La oposición necesita a la “re-re” para su campaña

Por José Angel Di Mauro

Quedó definitivamente archivada la tradición kirchnerista de lanzar sus campañas en el Teatro Argentino de La Plata. Lo dejó claramente establecido la propia Cristina Kirchner hace dos años, el 21 de junio de 2011, cuando al anunciar por cadena nacional que sería nuevamente candidata presidencial dijo que no usaría ya ese lugar porque siempre la había acompañado en esas ocasiones su esposo y ya no podía estar allí sin él.

El sitio elegido fue entonces el polideportivo de Argentinos Juniors, y como para corroborar que el kirchnerismo tiene la habilidad de dominar el centro de la escena, el acto generó gran expectativa en propios y extraños. No solo por el hecho en sí del lanzamiento de campaña del partido gobernante, sino porque también tenía como bonus track la posibilidad de algún anuncio sobre un renunciamiento a la re-reelección. Fue curioso que la especie circulara en ámbitos no precisamente kirchneristas, que insisten con agitar una alternativa que no tiene ningún viso de realidad, pues para que ello sea posible necesitaría de una reforma constitucional que debería ser convocada por los dos tercios de ambas cámaras del Congreso. Esa cantidad hoy no está, ni puede estarlo después del 10 de diciembre.

No es un dato aventurado. Si bien le asiste al Frente para la Victoria el aliciente de tener que renovar pocos legisladores, pues este turno electoral corresponde a la derrota de 2009, aun repitiendo el mejor resultado que podría conseguir el kirchnerismo en las legislativas de octubre, no alcanzaría. Convengamos que todos los análisis y la propia lógica coinciden en diagnosticar la inviabilidad de replicar sobre todo en los grandes distritos los resultados de 2011; pero si eso eventualmente sucediera -y estamos hablando de extremos tales como que el FpV consiguiera cinco diputados en la complicadísima Ciudad de Buenos Aires, como pasó hace dos años-, solo así conseguiría justo tener desde fin de año los 170 diputados propios que le aseguraran los dos tercios en la Cámara baja.

Pero aun así, en la Cámara alta seguirían faltándole para llegar a los dos tercios al menos ocho senadores.

Pese a ello, con la Constitución expresando claramente que no es viable, la propia oposición insiste en reclamarle a la Presidenta un renunciamiento público. Y esa versión que recorrió las redacciones en las horas previas al acto en La Paternal -absolutamente infundada, pues es proverbial el misterio que suele rodear los discursos presidenciales- se confirmó irreal, pues la Presidenta no habló del tema.

Por el contrario, Cristina insistió en ir por “otra década ganada”, más allá de reiterar su referencia irónica sobre un 2015 que la encuentre jueza. Pero si bien se ha puesto sobre sus hombros la campaña, esbozó un gesto por despersonalizarla al señalar que no era ese un acto para presentar a “los candidatos de Cristina”, sino a los “del Proyecto Nacional y Popular”. Debe hacer eso la Presidenta, pues por más que apuntale a sus listas, su nombre no estará en ninguna de ellas.

De hecho, por primera vez en 26 años ningún Kirchner figurará en las boletas de este turno electoral. Para colmo, en el estratégico distrito bonaerense en el que se desarrollará “la madre de todas las batallas”, su principal candidato carga con un elevado porcentaje de desconocimiento, y los más conocidos de la boleta del FpV no son precisamente los más populares. Por esa razón los mayores esfuerzos de los operadores partidarios estuvieron puestos los últimos días en encontrar el artilugio legal que les permita incluir de algún modo a la Presidenta en las boletas bonaerenses, sin que la Justicia Electoral luego lo invalide.

El primer candidato de la lista K, Martín Insaurralde, necesitará tener de su lado a todos los personajes populares que puedan favorecerlo. La lista incluye a Daniel Scioli, junto a quien se lo vio haciendo campaña el primer día hábil tras el cierre de las listas. De hecho, entre los gobernadores presentes en el acto de este sábado se destacó el bonaerense, puesto a trabajar en la campaña del Frente para la Victoria luego del azaroso cierre de listas que lo dejó tan (mal) expuesto. El tiempo dirá si su decisión de mantener formalmente los pies dentro del plato sin recibir nada a cambio le rinde lo frutos esperados, pero lo cierto es que mucho margen de acción no tenía.

Más allá de los resultados de agosto y octubre, a Daniel Scioli lo aguardan dos años al frente de la provincia de Buenos Aires, en cuyo transcurso tendrá que aprobar dos presupuestos y deberá negociar dos paritarias. Todo en una provincia financieramente complicada y probadamente fácil de incendiar, en caso de existir una secreta decisión política en ese sentido. El gobernador asumió que era mucho riesgo seguro, a cambio de nada demasiado concreto. ¿De qué le hubiera valido poner a su esposa segunda en la lista de Sergio Massa? ¿Cuánto del eventual triunfo del intendente de Tigre le hubiera sido concedido a él en ese caso? ¿Qué certeza tendría de que Massa terminaría postergando eventuales aspiraciones presidenciales tras una victoria ruidosa?
Demasiados interrogantes frente a la certeza de que, en caso de declararse opositor para el gobierno, los grifos se cerrarían inexorablemente para la Provincia y le harían la vida imposible.

Por eso ha accedido a hacer campaña a favor del FpV, a sabiendas de que un eventual resultado adverso no lo salpicará, como tampoco lo afectó en 2009 haber ido detrás de Kirchner en la boleta, asumiendo un rol testimonial. Con todo, el kirchnerismo no espera que él desee tampoco una victoria oficialista.

Es prematuro hacer hincapié en las encuestas que ya comenzaron a circular, pero los tiempos son muy breves y todos los datos merecen ser considerados. Se sabe que Sergio Massa arrancó en lo más alto, más que duplicando al candidato kirchnerista, que debe lidiar con su bajo nivel de conocimiento entre la gente. Pero cuando la pregunta es sobre la intención de voto a favor del “candidato de Cristina”, el número se dispara y llega a un tercio del electorado. En poco menos de la mitad de esa cifra aparece Francisco de Narváez, el más damnificado por la aparición de Massa en el juego, y tres puntos abajo Margarita Stolbizer, que espera que ese sea su piso y crecer de aquí hasta octubre.

Cristina no hizo el renunciamiento histórico que algunos auguraron. Ni lo hará. Eso también es negocio para la oposición, que sabe que la “re-re” goza de poca simpatía y prefiere hacer campaña con la misma, más allá de la probada inviabilidad a la que ya hicimos referencia. Pero cuando este sábado Cristina habló de “los candidatos del Proyecto Nacional y Popular”, pareció abrir el juego a pensar en su sucesión dentro del kirchnerismo puro. Una movida en la que estas elecciones serán centrales: si haciendo ella campaña le va bien a una figura casi ignota, será posible pensar que hay posibilidades ciertas de que ella pueda elegir a su sucesor y que este tenga posibilidades ciertas en octubre.

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