“Con Lugo refinaron la ingeniería neogolpista”

La diputada correntina del FpV Araceli Ferreyra no duda en afirmar que la destitución del presidente paraguayo Fernando Lugo obedeció a intereses extranacionales. Asegura también que en la Argentina persiste un sector destituyente.

Por Pablo Riveros

La destitución de Fernando Lugo de la presidencia paraguaya encontró mucho eco en el Parlamento argentino, que no dudó en hablar de una “ruptura del orden democrático”. La celeridad del juicio político que lo depuso, llevó a inscribir el caso dentro de una ola de “neogolpismo”, al no estar disponible la ruptura de la democracia política por medio de la alternativa militar, los presidentes caen mediante mecanismos institucionales.

Muy consternada, Araceli Ferreyra viajó a Paraguay para interiorizarse sobre la situación que vive el pueblo hermano: habla de complicidad empresarial, persecución política, y violación del Estado de derecho. La diputada kirchnerista nos cuenta de su experiencia en el país guaraní y no duda en trazar paralelismos con la coyuntura argentina.

– ¿Por qué cree que la destitución de Fernando Lugo fue un “golpe encubierto”?

– La destitución en menos de 24 horas del presidente constitucional ya te dice que es un quiebre institucional. Además de eso, a Lugo le negaron todos los capítulos del derecho de defensa. No le dieron las pruebas y las notificaciones les llegaban a las siete de la tarde, a las nueve, cuando la destitución estaba programada para el otro día a las doce. Los argumentos de la acusación fueron ridículos, banales, contradictorios. Pasada la destitución, cuando nos vamos en julio con la diputada Julia Perié, no le habían entregado a Lugo ni a los senadores que votaron en contra de la destitución las versiones taquigráficas, ni la copia de la resolución de la destitución. Esta es una de las cosas que le planteamos al presidente de la Corte Suprema de Justicia paraguaya, que precisamente no es luguista. Se comprometió entonces a pedir estos documentos, pero cuando volvemos el 15 de agosto sólo le habían entregado la parte resolutiva, sin los fundamentos. Pensar que acá los represores genocidas tienen muchos más derechos que allá.

– Precisamente llamó la atención la celeridad del proceso.

– Sí, el jueves que se inició el juicio político ya nos habían advertido en Corrientes que el viernes lo destituían. Recordaba el juicio que se le hizo a un gobernador corrupto que tuvo mi provincia, Corrientes, y por el tiempo que llevó, no pensaba que fuera a sucederle lo mismo a Lugo. El jueves a las 11 estábamos en Paraguay, donde se vivía una situación casi de estado de sitio que me hizo acordar al 2001. Mucha movilización policial que no respondía a Lugo y que era parte de la trama corporativa. Me tocó el caso personal de viajar con un policía armado, vestido de civil, con el propósito de disuadir a la facción a favor de Lugo.

– ¿Cómo fue el contexto político y social que permitió la destitución?

– Se juntaron intereses que confluyeron en la destitución. El Partido Liberal de Francisco Franco tenía una actitud parecida a Julio Cobos: asumir para diferenciarse y no ser coherente con el voto ciudadano, la plataforma y los acuerdos. Creo que si las diferencias son tan grandes, los vicepresidentes tienen que renunciar; sino se debilita la democracia. Ahora los legisladores liberales se están repartiendo todos los cargos del Estado y hay 4.500 cesantías de izquierdistas y luguistas. Detrás de eso hay una trama de intereses económicos donde aparece una empresa multinacional y un conflicto muy fuerte entre el ministro de Agricultura y el titular de lo que aquí sería el Senasa, por el tema de la autorización de transgénicos. Al día siguiente de la destitución el ministro ya estaba en la oposición y la empresa ya tenía todas las autorizaciones que habían estado frenadas. También fue importante el tema de la tenencia de la tierra y el de la soja, que no paga impuestos, avanza de un modo imparable y está vinculado al narcotráfico. Son los sectores del viejo coloradismo los que dieron este golpe a nueve meses de las elecciones, porque querían desarticular el movimiento de Lugo que de por sí tuvo muchas debilidades.

– La oposición a Lugo aprovechó el conflicto entre los campesinos y las fuerzas policiales para impulsar el juicio político.

– Era algo orquestado. El conflicto de la masacre de Curuguaty se desata con el reclamo campesino por tierras apropiadas por un colorado, cuando en verdad eran tierras del Estado que fueron usurpadas mediante juicios truchos. Esto, a pesar de que el Código Civil prohíbe la proscripción de las tierras fiscales. Aprovecharon que la gente entró a esos campos para hacer la masacre, que ya estaba planificada para perjudicar a Lugo. Nosotros fuimos a la zona, estuvimos con los familiares de los muertos, y me impactaron los relatos: a todos los habían disparado primero en las piernas para que se caigan, y más tarde los mataban por remate. Si hubiera sido una matanza común, hubieran tirado tiros de remate.

– La paradoja de la destitución de Lugo es que contaba con un importante respaldo popular que se mostró en las calles.

– La gente que se movilizó era gente que apoyaba a Lugo o que estaba en contra del juicio político, sin ser partidarios de él.

– ¿Pero cómo pudo avanzar la destitución si tenía en contra esta movilización popular?

– Se debe a características particulares que compartimos los correntinos. Los fenómenos de participación popular no es como en Buenos Aires, donde todos los días hay movilizaciones. En cambio acá fue de golpe. Y se aprovecharon de la debilidad del Frente Guazú que tuvo un error de concepción al pensar que pactando con la derecha iba a poder gobernar. También hubo una injerencia de la Embajada norteamericana, que con inteligencia juntó todas las patas destituyentes y ya sabía lo que iba a pasar, según pudimos averiguar. Sobre todo está la intención de golpear al Mercosur, porque necesitan un lugar donde descargar la crisis económica que ya agotó a España, Portugal y Grecia. Pero no lo lograron porque se incorporó Venezuela. Sin embargo consiguieron un neogolpismo, como usted dice. Con (el expresidente Manuel) Zelaya lo probaron pero fueron desprolijos porque hubo más muertos. En cambio con Lugo refinaron la ingeniería neogolpista. Se sienta un precedente. La situación que se vive en Paraguay es de un retroceso muy grande en torno a las libertades civiles. La persecución es muy fuerte con los campesinos, con los estatales, periodistas y la televisión pública que cuestionan a la camarilla golpista. Tampoco te llevan preso, te retienen.

– ¿Qué pronóstico hace para las próximas elecciones? Teniendo en cuenta el estado de militarización del que habla.

– Por esto mismo las elecciones no van a ser muy libres. Hay una Corte Suprema stroessnerista, colorada, adicta como lo fue la nuestra en tiempos de (Carlos) Menem, y además están las mayorías legislativas para condicionar a cualquier poder. Nosotros le preguntamos al presidente de la Corte sobre las garantías para las elecciones y nos dijo que va a actuar en derecho: eso no es ninguna garantía… Lamentablemente las elecciones van a estar sospechadas y orquestadas para violar la voluntad popular. Tienen el Estado y los despidos para utilizar el miedo y desarticular todos los programas que había creado Lugo. Ahora hay muchos que reivindican la paz de los cementerios; pero es algo que va contra la democracia, que implica el conflicto. Personalmente, creo que hay que discutir qué pasa con las elecciones si no hay suficientes garantías y mecanismos de participación. Lugo mismo está sujeto a procesamientos penales porque hay sectores de la derecha que no quieren que vaya como candidato a legislador. En Argentina hay entre uno y dos millones de paraguayos, de los cuales solo se han inscripto a 15 mil en los padrones electorales. Está hecho para que la participación popular sea restrictiva.

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