nos lleva a canjear una deuda externa por una interna, asfixiando al Banco Central y dejándolo con un acotado margen de acción en lo que refiere a su función específica como institución autónoma y garante del valor del peso argentino.
¿Nos habremos acostumbrado los argentinos a las estrategias que pretenden despojar al Congreso de su rol elemental como uno de los tres pilares fundamentales del principio republicano, o será tiempo de que tomemos conciencia de la extrema necesidad que se nos presenta de inyectar vida y vitalidad a nuestras instituciones?
Este es nuestro llamado: si elegimos el camino de la burla y los desprolijos disfraces o si redoblamos la apuesta republicana de equilibrio de poderes en busca de aquellos ideales sobre los cuales nuestra Nación fue creada.
Luis Naidenoff es senador nacional (UCR–Formosa). Integrante de la Comisión Bicameral de Tramite Legislativo Ley 26.122 (DNU's)